Matryoshka II (Cap 31)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 31. Copa Rostelecom. Nos alcanzó el odio

Los fanáticos ya estaban preparados para recibir a sus patinadores. En el primer grupo, Minami, Leo de la Iglesia, J.J y Alexis se batirían por los primeros lugares, antes de que el segundo grupo se presentase, donde se encontraba Seung-Gil esperando. La prensa estaba como loca buscando nuevas primicias, pero con la que acababan de obtener del noviazgo de Seung-Gil parecían tener suficiente para esperar hasta los nuevos resultados.

En la categoría de parejas, ya Canadá había mostrado de nuevo su supremacía, dejando atrás a Alemania y a Rusia en los respectivos dos lugares consecutivos. Aún había posibilidades del oro, pero Canadá se mostraba negada a cederlo tan fácilmente. Eso era lo que comentaban los periodistas.

Morooka Hisashi se encontraba entre los pasillos, caminando con su camarógrafo de un lado a otro ahora que no le tocaba fungir como comentarista. Representando a TV Asahi, necesitaba saber los detalles de lo ocurrido. Claro que le había ofendido de una forma profunda el repudio que recibió Yuuri Katsuki al llegar al rink, pero era un profesional, y como tal, necesitaba actuar en consecuencia. Como periodista, estaba en su deber el decir la verdad, pero debía tener cuidado para que esta verdad no fuera tergiversada.

Caminó rápido cuando pudo reconocer en los pasillos a quien buscaba: el representante de la FFKK Dmitri Bukin. Se acercó con prisa, y lo abordó con una sonrisa cordial mientras le daba señales a su camarógrafo para que no lo siguiera.

—Sr. Bukin, ¡un gusto saludarlo! —Dmitri se mostró incómodo con el abordaje, pero respondió al apretón y miró con suspicacia a la cámara—. ¿Nos puedes dar unos minutos de su tiempo para hacerle unas preguntas?  

—Solo unos minutos, Sr. Hisashi —el periodista asintió y dando señal a su compañero, el camarógrafo se apresuró a apuntar la cámara mientras Morooka se posicionaba al lado de Dmitri, quien se entretuvo acomodando su propio saco.

—Aquí, Hisashi Morooka, desde el Mega Sports Palace, estamos a minutos de iniciar la categoría masculina en el programa corto de patinaje. Pero antes queremos tener unas palabras del Sr. Dmitri Bukin, miembro representante de la federación rusa de patinaje. ¿Cómo se encuentra hoy, Sr. Bukin? ¡Estamos todos muy ansiosos por esta competencia!

—Muy contento, Morooka. Estamos seguros de que vamos a tener unas competencias emocionantes, y todo nuestro equipo está trabajando para que podamos disfrutar todos del talento de todos los jóvenes del mundo que han llegado a este punto. También poder conocer quienes se acercarán al Grand Prix Final de Marcella.

—Todos estamos muy emocionados para ver esos resultados. Sin embargo, hemos visto que los refuerzos de todos los puntos de seguridad han sido aumentados para esta competencia —el micrófono fue extendido hacia Dmitri, quien endureció su semblante.

—La FFKK tiene como máxima prioridad el garantizar que todos los invitados, miembros del cuerpo técnicos, atletas y entrenadores, se sientan seguros dentro de nuestro país. Estamos trabajando en ello.

—¿Qué puede opinar usted sobre el recibimiento que la fanaticada rusa ha demostrado a algunos de los atletas y entrenadores extranjeros? ¿Cómo por ejemplo a Yuuri Katsuki, entrenador del patinador Minami Kenjirou y representante de Japón?

—Es lamentable que el fanatismo de algunos afecte a la pasión que todos los rusos tenemos a este deporte —la cámara enfocó a Dmitri—. Nosotros como federación respetamos a todos los entrenadores, patinadores, promotores, cuerpo técnico y jueces del extranjero. Estamos trabajando para que todos se sientan seguros y que casos como éstos no afecten a la competición.

—Sr. Bukin, ¿la FFKK tiene pensado hacer algún anuncio al respecto por los medios de comunicación de Rusia para aplacar un poco a la fanaticada de su país?

—No lo creemos necesario. No queremos que el evento se vea empañado por lo que considero solo una eventualidad.  No hay más preguntas.

Morooka apretó la mandíbula, pero respiró hondo y se despidió cordialmente del representante. Le costó volver a mirar a la cámara sin que la aversión de las respuestas dadas se notara en su semblante.

—Y éstas han sido las respuestas del Sr. Bukin. Nosotros podemos asegurar que los esfuerzos de la FFKK para mantener la tranquilidad de todos los miembros de este evento son bastantes elocuentes. Recuerden que ahora empezaremos con el programa corto masculino, donde nuestros representantes, Minami Kenjirou y Hikari Fujiwara, estarán compitiendo con otros participantes internacionales por el oro. Minami Kenjirou solo necesitaría entrar al podio, para asegurar su pase al Grand Prix Final.

Ante la señal del camarógrafo, Morooka soltó el aire y agitó la cabeza. Le repudiaba el hecho de que la FFKK no hiciera nada e incluso, no hablaran directamente de Yuuri, mostrando su desaprobación ante lo ocurrido. Y para empeorar su ánimo, estaban sus redes sociales, atestadas de mensajes japoneses con fanáticos de todo el territorio preguntando si lo que pasó en las redes era cierto. Al parecer hubo videos filtrándose, más algunas alocuciones internacionales sobre lo ocurrido.

Querían una respuesta oficial.

—¿Qué esperamos para darla? —preguntó el camarógrafo, mientras se rascaba la nuca.

Ya los anuncios estaban empezando y el primer grupo estaba abandonando la pista de hielo luego de realizar su respectivo calentamiento. Morooka, desde su posición, vio a Minami dejar la pista para acercarse a Yuuri y compartir un apretón de manos. Se colocó los protectores rojos sobre la cuchilla y ambos avanzaron apartándose de la salida para esperar su turno.   

—No podemos aún. Estoy esperando instrucciones de la JSF que están deliberando. —Y al ser un miembro oficial, Morooka no podía actuar por su cuenta—. Parece que están pensando en hacer un anuncio oficial.

