Matryoshka II (Cap 29)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 29. Copa Rostelecom: Estamos aquí

Con una música animada de fondo, el programa regresó al vivo en medio de los movimientos de los jóvenes actores de la televisión. La actriz de largos cabellos castaños, se movía con una sonrisa despampanante ante la cámara, y a su lado, un joven rubio de ojos muy vivaces sonreía mientras hacía malabares con la mano, moviéndose al ritmo de la música. Las letras en cirílico marcaban el nombre del programa ruso de novedades con mayor ranking en la hora del mediodía. Era presentado por Elena Vororina y Grigoriy Sisoev y se trataba de uno de los programas televisivos con mayor audiencia desde que los jóvenes mostraron química frente a la pantalla. Su público era, por lo general, gente joven. Además se mostraban activamente en las redes, y realizaban diferentes concursos para premiar con viajes a sus fanáticos. Todo ello repercutió en su excelente recepción.

Cuando la música bajó su volumen, la joven actriz rio ante las cámaras. Parecía reluciente y visiblemente contenta.

—¡Hemos regresado de los comerciales y estoy segura de que todos estaban esperando saber más de nuestro drama deportivo del momento! —En pantalla aparecieron las fotografías que fueron publicadas por Mila Babicheva y Georgi Popovich junto a Yuuri Katsuki en la cena de la noche anterior y los comentarios furiosos que recibieron en respuesta—. La llegada de Yuuri Katsuki, la ex pareja de nuestra leyenda de patinaje, Víctor Nikiforov, ¡sigue dando de qué hablar! Parece que su intención de reunirse con el equipo del Sports Champion Club los incluía todos menos a su ex.

Profundos bullicios se escucharon en el escenario, mientras ambos actores se tapaban las bocas mostrando pasmo y sorpresa. 

—En efecto, el ahora entrenador de Japón ha demostrado que su rompimiento con la estrella Víctor Nikiforov, dejó un resentimiento sin precedente y el silencio de Víctor Nikiforov al respecto resulta bastante elocuente.

—Ayer en la noche se encontró con la ganadora olímpica Mila Babicheva y su entrenador Georgi Popovich, mostrándose muy alegre en la cena dentro del costoso hotel Astoria.

—No lo sé, Elena, esto resulta bastante confuso. ¿No lo crees?   

—Las intenciones de Katsuki siempre han sido confusas desde que su relación con Víctor Nikiforov salió a la luz. El tricampeón del Grand Prix Final ahora ha regresado, y los fanáticos del patinaje no han dejado de hablar. Veamos algunos de los comentarios.

En pantalla aparecieron recortes de tweets y estados en diferentes plataformas de redes sociales, que eran leídas por las voces de alguno de los dos periodistas.

“Solo vino a desestabilizar al equipo ruso. De nuevo Katsuki está utilizando sus artimañas para tener ventajas en esta competición.”

“El que se haya visto con Yuri Plisetsky, Mila Babicheva y Georgi Popovich sin que haya una sola mención de Víctor Nikiforov deja en evidencia que la ruptura fue terrible. Sigo insistiendo que Yuri Plisetksy tuvo mucho que ver”

“No me molesta que Yuuri Katsuki se encuentre en Rusia. Para mí es una nada. Lo que realmente me irrita es que Yuri Plisestky después de su vergonzosa participación en el Skate América, se dé tiempo de ‘pasear’ con el enemigo”

“Yuuri Katsuki ha demostrado una vez más lo poco que amó a Víctor Nikiforov. ¿A alguien le queda duda de que solo se aprovechó de su buena suerte?”

“Antes de que Yuuri Katsuki llegara a San Petersburgo teníamos un equipo masculino de ganadores sobre el hielo. Ahora, ¿qué tenemos?”

—¡Estas son palabras mayores! 

—No lo sé, Elena, yo tenía la corazonada que el regreso del polémico patinador japonés pudiera significar que su relación con Víctor Nikiforov estuviera mostrando algunos avances. Pero esto ha destruido cualquier posibilidad —ante los ademanes marcados del Grigroiy, Elena asintió, mostrando en su expresión una clara de contrariedad.

—Sin embargo, no me molesta. Víctor Nikiforov ha sabido mantenerse al margen de toda esta polémica, limitándose a su papel de entrenador. Además, su reciente acercamiento con la directora de teatro, Yana Savicheva, puede que sea mucho más serio de lo que sabemos. —Imágenes de Víctor junto a Yana tomadas en meses anteriores, aparecieron para darle peso a sus palabras. 

—De lo único que estamos seguros es que, con el inicio de la Copa Rostelecom, Katsuki tendrá que moverse a Moscú, donde se enfrentará junto a su estudiante, Minami Kenjirou, ante Seung Gil Lee, campeón olímpico y J.J, el favorito del patinaje canadiense. —Los rostros de los tres patinadores se mostraron detrás de la pantalla, los tres demostrando su fuerte determinación para ganar en esas eliminatorias.

—Pero el odio de la fanaticada rusa no ha dejado de acrecentar luego del episodio polémico donde tras los resultados del Skate America, el patinador Yuri Plisetsky se mostró con golpes en el rostro tras un “robo” donde “casualmente” también estuvo involucrado el equipo japonés.

—Esto me huele a drama, a drama de esos que nadie quiere conversar —asintieron ambos. 

—Y mientras Yuuri Katsuki sigue cosechando el desprecio de los fanáticos del patinaje tras su fallida relación con Víctor Nikiforov, a quien abandonó a su suerte después de todo lo que Nikiforov hizo por él para sacarlo del anonimato…

—¡Como una cenicienta desagradecida! —exclamó Grigoriy frente a la cámara.

