Matryoshka II (Cap 36)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 36. Copa Rostelecom: Cuando cambiamos

El estadio seguía festejando cuando las puntuaciones de J.J. fueron reveladas. Contagiado por la felicidad del público, el canadiense se levantó y comenzó a alzar las manos mientras recibía las ovaciones. Entre tanto, Víctor tuvo que sujetarse de Mila para poder permanecer en pie un poco más. La rodilla ahora le palpitaba como si tuviera vida propia, emitiéndole señales de agudo dolor justo en su cabeza, que le impedía mostrar calma en su rostro. Su ceño fruncido lo delataba.

—El público celebra la puntuación de Jean-Jacques Leroy, ¡quién después de ese magnífico salto ha tomado el primer lugar de la tabla con 313,41 puntos!

—¡J.J. sube al primer lugar y está cerca de clasificar con dos medallas de oro en esta temporada de regreso! ¡La barra canadiense vibra de júbilo! 

En medio de la algarabía, J.J. se ubicó frente a la cámara y en sincronía con casi todos los presentes, ejecutó el “It’s J.J Style”. Dicha frase resonó con fuerza y el lugar se llenó de aún más aplausos al haber sido acompañada por todos los presentes, quienes golpeaban el suelo con sus pies formando un bullicio sin precedente. Era imposible contener la emoción ya contagiosa.

Yuri ya quería que aquella parafernalia acabara. Aun sabiendo que merecía el crédito, eso no quitaba lo irritante que era esa señal para él desde que la vio por primera vez en Canadá, en el debut donde quedó de segundo lugar. J.J. seguía siendo el mismo imbécil ante sus ojos, por muy casado que estuviera y por muy padre que fuera. Además, todavía no le perdonaba compartir el tiempo de Otabek por mucho que él mismo no supiera cómo resolvería eso con él. Sabía que eran cosas pequeñas incluso insustanciales lo que tenía en contra de J.J., pero no podía evitarlo. Y no ayudaba en nada que todo el estadio estuviera ahora rindiéndole pleitesía.

Así giró su mirada hacia Víctor, quien con el rostro tratando de ocultar el malestar, veía todo de forma abstraída. Después de los aplausos no había hecho más que permanecer de pie y hasta que vio que ya los comentaristas llamaban a Leo a la pista, fue que decidió sentarse. Yuri hizo lo mismo, aunque no pasó desapercibido el modo en que Víctor respiró entrecortadamente tras hacerlo.

—Tienes la rodilla jodida y no quieres hacer caso —recriminó. Para Yuri ya era imposible controlar su preocupación y Mila incluso le emitió una mirada asustada. Víctor solo negó con el rostro.

—Solo faltan dos programas.

—Dijiste que sería solo el primer grupo… —Víctor lo desestimó, fijando la mirada en el hielo.  

Leo ya estaba en posición. Tras haber felicitado a J.J. y darse el tiempo de tomarse un selfie con él, ahora se encontraba en la salida recibiendo las últimas instrucciones de su entrenadora, con la convicción de darlo todo a pesar de saberse en desventaja. Las voces de los comentaristas ya estaban dando el pase a su momento. Yuuri sujetó el brazo de Minami al quedarse en la barrera para terminar de ver los programas, mientras el patinador de raíces mexicanas movía sus hombros para destensarse.

—Después de este momento histórico, se acerca Leo de la Iglesia, quien quedó en el segundo puesto en el programa corto.

—Leo nos muestra su programa libre “Vive ya”, con el que esperamos ver una maravillosa presentación tal y como a las que ya nos tiene acostumbrado.

Vestido con un pantalón y chaleco negro, completó el atuendo con una camisa celeste manga larga. Su cabello, atado a una cola alta, mantenía despejado su rostro. Lucía elegante después de haberse retirado la chamarra, y avanzó hasta el centro de la pista para mostrar su presentación, en medio de los aplausos de la barra que había ido a apoyarlo. No tenía una sorpresa preparada como J.J., y no creía poder hacer un programa con el desgaste técnico que tuvo Minami. Pero de algo estaba seguro: él vivía la música, y aquel tema que creó pensando en Emil y la fuerza de voluntad que este tenía para levantarse aún con lo que le ocurrió, le animaría a hacer exactamente lo mismo, llevando su cuerpo por encima de sus posibilidades.

[Vive ya — Andrea Bocelli y Laura Pausini]

Cuando la música inició, Leo empezó a deslizarse para rodear la pista de espalda, con las manos agarradas en ella para tomar velocidad. Miró hacia atrás y calculó el punto exacto para picar en el hielo y saltar, ejecutando un perfecto toe loop cuádruple que aterrizó con soltura mientras extendía las manos y el público le aplaudía.

Al momento de escucharse las voces, Leo buscó concentrarse en lo que había detrás de la canción, el mensaje que había buscado decirle a Emil y que ahora caía para todos ellos que tuvieron que caminar en medio de la injusticia, del odio y los prejuicios. Cuando creó el programa apenas estaba recuperando el contacto con Emil, quien por pedido de Sara se había animado a reiniciar la comunicación con sus antiguos compañeros. Recordó cuando lo vieron en la videollamada, estaba acompañado por Guang Hong y el choque entre lo que había sido y ahora era los golpeó a ambos. Fue imposible contener el llanto y tratar de fingir una sonrisa animada cuando todo lo que tenía en el pecho era dolor. También no pudo ignorar lo brillante que era la sonrisa de Emil, que los dejaba a todos como pequeños infantes viviendo en un mundo de posibilidades.

Y ahora, después de lo que acababa de ver, estaba claro que no era el único que había luchado. Que cada uno tenía una batalla distinta a la que se enfrentaba día con día y que cada carga tenía un peso que nadie más podría imaginar.

Lo supo al ver a Yuuri sucumbir contra todo el odio, para luego levantarse horas después a enfrentarlo ante la prensa. Lo vio en J.J. al llorar de impotencia cuando entregó a un Yuuri desmayado a los paramédicos, para luego demostrar su fuerza con el salto que acababa de dar en medio de todos y forjar su propia historia. Fue testigo de ello en Minami, viéndolo sobreponerse al miedo, la rabia y la decepción para crear ese momento como uno de esos momentos que solo viviría una vez. Un momento del que se adueñó e hizo suyo completamente. Incluso pensando en Víctor, quien cojeando (porque logró verlo), había llegado hasta allá para zanjar los errores cometidos en el pasado emitiendo una viva señal en el presente.

El triple axel cayó sublime en medio de las ovaciones, mientras Leo patinaba desde el corazón. Había pedido que las voces de aquella canción estuvieran en inglés para que Emil pudiera entenderla cuando lo viera patinar en su nombre y, gracias a eso, todos los presentes pudieron comprender el mensaje que quería transmitir a través de ella en Moscú también. Con una secuencia de piruetas altas, Leo extendía su brazo hacia el cielo mientras la velocidad lo movía sobre los patines. Su pecho refulgía con fuerza, como si cada pálpito pudiera quebrarle las costillas, mientras en su garganta se formaba un nudo difícil de controlar.

