Matryoshka II (Cap 35)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 35. Copa Rostelecom: Hacemos Historia

—Luego de la sorpresiva llegada de Víctor Nikiforov al Megasport, junto a su estudiante, Yuri Plisetsky, ¡los ánimos en el estadio están incendiados! Todos los aplausos ahora se dirigen a los primeros patinadores que iniciaron la apertura del programa libre para la categoría masculina.

El entusiasmo de Morooka era imposible de ocultar. Sus ojos brillaban llenos de júbilo y le costaba minimizar la sonrisa que se escapaba en sus labios cada vez que hablaba sobre lo sucedido. Había sido como un golpe de calor después de todo el frío vivido en Rusia en esas últimas horas. Ver a Víctor Nikiforov allí, apoyando a Yuuri Katsuki, fue como regresar a aquellos años donde la emoción y la adrenalina recorría sus venas en nombre del amor.

Por supuesto, Morooka como fiel fan de Yuuri, también había seguido de cerca la relación con su entrenador, que fue todo un hito para Japón. Había estado allí para notar como la presencia de Víctor en su vida sacó el oro que siempre creyó ver en él. Tenerlo allí en ese momento en un acto tan histórico como ese, le inflaba el pecho de felicidad. No le importaba en qué condiciones estuviera su relación, si es que aún existía una; únicamente agradecía que al menos pudieran darse los paréntesis para apoyarse de ese modo a pesar de lo pasado.

En ese momento pensó que era una lástima que su divorcio no fue así; aunque debía admitir que, pese a esa fallida relación, estaba bastante contento con la actual.

—Ahora, el patinador Alexis Bogdesko se prepara para iniciar su programa libre. Después de quedar con su menor puntaje en el programa corto, esta es la única oportunidad que tiene de repuntar y tener esperanza de ingresar al GPF.

Con una señal, el camarógrafo cortó la grabación, ya que la imagen se había conectado con las cámaras oficiales de las grabaciones del canal. Morooka giró la mirada hacia la pista de hielo, donde, con aplausos mesurados, la gente recibía al patinador que representaba a Rusia vestido con un traje negro enterizo que lucía arreglos de tul celestes y blancos adornando sus brazos. Presentaría una de las melodías clásicas del lago de los cisnes.

Morooka se movió para cambiar el ángulo de la próxima transmisión, con los pasos de su joven camarógrafo a la espalda. La atenta mirada de Petra seguía la dinámica del par japonés mientras se movían al otro lado de la pista. Al lado de ella se acercaba Dmitri Bukin, visiblemente cansado. Tal parecía que su cantidad de trabajo tuvo un incremento inusual tras lo ocurrido el día anterior.

Petra suspiró e ignoró la presencia del representante de la FFKK mientras comenzaba a caminar hacia la barrera. Alexis había iniciado su presentación, mientras las pantallas mostraban las imágenes cercanas del desarrollo de su programa. Por un momento, ella giró hacia su espalda para buscar con la mirada la figura de Víctor Nikiforov y Yuri Plisetsky con la enorme bandera japonesa en señal de apoyo. Dmitri había pedido que los medios rusos transmitieran tal hecho y lo resaltaran, como una medida para sepultar el terrible incidente pasado. Usaría el gesto de Nikiforov para limpiar el honor de todo el país.

Independientemente de lo bien que caería en la opinión pública lo que acababa de ocurrir, a Petra le enojaba que cayeran en esa clase de artimañas para cubrir lo que en un inicio fue una falta total de profesionalismo. Sin embargo, no iba a decir nada y se mantendría ajena a todo aquel teatro. Ella iba a enfocarse en analizar la actitud de los competidores y sus programas tal como era su responsabilidad; y Alexis por ser el patinador local, sería quien recibiría su mayor ojo crítico.

Mientras el programa del ruso estaba en desarrollo, el público se encontraba en silencio, observando todo lo que ocurría y permitiéndose algunas muestras de asombro cuando ejecutaba los saltos. Si bien Alexis cayó en uno, la presentación en general estaba demostrando un mayor nivel que el expresado en el programa corto, haciendo posible que el joven ruso pudiera remontar con él. Cuando Alexis clavó el salchow cuádruple con perfección, Yuri lo miró de forma crítica y apretó la garganta junto a sus manos en la baranda, mientras sostenía aún la esquina de la bandera japonesa. Necesitaba clavar los cuádruples; la conversación que tuvo con Víctor días atrás con aquella confesión descabellada aún seguía rondando en su cabeza, rebotando con constancia a pesar de que, con los últimos acontecimientos, había sido imposible pensar más en ella. Aunque reconocía que era algo que debía resolver con prontitud.

Entonces, giró su mirada y palideció. El rostro de Víctor se encontraba blanco y, a pesar de estar con la vista fija en el programa, se notaba el sobreesfuerzo que hacía por mantenerse en pie, siendo visible en el modo en que apretaba su mandíbula. El dolor de rodilla debía tenerlo muy mal.

—Víctor… joder, estás hecho un papel. —Víctor desestimó el comentario y renegó mientras trataba de acomodar su pierna para no dejar caer el peso sobre ella—. Dios, eres un necio. Ve a sentarte —Yuri insistió.

Víctor le miró de reojo, con sus ojos ligeramente enrojecidos y el ceño fruncido al tratar de contener los jadeos que cada punzada de dolor le dejaba su rodilla. Yuri comprendió que nada sería capaz de moverlo de ese lugar y, apretando los dientes con frustración, miró hacia atrás, tratando de conseguir a algún conocido que quisiera sujetar su lado de la bandera mientras iba por los paramédicos.

—Yuri, no te preocupes —le habló con un tono reprimido—. Aguantaré hasta que el primer grupo acabe y entonces buscaré los paramédicos.

—Te jodiste la rodilla… —dijo, casi tan pálido como Víctor.

Los aplausos arreciaron sobre ellos y ambos voltearon para notar en la pantalla donde se veía reflejada la imagen, a Alexis, levantando sus manos para dar sus saludos a todo el público. Ya en el pasillo, debajo de ellos, Yuuri se movía con Minami hacia la salida de la pista con sus manos aún tomadas, como habían estado desde que inició el evento. Yuri no podía dejar de notar esa unión con un sentido pinchazo en el pecho, aunque poco a poco comenzaba a comprender que no podría hacer nada para cambiarlo. En ese momento, Yuuri estaba para Minami, y ya Minami la había pasado mal por algo en lo que no tuvo que ver; así que comprendía el que Yuuri ahora enfocase toda su atención en él.

Mientras el par japonés se preparaba para entrar, todos los ojos estaban puestos sobre ellos. La tensión caía en el estadio desde que Alexis abandonó el hielo y Minami dejó la chaqueta en manos de Yuuri, y ambos podían sentirla. Las miradas de todos se encontraban en ese punto donde ellos esperaban, como si temieran que ocurriera cualquier cosa, un pensamiento que resultaba aterrador. Yuuri soltó el aire para enfocar su atención en Minami. El ceño de su pupilo estaba fruncido, sus cejas castañas (del color natural de su cabello), se juntaban en un gesto que no delataba concentración sino nerviosismo. Como si al sentir toda la presión sobre su espalda se le hubieran anudado los músculos de forma dolorosa.