—Su pupilo, Kenjirou, sigue sus mismos pasos tras ganarse todo el repudio ruso por los comentarios y declaraciones donde asegura que Rusia no es digno rival para él.

—Quizás repite las mismas palabras de su entrenador en el rink.

—Muy probablemente, Grigoriy, porque después de las fotografías filtradas de Víctor Nikiforov saliendo del hotel Astoria completamente destrozado, es evidente que Katsuki le tiene profundo desprecio.

—Y eso me hace preguntar: ¿Qué vio Nikiforov en Katsuki? Por más que intento entenderlo, ¡me es imposible de comprender!

—La verdad, no lo sé. No me resulta para nada guapo, es más, hasta me parece que es aburrido al momento de… ¡ya tú sabes! —Las risas se escucharon en el set, incluyendo las del actor quien no pudo controlar su carcajada—. ¡Es que en serio! Ya sabes que me gustan gran…

El televisor se apagó abruptamente y con ello se levantaron varios abucheos. Un par de jóvenes que veían con atención el programa, voltearon con intenciones de quejarse pero aquello calló al ver la figura de la directora de teatro, Yana, apuntando con sumo desprecio la pantalla negra luego de haberla apagado. Su mirada lucía brillante, y su mano temblaba de rabia contenida tras haber escuchado tanta basura por parte del programa televisivo. Nadie se atrevió a decir nada, conocían lo cercana que era ella a Víctor Nikiforov y lo difícil que era enojarla, como para comprender que esto no se trataba de un hecho más.

—Veo que tienen mucho tiempo para alimentarse de basura.

Dejó el aparato en una de las mesas mientras los jóvenes se mantenían en silencio. Yana caminó hasta el frente y los miró con el rostro adusto, los brazos cruzados realzando sus pechos cubiertos por la tela celeste con rayas de su camisa. Su cabello, como siempre, caía precioso como una capa de bucles desordenados, que le daban naturalidad.

—Profesora —llamó una de las más osadas actrices que tenía, con una mirada astuta y una sonrisa traviesa en sus labios. Era la misma que habían encontrado en el vestidor entre las piernas de Plisestky—. ¿No nos va a contar si tiene algo con Nikiforov? —Un par de abucheos se escucharon en la sala. Yana soltó el aire y renegó.

—Irina Isinbáyeva, entre Víctor y yo solo hay una querida amistad. De hecho, tuve el placer de conocer también a Yuuri Katsuki. Víctor me lo presentó.

Toda la atención de los jóvenes se volcó hacia ella, con hambre de conocer más. Yana sabía que esa mentira podría traerle problemas en el futuro pero mientras desviara la atención de esos muchachos de los chismes infundados de la televisión, valdría la pena arriesgarse. Con toda la seguridad, Yana sonrió mirándolos como si supiera más de lo que iba a hablar, logrando así su cometido.

—¿Lo conoció? ¿Cuándo? ¿Es verdad que es un engreído como dicen?

—Pero si no salió foto en la prensa de ellos dos. ¡Solo con los otros!

—¿Y es guapo? No sé, ¡a mí sí me parece guapo!

Ante el último comentario, empezaron las burlas hacía la joven pelirroja que estaba en la mesa y quien se abochornó al haberlo dicho en voz alta. Por allí se escuchó otra de sus compañeras argumentando que solo le gustaban porque se parece a un coreano de x grupo de música. Yana tuvo que intervenir con un par de aplausos.

—¡Suficiente! —El grupo se calló de nuevo, para volver su atención en la directora—. Espero que con esto entiendan que nada hay que creer de este tipo de programas basuras. Ahora, los quiero en el escenario, hay mucho que ensayar. 

Sin mucho que objetar, el grupo de actores se movió de las mesas para obedecer la orden de su superior, entre cuchicheos animados y algunos abrazos improvisados. Eso le permitió a Yana poder respirar con mejor facilidad. Lo escuchado en el programa le preocupaba, porque si bien sabía que la gran mayoría de cosas eran una farsa, otras de sus interpretaciones no eran del todo incorrectas y eso podía seguir acrecentando la aversión que ya muchos en Rusia sentían por el japonés.

Era el precio de la fama, se dijo, al recordar los horrorosos escándalos en donde ella estuvo involucrada cuando salió a la luz las múltiples infidelidades de su exesposo. Al punto de que había tenido que irse del país y convivir con sus padres un par de años para poder levantarse de todo lo que se dijo, de cómo se le señaló y lo muy profundamente herida que estuvo por la infidelidad como para ser además el centro del escarnio y la humillación.

Si Víctor deseaba continuar la vida con su expareja, definitivamente Rusia no debería ser su hogar. Los asfixiaría.

Incluso ella pensaba que si llegaba a rehacer su vida sentimental, también lo haría fuera del país.

La llegada de Yuuri a Moscú resultó mucho más problemática de lo que habían esperado, más no por un problema en particular, sino por la fuerte nevada que estaba cayendo cuando cruzaron la avenida y la cantidad de autos que había en el tráfico. Los medios de comunicación hablaban de fuertes tormentas que estarían cayendo por la ciudad durante esos días, haciendo cientos de avisos marcando con preocupación las condiciones atmosféricas que se acercaban. La única inquietud para Yuuri en ese momento, es que el vuelo que traía a Minami, Minako y su hermana, se viera con problemas de aterrizaje debido a la nevada.

El auto en el que viajaba era completamente negro, con los vidrios oscuros. La calefacción le permitía paliar las bajas temperaturas que debía haber fuera, además que estaba acondicionado para darle un mayor confort en el camino, permitiéndole estar conectado durante todo el viaje. A pesar de ello, Yuuri ya estaba cansado de estar encerrado;  eran casi las cinco de la tarde, y el cielo estaba más oscuro debido al anochecer ruso, además de que su trasero ya le pedía un poco de descanso después de tantas horas sentados.

