Matryoshka II (Cap 40)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 40: Somos bienvenidos

Mila miraba con ojos muy abiertos la secuencia de saltos que, conforme la rutina avanzaba, iban aumentando paulatinamente su dificultad. No podía creerlo… era como ver nuevamente a aquel adolescente que, tras haber aceptado que necesitaba ser y sentirse la prima ballerina con su programa, rebosó de fuerza y vitalidad en cada uno de sus movimientos hasta llevar su cuerpo hasta el límite. Fue como vivir un déjà vu y Georgi opinó lo mismo mientras observaba su silueta moverse ejecutando el programa libre, ese que mayor repertorio de saltos tenía. Allí, Yuri podía mostrarse por fin con la imagen que había buscado transmitir: donde en vez de verse a aquel chico tratando de sobrevivir a los golpes de la vida, podía ahora verse al adulto enfrentándolos con entereza.

Ninguno entendió el punto exacto en el que las cosas habían cambiado para Yuri, pero tampoco importó. Mientras fuera algo que Yuri supiera, bastaría. Quizás fuera todo lo ocurrido en Rostelecom o la visita de Yuuri lo que había terminado de darle ese empuje, tal vez tendría que ver con la forma en que, poco a poco, y sin que se lo propusiera, comenzaba a estar más cerca a Víctor. Como fuera, el cambio era latente, se percibía de forma tan luminosa que ninguno pudo apartar su mirada de él.

Pero no fue el único. Víctor Nikiforov acababa de arribar al estadio y su desconcierto fue mayor al notar la forma en que Yuri patinaba. La concentración del joven patinador era genuina, podía ver claramente que ni siquiera estaba al pendiente de todas las miradas que habían ido cayendo sobre él en medio de la emoción. Víctor veía en Yuri la figura exacta del Yuri de hacía cinco años atrás. Ese que superó su récord, bailando y moviéndose con toda la belleza de su fuerza en la pista, cuando por fin había encontrado expresar su ágape. Era ver exactamente la misma gracia, aunque fuera bajo otro tema y con mayor edad y altura, porque el peso de la experiencia era bastante evidente. Y su corazón tembló de felicidad al notarlo.

Todo el peso que venía arrastrando tras la larga conversación con su padre, se disipó al verle patinar así. Si era sincero consigo mismo, verle de aquella forma le daban deseos de simplemente mirarlo patinar por siempre. Pocas veces el patinaje de Yuri le había provocado una emoción así, pero le agradaba sentirla. Fue feliz al percatarse de que podía vivir más veces esa euforia que pensó perdida y que no era necesario ver a Yuuri en la pista para hacerlo.

Estaba orgulloso. No podía decir que él hubiera ayudado en algo para conseguir aquello, ya que no sentía que ninguna de sus acciones fueran el detonante de tal cambio en Yuri, pero estaba orgulloso. Se sentía muy bien al saber que se encontraba allí para verlo que, en parte, su programa también había podido servir de canal para que Yuri pudiera al fin expresar sus emociones. Era feliz de saber que aún no era tarde, y que quizás, aunque sus pies no volvieran a pisar el hielo, estaba la certeza de que podría empujar a los nuevos talentos para brillar como alguna vez lo hizo él.

—¡Eso fue magnífico! —exclamó Mila, con la voz cortada por la alegría. Sus ojos estaban húmedos y a pesar del estupor que vivía, no pudo contener los aplausos que salieron de lo más hondo de sí. Georgi la siguió.

Yuri, quien se había detenido, solo veía sus pies de nuevo mientras la imagen se movía pendulante ante sus ojos. Se encontró sintiéndose como si estuviera despertando de un trance. El dolor de sus músculos era analgésico; la pesadez junto al calor de su cuerpo transpirando por el ejercicio se sentía muy bien. Se sentía vivo. Sus pálpitos latiendo justo en su oreja y el eco que formaban en su pecho, le daban la certeza de que aún estaba vivo. Y, como si se tratara de un nuevo comienzo, también se sentía más libre.

Había cargado tantas cosas innecesarias durante todos esos años, que apenas se percató de que, en realidad, él seguía siendo liviano como una pluma en el hielo. Miró sus manos temblorosas debido al esfuerzo, pero sintiéndolas por fin propias. Controlando la respiración errática, Yuri vio en el espacio entre sus dedos y no se sintió mal al no tener otros dedos que lo acompañaran. Se vio cómodo con sus logros y fracasos, sus sueños y anhelos. Se encontró completo siendo solo él.

¿Qué acababa de ocurrir?

Se sentía como haber despertado de un largo letargo. Era extraño. Casi como estar de visita en su propio cuerpo, o más bien como si hubiera pasado mucho tiempo sin estar allí. Sí, incluso se le antojaba darse la bienvenida.

—¡Yuri! —Escuchó la voz de Víctor y se giró de inmediato a buscarlo. Víctor, a pesar de sujetarse con el bastón, movió su mano libre en señal de saludo y Yuri se apresuró a acercarse a él. Más que preguntar qué había visto de su patinaje, quería saber cuál era el estado de su rodilla.

—¡Víctor! ¿Qué te dijo el mé…?

Sin dejarlo terminar, apenas se acercó a la salida Víctor le agarró el cuello con su brazo libre y lo empujó hacia su hombro, en un medio abrazo bastante extraño que sintió anómalo pero que logró subirle los colores. Las orejas se le calentaron casi de inmediato y a pesar de que Víctor se limitó a solo darle un par de palmadas en la espalda, él no dejaba de sentir que todo estaba moviéndose en otra frecuencia a su alrededor.

Afortunadamente, en cuanto Víctor lo soltó e hizo espacio, Mila aprovechó la ocasión para colgársele encima. El abrazo de Mila se sintió mucho más familiar y su cuerpo reaccionó en consecuencia, rodeando la pequeña cintura con sus manos y tratando de eliminar así todo el rastro de incomodidad que el gesto de Víctor había suscitado en él.