—¿Un anuncio oficial? 

—Sí, es que el Sr. Izumi Mori considera que este hecho no puede ser tratado como un caso aislado, que ya Yuuri Katsuki ha tenido problemas aquí en Rusia desde que Víctor Nikiforov se convirtió en su entrenador. Y que ya ha sido suficiente indulgencia.

El camarógrafo asintió, dando completa razón al pensamiento de la federación japonesa al respecto. Morooka, secretamente, opinaba lo mismo. Nadie hizo nada cuando la bola de nieve comenzó a formarse, y ahora parecía algo demasiado grande para sostenerlo unos pocos. Estaba bien si la FFKK se limitaba a seguir los protocolos de seguridad para garantizar la tranquilidad de todos, pero la JSF no debería quedarse así. Después de todo, Yuuri Katsuki era la estrella japonesa en patinaje, y quien dejó en alto la bandera de Japón. Ahora más que nunca, necesitaba sentir ese respaldo.

Morooka suspiró mientras se acomodaba el abrigo para palear el frío del estadio. Volvió la vista hacia las pantallas que mostraban el orden de los patinadores del primer grupo.

—Pero, según escuché, por la nevada ya tuvieron que retirarse algunos —Morooka asintió en respuesta—. Eso es una buena noticia.

—Pero mañana pueden volver y si no hubo ninguna contramedida hoy, puede ser incluso peor. Yuuri Katsuki no merece caminar entre ellos y escuchar esos insultos de nuevo.

La apertura del evento dio comienzo, y el representante de China se preparó para entrar a la pista. Desde allí, Minami ya estaba haciendo otro conjunto de estiramientos para entrar, ya que su programa se llevaría a cabo después de Leo de la Iglesia y Alexis Bogdesko. El segundo grupo esperaba dentro de los pasillos.

Sin embargo, las únicas personas preocupadas por los eventos no eran los extranjeros que buscaban cada uno guardar su posición para abocarse en la competencia. Petra Kudryavtseva esperó la entrada de Dmitri Bukin junto a varios representantes por el pasillo oficial y emprendió una caminata rápida para alcanzarlo. Dmitri se veía con el ceño fruncido marcando una gruesa línea en su frente, y los ojos visiblemente opacos. El hombre, al notar la presencia de la periodista se apartó del resto.

—Luce preocupado, Sr. Bukin —dijo la mujer al acercarse. Por supuesto que estaba preocupado, porque nada podía salir mal en un evento internacional y ya el gobierno ruso había dado instrucciones, amenazando con degollar a cualquiera que fuera responsable de algún altercado que pudiera traer conflicto con los países de los jóvenes patinadores.

—Ha sido un evento más extenuante de lo que suele ser.

—¿Qué hará la FFKK con lo que sucedió con Katsuki? —arremetió la periodista de inmediato, sin mediaciones. Bukin arrugó de nuevo el entrecejo al dedicarle la mirada.

—No hay nada que hacer, solo fueron fanáticos molestos en las afueras del estadio.

—Escucha, Dmitri —Petra se acercó e hizo el ademán de apartarle una pequeña pelusa en el costoso abrigo—. Si algo así hubiera pasado con Víctor Nikiforov en Japón o en cualquier parte del mundo, todos los medios rusos estarían hablando una y otra vez de la terrible ofensa que le hicieron a nuestra estrella. El gobierno ruso, hubiera presionado hasta que el gobierno de Japón, o del país donde ocurrió tal agravio, se disculpara. Disculpas en todos los medios, comunicados oficiales, y demás —movió la mano en el aire, para darlo a entender mejor. El rostro de Dmitri se veía impenetrable—. ¿Qué le hace pensar que Japón hará lo contrario con su estrella?            

—No pensé que fuera fan de Katsuki —dijo con desprecio comedido y Petra mostró una mueca.  

—No lo soy. Soy fan del patinaje artístico y como tal, reconozco quien fue Katsuki para el patinaje en los últimos años. Si los fanáticos de Rusia son incapaces de recordarlo, alguien debe hacerlo. Pensé que la FFKK era la indicada. 

—¿Por qué no lo haces tú, querida Petrushka? —Jugó con uno de los bucles de la periodista y ella respondió con un manotazo. No iba a aceptar adulaciones de ningún tipo de nadie—. Aunque eso podría hacer que tu voz perdiera fuerza para el periodismo ruso y los fanáticos. Dudo que vean con buenos ojos que su reina de deporte les diera la espalda a ellos.

—No soy una reina del deporte, Sr. Bukin. Le recuerdo que soy periodista.

—Entonces esté en el estadio viendo los resultados. La FFKK hará lo que está en sus manos, que es proteger la integridad del evento. Créame que suficiente tengo con la presión que mis superiores y el gobierno ruso junto a la ISU tienen sobre mí, como para sumar la de una periodista.    

Dmitri se apartó sin mediar más palabras, dejando a Petra tan ofuscada, que una línea se había formado en su entrecejo. Le gustaría estar exagerando, pero ya había visto a varios representantes de la JSF moviéndose y nada bueno podía venir de aquello. Ya habían sido demasiados los escándalos que Rusia había protagonizado a lo largo de esa última década.

Víctor estaba pensando seriamente en la compra de un auto, cuando llegó a aparcar en el complejo del Sports Champion Club. Si seguía rentando uno para cada cosa que le tocara hacer, terminaría despilfarrando el dinero. Nunca le había llamado demasiada la atención antes, pero se estaba convirtiendo en una necesidad ahora que sus ingresos no eran tan escandalosos como solían ser.

Pensándolo bien, le sorprendía que sus tarjetas de crédito no hubieran sido cerradas por el tiempo que estuvieron sin uso, y que no hubiera recibido de los bancos ningún tipo de aviso de endeudamiento. Ellas habían sido bloqueadas y pagadas en la fecha justa, tampoco estaba con problemas de los recibos de servicio y ahora que recordaba, no había estado al pendiente del pago de impuesto tampoco. Dudaba que su contador hubiera hecho todo sin su permiso y autorización, pero entonces ¿qué era lo que había ocurrido?