—¿Falta mucho? —preguntó en ruso, y vio que el joven japonés que estaba en el volante hizo una mueca. A su lado estaba un hombre alto, corpulento, de visible origen ruso. Parecía ser el guardaespaldas.

—No, señor Katsuki —dijo en japonés el de mayor altura, y cuando este giró notó sus ojos rasgados—. Estamos cerca de llegar al hotel.

—¿Hotel? —frunció el ceño—. Pero necesito llegar al aeropuerto. Mi estudiante ya debe estar por llegar.

—Recibimos órdenes de la JSF de que lo dejáramos en el hotel. Al señor Kenjirou y sus acompañantes ya los está esperando en el aeropuerto otro transporte.

Yuuri siseó frustrado y volvió a acomodarse tras el asiento. Aquello no era lo que había planeado que pasara. Debió haber tomado el tren como tenía pensado en un inicio, y tomar de allí un taxi que lo dejara en el aeropuerto. Quería recibir a Minami, seguramente él se preocuparía si no lo veía allí. Además, esa había sido su promesa.

—No se preocupe, Señor Katsuki. Estamos aquí para velar su seguridad.

—No creo que mi vida corra peligro —dijo con una mueca, mientras el más alto le dirigía una mirada por sobre el hombro. 

—Esperamos que no, pero la JSF le ha pedido a la FFKK que garantice la seguridad del evento luego de que un grupo extremista lanzara un llamado por YouTube a realizar un boicot. 

—¿Qué? —Por primera vez, el desosiego tomó terreno en su pecho, asentándose como una malla helada que golpeaba a su corazón cada vez que latía.

—Un grupo extremista amenazó con intervenir en la Copa Rostelecom. La ISU junto a la JSF han adelantado sus movimientos y la policía ya custodia tanto el estadio como el hotel en donde estarán alojados.

—¿Fue directamente a mí? —preguntó con la voz ahogada y el guardaespaldas se limitó a negar.

—No fue una amenaza dirigida a nadie particular, pero en cuanto la JSF supo de ello y enlazó su presencia aquí, temió lo peor. —Yuuri se quedó en silencio, repentinamente envuelto por una bruma helada que nada tenía que ver con el clima de Moscú.

Tal como dijeron, lo dejaron en el lobby del hotel y le ayudaron a bajar su equipaje. Yuuri se sentía ahogado con las atenciones, pero fue incapaz de decir nada ante la sensación de vulnerabilidad que le había dejado aquella conversación.  Al salir hacia el hotel se dio tiempo de verificar los alrededores y notar la presencia de la policía rusa. No era extraño, siempre se solía tomar ese tipo de precauciones sea cual fuera el evento internacional y el lugar donde fuera a darse. Nunca le dio tanta importancia a eso siendo deportista, pero ahora le resultaba hasta evidente que eso ocurriera. Simplemente como una forma de asegurarse de que ningún evento pudiera ocurrir, menos en el suelo de su país.

Aturdido, se dirigió hasta la recepción mientras rodaba con él su pesada maleta. La joven rusa le recibió con una sonrisa afable que ayudó a matizar el temor de Yuuri al llegar. Mientras esperaba que fuera asignada la habitación que compartiría con Minami, se quedó pensando en todo lo que vendría más adelante. Soltó el aire desganado, el cansancio había sido mutado en preocupación. Recibió entonces las amables palabras de la joven, quien le entregó la tarjeta de acceso y con un agradecimiento empujó su maleta para caminar hacia el ascensor.

—¡Yuuri! —El llamado era conocido, por lo que Yuuri no dudó en voltear para ver a  Phichit corriendo tras él con un par de maletas también arrastrándose tras su paso. La sonrisa que llenó su rostro fue genuina.

Ambos soltaron su maleta justo antes de fundirse en un poderoso abrazo. Como era natural, Phichit se colgaba de su cuerpo debido a la pequeña diferencia de altura.

—¡Qué bueno verte…! —Escuchó la voz de Phichit, tan mansa y conmovida que no le quedó duda de ello. Sin embargo, él tenía ya un nudo que le imposibilitaba hablar—. Tengo ya una hora aquí, pensé que tardaría más esperando que alguien llegara.

—Viniste antes de lo planeado. —Yuuri se apartó un poco para mirarle y ambos concordaron que era mejor dejar los abrazos para después. Se soltaron y tomaron cada uno su maleta.

—El vuelo de Madrid se adelantó un poco. El problema es que no me quisieron dar la habitación de Seung Gil hasta que él no llegara. Ni siquiera su permiso expreso sirvió. 

—Creo que han aumentado un poco la seguridad del hotel.

Phichit encogió sus hombros sin darle importancia a eso. En cambio, avanzó con la maleta para después voltear con una mirada de picardía.

—¿Si me cuelgo de tu brazo será que nos fotografíen y saquen una historia de amor? —Yuuri rio.

—Engañas a Seung Gil con el malvado atleta Japonés, Yuuri Katsuki.

—¡Oh, y si supieran todas las cosas que hicimos cuando estábamos en Detroit!

—¿Las noches largas y sin dormir? —Decidió seguirle el juego, jalando su maletín para ir tras sus pasos, camino al ascensor.

—¡Oh, por supuesto! Y como dicen que donde hubo fuego cenizas quedan…  —Al tener a Yuuri cerca, se sonrió para decir lo siguiente con voz sugerente—. ¿Qué me dices, Yuuri? ¿Hubo fuego en esas cenizas?           

