Matryoshka II (Cap 28)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 28. La dicha de volver

La noche cayó sobre ellos como un manto pesado y durante el trayecto, saborearon el silencio que ambos habían propiciado. Víctor solo le había dicho que lo siguiera a casa, no hubo una disculpa de su parte, y Yuri tampoco la esperó. Sentía que, si alguien aún debía disculparse, debería de ser él.

Mientras iban llegando al apartamento de Víctor, las primeras notificaciones de sus redes sociales llegaron a su móvil para avisarle lo que estaba ocurriendo. Yuri se dio tiempo de revisarlas, conforme subía el ascensor del edificio acompañado de Víctor. La imagen venía del perfil de Mila, estando con Yuuri en las puertas del hotel, enganchada de su cuello y con un mensaje rezando:

Mila Babicheva

3 min — IOS IPhone

“Bienvenido a Rusia, Yuuri. Ojalá no tuvieras que irte.”

Él compartía ese pensamiento, y estaba completamente de acuerdo con él. Ojalá Yuuri no tuviera que irse de Rusia.

Sin embargo, según los planes que Yuuri ya tenía planeados, tendría que partir temprano al día siguiente. De ese modo estaría a tiempo para la llegada de Minami al Aeropuerto Internacional Domodédovo, después de catorce horas de viaje. Al mismo lugar donde se reunirían distintas figuras del patinaje para la Copa Rostelecom.

Levantó la mirada y vio a Víctor abrir la puerta de su departamento, para luego darle espacio para entrar. Considerando las condiciones en las que había tenido que irse y lo que había ocurrido desde entonces, Yuri se veía bastante incómodo a pesar de sentirse feliz de volver. Potya, sin embargo, supo muy bien cómo aplacar ese sentido de impropiedad, al llegarle a su pierna para frotarse contra ella con ronroneos felinos.

—¿Tienes hambre? —preguntó Víctor, mientras caminaba hacia la cocina. La visión de su espalda parecía ligera, pero al mismo tiempo agujereada.  

—Un poco… —Cargando a su gato, Yuri se acercó hasta la cocina para ver al mayor revisar algunas cosas en su alacena. Potya ronroneó, pero él no pudo relajarse a ese punto.   

Todo de lo que habían hablado era lo que ocurrió en el puente y Yuri no consideraba aquello como una conversación productiva. Le había tomado por sorpresa aquella aseveración, la forma en la que Víctor lo desafió a dar más, como si hasta ese momento no lo hubiera hecho. Por eso no pudo devolver el ataque; y ahora, que el silencio había estado llenando su interacción desde entonces, pensó que quizás no era eso lo que debería hacer. Más que responder a la defensiva, debería buscar la manera de dialogar.

No habían podido hacerlo apropiadamente desde esa noche que llegó y le abrazó llorando, tras haberle dejado la matryoshka mal pegada. Debería ser momento para hacerlo. Yuuri se iría y solo quedarían los dos para abrirse paso en la competencia y cumplir con lo que esperaba el país, la federación y el resto de los competidores de ellos. Aunque pesaba más lo que ellos esperaban de sí mismo.

Dejó a Potya en el suelo y miró de nuevo toda la sala, sin encontrar nada inusual. Nada que hiciera ver que hubo algún cambio dramático desde su partida que había sido unas noches atrás.

—Víctor… —El aludido se giró con ligereza. Portaba en sus manos un cuchillo y un tomate fresco. Parecía estar ocupado rebanándolo—. ¿Cómo fue esta vez con Yuuri?

Quizás era un abuso de confianza preguntarlo, pero le preocupaba. Necesitaba saber en qué estado estaba su relación con Víctor, que cosa esperar y que cosa no, para tener más claridad sobre cómo impulsar sus propias acciones. Yuuri lo había retado, lo que le dijo había sido un total desafío. Pero necesitaba a Víctor para poder cubrirlo, de eso no le quedaba duda alguna.

Para Víctor, la situación no dejaba de ser incómoda. No obstante, tendría que limarla si quería competir bajo las mismas condiciones con Yuuri. Ese pensamiento hizo que dibujara una mueca y cambió el peso de su cuerpo mientras volvía a darle la espalda a su pupilo. Se concentró en rebanar en juliana el tomate.

—Logré hablar con él y aclaramos muchas cosas. Pero Yuuri no quiere tener ninguna relación de momento —Yuri arrugó el ceño al escucharlo, apoyando su espalda en el filo de la puerta. Aquella forma de decirlo no sabía si era alguna treta de Yuuri para ganar tiempo, o una forma de simplemente decir que no tendrían nada. Tampoco estaba muy claro lo que él esperaba de ese encuentro—. También me dijo lo de Minami, lo que te dijo a ti, y que esperaba ver una mejor presentación en el Trofeo de Francia.    

“Aprendamos a competir…”

Víctor recordó aquella frase junto a la manera en que Yuuri desvió la mirada hacia el hielo que cubría al río Moika, y lo amargo que le supo toda esa sensación nostálgica. Quedaban allí, en el aire, el hecho de que parte de sus muchos errores fue no ser un buen competidor, uno que pudiera aceptar las derrotas al mismo tiempo que disfrutaba de sus victorias. En algún momento de sus cinco años de triunfos consecutivos, había olvidado cómo era perder. Pero admitir lo que había pasado con él, o lo que estaba pasando en ese momento en su vida, era algo a lo que Víctor no podía llegar. No aún.

Soltó el aire con frustración y tomó la cebolla. Yuri seguía mirándolo con atención.

—Estoy seguro de que Minami va a ganar en la Copa Rostelecom. Estará en el podio, de eso no me cabe duda —continuó Víctor, provocando en Yuri un ligero estremecimiento—. Y Yuuri aún cree que tú puedes llegar al GPF tal como Minami.

