Matryoshka II (Cap 43)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 43: Razones para volver

El sonido de las cuchillas seguía siendo revitalizante, Yuuri tenía que admitirlo. Sentado en las gradas del Ice Castle, miraba con atención a la pista de hielo donde Minami y las trillizas jugueteaban mientras dejaba que el sonido le arrullara como si fuese una canción de cuna.

Parecía que apenas hubiera pasado unos días desde la primera vez que puso sus pies en el hielo cuando era un niño. Solía hacerlo cuando estaba a cargo de Minako y muchas otras veces en compañía de su hermana. Desde un inicio su peso fue insignificante sobre las cuchillas y sus ánimos de hacer arte a través de los patines se fue cimentando cuando era demasiado joven como para razonarlo. Ni las críticas o las burlas, ni las risas o los halagos, pudieron desenfocarle de lo que empezó a convertirse en un sueño a muy corta edad.

Antes de que Víctor llegara a su vida, Yuuri había querido patinar, solo que aquel sueño diáfano obtuvo forma cuando vio lo que Víctor era capaz de hacer sobre el hielo. A sus doce años ya pertenecía al equipo Junior de su distrito, aunque aún no considerara del todo convertir el patinaje en su modo de vida y analizara la posibilidad de estudiar una carrera como cualquier otro. Fue cuando Víctor apareció en pantalla con su bellísimo programa The Lilac Fairy que pudo ver su futuro marcado, como si seguir los pasos de Víctor lo llevara irremediablemente a las estrellas.

Y fue así… en muchas formas, contextos, momentos. Víctor lo llevó tantas veces a las estrellas que por momentos se sintió astronauta, bailando en medio de constelaciones y galaxias.

Pero Yuuri no quería volver a hundirse en las arenas movedizas que el recuerdo de Víctor se había convertido, porque era un pantano que lejos de provocarle miedo, le invitaba a hundirse en él. Tenía que enfocar su mirada en el presente y en el futuro, para que sus nuevas decisiones no se vieran empañadas por lo que fue en su momento y pudiera así tener la vista sobre lo que podrían ser ahora que eran dos personas que, sin ser diferentes, habían crecido y madurado a base de un proceso que, por cierto, no había acabado.

—¿No vas a patinar? —escuchó la voz a su lado y al girar la mirada se encontró con la figura de Yuko inclinándose con curiosidad—. ¿Puedo acompañarte?

Su cabello más corto se movió gracias a la gravedad, mientras inclinaba su cuerpo en su dirección. Desde que hubiera llegado esa mañana con Minami se había quedado en silencio solo observándoles, moviéndose en el hielo mientras pensaba. No había querido más que eso, necesitaba plantearse demasiadas cosas antes de continuar, sin embargo, la presencia de Yuko no resultaba molesta ahora pues necesitaba descansar no solo físicamente sino mentalmente de todo lo que había significado Rusia. Así que Yuuri aceptó y Yuko no tardó en sentarse a su lado para hacerle compañía.

—Pensé que querría hacerlo un poco.

—Quiero tomarme el descanso en serio. —Yuko asintió al escucharlo y envolvió sus rodillas con sus brazos, mientras miraba a sus hijas juguetear en la pista persiguiendo a Minami en un juego que no tenía más sentido que para ellos.

—Ya veo… Minami parece no querer tomarse en serio el descanso. —Yuuri rio suavemente al escucharlo—. Lo ha hecho muy bien…

—Minami no ha dejado de sorprenderme. Estar a cargo de él es más un honor… una fortuna que a veces no creo haberme merecido.

—¿Estás hablando en serio? —cuestionó Yuko—. No veo a nadie más en Japón capacitado para estar a su lado.

Yuuri no quiso discutir el punto, así que se limitó a permanecer en silencio mientras veía los movimientos de los cuatros en la pista, evaluando con un deje crítico la interpretación que Lutz hacía sobre el hielo. Las tres niñas siempre habían estado en el hielo; se les veía un talento especial para estar sobre las cuchillas, seguramente heredado por Yuko quien en su momento fue la Madonna del Ice Castle. No obstante, Yuuri era capaz de detectar algo especial en una de ellas: Lutz. Algo que iba más allá de simplemente querer patinar y mostrarse libre en el hielo, algo que demostraba cierta competitividad.

—Aún recuerdo cuando hace meses te enojaste con nosotros por recibir a Minami aquí. —Yuuri despegó la mirada de la pista para enfocarla en su compañera, quien como madre orgullosa miraba a sus hijas jugar—. ¿Aún crees que cometimos un error?

—Estoy seguro de que Minami hubiera venido aún si su apoyo. —Yuko rio ante la idea.

—En eso tienes razón. Pero ¿sabes? Me alegra haber sido parte de esto, aunque fuera de esta forma. Takeshi y yo estamos muy felices de verte de nuevo competir.

Yuuri le miró con calma por unos minutos, antes de asentir y sonreír con un ligero gesto en los labios. Volvió su mirada hacia la pista de hielo y siguió observando en silencio a los cuatros que patinaban, mientras Yuko evocaba recuerdos que parecían lejanos, aunque hubiera pasado hacía poco tiempo. Si era sincera consigo misma, jamás se arrepentiría de escribirle a Minami para hacerle ver que Yuuri lo estaba mirando, ya que con eso logró impulsar al joven patinador para que lo buscara y le diera ese anhelado sueño.