Yuuri comprendió perfectamente el significado de esas palabras, y se sonrojó de inmediato con tal fuerza que sus orejas no tardaron en sentirse calientes. Phichit lo leyó, lo entendió por completo y le sonrió confiadamente antes de agarrarlo del brazo para empujarlo al ascensor. Leyó lo que el rostro de Yuuri decía.

No había sido solo fuego.

Sin decir más, caminaron hasta la habitación donde Yuuri iba a hospedarse durante esos días, y metieron su equipaje allí. Necesitando aliviarse del viaje, decidieron primero darse un baño; así que Yuuri esperó por Phichit (quien venía de más de doce horas de vuelo) mientras acomodaba un poco su ropa, y luego fue él quien se tomó la ducha para descansar de lo agotado que había sido su propio viaje. Vestidos cómodamente, aunque preparados para salir si hacía falta, los dos se sentaron en la cama para hablar sobre todo lo ocurrido.

Phichit pudo comprender tras escuchar a Yuuri que lo que ocurrió con Víctor no fueron solo chispas, ni siquiera llamas de fuego. Habían sido explosiones, una tras otra, dolorosas, siniestras y aterradoras. Cuando le contó lo ocurrido esa noche en el hotel, pudo percibir la desazón y el dolor que había quedado de ese encuentro, mientras Yuuri repetía no solo las palabras que él había dicho, sino las que Víctor le dijo en respuesta a su vez. Luego, Yuuri le comentó lo ocurrido con Yuri el día siguiente, cuando llegó directamente a la habitación del hotel para conversar. Le habló de los reclamos de Yuri y el momento en que tuvo que ser franco para explicarle lo que realmente había pasado. Aunque Yuuri mantuviera en esa altura del relato su cabeza agachada, para Phichit fue evidente que se trató de un punto difícil de tratar.

La exposición se alargó para mostrar lo ocurrido cuando tomó la moto de Yuri y se fue con él rumbo a su apartamento. Phichit había visto esas fotografías, y ciertamente no estuvo seguro de qué pensar al saberlo al lado de Plisetsky; pero, tras escuchar a Yuuri no pudo evitar determinar que aquel encuentro había sido más que necesario.

Entonces relató lo siguiente: el recorrido por las calles de San Petersburgo y la forma en que se vio ahogado por los recuerdos dulces que no habían dejado de aparecer desde que discutió con Víctor en el hotel. También le dijo sobre el encuentro inesperado con Yana Savicheva y sus palabras, hasta llegar al día anterior, donde se vio con Víctor en la pista. Todo lo que ocurrió allí… Yuuri tuvo que tomarse pausas porque eso aún estaba demasiado reciente y dolía, al mismo tiempo que sentía que empezaba a curar. Era una sensación demasiado difícil de explicar.

Al acabar, soltó el aire y recibió en silencio el vaso con agua que Phichit le había servido. También había sentido la necesidad de servirse uno para él. Ambos tomaron un par de tragos antes de que Phichit se inclinara ligeramente hacia atrás, apoyándose con el otro brazo para no dejar caer su espalda al colchón.

—Fueron días muy movidos… ahora entiendo porque no tenías tiempo ni de enviarme un mensaje —se quejó, sin demasiada fuerza. Yuuri asintió.

—Necesitaba todo el tiempo posible para pensar en qué hacer… tenía miedo de que el viaje me dejara más secuelas que soluciones…

—¿Entonces estás contento con lo que lograste? —Yuuri asintió, no muy firme.

—Creo que obtuve lo que estaba buscando…

—Pero no estás conforme del todo —no fue una pregunta, se trataba de una afirmación. Yuuri se limitó a sonreír a sabiendas de que a esa altura de su vida, después de todo lo que había vivido con Phichit, resultaba imposible ocultarle algo—. ¿Sabes qué es lo que te hace falta?

—Lo sé, pero no es momento de buscarlo. —Yuuri levantó la mirada con seguridad llamando la atención de su amigo—. No hablamos de mantenernos en contacto, admito que una parte de mí tenía miedo de mencionarlo. De… que al hacerlo entrásemos a una espiral sin retorno y no nos diéramos el tiempo que necesitamos para pensar.

—¿Para pensar qué?

—Sí sería lo mejor volverlo a intentar… si será mejor dejarlo así. —Yuuri dejó el vaso vacío a un lado de la cama, sobre la mesa. Luego juntó sus manos sobre las rodillas, pensativo—. Víctor inició un tratamiento con una psicóloga, y todo lo que he pensado desde que me fui es que yo quiero ser parte de esto. Pero…

—Pero quieres seguir fiel a tu palabra de no relaciones en este momento, de enfocarte en Minami, de disfrutar tu carrera…

—¿Estoy siendo egoísta? — Phichit rio, como si lo que acabara de decirle fuera un chiste.

—Por favor, Yuuri. ¡Egoísta es tu segundo nombre! —El aludido hizo una mueca desencantado—. Pero haces bien. Saber qué cosas de las que queremos es mejor posponerlas o evitarlas, es también importante. Por mucho que quieras volver a sentir las manos de Víctor sobre ti…

—¡Phichit! —chilló azorado.

—¡Y revivir aquel beso de pasión en aquella oficina! —dramatizó su amigo, y Yuuri tuvo que tapar su rostro avergonzado y enrojecido—. La verdad es que no puedes salir a patinar con una lesión en el tobillo ¿no? ¿Qué te dijeron los médicos cuando te lesionaste en los Pyeongchang del 2018?

—¿Por qué tienes que recordarme ese momento?

—Porque recuerdo a cierto necio patinador que casi se había puesto los patines a pesar de las advertencias y que tuvimos que meterte a la habitación entre todos. —Le apuntó con su dedo índice, para enfatizar sus palabras—. Por mucho que quisieras patinar en las olimpíadas, los riesgos de una lesión mayor que te sacaran del patinaje eran altos y por eso tuviste que desistir. 