—¿Tú lo crees también? —Dejó de escucharse el golpe del cuchillo contra la tabla de picar.

Víctor abandonó el cuchillo sobre la tabla, para dedicarle una mirada seria a Yuri, quien no se mostró cohibido ante ella. En el aire se sintió la tensión tejiendo hilos alrededor de ellos. El acercamiento por parte de Víctor se produjo sin demora, a pesar de que Yuri no se moviera de su lugar. Fue Víctor quien caminó con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su expresión delataba profunda reflexión.

—Subestimarte es un error que no pienso cometer de nuevo, Yuri —el aludido tragó grueso al percibir el doble significado de aquellas palabras, mas no bajó la mirada—. Puedes ganar, pero para ello debes dejar de tener miedo a caer como yo.

—¿Eh?

Desbalanceado, Yuri mantuvo la mirada sobre Víctor, pero comenzaba a percibir que la altura cambiaba. Era como si él mismo estuviera encogiéndose ante Víctor que, con una seriedad en sus ojos, ocultaba las evidentes muestras de cansancio, desazón y frustración en su rostro tras días de demasiada intensidad emocional.

De ese modo, sintió un peso nuevo en cada una de sus palabras. Como si éstas cayeran con el aval de todas las verdades juntas que él no podría refutar.

—Yakov me lo había dicho antes de saber que Yuuri regresaría como entrenador. Yuuri me lo confirmó —los ojos verdes de Yuri le miraron, con la piedra atorada en su garganta. El frío que subía por su espalda se sintió como un fantasma encaramándose para encararlo.

—¿De qué hablas?

—De que no has podido clavar un cuádruple desde que me lesioné.

Víctor ya se había mostrado sorprendido cuando Yakov se lo había dicho, más lo había desestimado creyendo que era imposible que Yuri pudiera darle tanto peso a su propia lesión. Yuri después de lo ocurrido en Hasetsu se había mostrado grosero con él y su relación jamás fue demasiado cercana. Darle tanto peso a su propia lesión en su vida sonó descabellado en ese momento, más Yuuri se lo había confirmado. Fue inevitable no recordarlo.

Mientras el viento helado golpeaba su rostro, Yuuri miraba el hielo bajo el puente, con sus brazos apoyados en la baranda. Todavía Víctor tenía nítida la imagen de los rayos de sol dibujando luces rojas y amarillas sobre el borde de su nariz, sus ojos y sus labios resecos.

“—Él dejó de clavar los saltos después de que te lesionaste, Víctor. Para mí fue muy evidente, para Yakov también, pero no encontrábamos maneras de hablarlo con él. Él estaba a mi lado cuando caíste, vio todo.

—¿Cómo puedes estar seguro de eso?

—Tú siempre has sido su inspiración.”

Recordó lo extraño que se sintió escucharlo de labios de Yuuri, quien vestía a su voz de suma añoranza.

“—Yakov me contó lo que hacía para animarlo de niño cuando su madre no iba a las competencias y su abuelo no podía estar. Siempre te miraba a ti, que estando solo habías logrado ser el mejor. Quería hacerlo… ¿Por qué crees que pidió que le ayudaras en su debut?

—Tú eras su rival, Yuuri.

—Sí, porque ambos perseguimos lo mismo: poder alcanzarte.”

Yuuri lo dijo con un tono de obviedad dulce que le embargó de más deseos de retenerlo, pero se había girado para enfrentarle de nuevo. La bufanda tejida se movía bajo la fuerza del viento, casi a punto de salir disparada junto a la tierra, a la nieve, a los papelillos del camino. Pero Víctor no miró ese movimiento, solo enfocó sus ojos en los de Yuuri, en la fuerza que le transmitía, en la suavidad con la que le hablaba.

“—La diferencia entre él y yo, es que ya no me importaba caerme, romperme, fracturarme… Hubiera preferido mil veces haber sido yo que tener que verlo en ti. Cada vez que salía en el hielo, tenía la ligera esperanza de que, si me lesionaba, iba a alcanzar a sanear la distancia que teníamos.

—No menciones algo tan ruin como eso…”

Solo imaginarlo le había provocado un nudo en su garganta. ¿Cómo hubiera enfrentado él en ese tiempo una lesión de Yuuri? ¿No se habría sentido culpable de no haber estado allí? Yuuri se limitó a suspirar, desestimando la situación.

“—Era lo que pensaba en ese tiempo… para Yuri, obviamente no era igual. Él es como tú.”

Quizás sí era como él, pensó ahora que lo tenía en frente, sin ya los elaborados argumentos formando fila o armando una cortina para mantenerlos fuera de su visión. Él, en algún momento, se sintió identificado con Yuri. Fuera por la forma en que se esforzaba en el hielo, por la soledad que parecía rodearlo o por lo necio que era al tratar de superar límites que ni siquiera habían llegado a él. En algún punto fue un reflejo de su pasado, él en algún instante también lo pensó.

Estando frente a esos ojos verdes y turbios, tuvo que darles fuerza a las palabras de Yakov y de Yuuri, para comprender…

Claro que se iba a sentir igual de fascinado por Yuuri como él.

Claro que iba a desear tenerlo cerca con todas sus fuerzas.

Yuuri siempre tuvo algo que les faltó a ambos, y cada uno de ellos buscó tenerlo a su lado, a costa de lo que fuera.

La amarga revelación se quedó allí, en la atmósfera. Ante el silencio de Yuri, Víctor no buscó respuesta y se apartó. Pudo percibir el sonido de aquellos pulmones tomando de nuevo aire, como si durante su escrutinio Yuri hubiera olvidado respirar. No podían ignorar que la sensación seguía en el aire, aún no podía olvidar lo que había ocurrido con Yuuri y el peso que Yuri tuvo al final para que su relación diera fin. Pero podía tolerarlo un poco más.