Y entendía. Minami había tenido que cargar por él el peso de todo lo ocurrido; cargar con la incertidumbre, con el odio ajeno, con la desesperación. No se merecía haber pasado por aquello cuando todo lo que había ido a hacer a Rusia era a competir. En ese momento, estaba sobre él la responsabilidad de la competencia, el deber de levantarse después de lo mal que le fue en el programa corto para poder llegar al Grand Prix Final.

A pesar de todo lo que Yuuri pudiera apoyarle en esos momentos, Minami estaba consciente de que todo dependería de él y de su presentación.

Minami apretó la mandíbula y tragó grueso, obligándose a respirar. Por primera vez los ojos de todos sobre él le generaron un doloroso retorcijón estomacal que sabía debía controlar para poder dar lo mejor de sí. Había un silencio sordo a su alrededor, contradictorio al insistente pitido que escuchaba crecer dentro de sus oídos. Sus manos, cubiertas por los guantes rojos, se apretaron entre sí mientras procuraba regular la respiración.

No podía fallar. No podía caer en ese momento. Tenía que dar lo mejor para dejar sus nombres en alto, para ganar el pase al GPF y cumplir su sueño. Posó las hojillas sobre el hielo mientras se sujetaba de la barrera y se repetía eso como un mantra. Este no era el momento para…

—¡Agh! —Su boca soltó un jadeo sorprendido antes de siquiera analizarlo, llevando enseguida sus manos hacia la base de su espalda luego de haber sentido la palmada de Yuuri caer con fuerza sobre su trasero, retumbándole por el cuerpo con un estremecimiento abrumador que le llenó de calor las orejas—. ¡Yuuri! —se quejó, con un par de pequeñas lagrimitas atoradas en sus pestañas.

Yuuri le sonrió de vuelta, con un brillo travieso en sus ojos. Minami se sonrojó aún más , perdiéndose de escuchar el momento en que hicieron la primera llamada.

—No te doy permiso de tener miedo, Minami. Solo yo puedo tenerlo. —Los ojos de su estudiante se enfocaron a él, con un fuego irascible en sus ojos—. Si fuera yo, daría mi mejor presentación para demostrar que puedo ganar aún después de lo que me hicieron.

El silencio volvió a caer sobre ellos para llenarse de expectativas. Yuuri empujaba a través de su mirada la seguridad que Minami necesitaba para ir al centro de la pista y demostrar de lo que estaba hecho y de lo que era capaz, la razón por la que habían ido a Rusia a competir. Sin embargo, antes de que eso ocurriera, algo más pasó. Quizás notando los minutos extendiéndose y el silencio que reinaba en el estadio, J.J. alzó la voz y empezó a aplaudir vociferando el nombre de Minami. De inmediato, la barra canadiense no tardó en seguirlo y la japonesa con la americana se contagió del coreo del lugar. Leo los acompañó con una sonrisa entusiasta y Seung observó todo con aire apático. Habían decidido estar allí en vez de esperar en el pasillo por su turno, en señal de apoyo.   

—El estadio se ha llenado de júbilo mientras llaman por Minami, en una conmovedora demostración de afecto iniciada con la conducta deportiva de J.J.

—Estamos esperando el momento en que Minami Kenjirou ocupe la pista. Parece que se está demorando al escuchar las últimas instrucciones de su entrenador, quien por fortuna se encuentra a salvo y listo para apoyarlo en estas competencias.

—¡Ya ha soltado la barra! Minami recibe la lluvia de aplausos con los brazos alzados mientras da un rodeo a la pista. En el programa corto, debido a la conmoción, tuvo varios problemas, pero estamos confiados en que veremos al Fénix relucir, tal como su entrenador aseguró en la rueda de prensa de ayer.

En efecto, el público recibió a Minami con aplausos, aunque la barra rusa se había quedado sentada y de brazos cruzados, llenos de frustración por la fuerza con la que los extranjeros gobernaban el ambiente del evento. Se sentían relegados en su propio país. Yuuri aplaudió en sintonía con el resto de los observadores, emitiendo una sonrisa agradecida hacía J.J. quien, al notar la mirada del entrenador japonés, le sonrió y guiñó el ojo de vuelta.

—¿Lo nalgueó? —de repente, Yuri escuchó la voz de Víctor soltar eso mientras intentaba controlar su propia explosión de celos al haber visto exactamente lo mismo. Víctor parecía no salir del asombro, con los labios entreabiertos y los ojos muy grandes. Por su expresión, Yuri estaba seguro de que intentaba autoconvencerse de lo contrario.

Yuri no respondió, pero Víctor no necesitaba confirmación para estar seguro de ello. Del Yuuri que, tembloroso, se hubo acurrucado en sus brazos y hasta mojó su camisa con sus desesperadas lágrimas, ya no quedaba más que el reflejo erótico del hombre enfundado en traje. Un hombre con su barbilla en alto y ojos decididos. No debería asombrarse… ese era el Yuuri de quien se había enamorado, el Yuuri de los contrastes. Sin embargo, lejos de sentirse celoso por lo visto, lo único que sintió fue el avivamiento de una chispa que Víctor dudaba que fuera a apagarse alguna vez.

En la pista, ya Minami estaba preparado para iniciar y había cerrado los ojos para concentrarse en el momento. Porque no, esta vez el fénix no sería Yuuri. Yuuri tenía razón al decir que si fuera él estaría patinando para ganar. Pero no era Yuuri quien patinaría, era Minami quien estaba en la pista, quien sostenía su orgullo herido para demostrarlo. No había algo que detestara más que la pena y Yuuri lo comprendía bien. Aún estaba molesto porque habían usado su momento para lastimar a Yuuri, minimizándolo como competidor gracias al odio dirigido a este y atacando a Yuuri cuando estuvo más indefenso. Minami no iba a perdonarle eso a Rusia. Jamás.

[The Phoenix — Lindsey Stilrling]

Minami, en su posición, dio una vuelta mientras sus manos se alzaban como una ligera flama que buscaba tímidamente ascender al cielo tras resurgir de sus cenizas. Soltó el aire con cuidado conforme la música sonaba a su alrededor y enfocaba su mente en vivir ese momento como ningún otro.

Él había traído a Yuuri al hielo para darle felicidad, no nuevas penas. No iba a permitir que le quitaran eso y por esa razón, iba a ganar.

Sus brazos se abrieron como alas mientras patinaba de espalda, moviendo sus pies al ritmo del violín que había resonado en un solo mágico. Chispeando el hielo con sus puntas metálicas, tomó velocidad y, ante el asombro de todos, ejecutó un salchow cuádruple, un loop sencillo y un triple flip que cayó con velocidad y soltura mientras elevaba sus manos como un ave planeando en los cielos. Volvió a girar sobre su eje, el violín resonaba y eso alimentaba los pasos de sus pies. El público bramó mientras Minami se movía con velocidad, dando vueltas y deslizando sus pies al ritmo del violín.