Después de todo lo que había vivido, era fácil pensar en todo lo que sentía y darle un peso al pedido explícito del tema. Soltó su pierna, sus pasos coreográficos buscaban transmitir las palabras cantadas a través de su danza. Ejecutó el combo de triples programado y a pesar de la desviación que tuvo su pierna, se levantó para seguir patinando, evitando una caída que pudiera costarle demasiados puntos. Desvivido como estaba, aún con los errores que cometía al no clavar todos los saltos, nadie era capaz de despegar su mirada de él. Los mismos comentaristas lo notaban y hablaban de su interpretación.

—El patinaje de Leo de la Iglesia se siente muy íntimo en esta ocasión.

—Leo de la Iglesia había comentado que esta temporada estaba dedicada a Emil Nekola, bajo la palabra Perseverancia, nos muestra este programa lleno de sentimientos.

—Leo de la Iglesia se ha dado a conocer por la forma en que trabaja sus programas. Más que interpretar un papel, él siempre ha logrado verter sus más profundas emociones a través de la música y el baile. Y en esta ocasión no ha sido diferente.    

Vive ya, porque no había tiempo para detenerse, para pensar en el pasado, para buscar la antigua gloria, para ver los errores, para llorar. Vive ya, porque todo lo que quedaba era el presente con el que se podían crear nuevas oportunidades. Aunque cuando buscó la canción para darle ese homenaje a Emil, en compañía de Guang Hong, nunca consideró que podría tomar esos significados en Rostelecom; ahora casi podía tararearla por lo poderosa que era la canción tras lo ocurrido.

Vive ya porque ese era el momento, suyo.

Al cerrar un nuevo combo de triples, siguió el ritmo de la canción para poder expresar lo que deseaba a través de no solo de la letra o la melodía, sino también de sus movimientos, de la expresión corporal y sus elementos del programa. Una nueva secuencia de pirueta agregó para dar paso al final de la presentación. Sus palabras estaban llegando a donde debía llegar, por eso Leo bailaba con pasión y se movía como si pudiera cantarla a través de sus extremidades. La mirada de todos estaba al pendiente de su baile y Leo se arriesgó a ejecutar un nuevo toe loop cuádruple antes de acabar, para tratar de recuperar los puntos perdidos en la anterior ejecución. Los aplausos resonaron sobre él mientras danzaba con denuedo y cerraba con un par de piruetas altas la ejecución de sus elementos de patinaje.

La música comenzó a bajar la velocidad de los sonidos y Leo deshizo la posición de la pirueta, para deslizarse por el hielo, como si abriera las manos para hablarles a los otros. Así, señalando hacia el frente, terminó su programa de pie, agitado, con sus manos apuntando hacia donde estaba él ahora. Los aplausos comenzaron a llover.

—¡Y esta fue la presentación de Leo de la Iglesia! ¡Muy emotiva su performance y el público se levanta a ovacionarlo!

—Lastimosamente las dos caídas que tuvo ejecutando los saltos le restarán puntos importantes, ¡porque en interpretación es un programa digno de ver!

—¡Leo de Iglesia lo ha hecho de nuevo! Demostrando que, pese a no tener los elementos técnicos de otros patinadores, hay un ímpetu que lo empuja a dar lo mejor de sí en cada presentación.

Leo salió de la pista tras los aplausos, recibiendo el abrazo apretado de su entrenadora, quien mostraba su inmenso orgullo tras la presentación. Agitó los brazos hacia el cielo para recibir los vítores de su fanaticada y se dirigió al lado de la mujer hasta el Kiss and Cry, en espera de los resultados.

Entre tanto, Yuuri sentía latir su corazón con pesadez, como si estuviera vertido en un líquido resbaloso. Cada pálpito retumbaba con un eco en su cabeza, tras haber escuchado la letra de la canción. Vivir ya, vivir el ahora; Yuuri había buscado eso desde que se levantó, y solo pudo lograrlo en el momento en que Minami le mostró en el Ice Castle su primer intento de un flip cuádruple que quería clavar en su nombre. Vivir ya, vivir el ahora… los errores del pasado ya no tenían peso más que para aprender de ellos.

Minami le sujetó del brazo por un momento mientras lo instaba a prepararse para recibir a Leo y felicitarlo por su actuación. Yuuri solo asintió al pedido mudo de su alumno, queriendo hacerlo, aún con lo trastocado que se sentía por esas palabras. Levantó su mirada hacia la barra donde debía estar Víctor, más fue incapaz de verlo por la distancia y el ángulo en que se encontraba. Lo buscó como si de alguna manera quisiera asegurarse de cómo estaba él.

Víctor, en cambio, sentía que todo lo que había estado ocurriendo ese día era como una enorme lección. Acababa de comprobarlo con la letra de aquella canción interpretada por Leo de la Iglesia. El tener que ver a alguien más ejecutando su salto emblemático, el tener que admitir que ahora ya no era el Dios del hielo porque el título se lo había arrebatado alguien más; parecían lecciones que la vida le daba para hacerlo entender, aprender. Durante todos esos años, había estado con la vista constantemente en el pasado, pensando en quien había sido, lo que había obtenido, lo que pudo haber hecho y no hizo. Ahora que decidió tomar acciones para cortar aquella espiral de autocompasión, Víctor comprendía que todo eso debió de haberlo hecho desde un inicio, pero ya que finalmente había iniciado, no podía detenerse.

Quizás ya no sería el patinador estrella ni quien le traería el oro a Rusia. Quizás no era la sombra de aquel pentacampeón que creía tener el mundo en sus manos bailando bajo el ritmo de sus pies. Había cometido demasiados errores y perdió muchísimo tiempo pensando en ellos. Ya no había espacio de más dudas; el presente se encontraba al frente y entre sus manos. Ahora que él podía verlo, esperaba tomar las decisiones adecuadas para convertirse en alguien mejor en el futuro, utilizando todas las enseñanzas que había recolectado en esos años para poder seguir y encontrar quien era ahora. Quería creer que así sería.

Volver al hielo había sido como encontrarse con el espejo de quien había sido y notar las diferencias. Ahora quedaba el aceptar todas ellas y decidir quién quería ser en un futuro. Víctor lo pensaba detenidamente mientras veía las puntuaciones actualizar la tabla y aplaudía ante lo logrado por Leo. El joven patinador que alguna vez dijo que había empezado a coreografiar sus programas inspirado en él.

—¡182,41 puntos! ¡Leo de la iglesia se posiciona en el tercer lugar con 280,13 puntos!

—¡Los componentes de su programa fueron los que le dieron la mayor puntuación, un hecho que ya es su marca personal!

