Mi chubby Yuuri, mi persona especial


Calor, era lo que se sentía en esa habitación. Los vidrios empañados por el calor que emanaba de las personas en el cuarto impedían la vista al exterior (además de las gruesas cortinas que impedían el paso de la luz de la luna a la habitación).

Víctor y Yuuri se besaban con pasión, acariciaban cada parte de su cuerpo ansiosos por encontrar nuevas formas de placer a las ya aprendidas en sus tres años de relación. Ese día, había sido su aniversario de novios, y en un arrebato del ruso, Víctor había aprovechado para pedirle matrimonio al nipón. La respuesta positiva del mismo, se resumía en el festejo carnal que ahora protagonizaban ambos en su cama.

Con la emoción del momento, ambos habían llegado ansioso a la puerta de su departamento. Se comían la boca, introduciendo su lengua mientras intentaban abrir a tropezones la puerta. 

Una vez dentro, ambos se apresuraron a quitarse las prendas que fungían como barrera y les impedía a ambos tocar más piel. Un gorro, una bufanda, chamarras, camisas y un par de zapatos, quedaron esparcidos por todo el perímetro del acogedor departamento. Al día siguiente se preocuparían por arreglar ese desastre, ahora tenían asuntos más importantes que atender, como las sugerentes erecciones que ambos frotaban con ansiedad contra sus cuerpos.

Ahora, ambos en la cama, solo con la ropa interior puesta; intentaban en vano alargar el momento. Víctor, quien se encontraba encima de Yuuri, besaba con amor la piel descubierta de su amado, de vez en cuanto mordía los rollitos que sobresalían de la cintura de Yuuri, los apretujaba con la mano, los lamía con la lengua, provocando en el nipón más de un gemido lleno de pasión contenida. Cada nota resultante de un movimiento de Nikiforov encendía más la excitación en ambos, llevándolos a perderse en la cordura y el placer del momento.

Aprovechando que Víctor se encontraba muy atento besando el cuello de Yuuri, el joven japonés bajo con lentitud las manos desde el pecho de su novio, pasando por su abdomen, hasta finalmente llegar a su miembro que urgía ansioso por salir de su prisión en forma de ropa interior, la tanga negra favorita de su amado fue estirada un poco, al punto de permitirle a Yuuri tomar, con un poco de esfuerzo, el miembro duro y erguido de su novio.

El gruñido lleno de satisfacción de Víctor no se hizo esperar, Yuuri comenzaba a masturbarlo con lentitud, sin duda la tela de la tanga estorbaba un poco. Víctor se separó un momento de su novio y, con rapidez inaudita, se deshizo de la prenda, para permitirle de esa forma a su querido Yuuri continuar usando sus manos y, de esa forma, darle más placer.

—¿A quién le toca ahora? —dice Yuuri entre suspiros, la mezcla de gemidos y palabras bastan para que Nikiforov se restriegue más contra su cuerpo y busque desfogar el fuego que contiene en su interior.

—No lo sé —apenas puede responder Nikiforov—. Quien sea está bien.

Ambos vuelven a besarse combinando su saliva con el sudor que ya corre por sus rostros producto de la excitación. Víctor toma un poco de aire, y aprovecha para susurrar palabras de amor a los oídos de su adorable y apretujable Yuuri.

Con la fuerza característica del más joven, y esa aura de sensualidad propia de un personaje de la mitología, Yuuri levanta a su pareja y así, ambos quedan sentados frente a frente mirándose fijamente a los ojos. El café y el azul, perdidos en medio del negro de la excitación visible en sus pupilas chocan. Las manos ya no responden, siguen moviéndose frenéticamente por el cuerpo ajeno.

—Quiero que me folles —exclama Yuuri, repartiendo besos por el rostro de su persona más amada—. Quiero sentirte dentro, Vitya.

No faltó decir más, Víctor arremetió contra su novio y comenzó a prepararlo para penetrarlo con facilidad. Uno, dos, tres dedos, debido a la excitación y el previo juego de ambos, Yuuri estuvo listo para recibir dentro de sí todo el calor y vigor del miembro que ahora palpitaba en su interior. Víctor observaba cada expresión en los hermosos ojos de Yuuri, que ahora se observaban más oscuros, productos del deseo y del placer otorgados por el famoso gurú del estilo.