Un nuevo salchow cuádruple cayó al hielo con una altura pronunciada, y sus manos volvieron a elevarse mientras su espalda recta lo mantenía en posición. Desde la distancia, Yuuri retenía el aire observando a su alumno moverse por la pista con profunda convicción, transmitiendo el fuego que debía estar corriendo en esas venas. Minami estaba decidido, lo podía notar, lo podía percibir incluso en la distancia. Se movía con soltura en el hielo, se sentía metido en el papel y Yuuri sabía que nadie era mejor representante del Fénix que ese muchacho que había sabido llevar el fuego a su corazón para darle un nuevo sueño por el cual luchar.

—Estamos extasiados viendo la interpretación de Minami, que de nuevo está demostrando su terrible talento en el hielo. Un muchacho que no ha dejado de darnos sorpresas desde hace un par de años.

—Una de las características de su patinaje está en el movimiento rápido de sus pies, que es sobreexplotada en Fuego, pero tiene una belleza muy particular en The Phoenix. Yuuri Katsuki ha sabido entregarle un programa que potencie y realce sus habilidades.

La segunda parte estaba por iniciar, y Minami no había hecho el combo triple que estaba planificado. Yuuri frunció su ceño, mirándolo con atención al comprender que Minami había decidido dejarlo para la segunda parte del programa para poder así puntuar más alto. Y por supuesto, eso era lo que el japonés quería hacer en la pista. Necesitaba adecuar al programa para obtener el mayor puntaje posible y salir de abajo. Necesitaba hacer que su programa tuviera una mayor complejidad técnica y para ello, iba a dejar su alma en el hielo de ser necesario.

Ejecutó una entrada complicada al siguiente salto, mientras la música volvía a tomar una velocidad mayor con el ritmo de la percusión y el violín. Él era el fénix, era él quien resurgía de entre las cenizas y quien quemaría a todos con su fuego.

Elevando su pie del hielo, tras picar con el filo de su hojilla y haber mantenido la trayectoria recta, Yuuri se llevó las manos a la cara y Víctor abrió suficientemente los ojos para captar el primer flip cuádruple en vivo después de que tanto él como su expareja dejarán la competencia. El público se levantó eufórico. Todos, inclusos los rusos, quienes no supieron qué hacer ante la sorpresa, se mostraron atónitos cuando Minami cayó y tuvo que tocar el hielo para evitar una caída, aunque eso no impidió que siguiera el ritmo de la música, con más denuedo que nunca.

—¡Un flip cuádruple! ¡Un Flip cuádruple y en la segunda parte del programa! ¡Un homenaje a su entrenador Yuuri Katsuki! 

—Después de tantos años, ¡vemos por fin al flip cuádruple volar sobre el hielo en forma de un fénix rojo! ¡Que increíble sorpresa!

—¡El público está enloquecido! ¡Las banderas de Japón se mueven jubilosas entre todos, mientras Minami sigue su programa sumamente emocionado! ¡Tengo mi corazón latiendo a mil por hora! 

Ante el gozo que sentía, su corazón se quedaba pequeño para tanto bombeo de sangre. Minami estaba disfrutando su momento, moviendo sus brazos como un fénix dispuesto a quemarlos a todos, a incendiar a Rusia completamente para demostrar el por qué él había llegado hasta allí. Porque Yuuri siempre fue esa llama que lo impulsaba a ser aquel mitológico ser. La razón por la que lo persiguió por tanto tiempo, el porqué de su esfuerzo y dedicación. Ese sueño que siempre buscó alcanzar y que ahora que lo tenía en manos no iba a dejar que nadie se lo arrebatara.

Ese fuego estaba allí, en la mirada caramelo de Minami que brillaba como una llama antigua, agitándose entre el hielo de quienes lo perseguían. Y esa misma llamarada había llegado hasta Yuuri, haciéndolo sentir sumamente dichoso de encontrarse allí.

Y a pesar de que se sentía sumamente cansado y sus piernas empezaban a doler debido al esfuerzo al que estaba llevando a su cuerpo, Minami no iba a rendirse, no hasta acabar. La vibra de todos los presentes que le apoyaban y la certeza de que Yuuri estaba allí mirándolo, le dio la fuerza necesaria para ejecutar el combo de un triple Salchow, un doble Loop y un doble Toe loop, casi acabando su programa. Sus alas volaban con chispas de fuego en el aire, fuego que la gente podía apreciar por la velocidad que estaba implementando. Después de veloces piruetas en el aire, que tenía al público extasiado con la complejidad de su presentación, Minami vio la extensión de la pista mientras retomaba la velocidad. Yuuri recogió el aire, sobrecogido. Víctor no podía quitar su mirada del movimiento final que Minami estaba buscando ejecutar.

Yuri comprendió que Minami acababa de escupirle a la cara a todos los rusos que habían ido a atacarlos y a condenarlos, acusándolos de querer imitar a Nikiforov. Les demostró que su único espejo era Yuuri, algo que fue fácil de ver cuándo, en una osadía inhumana, Minami ejecutó el quinto cuádruple de la presentación, llevándose los suspiró de todos cuando lo vieron caer al hielo y casi volver a tocarlo para sostenerse después de arriesgarse con un Toe Loop cuádruple. Una de esas locuras que solo Yuuri Katsuki fue capaz de intentar en hielo.

—¡Esto ha sido descabellado! ¡No puedo creerlo! ¡Es el quinto cuádruple de la rutina! ¡Ha alcanzado la totalidad de cuádruples que su entrenador y ex patinador Yuuri Katsuki ejecutaba en sus presentaciones!

—La presentación ha acabado tras esos giros potentes y Minami ha caído de rodillas en el hielo. ¡El público no deja de gritar y celebrar lo que ha sido una verdadera muestra de voluntad humana! ¡Minami Kenjirou lleva su carrera a otro nivel tras esta inesperada ejecución que ha buscado recuperar el terreno perdido por su interpretación en el programa corto! 

De repente cayó un pesado silencio. Minami había caído de rodillas al suelo y se mostraba alterado, sin hacer esfuerzo alguno para levantarse. Sus manos en puños habían caído al frente y su espalda subía y bajaba mostrando cómo intentaba recoger suficiente aire. Yuuri contuvo el aliento mientras sus pálpitos se aceleraban al pensar en que posiblemente habría de tener alguna lesión. El solo pensamiento le cerró la garganta.

Un largo minuto pasó, mientras todos miraban hacia el punto donde Minami permanecía arrodillado. Cada uno mostraba en su semblante la turbación que se acrecentaba con cada segundo sin una respuesta de su parte. Pero, antes de que el miedo se adueñara de todos, Minami levantó la cabeza húmeda de sudor y lágrimas con sus puños al aire, celebrando su actuación. El público soltó clamores embravecidos y emocionados. Los aplausos lloviendo a su alrededor mientras Minami hacía esfuerzos para levantarse, sin poder hacerlo. Estaba muy agotado, sin energías. Había llevado su cuerpo al límite para hacer esa presentación y dejar el nombre de ambos en alto.