Cada vez que hablaba con Regina, se daba cuenta que las cosas no habían sido tan simples en su vida como caer en depresión y esconderse del mundo. Porque antes de eso Víctor Nikiforov tenía incontables bienes, contratos de afiliaciones, promotores y compromisos. Deudas que fueron pagadas, recibos que fueron confirmados, contratos que fueron cerrados según las cláusulas sin ningún tipo de multa… Y si, pensó, su dinero en las cuentas bancarias había servido para subsanar todos aquellos gastos inesperados, no podría haber quedado tanto si también de allí salieron los pagos del seguro y las operaciones por su rodilla.

Tendría que investigarlo, ver quien se encargó de los pagos, quien autorizó sus impuestos, quién cerró sus contrataciones y congeló sus tarjetas hasta que él las volvió a usar.  Estaba seguro de que Yakov hizo parte del trabajo, pero dudaba que pudiera hacerlo todo tomando en cuenta la presión y carga que tenía con los competidores.

Cuando bajó del automóvil, vio a Yuri desconectar el cable para la carga de su móvil, que se había descargado en medio de su consulta. Había sido un llamado de atención duro para ambos por parte de Regina quien, tras haberlos escuchado a cada uno de forma individual, les había hecho saber el tiempo que estaban perdiendo en pensar sus errores en lugar de ver cómo mejorar su desempeño para competir. Regina les hizo saber que debían enfocarse, y aunque ambos lo sabían, escucharlo de ella le daba un peso particular. Además, estaba el hecho de que debía aprender a trabajar en equipo sin demora alguna. Para ello, ella había preparado varias actividades que debían ejecutar mientras cumplían con sus terapias individuales.

Así habían quedado, una mañana Víctor, otra Yuri y luego una mañana en conjunto. Víctor tendría que reorganizar la agenda de Yuri para acomodar las prácticas que ahora serían vespertinas, y las demás obligaciones que tenían. Sobre todo, ahora que los patrocinadores estaban mostrándose interesados en seguir apoyándolos si es que en Francia mostraban un mayor desempeño.

Al entrar a la pista, la ausencia de Georgi y sus estudiantes llamó su atención, pero no dijo nada. Víctor dejó su morral en las gradas y Yuri miró con bastante incomodidad esa soledad en la pista. Más al haber recibido montones de notificaciones de llamadas perdidas de Mila en su móvil.

—Algo no está bien —gruñó y se apresuró a avanzar hacia el comedor, para ver si se encontraba allí. Víctor se limitó a fruncir el ceño.

En efecto, el equipo a cargo de Georgi estaba en el comedor, viendo los avances de la Copa Rostelecom a través del televisor. Estaban sentados con el rostro serio, todos, incluso Louis. Cuando notaron la presencia de los recién llegados, Mila fue la primera en levantarse para saludar efusivamente a Yuri, mientras Víctor enfocaba su mirada desinteresada en el televisor. Estaba la presentación de la joven promesa Alexis, pero por lo que podía ver, ya había tenido un par de errores y no había sumado suficientes puntos técnicos. Fue inevitable marcar la mueca de decepción.

—Te estuve llamando… —comentó Mila, abrazada aún bajo el brazo de Yuri.

—¿Qué ven?

—La presentación de Alexis Bogdesko, no le ha ido tan bien —respondió Georgi a la pregunta de Yuri mientras veía a Víctor tomar asiento frente a la mesa—. No hemos podido enfocarnos en entrenar por ver la competencia.   

De repente, Louis alargó su móvil hacia Víctor, imperando con la mirada que lo viera. Víctor lo miró sin comprender, pero tomó el móvil y observó, antes de reproducir la página donde había sido publicado. Apretó su tabique antes de acomodarse mejor para verlo, sintiendo detrás de él la sombra de Yuri quien se había acercado por curiosidad.

—Queríamos informarles de eso.

Víctor le dio play, y pudo ver entonces una revolución en la pantalla. La cámara del teléfono buscaba la manera de sobrevivir ante los varios impactos que la persona recibía intentando mantenerle el control de la cámara mientras grababa. También, se escuchaba la clara voz de una mujer gritando “Vete cerdo”, “Te odiamos”, “Eres un traidor”, “No queremos cerdos en Rusia”. Con ella había más voces repitiendo lo mismo y sí, era posible ver aun con el tumulto, la emblemática chaqueta japonesa que debía cargar Minami Kenjirou. Los dos eran imposibles ver por el ángulo de la cámara.

Yuri palideció, y apretó con furia contenida el espaldar de la silla donde Víctor estaba sentado. Su rostro se había transformado para expresar su profundo odio ante lo que estaba ocurriendo, sobre todo cuando el video se repitió, y ya preparados para ver lo que vendría, fueron capaces de detallar otras cosas, como las pancartas de odio, e incluso un par de máscaras de cerdo por entre el tumulto.

Víctor, en cambio, estaba callado. Había fruncido el ceño y volvió a sacar el video, solo para ver lo que decía la publicación.

IceQueenNikiforov 5h
IceQueenNikiforov Digno recibimiento para el cerdo de Rusia. ¡Nunca había odiado a alguien como a él!

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“Ese maldito asqueroso debería ya estar agarrando un avión camino a Japón. Todas esas ratas amarillas, ¡creen que puede imitar al gran Nikiforov aquí!”

“Yo espero que el maldito de su estudiante se caiga y se parta la columna. ¡Que sienta el karma!”

“IceQueenNikiforov, estoy muy orgullosa de usted. Digna representante de nosotros los verdaderos fanáticos del patinaje ruso. Ese maldito no merece pisar suelo de nuestra patria. Mucho menos pretender que ahora es entrenador. ¡Los Japoneses no pueden contra nosotros!”

“Y eso que aún no ha llegado lo bueno. ¡Ya estoy listo para cuando empiece!”

“Esto es solo una pequeña muestra de todo lo que podemos hacer. ¡Queremos a ese cerdo fuera!”

“Es una rata rastrera que se aprovechó del buen corazón de nuestro Víctor Nikiforov y lo destrozó en el proceso. Un parásito que todo lo que hizo fue destruirlo para lograr su cometido.”

“¿Nadie pudo estar más cerca como para darle un escupitajo? ¡Eso hubiera sido épico!”