—Te amo —pronuncia Víctor en un susurro, como si decirlo en voz alta les restara privacidad en esa habitación solo habitada por ellos dos—. Te amo tanto, mi chubby Yuuri.

—Yo también te amo —dice Yuuri entre suspiros, el miembro de Víctor palpita en su interior y le produce una sensación de plenitud y felicidad. Se siente completo y lleno de amor.

Víctor besa con delicadeza los labios de Yuuri, y después del breve descanso comienza a moverse dentro y fuera de su interior. Más gemidos llenos de placer y amor llenan la habitación.

Conforme el tiempo va pasando, los besos y los arrumacos se hacen más urgidos y desesperados. Víctor se abre paso por el interior de Yuuri llegando a ese punto dulce que lleva a su novio a cielo y lo hace ver estrellas y más allá de ellas. Yuuri también mueve las caderas y aprieta a Víctor incitándolo a ir más profundo, a buscar más placer y entrar más dentro de sí, pues de esa forma podrán encontrar juntos ese lugar prometido, en donde ambos se pierden y se vuelven a encontrar.

Entre movimientos frenéticos, la velocidad de las estocadas sube más y más, hasta que Víctor observa a Yuuri entregarse al orgasmo, lo siente apretar su miembro en su interior mientras se corre y, de inmediato, invita al ruso a dejarse llevar por maravillosa sensación. Ambos pronunciando el nombre del otro, se rinden ante la máxima expresión del placer y se dejan caer, para recuperar la respiración, una vez que el orgasmo ha culminado.

Sudados, pegajosos, pero muy satisfechos, ambos se besan con pereza, y se abrazan quedando uno frente al otro. Víctor se acerca a Yuuri y enreda sus piernas sobre la cadera del más joven. Envuelve sus brazos y comienza a acariciar los rollitos que tanto ama tocar. Los ha memorizado, e incluso les ha puesto nombre.

—No hagas eso —susurra Yuuri, el sueño producto de la frenética ronda de sexo que acaban de tener ya hace mella en él.

—¿Por qué no? —pregunta Víctor curioso—. Te gusta cuando acaricio tus rollitos.

—Por eso —responde Yuuri, ahora su voz es un sensual murmuro—. Me excita cuando lo haces así.

—Bueno, amor, ya sabes lo que digo —Víctor sonríe con sensualidad, baja la mano al trasero de Yuuri y comienza a amasarlo, preparándose para otra ronda—. Contigo, lo haría hasta el final de los tiempos.

Con una sonrisa coqueta, la pareja comienza la segunda ronda de las tres que tendrían esa noche. Había motivos para festejar y era por eso, que ninguno escatimaba esfuerzos para hacer sentir bien al otro. Con el tiempo, habían aprendido a amarse y respetarse. Con el tiempo habían dejado de ser dos desconocidos que el destino había puesto en el camino. Con el tiempo, se habían convertido en la pareja buena y consolidada que eran, dedicados a amarse y apoyarse en cada proyecto que se planteaban.

Porque no había nada mejor que amar y ser correspondido por esa persona especial. 

¡Hola!

Ahora sí, este es el extra que les tenía preparado. Con este final cierro mi participación en la semana dedicada al lindo Chubby Yuuri, espero les haya gustado la pequeña historia que fui desarrollando. De antemano agradezco mucho por sus lecturas, sus votos y comentarios, ¡me hicieron muy feliz!

Confieso que estoy muy nerviosa por este capítulo XD El lemmon no es lo mio, así que espero haya quedado bien ❤ 

Este capítulo tiene una dedicación especial a mi hermosa amiga Shary, quien cumplía años el día de la publicación del fic. ¡Muchas gracias por tu hermosa amistad! Te adoro y espero festejemos juntas muchos años más ❤

También las invito a la darle like a la página de FB Llamamos amor a YOI, en donde nos encargamos de repartir amor y toda la buena vibra del fandom. En la página se encuentran más trabajos de la Chubby Yuuri, dibujos y memes que tuvimos el honor de recibir en pos de esta divertida semana.

Cambio y fuera 😉

Sam.

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

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