Un abrigo cálido, confortable como un abrazo


Víctor observa anonadado el desastre que él mismo había provocado. Él, junto a Yuuri, se encontraban en el set grabando el programa en donde la audiencia sería testigo del cambio de look del joven maestro de origen japonés.

La dinámica era sencilla: Yuuri debía llevar la mayor parte de su guardarropa (o al menos lo más significativo), colgarlo en el perchero, y Víctor, como el amo y maestro del estilo y la moda, juzgaría sus prendas y determinaría, cual verdugo, si la ropa era digna o no del nuevo estilo de Yuuri Katsuki.

Sin embargo, en casi 5 temporadas realizando la misma acción, y aún con las distintas reacciones de todas sus “víctimas”, Víctor no estaba preparado para la reacción del pobre chico japonés. El gurú realmente no lo entendía, todo iba bien en un principio. Como es usual, la “víctima” solía ponerse a la defensiva, argumentando que la ropa que solía usar era la más cómoda o, en otras ocasiones, que definía su forma de ser y su estilo único e irrepetible.

En otras palabras, la mayoría de aprendices defendían a capa y espada lo que ellos creían correcto.

En ese aspecto, no fue muy diferente de Yuuri, quien se esforzaba por explicarle a Víctor que él, al ser una persona rellenita, no tenía otra opción más que usar ese tipo de prendas holgadas, las cuales, esconderían esas “imperfecciones” que el japonés observaba al verse al espejo. Esos rollitos adorables que Víctor observaba minutos atrás con intereses, antes que los sucesos tristes y catastróficos de este momento ocurrieran.

Ahora, frente al gurú, un chico de aspecto lloroso se esfuerza con todo su ser a contener esas lágrimas que, sin tregua, insisten en salir de sus lindos ojos color café. Víctor había parado la grabación momentos antes, cuando se dio cuenta que Yuuri no podía contener el llanto.

—Yuuri, —susurra Víctor con delicadeza. Realmente el gurú no sabe qué actitud tomar frente a una persona que llora—, no te preocupes, no tienes que tirar ese abrigo si no quieres hacerlo. —Víctor se acerca al “bote de basura” y toma el abrigo café, que para el observador gurú, huele bastante bien. Es suavecito y luce confortable, aun cuando no es muy agradable a la vista el ruso comprende la comodidad de una prenda así—. Te propongo algo, podemos sacar este abrigo de las prendas que mostraremos en el programa, no vamos a obligarte a hacer algo que no quieres hacer. Yo respeto eso.

Víctor espera un momento más sosteniendo la suave prenda. Observa cómo Yuuri hipea un par de veces y, después de un gran suspiro, se quita los lentes para secar sus ojos, los cuales quedan rojos e irritados por el llanto que acaba de cesar. Con un sonrojo que cubre sus regordetas mejillas y su linda nariz, el chico japonés se acerca apenado al gurú, y toma el abrigo para abrazarlo contra su pecho.

—¿Te sientes mejor? —se atreve a preguntar Víctor, Yuuri solo asiente con la cabeza, sin voltearlo a ver.

La escena se torna un tanto tensa, con el equipo de grabación fuera (Víctor había ordenado a todos salir, ya que algo que consideraba el ruso era considerar la privacidad de los participantes de su programa aún con la etiqueta de “reality show” que tenía en él), solo Víctor y Yuuri se encontraban ya en el set. Víctor espera con paciencia, si no había respuesta alguna, entonces el ruso consideraría detener el proyecto.

Definitivamente a Víctor no le gusta ver a Yuuri llorar así.

—Lo siento —se disculpa Yuuri en un suave susurro—. No era mi intención reaccionar así. Disculpa.

—Pierde cuidado —se apresura a aclarar Víctor, un tanto nervioso—. Sé que al principio este cambio puede ser algo invasivo, es común que los participantes reaccionen de distintas maneras ante este tipo de estímulos, es una reacción natural a cualquier cambio.

—Es solo que este abrigo es muy importante para mi.

—Entiendo eso, aunque, como el gurú definitivamente no puede pasar la prueba, si no quieres que nos deshagamos de él, lo mejor será que no lo mostremos a la cámara.

—Ustedes dijeron que trajera la ropa más significativa de mi armario, y eso hice —contesta Yuuri con suspicacia—. Sabía que este abrigo no pasaría la prueba, pero no pensé que me entristeciera tanto la posibilidad de perderlo.

—Entiendo —concede Víctor, una ligera sonrisa se asoma en su rostro—. Por eso te doy la opción de conservarlo.

Yuuri observa la prenda por un segundo, luego voltea a ver la mayor parte de su ropa, la cual se encuentra en el “bote de basura”, aunque un tanto renuente por la sorpresa del primer momento, al pensarlo mejor el joven maestro había accedido a ese repentino cambio de look. Había sido completamente su decisión, y ahora, como tal, debía atenerse a las consecuencias de las mismas.

“Ya me cansé de no hacer nada más por mi” le había dicho Yuuri a Phichit.

—Ten —Yuuri regresa a Víctor el abrigo, el gurú lo toma, la sorpresa se asoma por esos enigmáticos ojos azules—. Si vamos a hacer esto, lo vamos a hacer bien.

—¿Estás seguro, Yuuri? —pregunta Víctor en un intento de asegurarse que Yuuri no se arrepentirá de ese arrebato más adelante.

Yuuri suspira una vez más, se abraza a sí mismo y frota un par de veces sus brazos, en un intento de encontrar el valor para hablar como si de calor de tratara. Víctor observa a esos ojos cristalizados por el reciente llanto transformarse un poco después en una frágil sonrisa que el pequeño le dedica a su “maestro de estilo”.

—Lo estoy —Yuuri pestañea un par de veces y Víctor siente los latidos de su corazón subir de intensidad—. Solo prométeme una cosa.

Víctor susurra un “lo que sea” y Yuuri sonríe con más confianza aún.

—Trátame como a todos los demás participantes. Yo decidí este cambio y, definitivamente, lo haré.

Víctor sonríe, y sin saber porqué se acerca al muchacho. Como nunca antes, el gurú siente una conexión especial hacia su “pupilo”, no es que no se sintiera cómodo con los demás participantes que han pasado por el programa. No. Es solo que Yuuri es especial.

Ese Yuuri que ahora le devuelve el apretado abrazo que el ruso sostiene se está volviendo muy especial.

Víctor aprieta con fuerza el abrazo, mientras se deleita con la calidez de ese cuerpo rellenito contra el suyo. Yuuri es suave, amable y hermoso, además en el poco tiempo que llevan conviviendo, ha demostrado ser una adorable caja de sorpresa. Víctor está encantado con él, con su forma de ser, con sus reacciones y con la amabilidad que emana de él. El ruso entiende cada vez más las razones de Phichit para querer ver a su amigo brillar. Yuuri es un diamante en bruto y él, Víctor, está dispuesto a pulirlo para sacar lo mejor de él.

Seguramente así sería, pensó el ruso al cerrar los ojos, encantado por el abrazo.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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