Yuuri soltó el aire y, sin pensarlo más, comenzó a correr hasta la salida. En ese momento quería tener sus patines puestos para ir por Minami y sacarlo apoyado en su hombro. No fue necesario, un par de paramédicos en compañía de Hikari Fujiwara, quien era el siguiente patinador por salir, fueron hasta el encuentro de Minami y lo ayudaron a levantarse, ya que el sobreesfuerzo fue tal que hasta le costaba mantenerse de pie ya que sus piernas se negaban a soportar su peso. Hikari lo ayudó a levantarse, orgulloso, compartiendo un apretado abrazo y palmadas en la espalda mientras Minami reía y parecía decirle algo al oído. Hikari soltó una carcajada al escucharlo.

—Hikari Fujiwara, su homólogo también en representación de Japón ha ido a ayudarlo a salir de la pista. No tiene ninguna lesión por lo que se puede ver. Minami está patinando, aunque se muestra evidente que está muy agotado.

—Este muchacho acaba de demostrar que está dispuesto a dejar el alma por llegar al Grand Prix Final. ¡Ha sido un acto memorable!

En la salida de la pista, Yuuri ya se encontraba allí para recibirlo. Minami se soltó de Hikari al encontrarse lo suficientemente cerca de su entrenador, y aumentó ligeramente la velocidad, para saltar hacia este y abrazarlo. Yuuri le respondió con fuerza, riendo y llorando de pura felicidad después de la maravillosa actuación de su pupilo.

—¡Esto ha sido una presentación fabulosa por Minami Kenjirou! Ahora en compañía de su entrenador Yuuri Katsuki, quien lo ayuda a caminar hasta el Kiss and Cry, estamos atentos a escuchar los resultados.

Víctor había apoyado sus hombros para sujetar la tela de la bandera mientras aplaudía entusiasmado después de lo que acababa de ver. Yuuri no merecía menos. A pesar de haber visto de nuevo el flip cuádruple en la pista, un salto que había sido su emblema por tantos años, la felicidad húmeda que había en el rostro de su expareja superaba con creces la incomodidad que le nació al saber que aquello era algo que él ya no podría hacer.

Yuri, en cambio, observaba todo con el rostro rojo de diversas emociones atrapadas. Minami lo había hecho excelente, no podía negarlo, y había demostrado su devoción a Yuuri dejando todo en el hielo para repuntar. De alguna manera, se vio reflejado. El recuerdo de aquel GPF donde puso todo de sí para demostrarle a Yuuri que sería un error dejar el hielo, emergió como una sábana sobre su cabeza, envolviéndolo en ese sentimiento amargo. Minami estaba dispuesto a mantener el legado de Yuuri en alto, en su nombre, en el nombre de su país, y en el suyo propio.

¿Podría él hacer lo mismo con el legado de Víctor?

Una opresión le nació en el pecho cuando el pensamiento tomó forma, sus pálpitos acrecentándose ante esa realidad. Él también quería mantener ese legado, así como también dejar el suyo propio, sorprendiéndose cuando entendió que ese no era un pensamiento aislado. Aquel había sido su deseo de niño: voy a superar a Víctor, voy a hacerlo mejor y voy a dejar la victoria a Rusia, recordó. La presencia de ese niño con su cabello corto y expresión enfurruñada, mirando hacia la alta y amplia espalda de Víctor Nikiforov mientras este sujetaba un nuevo oro, lucía fresca en su mente.

En medio de los aplausos, de la algarabía, de las luces enfocadas en el hielo y las voces de los comentaristas hablando de lo que Minami había logrado; Yuri se vio a sí mismo persiguiendo la espalda de Víctor Nikiforov desde pequeño. Demasiado orgulloso como para escuchar los reclamos y las correcciones de Víctor, porque quería ser su igual. Cegado por su necedad, porque quería escuchar de Víctor solo felicitaciones, como las que todos los otros solían darle. Herido luego a traición por una promesa olvidada que, aunque Víctor cumplió, lo hizo dejándole un sabor amargo. Dejó ir la espalda de Víctor, pero no pudo apartar la mirada de ella mientras intentaba formar su propio camino lejos de todos, con el sueño de los labios de Yuuri agitando la llama equivocada.

—¡211,43 puntos! ¡Minami escala al primer lugar con un total de 300,03 puntos! 

—A pesar de los errores cometidos en la ejecución del Flip cuádruple y el último Toe Loop cuádruple, Minami avanza y se queda con el primer lugar.

—¡Esto ha sido un inicio de competencia alucinante! ¡Por fin podemos ver el espíritu competitivo de todos mostrando su verdadero fuego!

Hikari Fujiwara ya estaba en posición, mientras Yuuri abandonaba el Kiss and Cry junto a Minami, ayudándolo a caminar hasta un lugar donde pudiera descansar después del agotamiento. Yuri miraba todo desde la distancia, aún con el sinsabor que el anterior pensamiento había dejado en él. Soltó el aire con apremio porque desde que ese pensamiento se alojó en su cabeza sentía su estómago lleno de piedras.

—Yuri —giró su mirada hacia Víctor, a quien estaba notando cada vez más cansado y adolorido—. Creo que sí necesitaré una pastilla…

—¿Pastilla? Necesitas un médico —rezongó el menor, pensando en la posibilidad de llevarse a Víctor a rastras directo a urgencias. Esperaba que la rodilla no estuviera presentando algo grave, sería difícil atenderlo en vísperas del Trofeo de Francia. 

—Pastillas por el momento. Cuando acabe el evento iré a un especialista.

Yuri no creía que fuera prudente esperar tanto para ver al médico, pero entonces debatió sobre qué hacer con la bandera. No veía a nadie que pudiera suplirlo para ello y seguramente si pedía ayuda a cualquiera de los que estaban allí, notaría de inmediato el estado de Víctor y no confiaba en que ninguno mantuviera el asunto en silencio. Mordió su labio con frustración. Los que tenía más cerca eran del equipo canadiense, incluso había reconocido la figura de Deborah Lam, pero no se atrevía a llamar a ninguno de ellos.

—Víctor Nikiforov. —La voz de Petra se escuchó mientras la música de fondo sonaba, en un tema suave de piano que era interpretado por el otro japonés. El aludido, junto a Yuri, voltearon hacia las escaleras donde la periodista estaba de pie, subiendo el último escalón.

Petra… Yuri al verla sintió que le habían cerrado el paso del aire. Seguramente esa mujer no tardaría en aprovechar la situación de Víctor para armar uno de sus desagradables artículos para ganar popularidad. Y Víctor que era un papel andante, no podría hacer nada para evitarlo en esa situación. Dudaba que ante el ojo crítico de la mujer pasase desapercibido el estado de Víctor.

—¿Qué ocurre, Nikiforov? —en efecto, Petra lo había notado y se apresuró a acercarse con aire de preocupación. Era evidente porque Víctor poco podía hacer por fingir una sonrisa cuando todo su rostro gritaba preferir que le amputaran la rodilla si con eso esta dejaba de dolerle.

—¡No pasa nada! —Intervino Yuri con prisa, pero Víctor soltó el aire.

