Matryoshka II (Cap 13)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 13: Podemos hacerlo

Otabek miraba nuevamente su traje para asegurarse que todo estuviera en orden. El color bronce junto a los detalles dorados le vestían como si de un príncipe escapado de algún cuento se tratara. A él siempre le habían agradado ese tipo de trajes de corte aristocrático, aunque prefiriera vestir de forma más casual y cómoda en su rutina diaria. Sin embargo, en las presentaciones quería lucir regio, elegante, imponente, para tener con qué enfrentarse a aquellas figuras que derrochaban talento y facilidades que él jamás tuvo a su favor.

Aquel traje cumplía con su cometido. Su rostro férreo observaba la sombra de barba que tenía que afeitarse, mientras ajustaba los detalles dorados de sus puños y observaba con contenido orgullo los detalles bordados en la tela. La chaqueta era perfecta y estaba justa a su medida, ofreciéndole a su vez facilidad para sus movimientos. La camisa blanca era de cuello recto, dejando caer el cravat blanco mientras que, por encima de ella, un chaleco del mismo color de los detalles de su chaqueta cubría la tela. El color resaltaba sus rasgos, así como el color pálido de su piel.

—¡Se te ve muy bien! —Elogió Jean al entrar a la habitación con su pequeña Collette en brazos. Estaba moqueando, sonrojada e irritada por el malestar que el resfriado le provocaba. Otabek la había escuchado llorar con insistencia, pero parecía que Jean había logrado calmarla.

—¿Cómo sigue?

—Ya al menos se le bajó la fiebre. —Suspiró mientras mecía a su niña en los brazos. Mas cuando Otabek intentó acercarse y acariciar la sonrojada mejilla, recibió de su parte un puchero y la aversión. No quería que nadie aparte de su papá la tocara—. Está un poco indispuesta aún.

—Entendible. —No quiso presionarla, menos notando la forma en que la niña se agarraba de la camisa de su padre—. Y sí, el traje lo siento bastante bien. Los arreglos quedaron acordes.

Jean se limitó a asentir, mientras miraba con interés la elegancia que Otabek le imprimía a su traje. En comparación al suyo que era más alegre y sencillo, Otabek iría vestido como si fuera a reinar la gala. Pero claro, Jean no se lo pondría tan fácil.

Jean decidió sentarse en el borde de la cama de Otabek, mientras éste comenzaba a quitarse la chaqueta, dispuesto a dejar el traje preparado para la competencia que iniciaría en unos días. Se encontraba nervioso ante la perspectiva, no solo por lo que implicaba competir, y enfrentarse a J.J, sino porque Mila Babicheva había sido designada también a ese evento, y estaría buscando alcanzar su puesto para la Grand Final. Otabek no dudaba el que pudiera hacerlo, pero a sabiendas de que debían encontrarse, no estaba seguro de estar preparado para ello.

—Esta competencia se ve divertida. No pensé que los contrincantes avanzaran tanto en tan poco tiempo. —Soltó Jean con una sonrisa en su rostro, recostándose para apoyar a su niña sobre su pecho, donde se acurrucó—. Incluso Yuri parece que se acerca a ser lo que era. Me hubiera gustado ver su programa libre a la perfección.

—Me preocupa que haya tenido esa caída…

Y no podía negarlo, había sido frustrante verlo fallar de manera tan estrepitosa cuando iba bien, pero lo que más le preocupaba era que aquello significaba que Yuri no estaba tan estable como aparentó en las pocas y cortas conversaciones que habían entablado. Yuri mantenía una distancia demasiado apreciable, y Otabek no se atrevía a cortarla. Sentía que, si Yuri lo había decidido así, era lo mejor.

—Seguro fueron los nervios. Pero al parecer la presencia de Víctor Nikiforov le ha hecho bastante bien. —Otabek no pudo evitar irritarse ante tal perspectiva—. ¡Estoy ansioso de ver qué hará en el Trofeo de Francia!

Queriendo ocultar su ofuscamiento, Otabek se retira el cravat y lo coloca en la mesa, junto al chaleco, para quedar así con solo la camisa blanca y su pantalón bronce. Hecho eso, se sentó en la orilla de la cama y cedió al impulso de imitar la posición de Jean, recostado y mirando al techo con las manos en su regazo, pero sin el peso de un infante en su torso.

Era extraño como aquellos pocos meses habían servido para crear esa complicidad entre ambos. Otabek se permitió recordar sus primeros años en Canadá, la forma en que Jean lo buscaba e invitaba a su casa. Las interminables conversaciones cuyo único tema central era Jean y por supuesto, su apoyo para ayudarle a hacer los saltos. Otabek había decidido no amarrarse a esa clase de lazos, de hecho, con el único que sintió esa necesidad de tenerlo como aliado había sido con Yuri. Ahora comprendía que podía contar con otros más, aunque sus niveles de intensidad fueran diferentes; cada uno le otorgaba algo importante. Jean tenía mucho que darle.

—Estoy ansioso. —Reveló Jean con un brillo infantil en sus ojos que llamó la atención de Otabek—. Siento que estas competencias serán impresionantes. Ya quiero competir en Rusia contra Seung-Gil y Minami. ¿Quién diría que mejorarían tanto? La presentación de este año de Minami es asombrosa.

—Katsuki supo cómo aprovechar el estilo de Kenjirou.

—Oh Yuuri… me va a dar gusto saludarlo de nuevo.

—¿Eran cercanos? —Ni siquiera él recordaba haber hablado más que un par de veces con Yuuri cuando competía, pero sabía demasiado de él gracias a su mejor amigo. No esperaba que Yuuri y Jean hubieran llevado una relación más cercana en comparación. Pero Jean renegó.