—¿Y éstos se hacen llamar mis fanáticos? —dijo Víctor, con un desprecio tal que fue visible en el tono de su voz—. ¿Ya avisaron a la policía? 

—La policía me dijo que no hay mucho que hacer, habría que llamar a la brigada de delitos cibernéticos y levantar una demanda con pruebas y demás, para ver cuánto nos toma conseguir a los culpables, pero, no parecieron muy interesados. También llamé a la federación FFKK para alertarles, y todo lo que me dijeron es que ya estaban al tanto y que habían incrementado las medidas de seguridad.

Georgi había hecho lo que se podía hacer en un caso así, pero aun sabiéndolo, Víctor lo sentía insuficiente. A estas alturas ya no se trataba de mensajes por webs y redes sociales. Habían llegado tan lejos como para recibirlo de ese modo, ahora podían esperar cualquier cosa y las posibilidades sonaban aterradoras para todos.

Preocupado, Víctor se pasó la mano por el cabello mientras el joven Alexis salía de la pista, visiblemente abrumado por su mala presentación. Pero Víctor tenía la mirada fija en el público, pensando en qué más se podría hacer en un caso así.

¿Sería demasiado tarde para llamar a una rueda de prensa y pedirles respeto a los competidores?

¿Valdría aún su palabra o sería ignorado?

Un video en su red social podría funcionar… mostrando su aversión al hecho, pidiéndoles que detuvieran esa situación. ¿Qué diría? ¿Por qué estaba dudando tanto?

“No sé, Víctor Nikiforov, leyenda del patinaje ruso, cinco veces campeón mundial, dos veces campeón olímpico… ¿Qué podrías hacer para defender a tu pareja de tus fanáticos? Si no lo sabes tú, ¿qué puede saber esta anciana?”

Las palabras de Regina volvieron, así como sus ojos conocedores, su sonrisa ligeramente altanera. Víctor se obligó a tragar. ¿Qué podría hacer él? ¿Qué le impidió hacerlo antes?

Decidió hacer algo, lo que fuera, aunque se viera infructuoso. Las respuestas del pasado después tendrían tiempo de responderlas, pero en ese momento, se requerían acciones. Así que se apartó, para empezar a escribir lo que se podría llamar un testamento, que pensaba publicar en todas sus redes sociales. No sin antes haberle escrito un mensaje a Yuuri preguntando por él y su bienestar. Uno que no llegó porque el móvil del joven entrenador estaba apagado.

Alexis Bogdesko esperó las puntuaciones cabizbajo, apretando sus puños contra el pantalón deportivo mientras controlaba sus lágrimas. Algunos abucheos se escuchaban aún entre el público, y Yuuri tuvo que mirarle con lástima, porque había reconocido el nerviosismo con el que el muchacho había entrado al hielo. La presión que debía sentir por parte de Rusia debía ser demoledora. Yuuri mismo la había experimentado en su momento, así que entendía y consideraba al chico pelirrojo por la situación.

Mirándolo con tristeza mientras el ruso esperaba en el Kiss and Cry, sintió la mano de Leo apoyarse en su hombro cuando estaba acercándose para moverse a la salida, ya que le tocaría patinar.

—¡Oh Yuuri! —emuló una falsa mueca dramática, y Yuuri le miró con una ceja enarcada—. ¡No puedo estar cerca de ti! —puso el dorso de su mano en la frente—. ¡Imagina! ¡María Laura dirá que también le soy infiel contigo!  

Yuuri rio, inevitablemente, aunque trató de mantener la compostura. Leo sí soltó una carcajada cantarina. Detrás, se escuchaba el anuncio de los puntajes que dejaron a Alexis en el tercer lugar, por debajo de los anteriores patinadores que habían ingresado al hielo.

—Bueno, al menos cumplí eso de ser un tazón de cerdo seduce hombres —la carcajada de Leo volvió a escucharse, divertido al escuchar a Yuuri de tan buen humor a pesar de todo.

—Me alegra que lo estés tomando así. No dejes que tantos imbéciles te afecten —apretó la mano en el hombro de Yuuri, y éste asintió en respuesta—. Esta presentación será para ti, aunque la había hecho para Emil, tú, hoy te la mereces.

—Eso es demasiado honor, Leo… Emil ha pasado por más cosas.

—No se trata de pasar por más o menos cosas. Todos pasamos por nuestras batallas, y es importante cada vez que ganamos una.

Leo se despidió con un guiño a Yuuri, para acercarse a su entrenadora que ya le daba señales de avanzar, porque era momento de hacerlo. Ya su nombre estaba sonando por los parlantes, y Leo se dio tiempo de entregarle la chamarra de Estados Unidos, para mostrar su traje. Cargaba un pantalón negro que tenía varios diseños de hebillas a lo largo de sus muslos, muy ajustado, tanto que denotaba cada fibra de esos músculos endurecidos. Mientras que arriba, tenía una camisa negra del mismo material de vinilo elastizado, con hebillas doradas en sus brazos y un cierre diagonal que llegaba hasta su cuello. Tenía su cabello recogido y atado fuertemente a su cabeza, con varias trenzas que caían sobre su nuca. Sus ojos llevaban un dramático maquillaje de sombras que le daban un aspecto más sombrío.

Leo abrazó con fuerza a su entrenadora y luego salió al hielo, entre los aplausos de la comitiva que venía de América, incluso parte de la de Canadá, que al ver a Leo en varias oportunidades acompañando a J.J, le tenían gran estima.

Al encontrarse en el centro de la pista, después de los respectivos saludos rodeando la barrera, Leo se posicionó preparándose para la presentación. Sus manos hicieron una “x” sobre su pecho, dejando a su pierna derecha flexionada al costado, de tal forma que su cuerpo se deslizara hacia ese lado, y su pierna izquierda quedara extendida en el hielo. Así esperó, entre el silencio de todos, el inicio de su presentación.