—Ahora que está en el tercer lugar. Minami Kenjirou ya tiene asegurado su pase al GPF. ¡Se ve cómo celebra con su entrenador el haber logrado clasificar al final!

Y en efecto, al ver que había quedado posicionado en el segundo lugar, Minami se abalanzó a Yuuri por la espalda disfrutando el hecho de que ya era seguro estar en el podio. Yuuri recibió ese abrazo con cariño, mirando también entusiasmado la tabla con la certeza de que Marsella estaba cada vez más cerca y el cumplimiento del sueño de Minami que le había profesado hace siete años estaba al alcance. Competir juntos en un GPF; todavía recordaba cuando Minami se lo pidió en aquel primer año que estuvo con Víctor.

Tantas cosas… tanto que había ocurrido en tan poco tiempo.

Despidiéndose del público, Leo realizó un par de inclinaciones y abandonó el Kiss and Cry. Estaba consciente de que tendría que dar lo mejor en su próxima competencia, en China, para tener oportunidades de entrar al GPF acompañando a Guang Hong. Lo haría, por supuesto, animado sobre todo por la forma en que Minami se había levantado para asegurar su puesto en el GPF. Daría todo de sí para poder entrar al GPF.

Sin embargo, eso no le limitó para acercarse a Minami y Yuuri y festejar lo merecido que se sentía que ellos ya estuvieran clasificados para la gran final. Le regaló un par de palmadas a la espalda a Minami y le sonrió a Yuuri, quien lo miraba con ojos agradecidos. No hizo falta palabra alguna para que Leo pudiera comprender que su tema le había tocado de forma personal.

—Los felicito a los dos, han hecho un gran trabajo.

—¡Gracias Leo! ¡Tú también estuviste genial! ¡Emil se pondrá muy feliz cuando escuche la canción! —exclamó Minami, con sobrado ánimo. Leo rio divertido mientras le dirigía una mirada comunicativa a Yuuri.

—¡Eso espero! Aunque esta vez el programa no fue para él. Como te dije ayer, Yuuri, te mereces este programa. Y Víctor Nikiforov también.   

No hubo necesidad de más explicaciones y, con un apretón en el hombro, Leo se separó de ellos. Minami mantuvo silencio ante las acertadas palabras de su compañero, no pudiendo hallar modo de negarle tal verdad. Víctor había ido aun sobreponiéndose al dolor y de no haber estado allí, quizás la competencia no se estaría dando con la normalidad que se esperaba en un evento así. Además, con ese abrazo le había quedado claro que para Yuuri, Víctor jamás perdería ese espacio de importancia en su vida.

Yuuri prefirió dirigir la mirada hacia la salida de la pista, donde se encontraba ya Seung-Gil, ajustando sus guantes negros. No quería en ese momento detenerse a pensar en todo lo que estaba pasando, demasiado rápido como para tener el tiempo de interpretarlo. Su atención se fue al último patinador, quien vestía un pantalón negro ajustado y su camisa tenía decoraciones de gotas de cristal que caían por toda la tela, como si estuviera mojada por la lluvia. Phichit se encontraba a su lado. Tras haber escuchado las indicaciones de su entrenadora, apretó la mano de Phichit y le sonrió con una confianza que era visible desde la distancia. Yuuri pudo ver a Seung-Gil abandonar la barrera para deslizarse con soltura por el hielo, levantando los brazos mientras recibía los aplausos del público y luciendo una sonrisa llena de seguridad en sus labios.

Phichit podía verlo y su corazón dio un vuelco cuando notó aquello que embargaba el espíritu de Seung-Gil. Había tal satisfacción en él que estuvo seguro de que no dejaría la pista sin haber dado todo de sí para quedarse con el oro, muy a pesar de ver a sus dos compañeros haciendo historia. Al verlo, Phichit se llevó su mano hacia el pecho; estaba azorado, sintiendo los pálpitos como si pudieran partirle. Sus ojos no querían apartarse de la figura de su novio mientras este ocupaba su posición y se colocaba en la figura inicial.

Como un acto de apoyo moral, Yuuri se posicionó al lado de Phichit, entendiendo perfectamente ese sentimiento, añorándolo. Conocía esa emoción burbujeante al ver a la persona que amas hacer aquello que tanto le apasiona y disfrutarlo. Ya había vivido esa felicidad apabullante que lo golpeaba cada vez que lo veía ser él en el hielo y que ahora le dejaba un nostálgico sabor cuando la remembraba. Todas aquellas emociones que ya no podría sentir porque los tiempos habían cambiado. Y, sin embargo, podía reconocerlas en su amigo y alegrarse por ellas.

—El patinador y medallista olímpico Seung-Gil ya está en posición. ¡Estoy muy ansioso por lo que pueda mostrarnos ahora! Ayer nos dejó a todos maravillados y fue como una sacudida para hacernos recordar a qué habíamos venido a este evento.

—Vladimir, puede que ahora nos demuestre algo impresionante para mantener su primer lugar en el podio, que en este momento tiene J.J. tras su maravilloso axel cuádruple.

J.J. justamente estaba de pie observando todo, al lado de su padre, con el ceño fruncido y los nervios en la boca de su estómago. Seung-Gil le había dicho que había venido a ganar, y a pesar de haber dado todo lo que pudo en el programa libre, Seung-Gil tenía una ventaja espeluznante por el programa corto. Tenía asegurado el podio, sí, pero quería el oro. Se lo había prometido a su familia.

[Rain — Simple Three]

Con sus manos extendidas a cada lado de su cuerpo como si capturara el agua, Seung-Gil empezó a escuchar la lluvia. Era un golpeteo constante, como el de aquellas lloviznas fuertes de octubre, en otoño, entre los árboles que estaban dejando caer las hojas secas. De esas donde la gente buscaba sombrillas para resguardarse, pero él solo quería que le mojaran. Porque al ritmo del repiqueteo de las cuerdas, Seung-Gil garabateó en el hielo aquellos pasos de baile mientras sonreía ante el recuerdo de ser mojado por ella.

Cuando el cello comenzó a sonar, Seung-Gil se movió, rodeando la pista para extender sus manos con terrible elegancia. Quería sentir la lluvia entre sus dedos, porque del mismo modo que la tierra seca se abría gozosa para beberla, de ese modo había sido la llegada de Phichit a su vida. Al patinar, su cuerpo parecía una bella muestra de arte ya que sus deslizamientos eran fluidos y ejecutaba las figuras con gracia en medio de la música. El público lo veía apresurándose mientras se movía y punteaba con sus patines en el hielo, siguiendo el acompañamiento de las cuerdas como si bailara en medio del agua que caía.

Porque era justamente eso lo que mostraba en ese programa, un baile al cambio que había tenido en su vida. Un réquiem a la transformación que había vivido su existencia desde que Phichit se había posado en ella.