Los recuerdos de lo ocurrido dos años atrás aún estaban allí, como tinta permanente en su alma. Jamás en su vida había imaginado ver a Yuuri tan destrozado y nunca pensó que Takeshi tendría que ir una madrugada, como hubiese ocurrido muchos años atrás cuando Makkachin decidió comer los manjus, pero esta vez para buscar a un médico urgente. Había tenido que recoger al viejo Toshiya y buscar al médico de la casa para que calmara a Hiroko, quien reventó en llanto cuando vio a su hijo dormir con las pastillas. Fue así como se enteraron y se hicieron parte de la pesadilla.

Para la pareja fue una sorpresa enterarse de aquellos pormenores e hicieron un respetuoso silencio para apoyar a los padres que buscaban con desespero intentar ayudar a Yuuri a superar esa terrible etapa. Por mucho que hubieran escuchado antes sobre el tema, la situación se volvió mucho más íntima y profunda cuando estuvieron en primera fila en el largo proceso que la familia Katsuki inició para la recuperación de Yuuri. Yuko podía entender el dolor de Hiroko. Cuando una de sus hijas se enfermaba, la preocupación apenas la dejaba dormir. Imaginó cómo podría estar si una de ellas estuviera así, dejándose morir en una cama. 

Sin embargo, lo que más dolió fue saber que Takeshi había visto al viejo Toshiya quebrarse. Ese hombre que siempre fue el sinónimo del optimismo y la alegría bebió hasta que al final toda la fortaleza se hizo añicos. Contrario a lo que había sido una costumbre, el dolor fue más fuerte y Toshiya no tuvo nada que celebrar, así que lloró en medio de la embriaguez al lado de Takeshi, tras haber regresado con un terapeuta de la ciudad.

Por fortuna, Yuuri nunca estuvo solo. La entrega y paciencia de sus padres lograron, poco a poco, darle a Yuuri el ambiente adecuado para empezar a salir de la oscuridad. Yuko recordaba aquella mañana que apareció en el Ice Castle, cuando sus ropas no le daban ese aspecto redondo, sino el abuso y la comida que había estado ingiriendo con ansiedad. A pesar de su rostro marcado por el insomnio y los medicamentos, Yuuri le había mirado como se mira a un viejo amigo y Yuko se contuvo de llorar. Más bien le abrió las puertas de la pista, sin siquiera cuestionarlo. No hubo preguntas sobre cómo se encontraba o si iba a patinar. Lo dejó ir, sentarse en las gradas y mirar el hielo en el vacío, como si considerara que el hecho de que ya hubiera salido de casa y hubiera ido hasta allí significaba una mejora.

Y fue así. Un proceso largo, sistemático pero firme. Yuko se alegraba de haber sido partícipe del renacer de Yuuri, quien empezó a mostrar pequeños chispazos en las cenizas que había dejado a su paso. Se sintió afortunada de haber estado allí cuando una mañana llevó sus patines y decidió patinar. De encontrarse junto a Takeshi cuando Yuuri decidió empezar a trotar y bajar de peso. Solo, nadie dijo nada y el pueblo entero hizo un silencio respetuoso solo admirándolo encenderse. Ahora, las paredes del metro estaban llenas, de nuevo, de sus fotos con las de Minami, porque Fénix no pudo ser un mejor nombre para él.

—Fue aquí donde empezó… —escuchó el murmullo de Yuuri y Yuko le miró intrigada. La mirada de su compañero seguía perdida sobre el hielo.

—Sí… aquí fue donde Takeshi y yo te conocimos. Eras una adorable bolita de carne patinando… recuerdo cada vez que lograbas hacer una pirueta.

El recuerdo la llenaba de calidez, porque era ver de nuevo a ese pequeño Yuuri lleno de ilusiones en la pista, mejorando con cada día que pasaba. Yuko desde ese instante lo tomó como si fuese su hermano menor.

—Gracias por recordarme que desde pequeño tuve problema con mi peso. —Rieron juntos—. Me refería más bien que aquí empezó mi camino hacia Víctor. —Yuko prestó atención—. ¿Te acuerdas cuando patiné Stammi Vicino aquí? Ese día quería agradecerte por haber creído en mí a pesar de que yo era un fracaso.

—Nunca te vi como un fracaso, Yuuri.

—Lo sé… por eso quería agradecerte ese día. Estaba convencido de que solo tú podrías entender lo que intenté hacer en ese momento. Las mejores cosas que me han pasado han sido en parte por ti.

Yuko se sonrojó al escuchar esas palabras, porque nunca lo había visto de esa manera. Desde un inicio, para ella Yuuri era ese amuleto de buena suerte que se abría espacio en medio de la incertidumbre, para ser capaz de elevar a cualquiera a los cielos. Tenacidad, esfuerzo y mucha disciplina, en Yuuri no había más que el hielo y lo demostró desde muy joven. Ella solo lo apoyó hasta un pequeño camino y había tenido que verlo partir para seguir moviendo sus alas, admirando de lejos la belleza que dejaba su vuelo.

Ella no había pensado en llevar una vida de competencia como Yuuri empezó a soñar y se quedó en el pueblo realizando su propia vida. Era feliz de estar cerca de Yuuri, de seguir su carrera y decir: yo patiné con él. Nunca dimensionó que pudiera ser tan importante para Yuuri como para merecer esas palabras.

—Gracias a tu apoyo no me rendí en el hielo —continuó Yuuri—. Gracias a ti conocí a Víctor y empecé a soñar con alcanzarle. Gracias a ti al volver, Víctor vino por mí… y gracias a ti, Minami hizo lo mismo.