—No, no lo fuimos. Creo que le caía mal, tanto como a Víctor. —Encogió sus hombros sin darle importancia—. Nunca me esperé que, a pesar de poder vencer a Víctor, me encontraría a alguien más a quien me costara hacerlo. Hizo de las competencias algo divertido.

La rivalidad entre J.J y Yuuri durante un tiempo fue tema de muchas discusiones en la red. La manera en que ambos se disputaban el oro los había catapultado no solo como rivales interesantes en las competencias, sino también como una pareja en las redes; una descabellada manera de seguir la trayectoria de ambos. Mila solía reírse al revisar los arts de la pareja JJuuri y comentarle de los fics exagerados donde J.J dejaba a Isabella y Yuuri a Víctor para juntarse después de años de competencia y rivalidad que traspasó la pista y se enterró en la cama. A Yuri llegó a molestarle aún más, sobre todo al darse cuenta de que esa “pareja” había tomado mayor popularidad que la suya que lo juntaba con Yuuri.

Todo fue agravándose conforme los años pasaban: J.J decía en entrevistas que le encantaría de nuevo enfrentarse a Yuuri y lograr vencerlo como venció a Víctor en su momento, y Yuuri ignorándolo cada vez que salía a colación en las preguntas. La cosa tomó un rumbo más álgido después del retiro de Yuuri. Jean había lucido tan decepcionado y afectado que los periodistas no tardaron en preguntarle su sentir al respecto, y el hombre, que no sabía de mentir, dijo lo que pasaba por su cabeza.

“Siento que Yuuri me ha ganado en lo único que yo había podido hacerlo y me ha dejado sin oportunidad de recuperar el título. Me siento triste porque la pista no será la mismo sin él, pero espero le vaya bien.”  

Por supuesto, Yuuri había ganado esos cuatros continentes. Fue su primera y única vez en hacerlo, con un programa maravilloso, y una exhibición dolorosa. Yuuri había vencido a J.J en la única competencia que le faltaba. Esas palabras de Jean junto a la afirmación de Yuuri de haber separado su camino de Víctor, provocaron otro sin fin de conjeturas que finalmente callaron con el tiempo y el silencio de ambos.  

—¿Sabías que Yuuri estaba en tratamiento por ansiedad? —Otabek lo sabía, porque era algo que Yuri le había confiado; sin embargo, escucharlo en los labios de Jean lo había tomado por sorpresa. No era algo que se ventilara con facilidad, de hecho, incluso la prensa ignoraba aún aquello.

—¿Cómo sabes? —preguntó curioso, y Jean se movió para encararlo, apoyando a su vez a su hija en la cama ya que se había quedado dormida.

—Estuve cuando le dio el ataque en el mundial de Moscú. Nunca me había asustado tanto en una competencia como en ese día. Ni siquiera la crisis que me dio en el GPF de Barcelona. Estaba pálido, sus puños apretados contra sus rodillas, sus labios amoratados y sus ojos abiertos como si quisiera gritar que alguien lo ayudara. Que se estaba muriendo. No podía respirar, cuando intentaba hacerlo sonaba como un silbido en su pecho. Te juro, me sudaron las manos, la espalda… lo primero que pensé es que se iba a morir en frente de todos y lo único que se me ocurrió fue correr por paramédicos.

Otabek había escuchado la versión de Yuri en ese día, entre llanto y grito desesperado, cuando lo llamó desde emergencias buscando algún apoyo. Luego había sido Mila quien lo había llamado solo para echarse a llorar al sentirse llena de impotencia. Él sólo pudo imaginárselo, pero contado desde Jean sonaba más terrorífico de lo que pensó.

—Me lo tomé en serio desde ese día. Creo que empecé a tomármelo en serio todo. Me di cuenta de que yo no era el único que se esforzaba, que todos ustedes también lo hacían y que debería verlos a todos como dignos de competir a mi lado.

—Suenas pretencioso. —No pudo evitar mencionar mientras sonreía al techo. Por mucho que Jean intentara sonar humilde, parecía no estar en su forma de expresarse.

—¡Pero no lo es! —Suspiró—. Esa temporada fue dolorosa… entre ver caer a Víctor Nikiforov y luego el ataque de ansiedad de Yuuri Katsuki, me hizo ver esto como más que una carrera para superarme. ¡En fin…! —Otabek miró con extrañeza a su amigo, quien volvía a cargar a su niña en sus brazos para levantarse en la cama—. Voy a llevar a Collette a la cama. ¿Ya pensaste que harás cuando veas a Mila?

—No lo sé. —Admitió, sentándose también en la cama—. No tengo idea de cómo me dirigiré a ella.

—Bueno, nunca he tenido ex, no tengo idea de que se hace en esos casos. —Encogió sus hombros y Otabek simplemente renegó. Ni siquiera él teniendo exparejas en el pasado sabía cómo hacerlo, Mila no había sido los momentos robados que tuvo con otras en el pasado. Mila había sido demasiadas cosas, aún lo era; y eso le aterraba. Le asustaba el no saber cómo manejarlo—. Lo harás bien.

Con esas escuetas palabras, J.J lo dejó sólo en su habitación mientras Otabek soltaba el aire contenido. De nuevo dirigió sus ojos a las partes del traje que había dejado sobre la mesa. Los gritos y el llanto de Mila seguían frescos en su memoria, así como los golpes en su pecho y la forma en que lo empujó de su habitación para luego escucharla llorar tras la puerta. Jamás lo olvidaría, estaba seguro de ello.

A pesar de la emoción explícita en el rostro de Yuri por probar de nuevo Piroshki caseros no hechos por él, Víctor tuvo que decirle que ya se había comprometido a una visita a Yakov. Georgi afortunadamente les invitó también a ir con él y le convidó a Larissa a cocinar en su casa, con la ayuda de su esposa, para así todos disfrutar de los Piroshkis que pretendía hacer. De esa manera todos quedaban contentos, según él, aunque Víctor no había comentado nada de lo sucedido con Dmitri y se abocó a participar en el entrenamiento activamente.