¿Por qué se había emocionado tanto?

Después de varios minutos, Yuri logró tener espacio para sentarse en las gradas mientras Mila retomaba el control de la pista y Víctor se sentaba a su lado. Georgi le había dicho que no lo había visto patinar de esa forma desde hace mucho tiempo y Mila no dejó de recalcar lo mucho que la había impresionado. Incluso catalogó que, en comparación a la vez que por fin llegó con el programa arreglado según lo que deseaba expresar, ahora sí veía el programa terminado.

Cada una de sus palabras hicieron más profunda la sensación que vivió cuando dejó de patinar el programa. De nuevo estaba mirando sus manos, reconociéndolas. Otra vez con la vista entre los espacios blancos que ya no eran dolorosos, que ya no significaban pérdidas. Como si pudiera encontrarlos incluso necesarios. 

—¿En qué estabas pensando cuándo patinabas? —preguntó Víctor a su lado, mientras acariciaba la zona donde se hallaba la férula. Yuri consideró que era mejor hablar de su lesión que de lo que estaba pensando, ya que era difuso y no estaba seguro de poder resumirlo o ponerlo en palabras.

—Solo cosas… ¿Qué te dijo el doctor? —Víctor solo resopló con cierto cansancio y se enderezó.

—Tengo que iniciar un régimen de fisioterapia todas las mañanas, más unos ejercicios en las noches. Me recetaron unas nuevas vitaminas y además tengo que acostarme después de aplicarme una crema. Por lo que me dijeron, estoy a tiempo de revertir el daño. No podré saltar, pero el patinaje no está del todo descartado. —Sonrió en ese punto. Yuri pudo percibir el exacto momento en que su corazón latió eufórico, al punto de amenazar con abrirle las costillas.

—¿Eso significa…?

—Que puedo seguir patinando como ya lo hacía —complementó con una felicidad que brillaba en su rostro—. Quizás, si todo sale bien, en un año pueda retomar y hacer exhibiciones. ¿Será el momento de hacer una segunda versión de Víctor y sus amigos?

—No me metas en esa estupidez de nuevo… —Yuri se quejó, a pesar de que su rostro dibujaba una sonrisa divertida que para Víctor no pasó desapercibida. Así, aprovechó el instante en el que se sentía tan pleno, que no se cohibió de llevar su brazo al hombro de Plisetsky y enroscarlo en un abrazo lleno de camaradería—. Joder, anciano, ¡deja de abrazarme tanto!   

—¿Te da vergüenza? —replicó divertido y Yuri solo chistó. Sin embargo, no quiso molestarlo por tanto tiempo así que lo soltó, tal como el joven había pedido—. Ahora repasaremos ambos programas. Tendremos que prepararnos en caso de que alguno de los saltos falle. —Yuri asintió, mientras escuchaba a Víctor hablar—. No podemos dejar nada en el aire.

—Me gustaría ir esta noche a ver a Regina. —Víctor se detuvo al escucharlo—. Han pasado cosas que tengo que preguntarle.

—Ok. Yo también tengo cosas que tengo que hablarle de este imprevisto viaje.

Ambos se quedaron en silencio con la vista en la pista donde Georgi le entregaba nuevas recomendaciones a Mila sobre sus programas. Tenían que admitirse que, de alguna forma, la imprevista y repentina crisis de Yuuri había terminado por unirlos más, haciéndolos conscientes del fuerte lazo que habían ido desarrollando en esos meses, uno que incluso lo ocurrido en el pasado no podía combatirlo. Para Víctor, todo sentimiento de aversión que había estado alimentando en esos días que Yuuri estuvo allí, junto a los celos que vivía por el acercamiento de Yuri, se habían diluido. Para Yuri, a pesar de saber su amor no correspondido, ya podía entender que la culpa nunca fue completamente de Víctor. En esa relación, Yuuri y Víctor fungieron ambos tanto de víctimas como victimarios. Y aunque no tuviera certeza de si fueran a arreglar algo o de si volviesen más adelante, la sensación de felicidad que vivió en esas pocas horas que compartieron juntos con aquella caja de pizza, aún persistía.

No sentía que fuera necesario pedir perdón; para Yuri eso había quedado implícito en el momento en que se vieron en el puente y tuvieron que admitirse que Yuuri había pasado por sus vidas como el huracán que siempre había sido, aunque esta vez hubiese sido para sacudir los escombros que habían quedado tras el derrumbe de su relación. Se sentía así, más libre de ver el horizonte, de reconocer las fallas y levantar de nuevo los cimientos.

NOTICIA
SEUNG-GIL LEE GANA LA CATEGORÍA MASCULINA INDIVIDUAL.
Moscú — 7 de noviembre del 2022

El medallista olímpico Seung-Gil Lee gana el oro en la categoría individual masculina del patinaje sobre hielo tras haber superado a Jean Jacques Leroy (CAN) y Minami Kenjirou (JPN) en el programa libre. Lee, quien patinó de último gracias a su alta puntuación en el programa corto con su performance “Infinity”, se alzó con su programa “Rain” con un salchow y loop cuádruple junto a dos combos de toe loop cuádruple, así como giros y combinaciones de nivel tres. Demostrando su entereza, superó los eventos acaecidos en el programa corto de la categoría masculina y alzó el oro, ante lo que dijo: “La fuerza de mis compañeros al levantarse después del lamentable suceso hizo que mi energía competitiva aumentase. Al final, hemos demostrado para qué hemos venido y el fruto de nuestros esfuerzos a lo largo de este año”.

Leroy, el ganador de plata de la copa Rostelecom y del oro en el Skate Canada, ya aseguró su pase a la gran final después de sus programas “Ode to Joy” y “Children”, donde incluyó un impresionante axel cuádruple para convertirse en el primer patinador que lo logra en competencia. Ante este hecho, Leroy comentó: “Fue la promesa que hice a mi esposa cuando me dio la maravillosa noticia de su embarazo. Y por mi hija, luché mucho para lograr este mérito. No quiero que esto desanime a nadie, si yo puedo, todos pueden lograrlo. ¡Esto es parte del J.J Style!”.