El primer cuádruple lo ejecutó maravillosamente, el salchow se alzó con altura y velocidad, hasta caer y extender su pierna con agilidad. Sin perder el ritmo de la canción, Seung-Gil siguió danzando en el hielo mientras dominaba el espacio en la pista. En ese programa, se veía el cambio que mostraba su tema de temporada. Porque eran dos representaciones de lo que había sido su vida. Como competidor, Infinity mostraba lo que había estado forjando durante años de esfuerzo, dedicación y entrega. Cómo veía él el patinaje como su propio campo de batalla, luchando incansablemente contra sus mismos límites para expandirlo, para llevar a su cuerpo a ir más allá.

Esa era su vida, una constante de esfuerzo y superación donde solo sus ambiciones tenían lugar. Por eso, ahora que ejecutaba este programa y lo pensaba, sabía que lo mejor que le había pasado era tener a Phichit a su lado. Alguien opuesto a él, alguien que en los pasillos de los estadios o en las reuniones de fraternidad que tenían con los otros patinadores, decía que solo quería divertirse. Alguien que le daba luz y un sentido diferente al patinaje, distinto al de él.

—¡Ese triple axel estuvo preciosísimo! De nuevo, Seung-Gil nos sorprende con la fluidez con la que interpreta este salto tan complicado.

—Seung-Gil demuestra una vez más el trabajo realizado para perfeccionar los elementos técnicos de su patinaje. Ahora, acaba de ejecutar un bellísimo combo triple, ¡sin equivocaciones! Lo hace con tal facilidad que pareciera que no se esforzara en ello.

En ese momento no, en ese momento estaba bailando. Phichit era la lluvia y, por un momento, Seung-Gil se encontró dejándose mojar en ella para recordar al niño que había sido hacía tantísimos años atrás, cuando solo corría y se divertía con el agua en las calles de su ciudad. Por eso estaba la representación de ese momento en que dejó que la alegría de Phichit lo contagiara y a su vez lo hiciera desear tenerla para él, a través de esa pirueta combinada en el hielo que empezaba con la pierna extendida y en alto para puntear y seguir girando con ella recogida en su brazo.

Las sonrisas de Phichit, la forma en que lo arrastraba con él a cada reunión con los patinadores, el modo en que brillaban sus ojos cuando hablaba de sus sueños; todo ello era una amalgama de acciones que crearon en Seung-Gil la necesidad de tenerlo cerca, más cerca. Le había costado durante años darle nombre a ese sentimiento acrecentado lleno de euforia que llegaba a sentir en cada competición que compartía con él. Y cuando lo hizo, se vio frente a la puerta de la casa de Phichit en Tailandia, con una mano a punto de tocar la madera y encontrándose asustado por aquel golpeteo de su corazón, ese que le daba sentido a ese conjunto de decisiones que lo llevaron a buscarlo a su hogar tras renunciar al patinaje.

Por eso, mientras ejecutó otro bellísimo cuádruple salchow, su cuerpo se movió para dejarse arrastrar por la velocidad. Dio un par de piruetas, saltó extendiendo la pierna como si invitara a alguien a estar con él y se movió con velocidad hacia una nueva coreografía llena de sentimiento y amor.

Observando toda esa maravillosa presentación, Phichit comenzó a llorar de felicidad. Su amplia sonrisa le llenaba el rostro y era acompañada por sus cálidas lágrimas llenas de sincero júbilo. Yuuri le miró sorprendido por el arrebato, porque conocía a Phichit lo suficiente como para saber que solo lloraba cuando se encontraba desbordado, y era dulce verlo así de lleno de felicidad. Tratando de calmar su arrebato, Phichit se llevó las manos al rostro para secar las lágrimas que caían sin remedio por sus mejillas y Yuuri quiso respetarle ese momento de intimidad. No hizo nada para tocarlo, solo miró al frente mientras Seung-Gil demostraba que, por mucho que hubiera visto el fuego barrer la pista, él podía estar a la altura de eso.

Entonces, Phichit hipó. Un sonido melifluo llegó a oídos de Yuuri, quien volteó a mirarlo para verlo con los ojos desbordados de alegría.

—Se está divirtiendo… —musitó, entre risas atoradas—. Lo está disfrutando… 

Y se le notaba, porque Seung había dejado de pensar en los puntajes y se desvivía en el hielo en una danza glamorosa, excitante y conmovedora. Porque por fin sentía el fuego de la competencia y estaba feliz de estar allí, de poder sentir que el esfuerzo era recompensado. Porque ahora no solo se trataba de él, de sus logros, de cada nuevo avance. También se trataba de los sueños de Phichit, que como una lluvia había caído en su vida para llenar sus calles y humedecer la árida tierra. Porque ahora no estaba solo en esa constante lucha y del mismo modo que Phichit lucharía a su nivel para acompañarlo a cumplir su sueño, de esa misma manera le tomaba la mano para simplemente salirse de lo que el mundo esperaba de ellos y bailar como si solo pudiera disfrutar de ese momento.

Al ejecutar de nuevo el toe loop cuádruple en la segunda mitad, su pie tuvo un ligero desbalance en la caída, más pudo sobreponerse a ello para no caer. Sin rendirse, Seung-Gil decidió recuperarse del error con un combo triple que le diera los puntajes necesarios para avanzar. Un complicado triple lutz con un triple flip se alzó para robarle el aliento a todos al final del programa. Phichit se movió agitando sus brazos como si no estuviera seguro si quería saltar, correr o derramarse entre llanto y risa.

Porque allí Seung-Gil estaba bailando, moviendo sus piernas y sus brazos con agilidad, como si saltara entre los charcos de agua y estuviera agarrado de las manos de alguien con el cual disfrutaba del momento. De un momento a otro, comenzó a avanzar. Phichit lo miró deslizarse en la pista tocando ligeramente con sus dedos el hielo, para levantarse de aquella inclinación titánica y moverse. Al final, lo coronó con unos giros veloces mientras alzaba ambas manos al cielo, hasta que el violín cesó su música.

—¡Esto ha sido maravilloso! ¡El público se pone de pie para dedicar sus aplausos al patinador Seung-Gil después de una maravillosa presentación!

—Rain es completamente un cambio en el estilo de patinaje de Seung-Gil. Seguimos viendo su mejora en el lado técnico, ¡pero en esta ocasión se une su carismática presentación para hacernos sentir esa lluvia y querer bailar con ella!

—Tras ejecutar cuatro cuádruples, Seung-Gil puede aspirar el haber mantenido su primer lugar en la tabla después de la altísima puntuación que tuvo en el programa corto.

—¡Y nadie duda de quién es el ganador de la noche! ¡Incluso J.J. se encuentra aplaudiendo mientras los regalos llueven a la pista!