Frente a los ojos de su madre, Yuri tuvo varias caídas intentando ejecutar el flip cuádruple y el salchow cuádruple. Empezaba a frustrarse, pero Víctor le dijo que no se estresara con ello y repitiera las rutinas. Era consciente de que aún se encontraría cansado por el viaje, y no creía productivo obligarlo hasta agotarse. Sin embargo, Yuri insistió y pasó todas las prácticas ensayando sus saltos hasta que logró al menos tener un par de clavados de los dos cuádruples que mejor dominaba, aunque el flip continuaba siendo una imposibilidad.

Ya agotado, a las seis de la tarde se dirigieron todos hasta casa de Georgi, y mientras las mujeres conversaban animadas y se dirigían a la cocina, los hombres se encontraron con Yakov quien no dudó en regañar a ambos expupilos por lo sucedido.

Sobre el tema de los golpes a Minami, Yuri recibió una reprimenda tal que no tuvo la valentía de levantar su rostro y soportó el regaño sumisamente. Víctor se mantuvo en silencio, con los brazos cruzados, mientras el menor simplemente soportaba todo sabiéndose merecedor de las duras palabras. Yakov le dijo que jamás hubiera permitido algo así, y que, si hubiera quedado en sus manos, no hubiera cubierto lo sucedido para que aprendiera a tomar las consecuencias en sus decisiones. En ese punto también reclamó a Víctor por haber mentido, le insistió en que no podía cubrir semejantes errores a la federación y que ese tipo de actitudes sólo demostraba su falta de mano dura al respecto.

Le había asombrado el que Yuuri hubiera aceptado aquello siendo tan apegado a las reglas. Asumió que Yuuri debió estar asustado y que seguramente Víctor aún no había perdido su influencia en él.

—¡Y no quiero verte en lo que queda del día! —clamó, mientras batía la mano en el aire indicándole a Yuri que se retirara—. Estoy decepcionado, ¡no quiero que me afecte la cena!

—Yakov…

—¡Nada de Yakov, Vitya! —Víctor se limitó a soltar el aire—. ¡Qué piense en las consecuencias por una buena vez en su vida! Fui muy condescendiente contigo, ¡no pretendo serlo con él! ¡Ya vi que la condescendencia no ayuda! 

Yuri se mordió los labios al notar que Yakov estaba empezando a hablar como si él no estuviera aún en la habitación y, cabizbajo, decidió abandonar la estancia. Soltó un suave: “Perdóname por decepcionarte, Yakov” y partió en silencio, dejando a Víctor con una sensación agría en su garganta. 

—Yakov… eso fue muy duro.

—¿Duro? Estoy siendo justo. ¡Eso es algo que no se puede escudar, Vitya! Es desleal y eso es algo que jamás hubiese perdonado, ¡ni siquiera a ti! Tantos problemas que me diste con la federación por tu comportamiento caprichoso, ¿me sirvió acaso de algo?

—Lamento haber sido tan problemático. —Se inclinó frente a él y recostó su cabeza entre las piernas del anciano, quien doblegado por el amor que le tenía a Víctor no tardó en posar una de sus arrugadas manos sobre los cabellos claros para darle mimos.  

—Lo sigues siendo. No vuelvas a tapar algo así, Vitya, ¡si aprecias tu cabello! —Víctor rio bajó ante la perspectiva de quedar calvo como Yakov—. Si la federación quiere crear una coartada, deja que así sea. Pero no tomes tú la responsabilidad de sus actos.

—Estoy haciendo lo que hiciste tú por mí. —El hombre no pudo acotar nada más a su favor.

—La idea no es que cometas mis mismos errores, Vitya. Mira mi reflejo e imita lo que valga la pena imitar… —Víctor se limitó a asentir—. ¿Hablaste con Yuuri? No sé cómo lograste convencerlo para apoyar semejante mentira.

—Yuuri pretendía decir que se había emborrachado y los había empujado a ambos por las escaleras. —La cara de incredulidad del anciano fue observada por el rostro de Víctor, quien no dejó de transmitirle con su mirada que hablaba en serio.

—¡Oh, son un par de idiotas! —Acarició su frente, como si fuera a darle jaqueca—. ¡Esperaba más prudencia de él!

—Y sobre hablar… si hablamos. Le pedí regresar y me dijo que no.

Víctor se mantuvo en silencio con la mirada fija en los azules que lo observaban ahora con dolor. Las caricias de Yakov se hicieron más suaves y amables, casi paternales, mientras soltaba el aire e imaginaba la tristeza que Víctor estaba aún escondiendo dentro de él. Ahora entendía porque Yuri lo había llamado en la madrugada, asustado al no saber cómo tratar con Víctor. Ahora todo tomaba sentido.

—¿Le preguntaste por qué se fue? —Víctor renegó—. ¿Le pediste perdón por lo que pasó? —Volvió a negar y Yakov fue quien renegó ahora, de forma reprobatoria—. ¿Entonces qué hiciste, Vitya?

—Estuvo todo el evento ignorándome, pero cuando lo encontraba frente a frente le costaba evadir la mirada. En varias ocasiones incluso me miró con cariño. Cuando ocurrió lo de Yuri y Minami, lo abracé, y me permitió hacerlo. Luego hablamos, nos reímos… le pedí que habláramos y me dijo que le agradaba verme bien. Pensé que podría pedirle que lo intentáramos de nuevo, que dejándole en claro lo que quería y si él pensaba igual, podríamos hallar la forma de lograrlo… Me imaginé que Yuuri me miraría con sus ojos brillantes, una sonrisa, quizás lágrimas… y me abrazaría con fuerza y me diría que sí.

—Eso hubiera ocurrido quizás un año atrás, Vitya.

—Perdí mucho tiempo lamentándome, enojándome y volviéndome a lamentar… Me reclamó el no haber ido por él. La verdad, Yakov, no quería hablar de lo que pasó. ¿Qué le iba a decir? ¿Sí, Yuuri, me estaba muriendo de envidia porque tú sí ganabas medallas mientras que yo quería vencerte porque siempre he querido ser el mejor para ti? ¿Sí, Yuuri, me arrepentí de haber dejado el hielo por ese año porque pensé que quizás hubiera podido hacer lo mismo por ti desde aquí en Rusia? ¿Sí, Yuuri… tienes razón, yo no supe perder, yo no quería perder, incluso no sé perderte a ti? ¿Tienes razón, soy débil, me dejé hundir, no podía verte porque me sentía indigno de ti…? ¿No fui porque me seguí sintiendo indigno de ti…? ¿Aún me siento indigno de ti?

—Eso hubiera sido un buen comienzo —dijo secando una lágrima furtiva que salió de esos ojos azules. Víctor renegó y levantó su cabeza, secándose los ojos húmedos—. Quizás, al final te des cuenta de que no fue tan malo.

—Yo quiero volver, Yakov… quiero recuperarlo. Verlo fue como volviera nacer mil primaveras en mi pecho. Volver a abrazarlo, sentirlo cerca, fue como si hubiera vuelto a la vida otra vez. Estoy dispuesto a dejarlo todo de nuevo si él me lo pide, a ese punto…

—¿Y crees que te lo va a pedir después de lo que pasó? Ya una vez lo dejaste todo para ir por él, Vitya, viste los resultados, viste lo que te costó volver, viste lo que sacrificaste y hasta te arrepentiste de haberlo hecho. ¿Crees que él volverá a dejar su hogar por ti? Ya vio lo que ocurrió y se aferró a lo que fue su sueño desde antes de que tú llegaras a su vida. Vitya, las cosas ya no podrían funcionar así.

—¿Entonces qué hago? 

—¿Quieres volver a él como en el pasado? ¿Carente de inspiración esperando que él te muestre el camino para continuar? ¿O recordarás lo que aprendiste de él para volver a encontrar esa pasión que necesitas? No podemos sostener nuestra felicidad en las manos de una sola persona, Vitya. Es un error, un error que duele demasiado cometer. Yuuri no te va a devolver la felicidad si te sientes incompleto.

—Me sentí completo cuando lo tuve en mis brazos, Yakov…

—¿Y cuando la emoción acabe? ¿Qué ocurrirá entonces? Cuando veas al Yuuri que puede seguir patinando, que es exitoso como entrenador, que sigue cumpliendo sus sueños… ¿Qué te asegura que no volverás a sentir eso que sentiste en el pasado, Vitya? ¿Qué se lo asegura a él? —Víctor bajó la mirada, sin tener una respuesta—. Yuuri llena una parte de ti, pero no puede llenarlo todo. Ni tú puedes llenar todo de él. Ese fue el error que cometieron antes, no busques cometerlo de nuevo, Vitya. Nada me gustaría más que verlos juntos, pero si eso significa que van a cometer los mismos errores, daría mi vida para evitarlo.

—No juegues con algo como eso, Papushka.

Víctor le sostuvo la mano, con fuerza, imprimiendo así el sentimiento que le albergaba al pensar en su pérdida. El anciano solo bufó y renegó, pero la conversación no pudo continuar cuando Yuri abrió la puerta, de golpe, y llamó a Víctor con clara prisa. El aludido se levantó del suelo y Yakov desvió la mirada para cumplir su palabra, hasta que escuchó que Yuuri estaba llamando a Georgi. Los ojos de ambos se fijaron en Yuri quien estaba pálido ante la novedad.

No tardó en correr.

Víctor dejó la habitación y corrió en busca de Georgi, con Yuri detrás de él, mientras el anciano se ponía de pie. Georgi le había comentado su encuentro con Yuuri y lo bien que se dio, lo contento que había estado de verlo a él y a Mila, y el que le hubiera convidado a ir a su casa. No creía que se tratara de eso, aunque conociendo a Yuuri, ese tipo de decisiones arbitrarias estaban muy a tono con él. 

—Claro Yuuri, sin problema. —Dijo al teléfono, mientras enfocaba sus ojos en Víctor. Georgi lucía tan perdido y sorprendido como los demás, no sabía si alegrarse por ello o aterrarse por lo intempestivo que había sonado el asunto—. Me encargaré de hacer la reserva, pero recuerda que puedes quedarte en mi casa. —Víctor veía a su compañero con una mano temblorosa en su cara. Sus ojos abiertos y brillantes se enfocaban en él como si quisiera sacar más información sobre lo que estaba ocurriendo—. Bien, entiendo. Entonces será así. Serás bienvenido aquí, Yuuri. ¿Puedo decirles a los muchachos? —preguntó, mientras sostenía la señal de alto con su mano—. Oh, tú los llamarás. Bien, entonces dejaré que te comuniques con ellos. Le avisaré a Yakov que estarás aquí el viernes para que esté atento. —Víctor susurró viernes ya a punto de palidecer. Era miércoles, estaba hablando que en dos días iba a estar en San Petersburgo—. Sí, Yuuri. Bueno, te veré cuando llegué del Skate Canadá. —Georgi repentinamente se rio, y los rostros tanto de Yuri como de Víctor lo observaban queriendo entender qué pasaba—. ¡Gracias Yuuri! También te deseo muchos éxitos en la Copa Rostelecom. ¡Ten un buen viaje!