Por su parte, Kenjirou logró superar su baja puntuación en el programa corto, para demostrar su tenacidad y fortaleza a través de su presentación “The Phoenix”, donde logró ejecutar cinco cuádruples tras agregar a su rutina un flip cuádruple. La complejidad de su coreografía lo hizo acreedor de la medalla de bronce. “Estoy a un paso de lograr uno de mis mayores sueños, que es ir con Katsuki Yuuri a la Final del Grand Prix. A pesar de todo lo que ha sucedido, estoy feliz porque he podido lograrlo. Katsuki Yuuri ha sido mi inspiración y en este evento, más que nunca, se ha consolidado como tal. Por fin he podido convertir la fuerza del fénix en algo mío”, expresó Kenjirou, tras su clasificación a la Gran Final de Marsella.

Leo de la iglesia (USA) ocupó el cuarto lugar con 280.13 puntos, seguido de Guo Luogeng (CHN) con 271.52 puntos en el quinto lugar, Alexis Bodgesko (RUS) en el sexto con 265.27 puntos.

Ver más comentarios…

Nickiforova1938: ¿Y dónde está la noticia de qué harán contra Rusia después de lo que ocurrió? Ahora mencionan el ataque como si fuese cualquier cosa.

AlexysPluvok: Se escucha los rumores que todo quedará en una sanción monetaria a la FFKK. Tendrá que pagarle algo a la JSF por lo sucedido.

AtlantaAtalaya: Estoy consternado aún con lo que sucedió. Y siento que de nuevo vamos a ver la indulgencia de las autoridades internacionales con la potencia rusa, tal como pasó con Sochi del 2014 y el escándalo del dopaje.

AprilSweet923: ¿Alguien sabe si habrá alguna sanción más grave para los rusos después de lo que pasó?

FansViktorNikiforov25: Si la ISU deja esto así demostrará que no se toman la seguridad de sus competidores y el cuerpo técnico en serio. Lo mínimo que debe hacer la FFKK es pagar.

FuckSkater666: ¡Atención! ¡La FFKK junto al gobierno ruso está encarcelando a inocentes para fingir que están haciendo justicia por lo que ocurrió este viernes! ¡Es una farsa! ¡No crean lo que dicen los medios rusos, esos muchachos solo aparecerán allí para luego ser liberados bajo fianza sin ninguna repercusión, para así evitar tener que hacer una verdadera investigación! ¡Mucho ojo!

EmmaAbreilen_Moon09: Recuerden que un grupo de hackers japoneses liberó la lista de las 20 personas que estuvieron promocionando el #NoMeGustaElCerdo, con sus direcciones de IP, dirección local, nombre, DNI y fotografías. Si las autoridades rusas toman esto de referencia, podrían acelerar sus investigaciones.

RussianBoy_1998: Si creen que de verdad Rusia va a hacer justicia por esto, son muy ingenuos. A Rusia poco podría importarle la seguridad de Katsuki.

A pesar de que las horas hubieran pasado tras aquel incidente, las redes seguían atestadas. Un grupo de fanáticos del derredor del mundo había activado una recolección de firmas a nivel mundial para exigirle a la ISU un castigo mucho más severo a la FFKK por los sucesos acaecidos en competición. Sin embargo, todo apuntaba a que no quedaría más que un tratamiento meramente económico. La JSF decidió apegarse a las investigaciones que el gobierno de Rusia había iniciado y la ISU había dado un tiempo para que se dictaran sentencias a los jóvenes involucrados en el boicot, atrapados el día del suceso. Por tanto, tanto la Skate Canadá y la US Figure Skating bajaron la guardia, aceptando la decisión de la Japan Skating Figure al respecto.

No obstante, con la presión mundial que había al respecto, era de esperarse que las sentencias se dictarán antes de lo previsto. Ya se había anunciado que, antes de que los representantes rusos que viajarían a París para el Trofeo de Francia tomaran su vuelo, los catorce implicados en boicot recibirían su sentencia, la cual estaba pautada a unos dos a tres años de cárcel. Miembros de la comunidad, familiares y amigos de los implicados, habían argumentado que la sentencia era exagerada para los cargos, pero nadie parecía escucharlos. Rusia tendría que mostrarse implacable para congraciarse con los organizadores internacionales.

Yuri leía todo a través de su móvil, mientras iba en camino a la casa de Regina en compañía de Víctor. Justamente, en la noticia que se veía desde la televisión del automóvil, se escuchaban los últimos acontecimientos referentes a la Copa Rostelecom. Pero él tenía la mente en otro punto. Después de horas de prácticas y convencerse de que se sentía más seguro de patinar, era el momento de enfrentarse a Regina para estar seguro de que aquel estado no fuera momentáneo. Esperaba que no fuese así, porque si lograba patinar como lo había hecho en ese día en el Sport Champion Club, estaba seguro de que podría llegar al podio.

—¿Qué ha dicho Yakov a todo esto? —señaló con su dedo el derredor, haciendo un círculo en el aire. Víctor lo miró de reojo antes de volver su vista al frente, a la carretera.

—Las investigaciones que se han iniciado directamente por Mari Katsuki no están siendo tratadas de forma pública, pero tengo un abogado amigo mío que está revisando que todo se dé sin contratiempos. Lo llamé ayer, es conocido de Vanya, así que creemos que nos mantendrá informados del proceso. Yakov espera que todo vaya bien, aunque se muestra escéptico.