—Me lastimé la rodilla al venir —el rostro de Petra perdió color mientras miraba hacia la rodilla lastimada y el modo en que dicha pierna parecía temblarle—. Pero no puedo irme de aquí aún. ¿Me ayudarías a sujetar la bandera? Le estaba diciendo a Yuri que buscara mis pastillas, pero no tenem…

—Yo me encargo —afirmó Petra, dejando a Yuri sin habla—. Plisetsky, apresúrate a buscar el medicamento. 

La mujer se acercó y tomó el lado que Yuri sujetaba de la bandera, para emitir una mirada autosuficiente hacia la pista donde el japonés patinaba. Víctor no esperó que aceptara de tan buena gana, pero dejando el tema de lado, le dio indicaciones a Yuri sobre los analgésicos que solía tomar para ese tipo de dolor y lo dejó partir, viendo como Yuri bajaba los escalones con prisa. Suspiró al saberse a solas con la periodista, volviendo la mirada hacia abajo, donde ya no podía ver la figura de Yuuri, de seguro por haber entrado al pasillo para estar con Minami, quien lucía muy agotado.

Volvió su atención a Petra, firme de pie a su lado, con la mirada fija en la pantalla. Víctor estaba seguro de que si había subido no había sido para sentarse en la banca, probablemente lo había estado buscando y se podía dar una idea del porqué.

—No te he agradecido por lo que hiciste el día de ayer por Yuuri —Petra arrugó el ceño y apenas le miró por el rabillo del ojo. Víctor seguía haciendo esfuerzos para ocultar el malestar detrás de una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Esas preguntas en la rueda de prensa… agradezco que las hayas hecho.

—No malinterpretes, Nikiforov. No lo hice por Katsuki —aclaró, volviendo la atención a la pista—. Lo hice por Rusia. —La expresión de Víctor debió ser elocuente para que ella decidiera agregar—. No quiero que nos recuerden como una nación llena de amarillismo y rencor.

Víctor comprendió el peso de esas palabras, mientras los aplausos por la culminación de la presentación de Hikari Fujiwara llovían sobre ellos. Víctor de nuevo acomodó la esquina de su bandera debajo de su antebrazo para poder aplaudir hacia el chico al que recordaba haber visto en aquellas primeras regionales a las que acompañó a Yuuri.

Estaba consciente de que, si abandonaba su posición, a pesar de haber dado un apoyo a Yuuri bastante elocuente, podría suscitar a comentarios mal intencionados. Más si era su rodilla la que salía a colación, lo que podría convertirse en el tema de interés y echar por tierra su gesto hacia Yuuri. Petra también lo sabía.

Mientras las puntuaciones eran recibidas en el Kiss and Cry, donde Hikari quedaba de tercer lugar, por debajo de Alexis Bodesgko, sintió a Yuri regresar con una botella de agua y la pastilla en manos. Detrás de él, le sorprendió ver la figura de Mila Babicheva junto a Louis Petrov, siendo seguidos por Georgi Popovich. Habían logrado llegar.

—¡Nos demoramos! —Mila abrazó a Víctor en cuanto lo vio, detectando de inmediato lo mal que se encontraba. La chica llevaba unos vaqueros ajustados, y la chamarra del equipo ruso en las olimpíadas le daban un estatus difícil de evadir. Víctor la abrazó con cariño mientras trataba de no dejar caer el peso sobre su rodilla lastimada. —¿Lograste alcanzarlo?

Víctor asintió al soltarla, dedicándole una pequeña sonrisa. Luego miró hacia Louis, quien llevaba la chamarra que Yuuri llegó a usar para representar a Japón junto a unos lentes de montura azul y unos audífonos puestos, completando el look con su cabello peinado de la misma forma en la que Yuuri solía llevarlo. Un increíble calor le llenó el alma al notar lo que el muchacho había hecho.

—Dice que es un cosplay —comentó Georgi, encogiéndose de hombros al no estar muy familiarizado con el concepto. Víctor le entregó su lado de la bandera al jovencito y Mila tomó el de Petra, quien de inmediato tomó distancia. —Ve a sentarte, Víctor, necesitas descansar.

Georgi lo ayudó a llegar hasta la banca, mientras Yuri se sentaba a su lado ofreciéndole lo que llevaba en manos. Víctor no tardó en ingerirlo mientras empezaba la música del cuarto competidor. El primer grupo ya estaba por acabar, en el siguiente, Leo de la Iglesia junto a J.J. y Seung-Gil llegaron para postular su puesto en el podio. Víctor sabía que sería buen momento para irse, pero prefirió asegurarse de que la fanaticada rusa se comportara a la altura durante todo el evento.

—Me alegro de que hayas podido alcanzarlo. Vimos por el teléfono cuando abriste la bandera.

—Fue lo único que se me ocurrió —Víctor vio a Yuri acercarse de nuevo a la baranda para pelear por su lado de la bandera con Louis, a quien alcanzó a decirle que era un Katsuki narizón y que Yuuri no tenía los ojos verdes, solo para molestar al adolescente. Luego los escuchó llamar a Yuuri, los tres al unísono, haciendo movimientos desde la baranda y agitando la bandera. Imaginó la expresión de felicidad de Yuuri al verlos. —Tenía que hacerlo de algún modo.

Georgi puso su mano sobre la rodilla lastimada y Víctor siseó de dolor. Ahora que se había sentado, la podía sentir palpitándole de forma agónica. Georgi pudo percibir lo inflamada que esta se encontraba, así como el calor que le transmitía. Estaba bastante mal.

—¿Estás seguro de que no quieres irte ahora?

—No… ya falta poco y en un rato la pastilla hará efecto. ¿Trajiste algo de Yakov?

Georgi asintió y sacó de su pequeño bolso una carpeta. Víctor la tomó en sus manos y comenzó a sacar los documentos que allí se encontraban. Eran copias de las denuncias, así como fotografías impresas de las evidencias entregadas. Tal como había prometido Yakov, la información necesaria para entregar a la JSF y disponer así de un asiento jurídico con el cual actuar.

Prestó atención a las fechas, lo que era descrito y el testimonio que Yuuri había dado en la comisaría. Cuando vio las fotos, se le hizo un nudo en la garganta al ver las cartas de amenazas, los recortes, y el odio que era tan alevosamente manifestado en esa correspondencia. Ahora entendía muchas cosas que antes había sido incapaz de entender. Sin embargo…

—Me extraña que Yakov no hubiera revelado esto antes. —Víctor hizo saber su duda a Georgi, quien solo resopló. Miró hacia la pantalla donde Marcel Sindelar intentaría al menos acumular los puntos técnicos necesarios para poder participar en la copa europea, ya que por sus puntuaciones en el Skate América sería difícil puntuar para el GPF.

—Cuando llegué, Yakov estaba llorando en la habitación —explicó Georgi con mesura, en medio de la algarabía que los rodeaba. Víctor no pudo contener un suspiro adolorido al escucharlo, imaginando al anciano sumirse a tal grado de desesperación. —Se echó la culpa, estaba asustado con los papeles en sus manos; Anastasia tuvo que calmarlo. Me pregunto si así seré con mis hijos cuando llegue a esa edad…

El pensamiento se quedó en el aire, mientras ambos meditaron por su cuenta aquella imagen y lo que Yakov debió sentir. Sí… Yakov había sido muy condescendiente con todos ellos, se había ablandado según los años pasaban. No podían juzgarle. No cuando todo lo que había buscado fue protegerlos a todos, en la medida de lo posible.