Yakov escuchó lo último, quedándose a distancia de los otros dos jóvenes mientras escuchaba a Georgi cortar la llamada. Parecía que alguien no quedó nada satisfecho con los resultados de la reunión y había tomado la decisión de resolverlo. Georgi suspiró al acabar la llamada y miró a Víctor y a Yuri, conocedor de lo que significaba para ambos tales eventos.

—Yuuri estará aquí, probablemente mañana en la noche. Ya consiguió un vuelo.

—¿Para qué…? —Tenía una idea, pero no quería hacerse ilusiones aún.

—Para hablar con ustedes dos. Dijo que necesita resolver eso antes de la Copa Rostelecom. Que las cosas en América no salieron como le hubiera gustado. Yo tengo que viajar mañana a Canadá, así que no podré hacer más que la reserva, tal y como me lo pidió.

—¡Yo puedo ir a buscarlo al aeropuerto y…!   

—No seas imbécil, Víctor. —Rezongó Yuri, apenas conteniendo el temblor—. No creo que quiera verte la cara apenas llegue.

—Yuuri no quiere llamar la atención con el viaje. Lo mejor es ayudarlo a que mantenga todo esto en bajo perfil. —Medió Georgi, lamentándose internamente el no poder estar por completo para ayudarlo, ya que no creía que Víctor fuera capaz de medir sus impulsos—. Quiere hablar con ustedes dos, pero no creo que quiera que la prensa los vea juntos.

—Vitya, Yura. —Se escuchó la voz de Yakov, y llamó la atención de los dos mencionados. Con tristeza vio los rostros pasmados de Yuri y Víctor, la emoción y los nervios contenidos que les gobernaba—. Yuuri les está dando esta oportunidad, no la desperdicien.

En ese momento sonó el teléfono de Víctor y cuando desbloqueó la pantalla, la imagen de Yuuri con Phichit y Minami usando top cross apareció dándole a entender el origen de la llamada. Víctor se sintió nervioso, sus manos sudaban y sus ojos brillaban como si fuesen a estallar en miles de colores. Ni siquiera prestó atención al pedido de Georgi de mantener en secreto que él les había dicho de la llamada.

—¡Yuuri! —Escuchó tras la línea—. Acabo de escuchar lo que hablabas con Georgi, estaba con él. ¿Necesitas que te ayude con algo a tu llegada? Puedo enviarte un taxi si no quieres…

 —Víctor.

Era madrugada en Japón. Yuuri no había podido dormir. Ahora se frotaba la frente al darse cuenta de que su intento de hacer las cosas con calma se había ido al barranco gracias a que Víctor se había enterado antes de lo que hubiera querido. Soltó el aire y miró la hora. Faltaba un poco más de una hora para levantarse a tomar sus cosas e irse a Hasetsu a ver a su madre antes de que el vuelo se diera. Sabía que estaba sobre exigiéndole a su cuerpo, pero necesitaba verla, sería como su fuerza antes de partir.

Yuuri se levantó de la cama y se pasó una mano cansada por su cuello. Le dolía reconocer la emoción de Víctor a través del sonido de su voz y acelerada respiración. Se mantuvo en silencio, pensando en cómo decirlo, mientras escuchaba como la impresión en Víctor también iba disminuyendo, así como el ritmo de su respiración. Yuuri apretó sus labios, y luego los mojó con su lengua.

—Víctor, déjame hacer las cosas a mi manera. —Escuchó un leve soplido de decepción—. Como ya escuchaste, estaré en San Petersburgo por unos días antes de la copa Rostelecom. Voy porque es algo que debo hacer… mi terapeuta está de acuerdo con eso.

—¿Terapeuta…? —Escuchó en la línea, y Yuuri se acercó hasta donde estaba su matryoshka, solo para observarla.

—Sí… Víctor, escúchame por favor. —Tomó aire, sintiendo sus labios temblar imperceptiblemente—. Me dijiste que no considerabas que hubiéramos cortado porque no hablamos. Así que iré para que hablemos y terminemos esto. —Se le hizo un nudo en la garganta que intentó mitigar en la oscuridad—. No sé si me agraden las respuestas que me digas, o si te gusten las que yo tenga para darte, pero considero que nos hacemos más daño si nos quedamos así… sin hablar. —Escuchó de nuevo la respiración atorada en el teléfono. Yuuri no estaba seguro si era igual que la suya—. No quiero lastimarte, Víctor… así que, por favor, no te hagas falsas expectativas. Si no crees que esto sea necesario, por favor dímelo, y dejamos las cosas así y podemos seguir nuestras vidas como…

—Yuuri. —Se detuvo, apretando los labios. Hasta ese momento se percató de lo rápido que estaba hablando. Víctor sonaba tranquilo y eso le ayudó a mitigar la sensación de desosiego que estaba empezando a llenarle la garganta—. Sigues siendo tan egoísta como siempre… Pero ya no sé si lo estás siendo más contigo, que conmigo…

—Pretendo serlo contigo… —Confesó y escuchó un suspiro. En ese punto agradeció que hubiera tantos kilómetros de distancias para esconderle de las lágrimas ya aglomeradas en sus ojos y la forma en que apretaba sus labios.

—Entiendo… entonces hablaremos aquí, Yuuri. Escucharé todo lo que tengas que decirme, y espero que escuches todo lo que tengo que decirte. Y si aún tras es… —Lo escuchó tomar aire, con fuerza, con la voz ahogada—… Si aún tras eso, tu decisión persiste, la aceptaré.

—Gracias Víctor… buenas noches.

Yuuri no alargó la llamada. Dejó que su mano volviera entre sus piernas, con el móvil en su mano, y cortó la comunicación mientras veía temblar su extremidad y sentía las lágrimas emerger solas.