[Unstoppable — Sia]

Al inicio de la canción, Leo soltó ambos brazos hasta lanzarlos hacia atrás, y mover su cabeza como si descansara de una posición muy incómoda. Hizo un círculo con su pierna extendida en el hielo, antes de romper por completo la posición y empezar a deslizarse de espalda. Leo de la Iglesia sabía quién era y que, enfrentándose a tres monstruos de la competitividad, debía dar lo mejor de sí para hacer frente a la dura batalla. Se sabía que no era el mejor del mundo, y que no tenían mayores premios que mostrar, pero estaba seguro de que cada vez que pisaba el hielo, ese era su escenario. Y él amaba bailar.

Leo ejecutó un precioso triple Loop y aterrizó con ligereza en el hielo, alzando los brazos mientras daba vuelta para empezar a patinar de frente. Sus manos se movieron, como si estuviera liberándose de otros brazos que querían oprimirlo, mientras daba vueltas en su eje y pequeños saltos sincronizados con la melodía electrónica. Sabía lo difícil que era enfrentarse a las habladurías, a los chismes, a los comentarios mal intencionados. Él tuvo que pasar eso en menor medida. Y eso lo mostró con un par de piruetas que soltó con el inicio del coro.

Con el cambio del ritmo, su cuerpo se movió al son de la música. Su cabeza se meció al son de la percusión, y se deslizó en la pista para abarcar mayor espacio. Saltó una pirueta alta, donde dio varias vueltas antes de agarrar su pierna y cerrarla aún más. Luego la liberó, saltó alto, y como si estuviera bailando, punteó sus patines en el hielo y volvió a deslizarse, tomando velocidad.

Leo era simplemente Leo. No necesitaba compararse a nadie para ser él, auténtico. Amaba el patinaje, amaba bailar y amaba estar allí. Por eso, al ejecutar el nuevo combo de un triple flip con un loop y un doble salchow, aterrizó con seguridad y extendió tanto brazos como piernas en el hielo. Así, él lucía libre, sin ataduras, completamente sereno aún a pesar de saberse estando en un lugar extranjero. Quería disfrutarlo, quería vivirlo, porque todo su esfuerzo lo había llevado a tener esa oportunidad.

Yuuri disfrutaba del patinaje, con Minami a su lado, quien estaba haciendo sus últimos estiramientos. La letra de la canción le daba fuerzas para seguir enfrentando gallardamente toda la situación, ya que al final, solo eran opiniones. Nada podría tocarlo, nada podría vencerlo, nada podría derrumbarlo. A estas alturas, nada.

Inició un conjunto de vueltas en su eje, primero con su pierna extendida, para recogerla y finalmente bajar hasta tomar su pierna en el filo del hielo. Se levantó, y comenzó a agarrar fuerza y velocidad, para ejecutar un cuádruple salchow que clavó con una ligera inclinación que, sin embargo, no significó una caída. Leo no se detuvo por ello, y siguió bailando. Moviendo su cuerpo al ritmo de la música, sonreía al público mientras iba soltando sus piernas y sus brazos para mostrar una verdadera pelea.

Leo aplaudía en el cielo mientras se deslizaba, preparándose para otro combo donde se incluía dos triples y un sencillo. La coreografía de Leo incluía no solo sus brazos y sus piernas, su cabeza y sus expresiones estaban sincronizadas para mostrar, a través de movimientos rápidos y emotivos -inspirados en la danza contemporánea-, la batalla a la que se enfrentaban todos los patinadores cada vez que salían al público.

—El participante Leo de la Iglesia vuelve a demostrar su fascinación por el baile y la música, en una presentación nuevamente realizada por él.

—Así es, Bladimir. De nuevo ha sido el coreógrafo de esta presentación, además de haber colaborado con las coreografías de tres patinadores más. Sin duda alguna, ¡Leo demuestra su enorme talento en el hielo! 

Llegando cerca del final, Leo se sentía complacido por el resultado. Los aplausos de parte del público le impulsaron a mostrar lo mejor, sobre todo en la segunda secuencia de pasos, donde los movimientos de popping rápidos, le otorgaban puntajes en la parte de presentación. Leo estaba en su escenario, disfrutaba estar bajo el reflector. Sabía que durante esos dos minutos y cuarenta segundos que duraba su rutina recortada, él era el principal de esa presentación. Y así, fruto de la emoción y la adrenalina, cambió el último combo por un arriesgado cuádruple Toe Loop que clavó, contra todo pronóstico, provocando que la barra americana se levantara eufórica, a pesar de que los rusos se mantuvieron sentados.

—Es increíble que después de ser uno de los pocos patinadores sin haber incluido un cuádruple en la rutina, ahora sea capaz de clavar ¡y tres! Esto ha sido bello de ver.

—El público está enloquecido. ¡Se han levantado y bailan al ritmo de Leo en el hielo! ¡Leo se ha convertido en la estrella del momento!

Y Leo se deslizaba con velocidad en el hielo, bailaba y disfrutaba del viento y la velocidad que tomaba su cuerpo, para saltar en un par de elevaciones dinámicas y luego girar sobre su propio eje, con sus manos tomadas en alto. Las ovaciones y los gritos de los fanáticos estaban allí, acompañándolo al final de la secuencia, hasta que, al cerrar la presentación, alzó los brazos al aire, completamente feliz de haber conseguido su objetivo.

El estadio estaba complacido, tanto la barra canadiense como la americana aplaudía y elogiaba el acto del patinador, quien presentaba sus respetos con inclinaciones. Yuuri se había unido a los aplausos, también emocionado con el entusiasmo y lo mucho que había mejorado Leo. Era increíble la sensación de estar allí, atestiguando lo mucho que habían crecido todos ellos, y él allí, como parte aún de esa historia. El sueño que había tenido días atrás cobraba mayor significado.

—¡Preciosísima presentación de Leo de la Iglesia, que ha contagiado a todos los presentes con su buena energía!

—Ahora Leo es recibido por su entrenadora, quien debe estar orgullosa del enorme crecimiento del patinador.

—Ya el patinador Leo de Iglesia está en el Kiss and Cry esperando su evaluación, mientras que Minami Kenjirou se prepara para mostrar su programa corto, Fuego.

Minami y Yuuri caminaron hasta la entrada de la pista, mientras los pequeños patinadores recogían los regalos lanzados a la pista de hielo para Leo de la Iglesia. Yuuri tomó la chamarra japonesa y los protectores rojos, para que, en el momento en que Minami puso sus patines sobre el hielo, pudieran ambos hacerse a un lado de la salida para darle el paso a los pequeñines cuando fueran a regresar. Allí, se tomaron las manos con fuerza.