—Voy a tomar responsabilidad de las dos primeras. —Admitió Yuko, controlando ese sentimiento que empujaba dentro de ella, humedeciendo los ojos—. Pero de las últimas dos… no puedo hacerlo. —Yuko puso su mano sobre la de Yuuri que estaba en su propio muslo, de forma respetuosa—. Yo pude haber tenido algo que ver con la forma en que ellos vinieron, pero ambos vinieron porque hubo algo en Yuuri que los hizo venir. Ambos vieron en Yuuri eso especial que valía la pena intentarlo. Sin ese algo especial, nada los hubiera hecho venir, aunque yo los llamara a viva voz.

Yuuri se limitó a asentir con una ligera sonrisa y ella soltó el aire en un profundo suspiro. sin embargo, con la mención de Víctor en el aire, Yuko necesitaba preguntar:

—¿Cómo fue encontrarte con él de nuevo?

—Fue… extraño —confesó y desvió la mirada—. Por un lado, me sentía feliz de verlo mejor, de pie, fuera de esa cama y capaz de estar en el hielo de nuevo. Por otro lado, me sentía molesto porque fue eso lo que intenté hacer por él y él no se dejó. Luego pasaba por la culpa, por sentir que había sido yo el responsable, la pena al sentirme débil por no haber soportado un poco más, la ira de nuevo y después la vergüenza, el miedo… Todos estos días, estas — soltó el aire—… semanas, han sido como vivir todas las emociones una tras otra sin parar. 

—Pero al final… —Yuuri levantó la mirada esperando que Yuko terminara con sus palabras—. Es decir, vi la foto que subió Phichit en su Instagram del cómo estabas abrazado a Víctor en el pasillo. También lo que hizo Víctor y Yurio en Rostelecom. Al final… fue todo bien, ¿no?

—Sí, supongo que sí.  

Hicieron silencio y suspiraron juntos. Yuko conocía muy bien a Yuuri para saber que era una persona reservada y que lo que había dicho era quizás lo más que pudiera esperar de él. Aunque ahora podía darse una mejor idea de la razón por la que él estaba sentado en la grada, mirando el hielo y ese comienzo.

Después de largos minutos en silencio, Yuuri se puso de pie. Decidido, Yuko lo vio avanzar hasta la pista, llamando la atención de los chicos que estaban dentro de ella. No dijo nada cuando empezó a hacer unos ejercicios de elongación, pero para ninguno fue un secreto que lo que ocurría era evidente y salieron de la pista emocionados ante la idea de ver a Yuuri patinar. La misma Yuko se sintió eufórica con la idea, había pasado tanto tiempo de no haberlo visto en vivo que sabía que era un momento memorable. Esperó pacientemente que Yuuri terminara de prepararse para hacer el ejercicio, conteniendo las ansias que la embargaban de bajar las gradas y colocarse en la barrera como fue en aquella vez. Solo cuando Yuuri se había puesto los patines que le prestó de la pista, porque no se había llevado los suyos, fue que ella se movió con la ansiedad de estar en primera fila.

Para Yuuri resultó extraño estar con unos patines que claramente no eran para competencias y que ya tenían el hábito del patinaje que habían dejado otros cuando compraban el espacio. Extrañó los suyos, pero sintió correcta esa anomalía. Suspiró hondo antes de tocar el hielo y deslizarse con simpleza, como si se encontrara perfectamente en su elemento. Las trillizas emocionadas sacaron sus móviles, aunque notaron la mirada de advertencia de su madre.

Nada de publicar en las redes. Minami leyó el miedo implícito en las chiquillas adolescentes y rio.

Tras rodear la pista varias veces, Yuuri tomó una posición que para todos fue sorpresiva e identificable. Las trillizas miraron a su madre con asombro y Minami apretó los labios al reconocerla, pero Yuko, quien miraba absorta desde su lugar, sintió un cálido hálito de vida moverse en su pecho, como una promesa llena de esperanza.

«Me cansé de estar deprimido, así que empecé a pensar que quería que volviese a gustarme el patinaje. Pensé que podía recordar la época en la que copiábamos a Víctor.»       

Las palabras que Yuuri le hubo dicho en el pasado, justo cuando imitaba a Stammi Vicino de Víctor, volvieron a ella como una ráfaga. Yuko se llevó la mano al corazón cuando vio a Yuuri volver a imitar esa preciosa pieza, ahora con todos los saltos que Víctor le había incluido en el pasado, perfeccionándola aún más si la comparaba con aquella primera vez. Stammi Vicino de nuevo sonaba en la música que Yuuri creaba con su cuerpo. Todos eran capaces de escuchar aquella melancólica melodía mientras Yuuri se movía sobre el hielo, con un desboque de emociones tan íntimo, que sólo podía expresar sobre la pista, bailando con el corazón en la mano.

Y entendió, ella entendió. Distinto a aquella vez, sus ojos se llenaron de llanto y una opresión en el pecho le hizo saber que su corazón se sentía hinchado de nuevas emociones. Yuuri no estaba allí deprimido, había superado la depresión tiempo atrás. Tampoco buscará recuperar su amor al patinaje, porque no había dejado de amarlo durante todo ese tiempo.

Yuuri se había cansado de estar ansioso, de tener miedo.

Yuuri quería recordar porque le gustaba algo distinto al patinaje.

Y ese algo, solo podía hacer aquello que recordó como el inicio. Lo que había significado ese lugar, el punto de partida al largo camino que lo llevó a estar detrás de Víctor, a ir por él, al alcanzarlo y convivir con él. Ese camino que empezó con esa misma pieza imitada también en la soledad.

Cuando acabó, Yuuri podía escuchar y percibir los latidos por todas partes en su cuerpo.  Le había quedado claro, tan claro, que ahora que lo sabía debía trabajar en ello.