Quizás Víctor tenía razón, no habían terminado… porque el dolor que Yuuri estaba experimentando en ese momento era tal que no se sentía como estar tocando una herida cicatrizada. Se sentía como abrir una herida infectada, una brecha enorme a carne viva que apenas al primer contacto con la piel enferma le destrozaba los nervios. Estaba roja, caliente, infectada e inflamada. Dolía solo verla…

Yuuri se recostó en la cama, a sabiendas de que todavía no podría dormir y tampoco valía la pena intentarlo. Al lado de la matryoshka, estaban las dos tabletas de pastillas para dormir que Hirogu logró recetarle con ayuda de un colega, y que le hizo comprar en la noche. Tenía la dosis exacta para una diaria hasta que la copa Rostelecom terminara. Hirogu le hizo hincapié a la necesidad que tenía de respetar la dosis y permitirse ayudar con las pastillas para que su cuerpo descansara y pudiera soportar la presión que tendría en competencia. Yuuri no usó la de esa noche porque tenía mucho que hacer y poco tiempo, más decidió iba a tomar una en el vuelo para dormir las trece horas de viaje que le aguardaban.

Aunque no le agradaba la idea, sabía que debía dejarse ayudar.

Entre tanto, Víctor estaba en contra de la pared, con el rostro triste pero inusualmente tranquilo. Agradecía que Yuuri fuera claro con lo que buscaba hacer, aunque le doliera la decisión que estaba tomando. Yana tenía razón con respecto a los sentimientos de Yuuri, y él sentía que merecía una bofetada por ignorarlos. Al escuchar el esfuerzo que éste hizo por el teléfono pudo darse cuenta de que las cosas no se iban a solucionar simplemente pasando las páginas, que había lastimado a Yuuri y se había lastimado a sí mismo, y eso no iba a cambiar.

Por mucho que doliera admitirlo, debían enfrentar las consecuencias de todas las decisiones equivocadas que ambos tomaron, del daño que se hicieron y de los sueños que destruyeron. No podrían continuar sin hacerlo, no podían pretender que aquello no ocurrió, ni ignorar su existencia porque para ambos aquello había sido crucial. Había sido un antes y un después. Sus vidas cambiaron radicalmente de mil maneras por el otro, se habían dado tanto y quitado tanto más…

—Viene a terminar. —Le dijo a Yakov, quien le mantenía la mirada fija con la comprensión de un padre. La voz de Víctor sonó desolada, pero calmada. Casi resignada.

—Eso está bien… hay que saber el final del capítulo para ver si es el final del libro.

—¿Así de duro fue separarte de Lilia?    

—Fue más duro tener que mirarla a los ojos, escuchar todos mis errores y tener que admitir que tenía toda la razón. Fue más duro tener que hacer lo mismo con ella y verla llorar. La separación se vuelve analgésica. La vas a desear, Vitya…

Víctor apretó la garganta al escucharlo y pestañeó repetidas veces para contener el ardor.  Temió llegar a ese punto, aunque como siempre, las palabras de Yakov sonaban como una premonición.

Iván veía con atención la barra de aquel bar al que su hijo lo había citado. El hecho de que Víctor hubiera pedido esa reunión ya le anticipaba que había cosas que quería comentarle, cosas que estaba seguro tendrían que ver con Yuuri. Era una fortuna no haber recibido un llamado de emergencia para atender una cirugía a esa hora, y poder cumplir con la petición de su hijo menor. Aunque tenía la ligera sensación de que la conversación no sería nada agradable.

Después de haber pedido un trago de vodka, se dirigió a una de las mesas más alejadas del local. Era una pequeña mesa rectangular en tejido de madera al lado de un arreglo de espigas casi oculta en una esquina. Estaba ligeramente cubierta por un panel plegable tejido en colores tierras, por lo cual imaginó que su hijo había pedido un lugar con privacidad. Se sentó frente a la mesa, dejó reposar el trago sobre la madera y revisó de nuevo la conversación escueta con Víctor.

En el bolsillo de su saco, Iván tenía una carta. No estaba en ningún sobre, tampoco estaba marcada, era solo una hoja de papel escrita con pulso tembloroso que le habían dejado en la oficina. Yuuri había ido a buscar a Ivan días antes de tomar la decisión de irse, pero él estaba en un congreso fuera de la ciudad. Para cuando llegó, no solo Yuuri ya acababa de anunciar su renuncia, sino que ya estaba lejos de su hijo.

Algo le dijo que esa carta debía guardarla, y tras tres años de dicho evento, empezaba a comprender el porqué. Cuando salió del consultorio esa noche, obedeció al impulso que lo empujó a llevársela consigo. Aún no sabía si haría algo con ella en esa noche, pero al menos la tenía allí.

No pasó mucho tiempo para ver a su hijo llegar. Levantó la mirada cuando Víctor se acercó a la mesa y esperó sentado hasta que él se sentó. Dentro de él, había nacido el impulso de abrazarle, incluso estaba dispuesto a responder un abrazo si su hijo lo buscaba. Pero por la forma en la que Víctor se sentó en la silla, encorvado, con los brazos en la mesa y el rostro escondido entre sus cabellos, supo que, si le daba un abrazo en aquellos momentos, seguramente se desmoronaría.

Estaba consciente de lo mal que había llegado de América gracias a esa asquerosa publicación donde el rostro de su hijo aparecía en primera plana, aunque lo conocía lo suficiente para saber que esa tristeza no era la de una derrota. Iván soltó el aire y con una señal al mesonero, pidió otro trago como el suyo.

—Papá. —Escuchó la voz cortada de su hijo y se animó a tomarle la mano, para darle un par de palmadas—. Necesito pedirte un favor…

—El que quieras, Vitya. Si está en mi alcance, lo haré.