—¡Merecido puntaje! —gritó el comentarista, exaltado, mientras el público gritaba con emoción al ver como Leo de la Iglesia subía al primer lugar, en medio de las ovaciones de todos.

J.J, a un lado, aplaudía contento por el triunfo de su compañero mientras las cámaras mostraban a Leo celebrando con su entrenadora. Yuuri aprovechó ese instante de júbilo entre ellos para estrechar su frente contra la de Minami y alborotar los cabellos en la cabeza de su alumno para tranquilizarlo, ya que empezaba a sentir los nervios típicos de la competencia fluir.

—No voy a quitarte los ojos de encima —le aseguró—. Quiero ver tu fuego, Minami. Ahora… danza para ti y para mí.

Minami asintió, con las energías renovadas al escucharlo. Con un último impulso, Minami soltó la barrera y Yuuri lo vio orgulloso mientras le veía deslizarse con soltura hacia el centro del hielo. No había muchos aplausos hacia él, suponía porque eran más fans de Leo que de Minami, sin embargo, el joven patinador de Japón no lucía preocupado por ello y a pesar de todo, siguió saludándolos a todos como si se trataran de fanáticos de Japón.

J.J se acercó a Yuuri con una sonrisa tranquila al mirar al ahora entrenador atento a lo que ocurría en la pista. Pensaba decirle algo, pero al estar tan concentrado, prefirió no interrumpirlo y hablarlo después.

—Con las calificaciones de Leo de la Iglesia, vemos que la competencia empieza a mostrar su verdadera cara. Y eso que no hemos visto a los dos favoritos actuar: Jean Jacques Leroy por Canadá y a Minami Kenjirou por Japón.

—En este momento, el patinador japonés ya se encu… ¿Qué sucede?

El silencio que debió preceder a la presentación de Minami duró poco, porque antes de lo previsto, en las gradas hubo un escándalo que provocó que todos voltearan a ver qué pasaba. La seguridad se apresuró de inmediato hasta ese punto, donde varios fanáticos de la tribuna americana habían caído sobre unos fanáticos que ondeaban la bandera rusa. Las cámaras buscaron enfocar el evento, pero los focos se fueron multiplicando en distintas partes del escenario, extendiéndose como si se tratara de una reacción en cadena. Yuuri buscó con la mirada entender lo que ocurría, logrando ver solo algunos puntos rosados entre otros colores y negro.

En cambio, Mari, quien estaba en las gradas, sí logró verlo y su sangre ardió dentro de sus venas. Atoró un grito cuando intentó lanzarse encima de aquella rusa, antes de que Minako lograra atajarla.

Había una máscara de cerdo mirándola. Minako palideció frente a la imagen mientras hacía esfuerzos sobrehumanos por contener la furia de Mari.

—Esos son… ¿máscaras de cerdo? —dijo el comentarista con la voz atorada.

—Estamos muy confundidos, no entendemos qué ocurre, pero ya la seguridad se está moviendo para sacar a los que están iniciando el boicot.

—La música sonó, pero el patinador Minami Kenjirou no se ha movido de su posición. ¡Debe de estar tan confundido como nosotros!

Confundido no… aterrado. Minami veía impresionado como la gente se movía semejante a una colonia de termitas cuando era destapado un viejo mueble en deterioro. Había gritos, incluso logró escuchar algunos golpes mientras veía a los oficiales apresurarse para sacar a la gente del recinto, todos aún inseguros de lo que estaba pasando. Entonces escuchó el sonido de algo caer cerca de él, y al voltear, allí estaba. Era una máscara de cerdo horrenda, hecha de un simple plástico común; pero suficiente para enervar su espíritu.

En medio de la terrible escena que ocurría, Yuuri corrió para acercarse a la salida de la pista, llamando a Minami con desesperación. Él las había visto, había visto las máscaras. Supo que era un ataque a él, era una nueva muestra de cuánta repulsión sentía Rusia por él. Yuuri no entendía qué más aparte de eso había provocado el rebullicio; pero, tenía su corazón disparado, palpitando con tanta fuerza que sentía se le iba a salir al escupirlo por la boca. Volvió a llamar a Minami antes de sentir el tumulto a su espalda. Minami había volteado al escuchar a su entrenador, pero todo lo que ocurrió fue demasiado rápido. Estaba demasiado lejos como para tan siquiera intentar evitarlo.

Si no fuera por la cámara, hubiera sido difícil saber lo que pasó. Solo se vio cuando el fanático, huyendo de los oficiales que buscaban sacarlo de las gradas, se lanzó desesperadamente hacia el frente, superando el círculo de seguridad del estadio y los metros que lo separaban del área custodiada, para caer en la zona restringida. La persona llevaba una máscara de cerdo que se dobló por la caída, así como su tobillo, pero producto de la misma adrenalina, no midió consecuencias al notar que a unos pasos estaba el objeto de su odio.

Yuuri le dirigió la mirada y tuvo tiempo de verlo quitarse la máscara para mostrar su rostro transformado por el profundo rencor que obviamente le tenía. Pudo definir las cejas despeinadas y anchas en color cenizo, así como el bigote sobre sus labios y la dureza de sus pómulos. Todo en ese rostro gritaba repudio. Todo en ese ser le mostraba cuánto lo odiaba. Yuuri sintió sus pálpitos incrementar hasta marearse, en el justo momento en que aquel hombre se lanzaba en su contra, gritando desaforado una maldición en ruso, con sus ojos inyectados de rojo y su boca temblando de rabia. Y aun cuando su mente gritó: “corre”, fue incapaz de hacer nada más que quedarse allí, estático, y mirar.

Un brazo apartó a Yuuri de la trayectoria de aquel fanático enardecido, siendo a su vez atrapado por dos enormes hombres de la seguridad. Prácticamente aplastándolo en el suelo para poder contener la fuerza y la furia con la que éste los empujaba para intentar acercarse nuevamente a Yuuri.