El sonido de las cuchillas era permanente dentro de la pista de hielo donde Sebastián Fauren entrenaba, preparándose para su encuentro en la Copa China que estaba pautada para una semana después. Cuando vio a Seung-Gil aparecer en la pista con su entrenadora y Phichit Chulanont, había desbordado su completa admiración hacia ellos, dejándoles muy claro lo honrado que se sentía de compartir pista por esos días. Sebastián estaría en el Trofeo de Francia para animarlos y confiaba que Seung-Gil volvería a ganar el oro sin problema. 

Phichit sonrió viendo la extraña dinámica que su novio y el joven patinador tenía, porque ante cada salto o pirueta que Seung-Gil ejecutaba, estaba la completa admiración del muchacho que no se perdía ningún instante, grabándolo con la intención de imitar en sus ensayos los nuevos saltos. Y él lo comprendía; no sentía necesidad de esconder el enorme y fulgurante talento de Seung-Gil del mundo, más bien le gustaba ver que ahora todos eran capaces de notar esa luz preciosa y no tener la necesidad de compararla con lo que Nikiforov había sido.  El brillo de Seung-Gil había nacido gracias a una profunda dedicación y fe en sí mismo.

Además, viendo el comportamiento de Sebastián, podía recordar cómo había sido él cuando patinaba competitivamente, grabando los saltos de Nikiforov para poderlos imitar en las prácticas o mirando a Yuuri haciendo lo mismo con la diferencia de que su amigo dejaba de notar los detalles técnicos y se quedaba embebido admirando la destreza del patinador. También podía recordar los ojos brillantes que había visto incontables veces en Minami cuando miraba a Yuuri patinar y su misma emoción cuando vio resurgir el talento de Yuuri en aquel año. Aún los ojos de Minami brillaban como antaño, como si no hubiera pasado seis años desde esa primera vez.

Ese era el camino que debían seguir cada uno de ellos y nadie estaba exento de ello. Tal como Seung-Gil lo hubiese hecho antes con Nikiforov (aunque le costó admitirlo ante él y cuando lo hizo hubo un precioso sonrojo acompañándolo) de ese mismo modo las nuevas generaciones se levantarían viéndolos a ellos patinar. No creía que a él precisamente, apenas logró medio dominar el salchow cuádruple antes de retirarse, no siempre con una caída pulcra; pero estaba muy consciente que para personas como Yuuri Katsuki, Seung-Gil Lee, Minami Kenjirou o incluso Guang Hong Ji sería algo natural, porque si algo identificó su carrera fue la fuerte ambición que los obligaba a llevar más y más lejos sus propios límites. A diferencia de él, incluso de Leo, que preferían divertirse en el hielo y tomaban cada victoria como un gran avance sin detenerse para no perder el norte de su pasión.

Por otro lado, Sebastián también se había acercado, aunque con timidez, para saber detalles de lo ocurrido con Yuuri Katsuki en Rostelecom. Como Phichit imaginó, Seung-Gil no quiso hablar de ello y se abocó a entrenar; así que se tomó la tarea de ser él mismo quien le contara algunos detalles de lo sucedido, siempre minimizando el impacto en Yuuri y tratando de no crear una preocupación mayor. Ya todo había acabado y Yuuri seguro querría calma en su hogar. No sería agradable para él enfrentarse a más mensajes de preocupación e incluso lamentos de algo que querría olvidar lo más pronto posible.

A Phichit le gustó notar el respeto con el que Sebastián tomó el tema y la profunda admiración que sentía también para con Yuuri e incluso para con Víctor. El tema de si fueron pareja o no parecía irrelevante para él: los veía como los dos deportistas que habían hecho historia y que lo habían inspirado cuando estaba en la época Junior. Para él, tenerlos de nuevo en el hielo, aunque fuera a través de sus estudiantes, resultaba una fortuna. Se sentía feliz de poder compartir el escenario con ellos a sus espaldas y poder confrontar a sus alumnos como si fuesen una extensión de sus propios talentos.

Los respetaba como los competidores que fueron y los admiraba por la belleza de sus programas y la demostración de lo que podían hacer en el hielo. Phichit se emocionaba al hablar con Sebastián de ellos porque se sentía muy identificado con su forma de pensar, y le hacía feliz que hubiera personas que dejarán atrás los temas personales que solo les concernía a ellos para admirar lo que lograron en el mundo. La belleza y fuerza de su arte.

De lo demás, prefería no opinar, justamente la misma posición que Phichit había tomado en esos años. No formar juicios, solo escuchar a Yuuri y hacerle consciente de sus propias mentiras que pretendían ser piadosas mas solo lograban lastimarlo. Aconsejarle y ayudarle, sin forzar ni obligarlo a hacer nada más con respecto a esa relación que tenía demasiadas raíces profundas imposibles de ignorar. Cubrir su papel de amigo sin dejarse cegar, porque él conocía muy bien quien era Yuuri.

Enfocó su atención en la pista y notó que el programa de su novio seguía en ejecución, moviéndose con destreza en el hielo. Su programa Infinity seguía conmoviéndolo y era impresionante la forma en que evolucionaba con cada nueva ejecución. Cómo si cada vez más alcanzara un nuevo nivel tanto técnico como interpretativo, un constante crecimiento que identificaba el estilo de Seung-Gil.

Tras haber repetido su programa corto, Seung-Gil salió de la pista con los músculos cansados y pesados. Phichit lo vio dirigirse hasta la salida y pudo ver el momento en que su novio le buscó con su mirada, por lo cual le sonrió desde la distancia, al estar sentado en las gradas. Él agradecía que Seung-Gil hubiera tomado la decisión de irse de inmediato a Francia con él, porque eso le había permitido no solo descansar un poco más, sino compartir tiempo con su pareja después de los meses separados, algo que le había hecho falta. Además, podían aprovecharlo mejor porque se encontraba mucho más tranquilo, incluso con la presencia de Sebastián queriendo llevarlos a conocer a toda París en ese lapso.