—Entonces todo lo que están haciendo ahora…

—Es solo para castigar a los que estuvieron involucrados en el momento, pero definitivamente no a los organizadores. Será difícil dar con ellos. Sin embargo, lo que sí se puede hacer es castigar a los oficiales que teniendo ya las denuncia no hicieron nada. Esto creo que puede tomar más tiempo, aunque… —Víctor calló y Yuri hizo un sonido con su garganta para invitarle a continuar. Por la mueca que hizo el mayor, Yuri pudo comprender que lo siguiente no sería de su agrado—: No dudo que Yuuri cuando sepa todo esto pida que se anule toda investigación.

—Entonces es mejor que no se entere.

Víctor opinó lo mismo.   

El auto aparcó frente al jardín de la casa campestre de Regina. Como ya había sido avisada de la visita, la mujer les abrió con ánimos y les permitió pasar. Sus tres gatos se movieron de forma intermitente por el espacio, el de pelaje atigrado de inmediato fue a buscar a Yuri, quien lo recibió con un par de caricias justo en la cabeza. La mujer ya había preparado galletas para compartir con ellos, así como una jarra de chocolate caliente, especial para el clima invernal con el que habían llegado, forrados de abrigos. Yuri se apresuró a sentarse en el mueble disponible, para recibir en su regazo al gato que parecía pedir por más de su atención. Víctor, en cambio, tuvo que apartarse tras recibir una llamada.

Regina estaba vestida como ya era costumbre mirarla, una bata térmica floreada de tonos celestes y un abrigo pesado de lana de un azul más oscuro. Su cabello canoso estaba peinado hacia atrás y sus lentes finos se movieron por un ademán hecho por sus manos.

—Me visitan más que mi familia. —Yuri supo que intentó bromear, más no fue del todo apropiado. Solo pudo recordar a su abuelo y cuánto había estado esperando por una visita suya meses antes de que ocurriera su muerte—. ¿Por qué la prisa para verme?

—Pues… fui ayer al cementerio. —La mujer enarcó una de sus delgadas cejas tintadas—. Hice lo que me dijo.

—Fuiste a visitar a tu abuelo. —Yuri asintió como respuesta—. ¡Vaya, fue más rápido de lo que imaginé!

—Digamos que aproveché ya que estaba allá… Supongo que ya sabe.

—Vi algunas noticias, sí. Los vi a ambos en Moscú tras lo que ocurrió con los fanáticos de Víctor. —Regina solo renegó un poco, mientras movía la taza con su chocolate caliente—. Le advertí que veía a sus fanáticos muy “exasperados” en las redes. Es una fortuna que no le haya pasado nada. Tratamiento por ansiedad…             

—¿Lo sabía? —Yuri preguntó, pero Regina suspiró—. ¿No le dijo?

—Sí, sí me dijo, pero lo que escuché fue mucho más elocuente. Me es más fácil imaginar el panorama: una persona con problemas de ansiedad a cargo de una persona en depresión.

Viéndolo de ese modo, parecía crónicas de una muerte anunciada. Yuri solo suspiró hondo, sin ánimos de comentar algo más. No al menos referente a eso.

—¿Y…? —Insistió Regina, acompañado de un carraspeó de su garganta—. ¿Qué ocurrió en el cementerio?

La mujer sabía que esas visitas no eran solo para verla, que tenían algo más detrás; y como mujer práctica que se reconocía, era imposible que no hiciera que la conversación fuera justo a donde tenía que ir. Yuri tomó aire y luego lo soltó con cuidado. Su mirada bajó hasta el pelaje del gato entre sus piernas y luego hacia el rostro de la mujer que lo miraba atenta. Sus ojos eran muy cálidos. Ojos de madre, ojos de abuela, ojos de mujer que cuidaba a otros. A pesar de su personalidad, le daba un aire a la mirada candorosa de Lilia.

Entonces le contó todo: lo que sintió al ir y ver la tumba de nuevo, lo que memoró en ese encuentro con la fría lápida. Los recuerdos de su abuelo le habían llovido y lo habían hecho sentir tan huérfano, que lo único que había querido era abrazarse. Y Yuuri estuvo allí: el calor de su abrazo había sido tan cálido que no pudo evitar el cobijarse en ellos. Pero si algo había obtenido claro de ese encuentro, es que había una razón por la que Yuri se había obligado a no ir más hasta el oro, solo una: culpa. La culpa haciéndole colmar aquello como una penitencia, la necesidad de obtener algo que implicaba el perdón de su abuelo, esta vez bajo la figura del oro. Justo lo que Yuuri y Víctor hicieron con las medallas.

Mientras le hablaba a Regina de todo lo que había comprendido, la mujer no dejó de observarle con suavidad. El chocolate fue desapareciendo de la taza y el dolor fue mitigando sus efectos en el pecho del joven patinador. Ahora que estaba claro, también había comprendido lo que ocurrió al entender que no era la medalla lo que su abuelo esperó de él, sino su felicidad. Y la única forma de darle valor a su presencia y a su ausencia, era luchando por ella. Por eso logró perdonarse realmente allí, no cuándo estuvo frente a la tumba para decirle a su abuelo que regresaría cuando tuviera el oro. Fue allí, cuando le prometió volver todas las veces sin importar que hubiera medalla o no, solo porque necesitaba aún su presencia, aunque ahora esta se resumiera en las letras grabadas en mármol.

—Entonces, —preguntó Regina, con interés—, ¿por qué vas a ganar el oro, Yuri?

Ya no era la promesa a su abuelo. Ya no era el peso de la culpa. No era la necesidad de ser alguien, no era la búsqueda de recuperar alguna antigua identidad. Yuri lo supo.

—Porque puedo lograrlo —aseguró con fuerza. Regina le sonrió.

—Porque puedes lograrlo —repitió—. No hay mejor motivación que esa. Cometemos el error de querer hacer cosas en memoria de los muertos, cuando aún hay vivos, principalmente nosotros mismos. Lo que tu abuelo hizo es loable y te ha formado. Eres el hombre de hoy en gran parte gracias a él. El mejor tributo que puedes darle es convertirte en la mejor versión de ti mismo. El duelo es duro y cada uno tiene su forma de sobrellevarlo, pero entender justamente eso es vital.