Ni siquiera los comentaristas tuvieron voz para describir lo que había pasado. Uno de ellos tenía la garganta atorada y las manos sudando de puro pavor. Pero la cámara mostraba todo, mostraba que había sido J.J quien se había apresurado a sacar a Yuuri de la zona de peligro y lo apretaba luego contra su cuerpo; mostraba que Minami se deslizó velozmente para salir del hielo y que Leo y otra persona habían tenido que sujetarlo. Dejaba ver al hombre siendo inmovilizado en el suelo, y los gritos que se iban multiplicando cada vez más por todo el estadio.  

Yuuri escuchaba todo como si estuviera atrapado bajo el agua. Todo se sentía igual que estar siendo sumergido bajo toneladas de agua, con el frío pinchando su cuerpo y el agua llenándolo todo. Lograba oír los gritos de algunas personas transformados, y sentir cómo era arrastrado mientras iban apareciendo más agentes de negro. Era J.J quien lo apretaba, asustado por lo que había alcanzado a ver, e intentando muy en vano, calmarle.

—Tranquilo. No pasó nada, no pasó… —Yuuri lo agarró de la chamarra, apretando su puño en la tela. Abrió la boca, intentando decir algo que no salió mientras abría sus ojos tanto como podía.

Estaba en agua. Estaba en agua, pero nada entraba: ni agua, ni aire. Nada.

Estaba ahogándose.

—¡No puede respirar! —escucharon gritar a Minami, intentando quitarse de encima a Leo, quien le impedía correr hacia Yuuri con las cuchillas aún puestas.

J.J escuchó el grito de Minami y de inmediato volteó para ver a Yuuri en sus brazos, quien estaba tomando un espantoso color rojo mientras sus ojos casi saltaban con la angustia de intentar emitir un grito, buscando respirar. Abrió su boca intentando jalar aire, pero todo lo que salió fue el espantoso sonido que J.J escuchó al intentar respirar. Antes de que todo se volviera negro.

Así, Yuuri que se desvaneció en sus brazos.

ISU canceló el evento. Dmitri vio, pálido como un fantasma, la revolución que se estaba formando mientras todo el público era desalojado y los paramédicos se llevaban al entrenador japonés, quien había sufrido una descompensación por un ataque de ansiedad crónico que había bloqueado sus vías respiratorias. Lo mismo que había ocurrido con el japonés en el mundial del 2019 con sede en ese mismo lugar. El anuncio de la reincorporación de los eventos se daría en una hora, mientras esperaban recuperar el control y poder asegurar que esta vez no habría interrupciones indeseadas como esas.

La noticia se extendió como pólvora por las redes sociales. Cientos de fotografías de lo ocurrido se subieron, denotando la fanaticada rusa que llevaba máscaras, la respuesta enfurecida de los fanáticos japoneses y americanos, quienes comprendiendo a qué se referían y relacionándolo con el inicio del programa de Minami, actuaron en consecuencia. Había grabaciones de varios de esos focos de terror cuando iniciaron, pero la más compartida, era el momento en que el fanático superaba el círculo de seguridad e intentaba llegar a Yuuri. En todo el mundo no faltaban las muestras de repulsión que causaron tal evento.

El equipo ruso, que vio en vivo la presentación de todo lo ocurrido, no podía salir de la consternación. Cuando había iniciado el boicot, habían podido vivir la misma confusión de los comentaristas cuando las cámaras se movían sin ningún objetivo, captando focos de violencia entre los fanáticos. Pero en el momento en que enfocó lo que ocurría cerca de Yuuri, todos, sin excepción, sintieron que sus corazones habían subido a su garganta al atestiguar la aterradora escena. J.J había llegado primero, aunque no había forma de que el fanático lo hiciera gracias a la velocidad con la que había actuado la seguridad del recinto. Sin embargo, el temor estaba allí, latente, inyectando agujas en su torrente sanguíneo.

Víctor percibió el dolor de la rodilla, de nuevo, infame. Ardió como si fuera el epicentro de una explosión y se extendió por todo su cuerpo, haciéndolo casi jadear. Yuri, al superar el momento de conmoción, arremetió con furia desmedida contra las mesas del comedor, pateando todo a su paso. Georgi pensó en detenerlo, pero luego considero que sería inútil. Yuri sentía ganas de matar a ese maldito, y al no poder hacerlo, solo le quedaba atacar a todo lo que se le encontrara en frente. Fue Mila la que lo agarro de la espalda para tratar de contenerlo mientras este dejaba fluir lágrimas de pura impotencia.

—¡Dios mío, calma! ¿¡Quieres lastimarte, Yuri!? —Lo sostuvo con toda la fuerza que podía aplicar en un momento así y Yuri al fin pudo calmarse. Pero estaba irritado, el color rojo llenaba todo su rostro, cuello y parte de los hombros. 

A Víctor le temblaban los dedos. Había dejado de escribir el mensaje que estaba redactando en su Instagram. Incluso había perdido esa pantalla mientras intentaban con desespero inaudito, comunicarse con alguien para saber noticias de Yuuri.

En ese momento, las noticias volvieron a aparecer en pantalla y en una rueda de prensa apurada, Dmitri Bukin aparecía tan blanco como un papel ante todos los periodistas internacionales. Los flashes lo cegaban, pero parecía más abrumado por la presencia cercana de representantes de la ISU y oficiales. Víctor intentó sentarse, aunque sus piernas apenas respondieran, y Georgi aumentó el volumen del aparato a pesar de sentirse tan abrumado como el resto. Yuri se había dejado caer contra la pared para ocultar su rostro entre sus piernas.

—La ISU está evaluando si las condiciones están dadas para continuar el evento dentro de una hora. Ha dado órdenes para que solo los fanáticos extranjeros tengan derecho a entrar para acompañar a los patinadores. 

—¿Qué fue lo que ocurrió en medio de la competencia, Sr. Bukin? ¿Pueden explicarnos?

—Hubo una serie de disturbios propiciados por los fanáticos. Uno de ellos traspasó nuestro lindero de seguridad. 

—¿Cuál era el centro de ese disturbio? Vimos que el entrenador Yuuri Katsuki corrió peligro en el rink —a Dmitri le costó pasar saliva.