Seung-Gil se inclinó para recibir las ovaciones de los presentes con una sonrisa suave en sus labios. Satisfecho con su presentación, se dirigió hasta la salida, pero su trayecto se vio interceptado por un ramillete de rosas amarillas que había caído al hielo y al que recuperó entre los presentes, mientras las niñas recogían el resto de los regalos. Volvió a inclinarse a modo de agradecimiento y se apresuró para encontrarse en la salida con su novio, quien ya había corrido con el rostro empapado de lágrimas hasta su encuentro. Seung-Gil logró agarrarse a tiempo de la barrera antes de sentir el peso de Phichit sobre él, quien rodeando su cuello con los brazos buscó un profundo beso. La algarabía que se mostró ante tal muestra de afecto se incrementó.

Yuuri rio teniendo un muy claro deja vú de una escena similar, solo que no tuvo la manera de detener el impulso y evitar caer con Víctor encima. Sin embargo, podía tener muy en claro los hermosos sentimientos que debían llenarlos a ambos como para sonreírse de esa manera cómplice en que llegó a sonreír con Víctor en aquella vez. 

—¿Eh? —preguntó Víctor, deteniendo los aplausos mientras la cámara enfocaba el arrebato de Phichit y Seung-Gil junto a los mejores saltos del patinador—. ¿Ellos…?

La misma cara de confusión la tenía Yuri Plisetsky, mirando entre sorprendido y abrumado la imagen de los dos dirigiéndose al Kiss and Cry, sin despegarse.

—Son novios —aclaró Louis, moviendo impaciente sus pies—. Seung-Gil lo reveló ayer a uno de los periodistas.

—Really?

—¿En serio? —Se unió Mila, antes de soltar una carcajada divertida con lo sorpresivo que era el descubrimiento. Ahora entendía porque Seung-Gil aseguraba que no le gustaban las mujeres. Era tan literal como sonaba.   

—Ahora entiendo —musitó Georgi, mirando con atención hacia la pantalla mientras la joven pareja esperaba el veredicto junto a la entrenadora coreana. Seung-Gil le había regalado el ramillete de rosas amarillas a Phichit y mantenía su mano tomada—. Por eso su patinaje se siente así. Está… lleno de amor. Está muy enamorado.

Víctor no negaba eso, se le notaba. Tan enamorado como él había llegado a estarlo de Yuuri al inicio y como sabía, no había dejado de estarlo aún. Esa fase plena donde apenas se estaban conociendo y todo era posible, aunque Víctor la añoraba, también sabía que la fase siguiente fue igual de fascinante. La que vivió en su hogar, con él…

Las puntuaciones fueron actualizadas y Seung-Gil escaló al primer lugar, desbancando a J.J con siete puntos de diferencias. La suma de sus programas fue 320,84. Los aplausos de todos resonaron en el estadio al final de la competición y los tres ganadores de esa copa Rostelecom eran llamados para estar juntos al podio que iban a armar.

Víctor quiso ver eso de pie porque Yuuri estaría allí, seguramente orgulloso de que su alumno hubiera logrado pasar al GPF sin complicaciones, tras haberse levantado después de lo sucedido. Al hacerlo, sintió que la rodilla no terminaría de alertarle sobre lo imprudente que estaba siendo. Sin embargo, se sobrepuso al dolor y se sostuvo de Yuri, quien no tardó en levantarse para ayudarlo a caminar, pensando que eso significaba que ya iban a bajar para buscar a los médicos. Pero no, Víctor quería estar en la baranda de nuevo. Yuri gruñó en respuesta, pero lo ayudó a hacerlo.

—Eres un maldito necio —chistó, mientras veía a los tres ganadores del evento siendo felicitados por los otros patinadores en una muestra de sana competencia. Leo abrazó a los tres y entre ellos se tomaban fotografías y selfies que seguro estarían en Instagram en poco tiempo. 

—Me parece sorprendente… a Seung-Gil lo recuerdo como un chico muy cerrado y reservado. También Yuuri me comentó que en una competencia aquí mismo fue que perdió su pase al GPF y lo vio llorando en el pasillo. Y mira ahora lo que ha crecido.

Es otro retoño tardío, pensó, mientras dirigía la mirada a Yuuri, quien se mantenía al lado de Phichit viendo como este hacía gala de sus dotes en la fotografía. Miró a Phichit tomarse una selfie entre ellos y luego dirigir la mirada hacia su posición, como Yuuri lo había hecho. Con señales, les hizo saber que le tomaría una fotografía juntos y Víctor volvió a ondear la bandera japonesa, con ayuda de Yuri, para ese momento. Sonrió a pesar del dolor, que para ese punto ya sentía pulsando como una llamarada, para al menos regalarle a Yuuri ese recuerdo. Los ojos de él se mantuvieron firmes sobre Yuuri y pudo ver que fue correspondido. Suavizó el peso de su vista sobre él, dejando caer sus párpados y queriendo entender si lo que estaba leyendo en esos ojos marrones, era lo correcto. Si realmente quería decirle algo.

Las bocinas avisaron de la entrega de los premios y los tres patinadores se movieron para entrar de nuevo al hielo a recibirlas. En medio del aplauso del público, Seung-Gil, J.J. y Minami se apresuraron a acercarse al podio y subieron a sus lugares correspondientes. Recibieron así sus respectivas medallas, el oro, la plata y el bronce, con el que daban un paso más hacia el Grand Prix Final.

—¡Minami Kenjirou y Jean-Jacques Leroy ya han asegurado su pase al máximo evento que tendrán lugar en Marsella! Y este es el primer evento de la serie de Grand Prix donde participa Seung-Gil en este año. Su próximo evento en el trofeo de Francia, donde se enfrentará con Otabek Altin, medallista de plata en el Skate Canada y Yuri Plisestky, quien necesita una plata para tener aún opción de pasar al Grand Prix representando a Rusia.

—Vladimir, creo que en Francia veremos otra competencia impresionante. 

Yuri apretó la mandíbula al escuchar las palabras de los comentaristas mientras los patinadores recibían sus premios. Recogió la bandera japonesa y se quedó observando todo aún con esa sensación allí, apretándole entre sus pulmones, al ver en la pantalla los rostros felices de los tres patinadores, quienes se abrazaban mutuamente con los ramos y las medallas para la fotografía. En especial, miraba la expresión feliz y cansada de Minami, quien había logrado su objetivo en nombre de Yuuri, contra todo pronóstico, sobreponiéndose al odio de un país entero.

Apretó sus dedos, con decisión. Si Minami tenía tal condición como para dejar el 200% de su cuerpo en la pista si era necesario y darle sentido al esfuerzo que Yuuri había hecho para cumplirle; él daría el 500%. Él no se iba a rendir. En Francia, él tendría que dar todo lo que tenía y aún más, para lograr regresar a Rusia no solo con una medalla, sino con la posibilidad de competir en la Gran Final.