—¿Es usted una mejor versión de la que era cuando su marido estaba vivo? —se animó a preguntar. Aunque considerara que la pregunta era demasiado personal, Yuri necesitaba saberlo y Regina no pareció molesta por la intromisión. Solo le sonrió con un brillo conocedor en su mirada.

—Intento serlo. Todos los días, me estudio a mí misma y encuentro nuevas cosas que puedo hacer para convertirme en una mejor versión de mí. No puedo devolver el tiempo, no puedo evitar haber hecho y dicho cosas que dije e hice. No puedo… devolver las horas que decidí invertir en mis estudios, que me negué a un viaje, que preferí quedarme en casa que salir a caminar por los canales de San Petersburgo con él a mi lado.

Era fácil sentirse identificado con el sentimiento porque era el mismo duelo el que vivían, aún, porque a pesar del tiempo la ausencia no deja de ser ausencia ni el vacío deja de ser vacío. Aun cuando se ocupe el espacio con otros sentimientos, siempre se siente el hueco de que allí hubo y hay algo más. La sombra aún clavada en la pared del cuadro que dejó de estar. Los agujeros en la lana de las medallas que ya no estaban…

Incluso hay duelo sin muerte… eso es lo que Víctor y Yuuri habían vivido esos años. Y ellos, aún si no hubieran estado consciente de eso, habían buscado convertirse en una mejor versión de sí mismos en honor a lo que habían vivido siendo uno. Yuri lo entendió…

Por eso la devoción de Minami dando todo en agradecimiento a Yuuri.

Por eso la persistencia y perseverancia de Víctor intentando ser el mejor entrenador.

Víctor… La imagen de Víctor con las medallas en alto dominando el mundo volvió a él, sobrecogido en la sombra que dejaba. Yuri estaba consciente de ese deseo escondido, pero aún no se sentía capaz de decirlo en voz alta. Eso que surgió cuando Minami logró alcanzar a Yuuri, como un tributo a él.

—¿En qué piensas? —preguntó Regina, al notarlo callado. Yuri renegó.

No se sintió preparado para darle voz a aquello, aun cuando hubiera respondido al desafío de Minami admitiendo que sí daría todo en Francia y que, en gran parte, sería por Víctor.

Después de algunas palabras más compartidas, dejaron el asunto allí. Víctor había regresado de la llamada y se unió a ellos, comiendo las galletas y disfrutando del chocolate. Le comentó a Regina lo de su rodilla, incluso se animó a alzar la bota de su pantalón para mostrar la férula. Regina solo renegó y lo regañó como si fuera una madre, diciéndole que Iván la había llamado el día anterior, preocupado por su estado al enterarse.

Como era tarde, tampoco pudieron quedarse por más tiempo y decidieron salir de la casa de Regina para también dejarla descansar. Sin embargo, después de Víctor despedirse de la anciana con un apretado abrazo, le miró buscando una respuesta.

—Necesito hablar contigo sobre lo que ha pasado… será, creo largo. —Regina asintió, conocedora de que sí, aquello sí iba a requerir tiempo. Iván ya le había hecho saber la conversación que había tenido en el almuerzo con su hijo. Y viendo la mirada de Víctor, pudo entrever en sus irises la tristeza allí escondida.

—Mañana te esperaré con tostadas, queso, mermelada y café.

El viaje de regreso a Japón fue pesado, como era de esperarse. A pesar de haber deseado hablar con Minako sobre todo lo ocurrido, prefirió evitarlo para no tener que obligar a Minami a pasar el viaje con su hermana, eligiendo quedarse junto a su discípulo durante todo el vuelo. La mayor parte de las horas las pasaron durmiendo, como si el cansancio acumulado en esas dos semanas hubiera caído sobre él semejante a una enorme piedra. Allí, alumno y entrenador se la pasaron cobijados bajo las mantas de la aerolínea y con sus cabezas juntas, durmiendo como si fueran dos hermanos muy apegados. 

Sin embargo, en el tiempo que pudieron permanecer despiertos y entre las comidas entregadas por el personal, aprovecharon para hablar sobre los planes que tenían en Hasetsu y lo que les gustaría hacer. Minami le habló de las ganas que tenía de reposar en el onsen y comer un plato de Katsudon, algo con lo que Yuuri tuvo que concordar. Ambos procurando no mencionar entrenamientos ni competencias para así permitirse recuperar la calma mental y enfocar sus energías en el bien merecido descanso.

Por ello, cuando amaneció y Yuuri miró el mar junto a la cercanía que había hacia la isla desde la ventana, sintió un sobrecogimiento indescriptible. Estaba ansioso de llegar a su pueblo, de ver a su madre y a su padre para abrazarlos muy fuerte después de lo que había ocurrido. No había hablado con ellos por teléfono, todo lo que sabía era lo que Minako le había dicho. Algo que había estado evitando porque tenía la certeza de que sus fuerzas flaquearían si llegara a hacerlo.

Para las diez de la mañana, finalmente el avión aterrizó en la pista del aeropuerto de Fukuoka, y Yuuri esperaba que el trayecto de allí a la estación de trenes fuera el menos complicado, ya que las ansias por llegar a su casa habían incrementado al haber pisado tierras niponas. Caminando junto a Minami en todo momento, apenas le dedicó alguna mirada de soslayo a su hermana antes de pasar la policía internacional, recibiendo de cada uno de los encargados un “Bienvenido a Japón, Katsuki Yuuri” que fue repetido a Minami. Por un momento, hubo algo en el tono solemne de la voz de quienes se lo decían que le supo extraño, más decidió evadir la sensación a favor de continuar su camino.

Esperó en la correa la llegada de su equipaje y lo jaló en cuanto lo tuvo a su alcance. Sin decir palabras y a pesar de no compartir nada con su hermana, hizo lo mismo con las maletas de ella y las de Minako, recibiendo las gracias de su profesora, mientras que Mari solo se quedaba en silencio.