—Mañana iremos a vernos con Regina. Ella quiere hablar con nosotros aparte y el jueves tendremos una sesión conjunta para prepararnos para las próximas competencias. Tenemos apenas una semana para estar completamente listos —retomó el cuchillo, y volvió a escucharse el sonido del filo caer contra la tabla mientras la cebolla era cortada—. Estoy reconsiderando tu rutina de ejercicio. Esta vez, seré más estricto.

La voz de Víctor sonaba de forma impersonal, sin embargo, Yuri la escuchó con un sentido completamente nuevo. Al volver a estacionarse en su presente, sentir de nuevo el piso de las competencias bajo sus pies, le entregaba un confort necesario. Era mejor que seguir caminando en los pantanosos caminos del pasado, a sabiendas de que nada podrían cambiar allí. Yuri se sentía más seguro si se enfocaban en el ahora.

Y Víctor parecía estarlo por fin.

Porque el presente era algo que Yuri podía manejar a su antojo. Porque si tomaba las decisiones correctas, podría asegurarse así un mejor futuro. Porque si luchaba con todas sus fuerzas, el oro sería posible, y si lograba asegurarle a Víctor que sus intenciones eran honestas, podría recuperarlo. El pasado era mejor dejarlo sepultado y levantar sobre él las bases para cimentar un mejor futuro. Había que pensar en el ahora, por sobre todas las cosas.

—Admito que yo también he tenido miedo de verte lesionado —Víctor confesó, echando los cortes de la cebolla dentro de un bol para luego dejar apoyado el cuchillo contra la mesa—. Por eso tampoco he querido presionarte, y quizá sí, he sido condescendiente.

—No lo seas…

Víctor giró la mirada, para encontrarse con Yuri quien ya se había apartado de la pared, para mirarle con el filo de sus ojos claros. Sus puños estaban apretados contra ambos lados de su cuerpo, también había una expresión de rabia y fastidio marcándole la cara. Víctor le observó con seriedad, en ningún momento mutó eso, porque justamente esta era una conversación importante que ninguno quería tomar como un juego.

Yuri, de repente, golpeó el mesón con fuerza y enfatizó a través de su mirada su posición. Eso no amilanó a Víctor; por el contrario, se quedó en silencio esperando escucharlo.

—No quiero más condescendencia…  —gruñó con voz baja, indignado a más no poder con todo lo que estaba ocurriendo—. No quiero más lástima. ¡Ya es suficiente! ¡Exígeme como si fueras tú el que va a patinar, Víctor! —alzó la voz, expresándole a través de todo su lenguaje corporal lo apremiante que era para él hacerlo—. ¡Hazlo! ¡Y yo te demostraré que aun así no será suficiente! ¡Qué puedo hacerlo mejor que tú!

—Yuri.

—¡Estoy harto de la indulgencia! ¡Necesito que me exijas!

Yakov lo había sido, Yuuri lo había sido. Si era cierto lo que Víctor acababa de revelarle, y si ellos lo habían sabido, entonces eso significaba que ellos habían creído que era lo suficientemente débil como para tomar esa realidad y enfrentarla por completo. No quería lástima, no quería que las personas creyeran que no era posible para él ir más allá de sus límites. Fue precisamente eso lo que había logrado que Lilia sacara todo su potencial a tan joven edad; la sensación de que ella le exigía porque sabía que podía dar más de lo que él nunca creyó poder hacer.

—¿Estás consciente de lo que me estás pidiendo, Yuri? —Víctor se cruzó de brazos y levantó su mentón en alto—. ¿Estás consciente del nivel que me estás pidiendo? Jamás le exigí a Yuuri como me he exigido a mí mismo.

—Lo sé… —mordió, con el brillo de sus ojos afirmando cada palabra—. Por eso te lo estoy pidiendo. Quiero ganar, Víctor. —El aludido apretó la mandíbula, sintiéndose contagiado por el aire competitivo de Yuri—. Quiero ganar, quiero hacerlo. Por eso vine aquí en un primer lugar, ¡por eso me he quedado aquí! —exclamó, con la irritación, tiñendo a su voz de temblor—.  ¡Quiero ganar! ¡No por mi abuelo, no por Yakov, sino por mí! ¡Quiero ganar y estoy dispuesto a todo por ello! ¡Quiero dejar de ser el perdedor del que todos se burlan! ¡Quiero recuperarme a mí mismo, y quiero dejar de sentir que me he perdido! ¿Aún no lo entiendes? ¡Necesito ganar, Víctor! 

Víctor le miró sorprendido. Tuvo que darle la razón: desde un inicio, cuando llegó a su apartamento con tan solo una maleta y Potya bajo el brazo, Yuri le había demostrado que estaba dispuesto a lo que fuera por ganar. A agotar todas las posibilidades, a cubrir todas las alternativas. Irse allí a pesar de odiarlo y tolerar todo lo que había pasado durante esos meses, además de seguir con sus indicaciones aún si no estuviera de acuerdo; todo fue una muestra de la perseverancia inagotable de Yuri… Y regresar, regresar mil veces. Aun sabiendo que podía tener todo para perder, aun reconociendo sus fallas… Yuri se negaba a rendirse, a bajar los brazos, a colgar los patines. Yuri se obligaba a continuar.

Era hora de que él hiciera exactamente lo mismo. Su mirada se afiló para denotar un brillo azul tan incandescente como el más poderoso de los fuegos.

Él también quería ganar.

—Entonces ganemos. Vas a tener que clavar los cuádruples que yo escoja en ambos programas para hacerlo.        

Yuri asintió, seguro de que arriesgaría todo para lograrlo. Para hacer posible su pase al GPF, para poder llevar a la tumba de su abuelo el oro.

Para que Hasetsu no se perdiera en el camino.