Había sido una competencia llena de tantos momentos emotivos que Minako lloraba mirando a Minami alzarse con el bronce mientras de lejos se veía a Yuuri disfrutando con orgullo del merecido triunfo. Después de haber pasado por las impresiones más profundas y desesperadas que había vivido en tantos años, todo lo ocurrido en el programa libre la había llenado de emociones mucho más cálidas y estimulantes. Minami lo había hecho de forma formidable, permitiéndole recordar ese lado de Yuuri que ya no podrían ver en la pista, a sobreponerse a todos para intentar ganar cuando Víctor estaba con él a su lado. La historia se había escrito y ella podría llegar a decirle a sus pequeñas alumnas de ballet que había estado allí cuando el primer axel cuádruple de la historia se ejecutó en competencia.

Estaba tan abrumada de tantísimos sentimientos, que aún no lograba secar su rostro de las lágrimas. Y había estado tan ensimismada disfrutando de la competencia que no le había importado la ausencia de Mari desde que la bandera japonesa se ondeó a favor de su hermano. Minako entendía por qué aquel hecho le había caído de forma tan amarga que llegara al punto de no poder disfrutar del resto de la competición. Incluso, en algún momento simplemente se retiró. Minako pretendía darle tiempo para asimilarlo, porque conocía lo suficiente a Yuuri como para saber que la huella de Víctor Nikiforov no se iba a borrar, aún si las cosas fueran diferentes en este momento.

Porque ambos eran diferentes. Y ahora que habían vivido momentos tan duros y habían tenido que aprender a asumir las consecuencias de sus errores y crecer con ellos, podrían mirarse para definir de qué modo seguirán en la vida del otro, si acaso había espacio en ella. Para ellos aún había oportunidades ante los ojos de Minako.

Cuando la bandera de Japón volvió a guardarse y el personal comenzó a retirarse, Minako comenzó a recoger sus cosas y a secar su rostro de la humedad que le había provocado esas lágrimas de felicidad.

Pero Mari no se había retirado del estadio. Esperaba en silencio, en el pasillo, mirando todo a través de las pantallas que había en ellos mientras apretaba sus manos contra sus brazos cruzados. Aquel acto le había parecido tan fuera de lugar, tan insulso, que no podría irse sin enfrentarse al ejecutor. Para Mari ya era muy tarde, demasiado tarde para fingir que podía hacer las cosas bien, demasiado tarde para los arrepentimientos. Demasiado tarde para actuar cuando su hermano tuvo su vida en peligro y pudo haber muerto de ansiedad por culpa de ese maldito pueblo y esa maldita fanaticada que lo adoraba.

Por eso estaba allí, se había logrado colar usando el pase especial que le había pedido a Izumi para poder esperar bajo las escaleras la salida del antiguo pentacampeón. Ya había visto a varios competidores y miembros de otros cuerpos técnicos desalojarla, pero aún ninguno de los rusos lo había hecho. Y ella no se iría de allí hasta poder confrontar a Víctor Nikiforov y reclamarle por cada dolor que hizo pasar a su hermano al llevárselo a Rusia.

Por fin lo vio. Venía acompañado del resto del equipo ruso, que había llegado a conocer en variados viajes, excepto a ese chiquillo. Mari lo miró con severidad desde la distancia, despegándose de la pared de concreto para posicionarse frente a él. No había nada en su rostro que ocultara la aversión que sentía al encontrarse allí, pero Mari estaba dispuesta a controlarlo para poder tener a Víctor cara a cara y hacerle escuchar todo lo que había guardado por años.

Víctor, quien venía agarrado del brazo de Yuri, lo soltó para apoyarse sólo de su bastón. Como si todo el equipo comprendiera la importancia de ese encuentro, lo dejaron bajar solo las escaleras, aún con todo el esfuerzo que eso suponía debido a la inflamación de la rodilla. Se tuvo que apoyar de la baranda de las escaleras contra la pared para mitigar el esfuerzo, sin embargo, no podía contener el modo en que su rostro se fruncía al tratar de tolerar el dolor que cada estiramiento y flexión en la rodilla le provocaba.

Para Mari, eso no importó. Sus ojos solo miraron la figura del ex patinador moviéndose con lentitud por las escaleras, juzgándolo con un gesto de impaciencia. La aversión se filtró a sus ojos al ver la rodilla lastimada, como si eso no significara nada para ella. No era religiosa, ni creía en nada en particular, pero le gustaría pensar que ese dolor lo perseguiría de por vida para cobrar con creces el dolor que le hizo sentir a su hermano en esos años. Por haberlos engañado a todos ellos al hacerles creer que realmente amaba a su hermano y quería hacerlo feliz cuando, ante sus ojos, solo lo trató como a un trofeo más.

Paso a paso, la distancia se fue acortando entre ella y Víctor, hasta que, en un último movimiento, Víctor logró bajar el escalón final. Ella solo dio un paso atrás para hacer distancia y, aún con los brazos cruzado, levantó su mentón para transmitirle la repulsión que sentía de estar ante su presencia.

Tanto rencor acumulado desde que vio a Yuuri regresar hechos pedazos, ahora se conjugaba en ese momento en su garganta. Los ojos de Mari de un color similar a los de Yuuri, brillaban enrojecidos en una mezcla de rabia, pena y decepción. No había esa diversión que en antaño Víctor logró ver en los ojos de quien había sido su cuñada, tampoco la falsa aura de desinterés que solía mostrar cuando reconocía que era la que más amaba a su familia. Todo lo que veía en ella era el reclamo que merecía después de todos esos años.

—Víctor. —La forma en que soltó su nombre con una mueca provocó en Víctor un erizamiento en su espalda. El hombre tragó grueso y lució encorvado frente a la menuda mujer que estaba frente a él, incapaz de levantar su mirada.

—Y-yo… —intentó decir en inglés, para comunicarse con ella—. Y-yo lo lamen… 

La fuerte bofetada cortó sus disculpas, volteándole la cara cuando la palma derecha de Mari cayó con todo su peso tembloroso, marcándole toda la mejilla izquierda.

—¡Mari! ¿Qué haces? —De inmediato, Yuri se apresuró a bajar, pero tuvo que detenerse cuando los ojos rojos de la mujer se alzaron frente a él y lo miraron con tal asco que se quedó helado.

Mari, la misma que le había puesto Yurio en el onsen cuando fue por primera vez, la que lo animaba en todos esos años… Mari, ¿qué había pasado con ella? Aturdido, se quedó de pie, observando cómo le dirigía la mirada a Víctor y dos lágrimas cargadas de frustración rodaban por sus mejillas redondas. Mari contenía todo su sentir apretando los puños contra la tela de su pantalón de vestir, el mismo que ella había usado para ir hasta la jefatura a poner una denuncia en nombre de su hermano.