—¡Eso estuvo magnífico! —Le dijo al verlo acercarse, tras haber resguardado las cuchillas dentro de los protectores de colores morado y naranja. Al lado, Sebastián acababa de grabar su interpretación y le miró con ojos desbordados de admiración.

Aunque a Seung-Gil le agradara la atención de la que ahora era víctima gracias a su mejora en el patinaje, prefería mantenerse en silencio y continuar. No era hombre para estar lanzando besos y saludos a la multitud, y difícilmente lo sería en algún momento. Aceptaba humildemente el apoyo de todos porque a quien más había querido sorprender era a sí mismo y eso era suficiente para impulsarle a continuar. Phichit admiraba eso de él.

Seung-Gil se sentó en una banca más abajo de las gradas, entre sus piernas y aceptó gustosos a sus manos para relajar los músculos calientes de los hombros. El sonido de las cuchillas volvió y de reojo, miró a Sebastián avanzar para practicar su rutina. 

—De verdad fue fenomenal… me encanta este programa.

—No es suficiente, tengo que perfeccionarlo más. —Phichit chasqueó la lengua en respuesta—. Sabes que no es suficiente.

—Para mí ha sido precioso —alegó con confianza—. Me haces sentir la desesperación, la fuerza, el vigor del personaje de tu programa, como ver una película coreana histórica.

—Es la idea.

Seung-Gil tomó la botella de agua para beber un poco y Phichit aprovechó para cubrirlo ligeramente al inclinarse. En nada, puso frente a él una Tablet, con el navegador lleno de pestañas, pero le señaló la publicación de Instagram donde se veía unos 10 segundos de sus prácticas y como había estallado en reacciones. Seung-Gil le miró como si hubiera sido su responsabilidad, pero Phichit le hizo notar que se trataba de la cuenta de Sebastián.     

—Tienes un fan —dijo con diversión, mientras veía a Seung-Gil moverse en la pantalla, ahora buscando una de las pestañas del navegador—. ¡Ey! ¡No te dije que te metieras allí! 

Ya sabía que su novio conocía su afición de leer fanfics de los fans donde estaba él, pero seguro no pensó que estuviera leyendo justo en ese momento.

—No puedo creer que sigas haciendo eso —recriminó sin real fuerza.

—¿Cómo qué no? Después de lo que pasó en Rusia tenía que hacerlo. ¡Los fics Victuuri literal explotaron!

—No me extrañaría que hayas escrito alguno.

—Recuerda que lo intenté y me atacaron porque fue el peor fic ever que habían leído, así que me dediqué a leer. 

—La verdad la escritura no ha sido lo tuyo. 

Lo decía con conocimiento de causa, Phichit no tenía eso en sus muchas habilidades.

Phichit soltó un suspiró desalentado y molesto que murió con la risita divertida de Seung-Gil. A su novio le encantaba molestarlo con eso, porque al inicio de su relación Phichit le había dicho, como si se tratara de un secreto sumarial, lo mucho que le gustaba los fanfics, en especial aquellos que lo juntaban con Christopher. También que había intentado escribir un fic de Víctor y Yuuri, pero lo atacaron por infinidad de cosas y dejó de hacerlo. Según los lectores asiduos al género, el fanfic estaba mal escrito, era pobre y esos definitivamente no eran Víctor y Yuuri. ¿En qué mundo cabía que Yuuri fuera una persona con carácter tan fuerte? ¡Era el chico tímido y hermoso que había que proteger! Y claro que nunca aceptarían la imagen de un Víctor que no fuera el sensual que se presentaba en los escenarios: ese que Phichit intentó presentarles que mostraba actitudes infantiles era un claro atentado contra el real Víctor.

Por supuesto, Phichit no iba a decir que nadie más en el mundo, ni el mismo Víctor, conocía mejor a Yuuri Katsuki que él por ser su compañero de habitación y mejor amigo, y que esa imagen de Víctor que habían idealizado no era la única verdad. Se tragó su orgullo y se dedicó a solo leer aquellos fanfics que medio se asemejaban a las personalidades de sus amigos, pero pronto dejó los prejuicios y empezó a disfrutar de cualquier escrito, incluso de aquellos donde no reconocía a los patinadores, pero podía verlos fácil como un original.

Obviamente, Yuuri no podía saber eso. Lo mataría si llegara a saber que en algún momento intentó poner por escrito lo que debió ser el romance que nació en Hasetsu. Seung-Gil juró silencio.

—¿Y qué encontraste de bueno ahora?

Quiso saber y Phichit se emocionó ante la perspectiva de contarle a su novio los detalles. Si había una razón por la cual Seung-Gil llegaba a interesarse por saber, era para verle ese brillo contento en los ojos de su pareja.

—¡Hay un fanfic donde Yuuri y yo somos omegas, y él quiere entrar a Harvard! —La expresión de Seung-Gil decía todo.

—No sé cómo no te trauma la idea esa de omegas y alfas.

—Me gusta la idea de tener lubricante incluido —El tono seductor de Phichit llamó la atención de su novio, mirándole con una ceja enarcada—. ¿No te parece sumamente conveniente?

—Sin duda… —Y lo dejó más claro con su caricia en el muslo de Phichit.

—Pero ¿adivina quien es mi novio en ese fic?

—¿Christophe?