—Creo que una parte de mí se arrepiente de haber seguido las indicaciones y no haberme arriesgado… eran las únicas olimpíadas en las que podría…

—Las únicas, ¿en serio? Todavía quedan las del 2026 —Yuuri frunció su ceño—. El hecho es que si no fuera por eso, no estarías aquí ahora, siendo capaz de hacer exhibiciones, y pronto a ser el protagonista de mi gran show sobre hielo.

—No puedo contigo… —Yuuri se dio por vencido en la empresa de enojarse con su amigo.

—Si necesitas curar más hasta estar seguro de dar el paso, hazlo. Lo importante, es que tengas presente que el tiempo es necesario y si tienes que sacrificar cosas por ello, también es necesario.

—¿Sacrificar…?     

—Sí, porque quizás sacrifiques este tiempo para estar con Víctor en su recuperación, pero cuando termines la tuya, quizás él esté próximo de la suya y puedan empezar algo ya con ambos mucho más recuperados. O… —Yuuri apretó la mandíbula—, quizás cuando te recuperes y te sientas listo, ya Víctor tomó sus propias decisiones lejos de ti. Pero podrás verlo, y ya curado, podrás tomar también las tuyas, al lado de alguien más.

—¿No me arrepentiré cómo con los juegos de Pyeongchang del 2018? 

—¿Te arrepientes de verdad? ¿Valían esos cinco minutos todos los años que has estado en el hielo, todos los que aún te faltan? —Yuuri renegó, con un nudo en la garganta—. Tu vida no acabó cuando no pudiste participar en esas olimpíadas, ni acabó cuando dejaste a Víctor. La vida no acaba, Yuuri. La vida continúa… ¡y hay que divertirse en ella!

Phichit impulsó un abrazo que Yuuri no despreció. En cambio, lo contestó con fuerza, agradecido y mucho más tranquilo después de haber hablado con él. Esa espina seguía allí, pero era mucho más fácil ignorarla ahora que tenía la seguridad de tomar las decisiones correctas. Más cuando Phichit, jugando con él, lo empujó hasta tirarlo sobre el colchón y hacer reír a Yuuri con la gracia, recordando mucho como había sido su vida juntos en Detroit, entre juegos, mucho compañerismo y silenciosa compañía.

Se quedaron así, en la cama, con la vista en el techo tras haberse soltado y que Phichit hubiera rodado para apoyar la espalda en el colchón.

—Extraño a Víctor… —dijo en voz alta. Phichit solo dejó soltar un suspiro porque eso, eso era un avance significativo.

—Nunca has dejado de hacerlo… pero es bueno que puedas decirlo en voz alta.    

Yuuri no dijo nada más y ambos propiciaron ese momento. En un silencio reconfortante, disfrutaron del solo hecho de escuchar la respiración ajena, hasta que sus ojos cedieron al cansancio y tuvieron que dejar que el sueño los atrapara.

Después de treinta minutos de descanso necesario, Yuuri abrió los ojos al escuchar el sonido de su móvil a lo lejos. Se levantó de la cama y vio a Phichit recular con cansancio antes de frotar sus párpados. Apenas estaba una de las luces encendidas peor ya todo el cielo estaba completamente a oscura.

—Dios, muero de sueño… —dijo Phichit, tapando un bostezo mientras se acomodaba, con el rostro agotado. Yuuri revisó su móvil con gesto adusto—. ¿Qué hora es?

—Las siete… ¿A qué hora llega el vuelo de Seung-Gil? —Phichit se estiró con pereza en la cama y mencionó la media noche. Era evidente que faltaba demasiado para que llegara. Yuuri le sonrió—. Puedes dormir aquí un poco, así podrás estar preparado para cuando él llegue.

—Me gustaría decir que no lo dejaré dormir pero va a llegar muy cansado. —Yuuri rio al escucharlo. Resultó un poco nostálgico pensar en esos sentimientos y lo distantes que ahora eran—. Creo que si será buena idea dormir otro poco.

—Duerme tranquilo. Minami acaba de avisarme que ya está en camino, así que iré afuera a esperarlo.

Phichit no tardó en seguir las indicaciones de su amigo y se acomodó, quitándose los zapatos para arroparse en la cama. Yuuri apagó las luces para permitirle descansar mucho mejor, cosa que en el avión seguro no pudo hacer apropiadamente; llevándose su cargador, se sentó en la sala de espera del piso. No quería abrir las redes sociales; después de haber escuchado lo que pasaba, prefirió evitarlas para no alimentar su creciente ansiedad.

Lo que sí captó su atención fueron los mensajes que llegaron de Yuri, los cuales fueron enviados un par de horas atrás. Seguramente, tan preocupado y luego entretenido con el encuentro con Phichit, no se había percatado de eso.

Yura » Cerdo. ¿Ya llegaste?
Yura » ¿Por qué no contestas?
Yura » Ey, ¡estoy preocupado!
« Lo siento, Yura. Llegué hace unas horas al hotel.
« Me entretuve con Phichit que también llegó.
« Estoy bien, el viaje fue un poco pesado pero sin inconvenientes.
« Estoy esperando que Minami llegue al hotel. Ya está en Moscú.
« Gracias por preocuparte…

Suspiró hondo, y vio cuando el estado de Yuri cambió para mostrar que estaba escribiendo. La sonrisa que Yuuri dibujó en su rostro mostraba la tranquilidad que le daba el poder mantener la comunicación así con Yuri. Entonces, el sonido del ascensor lo llamó. Vio llegar al equipo canadiense, con sus chamarras en tonos rojos y blanco, caminando confiadamente por el pasillo. La joven patinadora, Deborah Lam, entró con aire imponente después de haberse quedado con el bronce en el Skate Canadá. Detrás de ella, J.J Leroy y su padre, junto a parte del equipo canadiense, caminaban saliendo del ascensor.