No…. ella no se iba a ablandar con un simple ‘lo lamento’ que casi le sabía a un sentido pésame por lo cerca que la vida de Yuuri estuvo de dejar de existir. Solo recordar el pánico vivido el día anterior era suficiente para que Mari, en su enceguecido dolor, no pudiera ver nada más que culpables en esas escaleras.

—Te lo dejamos a cargo… —soltó la mujer con la garganta trabada—. Te lo confiamos, Víctor… creímos en ti y en tus palabras cuando dijiste que contigo estaría feliz.

—L-lo siento… —un par de gotas cayeron entre sus zapatos, lágrimas que provenían de los ojos de Víctor quien no se atrevía a levantar la mirada.

—No, no lo sientes, no lo suficiente. —Mari se llevó la mano al rostro para secar el paso de la siguiente lágrima—. No lo sientes porque no lo sabes, porque conozco a mi hermano lo suficiente como para saber que no te dijo el modo en que lo dejaste, lo destruido que estaba cuando llegó a casa. —Víctor apretó sus labios, inclinándose más—. No sabes el dolor de mamá… ¡No sabes la desesperación de todos al no entender lo que pasaba! ¡No sabes el miedo que sentí cuando descubrí que tomaba pastillas a escondidas de nosotros! ¡No sabes el terror que teníamos de que en cualquier momento se nos iba a morir! ¡No lo sabes, Nikiforov!

—Y-yo no est-taba mejor… —musitó con la voz quebrada. Mari soltó un bufido desesperado mientras recogía aire y miraba hacia la pared.

—¡No me importa! —sentenció—. Cómo estabas o no, ¡me importa una reverenda mierda! —gritó alzando su rostro hacia todos los que estaban allí—. ¡Me importa Yuuri! ¡Me importa lo que sufrió estando aquí! ¡A qué nivel de locura aberrante debe de estar todo el mundo en este lugar como para que mi hermano llegara así! ¡Ahora lo sé! ¡Lo destruiste! ¡Tú! ¡Todos ustedes!

—¡N-no sabía…!

Víctor alzó el rostro enrojecido y sintió el agarre de Mari sobre su chaqueta, jalándolo hasta hacerlo inclinarse a su altura. Parecía que más bien deseara darle un golpe aún más fuerte, pero se hubiera contenido. No obstante, ningún golpe físico dolería más que aquella mirada que Mari le entregaba y que Víctor sentía como un veneno corroyéndole por dentro. La culpa filtrándose como un agente corrosivo y acabando con todo lo poco que había logrado avanzar.

—¿Qué vas a saber? —ironizó la mujer, con una mueca de desprecio en sus labios—. Si todo lo que querías eras vencer a Yuuri… todo lo que te importaba era la maldita medalla. ¿Qué más ibas a saber, Víctor?

Víctor cerró los ojos al sentirse confrontado contra aquella penosa imagen de lo que él había sido. Todo lo que quería ahora era simplemente echarse a llorar a escondidas del mundo, porque si así dolía estando frente a ella, no podía cuantificar lo que sería cuando fueran los ojos cálidos de Hiroko quienes lo vieran con inmensa pena. No pudo mirarla más y solo desvió sus ojos a cualquier punto del suelo, mientras las lágrimas caían al vacío sin nada que las retuviera o secara. Mari no haría tal cosa cuando todo lo que respiraba era resentimiento.

—Ese fue el amor que profesaste a mi hermano… puro egoísmo, pura farsa, pura mentira. —Desprecio brotaba de su boca, mientras sus labios se arrugaban entre el esfuerzo que hacía al no llorar y hablar—. Que decepcionante… después de habernos convencido de que tu amor era genuino, lo único que me queda claro es que eres amante de los reflectores y que aquello que para Yuuri lo fue todo, para ti no dejó de ser solo una bonita historia para recordar.

—¡Eso e-es falso! —Víctor levantó la voz, temblando—. ¡Yo a-amo a Yuuri!

—¡Eso es una mentira! Y ahora te apareces haciéndote de héroe, ¿para qué? ¡A qué juegas Víctor! ¿Necesitas los likes para tu cuenta? 

—¡Basta Mari! —Fue Yuri quien bajó con prisa los escalones que los separaba para sujetar el brazo de Mari y hacer que soltara a Víctor de su agarre. A pesar de comprender el dolor que pudiera sentir, no podía permitir que pusiera en tela de juicio algo que al menos a él le había quedado muy claro. Víctor había cometido muchos errores, pero jamás fingió lo que sentía por Yuuri, jamás lo usó para ganar popularidad, jamás lo hirió con el deseo de destruirlo. Todo eso era una verdadera falacia que no podría escuchar—. ¡Ya es suficiente de esto! ¡Tú no sabes lo que pasó entre ellos…!

—No me hace falta saberlo, ¡sé lo que quedó de Yuuri después de que ese maldito se atravesara en su camino! —acusó señalándole con la mano temblorosa, mientras se apartaba también de Yuri. El patinador tuvo que apretar sus labios con indignación y frustración erizándole la piel, porque sentía el dolor de Mari muy genuino y nada podía hacer para defender a Víctor de sus palabras.

—Está bien, Yuri, deja que lo haga… —soltó Víctor, tratando de apoyarse de la pared mientras su rostro mojado veía a Mari con resignación y culpa—. Deja que lo diga, me lo merezco.

—¡Pero tu rodilla, Víctor! —apretó la mandíbula Yuri, al igual que sus puños—. ¡Tu maldita rodilla te duele! ¡No ha dejado de doler y aun así te viniste aquí! ¡Tienen que revisarla!

—Espero que te duela toda la vida… —expresó Mari cargada de resentimiento. Yuri volteó hacia ella, espantado con semejante deseo tan lleno de odio—. Espero te duela cada vez que camines para que recuerdes una y otra vez lo que le hiciste a mi hermano… 

Víctor tragó grueso. Quizás y esos dolores que sufría llegaran a ser aquel deseo embravecido de justicia que Mari empujaba a través de sus ojos. Así que, sonrió… una mueca triste surcó sus labios mientras su rostro temblaba y hacía un nuevo esfuerzo por mantenerse de pie. Incluso Georgi intentó acercarse para sostenerlo, pero Víctor no lo permitió; no quería ayuda ahora… no cuando el dolor de rodilla era nada en comparación a lo que estaba sintiendo en su corazón.

—Que decepcionante resultaste ser… —Mari continuó, enderezándose y buscando un cigarro apurada entre el saco—. Al menos, ya hay un nuevo rey del hielo mucho más sensato que tú. —golpeó una última vez. Yuri abrió la boca, incrédulo ante semejante aseveración.

Pero antes de que ella partiera, Víctor habló. La llamó por su nombre, mientras se apartaba de la pared. Mari giró para verle carente de emotividad, como si ya después de todo el desprecio y la rabia quedará en ella solo una enorme nada que pretendía llenar con nicotina. Víctor cojeó al segundo paso, y Yuri tuvo el repentino deseo de alzarlo al ver el modo en que se movía, como si la lesión se hubiera repetido. La sola posibilidad había provocado que su espalda se erizara.  