—No, el mejor novio que puedo tener. Mi sexy y fuerte alfa Seung-Gil.

Phichit sabía que eso llamaría la atención de su novio porque le gustaba que las fans de ese género empezaran a darle más atención a la real pareja y no a las fantasías que lo juntaban con Christophe, a saber por qué razón. Así empezó a relatar la historia ficticia de como Yuuri y Phichit en esa trama hacían lo posible para que Yuuri entrara a Harvard. Y después de contarle todos los pormenores (donde Seung-Gil le preguntó qué clase de fetiche tenían con el sexo de Víctor), empezó a comentarle de otros fanfiction que habían regresado, como uno donde Víctor era un antiguo zar que había quedado abandonado y mostró sus primeros indicios de revivir, u otro donde Víctor era un sacerdote en busca de justicia por lo vivido desde joven. Uno más curioso que siempre le había llamado la atención también había actualizado, donde cada personaje tenía animales representando los dos hemisferios de su cerebro.

A Seung-Gil le gustaba leer ese a escondidas porque le hacía gracia imaginar a Yuuri como un avestruz y a Víctor como un pavo real. Encajaba perfecto. Y lo mejor es que él no aparecía por allí así que se evitaría malestares pensando en una mala interpretación de su personalidad.

Se reacomodaron mejor mientras Phichit enderezaba su espalda para revisar sus redes sociales y Seung-Gil se estiraba largamente entre las piernas de su pareja. Apoyó su cabeza sobre el muslo de su novio y empezó a mover en círculos sus tobillos, sintiendo el peso de sus patines sobre los pies. Ya había descansado suficiente y tenía que volver, no podía permitirse distraerse más de lo necesario para darle tiempo a Phichit y compartir con él. Así que, decidido, se puso de pie e hizo un par de movimientos relajante en sus hombros y cuello. Phichit no necesitaba escuchar lo que haría pues ya lo comprendía en silencio.

Viéndolo moverse de regreso a la pista, supo que Seung-Gil estaba dispuesto a todo para ganar también en el trofeo de Francia y cumplirle la palabra de enganchar todas las medallas de oro que encontrara por su paso alrededor de su cuello. Phichit confiaba que Seung-Gil podría, se lo había demostrado con creces, sin embargo, también estaba consciente de que la competencia esta vez sería dura, pues todos vendría dispuestos a lograr conseguir la ansiada platea dorada y dejar todo en la pista para ellos.

En especial Yuri Plisetsky.

Con un suspiro emocionado, miró las redes sociales con información que se iba actualizando en el momento. Otabek Altin había tomado el vuelo varias horas atrás, J.J había subido una fotografía de ellos en el aeropuerto mientras lo despedía, con algunos fans del kazajo levantando la bandera a su favor. Los otros competidores también habían mostrado fotografías donde venían acompañados de su equipo técnico y cada grupo de fans de ellos (donde Phichit estaba infiltrado en la mayoría), les había dejado deseos de éxitos.

Pero, como si estuviera en su sangre, había sido Víctor quien acababa de alborotar las redes cuando se subió fotografías de las fans de Yuri Plisetsky en el aeropuerto, donde hacían énfasis en la mujer rubia que estaba cerca de ellos. Nadie nunca la había visto y verla caminar al lado de Víctor, mientras este la sostenía acogida bajo su brazo, había provocado que la noticia corriera como pólvora. Yuri Plisetsky avanzaba a pasos de distancia de ellos, con la chamarra rusa y sus ojos cubiertos con lentes oscuros.

Esa no era la mujer con la que habían fotografiado a Víctor antes, Phichit lo sabía, porque incluso se veía más pequeña que aquella directora de teatro. No obstante, dejando aquel tema de lado, miró el bastón que aún Víctor cargaba al caminar, apretando los labios al pensar que en definitiva la recuperación no era inmediata como le hubiera gustado pensar.

Mientras eso ocurría, las redes sociales de Christophe Giacometti habían sido actualizadas. Había fotografías donde se les veía en el aeropuerto de Zurich, con algunos selfies con su pareja y su hija, ya preparados para el vuelo que los llevaría a París para el evento. Estaban acompañando a Giovanni Ritz, el joven patinador suizo que era la máxima representación del país a nivel deportivo. La figura de Giovanni venía respaldada por Masumi y la experiencia que había obtenido en sus años como competidor, que le sumó un par de medallas de platas y bronce en eventos internacionales, más un bronce olímpico.  En declaraciones, Phichit recordaba haber leído que su intención era el oro y demostrar que Rusia no era el único capaz de lograrlo.

Anteriormente había revelado que era profundo fans de Giacometti, y con certeza el debut de la temporada de Giovanni era muy esperado por sus fans. Giovanni tendría su primera competición del Grand Prix en Francia y luego tendría que defender su título en Japón, para así obtener el pase anhelado a su primer Grand Prix Final. El joven de dieciocho años estaba dispuesto a eso.

La competencia ya estaba a nada para empezar y Phichit ya sentía a su estómago cerrarse de emoción. Además, tendría la oportunidad de hablar con Christophe y como ya lo hubiera revelado en una de sus entrevistas anteriores, deseaba poder presentarle el proyecto ahora que tenía más seguridad de parte de  los inversionistas que le entregaban la posibilidad de avanzar.  