“¡Debería darles vergüenza que siendo parte del equipo ruso se encuentren con un traidor! Pensé que eran amigos de Víctor Nikiforov #Shame #Katsuki Suck #NoMeGustaElCerdo” 5 seg

“Estoy muy decepcionada de Mila Babicheva, ¡podrá ser una gran patinadora, pero como mujer es un asco! Engañó a Otabek con su mejor amigo y ahora se encima al traidor Katsuki #NoMeGustaElCerdo #MilaBabichevaSuck #AmistadDonde” 5 seg

“De paso que a Mila Babicheva la capturaron las cámaras del hotel de Canadá en brazos de Leo de la Iglesia #PutaCheva #QueAsco #VergüenzaNacional” 5 seg

“¿Supieron que las malas lenguas dicen que Mila se acostó también con Katsuki? ¡Parece que va desmejorando la raza! #QueAsco #PutaCheva #NoMeGustaElCerdo” 4 seg

“Estoy cansado de que todo lo que se hable de patinaje en Rusia tenga que ver con el maldito japonés. ¡Supérenlo!  #NoMeGustaElCerdo #EstoyCansado” 4 seg

“Todos los que vayan a la copa Rostelecom tendrán que hacer un minuto de silencio por el japonés #NoMeGustaElCerdo” 4 seg

“Pensar que parte de mis impuestos se fueron en el dinero que gastaron en esa cena para homenajear a un traidor. Si no fuera por Katsuki, ¡aún tendríamos a Víctor Nikiforov en el hielo!  #NoMeGustaElCerdo #EstoyEnojada #PutaCheva #PopovichLoser” 4 seg

“Ya quiero que la copa Rostelecom acabe solo para que los japoneses se vayan de nuestro país. ¿Acaso hay que llamar de nuevo al ejército rojo?  #NoMeGustaElCerdo #FueraKatsuki #SuckKatsuki” 3 seg

“La única ilusión que tenía de que Katsuki volviera era para que se viera con Víctor, pero el maldito cerdo se ha paseado con todos menos con él. Es evidente que el Victuuri está más muerto que mis ganas de vivir #NoMeGustaElCerdo” 2 seg

“¿Alguien lo tuvo en duda? ¡Victuuri murió hace años! Yo solo quiero que Víctor y Yana anuncien su compromiso para llenar el perfil del maldito japonés con muchas burlas. #NoMeGustaElCerdo” 2 seg

“¿Y si le partimos una rodilla para que sepa lo que se siente?  #NoMeGustaElCerdo #Estoyharto #OdioAKatsuki #FueraKatsuki” 1 seg

Al día siguiente, las redes sociales amanecieron atestadas de sin fin de artículos y publicaciones con diversas tomas, donde Yuuri era protagonista. La noche anterior, en las redes sociales de Mila Babicheva y Georgi Popovich se habían publicado fotografías del grupo disfrutando de una cena en el hotel Astoria, para evitar el salir de allí, y como una forma de homenajear la salida de Yuuri a la Copa Rostelecom. En dichas imágenes los mostraba a ellos junto a sus familiares, la esposa de Georgi, sus hijos y la compañía de Yakov. Era evidente el buen ánimo y la felicidad junto al compañerismo impreso entre ellos.

Sin embargo, los fanáticos en su gran mayoría no tomaron de buena gana la forma en que parte del equipo ruso de elite trataban a quien aún consideraban un traidor. Lo ocurrido en el Skate América, junto a la duda de aquellos golpes que ambos patinadores presentaron, había levantado una enorme muralla entre la fanaticada rusa y el equipo japonés. No fueron sorpresa para Yuuri esos mensajes, pero si le incomodó que fueran los perfiles de Mila y Georgi los que se llenaran de éstos. Georgi decidió poner en privado todo su perfil, sin explicación alguna, y Mila bloqueó los comentarios de las publicaciones hechas, dejando un contundente mensaje público antes de blindar completamente su cuenta.

Eso, por supuesto, no iba a detener la avalancha de notificaciones que llegaban a su móvil cada vez que se conectaba al Wifi del hotel. Tuvo que bloquear sus redes sociales porque de todas partes surgían estados y avisos pidiendo que se fuera o recibía insultos, la gran mayoría escritos en ruso. La federación japonesa de patinaje ya estaba enterada de ello, e Izumi, quien era su mayor colaborador en dicha organización, se había mostrado preocupado ante lo que estaba ocurriendo. Al saber del cambio de planes de Yuuri de irse en tren y no en avión, consideró imprudente tal idea y decidió tomarse las atribuciones para que un transporte privado llevara a salvo a Yuuri hasta Moscú.

Yuuri ya tenía todo preparado para su partida. Incluso no mostró ningún reparo en botar las misivas que habían llegado para él en la recepción. No tenía tiempo para preocuparse por ello, y Rusia dejaba en claro que jamás aceptaría convertirse en su hogar. En el pasado, cuando las cosas estuvieron bien, no fue tan bien recibido como quizás hubiera deseado. Nada aseguraba que en el futuro fuera diferente.

—Izumi me dijo que esperara. Creo que está conectándose con la embajada japonesa para encontrar un modo privado de irme a Moscú. Pero me parece que está exagerando.

—Yo no lo creo, Yuuri —se escuchó la voz calma de Hirogu tras la línea mientras en la imagen se veía al terapeuta con todos sus certificados tras él, colgados en la pared. Estaba hablando desde su oficina—. Lo que me has dicho que te ha llegado por redes sociales no es algo que se deba tomar a la ligera. Me parece bien que la JSF esté dispuesta a procurar tu seguridad.

Yuuri desvió la mirada hacia la pared. La calefacción estaba encendida y él se encontraba con un suéter tejido beige, bastante cómodo, que le permitía estar preparado para cuando le tocara salir. Pero ya Yuuri en ese punto estaba preocupado. Minami había salido de viaje tres horas atrás, si seguían tardando no llegaría a tiempo para estar en el aeropuerto.