—¿Qué quieres, Nikiforov?

—Aquí no hay cámaras, no hay reflectores… —dio otro paso cojeando, tuvo que detenerse cuando trastabilló y se detuvo entre temblores. Víctor ya empezaba a sudar por el dolor que sufría—. Aquí no hay… nada. —Levantó la mirada para confrontar la de Mari, altiva, mirándole indolente pese al esfuerzo que estaba resultando mantenerse de pie—. Pensaba hacer esto… en Hasetsu, cuando fuera.

—¿Ir a Hasetsu? —soltó con sorna—. ¿Qué te hace pensar que serás bienvenido allí?     

Yuri sintió una patada en el estómago cuando escuchó esa verdad que nunca había analizado. Por mucho que recuperaran algo con Yuuri, nada aseguraba que su familia les volviera a abrir las puertas como la primera vez. Dirigió una mirada adolorida a Mari, lastimado al hacerse consciente de esa realidad, pero ella ni siquiera lo miró. Y todo lo que quedó en medio de ellos fue la realización de que Hasetsu ya era imposible y la penosa sensación de pérdida que aquello les dejaba.

—No… no esperaba ser bienvenido —le aseguró Víctor, con los ojos quebrados—. P-pero consideré que tu madre y t-tu padre… necesitaban una respuesta de mi parte.

Repentinamente, Víctor dejó caer su rodilla sana al suelo. Yuri sintió que su corazón se paralizó al verlo caer de ese modo y sostener su mano en el piso como si intentara mantener el equilibrio. No avanzó hasta él porque vio en la mirada que Víctor le emitió, la orden de mantener a todos alejados para que le dejaran hacer eso, tan tácita que no tuvo el valor de desobedecer, alzando su brazo hacia el resto del equipo que ya se habían apresurado a ayudarlo para indicarles que no se acercaran más, con la mano temblándole contenida.

Con todo el esfuerzo que eso significaba, Víctor usó su mano para llevar a su rodilla adolorida en la misma posición, conteniendo los jadeos cuando el dolor atenazó con tal fuerza que casi lo hizo llorar. Pero lo hizo, con el sudor ya cayendo por su barbilla, mantuvo sus dos rodillas en el suelo, mientras apretaba sus dedos contra la superficie áspera y Mari miraba todo, muda. La respiración alterada de Víctor se escuchaba fuertemente en el pasillo, ahogado y jadeando por el malestar que se había amplificado hasta llegar a límites intolerables. Pero Víctor conocía solo una forma lo suficiente elocuente para hacerle ver a Mari que, a pesar de sus errores, estaba arrepentido y que eso era totalmente genuino. Que no era una farsa, que no buscaba engañarlos… que nunca lo hizo.

—Pérdon-name p-por las-timarlo —dijo con esfuerzo—. P-por el d-daño que l-le provo-qué. Quier-ro dec-cirle es-to a t-tus p-padres, p-pero cre-o que l-lo nece-sita-bas oír.

Mari se tapó los labios temblorosos mientras se plegaba a la pared, agobiada. A Víctor le temblaba todo el cuerpo, era visible eso, sin embargo, la imagen fue demasiado para ella y se vio vencida por todas las emociones que le apretaban, al punto que empezó a sollozar. Hubiera podido seguir así, o quizás, habría caído bajo el peso de sus sentimientos de rodillas al piso tal como Víctor, si no fuese porque escuchó la voz de Minako a lo lejos. Los tacones apresurándose a acercarse creaban un sonido persistente que llamó la atención de los que allí estaban, incluso de Yuri, quien ya había dejado caer una lágrima frustrada al ver lo que Víctor se había obligado a hacer.

—¡Mari! —La llamó Minako apenas la encontró. Parecía haberla buscado durante mucho tiempo—. Yuuri ya estaba preguntando por ti, porque…

Minako calló al escuchar el sonido acelerado de la respiración de Víctor, quien aún se encontraba en el suelo en aquella emblemática posición. La exbailarina se llevó las manos a la boca, impresionada, mientras Mari se escurrió al empujarla para salir de allí. Ella no quiso buscar con la mirada una explicación de Mari, se apresuró hasta arrodillarse frente a Víctor y tomarle el rostro para mirarle la expresión atribulada y el temblor que ya le llenaba el cuerpo. Una desoladora sensación de angustia la llenó, mientras el resto del equipo se acercaba para auxiliarlo. Incluso Georgi intentó levantarlo, pero el grito que emitió Víctor lo detuvo al instante.

—¡Qué haces en el suelo, Víctor! —exclamó Minako, aterrada.

Víctor musitó de forma rápida y apretada que le dolía, sin dejar de temblar y llorar congestionado por todo lo que acababa de vivir. Minako apretó sus labios y miró con insistencia hacia Yuri, quien se encontraba desesperado al ver a Víctor llorar como un niño e incapaz de moverse.

—¡Llama a Yuuri y a los paramédicos, rápido! —gritó desesperada, sacándolo de aquel transe—. ¡Yuuri ya estaba buscando a Víctor! ¡Dios mío, mi muchacho tenía razón, sí le dolía la rodilla!

Yuri no lo pensó dos veces y salió corriendo sin idea alguna de dónde podría encontrar a Yuuri o a los paramédicos, pero convencido de que eso sería justo lo que Víctor pudiera requerir ahora, porque fuera el que fuera, significaría al menos un tipo de alivio para él, ya fuera físico o mental sería alivio al fin. Entre tanto, Minako se quedó en el suelo con Víctor, quien ya ni siquiera era capaz de pensar por el dolor que se había disparado al resto de su cuerpo al mover la pierna para intentar sentarse. Georgi no se atrevió a volver a moverlo en ese estado, y salió corriendo igual que Yuri para ver si tenía más suerte para encontrar un médico a cargo y una camilla.

Con el cuidado de una madre, Minako acarició el cabello de Víctor y lo dejó acomodar la cara sobre su hombro, mientras intentaba calmarlo. Mila veía todo completamente desarmada, tratando de pensar en algo que pudiera hacer, aunque aún demasiado consternada por todo lo que había sucedido. Solo podía escuchar los sollozos de aquel hombre musitando un “me duele”, “perdón”, “no aguanto” que la tenía con un nudo en la garganta.

Mientras tanto, Mari corría y temblaba con una palma sobre su corazón, el cual amenazaba con partirse dentro de su pecho. La imagen de Víctor Nikiforov moviendo su espalda y sus manos para reclinarse frente a ella en una conmovedora doggeza al pegar su cabeza al piso y dejar toda carga sobre sus rodillas y palmas, la había golpeado de un modo que no iba a poder olvidar jamás.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: