Tan rico y atractivo como un plato de katsudon


Después del incidente con el abrigo, la convivencia e interacción con Yuuri se llevó a cabo con relativa facilidad. Enfocado en lograr su objetivo, el joven maestro, seguía al pie de la letra los consejos que su mentor, Víctor Nikiforov, tenía para él.

Una vez aprendidos los conceptos básicos de vestimenta de acuerdo a la forma de su cuerpo y su estilo único al vestir, Víctor consideró que era el momento de pasar al siguiente paso: el cambio peinado.

Los anteojos de Yuuri eran adorables para la imagen tierna de educador que quería proyectar, la montura azul, el tamaño de los lentes e incluso el grueso de los mismos, le daban un toque dulce al joven japonés; sin embargo, Yuuri en algún momento le expresó su preocupación al gurú por denotar una imagen más profesional acorde a su edad.

Fue por eso que Víctor se dirigió a una famosa óptica que también era conocida por manejar los anteojos con más estilo de la ciudad. Ahí, junto a Yuuri, pudieron encontrar los lentes ideales para el nipón, con la montura más delgada en azul metálico de forma rectangular, le otorgaban a Víctor la oportunidad de ver con más claridad esos ojos que, a estas alturas, el gurú clasificaba como transparentes y hermosos.

Al salir de la óptica (obviamente, después de grabar lo correspondiente), debido al tiempo que ganaron con la rápida elección de los nuevos lentes de Yuuri, Víctor decidió que era momento de ir con el estilista que participaba junto con él en el programa: Georgie Popovich.

Georgie, junto a Mila (una maquillista profesional y amiga de años de Víctor), formaban un equipo incomparable. Juntos formaban una dupla capaz de convertir carbón en oro macizo, ellos eran prácticamente alquimistas cuando de belleza se trataba. Artistas que esperaban con ansias ser presentados ante una obra maestra.

Y bueno, Víctor venía con esa obra maestra a su lado.

—Te quedarás con Mila y Georgie, con quienes realizarás el día de hoy las últimas grabaciones. No te preocupes, estás en buenas manos. —comenta Víctor una vez el auto hace la parada enfrente del lugar—. Cualquier duda puedes comunicarte, sin dudar a mi celular.

Aprovechando la ocasión, Víctor pudo conseguir el teléfonos del lindo maestro, el ruso argumento que solo eran cuestiones laborales.

Su cerebro comenzaba a pensar lo contrario.

—¿No vas a quedarte? —pregunta Yuuri, aunque aún luce su ropa sobria y simple de siempre, el cambio en los anteojos hace que su imagen ya sea diferente a la conocida. Víctor quisiera quedarse, pero tiene pendiente una reunión con Chris, referente a la elección de la siguiente “víctima del estilo” que proseguiría al caso de Yuuri.

—Tengo una reunión —argumenta Víctor, muy a su pesar—. Georgie me mandará las fotos de tu cambio de look, una vez terminen con él.

Yuuri se despide y el auto de Nikiforov prosigue su camino. La tarde pasa sin inconvenientes, Víctor comienza a buscar al próximo participante de su programa; sin embargo, aún cuando encuentra a la candidata adecuada, no puede sacarse de su cabeza a ese lindo maestro de kinder que le sonríe con amabilidad, que pone todo de sí para lograr un cambio y, que ha entendido, que la ropa o su corte de cabello por sí solo le darán las armas necesarias para salir y conquistar el mundo. Si algo le quedaba muy claro ahora a Víctor, era que Yuuri atraía por sí mismo a las personas, solo era cuestión de hacer consciente al japonés de ese poder en sí mismo. Darle un empujoncito que lo ayudase a entender el poder que él tenía sobre la gente.

Y maravillosamente era solo por su forma de ser.

Víctor sonríe recordando el momento justo en que encontró el video de Phichit. Recuerda aún la sensación al observar a Yuuri por primera vez. Del tierno y adorable chubby (como se decía a sí mismo Yuuri), poco o nada ya quedaba, ahora Víctor lo observaba más confiado y más seguro con sus decisiones. Víctor en verdad estaba fascinado con el cambio que el joven había experimentado en el último mes.

Víctor deseaba que las grabaciones de Yuuri nunca terminaran o que él tuviera la oportunidad de ser más cercano al joven japonés.

“Bueno, ¿y por qué no serlo?”. Piensa Víctor al observar la foto que Georgie le ha mandado de su última creación. Con miles de corazones y muchos emoticons de diversas emociones, Georgie declara al japonés como su obra maestra. Un cambio completo de Agape a Eros, en donde el resultado mostraba a un joven atractivo y seductor, dispuesto a conquistar al mundo con una sola mirada.

Y no era para menos, en la fotografía, Víctor observa que Yuuri no está usando lentes. Observar esa mirada seria y la sonrisa confiada del chico a la cámara, hace estremecer al ruso. Quiere verlo. Víctor quiere ver a Yuuri en persona, invitarlo a comer y disfrutar de más momentos de su compañía.

A estas alturas el gurú del estilo ya no puede negar que tiene un crush enorme con el chico de los ojos color chocolate.

Media hora después, Víctor espera impaciente en la salida del spa perteneciente a Georgie, por la salida de Yuuri. Nervioso, Nikiforov observa la puerta abrirse y lo que ve lo deja sin aliento.

Yuuri se despide de un apretón de manos de Georgie. Mila, de naturaleza más afectuosa, abraza al chico y le da un beso en la mejilla, para después despedirse de él con una linda sonrisa. Una vez solo, Yuuri mete las manos en su pantalón y está a punto de comenzar su camino a casa cuando sus ojos se abren de sorpresa para reconocer a la persona que lo observa parado al lado de un lujoso vehículo.

Víctor no piensa contenerse más, camina rápido hacía Yuuri y lo abraza después de mencionarle lo apuesto que se veía así, con el cabello peinado hacia atrás. El sonrojo en el rostros de Yuuri es notable, y Víctor adora esa humildad en el maestro, a pesar de que ahora está consciente de su belleza, no es capaz de ser arrogante, ni presumido.

Todo lo contrario.

—¡Tienes que contarme todo con lujo de detalle! —exclama Víctor emocionado—. ¿Te parece si vamos a cenar?

Yuuri abre los ojos con sorpresa. Sin darse cuentas ambos se encuentran tomados de las manos. Víctor acaricia con su pulgar el dorso de la mano de Yuuri y se regocija ante el pequeño contacto. La sonrisa que le dedica Yuuri es serena y alumbra más que las luces que a penas se hacen visibles ante la inminente llegada de la noche.

—De acuerdo, pero no quiero más sorpresas en el postre.

Ambos ríen con soltura, para después subirse al automóvil y llegar, al fin, a su destino. 

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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