—Necesito un psicólogo… —Iván lo observó con preocupación y entendimiento—. Alguien que sea bueno, discreto… no quiero buscar uno por mi cuenta. Necesito alguien… en el que confíes.

Iván no podía cuantificar cuánto había esperado por escuchar esas palabras de su hijo. Su garganta se trabó y ni siquiera el vodka ayudó a aliviar la piedra que se había formado en ella. Apretó la mano que le había tomado y recibió de respuesta otro apretón con igual fuerza y necesidad. Víctor levantó su mirada afectada. Lo que estaba haciendo le costaba más de lo que había imaginado.

—Conozco a la persona indicada. La conocí cuando estudiaba mi carrera, fue profesora de Vanya. Actualmente está jubilada y vive fuera de la ciudad, pero estoy seguro de que te atenderá. —Víctor se limitó a asentir y no levantó la cabeza cuando el mesonero dejó el trago en la mesa. De hecho, lo ignoró hasta que partió—. Me pondré en contacto con ella.

—¿Crees que pueda atenderme mañana?   

—Le pediré el favor. —Apretó un poco más la mano de su hijo—. Me alegra saber que finalmente hayas decidido pedir ayuda, Vitya.

—Fui un necio… Debí hacerte caso cuando me dijiste que lo necesitaba. Hubiese evitado muchas cosas.

—Lo importante es que ya lo harás…

Iván se mantuvo en silencio por un momento, observando la estampa cabizbaja y callada de su hijo. A sabiendas de que él no se acercaría, fue Iván quien se movió para sentarse en el asiento al lado de su hijo y pasarle un brazo sobre su hombro, para regalarle un par de palmadas. Lo escuchó musitar algo, Víctor simplemente se encogió contra su costado e Iván se lo permitió en silencio, sin hacer comentario alguno de su estado de ánimo. Víctor entonces carraspeó y tomó el vaso, para beber un trago largo y dejarlo de nuevo sobre la mesa.

Víctor relamió sus labios, y mantuvo la mirada en la madera de la mesa. Se mantuvo así por largos minutos, dejando el tiempo pasar.

—¿Cómo te fue con Yuuri? —preguntó con suavidad. No estaba seguro si Víctor le respondería, pero le preocupaba el estado en que se encontraba.

—No muy bien… además de que, vendrá mañana en la noche para que hablemos y… cortemos. —Vio a su hijo tomar el nuevo el vaso y beberlo con necesidad, hasta que le quemara la garganta. Vació el vidrio y se quedó con la mano sujetándolo—. Yo, estoy asustado…

—Entiendo… —Volvió a hacerle una señal al mesonero para que trajera otro trago y suspiró para devolverle la mirada al rostro triste de su hijo—. Te hará bien verte con Regina. —Víctor asintió desganado.

—Siento que tengo todo encima ahora: la federación molestando, la prensa… ahora lo de Yuuri.

—Soluciona las cosas paulatinamente. Considero que, si Yuuri viene mañana, ese tema es primero. —Víctor le dio la razón y le dirigió la mirada—. Lo demás, deja que se calle conforme des resultados.

—Te agrada Yuuri… Lamento haberlo arruinado. —Iván no dijo nada, dejándole hablar—. Sé que te gustaba… yo hubiera querido que las cosas fueran diferentes.

—No te preocupes por eso, Vitya. Lo que más me importa es que tú estés bien.                         

Cuando el nuevo trago llegó, Víctor no dudó en beberlo de forma apresurada, hasta sentir que la garganta ardió. Iván no quiso detenerlo, comprendía que muchas veces lo que uno buscaba con el alcohol era olvidar. Prefirió hacerle compañía, escucharlo hablar de sus ilusiones perdidas, y apoyarlo a sabiendas de que podría llevarlo a salvo a su casa.

Como era de esperarse, Víctor bebió hasta que perdió la consciencia. Iván logró llevárselo hasta el apartamento, donde prácticamente se lo cargó encima, recostándolo contra su costado cuando Víctor le pedía caminar y lo hacía con poca coordinación. Al llegar al departamento, Iván abrió con la copia de sus llaves y le ayudó a entrar hasta su habitación, para asegurarse de dejarlo acomodado en ella. Víctor cayó casi como tronco al río en la cama, y su padre se dedicó a desvestirlo someramente para dejarlo al menos en una posición cómoda para dormir.

Se quedó quieto al verlo removerse contra la almohada, mencionando en voz acartonada el nombre de su expareja. Con el corazón atrapado en un puño, dejó caer un par de caricias por el cabello de su hijo hasta que lo sintió dormitar. No era momento de entregarle esa carta, pensó, mientras dejaba escapar el aire. Su hijo no estaba preparado aún. Debía esperar a que las cosas sanaran un poco porque en ese momento era como pretender realizar una cirugía sobre un sitio con una enorme infección.

Entonces sintió una mirada sobre él y al mirar hacia la puerta, notó la presencia del alumno detrás de ella. Soltó el aire al tiempo que se levantó de la cama, para despedirse de su hijo. Sabía que el otro Yuri vivía con él, no quiso saber en qué circunstancias, pero vio necesario entablar alguna conversación con él ya que en ese momento era quien más tiempo pasaba con Víctor. 

Yuri, por supuesto, tampoco podía dormir. Pese a haber disfrutado de los piroshkis de su madre, ahora su estómago era una prisión de hielo ante la perspectiva de volver a ver a Yuuri, sin competencia de por medio, y con la seguridad de que buscaría hablar. Yuuri lo iba a buscar, no había manera de escapar ante ello. Fue tanto su desconcierto y ansiedad que no dudó en abrazar a su madre cuando la despidió en la estación del tren y Larissa, emocionada, no había tardado en devolverle ese anhelado abrazo.

—¿Fuiste tú quien me llamó ayer? —preguntó el hombre con el rostro serio pero mirada calma. Yuri asintió y luego devolvió la mirada hacía donde se veía solo la sombra de Víctor en la cama—. Bebió de más, seguramente despertará con resaca mañana. —Dejó un par de botellas de suero sobre la mesa—. Dáselas mañana y por favor, levántalo a las ocho, tiene una cita a la que debe asistir.

—Señor…

—Y gracias por preocuparte por mi Vitya… suele ser imprudente y muchas veces desconsiderado consigo mismo. Pero siempre fue el más frágil y cariñoso de mis hijos.

Yuri no supo qué decir. Siempre había pensado en lo molesto que era esa parte de la personalidad de Víctor, lo difícil que era aguantarlo o lo ridículo que a veces le parecía su liviandad y su alegría extrema, incluso su forma infantil de emocionarse. Pero verlo del otro lado de la moneda, completamente apagado, callado y carente de color era incluso peor. Llegaba a desesperar, y Yuri pudo comprender cada vez más la posición en la que ellos dos habían estado, cuán necesitados de verdadero apoyo.   

Iván se despidió y Yuri cerró la puerta, para después quedarse de pie en la sala oscura y sentir la opresión ganando ventaja sobre él. Pero, si quería sobrevivir debía ser fuerte.

Y mientras en Rusia la noche avanzaba, en Japón finalmente ya había amanecido y los ojos rojos e irritados de Yuuri veían el paisaje pasar a velocidad mientras el tren en el que iba camino a Hasetsu seguía su curso. Se abrazaba a sí mismo sin nada en mente, sin fuerzas siquiera de seguir organizando sus pensamientos o darle un orden coherente. Ya sabía la respuesta que obtendría de su hermana al saber su decisión, pero no pensaba retractarse por ello. Todo lo que necesitaba Yuuri en ese momento era el calor de su madre para sentir que no iba a desvanecerse camino a San Petersburgo.

Ni siquiera creía posible descansar sin eso resuelto.

Para Minami, la situación no era mejor, porque ahora comprendía que Yuuri podría ser otro cuando se reencontraran de nuevo en Moscú. Y no sabía qué esperar de ello, qué tan destrozado lo recibiría, o qué tanto podría ayudarlo. Había sido él quien fue con Hirogu cuando recibió el aviso de las pastillas que Yuuri necesitaba y también quien se dirigió hasta la casa del doctor al final de la noche no solo para buscar la receta para poder comprarla, sino para saber si esto que Yuuri pensaba hacer realmente sería lo mejor para él.

Con una chaqueta de cuero vino, pantalones de mezclilla desgastado y una camiseta blanca, lo había esperado fuera del portón hasta que el hombre salió con el papel. Lo conocía de bastante tiempo, ya que solía ser un allegado de su padre. No había sido casualidad que fuera él quien tomara el caso de Yuuri.

Hirogu le había hablado de las implicaciones del medicamento, la dosis que debía tomar y las contraindicaciones. Además, le había entregado un frasco de pocas pastillas que Minami reconoció. Ansiolíticos, aquellos medicamentos prescritos para la ansiedad a los que Yuuri se había aferrado antes. Hirogu le explicó cómo utilizarlos y en qué momento debía tomarlos como medida de precaución. Fue específico al decir que eran solo para usar cuando estuvieran en la competencia.

Minami había apretado el frasco entre sus dedos, con la garganta trabada y el terror haciendo nido en su pecho.

—¿Sabe, Hirogu? —Le había dicho cabizbajo—. Cuando le pedí a Yuuri que fuera mi entrenador, no esperaba todo esto. A veces siento que es como una maldita película de terror. Recuerdo lo que mis compañeros me dijeron de lo que fue el ataque de Yuuri, lo que he visto yo y… me aterra ver algo así y no saber qué hacer.

—Sabrás que hacer, Minami… Debes confiar en su fuerza y en la tuya.

—Yo sé que Yuuri es fuerte. —Había sentido el nudo en su garganta mientras le hablaba—. Pero no sé si lo que va a hacer en Rusia sea más fuerte que él.

—Yuuri es una persona muy fuerte. El problema de esas personas fuertes es que suelen sobreestimarse y sobre exigirse. Eso provoca que guarden más de lo que deben, y carguen más de lo que pueden hasta desgastarse. Yuuri es ese tipo de personas. Pero además de eso, tiene una nobleza muy egoísta que lo hace tomar decisiones pensando en lo mejor para los que ama, a expensas de sí mismo. Porque cree ser lo suficiente fuerte para soportarlo en su lugar.

—Y en Rusia…

—Yuuri tiene que estallar. —Hirogu habló—. Tiene que hacerlo y tiene que aprender a hacerlo más a menudo. Exigir, gritar, enojarse y no sentir que está siendo débil o que algo está mal en él. Cuando Yuuri estalle en Rusia, seguramente terminará lastimado… pero mucho más liviano y entonces podrá tomar decisiones sanas. Lo bueno es que, pese a estar decidiendo ir solo, no está negando la ayuda. Nos tiene a nosotros, tiene a la señorita Okukawa, a su familia… Yuuri sabe que no está solo y eso, creo, que es la principal diferencia entre el Yuuri que vino de Rusia y el que ahora va.             

Quizás… Quizás sí. Mientras Minami recordaba la conversación sentado en el borde de la cama que Yuuri ocupaba y veía entre sus manos la matryoshka con el traje de Stammi Vicino, pensó, que quizás sí era un Yuuri diferente. Pero dentro de él, al igual que las matryoshkas que aún guardaban el anillo, estaba también la esperanza muerta de los sueños que tuvo, de lo que quiso vivir con Víctor y de lo que seguramente sería incapaz de olvidar.

Aunque tuviera que hacerlo.    

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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