—¡Quiero dormir más! —se estiró Minami, alzando los brazos para hacer sonar algunas de sus articulaciones. Yuuri le acompañó en ese deseo mientras acariciaba su cuello.

—Ya solo nos falta el tren. Creo que lo primero que haré es meterme en el onsen.

—¡Yo también!

Sin embargo, nada los preparó para lo que les estaba esperando fuera. Cuando Yuuri salió con Minami a su lado, seguido del personal de la JSF y sus acompañantes; ambos se sorprendieron al ver toda la sala atestada de cientos de personas, la mayoría jóvenes, con cartulinas y mensajes alusivos con frases que iban desde “Gamba”, hasta otras más poéticas como: “Gracias por ser nuestro fénix”, “Estamos orgullosos de ustedes”, “Son los mejores”, “Japón mantiene la barbilla en alto” y demás. La muestra de apoyo y buenos deseos que recibieron dejándolos a ambos atónitos.

Minami se detuvo sobrecogido. Los pálpitos aumentaron cuando se vio expuesto ante las decenas de personas que le esperaban y le miraban con orgullo y emoción. Un escalofrío delicioso escaló por su columna y bajó por sus extremidades, haciéndole sentir una corriente que despertó sus nervios y que, aún por sobre el cansancio, lo hizo consciente de lo importante que fue su trabajo en Rusia para su país; ya que todos volcaron su atención en ellos e hicieron una conmovedora reverencia de agradecimiento, con un largo y fuerte: “Gracias por el trabajo duro”

Yuuri, superado por la conmoción, contuvo el aliento. La calidez que le embargó fue demasiada para intentar camuflarla; teniendo que apretar sus labios al ver a todas aquellas personas que habían estado esperándoles, inclinarse ante a ellos en una cálida muestra de su indiscutible apoyo. Muchos de ellos con la chamarra japonesa de la JSF cubriéndoles, otros con algunos peluches de ellos hechos a manos o con camisetas con fanarts grabados del fénix. Todos los presentes como fanáticos del patinaje estaban allí para mostrar su respeto al equipo de Japón, que a pesar de todo lo ocurrido, había dejado en alto su bandera en Rusia y logrado demostrar la fuerza y tenacidad del espíritu japonés.  Quienes no se rindieron y sacaron su mayor fortaleza en la oscuridad, renaciendo justo como el tema escogido, el poderoso fénix.

La policía había colocado un cinturón de seguridad, que les permitía tener espacio para moverse sin que la gente buscará ahogarlos, más no había hecho falta.  Ninguno intentó movimiento alguno para acercarse más allá del perímetro resguardado. Por eso, Yuuri y Minami, aun encontrándose sobrecogidos, se tomaron de la mano y se inclinaron a modo de respuesta, junto con el resto del equipo técnico que los seguía. Al levantar la mirada y escuchar los aplausos que cayeron sobre ellos, en una lluvia sumamente cálida, la garganta de Yuuri se cerró en un nudo imposible de mitigar, a pesar de que sus labios dibujaran una sonrisa agradecida. En cambio, Minami, desbordado, fue incapaz de contener sus lágrimas, sobre todo al escuchar su nombre ser coreado en medio de los vítores de bienvenida.

Bienvenido a casa, Katsuki Yuuri. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía tan bienvenido al llegar a Japón. 

Tras sortear a las personas que les habían recibido, entregar autógrafos y dejarse fotografiar con varios de ellos, finalmente se enfrentaron a la prensa que seguía allí esperándolos. Contestaron algunas preguntas de las emitidas, enviaron saludos a todos los que les habían apoyado y aseguraron que darían lo mejor de sí en la Grand Final. Cuando les preguntaron sobre sus planes mientras esperaban su viaje a Marsella, Yuuri contestó que tomarían una semana de merecidas vacaciones en su hogar, para recuperar fuerzas, y que luego regresarían a Fukuoka para retomar los entrenamientos. Minami respondió a la pregunta sobre los cinco cuádruples, admitiendo que no había sido algo planeado en sus programas, pero que había sido tal su necesidad de repuntar y asegurar su pase al podio, que dio todo de sí sin medir consecuencias. Todos los presentes no dudaron en alabar la muestra de tenacidad de Minami, algo a lo que Yuuri asintió muy de acuerdo con ello.

Se sentía tan bien… Yuuri no recordaba una sola bienvenida a Rusia siquiera parecida a la que acababa de vivir. Para cuando el taxi los buscó para llevarlos, Izumi les comentó que la JSF querían hacerles un homenaje en un almuerzo al que no pudieron negarse y, pesar del cansancio que ambos tenían, aceptaron aquel meritorio agasajo en compañía de sus acompañantes, incluyendo a Hirogu.

Yuuri debía admitirse que no había comido tan bien en semanas. Habían servido tanta comida que apenas pudo ser capaz de levantarse tras haber vaciado cada plato que pasó frente a sus manos. Minami incluso rio cuando ya no pudo más con lo siguiente, quejándose de la rutina de ejercicio que debería seguir si engordaba. Bromeando al respecto, ya que en el perfil que Yuuri tuvo en la JSF en su tiempo de competidor se había incluido en las skills su capacidad de hacer dietas, cosa que fue tomada con humor en medio de la comida. Por supuesto, Yuuri había notado que Minami no era de metabolismo lento y que, por el contrario, podría comer sin parar y sin tener mayor afectación a su peso en comparación con él; así que bromearon al respecto comparándose y recibiendo de Minami un: “eso lo hace más admirable de ti”. Sin embargo, Yuuri no quería pensar en eso, él únicamente quería sentir que las cosas estaban mejor ahora.

Cuando la comida acabó y finalmente se despidieron, fueron a esperar el taxi; momento en el que Yuuri aprovechó para acercarse a Hirogu a agradecerle por su apoyo en ese tiempo, recibiendo del médico no más que una sonrisa tranquila.