—Pero me reconforta saber que has podido dormir sin las pastillas —Yuuri giró de nuevo la mirada hacia la cámara, donde Hirogu le miraba. Emitió una sonrisa suave en respuesta—. El viaje ha sido un éxito en ese sentido.

—Debí haber hecho esto hace meses atrás.

—No estabas preparado aún para eso, Yuuri —el aludido asintió, dándole la razón—. Tomaste una buena decisión. ¿Cómo te sientes al respecto?

—Yo… me siento bien. Aunque… también siento que quiero ser un poco más egoísta —Yuuri soltó un suspiró áspero, y volvió la mirada hacia la pared—. Me siento un poco como cuando volví de Detroit. Entre sí dejar las cosas así, entre sí hacer las cosas nuevamente, o seguir…

—¿Te refieres a cuando pensabas en dejar a tu carrera? —afirmó con un movimiento de su cabeza—. Yuuri, tú nunca dejaste de amar el hielo. Asumo que en ese momento solo necesitabas alguna señal de que el camino que habías decidido era el correcto. Ahora, puede estar ocurriendo lo mismo.

El sonido de su móvil mostrando la llamada entrante cortó su atención, deslizándola hacia la pantalla. El nombre de Yuri parpadeaba en ella y Yuuri al verlo se quedó en silencio, con el corazón acelerado, sin saber a qué podría deberse aquello. Había hablado con Víctor sobre Yuri no solo de lo ocurrido en el pasado, sino en lo que él creía podía estar afectando a su carrera como deportista en el presente. Pero no estaba seguro de cómo habían llevado las cosas ellos dos. Si había logrado solucionar algo.

Soltó el aire y se despidió de Hirogu para poder atender la llamada. Tuvo la necesidad de ponerse de pie, sin saber qué esperar de ella y sintiendo un nudo en su estómago a pesar de haber desayunado. Pero al escucharlo, le sorprendió cuando Yuri le pidió que le permitiera entrar a la habitación. No pudo negárselo.

Tras cortar la llamada, suspiró mientras veía hacia la maleta arreglada para el viaje. Las medallas que se llevaba iban allí, ocultas entre sus trajes para el evento. Se dio el tiempo de sentarse en el filo de la cama mientras pensaba en ello y en todo lo que había ocurrido desde que llegó: las palabras de Yakov, de Georgi, de Mila, las conversaciones con Víctor y con Yuri, y la promesa de competir. Sin embargo… sentía que no había sido suficiente. Una cosa molestaba, como una espina atorada. Yuuri volvió su mirada hacia el teléfono debatiéndose sin tendría que seguir a ese impulso o no.

El pensamiento se diluyó al escuchar el toque de la puerta. Yuuri respiró profundo, guardó su móvil en el bolsillo trasero del pantalón y caminó con calma, para respirar hondo antes de tener que abrir la puerta. Se sorprendió cuando vio que Yuri no venía solo.

—Ey… —Yuri iba vestido para el entrenamiento, pero tenía a Louis a su lado. El adolescente se movía inquieto, mientras dudaba entre levantar la mirada o mantenerla agachada—. Tengo un bulto encima. —El adolescente no dudó en golpearle el costado a Yuri y arrugó la cara mostrando su desaprobación. La expresión de Yuuri se suavizó al notarlos.

—Que gusto verlos a ambos… adelante.      

Sin más demora les dio espacio para entrar, y tras cerrar la puerta, los tres se quedaron en silencio mirándose intermitentemente. Yuuri no esperaba la visita de Louis en la habitación. Sí, lo había visto emocionado cuando fue el día anterior a la pista, pero estaba tan preocupado por otras cosas, que prefirió dejarlo así. Ahora estaba allí y el joven mostraba ponía la cara de fastidio. Era evidente la diferencia de altura entre ambos patinadores, Yuri le llevaba una ventaja abismal, aunque viendo a Louis así, le atraía los recuerdos lejanos de su primera vez frente a Yuri, cuando estaba saliendo de la categoría junior.

De repente, Yuri le asestó un puntapié a Louis, que casi lo tambalea. Yuuri miró y se guardó su risa.

—¿Y tú qué? ¿Viniste a solo verte los pies?

—¡Cállate! —replicó Louis al voltear para dirigirle la clara expresión de molestia.

—Joder, te pegaste como una pulga desde ayer con que querías que te trajera —Yuri lucía irritado, como un hermano mayor cargando al hermano pequeño para todos lados. Yuuri comprendió por fin y miró a Louis, con una suave sonrisa.

—Gracias por venir a despedirme, Louis. Vi tus programas este año, son muy buenos. Georgi hizo un gran trabajo. —El adolescente se sonrojó copiosamente y Yuri terminó alejándose, le incomodaba por la interacción. Prefirió entretenerse mirando la habitación perfectamente acomodada, el computador abierto y la maleta preparada—. Sé que serás un gran adversario cuando pases a la liga senior.

—¡Y-yo…! ¡Yo quería tomarme una foto con usted!

—Oh… claro.

Yuri miró de lejos la escena. Louis, contento a más no poder, se había colocado frente a Yuuri mientras estiraba su brazo para acomodar la cámara de su teléfono, y Yuuri se acomodaba para inclinarse un poco. Ante el sonido del celular, Yuri sintió que un nudo se formaba de nuevo en su garganta, mientras los veía separándose. Louis se veía genuinamente feliz, y él envidiaba que fuera capaz de expresar con tanta facilidad sus sentimientos. De decir lo que quería, de acercarse, de no sentir que era débil por hacerlo…

Parecía tan difícil…

Louis se apartó para mirar el resultado de su foto. Pareció contento con él y le sonrió ampliamente en agradecimiento. Los ojos verdes del joven se veían alegres y eso le contagió a Yuuri de esa felicidad, al cumplir el deseo del adolescente.