Hacía tanto que no sabía de J.J más que a través de las redes sociales; por eso, una sonrisa amable surcó el rostro de Yuuri al verlo, una completamente honesta. Deborah siguió de largo, así como el resto, pero J.J mostró una despampanante sonrisa al reconocerlo y de inmediato se acercó. Yuuri le devolvió la sonrisa con timidez, animándose a levantarse, más no espero el abrazo aprehensivo del patinador que era uno de los favoritos a ganar el oro en esa temporada.

—¡Yuuri! —soltó con emoción—. ¡Qué gusto verte de nuevo! —Yuuri se apartó un tanto incómodo con la efusividad, pero se animó a sonreírle de vuelta. J.J no había dejado de ser él aunque admitía que en el último año como competidor y tras la lesión de Víctor, se había mostrado mucho más cercano.

—Igual digo, J.J. Felicidades por el oro del Skate Canadá.

—¡Oh! ¡Espero que hayas preparado a Minami para perder contra mí! —J.J aderezó su comentario con un guiño coqueto y Yuuri renegó.

—Espero que estés preparado para perder contra Minami.

J.J tomó el comentario con mucho humor y rio encantado. A Yuuri le gustaba esa sensación de sana competencia que había entre ellos. En un inicio, debía admitirse que no había mirado demasiado a J.J, hasta que se sintió de algún modo identificado al verlo caer aparatosamente en el GPF del 2016. A partir de allí, pese a que Víctor parecía no notarlo en su derredor, Yuuri sí tuvo oportunidad de tener un par de acercamientos a J.J y luego, cuando ocurrió la lesión, la preocupación de J.J por su estado y el de Víctor siempre la agradeció.   

—De verdad me alegra verte de nuevo, ahora entrenando a Minami. ¡En el Skate América lo hicieron muy bien!

—Todo el mérito es de Minami. Ha sabido sorprenderme una y otra vez. —Yuuri hablaba muy en serio, y J.J no pudo evitar contentarse al escucharlo así. Con un brillo en sus ojos denotando su emoción, asintió sin demora—. Por cierto, felicidades por tu hija también. He visto sus fotos en red.

—¡Oh, mi Collette! Ya la extraño, ¡al igual que a mi reina! —Yuuri no dudó un segundo de ello aun si sus ademanes lucían exagerados—. Tuve que dejarlas en Canadá. Mi pequeña está con un resfriado que no mejora.

—El clima de Rusia no el caería bien.

—¡Eso lo sé! Pero espero que esté completamente recuperada para el GPF. Las quiero a ambas allí, ¡para entregarles mi medalla de oro!       

Yuuri rio, sin darle mayor importancia al comentario de J.J ni a la confianza con la que se veía con el oro. Sería Minami quien tendría que luchar contra esa avalancha de seguridad, para dar lo mejor de sí y demostrar de qué estaba hecho. A Yuuri no le quedaba duda del temple de su estudiante, y de que éste haría todo para obtener ese digno lugar.

J.J hubiera podido quedarse más tiempo, si no fuera por la fuerte voz de su padre llamándolo para que se apresurara a descansar. El día siguiente se irían en las últimas prácticas y calentamientos, así que tendría que aprovechar al máximo para recuperar las fuerzas menguadas del viaje. J.J avisó a su padre que ya iría y antes de despedirse, presionó el hombro de Yuuri.

—¡Me debes una foto, Yuuri! ¡Te la pediré cuando acabemos esta competencia!

—Será un honor una foto con el rey del hielo, J.J —comentó con gracia y J.J respondió con una ruidosa carcajada. Sin demorar en seguir las indicaciones de su padre para entrar a la habitación.

Yuuri soltó un suspiro hondo, antes de volver a sentarse para ver los mensajes que Yuri le había dejado en respuesta. Se entretuvo en esa actividad, sonriendo al leer a Yuri hablarle con una familiaridad que hacía no se sintieran los kilómetros que ahora los separaban. Le comentó del entrenamiento, de lo extenuante que estuvo y de los cambios que Víctor estaba preparando para sus rutinas. También le hizo saber que había vuelto a su casa, y que en ese momento descansaba tras el baño, con Potya encima, ronroneando con gusto. Para Yuuri no fue difícil imaginarse la escena. 

Mientras Yuri le hablaba de la cena que Víctor estaba preparando, Yuuri empezó a sentir el inevitable llamado de su estómago recordándole que apenas había comido. Poco a poco, desistieron los mensajes por lo que creyó que Yuri se había ocupado con algo, más no resintió ese silencio, porque pronto vio llegar a Leo de su viaje y éste corrió hacia él para saludarlo. Se fundieron en un abrazo también necesario, y Yuuri saludó a quien ahora fungía como una de sus colegas, su entrenadora. Compartieron un par de palabras antes de escuchar de Leo que ya Minami estaba en la recepción, esperando que le dieran la habitación a su hermana y a Minako para poder subir.

Para ese momento, Yuuri sintió su nerviosismo aumentar. Sabía que ellos lo habían dejado ir, algunos sin mucho ánimo de hacerlo, pero estaba seguro de que todos estaban esperando saber que estaba bien. Y lo estaba, estaba mejor que antes al menos, ahora siendo capaz de enfrentar la competencia, de eso estaba seguro. Quizás le asustaba lo que pudiera llegar a pasar cuando les dijera todo eso, las preguntas que harían  o que tendría que responder.