—Créeme Yuuri que lo que más agradezco es que te encuentres bien y que ese ataque haya sido superado. —Yuuri no pudo hacer más que asentir al respecto, mientras estaba al pendiente de su maestra, su hermana y Minami, quienes le esperaban con el equipaje—. Te estaré llamando para que arreglemos nuestra siguiente sesión. Creo que estos días con tu familia serán lo mejor para ambos.

Con una ligera inclinación, Hirogu se despidió antes de tomar su taxi. Momentos después, el transporte que llevaría a Yuuri y a los suyos a la estación de trenes de donde saldría el tren a Hasetsu llegó.

Ya en el tren, se acomodaron todos en la misma posición que en el avión, Yuuri seguía evadiendo el contacto con su hermana y Minako junto a Minami decidieron no intervenir. Cansados por el viaje y la comida, no tardaron en quedarse dormidos en el transcurso del viaje, mientras el paisaje pasaba rápidamente por las ventanas y el tiempo se diluía a su paso.

Al llegar, eran más allá de las siete de la noche. Yuuri sintió que a pesar del cansancio que había cargado desde Rusia, no podría cerrar los ojos para dormir esa noche. Había dormido demasiado y empezaba a sentir los estragos del JetLag. Caminó cargando su equipaje en compañía de Minako y Minami, pero Mari se mantuvo en una distancia prudencial. Sin embargo, de forma inesperada, tal y como había ocurrido en el aeropuerto, volvieron a encontrarse con el apoyo de su pueblo, ahora en una pequeña comitiva encabezada por la familia Nishigori. Todos con panfletos y pancartas, les recibieron con aplausos y una algarabía que la sintió familiar. Como en antaño, la estación de tren estaba llena de posters de Yuuri, aunque en esta ocasión también habían agregado los nuevos de Minami, esos donde se veía el rastro del rojo fénix en su paso.

El primero en correr hacia ellos fue aquel trío de chiquillas que ya eran ahora unas adolescentes. Yuuri las recibió a las tres cuando le abrazaron preguntándole al unísono si estaba bien, si no le dolía algo, si quería ayuda con la maleta o si había visto a Víctor. Por suerte, el llamado de Yuko fue suficiente para calmarlas, sin embargo, al levantar su mirada, Yuuri pudo comprender que toda fuerza que pudiera quedarle para contener sus propias lágrimas había desaparecido al ver en los ojos de Takeshi y Yuko ese mismo combo de emociones; el miedo y el alivio conjugado, y él mismo se sintió incapaz de controlarlo por más tiempo.

El abrazo apretado que se dieron los tres fue muy emotivo. Por un momento, se sintieron como esos tres niños que se habían conocido en una pista de hielo y habían practicado juntos por años. Takeshi no pudo evitar sorber la nariz mientras le apretaba en la espalda con fuerza, mientras que Yuko lloraba ya sin filtro contra su cuello, sollozando un: “Qué alivio, has vuelto”. Y ante aquello, y con un desagradable escalofrío que se ramificó en su espalda e intentó ignorar, Yuuri no pudo evitar pensar que se sentía como haber vuelto a la vida.

—Estábamos muy preocupados… —murmuró Takeshi al soltarlo, ofreciéndose a ayudarle con el equipaje.

Cuando los tres miraron a atrás, Minami era quien entretenía ahora a las jovencitas. Al verlo, Takeshi no tardó en alzar sus dos pulgares para felicitarlo.

—¡Minami, excelente trabajo! ¡Así había que hacer allá! ¡Patear rusos! —Minami respondió a eso alzando ambos pulgares y mostrando todos sus dientes en una orgullosa sonrisa.

—De verdad pensamos lo peor —confesó Yuko, con una mirada calma pero llena de nostalgia—.  Tuvimos que ir corriendo a traer el médico hasta el Yu-topia, porque tu madre nos había asustado.

—¿Qué pasó en casa? —Yuuri preguntó asustado. Temía que por su situación algo hubiera pasado y nadie hubiera querido decirle. Yuko solo negó con su rostro y le dejó una caricia en su brazo.

—No te preocupes, solo que tu madre se puso muy mal cuando vio lo que te pasó. Pero ya está mejor, mucho mejor. Te está esperando. —La voz de Yuko le invitaba a tranquilizarse, algo que internamente agradeció.

—No hubo manera de convencerla de no hacerte Katsudon para tu regreso, por más que el doctor le dijo que hiciera reposo.

—Como madre la entiendo —siguió Yuko a la voz de su esposo—. Yo habría hecho lo mismo, y creo que es mejor no hacerla esperar más, ¿no crees Yuuri?        

Sí… Yuuri ya no quería alargar más el momento. Asintió agradecido, aún con el rubor que el desahogo con ellos había provocado, y los ayudó a todos a acomodar sus equipajes en el transporte que había traído Takeshi.

A pesar de que el camino no fuera tan largo como aparecía, Yuuri lo sintió eterno. Sus manos se movieron de un lado a otro mientras buscaba la manera de calmarse para el encuentro que sabía le esperaba. Su madre había sufrido mucho por él, había tenido que pasar por cosas terribles por su culpa y Yuuri no sabía cómo iba a perdonarse aquello. Tanto el desasosiego que le había provocado al volver tan fuera de sí y lastimado años atrás, como lo que había ocurrido recientemente. Aunque su madre no entendiera mucho de patinaje ni del inglés, no le costaba imaginar que viendo el alboroto de tan lejos y sintiendo esa alarma materna tan íntima, no hubiera comprendido mejor que el resto el peligro real al que estuvo expuesto.