—Yo… yo quisiera que, más adelante, ¡hicieras una rutina para mí!

—¿Eh? —De inmediato se quejó Yuri, con clara inconformidad. Yuuri solo rio.

—Será un placer hacerlo, Louis. Así podrás vencer a Yuri en las nacionales.

Yuri chasqueó la lengua y desvió los ojos, mientras Louis respondió a aquello con una mirada llena de emoción. Satisfecho, se giró para sentarse a la cama y hacer la subida de la fotografía a su Instagram. Yuuri aprovechó ese momento para dedicarle una mirada calmada a Yuri, llamando así su atención. Sabía que en poco lo estarían llamando para decidir al final que es lo que haría para trasladarse a Moscú, así que el tiempo era corto, muy corto.

Como si la mirada de Yuuri fuera suficiente para atraerlo, Yuri acortó la distancia y se acercó, con aún la inseguridad de cómo comportarse con él. Antes era fácil abrazarle, colgarse de su hombro aprovechando la altura o pegarse a su costado. Era sencillo sentirse a ese nivel de intimidad, pero… aunque quisiera, ahora se sentía anómalo hacerlo.

Yuuri sí dio unos pasos para buscarle, aunque tuvo la delicadeza de guardar su espacio, para no incomodarlo. Se agarró del brazo como muestra de un ligero nerviosismo antes de dirigirle la mirada.

—¿Vas a entrenar ahora?

—Víctor me citó a las 11 —anunció, mirando de reojo al adolescente que parecía preocupado en su celular—. ¿Por qué cambiaste de planes?

—La JSF me pidió que los dejara encargarse de mi traslado. —Era mejor, Yuri lo admitió y afirmó sin demora—. Me preocupa no llegar a tiempo al aeropuerto de Moscú.

—Espero que no tengas problemas allá…

Yuuri le sonrió con tranquilidad, desestimando la posibilidad. De todos modos, ya solo le quedaban cinco días en Moscú, y ahora bajo la protección de la federación, nada podría ocurrirle.

—Discúlpame con Mila y Georgi… vi lo que empezaron a escribirles ayer en sus perfiles.

—Joder, ni lo menciones… ¡Mila estaba furiosa! Y ahora supuestamente salieron fotos de ella y Leo, ¡es un desastre!

Yuuri torció la boca, imaginando la situación. Leo seguro estaba pasando un mal momento con ello, porque las fotos se filtraron desde Canadá, y según le había comentado Minami en una de sus conversaciones, la novia no se lo había tomado nada bien pese a que Leo aseguraba que no había pasado nada.

—De todos modos, cuídate. —Yuri se animó a comentar, y con inquietud, movió los brazos sin saber qué hacer con ellos—. No podremos estar, pero sabes que no estás solo aquí.

—No lo estoy, Yuri, eso lo sé. —Lo observó con seriedad al decirlo—. Minami viene con mi maestra Minako y mi hermana Mari. Y estamos apuntando a regresar con una medalla a Japón. Espero que también estén pensando en hacerlo… —Yuri le devolvió la mirada, con un agujero creciendo en su estómago—. Tienen que regresar de Francia con un oro, Yura. Tenemos que vernos en el GPF…

Sin pensarlo, accionó. Yuri no tuvo tiempo de razonar sus actos cuando extendió sus brazos y abrazó a Yuuri con fuerza, con tanta fuerza que no le importó en ese momento si resultaba demasiada, solo se dejó llevar por ese sentimiento que aún seguía gobernándolo, por la sensación de desprendimiento que había y la profunda necesidad de tenerlo cerca.  Yuuri no le detuvo. Lo recibió quieto, aprovechando que sus brazos no fueron atorados en el fuerte abrazo de Yuri, para responderle al rodearle suavemente la espalda.

Yuri no quería que se fuera… Quería poder decirle que más adelante lo apoyara en su carrera. Le gustaría poder retarle con convertirse en su entrenador si ganaba el oro. Pero parecía imposible, se sentía como una traición. Y le encantaría pensar que en algún momento del futuro esto dejara de ser así. Apretando las palabras que no podría decirle en su garganta, se aferró a él hasta ocultar su cabeza contra el hombro y el cuello de Yuuri.

Dolía separarse. Dolía saber que se sumiría de nuevo en la distancia. Dolía tener que resignarse a eso.

—¿Puedo escribirte? —Escuchó preguntar a Yuuri, con un esfuerzo casi igual al suyo, uno que le hizo sentir consolado de no ser el único que resentía esa separación. Se limitó a asentir—. Estaré apoyándote desde Japón, Yura. Estaré pendiente del Trofeo de Francia.

—Ni se te ocurra no verme, cerdo… —logró decir con esfuerzo. Yuuri fue quien afirmó, y procuró separarse para dejarle un par de palmadas en su hombro.

—Una cosa más… —Yuri miró a aquellos ojos marrones, con aquellos sentimientos tan claros y tan agudos que gritaban en su cabeza, en una coral sin nombre—: cuida de Víctor. Yo hablé con él, espero que…

—No te preocupes por eso, ya hablamos. —Los ojos de Yuuri parecieron clamar por tener la seguridad de que todo estaba bien. Para Yuri no fue difícil leerlo, pero solo le sonrió ligeramente—. Todo está bien. Él estará bien.

Yo también…

Yuuri soltó el aire con más calma al escucharlo. Fue evidente hacia donde estaba dirigida su preocupación, más que lo que vendría en competencia y la presión de Minami, más que lo que podría sentir por todo lo que había leído sobre él, su atención estaba en un único punto. En el mismo punto. Eso no había cambiado.