Nadie que hubiera tenido la oportunidad de conocer a Yuuri y compartir con él podría odiarlo. Phichit confiaba que la dinámica lograra generar un ambiente donde las diferencias que pudiera existir entre los dos terminaran de subsanarse. Seung-Gil adjudicaba que era una mala idea, pero Phichit no se iba a desanimar por eso. En parte lo entendía, si Christopher quería a Víctor un poco de lo que él quería a Yuuri, podía comprender la aversión que se hubiera creado con la separación. Pero si las cosas entre ambos examantes estaban enrumbadas a llegar a un concilio, nada que ellos pudieran hacer como amigos podrían evitarlo. Phichit estaba consciente de que apoyaría a Yuuri fuera la decisión que fuera a tomar en ese aspecto, todo con tal de verlo feliz.

Sin embargo, no imaginaba que la situación sería más difícil. Desde Zurich, Christophe colocaba su equipaje de mano al alcance, mientras su pareja cargaba a la pequeña Victoria en brazos, emocionada por la nueva experiencia. Masumi hablaba aniñado a la pequeña y disfrutaba de la risa que su hija creaba al verse envuelta en el aparato, queriendo estar en la ventana y pidiendo que le encendieran la pantalla frente al asiento.

Aunque Christophe quisiera disfrutar del momento familiar, lo cierto es que se encontraba irritado. Al sentarse y acomodar su cinturón de seguridad, escuchó de lejos las indicaciones de la azafata sobre la seguridad del vuelo, mientras revisaba por última vez las noticias de las redes sociales. Vio que ya Víctor había tomado vuelto para París, eso significaba que no faltaba nada para verlo; no obstante, lejos de sentirse emocionado ante la idea de reencontrarse con su amigo, se encontraba molesto, rumiando una indignación que no hallaba manera de solventar.

Las fotografías filtradas desde Rusia alarmaron a Chris y lo mantuvieron en alerta por esos días, pero por más que esperó no llegó mensaje ni llamada por parte de Víctor. Solo veía la manera extraña y amorfa en que salían los resultados junto a las imágenes donde mostraban a ambos Yuri cerca y solo pudo sentir odio ante como parecían burlarse del dolor de Víctor, quien desgraciadamente seguía aferrado a Katsuki como si no existiera nadie más en el mundo.

Pero, fue evidente que Víctor de nuevo no lo necesitaba. Las palabras de Yuri seguían clavadas, dando vueltas en su cabeza mientras él intentaba masticarla.

«Yo nunca necesité decirle a mi amigo que fuera por mí, él lo sabía, él iba sin pedirselo. ¿Dime quién fue el arrogante?»

Sweet, ¿qué sucede? —La voz de Masumi lo abstrajo de su ensimismamiento y miró a la pequeña afianzando sus manos sobre la ventana. 

—Nada. No ocurre nada.

Apagó el móvil y lo guardó en el bolsillo de su saco. Tuvo la necesidad de tomarle la mano de su pareja para intentar relajarse en el viaje, pero se conocían suficiente como para saber que el asunto no acabaría allí. Masumi lo miraba con atención y esperaba una respuesta, pero el tema de Víctor era preferible mantenerlo vetado ya que había sido motivo de discusión entre ellos y no llegaban a ningún acuerdo. En ese sentido, Christopher estaba demasiado irritado y afectado por lo que estaba ocurriendo, por lo que Masumi había decidido no continuar, pese a que la tensión se respiraba en el aire, contrario a las fotografías que habían colgado en las redes.

Soltó en un suspiro la resignación y decidió abocarse a su niña, a pesar de que mantuvieran sus manos tomadas.  

La testarudez de Christopher ya era conocida para Masumi y a esas alturas no intentaría cambiarlo. Solo iba a dejar que las cosas cayeran bajo su propio peso hasta que su pareja terminara de entender y desentrañar el centro de toda esa frustración. Porque entendía en cierto modo de dónde venía, pero no sería él quien lo confrontara con aquello.

Mientras el vuelo despegada y Victoria sujetaba su barriguita al sentir la emoción y la sensación de vacío a modo de cosquillas en su estómago, Chris solo podía pensar en las siguientes publicaciones que habían aparecido después de ver a Yuuri y Yuri muy abrazados y paseando por toda San Petersburgo sin la más mínima consideración. Cuando el ataque en Rostelecom ocurrió, Christophe no se asustó al poder sentir la total apatía de su parte mientras Masumi se veía preocupado por la salud de Yuuri e indignado por el comportamiento de Rusia. Ese había sido el motivo del primer chispazo, el horror con el que le miró su pareja cuando la indiferencia era palpable en su rostro y un leve resquemor de justicia divina lo azotaba, sin poderlo ocultar. Sentir que Yuuri mínimo merecía eso lo enfrentó consigo mismo, sobre todo cuando Masumi se lo echó en cara al horrorizarse con su falta de empatía.

Probablemente, Masumi se había convencido de haberse casado con un monstruo. Chris no se veía muy lejos de uno a esas alturas, porque por mucho que intentó sentirse mal por Yuuri, no pudo lograrlo, no pudo hacerlo porque el recuerdo de lo que vio en Víctor era suficiente para atizar sobre Yuuri toda su inconformidad y decepción. Pero a pesar de reconocer que no podía sentir otra cosa y que sería hipócrita de su parte siquiera mencionar el asunto, también admitía que no estaba bien. Que debía buscar la manera de controlarlo porque, quedaba claro que todo lo que pudiera sentir o no por Yuuri Katsuki era irrelevante cuando Víctor ni siquiera le buscaba para hablar del tema y, además, parecía que las cosas entre ellos se iban a resolver mucho antes de lo esperado. Aquella fotografía en el pasillo, tomada por Phichit, donde se veía a Víctor y Yuuri abrazados, le había calado hondo, dejándolo confundido y profundamente airado.

Si Víctor iba a aceptar todo lo que Yuuri hiciese, destruyéndolo en el proceso, nada iba a detenerlo.

