Matryoshka II (Cap 44)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 44. Trofeo de Francia: Sé lo que quiero

Internationaux de France ISU Grand Prix of Figure Skating – Preview

La serie del Grand Prix en patinaje sobre hielo continúa esta semana con el Internationaux de France, el cuarto evento con sede en París (FRA), desde el 11 al 13 de noviembre. Esto es solo un nuevo peldaño para ofrecer la oportunidad a los competidores de calificar en la Final del Grand Prix que tendrá lugar en  Marsella. Los patinadores también compiten por un premio monetario entre los US $ 250.000 en efectivo estipulado para cada evento individual de la serie.

Descripción principal de los principales contendientes.

El actual campeón olímpico Seung-Gil Lee (KOR) encabeza el evento masculino. Tras haber ganado la medalla de oro en la Copa Rostelecom de Moscú, busca clasificar a Marsella y así poder competir por la aclamada medalla de oro. Por su parte, el campeón del mundo, Otabek Altin (KAZ), quien ganó la plata en el Skate Canadá se disputará su puesto en el podio y la clasificación para la gran final. Yuri Plisetsky (RUS) que quedó en el cuarto lugar del Skate America, apunta al podio junto a Giovanni Ritz (SUI), quien tiene su primer evento del Grand Prix y aspira también llegar a la final de Marsella. Entre los otros contendientes se encuentran Kim Jae-gang (KOR), Kim Dae-Hoon (KOR), Guo Luogeng (CHN) y Asuka Arai (JPN).

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Leer más comentarios…

SweetHoneyMoon: ¡Prepárense todos porque Yuri Plisetsky va a clasificar al Grand Prix Final! #GoRussianTiger #YuriAngels #AllMyLovePlisetsky

LeonardAlmust: ¡Estoy muy emocionado! ¡Este es el evento decisivo para saber quiénes se encontrarán en la gran final. ¡Apuesto todo a que Seung-gil y Otabek pasarán sin problemas! #TrofeoDeFrancia #GoldForKorea #GoldForKazajistan

YuriAngelsForever: ¡Yuri! ¡Tú puedes! ¡Véncelos a todos y demuestras porque eres el tigre de Rusia! #GoRussianTiger #YuriAngels  #YuriPlisestky

YuriMyLoveKing: ¡Yuri es el ganador de este evento! ¡Tienes que hacerlo mi tigre! #YuriPlisestky #GoRussianTiger #YuriAngels

AlfonsoD’Lourel: ¡El enfrentamiento entre el campeón mundial y el campeón olímpico promete y mucho! ¡Para mi este evento se resume en un Otabek vs Seung-Gil! #TrofeoDeFrancia #GoldForKorea #GoldForKazakhstan

AnastasiaAragon: ¡Estoy completamente emocionada! ¡Ya tengo las entradas para presenciar la competencia! ¡Tengo la corazonada de que esta será increíble! #TrofeoDeFrancia #GoldForKorea #GoldForKazajistan #GoldForSwitzerland #ImHappy

Apenas llegaron a París, los sorprendió la lluvia. El equipo que los esperaba en el aeropuerto para recibirlos, les ofreció sombrillas antes de salir hacia el transporte que los llevaría al hotel oficial, Ibis Styles Paris Bercy, ubicado a sesenta minutos del aeropuerto Charles de Gaulle. Yuri caminó rápido mientras sujetaba el equipaje que guardaba sus trajes junto a sus patines, intentando esquivar el viento húmedo que atraía las rebeldes gotas de lluvia. No tardó nada en estar dentro del bus que aguardaba por ellos y, desde allí, vio a Víctor cubrir a su madre del temporal mientras la apoyaba de la espalda y le daba la oportunidad de subir primero al vehículo. Yuri contuvo el aliento cuando la vio subir y ella le dirigió la mirada. La forma en que Larissa desvió sus ojos a un lado lo hizo sentir culpable.

Durante el camino, el viaje se sintió largo. Yuri veía a Víctor hablar fluidamente en francés con un par de encargados del evento y Larissa estuvo entretenida en su teléfono móvil. Él se encontraba agotado, había olvidado su cargador en el equipaje y su teléfono estaba descargado, por lo cual no podía fingir distracción. Simplemente se quedó mirando la ventana empapada e intentó dormir sin ningún resultado.

El bus se detuvo minutos antes de arribar al hotel y pronto pudo comprender que había sido por petición de Víctor. Su madre no podría quedarse en el hotel oficial, así que Nikiforov se había encargado de ubicarle un buen hotel donde pudiera alojarse y que se encontrara igual de cerca, tanto del lugar donde ellos se iban a hospedar como del presidio donde ocurriría el evento. Víctor le dijo que se verían en la cena y ella solo asintió antes de bajar del transporte. Los ayudantes le entregaron el equipaje y allí, Yuri recibió un golpe en sus pies por parte de su entrenador.

La expresión de Víctor fue bastante elocuente y Yuri tuvo que tragar el malestar. Con un nudo en el estómago, decidió bajar a pesar de la llovizna que caía y llamó parcamente a su madre, provocando que ella detuviera su trayecto hacia el hotel.

—Ey —dijo torpemente y Larissa giró su mirada hacia él, con el equipaje aún sujeto en sus manos—. ¿Necesitas ayuda?

—No. Gracias, amor. —Ella volvió a voltear y continuó su camino. La forma en que Larissa caminaba, siempre digna y distante, le atrajo recuerdos sombríos que no quiso rescatar en ese instante.

—Ma… —La garganta le tembló, del mismo modo en que lo hizo el cuerpo de Larissa al detenerse—. Nos vemos en la noche para la cena.