Leo no se quedó mucho tiempo, se encontraba agotado por el viaje y quería darse un baño para luego bajar a comer. Quedaron en hablar para encontrarse en el restaurante del hotel y comer todos juntos, antes de retirarse hacia su propia habitación.

Se quedó de espalda al ascensor, mirando a Leo avanzar mientras conversaba algo con su entrenadora, quien parecía darle indicaciones precisas. En ese momento las puertas del elevador se abrieron y Yuuri pudo sentirlo incluso antes de voltear; cuando lo hizo, vio a las tres personas  que estaba esperando, acompañadas del Sr. Izumi y otro personal de la federación japonesa. Sin embargo, fue Minami quien rompió la formación, tirando el asa de su equipaje y corriendo para encontrarse con su entrenador. Yuuri contuvo el aire, mientras le abría los brazos. Su estudiante se encontró con él en un abrazo tan necesario que incluso Yuuri supo que le hacía falta.

Después de apretarse tanto como pudieron, Yuuri lo soltó ligeramente y Minami dejó de pegar su rostro contra el pecho de Yuuri para levantar la mirada. Estaba envuelto en un abrigo de un tono gris oscuro, y tenía algunos rastros de nieve en el cabello, indicativo de que estaba nevando fuera. Yuuri le sonrió con calma antes de dirigir la mirada agradecida a su profesora Minako y a Mar[8] [9] [10] i, aunque ésta tuviera una expresión indiferente.

—¿Estás bien? —pregunto Minami, a pesar de tener claras muestras de su cansancio en las bolsas de sus ojos. Yuuri asintió.

 —Estoy bien, Minami. Muchas gracias por tu paciencia.

Yuuri se inclinó ligeramente para mostrar su agradecimiento y Minami no tardó en renegar, quitándole importancia a las molestias que Yuuri pudiera referirse para primar la seguridad de que al menos había sido un viaje satisfactorio.

Pero Mari, quien se encontraba fastidiada, no tardó en avanzar sin dejarlos hablar. Su ceño fruncido delataba aún su mal humor.

—Me voy a dar un baño para bajar a comer. No me hagan esperar —espetó ofuscada, y Minako no tardó en cruzarse los brazos para negar con apatía ante la actitud de la mayor de los Katsuki. Yuuri comprendía un poco la situación y prefirió no emitir palabra alguna. El abrazo de Minami le confortaba lo suficiente como para no sentir el desaire por el gesto de su hermana.

—Sigue enojada —explicó Minako, mientras le daba el equipaje al Sr. Izumi para que lo llevara  a su habitación sin ningún tipo de consideración. Luego se apartó un par de mechones cortos de la cara—. Intenté hablar con ella en el vuelo, pero está reacia.

—No hay problema, profesora Minako, la entiendo…

Había sido tanto su cansancio, que se quedó dormido con el ronroneo persistente de su mascota y el dolor de sus extremidades. Yuri abrió los ojos y restregó sus manos contra los párpados mientras daba un largo bostezo. El hambre lo había despertado.

Miró la hora, y notó que ya eran más de las nueve de la noche. Dio un largo estirón y resintió el dolor de sus músculos junto a sus pies lastimados, más no pensaba arrepentirse de lo que había decidido. Le había pedido a Víctor exigirle como solo se había exigido a sí mismo, y empezaba a darse cuenta de que aún no habían llegado a ese nivel anteriormente.     

Se levantó impulsado por su hambre y salió de la habitación rascando su abdomen y con el cabello hecho una maraña de amarillo. Al salir a la sala, encontró a Víctor frente al televisor, reproduciendo las grabaciones hechas en las prácticas de la tarde. Se veía muy serio, con el cuerpo inclinado hacia adelante y la mirada adusta, que no dejaba pie a alguna duda de su concentración. Yuri prefirió fijarse mejor en su desempeño, observándose al patinar.

—La cena ya está lista y servida. Puedes calentarla. 

Yuri no tardó en seguir esas indicaciones, e hizo lo que Víctor pidió. Calentó su cena y volvió para sentarse en el mueble, justo al lado de Víctor, cuando éste decidió cambiar de posición y acomodarse contra el respaldar. En silencio, vio que la grabación fue puesta a repetición y siguió comiendo, sin quitarle de vista a la pantalla.

Dolía verse aun fallando en los saltos. Víctor no emitió comentario alguno, pero allí estaba grabada cada secuencia y todas las veces que intentó los tres cuádruples que antes dominaba, y la cantidad de veces que fallaba cada uno de ellos. Se veía caer, una y otra vez, y cómo cuando se veía agotado recibía la orden de Víctor de descansar unos minutos e intentarlo de nuevo. Si algo tenía razón la prensa rusa es que necesitaba sus cuádruples para ganar. Por muy buena que fuera su parte artística en la presentación, la ausencia de saltos le pasaría factura. No podía competir sin cuádruples cuando todos intentaban al menos uno en sus programas.

Tras comer y dejar el plato limpio en la cocina, regresó, y se sentó en la misma posición que Víctor tenía cuando había salido del cuarto: inclinado hacia adelante, apoyó sus codos en las rodillas y miró con atención sus caídas, ahora sin detenerse a sentir la humillación, sino a entender lo que faltaba. Víctor le miró de reojo, antes de repetir de nuevo el video, desde el inicio. Se veía ahora más relajado, con su pierna derecha apoyada sobre la rodilla izquierda y reclinado en el apoyabrazos del sofá.