Estaba nevando cuando aparcaron frente a Yu-topia. Yuuri bajó con un nudo en la garganta y la sensación de sentirse un niño de nuevo. Tragó grueso y esta vez se permitió el egoísmo de no ocuparse del equipaje del resto para acercarse de forma lenta hacia la entrada, donde la nieve ya cubría como una alfombra helada el trayecto hacia ella, ya imaginando despertar al día siguiente para ayudar a paliar el exceso. Se le hizo difícil respirar la siguiente bocanada de aire. Fue como sentir sus pulmones llenos de lágrimas. Conforme daba cada nuevo paso para acercarse, la sensación de orfandad se incrementaba, con la esperanza de que esto acabara rápido.

Al final, no pudo contenerse por más tiempo. A pesar de sentir sus extremidades forradas en concreto, Yuuri avanzó con decisión hasta minimizar la distancia y abrir la puerta, provocando así que un poco de nieve entrase. Su corazón bombeó con fuerza cuando notó a su padre en la caja, quien recogía algo del mesón de madera. Podría jurar que lucía más anciano que cómo lo dejó.

—¡Yuuri! —escuchó el grito de su madre en el pasillo, escuchando sus pasos correr apresurados por la madera. Toshiya solo le sonrió a su hijo con alivio, pero Hiroko se detuvo en la entrada, con las manos en sus labios y temblorosa, como si estuviera viendo un fantasma.

—Llegué a casa —susurró con la voz afectada. Toshiya asintió y Hiroko hipó con una felicidad húmeda que supo tuvo que expresar de alguna manera. El abrazo que Yuuri propició sirvió para ese propósito.

La apretó, la apretó tanto como pudo, apoyando su mano abierta sobre los cabellos castaños y las hebras blancas que se difuminaban en ellos. La sintió cálida y confortable mientras ella le rodeaba y apretaba su cintura, el aroma a cocina le envolvió y allí tuvo la impresión de que por fin se relajaba. Como si los brazos de su madre tuvieran esa facultad analgésica de hacerlo sentir de nuevo el niño fue y no el adulto que ahora tenía más y más responsabilidades.

—Bienvenido a casa, Yuu-chan —murmuró Hiroko con la voz mojada. Yuuri saboreó la lágrima que había derramado por la euforia del encuentro y carraspeó para responder de nuevo con un: “llegué a casa”

El sonido de la puerta a su espalda no lo distrajo, no hubiera podido aún si viniera con un escándalo. Se sintió tan aliviado de estar con su madre en brazos, que no quiso pensar en nada más. Pero la voz de su hermana resonó, también con la misma frase y tanto Hiroko como Toshiya avocaron su atención a ella, quien se desenredaba la bufanda de su cuello.

—Mari-chan, bienvenida a casa.

—Llegué a casa —ella respondió, parca. Para ninguno de los padres aquello fue novedad.

Sin embargo, cuando Hiroko soltó a su hijo menor y esperó que Mari se quitara su calzado para entrar por completo, la sorprendió a ella con un abrazo. Mari se vio sorprendida, pero solo atinó a colocar una palma sobre la cabeza de su madre, mientras la sentía apretada contra su pecho.

—Mamá —susurró descolocada. Hiroko se sacudió un poco al apartarse y se secó las mejillas empapadas, antes de hacer una inclinación frente a su hija, que conmocionó a ambos hermanos—. ¡Mamá! —exclamó la mayor.

—Gracias por traer a tu hermano menor a salvo.

La mirada húmeda de Hiroko volvió a levantarse para mirarlos a ambos, pero los dos hermanos se quedaron estáticos al sentir el peso de la culpa que una discusión demorada había provocado. La incapacidad de ambos de tocar ese punto y de decidir en cambio permanecer en silencio y hacer distancia, ahora quedaba hecha añicos con las palabras de su madre. Con el reconocimiento. Yuuri recordó cómo si lo hubiera olvidado, los gritos, el abrazo, la desesperación y el llanto de su hermana cuando acababa de despertar del ataque. Mari revivió la asquerosa sensación que tuvo cuando vio a Víctor arrodillarse frente a ella, pidiéndole perdón en nombre de él y de toda Rusia.

Se miraron en silencio, sin nada que decir.

—¡Hay que celebrar! —Justo en ese momento Hiroko brincó cuando se abrió la puerta de nuevo y entraban Takeshi y Minami cargando el equipaje de todos—. ¡Minami-kun! ¡Mi querido niño! ¡Tengo un enorme plato de katsudon para todos!

—¡Eso es una gran noticia! —dijo el chico, mientras le entregaba un par de maletas a Toshiya, para ir a saludar a la madre de su entrenador. Atrás, Minako se quitaba el abrigo y las trillizas se ofrecieron a cargar algunos de los bolsos más pequeños.

Hiroko y Toshiya apresuraron a todos para que avanzaran hasta la recepción, donde ya habían preparado las mesas para recibirlos. Varios de los inquilinos estaban allí tras haber disfrutado de las termas y serían invitados también por la familia para comer todos juntos. Hiroko avanzó para empezar a servir, recibiendo el apoyo de Yuko y de Minako, mientras que el resto del equipaje era acomodado por Toshiya, Takeshi y Minami. En el pasillo, solo ambos hermanos se quedaron, mirando a direcciones diferentes, pero con la sensación de que ya no había razones de fingir que no había algo pendiente entre ellos.

Mari fue quien soltó un suspiro sobrecogido. Sus labios lucían secos.

—Lamento lo que pasó, Yuuri —ella cedió, y Yuuri levantó la mirada para enfocarla en el rostro que tenía la naturaleza de fingir indiferencia pero que en ese momento se veía sinceramente contrito.

—Yo también lo lamento —respondió, y Mari asintió en respuesta con la mirada gacha—, aunque aún tenemos que hablarlo.

—Que sea después, mamá no querrá que se enfríe el katsudon.No hubo necesidad de decir más. Las aclaraciones vendrían después, a su tiempo. Sin embargo, en ese momento, lo único imperativo para ambos hermanos fue derribar la distancia que se habían impuesto para poder así dejarse inundar de la calidez del hogar que los recibía con los brazos abiertos. La casa que habían extrañado tanto.     

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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