La mirada de su madre se enfocó en él haciéndole sentir de nuevo pequeño. Sus ojos grandes vibraron un poco al verle, pero tuvo la fuerza de emitir una sonrisa entre cansada y cohibida que incrementó la sensación de un nudo. Todo quedó allí.

A pesar de que no quisiera actuar de esa manera, los nervios no le permitían a Yuri comportarse de un modo diferente, ni expresar lo que quizás en otro tiempo hubiera estado dispuesto a entregarle. Allí, en esa ínfima muestra, se encontraban atorados todos los sentimientos que él guardó durante mucho tiempo, porque estos no habían muerto, nunca lo hicieron y la promesa hecha en frente a la tumba de su abuelo se había convertido en una cuchilla que amenazaba con degollarle si no hacía más de su parte:

Aprenderé a reparar.

Pero qué difícil era hacerlo sin cortarse. Porque eso sentía Yuri con cada intento de acercamiento con Larissa, la sensación de que volvería a sangrar. 

—Yuri. —El aludido giró la mirada para observar el rostro preocupado de Víctor, quien lo esperaba en el vehículo. Hasta ese momento, se hizo consciente de la lluvia que había dejado caer suavemente sobre su abrigo y su cabello, lo cual percibió aún más cuando su cuerpo tuvo un estremecimiento.

Al volver, fue recibido por una manta con la que se secó un poco mientras esperaba llegar a su habitación. Una ducha bien caliente era todo lo que se le antojaba, pero sobre todo el escapar de la mirada persistente de Víctor, quien parecía dispuesto a desentrañar un misterio dentro de él. No quería hablar en ese momento sobre todo lo que se asomaba en su cabeza y estaba evitándolo a toda costa, porque el tema de su madre era difícil de encarar y Víctor no podría entenderlo. Menos si lo hacía ver como una obligación para su programa.

El lío en su estómago se hizo peor al llegar al hotel. Pudo reconocer con facilidad al equipo de Corea que estaba registrando el ingreso, mientras un par de patinadoras hablaban amigablemente y uno de los patinadores revisaba su celular. Dio un vistazo rápido a su alrededor y ya varios de los miembros de los equipos técnicos de otros países se estaban encontrando en el lugar, caminando y saludándose entre ellos como si se alegraran de verse. Pero nada que pudiera decirle que Otabek ya estaba allí.

El problema de haber prometido reparar es que sentía que el primer paso debía ser dado por él. En esa situación comprendía porque para Víctor y Yuuri había sido tan caótico los primeros intentos y porque él sentía que hacerlo era una extraña combinación entre bajar su orgullo y volverse vulnerable: reparar significaba admitir sus errores, al mismo tiempo de aceptar la falta que le hacía esa persona; era dar por sentado que debían poner ambos de sí para poder corregir lo que habían fallado antes y reconstruir los puentes destruidos.

Era difícil, antes de Yuuri, Yuri no había tenido la necesidad de hacerlo porque siempre creyó que podría solo. Para él mantener relaciones con nadie nunca fue una prioridad, con su abuelo bastaba y todo lo demás lo mantenía en un perfecto equilibrio entre diplomacia y educación. Sin embargo, la vida misma lo había llevado a formar lazos cada vez más fuertes con otras personas, abriéndolo al mismo tiempo que expandía su visión del mundo.

Por distintas razones, no había querido establecer nada que pudiera desviarlo de su objetivo de ser el mejor, pero Yuuri llegó para mostrarle cuánto le había hecho falta ese calor humano que vivió junto a él en esas semanas en Hasetsu. Luego Lilia apareció y fue imposible oponerse al calor que le envolvió esos meses con ella y Yakov. Quizás por eso ahora Yakov era como un padre, quizás por ello esperaba ansioso el encuentro con Lilia, y quizás, también, por eso ese resentimiento hacia su madre creció al poder comprobar de primera mano todo lo que había perdido.

Ese tiempo con Yakov y Lilia le permitió conocer a Ágape y entender los sentimientos que Víctor estuvo buscando cuando creó el programa. Gracias a eso, también había podido abrirse para permitirle a Otabek acercarse y establecer una amistad. Pero también había sido la puerta para alejarse por completo de su madre y esquivar cada intento de acercamiento, porque Ágape lo aprendió de otros, no de ella. Y esa verdad pesaba mil toneladas.

—Me estás preocupando, Yuri. —Su concentración se vio cortada por la voz de Víctor, al llegar al hotel. Había seguido de forma autómata los movimientos del equipo, jalando el equipaje y haciendo fila para esperar. Sus ojos miraron de forma turbia hacia su entrenador, antes de intentar esquivarle—. ¿Qué te preocupa? Estás muy distraído.

—Solo estoy cansado.

—Como tú entrenador debo saberlo todo —insistió.

—No me jodas con eso ahora, Víctor. —El suspiro de Víctor se escuchó fuerte, casi como si buscara echárselo en cara—. ¿Kazajistán no ha llegado?

—No los he visto… —Yuri asintió y apretó los labios, lo hizo más cuando los ojos de Víctor volvieron a enfocarse en él como si hubiera entendido algo importante—. ¿Se trata de eso? —prefirió no comentar nada y volver a enfocar su mirada en la loza bajo sus pies—. Honestamente no sé qué fue lo que pasó con ustedes, pero espero que lo arreglen. Entiendo que puede ser frustrante cuando sientes que tus amigos toman las decisiones equivocadas.

—¿Qué puedes saber? ¿Tuviste antes un amigo que te importara?

—Christopher, siempre fue un amigo para mí y claro que me preocupaba.

—¿Amigo? Me suena a que quería algo más contigo. —No pudo evitar acotar, pero Víctor le miró con calma, como si aquello ni siquiera fuera cuestionable.