Cuando el teléfono de Yuuri sonó, Yuri dio un paso hacia atrás y le dio espacio para contestar. Al escuchar a Yuuri hablando en japonés imaginó que se estaba comunicando con algún representante de la federación japonesa. Louis se levantó también al notar que ya Georgi estaba preguntando por él para las prácticas y Yuri, a sabiendas de que no podría demorar aquello, se preparó mentalmente para despedirse. Esperó que colgara la llamada y vio a Yuuri suspirar profundo antes de volver a mirarlo. Se veía un tanto ofuscado, seguramente asfixiado por las atenciones.

—Ya viene el transporte que me llevara a Moscú —explicó—. ¿Me acompañan a la salida? 

No había duda de ello.

Ambos caminaron junto a Yuuri al abandonar la habitación. Con un abrigo marrón cubriendo sus ropas, Yuuri jalaba la maleta con él mientras Louis se sentía más en confianza para hablarle a Yuuri de sus planes para la próxima temporada, donde esperaba convencer a Víctor de que le coreografiara su programa, pero que quería seguir entrenando con Georgi. Yuri escuchaba de lejos, porque todo lo que podía tener en mente era esa sensación acrecentándose, tomando espacio en su pecho.

Al llegar a la salida del hotel, esperaron en silencio en la recepción. Louis se alejó un momento para revisar el teléfono y Yuri aprovechó volver su atención en Yuuri. En ese momento, Yuuri acomodaba un gorro de lana azul sobre su cabeza, como si fuera a presentarse a una fuerte nevada. Quizás y no estuviera tan lejos de ello, si pensaba en darle forma a la avalancha de odio ruso que estaba lloviendo sobre él. Pero no, no dijo nada. Se limitó a mirar, a callar… a pensar.

—Yura —Yuuri fue quien le habló—. Todo estará bien. Esto es solo un hasta luego. 

—¿No te arrepientes? —soltó, sin filtro. Yuuri abrió sus ojos enmarcados por aquella montura azul, mientras Yuri contenía el aliento.

¿Cómo podría separarse así?

¿Cómo podría enfrentarlo de mejor manera?

El Yuuri que había conocido no podría hacerlo, no de esa manera, así que se sentía frente a otro Yuuri. Uno distinto, uno más fuerte, uno que intimidaba porque dejaba en claro que ya no los necesitaba a su lado para seguir. Y todo eso se lo decía a través de sus ojos verdes, vibrando, aturdidos, nerviosos… dolidos.

Yuuri dejó escapar el aire y relajó sus hombros para emitirle una mirada tan suave, tan dulce, que a Yuri le tembló la mandíbula. No había duda en él, sino una total certeza de que ese era el camino que debía recorrer, que nadie se atrevería a dudarlo.

—No, no me arrepiento, Yura. He estado pensando mucho en eso en estos últimos meses. Cuando volví a patinar Yuri on Ice, fue darme cuenta de que repetiría esto, todo esto, aun sabiendo el resultado. Patinar con Víctor, venir a Rusia, amarlo a él, competir contra ti…

“De no haberme apoyado en ti, no hubiera conocido este Yura que no muestras a nadie más. Y de no haber dejado Rusia, no hubiera tenido la oportunidad de conocer a Minami y comprender hasta dónde llega su admiración hacia mí. Ha sido duro, me he equivocado mil veces, y sí, quizás algunas cosas me hubiera gustado hacerlas diferentes, pero… sin todo eso, yo no estaría aquí.” 

El último abrazo quemó. La imagen de su espalda mientras salía del hotel para entrar a aquel automóvil oscuro se grabó con todos los detalles dentro de él. Yuri le miró, le vio partir, y todo lo que había quedado de Yuuri, había sido nuevamente el insondable calor de su compañía, la dulzura de su mirada tan transparente y la certeza de sus palabras, tan claras.

“Quiero creer que esto es solo el inicio de algo nuevo. Que ahora seré lo suficiente inteligente y capaz de cuidar lo que sea que la vida me preparé adelante. Porque el amor ya no está solo en el hielo, está en todas las personas que han estado conmigo acompañándome. Y ahora que lo he entendido, quiero cuidar eso; más allá de mi carrera, de mi pasión al patinaje, de una pista…. Y entre esas personas, están ustedes, Yura.”  

Yuuri partió.

Al llegar a la pista, ya Víctor estaba en el hielo, patinando como tenía días sin hacer. Yuri lanzó el morral a un lado de la banca y se posicionó al lado de Georgi y de Mila, quienes observaban con ojo crítico la rutina que Víctor estaba realizando.

Arsonist’s Lullaby estaba experimentando dramáticos cambios que la harían más apta para la siguiente competición. Y el rostro de Víctor lucía serio, decidido. Fue inevitable no mirarlo con atención, Yuri se inclinó contra la barrera y puso su mano sobre el labio, absorbiendo la imagen que Víctor le transmitía para encontrar todos los detalles que debería ahora mejorar de su presentación. No había tiempo que perder y algo en el aire de Víctor le invitaba a observarlo, por completo.

Por esa razón, Víctor le pidió llegar más tarde, ya que le había prometido que potenciaría ambos programas pensados para él, pensados para ganar. Y estaba claro que pensaba cumplir, con creces. A nadie del equipo le quedó duda de ello cuando lo vieron patinar con tal belleza y elegancia, que era un placer presenciarlo.

Mila Babicheva

14 h — IOS IPhone

“Estoy terriblemente decepcionada de la fanaticada de patinaje ruso. Solo para aclarar, en ningún momento engañé a Otabek, nos separamos por otros motivos. Mucho menos tengo algo con Yuuri Katsuki o Yuri Plisetsky, los amo como mis hermanos. “

Mila Babicheva

14 h — IOS IPhone

“Estoy terriblemente decepcionada de la fanaticada de patinaje ruso. Todas las cosas horribles que dijeron, solo me dejan claro en lo que nos han convertido. Solo para aclarar, en ningún momento engañé a Otabek, nos separamos por otros motivos. Mucho menos tengo algo con Yuuri Katsuki o Yuri Plisetsky, los amo como mis hermanos. Y tener que salir a decir esto, cuando se supone que deberían verse por las dos medallas de platas y mi clasificación en el GPF de este año, me llena de profunda decepción.

Los que están viendo esto ya no es el público, he bloqueado la privacidad de este mensaje”

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Sara Crispino: Calma amiga. No sé qué está pasando, pero sabes que tienes a quienes te valoran y saben la excelente deportista que eres y la gran persona. Deja que los necios hablen. Después de todo, no tienen nada mejor que hacer.

Angeline Olsson: Estamos contigo. He estado siguiendo algunas cosas de las redes y es mejor hacer ojos ciegos y continuar. Todos sabemos que eres una mujer talentosa y que se estén fijando de tu vida personal en vez de tus logros, es clara muestras de que no los necesitas en tu vida.

Louis Petrov: A mí no me importa. Estoy bloqueando a todos los que se atrevan a insultar a Yuuri Katsuki en mi perfil. Si quieren ser mis fanáticos, tendrán que respetar a mis patinadores favoritos.

Yuuri Katsuki: Gracias por tu apoyo, Mila. Yo te admiro, eres una excelente deportista. Pero no te desgastes, yo sé a lo que me enfrento.

Las menciones en las redes continuaron. La polémica se multiplicó en distintos grupos del ciberespacio quienes, avalados por el anonimato, se permitían soltar aquellos pensamientos que eran incapaces de mostrar en público.

Yuri Plisetsky, a horas de la tarde, publicó un estado en su Instagram junto a una fotografía que lo ponía contra la pista, con la figura de Víctor en la barrera tomando un paño para secar su sudor. La imagen rezaba: “Preparado para dar el todo por el todo en Francia”. Recibió mucho apoyo, pero también hubo comentarios malintencionados que no tardaron de catalogarlo un traidor por su acercamiento con Yuuri, y que él no tardó en bloquear.

Mila había bloqueado su perfil y Georgi hizo lo mismo. Louis en su Instagram no tardó en comentar en diferentes fotografías lo enojado que estaba ante el recibimiento de Yuuri, actuando según dictaba su juventud e impulsividad. Yuri no estaba seguro de qué hacer, no quería tampoco entrar a una pelea sin precedente con los fanáticos. Así que se limitó a actuar como siempre, como Yuuri le hubiera pedido, pero dejando en claro su posición.

yuri-plisetky 2min

yuri-plisetky Yuuri Katsuki, te mostraré mi mejor programa en Marcella. Y a quien no le guste, pueden dejar de seguirme.

La cantidad de seguidores del equipo ruso bajó. Yuri poco le preocupó ver como los números de sus cuentas decrecía, consideró aquello como un simple evento sin precedente en su vida. Lo que sí le sorprendió fue ver a sus fanáticas comentando que lo apoyarían, y que no dejarían que nadie lo insultara por culpa del japonés.

Víctor prefirió no saber nada de redes. En la noche había bloqueado todos sus perfiles, quitado las notificaciones, para abocarse a concentrarse en lo que realmente importaba. Le tranquilizó saber por parte de Yuri que ya Yuuri estaba al cuidado de la federación japonesa y que lo habían llevado en un vehículo privado hacia Moscú, para salvaguardar su seguridad ante la avalancha de respuestas negativas que había en las redes sociales. Víctor tampoco estimaba que pudiera pasar más allá de una queja social por las redes, jamás había pasado lo contrario. Un par de eventos en Estados Unidos, pero que definitivamente no podían ser extrapolados a esa realidad.

No obstante, también lo pensó. Lo pensó mientras se secaba el sudor y sentía a su rodilla molestar tras una extensa jornada de entrenamiento. Lo meditó mientras veía el contacto de Yuuri, “Mi Yuuri”, abierto y en espera de unas palabras.

¿Perdía arriesgando?

« Suerte en la copa Rostelecom, Yuuri.

« Dile a Minami que encienda la pista por ti.

Cerró la ventana y miró solo el contacto abierto, dudando de nuevo sobre la siguiente acción. Pero como todo tenía que iniciar con un paso, Víctor decidió darlo. Editó el contacto para quitar ese pronombre posesivo tan inadecuado porque Yuuri, aunque hubiera sido su pareja, jamás fue enteramente suyo. Su vida jamás giró por completo en la de él.

Yuuri » Gracias, Víctor.

Yuuri » Nos vemos en Francia.

Víctor levantó la mirada, con la sensación de haber avanzado un largo trecho que antes había significado un imposible. Con la resignación adornando sus gestos, se levantó para dejar el móvil a un lado, y volvió a darle orden a Yuri de ejecutar los saltos de nuevo, cada uno de ellos, sin que hubiera tolerancia al error. Yuri lucía agotado, con las manos apretadas en sus muslos, mientras recuperaba el aliento tras haber repetido la rutina.

J.J Style Skating

15 min — IOS Iphone en Múnich

“¡Ya extraño a mis reinas, pero les llevaré el oro de vuelta!”

Leo de la Iglesia

18 min — Ios Iphone en

“Estoy listo para mi primera competición en las eliminatorias del Grand Prix. @MinamiKenjirou @SeungGilLee @JJStyleSkating ¡Mucha suerte en esta competencia! ¡Daré todo para ganar!”

Yuuri miraba los estados de los competidores, sin detenerse a revisar las menciones innecesarias que nada bueno iba a traerle al leer. Se dedicó a verlos a ellos, a prepararse ante la perspectiva de volver a verlos y de competir en uno de los estadios que siempre mostró su sincera indiferencia ante él.

Moscú le esperaba, y estaba nevando muy fuerte. Pero Yuuri, al fin, se sentía preparado de poder hacer frente a cualquier tormenta. 

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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