—Aquí —indicó, mientras ponía pause para mostrar el momento en que Yuri se ponía de espalda para ejecutar el salto—. Te falta velocidad. Eso impide que agarres suficiente altura. —Continuó la reproducción, para detenerse justo cuando el patín fijaba el filo para el salto—. Demasiado inclinado. Debes mejorar el posicionamiento de tu pie y la hojilla en el hielo. —Volvió a quitar el pause, y se detuvo justo cuando Yuri aterrizó—. Desbalanceado. Tu peso no tiene equilibrio, el patín cae con demasiada inclinación. —Prosiguió, y se detuvo cuando giró el toe simple, como apertura al siguiente salto, un triple flip —. Falla en la velocidad. Tu posicionamiento es muy inestable. Fíjate como tu cuerpo se tambalea en este punto.

—Sí…

—Mira aquí. La cuchilla no se sostiene en el hielo. No hay sujeción, te resbalas. Esto es porque no picas fuerte al momento de iniciar la elevación.

—Sí.

—Y aquí. Esta pierna está mal posicionada para iniciar el salchow cuádruple.

—Sí.

Yuri lo sabía, estaba consciente de todo ello. Eran los errores que cualquier novato cometería, algo que era injustificado para su nivel de patinaje. Pero estaba allí, quedaba patente que Yuri los estaba cometiendo. Aun sabiéndolos, aun consciente de qué era lo que debía hacer para hacerlos correctamente, terminaba cometiendo las mismas fallas una y otra vez.

Se mordió el labio inferior y luchó por no dejarse llevar por los sentimientos negativos que querían llenarlo de frustración, rabia y vergüenza. Debía enfocarse en solucionar los problemas en vez de lamentarse por tenerlos. Y Víctor le estaba diciendo que debía hacer, quedaba de su parte cumplir con sus indicaciones. Así tuviera que aprender a saltar de nuevo. 

—Todos estos errores, Yuri, es por falta de confianza —Víctor continuó, repitiendo en secuencia lenta cada cuadro, para hacerlo ver lo evidente—. No estás seguro de poder clavarlos y por eso desde el inicio, en el mismo momento en que te preparas a saltar, estás pensando en tratar de mitigar la caída.

Detuvo la pantalla en el momento en que Yuri ya prepara su brazo para amortiguar el golpe, alejando instintivamente sus tobillos y rodillas del hielo. Por supuesto, al no aplicar suficiente fuerzas y velocidad en el salto, tenía tiempo para hacer eso. Yuri se limitó a apretar sus labios y fruncir su ceño copiosamente. Víctor se levantó y dejó el control allí, para estirarse largamente.

—Tienes esta noche para pensarlo. Pero la única manera de asegurarte de no lesionarte al saltar, Yuri, es haciéndolo perfecto.

No dijo más. Víctor se retiró y lo dejó con el video en pausa; algo que Yuri aprovechó para repetir la secuencia una vez más. Hasta mentalizarse, hasta digerirlo, y sacar verdad en las palabras que Víctor le había dicho, uno de los primeros patinadores sobre hielo en incluir múltiples tipos de saltos en una misma rutina sin afectar su belleza artística.

La única forma de asegurarse de no caer era aprendiendo a hacerlo bien…

Para la mañana siguiente, en vez de ir a la pista, Yuri acompañó a Víctor hasta la casa de Regina, quien le recibió con galletas de avena y leche, junto a la compañía de sus tres gatos. Vio cerrar la puerta por parte de la mujer mayor, antes de que ella volteara con una sonrisa amable y le invitara a tomar asiento.

Entre tanto, en Moscú, los equipos de patinadores que se enfrentarían en el ruedo al día siguiente, fueron llevados por transportes blindados hasta la pista, que no quedaba a mucha distancia del hotel. Minako y Mari se habían quedado en la habitación, Phichit sí los acompañó al rink, agarrado de la mano de Seung-Gil quien lucía concentrado con los ojos cerrados y los audífonos puestos.

Esa noche que compartieron la cena todos juntos, Leo de la Iglesia compartió la foto en su perfil, y contrario a lo que venía ocurriendo desde que Yuuri llegó a Rusia, había mensajes de apoyo y ánimo de sus fans en América. En la fotografía se veía Minami agarrado del costado de su entrenador mostrando la señal de amor y paz junto a Leo, que también estaba en compañía de su entrenadora; Yuuri sonriendo contento, Phichit siendo quien extendía la base para la selfie al lado de Mari y Minako solo levantando una copa. El compañerismo se respiraba en la foto y fue una de las cosas emblemáticas que resaltaron de ese momento.

Ahora que estaban en la pista, las jóvenes patinadoras abandonaron la pista para permitirle entrar a los participantes de la categoría masculina. Seung-Gil ajustó sus guantes y entró al hielo tras compartir un beso con Phichit, Minami terminaba su calentamiento, y detrás de Leo se unió J.J, con la confianza exudando sus movimientos. Todos los participantes seguían la rutina expuesta sin sentirse preocupados por el aumento de la seguridad que los rodeaba, tampoco se vieron afectados ante el anuncio que la FFKK hizo en el hotel, informando el porqué de las medidas y dejando en claro los planes de acción al respecto.

La federación rusa, a cargo del vocero Dmitri Bukin, explicó que los deportistas extranjeros podían sentirse seguros. Tanto el gobierno ruso como la federación estaban haciendo uso de todas las medidas para que nada les ocurriera en su estancia. Sin embargo, recalcaron las consideraciones que tendrían que tomar para garantizar su seguridad.Y allí estaban. Minami entró al hielo tras sujetar las manos de Yuuri, sintiéndose confiado al saberlo a su lado. Yuuri le devolvió una sonrisa tranquila y determinada, que llenó de ánimo al joven atleta para continuar con sus prácticas. Así, frente a todos, Minami ejecutó el flip cuádruple que pensaba agregar a la secuencia de sus programas para poder tener mayor ventaja, a sabiendas de que se enfrentaría con dos grandes.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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