El primer grupo acabó con la presentación del austriaco, quien quedó de último lugar. Minami, Alexis y Hikari, ocupaban los primeros puestos. Los minutos de calentamientos para el segundo grupo iniciaron, y los competidores salieron a la pista para rodearla. Víctor había preferido quedarse allí donde estaba mientras el dolor terminaba de pasar y recibió la bandera de Japón cuando los jóvenes regresaron a la banca. Por pedido de Víctor, sería él quien entregaría esa documentación de Yakov a los encargados de la JSF, pero sería después de que se revelaran los resultados del podio.

En los pasillos, Yuuri caminó tras dejar a Minami descansando en una banca, para mirar cómo sería la actuación del resto. Minami le había indicado que se encontraba bien, solo bastante cansado, a lo que Yuuri no tardó en hacerle ver el riesgo que había asumido al cambiar de ese modo a la rutina y encima agregar un cuádruple más al final. Después de la euforia, él, como el entrenador que era, tenía que hacerle ver a su pupilo que no debía tomar riesgos de esa índole. Riesgos que podrían fácilmente llevarlo a una lesión. Minami asintió, comprensivo, afortunadamente sin enojarse por el pequeño regaño que ciertamente no sonaba como tal, no cuando aún no podía con la felicidad. Mucho menos cuando Minami le tomó la mano y le aseguró que su mayor deseo era competir juntos en el Grand Prix Final. Y con certeza, Minami estaba a nada de lograrlo.

Mientras se asomaba a la pista para mirar a los competidores, notó que ya la bandera japonesa no estaba izada en las barandas. Sin embargo, una de las pantallas enfocaba a Víctor con la bandera de Japón abrazándolo y cubriéndolo mientras hablaba con el resto del equipo ruso. Aquel gesto provocó que su corazón latiera con fuerza.

Víctor seguía siendo el mismo que era capaz de sorprenderlo con sus actitudes desenfrenadas y esa impulsividad a veces dulce, a veces amarga. No había dejado de ser ese hombre lleno de contrastes descabellados que estaban lejos de ser la figura elegante y segura que mostraba ante todos cuando era competidor. Yuuri, quien había conocido todas sus caras, incluso las más oscuras, podría reconocerlo a la distancia. Y algo le decía que esa sonrisa no era del todo sincera, aunque no fuera por alguna mala razón. Yuuri arrugó el ceño mientras lo miraba, llegando a recordar esa misma sonrisa en el mundial del 2018, cuando Víctor tras la lesión en su columna, tuvo que abandonar la pista mientras le sonreía, instándole a patinar tras asegurarle que estaba bien y que no se preocupara. Ese gesto que decía más que mil palabras.

Recordaba ese beso que le dio en aquella oportunidad antes de competir. Lo largo que fue, la presión que hizo Víctor sobre su traje índigo y cómo esas manos delinearon su figura haciéndole desear más. El recuerdo del beso era lejano, casi como una fotografía en blanco y negro, pero no hacía falta rememorar las sensaciones cuando aún tenía al rojo vivo la fuerza de su abrazo minutos atrás.

—¿Te encuentras bien? —Hirogu se posicionó a su lado, mirando el rostro de Yuuri, el cual estaba fijo en aquella pantalla dirigida hacia las gradas. El entrenador bajó sus ojos y soltó un amplio suspiro, mientras todo se preparaba para el siguiente grupo.

—Lo estoy… todavía no le he agradecido por este largo viaje, además de disculparme. —Hirogu sonrió al verlo ejercer una ligera reverencia. —Gracias por todo su apoyo.

—No digas eso, Yuuri. De verdad estaba preocupado cuando supe lo que pasó, así que no dudé en venir tan pronto me fue posible. Me alegra verte mejor… además, es mi primera vez en una competencia de semejante índole. Me siento emocionado.

Ambos se quedaron en silencio cuando el nombre del patinador chino se escuchó por los altavoces. La mirada de Yuuri siguió en la pantalla hasta que cambiaron la imagen para mostrar la entrada del joven muchacho con su entrenador.  Hirogu había notado todo eso, además de que coincidentemente, él había llegado cuando estaba abrazado a su expareja, por lo tanto, ya imaginaba lo mucho que tendrían que hablar al respecto. 

—¿Él es tu ex, cierto? —preguntó para verificar la respuesta de Yuuri, quien se limitó a asentir, con el ceño fruncido. —¿Te preocupa algo?

—Estoy casi seguro de que le duele la rodilla. —Hirogu asintió, comprendiendo la situación. —Me dijeron que estaba cojeando, yo creo que estaba demasiado sorprendido como para notarlo, pero por su expresión…

—¿Quieres estar con él? —Yuuri hizo un mohín con sus labios.

—Ojalá fuera tan fácil como solo decirlo… 

Hirogu comprendió sus palabras y decidió dejarle un momento a solas, mientras se acercaba a Izumi, quien se encontraba bastante agitado. Yuuri aprovechó el momento para pensar en todo lo que había pasado y en lo difícil que ahora se sentía su decisión. De nuevo, las palabras que pudo decirle a Phichit regresaron a él, no pensó que vería con tal rapidez a Víctor después de todo lo ocurrido a San Petersburgo. Pero el hecho de extrañarlo, de seguirlo haciendo y que esto fuera por algo más que las memorias que quedaron en el pasado, le asustaba. Porque era distinto añorar los recuerdos creados, a añorar a la persona con quien se vivió aquellos. Una clase de nostalgia que parecía no acabar.

Mientras estaba distraído, el peso de alguien echándosele encima lo tomó tan desprevenido que casi se cae. Pronto pudo identificar que aquel peso extra se trataba de Phichit, quien lo había sorprendido abrazándolo desde la espalda.

—¿Qué haces? —dijo entre divertido y apenado. Phichit sonrió en respuesta.

—Practico el “abraza a tu ex”  —Yuuri de inmediato se sonrojó, mas no dijo nada. —Mira, todo el mundo está convulsionando como yo.

Antes de que Yuuri preguntara a qué se refería, Phichit sacó su móvil y le mostró una publicación de Instagram donde estaba el abrazo que le había dado a Víctor en el pasillo. Yuri estaba a su lado, los brazos de Víctor le apretaban y él se colgaba a su cuello con tal necesidad que se veía apretado e íntimo. Yuuri de inmediato palideció.

—¡Phichit! —dijo en reclamo y su amigo se rio al verle la cara de enojo y la forma en que se soltó de su agarre. —¿Qué demonios hiciste?

—Mostrarle al mundo que no toda Rusia te odia. No sabía que Víctor iba a hacer lo de la bandera, sino no hubiera hecho la publicación. —Se justificó encogiéndose de hombros. Yuuri resopló con ansiedad. —Yuuri, calma, es solo un abrazo. ¡Y mira todos los likes!