—Las investigaciones están en proceso, pero todo apunta a que el centro del boicot era para afectar al entrenador japonés, Yuuri Katsuki.   

—¿Cómo se encuentra el entrenador Katsuki tras lo ocurrido? Hay grabaciones que muestran cómo se desvaneció tras el ataque.

—Está estable, en este momento está al cuidado del equipo de Japón. Sufrió una descompensación debido a la impresión que ha podido ser tratada a totalidad por nuestro equipo médico. Es todo lo que puedo decir.

—Sr. Bukin, ¿habrá represalias para los que iniciaron el boicot?

—El gobierno ruso ya está trabajando para encontrar a las cabecillas de este ataque, sobre quienes caerá todo el peso de la ley por comprometer la integridad de Rusia y de sus invitados de honor en un evento oficial.

Mila apretó los labios, mientras escuchaba ahora las declaraciones del principal jefe de seguridad de la copa Rostelecom, mostrando las fotografías de los fanáticos rusos que habían logrado atrapar en el boicot y las imágenes de las máscaras de cerdo utilizadas. Pero lo que más le aturdía, era la certeza de saber perfectamente qué fue lo que ocurrió con Yuuri en ese evento.

—Fue lo mismo del mundial… —soltó desolada, con las manos despeinando sus largos bucles. Víctor levantó la mirada en shock.

—¿Lo mismo?

—Sí, el mundial del 2019, la fanaticada no respondió durante su presentación y cuando acabó de patinar, solo gritaban tu nombre y que querían que volvieras. Eso ya lo había afectado —rememoró Georgi, mientras hablaba con la voz apocada—, pero fue peor cuando la prensa rusa lo agobió con preguntas de tu estado. Le dio allí un ataque de ansiedad. Yakov estuvo desesperado porque Yuuri no podía respirar y se había quedado paralizado.

—A Yuuri jamás le había dado un ataque así… —Jamás había presenciado un ataque de ese calibre.   

—Dijeron que las pastillas lo habían agravado.

“Un poco alterados… Me parecen muy alterados.”

“Dijo que soportó a tus fanáticos, de alguna forma debió ‘soportarlos’.”

Las palabras de Regina volvieron.

“Tu pareja se está medicando”

Las de su padre…

“¡No eras tú quién tenía que salir al mundo y enfrentarse a su odio! ¡Preguntándome si al final ellos no tenían razón! ¡Si no era cierto que fui yo quien te destruyó, Víctor!”

Mierda…

“¡Para que su leyenda no cayera como cayó ante mí! ¡Tratando inútilmente de autoconvencerme que el culpable no era yo cuando tu silencio lo gritaba! ¡Cuando el mundo lo arrojaba a mi cara!”

¡Mierda…!

“¡Estuve solo! ¡Me dejaste solo todos esos meses y me cansé de estarlo!”

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

—¿Víctor?

Mila lo vio levantarse, cojeando como estaba, para apresurarse hasta la salida del comedor. Yuri levantó los ojos enrojecidos, encerrado en la frustración de no saber qué hacer. Georgi sí se apresuró a atajar a Víctor, porque lo creyó capaz de cualquier locura, pero al tomarlo del brazo y verlo voltear se vio atropellado por los ojos azules enrojecidos y tan endurecidos que parecían diamantes llenos de sangre.

—¿A dónde vas, Víctor? ¡Tienes que…!

—Voy a Moscú. —Su voz resonó áspera, carente de emoción, pero llena de determinación.    

Ante la desesperación que sintió al ver todo en vivo, Guang Hong acabó agotando todas sus alternativas para saber en qué había quedado todo aquello. Sobre todo, cuál era el estado de Yuuri, y si Leo no había sufrido algún percance en medio de todo aquello. Su rostro transformado por la conmoción decidió superar el auto veto de las redes sociales para entrar y buscar más información de los fans que habían estado en la Copa Rostelecom.

La información era variada, confusa y difícil de comprender. Había fotos de todo tipo y grabaciones en medio de la algarabía. Apretando su garganta, Guang Hong siguió revisando, esperando que en algún medio oficial dieran más luz, ya que era imposible saber más a través de los canales de televisión.

Entonces lo vio. Para él fue sorpresa encontrar la publicación, pero había tenido tanta actividad que no debió asombrarle el encontrarla de repente en los primeros puestos de su inicio. Escrita en inglés, Víctor había dejado una publicación justamente en el tiempo en que había ocurrido aquella aterradora escena en las competencias. Y lo escrito había creado aún más revuelo en la red.

Guang Hong solo suspiró y apretó los labios, porque para él ya era demasiado tarde para hablar.

v-nikiforov 34 min
v-nikiforov Me ha costado decidir qué decir en estos momentos, pero lo mejor es dejar de pensar en un discurso elaborado y ser sincero. Acabo de ver la forma en la que Yuuri fue tratado en la entrada del estadio. Jamás había sentido tanto asco conmigo mismo como en este momento, porque siento que fui yo quien lo hizo, yo quien le gritó esas palabras, que fui yo quien lo insultó de esa manera. Pero fueron ustedes quienes, usaron mi nombre, para ofender a quien yo aún amo. Para atacar a la persona que más he extrafsfADAAx

Cargar mensajes.

“Yo estoy intentando entender esa foto. ¿Qué es? ¿Es un zapato? ¿Unos tenis?”

“Creo que a Víctor se le fue el mensaje antes de acabarlo, pero… ahora me siento un imbécil.”

“Víctor, ¿cómo puedes aún amarlo después de todo lo que te hizo? No, no mi amor, hay mejores personas en el mundo para ti, ¡es tu noble corazón no te permite verlo!”

“No quiero imaginar cómo te sientes ahora después de lo que pasó. Lo lamento mucho Víctor, esos no son tus verdaderos fanáticos.”

“¡Sé que me lo vas a agradecer Víctor! Sé que entenderás después que esa rata inmunda solo te uso y pretende seguir usándote. ¡Pero no lo ves, porque tu corazón es muy grande! ¡Deja que nosotros demostremos su verdadera cara!“¡QUÉ PASÓ CON EL FINAL! ¡ESTOY LLORANDO! ¡HAY VICTUURI!”

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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