Y eso le frustraba, no poder evitarlo.

El miedo de un final trágico seguía atenazando los músculos y trabándole la mandíbula.

« ¡Hola Yuuri! ¡Ten buen día!
« Ya estamos camino al aeropuerto.
« ¡Espero hayas dormido bien!
Yuuri » [Hola Víctor, ¡buen día! Espero que tengan un buen viaje. ¿Cómo está la rodilla? ¿Te duele menos? Ojalá no te dé muchos problemas en el vuelo. Yo estoy bien, estuve en la pista con Minami un rato, estaban las trillizas allí. Han crecido muchísimo. Ahora estoy en casa. Mamá creo que planea engordarme para navidad, no he dejado de comer Katsudon desde que llegué]
Yuuri » [Foto adjunta]
« ¡Ese Katsudon se ve delicioso! Tengo tiempo sin prepararlo… y me encanta escuchar tu voz.
« Espero que mi rodilla no nos dé problemas. Ha estado mucho mejor.
« A Francia iremos con la mamá de Yuri.
Yuuri » [¿Su madre irá? Me alegra saberlo. Oh… ¿has seguido las indicaciones del doctor?]
« Al pie de la letra. Entre Vanya y mi padre no me dejaron en paz hasta que fuera.
« Estoy muy entusiasmado. Yuri en estas últimas prácticas mejoró mucho.
« Cuando nos veamos en el Grand Prix Final, Minami la tendrá difícil con Yuri.
Yuuri » Entonces tendré que preparar mi arma secreta.
« ¿Tienes un arma secreta? ¿Cuál es?
Yuuri » No voy a decirte mi arma secreta, Víctor.
« Entonces voy a preparar un arma secreta y no te diré.
Yuuri » Estaré ansioso de verla.
Yuuri » [Foto adjunta]

La última foto que Yuuri le había enviado lo hizo reír en el asiento, justo antes de tener que seguir el protocolo y despedirse al apagar el celular. Fue tanta su gracia que se ganó una mirada intrigada de parte de su estudiante, quien se encontraba sentado al lado de la ventana, mirándolo como si le hubiera salido otra cabeza. Pero no pudo evitarlo, Yuuri le había sorprendido y el calorcito en el estómago y en el pecho le era imposible de controlar. Era una calidez burbujeante que de nuevo sentía moverse bajo la piel, tan extrañada que ahora que la había reconocido le daba la bienvenida.

Todo lo que consistía aquella fotografía era en una hoja de papel doblado que tenía unos kanjis y abajo, entre paréntesis y en ruso, la frase ‘arma secreta’. Que Yuuri se permitiera bromear con él de esa forma era algo sorpresivo pero estimulante.

Desgraciadamente, no pudo mantener la comunicación y con ya hora y media de vuelo, Víctor intentaba descansar su vista mientras disfrutaba de esa calidez aún perpetua. Trataba, pero no le fue posible porque Yuri no se encontraba en la misma frecuencia. Contrario a él, golpeaba con insistencia el suelo como si quisiera salir del avión. No, no estaba imitando el sonido de la percusión como había pensado por un momento, si no que era la evidencia del miedo que sentía, seguramente por la cercanía de la temporada.

—¿En qué piensas? —preguntó Víctor con un golpecito en el hombro que llamó la atención de Yuri. Este se retiró uno de los auriculares y torció la boca.

—Nada en particular —renegó desviando la mirada.

—¿Estás nervioso? No debes estarlo. En todo el tiempo que llevo entrenándote, ahora estás mejor preparado para la competencia.   

Yuri solo chasqueó la lengua e ignoró ese hecho. Definitivamente Víctor no podría comprender en dónde estaba llevando sus pensamientos, ni quería que lo hiciera. No se sentía preparado para admitir que sí quería dar lo mejor ya no solo era por él, sino para darle sentido al esfuerzo que Víctor estuvo haciendo desde que todo empezó. No hacía falta llegar a esos niveles de confidencia.

—Mejor duerme, anciano.

Víctor no insistió más y sin querer saber por qué andaba con esa tonta sonrisa dibujada, Yuri se detuvo de nuevo en su móvil en modo avión para ver las pantallas congeladas de sus redes sociales. Se quedó mirando aquella que se quedó estacionada antes de que se siguieran sumando más, y apretó la mandíbula ante la certeza de lo que vendría. Jean había subido una imagen donde abrazaba por los hombros a Otabek, despidiéndose para la próxima competencia.

Ya se iban a ver… y pensándolo en la distancia, sentía tonto el motivo por el cual se habían dejado de hablar y solo habían conseguido algunas interacciones que pretendían recordarles que aún la amistad estaba allí. Yuuri se admitió que en ese momento no hubiera podido actuar de otra manera, pero lo importante ahora era saber qué hacer, cómo tratar a Otabek cuando lo viera y si debían tocar ese tema espinoso u olvidarlo de una buena vez.

No tenía motivos para estar enojado, no ahora que Mila y Otabek habían resuelto sus diferencias y la resolución final fue continuar separados. Pero tampoco podía sentirse tranquilo ante ese sentimiento de su amigo, que, si persistía, no podría responder. Todavía estaba Yuuri en medio y aunque había empezado ese largo proceso de la resignación mansa, no creía que fuera algo que se resolviera en cuestión de días. Y si era sincero consigo mismo, jamás se imaginó en situaciones mucho más íntima con Otabek. La sola idea le resultaba tan descabellada como la pareja de JJYuuri que tantos fans hicieron famosa.

Actuar como si nada parecía lo más correcto, pero no lo veía conveniente.

Aun cuando razones de volver había de sobras.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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