Se acercó para mostrarle todos los corazones que ya tenía su publicación, pero de repente ambos vieron una cuenta que los hizo callar. Yuuri se pasó la mano por la cara y Phichit carraspeó. Takao Fujiwara también había puesto un like junto a un mensaje con solo una carita feliz que delataba todo lo contrario. Yuuri se sintió atragantado, parecía que todo estaba moviéndose de la peor forma solo para complicarle la existencia. ¿O era él mismo quien se provocaba todo eso?

—Creo que acabo de arruinarte tu polvo fácil —comentó Phichit, ligeramente abochornado. No había calculado el alcance de su acción y Yuuri le dirigió una mirada asesina por ello.

—Quiero matarte… —Phichit sonrió con calma mientras veía la molestia de Yuuri y se acercaba para colgarse de su brazo.

—Tienes que admitir que el mensaje no dice nada comprometedor.

phichit+chu 1 hora
phichit+chu
“Si él no le guarda rencor, ¿por qué Rusia lo haría? Gracias Víctor por mostrar tu apoyo después de lo que le hicieron a mi amigo Yuuri Katsuki.”

Yuuri suspiró al leerlo de nuevo y prefirió no intentar entender los comentarios en diferentes idiomas que había allí. Solo renegó y metió sus manos en los bolsillos. Una increíble inseguridad nacía en él porque deseaba esa foto en su móvil. Era tan confusa la situación que le asustaba.

—¿Cómo te sientes?

—Muy confundido, y tú no estás ayudando —reclamó. Phichit solo volvió a encoger sus hombros.

—Las decisiones que tomaste en el pasado estuvieron basadas en malentendidos y suposiciones. Si vas a tomar nuevas decisiones, procura que sea con la verdad en la mesa, la tuya, la de él. Yo lo único que sé, Yuuri, es que solo he visto a Nikiforov moverse de su hogar para buscar únicamente a una persona en donde quiera que esté, así este esté al otro lado del mundo, o tenga que pasar por una tormenta de nieve para llegar a su lado.

Y esa persona era él; Phichit no tuvo que completar la frase porque Yuuri lo sabía. Lo sabía con tan claridad que le abrumaba saberlo. Se le hizo un nudo en la garganta, mientras la presentación del competidor chino había acabado y los aplausos caían sobre todos ellos. Jean ya estaba al lado de su padre, acercándose a la salida de la pista mientras el joven se dirigía al Kiss and Cry para escuchar el veredicto.

Su corazón latía de forma asíncrona, como si viviera a un ritmo irregular mientras el tiempo avanzaba a su alrededor. La sensación de todo lo que estaba provocándole la cercanía de Víctor, junto a lo ocurrido y todo lo que había avanzado por su cuenta, lo instaba a evaluar de forma fría todo lo que iba a hacer a partir de entonces. Porque por muchos deseos que pudiera tener de estar entre sus brazos de nuevo, de abrazarlo y sentir solo su calor y nada más, no podía tomar una decisión que pudiera afectar a ambos. Para él el tiempo no era necesario, era imprescindible.

El anuncio de las puntuaciones fue dado, y el joven chino quedó de segundo lugar, debajo de Minami. Ya su pupilo estaba más cerca de asegurar un lugar en el podio, lo cual significaría que su pase al GPF estaba asegurado. Al ver eso sus ojos se llenaron de tanta emoción que llegaron al punto de las lágrimas. Minami se lo merecía, por supuesto que sí. Había luchado mucho por ello.

—El siguiente competidor es el favorito de todos, Jean-Jacques Leroy. El público comienza a levantarse lleno de júbilo y los aplausos suenan con fuerza.

—Declaró ayer que hoy estaba dispuesto a hacer historia. ¿Será que veremos el Axel cuádruple en acción?

—Esperemos que sí. Eso sería otro emblemático momento que incluir en esta competencia.

J.J. se despidió de su padre después de un abrazo fuerte. La gente estaba completamente contagiada por la emoción mientras aplaudían y coreaban el nombre de J.J. El patinador canadiense rodeó la pista de patinaje mientras levantaba sus brazos y mostraba su alegría de estar allí. Víctor observó la secuencia en silencio, manteniendo el recuerdo de esas palabras de J.J. en la entrevista de ayer, dato que los comentaristas tuvieron la prudencia de no comentar porque eso podría alebrestar a la fanaticada rusa. Yuri se sentía muy tenso conforme observaba a Jean tomar posición en el centro de la pista.

Dirigió hacia todos mientras se preparaba. Al final, la enfocó en el punto donde pudo identificar a Víctor. Fue fácil para el ex patinador notar la intensidad de la mirada de J.J. y sintió un retorcijón en el estómago cuando este le sonrió desde la distancia. Era clara su intención de tener la atención de Víctor sobre él.

[Children — Escala]

Al comenzar a escucharse las voces de los niños, Jean solo podía recordar a su hija quien, por fortuna, se había quedado en Canadá para no tener que ver lo que él había visto. Pero ese recuerdo, esa nostalgia que habitaba en él a pesar de haberse separado por tan solo unos días, sería el empuje para su programa.

J.J. ya se movía por la pista, cargando en sus manos la figura invisible de su bebé, allí, tan clara como si no estuviera hecha de recuerdos. Jugaba con ella, la alzaba en el aire, la llevaba a su pecho y bailaba en una danza íntima a pesar de escucharse cientos de risas a su alrededor.

El recuerdo de su sonrisa vista ayer cuando Isabella la acercó a la cámara y su niña intentó darle un beso a través de la pantalla junto al sonido de su voz cantarina llamándolo papá y queriendo tenerlo allí; lo llevaba presente. La sensación de la calidez de sus pequeñas manitas que atrapaban su nariz y le jalaban el cabello para luego hacerse una bolita entre sus brazos, era uno de los recuerdos que más adoraba evocar. Collette era lo más hermoso que él tenía, era lo que, con su esposa, le daba sentido a su existencia. La razón por la que volvió a enamorarse.

A ella le prometió hacer historia. Por ella estaba dispuesto a llevar a su cuerpo al límite. Mientras jugaba con la figura de su hija en brazos, danzando, moviéndose con velocidad con su traje con el pantalón amarillo y la camisa llena de huellas que se movía con él; J.J. estaba seguro de que, por ella, haría que su nombre firme una nueva página en la historia.

Sus pies se movieron al ritmo del piano, mientras abría su pierna y la sujetaba en el aire, mostrando su equilibrio. Dio un giro, avanzó hasta deslizarse con velocidad y siguió danzando, como si no estuviera programado ningún salto. Ejecutó una secuencia de piruetas que Alain supo reconocer eran para después y comprendió entonces que Minami no sería el único en arriesgarse para puntuar. La había hecho elevando su pierna para girar a lo alto, y luego agacharse para que sus giros fueran con él sujetando su pierna y empequeñeciendo en el hielo.

Todo lo que hacía J.J. era jugar con su hija en la pista, al escondite, al corre y atrapa, a reír y a bailar mientras ella le seguía el paso. Y dando espacio para el momento que él estuvo pensando desde que habló con Isabella en la noche y le expresó su sentir cuando le dijo solo una palabra; hazlo.