—¿Christopher? No.

La seguridad con la que Víctor lo dijo provocó en Yuri una sensación agridulce en la garganta. Sería la misma que él usaría para decir que Otabek nunca podría sentir nada por él, pero la realidad le había demostrado que no fue así. No obstante, no pudieron hablar ambos al respecto porque llegó su turno de registrarse.

Víctor se encargó de todo entregando sus datos en francés, mientras la joven en la recepción sonreía fascinada al estar frente a él. Yuri prefirió abocar su atención en otros puntos, buscando matar el tiempo mientras el cansancio y el cosquilleo en su estómago ganaban terreno, sin permitirle decidir si dormir o intentar distraerse con algo más. Entonces, escuchó en la boca de Víctor la palabra Kazajistán y su sangre se heló dentro de las venas. La chica contestó algo que no logró entender y tuvieron que alejarse, pero Víctor se encargó de traducirlo al darle la señal de ir hasta el ascensor: Kazajistán no había llegado.

Después del baño y con la seguridad de que aún el vuelo estaba en el aire, Yuri pudo dormir un par de horas en la habitación del hotel. Se desentendió de todo hasta que llegó la noche y escuchó el sonido de la puerta del baño abrirse. Víctor salía ya vestido, parecía listo para tener un encuentro importante con sus abrigos costosos de lana y su camisa de vestir. Cojeaba un poco de su pierna, pero parecía renuente a detenerse por ello y eso sirvió de detonante para que Yuri abandonara la comodidad de la cama mientras intentaba arreglar la maraña de cabello húmedo que tenía sobre su cabeza.

—Llamé a tu madre, pero me dijo que tiene jaqueca y que prefería no salir hoy a cenar. Voy a verme con Christopher ahora en el restaurant del hotel. ¿Quieres comer algo?

—Ahora busco… —Víctor no dijo más mientras se ajustaba el reloj y Yuri se echó de nuevo a la cama—. ¿Tu rodilla?

—Duele, pero es lo habitual. La noche está fría. —Yuri se permitió un momento para ver la noche a través de la ventana, ya ligeramente húmeda y empañada. La temperatura había descendido—. Ya regreso y no te olvides de comer. Si no quieres salir pide algo para que te suban por servicio.

La despedida de Víctor no demoró, Yuri se dio tiempo de acostarse de nuevo y revisar sus redes sociales ahora que el teléfono estaba cargado. Las imágenes no se habían hecho esperar, ya estaban atestadas del momento cuando él llegó al aeropuerto desde diferentes ángulos y con distintos encabezados. Pero, lo que más llamó su atención, fue ver que hacía una hora había llegado el equipo de Kazajistán desde Canadá y la fotografía que se había filtrado de Otabek hacía unos minutos saliendo del aeropuerto, cubierto con la chamarra de su selección. Ya no tardaría en estar en el hotel.

El tiempo se volvió difuso, alargándose en un modo inconcebible. Parecía que se volvieran eternos los minutos cada vez que veía el reloj. Intentó distraerse oyendo música y revisando sus programas de patinaje grabados por Víctor para enfocarse en lo que debería fortalecer, pero todo resultaba en vano; el vacío en su estómago incrementó, lo hizo como si tuviera noches sin comer, y la sensación de ingravidez a su alrededor se volvió más palpable conforme el tiempo pasaba. Caminó por la habitación, se volvió a sentar y por último se recostó con un brazo sobre su cara, intentando despejarse, pero nada de eso funcionaba. Los nervios eran como arañas que estaban tejiendo una enorme red encerrando a sus entrañas e impidiéndole respirar.

¿Cómo iba a iniciar la conversación después de tanto tiempo? No lo sabía, no estaba seguro y no quería tampoco iniciar discutiendo aquel punto que parecía estar pendiente, pero que de su parte no quería escuchar más. No deseaba volver a confrontar los sentimientos de su amigo ni la imposibilidad que tenía de corresponderle, tampoco quería que aquello fuera un punto conflictivo que los alejara más. Todo lo que deseaba, es que fuera de nuevo lo de antes: los confidentes y amigos, los hermanos del alma. Para Yuri, Otabek había sido eso, más que cualquier otra cosa: aquella persona a la que podría confiarle la vida con los ojos cerrados.

¿Sería posible retomar la amistad sin tocar aquel pantanoso terreno donde sus sentimientos no estaban en sintonía? Ojalá sí, ojalá pudiera hacerlo. Cuando Yuri se dio vuelta con el cabello semi húmedo tapándole el rostro, todo lo que quiso fue simplemente imaginar esa posibilidad: una donde Otabek pudiera decirle que fue una confusión y todo se arreglara retomando las cosas como eran antes. La relación con Mila no volvería porque así su amiga se lo había dicho, pero quizás, después, podrían ser amigos los tres. Y todo quedaría en el pasado, como parte de esas experiencias necesarias para vivir.

Mientras lo pensaba, el teléfono sonó y su cuerpo se puso a la expectativa al escuchar la tonada, no porque esta significara algo en particular, sino porque tenía la corazonada que solo una persona lo llamaría en ese momento.

—¿Alo? —respondió, apenas notó que era precisamente Otabek quien había llamado.

—Me dijeron que ya llegaste. Yo acabo de llegar al hotel. ¿Comemos algo?

—Sí, muero de hambre. ¿Llegaste bien?

—Sí. Subiré el equipaje y te espero en la recepción. Vayamos a algún lugar fuera del hotel.

No alargaron la llamada, pero Yuri tuvo la necesidad de respirar. Tomó su chamarra oscura, su móvil y dio un último vistazo al mapa para encontrar un buen restaurante cerca del hotel. Aquella petición de hacerlo fuera de él le indicaba a Yuri una necesidad de privacidad que podría significar una conversación pendiente, la cual no se encontraba listo para abordar. No obstante, no iba a ser tan cobarde como para huir.

Tras asegurar que tenía la tarjeta de la habitación y haberle avisado a Víctor de su plan para la cena, se embarcó en el ascensor para bajar. Allí pudo ver a algunos miembros de la comunidad deportiva moviéndose, unos llegando apenas del aeropuerto y otros saliendo en grupos para seguramente visitar y disfrutar la ciudad: Yuri no se encontraba con ánimos de vacacionar en ese momento y solo se dedicó a ver a la gente pasar mientras esperaba que Otabek apareciera en la sala de la recepción. Ya tenía la mente en blanco, no podía esperar nada más y sentía que cualquier intento de prepararse para ese encuentro sería infructuoso, ya que al momento de encontrarse frente a él seguramente no le saldría nada. Tanto tiempo intentando mentalizarse solo le había demostrado, justo ahora que esperaba, que nada lo prepararía suficiente para enfrentarse a aquellos sentimientos.

En ese momento, Yuri lo vio llegar. El ascensor se abrió y con un par de turistas más, Otabek salió del aparato vistiendo una chamarra gruesa y oscura. El estómago se sintió aún más vacío, pero tuvo la fuerza para levantarse del mueble. Para el saludo solo bastó un leve movimiento de manos y ya, el abrazo que Yuri hubiera sentido idóneo se quedó atorado entre las ansias, los nervios y la indecisión.

—¿Vamos? —preguntó, señalando la salida. Yuri miró hacia la puerta y luego asintió—. Hace un tiempo fui a un buen restaurante por acá, es portugués. Me provoca comer algo así esta noche.

—Es buen plan… ¿Cómo estuvo el viaje?

—Largo, cansado, lo común. Y odio la comida del avión.

—Es asquerosa —admitió mientras veía a Otabek avanzar, hacia la puerta—. ¿Hubo turbulencias?

—Las de siempre, pero no tan fuerte como cuando nos tocó ese viaje a China.

—Oh sí, esas las odié.

Repentinamente, todas las ansias y el malestar que había estado guardando desde que la idea de ver a Otabek se volvió una certeza, terminó esfumándose a los pocos minutos entre conversaciones banales y risas sinceras. Se sintió como siempre, como en aquellas ocasiones que se encontraban entre competencia y comentaba de todo, sin ningún tipo de filtro para ocultar su forma de pensar. Libre, abierto, aceptado, al punto en que la sensación de incomodidad pasó y solo dejó ese compañerismo de antaño.

En el restaurante pidieron algo no muy pesado para comer y disfrutaron la velada entre el recuento de lo que había sido su vida, sin ahondar. Fueron cuidadosos ambos, Yuri lo notó porque fue capaz de evitar atravesar aquellos terrenos minados y Otabek lo ayudó a evadirlos con maestría. Hablar de la comida, de los entrenamientos, de lo que habían visto durante ese tiempo en cada una de sus vidas distantes, los alejó de ese asunto tenso y les permitió disfrutar del encuentro como lo que eran, dos amigos. Y eso, en cuestión de tiempo, provocó que Yuri lograra bajar la guardia y no se preocupara por lo que había pasado, aceptando la existencia de un acuerdo mudo donde los sentimientos de Otabek no serían aceptados que ambos manejaban, por lo cual no era necesario hablarlo. Y así, confiado, se sintió orgulloso de poder llevarlo de esa manera, como si así hubiera cumplido una parte de esa promesa.

La comida dentro del hotel era lujosa y las salas estaban llenas. Con la cantidad de turistas y cuerpo técnico que había llegado para disfrutar de la competencia o la belleza de París, Víctor estaba seguro de que los meseros contaban con una gran cantidad de trabajo. Así que la demora eventualmente no le molestó; por el contrario, disfrutó de ese tiempo celebrando un evento especial ya que por fin había conocido a su ahijada (aunque nunca hubo un bautismo). La bella niña de Chris y Masumi estaba allí, sonriendo ante la cámara y encantando a su corazón, con su cabello rojo, su lazo verde, sus pecas y esos ojos claros y grandes que lo fascinaron. Era como ver dos lunas en un cielo lleno de estrellas.

Encontrarse con su amigo había sido su plan inicial, pero ver que estaba acompañado de su pareja y su hija lo hizo sentir muy feliz. Tenía mucho tiempo sin ver a Masumi, así que le alegró entablar conversación con él y descubrir que la relación estaba en muy buenas condiciones entre ambos. Además, tener en los brazos a Victoria quitó todo rastro de dolor en su rodilla: la niña era hermosa, despierta, encantadora y lo miraba con sus ojos grandes y expresivos.  Si Víctor pensó que jamás podría enamorarse de nuevo, acababa de caer ante las redes de la pequeña.

—Es preciosa —dijo por enésima vez, contemplando fascinado el modo en que Victoria se llenaba las mejillas de migajas de galletas pasteleras que pidió para ella de postre. Masumi no tardó en reír—. Aunque se ve cansada.

—Ha sido un largo viaje, más bien me asombra que no haya empezado a llorar por su cama. —El padre mayor alargó la servilleta para limpiar las mejillas regordetas de su hija—. Pero esto es lo último que comerás hoy, ¿oíste princesa? —Victoria asintió—. Ya es hora de ir a dormir.

Durante toda la velada, Masumi y Víctor se habían dedicado a comentar sobre sus expectativas en las competencias y los cambios que habían ocurrido en estos últimos años dentro de la competición, aliviando mucho el ambiente que la actitud de Chris enrarecía. En este sentido, Masumi comprendía que Christopher no se encontraba con humor de socializar, pero no pudo evitar haya ido porque quería hablar con Víctor, al ser él la principal razón de su malestar. Le daría el tiempo necesario a su pareja para que conversara con Víctor de todo lo que creyera necesario aclarar, esperando que esa conversación lo confrontara con esos sentimientos amargos que había estado acumulando desde el inicio de la serie Grand Prix.

Víctor, desentendido de todo, solo esperaba el momento para saber lo que ocurría y porque su amigo se limitaba a responder con monosílabos. No había querido hacer comentario al respecto con Masumi allí.

Considerando que ya era tiempo, Masumi cargó a su hija y la llevó a sus brazos; el cansancio acumulado y las emociones creciente de la competencia donde se enfrentaría a Víctor de una forma distinta a la de antaño, también le llenaba de necesidad de descansar para prepararse.

—Ya tengo que retirarme. —Informó mientras dejaba el pago de su parte de la cuenta sobre la mesa. Víctor se levantó y compartió un apretón de mano a modo de despedida—. Es un gusto volver a verte en el circuito, Víctor. Las competencias siempre son más interesantes cuando estás allí.

—Gracias, Masumi.

—Y me alegra saber que al final lo ocurrido con Yuuri Katsuki no haya pasado a mayores.

—También yo, gracias por preguntar y preocuparte —dijo Víctor de forma amable y Masumi miró de reojo a su pareja, quien había volteado la mirada mientras probaba un poco de su coñac.

—Chris, te estaré esperando en la habitación. —El aludido le devolvió la mirada e hizo un asentimiento. Victoria le sonrió desde la distancia, despidiéndose de su padre mientras se agarraba fuerte del cuello de Masumi—. Me retiro, sé que tienen mucho que conversar.

Todo lo que hubo para despedirse la pareja fue una leve palmada de Masumi en el hombro de Chris. Víctor notó con interés la visible frialdad en la dinámica de los esposos, extrañándole pues conocía como era Chris y lo profundamente enamorado que siempre había estado de Masumi. La situación le resultaba intrigante.

—¿Problemas en el paraíso? —Víctor preguntó sin vergüenza y Chris le dirigió una mirada elocuente—. Pareces molesto.

—Lo estoy, pero no con él. —Se apresuró a agregar—: Es contigo.

Víctor solo lo miró un segundo antes de hacer una señal al mesonero y pedir un trago. Un buen vodka puro, solo uno pensaba tomar para estar bien en la noche. El desinterés que Chris notó en Víctor caló hondo.

—He estado preocupado desde América, esperando saber de ti y que todo esté bien, incluso te llamé.

—Vi las llamadas.

—¿Y eso es todo lo que vas a decirme? ¿Viste las llamadas? —moduló la voz para controlar el golpeteo que se precipitaba en cada palabra. Víctor le devolvió la mirada con calma—.

 ¿Tan difícil era devolvérmela?

—Estaba ocupado, Chris.

—Lo noté. Lo noté muy bien. —La sorna escapaba de su boca, masticando cada sílaba con aprehensión—. ¿Y en qué acabó todo? ¿Cogiste con él tanto como querías? ¿Se fue sin darte esperanzas?

A pesar de haber hecho esas preguntas tan importantes y agresivas, Christopher internamente temía la respuesta. Temía escuchar que lo que pasaría luego sería lo inevitable: Víctor volviendo con Yuuri, convirtiéndolo de nuevo en una parte importante de su vida y obligándole a interactuar con él. Porque claro que tendría que hacerlo, no iba a dejar la amistad con Víctor por culpa de Katsuki, ni siquiera si el mismo Víctor lo pidiera. Lo que temía era tener suficiente estómago para tolerarlo ahora.

Le irritaba de un modo muy personal lo que ocurría con Víctor y esa antigua relación. No quería siquiera imaginarlo arrastrándose por Katsuki pidiendo su perdón, como sabía que su amigo podría estar dispuesto a hacerlo. Yuuri no merecía semejante trato, para Chris lo único que merecía era el olvido. Abandonar a Víctor en ese momento tan crítico era algo que no le iba a perdonar aún si todo el mundo llegara a hacerlo y, por ello, se sentía bastante representado por la fanaticada rusa.

Víctor soltó un largo suspiró y se acomodó mejor frente a la mesa, posicionando mejor a su pierna derecha que aún se encontraba lastimada. Para Chris no había pasado desapercibido, desde el inicio, el uso del bastón ni la manera que cojeaba cada vez que intentaba afincar su derecha al caminar.

—No ha acabado nada —dijo Víctor, provocando en Chris un revuelo en el estómago—. Yuuri y yo hablamos sobre lo que pasó. Al inicio fue bastante atropellado, por un momento pensé que todo había terminado de la peor manera y estaba dispuesto a dejar ya todo atrás, aunque me doliera. Pero Yuuri llegó a la pista y pudimos hablar como merecíamos, como dos adultos.

—¿Entonces quedaron…?

—Como amigos, supongo. Ambos enfocados en terminar la competencia y en tratar de mejorar nuestra comunicación. Aunque… —Christopher enarcó una ceja para instarle a continuar—, creo que somos amigos con gran potencial para volver a ser pareja.

—¿Y el chico con el que lo vimos en las fotografías?

—Ha estado saliendo con él, pero nada serio según me comentó.

—Nada serio…

—Como yo con Yana.

—¿Y Yuri?

—Ese asunto también lo aclaramos.

—¿Entonces nunca supo lo que sentía tu alumno por él? —cuestionó incrédulo.

—Lo supo y por esa razón también se fue. No quiso empeorar las cosas.

—¡Qué considerado de su parte!

Christopher se llevó el trago a los labios, dispuesto a beber un poco más para pasar el mal sabor de lo que estaba oyendo. La molestia no iba a acabarse, prometía mantenerse allí viva por mucho tiempo más y Víctor lo miró con interés al notarlo.

—Sé que no te agrada Yuuri, sé también que tienes razones para eso. No puedo decirte que lo mires con otros ojos después de lo que ocurrió, pero no fue solo su culpa.

—Víctor, te he visto pasando por todos los estadios del duelo desde que se fue —acotó, dejando caer el vaso de vidrio sobre la mesa—: desde la negación, hasta la ira, la pena, la culpa. Y cuando por fin sales de eso, llegas a la aceptación y te das la oportunidad, Katsuki vuelve y trastoca todo.

—No lo había terminado de aceptar y lo sabes.

—¿Para qué fue él en primer lugar si ya había hecho su vida? —reclamó irritado, Víctor contestó sin dudar.

—Porque para él tampoco había terminado.

—Entonces, ¿ahora sí terminó?

—Lo hizo. Somos amigos, no hemos hablado de volver a intentar algo más, pero al menos para mí es una posibilidad que no quiero dejar atrás.

—No veo donde está el final de todo esto —replicó irritado y Víctor suspiró—. No veo la maldita diferencia entre lo que era antes a lo que es ahora.

—Yo sí la veo y es lo único que importa.

Cuando Víctor zanjó el tema de ese modo, a Chris no le tocó de otra más que tragar el malestar y beber un fuerte trago. Pidió al mesonero una nueva bebida, un whisky cargado serviría, y se mantuvo mudo por el tiempo que Víctor se tomó para acabar con la suya. El silencio incómodo que los siguió solo fue interrumpido por el sonido de las copas y los comensales que estaban en su alrededor, cuchicheando entre ellos. Víctor sabía que no era de esa manera que quería terminar su conversación con Chris ni la atmósfera que deseaba tener con él, así que hizo un esfuerzo para mejorarla. Dejó el vaso a un lado, ya vacío, y acarició con cuidado a su rodilla lastimada.

—Estaba ocupado porque entré en tratamiento. —Chris volvió a mirarle con atención—. Apenas llegué del Skate América fui a pedirle a mi padre que me pusiera en contacto con una psicóloga. Así que el tiempo que no estuve resolviendo la situación con Yuuri o entrenando a Yuri, lo pasé con ella.

—Vaya…

—Hay muchas cosas que no recuerdo de lo que ocurrió cuando entré en depresión, Chris, muchas cosas que ahora vienen a mi cabeza o las pienso y me dejan bastante asustado.

—Si recordaras cómo te encontré, Víctor, entenderías mi malestar. —La voz de Chris se escuchó gruesa y sensible, como si modularla representara un gran esfuerzo para él.

—Aunque no lo recuerde, si de algo estoy seguro ahora es que no voy a permitirme volver a ese estado de nuevo. —Víctor habló con seguridad con su mirada fija en él—. Haré todo lo que esté a mi alcance para no volver a permitirlo. No por ti, ni por Yuuri, sino por mí. No quiero volver a perder años de vidas como lo hice en el pasado.

—Solo quiero que te encuentres bien, Víctor. Que seas feliz. Y no estoy seguro de que sea Yuuri la persona para serlo.

—Lo estaré. Con o sin Yuuri, lo estaré.

Víctor consideró necesario no volver a tocar el tema de Yuuri, no mientras fuera un punto de quiebre y colisión entre ellos. Esperó que, con el tiempo y conforme las cosas fueran mejorando entre ellos, Christopher sacara sus propias conclusiones y descubriera que Yuuri no era el culpable de todo lo que había pasado. Así que, para continuar la velada, prefirió hablar de otro tema igual de importante: la lesión en la rodilla. Lo puso en contexto con lo que ocurrió, sin haber mencionado a la hermana de Yuuri, para evitar que la visión de Chris hacia él y su familia fuera a agravarse. Solo le comentó de los cuidados que debía tomar porque, entre todo lo que había estado sucediendo entre competencia y el esfuerzo por llegar a Moscú para solventar lo ocurrido en el boicot, se había descuidado en cuanto al cuidado que debía tener de su rodilla que debió tomar con mayor responsabilidad.

Al cabo de una hora conversando, decidieron que era hora de descansar. Pagaron la cuenta y ambos se dirigieron al hotel con la intención de despedirse para poder aprovechar la noche y recuperar las energías perdidas en el viaje. Christopher lucía un poco más tranquilo, saber que Víctor estaba tomando ayuda profesional y que Regina le había hecho ver que comenzar cualquier relación sentimental con Yuuri sería peligroso, le había calmado. Era bueno ver que no era el único que notaba la advertencia ante la cercanía de Yuuri en su vida. Confiaba que, si hacía caso a las palabras de la mujer, entonces Víctor podría cumplir lo que le había dicho horas atrás, que estaría bien y usaría todo lo que estuviera a su alcance para no derrumbarse de nuevo. El peligro de que su vida volviera a estar a la deriva se esfumó.

—Será mejor que descanses ya —le dijo al abandonar el ascensor. Víctor asintió a sus palabras—. Giovanni no es un fácil contrincante y está decidido a todo para vencer en esta competencia. Plisetsky no es precisamente su favorito.

—Sé que Yuri no es el mejor formando amistades profesionales.

—Hace años, cuando estaba en la liga junior, Plisetsky dijo algo en la prensa que lo marcó. No dudará un segundo en demostrarle a Yuri cuán equivocado estaba. 

—Yuri no se la pondrá fácil. —Víctor sonrió confiado—. No es el Yuri de América, eso puedo asegurarlo.

—Pues ya veremos.

Contrario al recibimiento en la cena, se pudieron despedir con un apretado abrazo fraternal. Víctor volvió al ascensor para subir un piso más, ya con la certeza de que Yuri no se encontraba aún en la habitación, seguramente arreglando el asunto con su amigo también. Así que, cuando llegó frente a la puerta de su cuarto y recibió el mensaje, su corazón retumbó emocionado al ver que era Yuuri quien le escribía, alegrándose de que el viaje hubiera estado bien y llegarán como estuvo planificado.

Para Víctor, esa era una gran diferencia entre el antes y el ahora…

Después de la comida, Otabek y Yuri decidieron caminar por las calles iluminadas de París mientras la temperatura seguía descendiendo. Iban en silencio, en esa clase de acuerdo tácito que no era desagradable y más bien les permitía recordar lo que había sido antes de toda la catástrofe de meses atrás. Esa clase de muda compañía que Yuri había extrañado y que fue tan común en ellos.

Tras haber escuchado de Otabek lo mucho que había mejorado en Canadá y lo bien que le había servido ese viaje para pulir sus programas, Yuri ya no se sentía ajeno en la vida de su amigo. Poder comprobar que era posible hablar como antaño y sentirse parte de él eliminó todo rastro de nerviosismo. Supuso que era más fácil reparar porque el tiempo que había transcurrido separados era menor y ambos comprendía que no había sido culpa del otro. Que no pudieron actuar de otra manera y que era posible dejar todo en el pasado para disfrutar de lo único que importaba en el presente: su compañía. 

Ahora, viéndolo en perspectiva, sonaba bastante absurdo los nervios que le habían invadido ante su llegada; con Otabek no podría haber sido diferente, siempre había sabido calmarlo.

Por esa razón, mientras rodeaban el frondoso Parc de Bercy, Yuri se atrevió a hablar sobre lo que ocurría con su madre. Le contó a su eterno amigo lo que sentía con respecto a ella, lo que significaba en su programa y la manera en que su relación con Larissa parecía caminar por terrenos pantanosos e inseguros. Las veces que había deseado tenerla cerca y las ocasiones en que, en efecto, ella había estado muy cerca de él, pero era él quien se alejaba. La efusividad del cariño que él sentía en ella y esa sensación de que no debía fiarse, no de nuevo.

Honestamente, él quería poder ver a Larissa como su madre. Quería tratarla como tal, sentirla a su lado y alegrarse con su presencia, pero el pasado era un lastre que le cortaba toda posibilidad de avanzar en esa relación. Tras cruzar la Quai de Bercy y enfrentarse al río Sena que atravesaba a París, ambos se sentaron en la rivera, para ver las aguas correr mientras Yuri dejaba expuestos sus complejos sentimientos con respecto a Larissa ante su amigo, que siempre había sabido escucharlo.

—No he vuelto a ver a mi madre desde que fui a Canadá. —Otabek dijo, con la mirada en el agua y los pequeños trozos de hielo que empezaban a adivinarse en su superficie.

—Debes pensar que es una tontería que piense así.

—No. No creo que lo sea, son circunstancias distintas y tienes motivos para sentirte así. A lo que voy, es que mientras mi madre me espera en casa, la madre de Jean lo acompaña en cada competencia. Y no puedo decir que alguna amé más o menos por eso.

El viento helado sopló y les provocó un escalofrío que ya los alertaba de volver. De seguir así, podrían enfermarse y afectar los resultados de las competencias. No obstante, Yuri prefirió abrazarse mientras escondía sus manos en los bolsillos de su chamarra y Otabek lo imitó, decidido ambos en alargar un poco más el encuentro que tanto les había hecho falta.

—Mamá intenta apoyarme creándome la menor de las preocupaciones y dejándome ser, ir y venir según considere necesario. La madre de Jean es del tipo más protectora: alabando cada triunfo de su hijo y estando allí sin dudar. Cada una hace lo que mejor está a su alcance, pero las dos nos aman, con todo lo que puede amarnos. Y de eso estoy seguro.

—Tu madre es una buena madre… igual que la madre de Yuuri.

—No significa que no se hayan equivocado, que no nos haya lastimado en algún momento, producto de su inexperiencia.

—En cambio, mamá…

—Creo que vale la pena valorar los esfuerzos que hace ahora para acercarse. Por algo sigue allí.

Volvió el silencio. La mirada de ambos se mantuvo por un minuto más sobre las aguas que corrían, escuchando el relajante sonido de las corrientes mientras el frío apremiaba y se hacía cada vez más presente. Para Yuri, aunque eran palabras que ya conocía y que fueron parte de sus pensamientos durante el viaje, el escucharla a través de la voz mansa, apacible y sincera de Otabek le daban un peso mayor: diferente y necesario. Como si las envolviera en un aura de sabiduría que a él le gustaba seguir y que le era impensable ignorar. 

Sí, ahora se podía sentir en calma. Centrado, tranquilo y preparado para la competencia que venía. Podría patinar a Arsonist Lullabye pensando en lo que había sentido, pero con la serenidad que le otorgaba el haber superado ya uno de esos estadios (el de Yuuri), lo que significaba que además de pasión, tendría control de sus elementos. Podría competir sabiendo a su madre allí, aunque ella no supiera nunca el sentido real de ese programa en su vida. Tenía a Otabek de nuevo en su vida y había resultado irrisoriamente fácil el volverse a hablar. Todo aquello le daba fuerzas a Yuri para continuar.

Fue tanto que no pudo evitar el reírse solo y Otabek le devolvió la atención. El viento movía sus mechones dorados mientras renegaba ante lo extraña que podía ser la vida. Recuperar a Yuuri también había sido así: al principio una vorágine de emociones, para después, al sentirse vacío, viniera la calma y la comprensión. Y recuperar se sentía tan bien, que todo lo que quedaba era un calor agradable en su pecho que podría llamar felicidad.  

—De verdad te echaba de menos, Beka —dijo con sinceridad, devolviéndole la mirada brillante y agradecida. Otabek le miró sin expresión—. Me alegra volver a verte, amigo.

Sin esperar respuesta, Yuri se levantó de la ribera y le dio una palmada amigable en su espalda. Dirigió la mirada hacia la estructura del hotel encendido que se veía a lo lejos y soltó el aire con satisfacción. Sin embargo, Otabek, que se hallaba aún sentado, estaba controlando el latir furioso de su corazón, sorprendido ante la idea de haber logrado que Yuri no lo escuchara, aunque eso al mismo tiempo le enojara. Controlando de forma dolorosa el deseo que tenía de tomar la mano que Yuri dejaba libre y encontrándose con la dolorosa realidad de que sus sentimientos por Yuri persistían, que Mila tuvo siempre razón y que no podría disimularlo. Porque sentir a Yuri tan cerca sin tener el permiso de tocarlo estaba resultando una tortura que él, repentinamente, se vio dispuesto a soportar.   

—Aunque aún no perdono el que te hayas ido a hacerte mejor amigo de Jean. —Escuchó la voz de Yuri y le devolvió la mirada.

—Jean no es mi mejor amigo, aún.

—¡Claro! No puede ser mejor amigo que yo. —Otabek lo vio señalarse con esa sonrisa socarrona y apretó la garganta. Era el mismo niño de cuando iniciaron su amistad, pero ni siquiera esa certeza bastaba para apagar el calor de su pecho.

—Te estás escuchando cómo él justo ahora.

—¡Pufff! —resopló Yuri, pasándose una mano por el cabello que se movía por el viento helado. Otabek se dio tiempo para levantarse también y sacudir un poco su pantalón—. Ya está haciendo frío.

—Será mejor regresar. —Yuri asintió en respuesta—. Me alegras que ya te sientas mejor.

—Logras hacerme sentir mejor con facilidad. No sé cómo le haces.

Yuri le dio la espalda para iniciar su camino de regreso, en dirección al boulevard. Otabek lo miró por un momento mientras contemplaba la ancha espalda y la altura que Yuri había ganado en esos años. Se supone que no se puede amar lo que no se conoce, pero eso era justamente lo que ocurría: Otabek lo conocía demasiado. Conocía tanto de Yuri que le era sencillo saber en qué tono hablarle, de qué modo tratarle, para verle la calma en sus ojos, observar la manera en que le prestaba atención y ver encendida de nuevo la llama de su mirada de soldado dispuesto a ir por lo que quería.

En qué momento dejó de ver esos ojos como los de un hermano menor, no lo sabía. En qué instante deseó que los abrazos tomaran otro matiz, no podría deducirlo. Pero ya estaba seguro, completamente seguro, de que sus sentimientos por Yuri eran fuertes y no se trataba de ninguna confusión. Y aquella confirmación no hacía más que doler, hondo.

Caminó con él, apurando el paso para alcanzarle y dejar de ver la espalda con deseos de abrazarla. Hundió sus dedos entumecidos por el frío dentro de su abrigo y distrajo su mente en el viento helado que empezaba a pullar sobre sus labios o en el andar de los pocos autos que transitaban en la carretera. Anduvo a su lado, sin poderlo tocar, como si sus caminos permanecieran paralelos mientras intentaba no pensar en ello.

Al llegar al hotel, el calor de la calefacción resultó reconfortante. Aunque lo que más deseaba era llegar a su habitación, bañarse con agua caliente y dormir para no meditar más.

—Gracias por la cena de hoy. —Yuri le habló, dentro del ascensor. Otabek admiró el perfil de su amigo mientras tenía su mirada puesta en los números que subía el aparato—. El viernes vamos a dar lo mejor de nosotros, tenemos que ir juntos al GPF. También se lo prometí a Yuuri para vencer a su cerillo encendido. —La sonrisa confiada de Yuri le golpeó fuerte, en especial cuando subió su mano derecha e hizo esa señal emblemática para ambos, con el pulgar hacia arriba—. Davai.

—Davai —respondió con el mismo gesto y ante los ojos iluminados de Yuri, tan sinceros, que se sintió un mentiroso a su lado.

Apenas Yuri abandonó el ascensor y la puerta se cerró, Otabek tuvo que llevarse las manos sobre su rostro para permitirse respirar, como si hubiera contenido el aliento desde que se había visto con Yuri hasta ese instante que lo acababa de dejar. Su corazón latía como si estuviera hundido en arena movediza, dolía cada pálpito, era como un golpe amargo que apretaba aún más el nudo en su garganta y aumentaba el ardor tras sus ojos con una sensación irreparable.  

Pensó que Yuri no le hablaría tan pronto… que quizás le sacaría alguna excusa para la cena o el silencio habría sido tanto que lo hubiera obligado a hablarlo, pero jamás se esperó algo así. Jamás imaginó que Yuri se abriera de esa forma, que lo recibiera con los brazos abiertos y hasta en cierto punto no sabía qué tan válido sería el enojarse por sentir sus sentimientos ignorados cuando él, al mismo tiempo, disfrutó de su compañía. La confusión con respecto a lo que sentía en ese momento, amenazaba con no dejarlo dormir.

Visiblemente, Yuri sabía que era lo que quería con él: lo dejó muy claro al alabar una y otra vez su amistad. ¿Pero qué era lo que Otabek quería entonces? ¿Volver a ser solo su amigo?

¿A costa de qué?No estuvo seguro.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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