Porque nadie se arriesga más que J.J.

Porque no había nadie más necio que él.

Sus pasos aumentaron la velocidad. Comenzó a patinar tan rápido que apenas era posible ver su destello. Iba rápido, muy rápido. Muchos se levantaron como si pudieran presentirlo, como si pudieran ver a través del tiempo lo que J.J. estaba a punto de hacer. Una nueva secuencia de piruetas se dio en el aire y J.J. se movía, bailaba, aumentando la rapidez de sus pasos y deslizándose hacia un solo objetivo, ajeno a la tensión que a todos comenzó a llenarles cuando veían cada vez más posible ese emblemático momento.

Todos aguantaron el aire cuando de frente, él picó el hielo y ejecutó el salto. Los ojos de todos contando los giros desde el cielo, mientras J.J., apretando sus brazos contra su cuerpo, giraba con todas las fuerzas y velocidad que tenía.

—¡Un axel cuádruple! ¡Los gritos señores! ¡El estadio se va a caer! 

—¡Estamos seguros de haber contado correctamente! ¡Fue un axel cuádruple! Señores, ¡el primer axel cuádruple clavado en competencia y ha sido el gran J.J. quien ha logrado este mérito!

La gente estaba eufórica, levantada mientras aplaudían al ritmo de la música y un J.J. lleno de adrenalina bailaba con toda su pasión sobre el hielo. J.J. estaba tan emocionado por su logro que hasta podría llorar. Se movía con soltura, sus siguientes saltos fueron fluidos y bien ejecutados. J.J. siguió con un triple flip y un triple lutz en combo y más adelante un loop cuádruple junto a un triple salchow. Lucía imparable y nadie dudaba de que su desempeño en este programa sería por mucho, el mejor.

Víctor estaba con el corazón en la garganta, paralizado. Los puntos iban en aumento conforme J.J. ejecutaba los saltos de la segunda parte. Además, lo estaba disfrutando. Estaba dejando su alma en el hielo y se sentía que era lo que más quería hacer en ese momento.

Era impresionante e imparable. J.J. tenía una forma distinta de patinar, una que ya había dejado de tenerse a sí mismo como el epicentro de sus programas. Cuando ejecutó el siguiente cuádruple, una combinación entre un loop cuádruple y un loop triple, empezaba a notarse el cansancio, pero no había intenciones de detenerse. Quería continuar, hasta el final.

—¡Y ese fue un Salchow cuádruple!

—Se nota el cansancio de J.J. a estas alturas del programa, una ligera inclinación que por lo menos pudo salvar sin necesidad de una falta grave, lo que significaría a su vez un descuento significativo.

—Aun así, no deja de bailar, de gozar su victoria que, sin importar con la medalla que se vaya hoy, ¡se remite al hecho histórico que ha dejado para toda la comunidad del patinaje!

Y eso era, la historia escrita, la emoción que se notaba en las huellas que sus cuchillas dejaban en el hielo. Leo estaba muy entusiasmado, aun sabiendo cuán difícil sería quedarse en el podio. Aplaudía conmovido al ver a sus compañeros surgir de las cenizas, venciendo la oscuridad del odio para mostrar lo que el amor podría provocarles hacer. Seung-Gil, en cambio, no pudo apartar la mirada del patinaje de J.J., mientras en su pecho se encendía una llama perenne al ver por fin una competencia real. Phichit, quien apenas podía superar el asombro de ver aquel salto en vivo, dirigió la mirada hacia Yuuri, quien se encontraba a poca distancia. Minami había salido del pasillo para ver la presentación de J.J. con sus propios ojos, estando ahora parado al lado de Yuuri, quien ahora lucía la clara expresión de tener el deseo incontenible de tomar los patines y competir de nuevo.

Y eso era lo que realmente le provocaba. Competir, continuar, volver a estar en el hielo y sentir el viento en la cara. J.J. acabó su maravillosa presentación sumamente agotado, pero con los brazos en altos, mientras el estadio se conmocionada ante los miles de gritos que cayeron sobre él a modo de felicitaciones y los regalos que volaban a sus pies.

Yuri, pálido, se quedó en silencio mientras escuchaba aquella muestra de apoyo y emoción que todos le daban. Había visto la ejecución de un salto que él ni siquiera se había atrevido a intentar. Y mientras todos se ponían de pie, aplaudiendo la increíble hazaña, Yuri no estaba seguro de si hacer lo mismo, aunque muy por dentro, además de la aversión que sentía por J.J., también surgía en él un merecedor reconocimiento por lo que este acababa de hacer.

—¡Esto ha sido impresionante! ¡J.J. es recibido por su padre, quien está con lágrimas de orgullo por lo que su hijo acaba de hacer!

—Aquí está la repetición del emblemático salto, un salto que, sin duda alguna, demuestra las habilidades de este excelente patinador.

—¡J.J. se ha consagrado como el rey del hielo!  

El rey del hielo. J.J. había cumplido con su amenaza. Había logrado sepultar a la leyenda sobre el hielo, Víctor Nikiforov, en sus propias tierras. Y a nadie le quedaba duda de ello.

Pero, fuera de todo pronóstico, fue Víctor quien se levantó, ayudándose de Mila para poder ponerse de pie, y dirigió su mirada a J.J., quien estaba aún disfrutando de su momento. Incluso, en medio de su euforia, J.J. llegó a abrazar a Yuuri, con fuerza. Las cámaras los mostraron mientras celebraba con sus pares japoneses lo que había logrado hacer. Víctor, al encontrarse sobre sus pies y resintiendo menos el dolor de su rodilla, se mantuvo en un silencio tenso mientras una de las cámaras lo apuntaba, esperando algo. Y él comenzó a aplaudir con aún la bandera japonesa en sus brazos en señal de apoyo por lo ocurrido. No tardó nada para que los fanáticos rusos lo siguieran.

—La leyenda del patinaje, Víctor Nikiforov, se ha unido a los aplausos de todo el público.

—Incluso la barra rusa, que se había mantenido en silencio, se ha levantado para unirse a estos aplausos en nombre del nuevo rey del hielo.

—¡El resto del equipo ruso se ha levantado para seguirlo! ¡Qué momento tan histórico!

Y J.J., incrédulo, veía ese instante en el que por fin la atención de Víctor Nikiforov estaba sobre él, tal y como la hubo buscado durante tantos años, mientras era relegado por este mismo una y otra vez. Estar frente a la mirada de reconocimiento de uno de los grandes, llenó su corazón de orgullo y satisfacción, al punto que sintió de nuevo esas ganas de llorar llenarle las mejillas de corriente eléctrica.

Yuuri miró el gesto de Víctor que fue televisado junto a la emoción escrita en el rostro de J.J. frente a él y escuchó su propio corazón latiendo con fuerza en medio de esa celebración. Yuri, por el contrario, sintió más vívidamente que nunca, que aquel era el momento decisivo en que debía de dar todo de sí. Porque, al ser testigo de tal brutal competencia, se le hizo evidente la realidad de que el tiempo no se detenía, y que, quisiera o no, él ya se había quedado sin tiempo para dudar.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu sitio web con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: