Matryoshka II (Cap 11)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 11: No arrepentirnos

Recordaba esas noches largas en San Petersburgo, cuando recorría la ciudad con Yuuri en su espalda, sujetado de su cuerpo mientras simplemente se dejaba llevar por el tiempo y el viento. Recordaba la sensación de posesividad que le gobernaba al tener a Yuuri así, al imaginarlo así abrazado a su cuerpo, pero esta vez en una cama. El cómo le calentaba su tacto, el cómo le aceleraba su fuerza, el cómo rugía su corazón junto a su motocicleta, al saberlo allí.

Pero todo acababa… Y el paseo acabó como siempre, frente a aquel edificio de lujo, con Yuuri bajando de su motocicleta. La noche aún estaba clara, el cabello de Yuuri aún estaba húmedo. Se retiró el casco y se lo entregó. Acomodó su bufanda mientras Yuri le miraba la espalda y extrañaba el calor en la suya. Le miró moverse hasta la puerta, sacar la tarjeta para entrar, dudar.

Siempre lo veía dudar.

Entonces volteó. Yuri ya sabía que era lo que Yuuri pediría, y también conocía la respuesta que daría. Esa noche de dos no quería arruinarla con la presencia de un tercero. No quería entrar a esa habitación y verlos, no quería recordar que Yuuri ya estaba con otra persona a la que amaba con más intensidad de la que él era capaz de cuantificar. No quería enfrentarse a la realidad de su platónico sentimiento y prefería vivir por un tiempo más en la falsa burbuja de que eran solo ellos dos.

Era Junio… No había nevada, más sí un sol que no terminaba de caer.

Escuchó el: “¿Quieres entrar a saludarlo?” y respondió con el clásico: “No, pero mándale saludos de mi parte”. Ajustó de nuevo sus guantes y se había preparado para empujar el seguro cuando:

—¿Por qué…? —Escuchó el reclamo—. Antes te gustaba entrar.

Escuchó, pero no quiso contestarlo. No quiso ni supo hacerlo. No podría decirle sus motivos, no podría revelarle a Yuuri que sus sentimientos habían cambiado, que estaba deseoso de más que una amistad con él y odiaba que un hombre tan cobarde, encerrado en esa habitación esperándolo solo para lastimarlo, fuera el que tuviera su amor. Como si ese hombre no tuviera nombre. Como si mencionarlo hiciera todo insostenible.

Ajustó el espejo de su retrovisor. Alzó su voz.

—¿Dijiste algo, katsudon? —Vio la espalda de Yuuri en el espejo, el viento meciendo sus largos mechones negros. Los cabellos que descuidadamente no se había ido a cortar pero que a él le gustaba ver.

—No…

Ahora quería correr en esa escena. Quería atravesar la niebla que inundaba los recuerdos, quería pasar al lado de sí mismo y detener la espalda de Yuuri que se precipitaba resignada a la puerta. Quería gritarle que insistiera, quería decirle que le dijera porque le insistía todas las noches de subir, quería pedirle que por favor no se rindiera.

Quería patearle a la espalda, quería sacudirlo de los hombros, quería gritarle. Pero Yuuri se hacía convertido en cera derretida entre sus manos, y la noche se volvió oscura. Sus ojos ardían y su llanto no menguaba. Aún con el aroma de Víctor y la visión de Yuuri, su recuerdo y la inevitable ausencia le quemaba. 

Tras más de media hora de llanto, Yuri se calló, recibiendo las apacibles caricias de Víctor tras su cabellera, quien se entretenía simplemente peinándola. Trató de consolarlo diciéndole que no tenía culpa de nada, aunque ni siquiera estuviera seguro de porqué Yuri se disculpaba. Cuando Yuri dejó de llorar, se recostaron ambos en la cama. Estaban agotados tanto por el viaje como por todos los pensamientos que venían amasando desde lo ocurrido en el hotel. Víctor se mantuvo con la vista en el techo, una pierna flexionada sobre la cama y la otra reposando sobre el colchón, con sus manos en el regazo. Yuri se había hecho una bola del otro lado de la cama y, casi en posición fetal, se apegaba a la almohada que tenía más cerca.

Se mantuvo callado, hasta que Yuri habló.

—Tu amigo me asustó… dijo que debía llamar a tu padre o al médico si seguías así. —Tenía sus ojos hinchados, pero se mantenía a esa suave distancia—. Pensé que intentarías suicidarte o algo así…

—Chris exageró…

—No Víctor… no exageró. —El aludido le regresó la mirada a Yuri, quien lo observaba con la aprehensión acumulada en sus ojos claros—. Es… es aterrador verte así. Es como si dejaras de ser tú… ¿Era así como estabas cuando…?

—Al menos ahora estoy hablando…

Volvieron a hacer silencio. Yuri se quedó mirando el perfil de Víctor, su larga nariz que apuntaba hacía el cielo, la forma en que los cabellos despejaban su frente al caer por culpa de la gravedad, aquella que no era tan pronunciada como antes le gustaba bromear con Yuuri.

—Cuando… cuando Yuuri quiso retirarse en el GPF del 2016. —Recordó Yuri, con la voz aún afectada por el llanto—. Pensé que eso era lo más triste que te vería.

Yuri recordaba ese abrazo inesperado de Víctor y la forma en que lo había apretado así, por primera vez en su vida. Aunque Víctor no había dicho nada, su forma de transmitirle un “Te necesito” junto a un “Estoy aquí” había sido tan elocuente que uniendo eso a la noticia de Yuuri tuvo todo sentido en él. Víctor había necesitado tomarse de algún punto de apoyo ante la posible renuncia de Yuuri. De algún modo, también lo empujaba a hacer algo ya que nada podía hacer él.

Ese era el momento en que había visto a Víctor tan triste, porque ni siquiera cuando pasó lo de Makkachin lo vio así. Ahora entendía que Víctor guardaba demasiadas cosas, quizás más de la que solía guardar Yuuri.

—Esa vez estaba decepcionado, más que triste, más que enojado.

—¿Y ahora…?

—Ahora me siento triste, asustado… deprimido. Tenías razón… Yuuri tenía todo el derecho de dejarme.

—No así, Víctor… —El aludido frunció su ceño y le regresó la mirada. Un mechón corto de su cabello claro le tapó parte de la ceja, pero ya no cubría sus ojos. Era la primera vez que escuchaba a Yuri no defender a Yuuri y le resultaba extraño—. No así… Yuuri debió buscar…

—¿Ayuda? —Víctor le sonrió—. Yuri, yo rechacé las ayudas. Eché a mi padre cuando propuso llevarme a un psiquiatra, dejé de hablarle a Yakov, dejé de hablarle a él. Me encerré. Cuando quise reaccionar, ya fue demasiado tarde y solo me dejé hundir aún más.

—Aun así…

—Lo siento Yuri… yo no puedo culpar a Yuuri de eso. No puedo reclamarle por no dar más de lo que dio cuando yo no hice ningún esfuerzo por apoyarlo… Yuuri tenía la razón de dejarme y yo fui el imbécil que lo dejó ir y dejó que toda esta distancia existiera.

—Y entonces… si estás claro en eso, ¿por qué…? ¿Por qué te pusiste así?    

—Porque acabo de darme cuenta… Porque acabo de darme cuenta de que he estado haciendo las cosas mal desde siempre. Le pedí a Yuuri volver, le dije que no sentía que había terminado con él y él respondió que sí lo habíamos hecho. Prácticamente me escupió en la cara que ya había retomado su vida lejos de mí.    

Mierda… Yuri se quedó frío en la cama, helado, perplejo, mirando los ojos brillantes de Víctor humedecerse en la oscuridad.

—Desde que supe la noticia que iba a ser entrenador, que nos veríamos en la competencia, he estado albergando la estúpida esperanza de que podríamos retomar lo nuestro. Que podría recuperarlo… que solo debía acomodar el desastre, limpiar las cosas, verme presentable para… —Renegó con incredulidad—, para aparecerme como aparecí en Hasetsu en su vida. He estado esperando una maldita señal para buscarlo cuando Yuuri me dejó miles, miles antes de marcharse. Y que no sirve escucharlas ahora todas como una estampida de búfalos porque ya nadie las emite… son sólo ecos.   

Víctor se acomodó para girarse frente a Yuri. Se acomodó casi como él, medio en posición fetal, con los ojos brillantes y dolidos, pero aterradoramente resignado. Con la tristeza de haber perdido ya tatuada en su semblante. Yuri tuvo un escalofrío que lo dejó allí, clavado en la almohada al mirarlo así, tan vencido. Al invencible Víctor Nikiforov, la leyenda viva del patinaje que aún nadie había logrado alcanzar, dándose por vencido.

—Mañana después del mediodía retomaremos tu entrenamiento como lo teníamos planeado. —Víctor dejó caer su mano sobre el cabello de Yuri, en su cabeza, para acariciarle en señal de consuelo—. Trabajaremos duro para que al menos tú puedas ir a Hasetsu orgullosamente.

—¿Y tú…? —preguntó en un hilo de voz.

—Yo no creo poder ir. No creo… que sea lo mejor para ambos en este año. —El muchacho solo se hizo más pequeño en la cama, a pesar del largo de todas sus extremidades—. Yuri… ¿Por qué empezaste a llorar? ¿Tanto te asusté? —Soltó ligeramente conmovido y Yuri, apretando los labios y arrugando la nariz, soltó un chasqueó con la lengua y se volteó para darle la espalda. No quería que notara el rubor que había alcanzado a toda su cara.

—No te importa, anciano… ahora duerme.        

Entre ellos la pasión fue cegadora y antes de siquiera proponérselos, ya habían acabado por primera vez en la cama, con las mantas en el suelo, Takao sobre el colchón con sus rodillas sujetándolo y sus manos en la cabecera y Yuuri detrás descargando toda su frustración por medio de embestidas. Yuuri no escatimó nada para sentirse mareado de placer, para buscar olvidar lo ocurrido y volverse a sentir firme en el camino que él había decidido tiempo atrás. Por su lado, Takao no tardó en complacerlo y seducirlo hasta convertirlo en solo candor y fuego, y logró su cometido cuando los gemidos de Yuuri se hicieron roncos y persistentes. Al eyacular, antes que él, Takao se sintió saciado y fue incluso más enloquecedora la forma en que Yuuri lo sujetó para no dejarlo caer mientras reforzaba la posición y culminaba.

Después de eso, Takao pidió katsudón y esperó en la mesa con él después de acomodarlo en los platos mientras Yuuri retozaba en la cama. Fue una idea de último minuto que esperó diera el efecto buscado. Cuando Yuuri notó el plato servido y la sonrisa de Takao vestido con la camisa que él mismo había traído de América, sus ojos brillaron húmedos y la tensión en su rostro casi anunciaba que iba a llorar.

Entonces Takao comprendió que fatal no era tan siquiera cercano a lo que había ocurrido. Que lucía casi catastrófico. Y al acercarse para acariciar los pómulos redondos, sobre todo aquel golpeado, Yuuri no pudo contenerse más. Las lágrimas cayeron sin que él lo deseara, Takao secó varias de ellas primero con sus labios y luego con sus besos. Lo abrazó y sintió la presión con la que Yuuri buscó ese abrazo mientras se dejaba llevar. Lo consoló con caricias suaves en su espalda desnuda, hasta que el llanto menguó.

No quería hacerlo, pero todo lo estaba empujando a odiar a ese hombre que aún tenía el corazón de la persona que él, sinceramente, quería cuidar.

—Pensé en esto porque dijiste aquella vez que te gustaba comerlo tras ganar. —Le susurró con una ligera disculpa, tras separarse. Yuuri estaba frotándose la nariz enrojecida y mojándose sus labios lastimados—. ¿Te molesta?

—No… De verdad, gracias Takao. —Se sentó en la mesa, y Takao no tardó en hacer lo mismo. Tras tomar los palillos, dieron el respectivo saludo y comenzaron a comer.

Durante los primeros bocados, Takao alternó miradas desde el plato hasta el rostro de Yuuri, mirándolo comer con apremio. Dijo algo de no haber comido bien en casi un día, y se veía por el buen apetito con el que devoró lo servido en el plato. Sin embargo, había una pregunta que aún bailaba en sus labios y que ya no podía callarla, no después de lo que acababa de pasar.

—Yuuri… ¿Qué ocurrió en tu cara? —El aludido subió la mirada y limpió sus labios con una servilleta que estaba a su lado. Solo resopló ante los ojos preocupados del muchacho.

—Minami se encontró a golpes con Yuri Plisetsky. —Los ojos de Takao se abrieron preocupados—. Intentando separarlos, recibí un golpe.

—¡No puedo creer que haya pasado! ¿No es ilegal?

—Lo es, pero logramos sortearlo. Minami tiene más golpes en la cara.

—¿Pero por qué razón? Me habías hablado de este Yuri, ¿no que eran buenos amigos?

—Durante el tiempo que estuve allá antes de retirarme, trató muy mal a Minami cuando intentaba acercarse. —Takao apretó los labios y dejó suavemente los palillos en el boll—. Así que Minami tras la victoria decidió vengarse.

—No de la mejor manera… —Yuuri asintió y siguió comiendo—. Pensé que el golpe había sido de tu ex.

—Víctor sería incapaz de golpearme…

Takao no quiso comentar nada más del golpe ni de lo sucedido, al notar que era un tema que lo tensaba. Pensaba que, si Yuuri quería hablarlo, lo haría en su momento, y si no, no era tan relevante. Quiso creerlo. Así que lo convidó a la sala para acurrucarse a ver alguna película y Yuuri pareció no molestarse con ello así que lo siguió. Lo vio escribiendo en el móvil, y pronto le comentó que se trataba de Minako, que ya iba en camino a Fukuoka. Takao le sonrió al saber la noticia.

Queriendo aprovechar el tiempo y con la excusa de estarse aburriendo de la película, Takao no dudó en seducirlo de nuevo aprovechando las pocas ropas que ambos tenían sobre su piel. Se sentó sobre sus piernas, Yuuri sin reserva lo sujetó, y tras una cadena de besos y de caricias sobre su pecho y abdomen, Takao se dejó embeber en el momento. Se sujetó de los hombros de Yuuri mientras lo besaba y se movía ondulando su cadera para que la erección de Yuuri se viera estimulada por el movimiento. Se ondeó con gusto hasta que Yuuri comenzó a subir la camisa que Takao llevaba puesta (y era suya), y comenzara a prepararlo metiendo sus manos entre sus glúteos. Todo lo que Takao deseaba era quitar el semblante de preocupación y pesar con el que Yuuri llegó, y en cierto modo, lo había logrado. El hecho de que ahora Yuuri respondiera con gusto a sus coqueteos le indicaban que estaba haciendo lo correcto.

Cuando estuvo listo y Yuuri comenzaba a gemir de forma más entregada, Takao tuvo que levantarse para buscar el lubricante y el condón. No tardó mucho, le sonrió al regresar y se quitó la camisa mientras le lanzaba a Yuuri los demás implementos. El condón cubrió su miembro y el lubricante llenó sus manos, para que cuando Takao volvió a sentarse sobre él, alzando sus caderas, Yuuri preparara el camino que ya había atravesado mientras sentía los mordisquitos juguetones del muchacho en su oreja y se erizaba con cada atrevido movimiento.

Entonces se volvieron a unir y en cada nueva penetración Takao ondeaba sus caderas como si bailara frente a él y mantenía la distancia para observar como los ojos castaños de Yuuri se ennegrecía al paso del tiempo y al aumento de las embestidas. Yuuri gruñó conforme le apretaba las caderas y los costados. Takao se sujetaba de sus hombros y se empujaba con sus piernas que se amarraban tras la espalda de Yuuri, procurando espacio para moverse con libertad. De un momento a otro Yuuri lo abrazó por la espalda, lo empujó con más fuerza hasta sentirse por completo dentro y beso el cuello de Takao hasta quitarle cualquier noción del tiempo y del espacio. Con una mano le sujetó la cabeza que se había dejado caer en el vacío. Acarició la nuca mientras abría su boca en el costado del cuello de Takao, dejaba caminos de besos hasta que el joven se deshizo en sus brazos.

No tardó en cambiarlo de posición para apoyarlo contra el mueble, levantar una de sus piernas, y buscar su total satisfacción.

Minako le había dicho que lo vería en un pequeño bar que solía frecuentar en la ciudad, y Yuuri, antes de encontrarse con ella, tenía que bañarse y cambiarse de ropa. Lo primero lo hizo en casa de Takao, y lo segundo, fue cuando volvió al apartamento de Minami.  Su estudiante todavía estaba dormido, Yuuri lo miró dormir con la puerta del cuarto entreabierta y visiblemente con el sueño pesado. Hasta ese momento se percató que él no lo había hecho. Ni había dormido bien en el vuelo, y por obvias razones tampoco con Takao había podido reposar más de treinta minutos. Y no se sentía cansado, más bien se hallaba como lleno de energía e hiperactivo. No quiso pensarlo de más.

A la hora pautada, Minako llegó a la barra de aquel bar pequeño que estaba en una calle llena de puestos de comidas. Era un lugar bastante cómodo, no tenía demasiado ruido ni clientes por el día, además que gozaba de cierta privacidad. Para Yuuri era lo necesario, porque lo que necesitaba hablar con su profesora era un asunto de índole muy personal y no quería verse interrumpido. Cuando la vio entrar, le sonrió desde la barra donde la esperaba con un abrigo café y una bufanda azul. Ella no tardó en irse sobre él a responderle ese anhelado abrazo.

—¡Dios mío! ¡Qué te pasó aquí! —repuso alterada al notar el golpe hinchado en su mejilla. Yuuri se preparó para volver a contarlo todo.

Minako atendió a cada palabra dicha por Yuuri, donde le relató todo lo que había pasado. Confiaba en ella no solo por ser quien había sido desde niño, sino por ser quien lo había apoyado con las consultas cuando estas se hicieron difíciles. Se había abierto con Minako, de un modo que no lo había podido hacer con su madre, le había contado incluso cosas que ocurrieron en Rusia. Nadie más que ella, aparte de Hirogu, podía saber el peso de lo que Yuuri cargaba, porque incluso con Phichit había tenido sus reservas. Y ahora que Minako escuchaba todo lo ocurrido, esperó en silencio mientras bebía cerveza y sacaba sus propias conclusiones.

Yuuri solo bebió dos botellas de cervezas, porque aparte del poco gusto al sabor, no se sentía tampoco con ánimos de beber.

—No han terminado… —Repitió la mujer cuando Yuuri acabó el relato con su partida tras ver a Víctor llorar al haberle soltado que sí lo habían hecho, y que ya se había acostado con otro, algo que, por cierto, había vuelto a hacer. Yuuri solo movió nervioso sus manos tomadas en la mesa—. Es propio de la tontería de Nikiforov. ¿No te pareció adorable que aún creyeran que estaban juntos? No sé, a lo mejor cree en el amor a través del tiempo, el lazo rojo del destino, la pareja destinada.

—Profesora Minako… —Se pasó la mano en la cara con irritación, a lo que ella veía con suma jocosidad—. Es serio…

—Estoy hablando en serio, también —dijo la mujer, con una sonrisa en sus labios—. ¿No te pareció enternecedor?

—Me pareció estúpido. —Soltó con desagrado—. Todo lo que he estado haciendo para poder seguir sin él y él resume tres años separados con un “mal momento”. Me dice que las cosas pueden ser como antes. ¿Para empezar que le hace pensar que soy el de antes? Me pide que vuelva ¿y las razones por las que me fui en qué quedaron?

—¿Entonces qué quieres Yuuri? —Le preguntó la mujer, mientras bebía la cerveza—. ¿Qué quieres con respecto a Víctor Nikiforov? ¿No quieres verlo más? ¿Lo quieres solo de amigo? ¿Quiere que te suplique por tu perdón y espere por tu benevolencia?             

—No quiero pensar en lo que quiero o no con Víctor.

—¿Por qué Yuuri?

—Porque no quiero decepcionarme. —Confesó al levantar la mirada con apremio—. No quiero hacerme expectativas, pensar en algo que no va a ocurrir con él. Ya… ya lo hice por demasiado tiempo.   

—Pero debes pensarlo… ¿de qué otro modo sabrás que puedes aceptar y que no de él? Ahora eres tú quien tiene la potestad de decidir qué quieres de Víctor y qué aceptar de él. Si tu no lo sabes, ¿entonces quién?

—No sé… ahora no quiero ninguna relación con él, ni con nadie. —Afirmó y Minako solo soltó el aire.

—¿Ni con Fujiwara? —Yuuri escondió su cabeza—. Ese chico parece muy interesado en ti.

—Con nadie, maestra Minako… —Levantó su mirada marrón para aclarárselo—. Lo que realmente quiero ahora es disfrutar cada victoria con Minami, apoyarlo para que llegue a la meta que quiere, sentir de nuevo que obtengo un oro que me hace feliz a mí y a la persona con la que estoy trabajando. Quiero seguir haciendo esto… es lo único que tengo seguro. Es lo único en lo que quiero pensar porque es lo único que depende de mí.

Minako no siguió insistiendo al respecto, prefirió terminar de tomarse la cerveza. Entendía la postura de Yuuri, aunque también lo conocía suficiente como para saber que definitivamente la respuesta no era que Víctor desapareciera de su vida. Solo no sabía bajo qué nombre tenerlo cerca, ni tampoco que tan cerca. Yuuri lo quería en su vida, pero lo quería en una distancia prudencial que le evitara más daño y al mismo tiempo no se sentía en condiciones de mantener esa distancia. 

Pidió otra cerveza y le entregó una a Yuuri, quien le miró con visible protesta. Ella la volvió a agitar en el aire para que no la rechazara y terminó tomándola, aunque con el pensamiento de dejarla a la mitad.

—¿Te conté alguna vez de Francis? —Yuuri renegó, intrigado con la pregunta—. Oh Francis… era uno de los mejores coreógrafos de París. Y un mujeriego de primera. Tenía en su haber el haberse acostado con las bailarinas más cotizadas del teatro. Recuerdo el día que intentó acercarse a mí. Venía con su porte galante, su cabello castaño y largo sujetado en una cola, su sonrisa seductora… el hecho de que le faltara un diente detrás era irrelevante porque solo era escucharlo hablar, y sentir las piernas temblar. —Ella río con nostalgia y dulzura y Yuuri pensó que quizás ya se había sobrepasado con las botellas—. Yo apenas tenía pocas semanas en París, no me acostumbraba a sus costumbres “parísimas”. Así que cuando quiso saludarme con un beso, lo abofeteé.

—¿En serio?

Y allí empezó una historia de amor extraña, surreal, entre un coreógrafo mujeriego, amante del coñac, que disfrutaba del tango y amaba las piernas delgadas, con una bailarina japonesa recién llegada, inexperta y encantada con el mundo, seducida por el aroma a tabaco, por el sabor del coñac y la seducción del tango. Las mejores noches, las más apasionadas y duras peleas, las lágrimas más derramadas, las decisiones más dolorosas tomadas. Más de quince años de aciertos y desaciertos, de mujeres que fueron antes, durante y después de ella, de promesas que no se cumplieron y otras que fueron pagada con creces. De ser ella la que ahora colocaba y decidía, él quien la perseguía. Ella la que jugaba con hombres durante y después de él.

Una historia compleja contada entre risas, miradas vidriosas y tragos de cerveza. Yuuri escuchó sin entender el motivo, pero logrando imaginar demasiadas cosas. Ella hablaba de aquello como si fuera algún libro que leyó camino a Fukuoka en el tren, pero no, era su vida… su vida expresada con nostalgia.

—Cuando decidió irse a Estados Unidos, se apareció con un anillo de compromiso y sueños de gloria y amor en América. —Minako tenía su mejilla apoyada en el dorso de su mano y Yuuri podía contar en la distancia las líneas que dibujaba bajo sus ojos y sobre sus labios al hablar. Las líneas que denotaba las décadas que los separaba—. Yo lo dejé ir. Había aprendido que todo lo que quería, no era algo que nadie me iba a dar. Que todo lo que necesitaba era paz. Me quedé en Royal y alcancé el premio del Benois de la Danse. De él no supe mucho más.

—Después de todo lo vivido… de tanta intensidad, simplemente acabó. —Comentó Yuuri sin saber exactamente qué sentir. Minako le miró con dulzura, y estiró su brazo para acariciarle la mejilla golpeada.

—Todo en la vida acaba, Yuuri. La intensidad solo es momentánea. Después de unos años, no deja más que ser un recuerdo. Después de veinte, una vieja anécdota que contar en una noche de copas.

—Yo todavía no podría contar lo ocurrido con Víctor de esa manera…

—Porque no ha acabado.  —Aseguró Minako, sonriéndole con suavidad—. Sigue siendo parte de tu presente. Ahora Yuuri, procura que cuando cuentes esta historia, no te arrepientas de las decisiones que tomaste.

—¿Te arrepentiste?

Minako sonrió con el brillo en sus irises. Yuuri respiró poesía, olfateo el aire bohemio que se filtró de aquellos ojos que veían a través de él, como si atravesara paredes, distancias, tiempos…

—De esta no… pero de otra historia, sí. Y he aprendido a vivir con ello.

Cuando despertó, vio el rostro de Yuri pegado contra la almohada que abrazaba posesivamente entre sus brazos. Víctor le costó retomar el hilo de sus acciones y encadenar todo lo que había pasado. Ni siquiera podía recordar en qué momento entró al avión, entregó su pasaporte y volvió a esperar que fuera sellado en la entrada de Rusia. Todo lo que podía recordar es el sonido sordo que escuchó en su cabeza, como centenares de vidrio quebrándose a su espalda, cuando Yuuri le gritó que ya había estado con otro y que ya habían terminado. Solo podía recordar el rojo de sus ojos y la furia tatuada en su mirada, para luego decirse una y otra vez lo iluso que había sido al esperar otra reacción de su parte.

Y de allí el repentino llanto de Yuri en la noche.

Se dio un largo baño, ignorando las decenas de llamadas que tenía perdidas en su móvil que había puesto a cargar, tanto de la federación, como de Chris, Yakov y su padre. Se dispuso a afeitarse para quitar los rastros cansados de su rostro, mientras escuchaba las notas de voz. A Iván diciendo que había recibido la llamada de un número desconocido en su móvil mientras estaba en cirugía y que le habían dejado la nota de voz diciendo que le habían avisado de llamarlo si algo ocurría con él. El mensaje de Yakov eran regaño tras regalo, pidiéndole explicaciones de por qué estaba Yura tan asustado como para llamarlo casi a media noche preguntando qué hacer si él no quería comer. Los mensajes de la federación los pasó sin mayor atención, secándose las manos para aplicar el tónico tras la afeitada. Luego escuchó a Chris preguntándole si ya había comido y que esperaba que se reportara pronto al menos que quisiera ver de nuevo a la anciana del apartamento del frente tocándole la puerta.

Renegó y comenzó a enviar notas de voz a todos los involucrados, antes de tener que encargarse de la federación. Caminó hasta su habitación desnudo, indiferente con la presencia de Yuri aún dormido en la cama. Tomó un pantalón blanco y una camisa azul eléctrica para vestir. También recogió su bolso para el entrenamiento, dejándolo en un lugar visible. Se vistió y ajustó los botones de su camisa, revisó que en el bolso de entrenamiento estuviera todo, incluso sus patines y cerró todo para colgarlo en su hombro. Le había dicho a Yuri que las prácticas serían al mediodía, pero él quería ver a alguien antes de eso. Yana le había respondido que acababa de levantarse y lo esperaría con desayuno.

Echó una mirada hacia atrás, donde Yuri seguía durmiendo cubierto por las cobijas. Estaba en el lado que él solía ocupar. Del otro lado, la imagen casi borrosa de Yuuri dormido hecho una bola de sábanas y cobijas volvió. La vista solo de sus mechones negros mientras estaba acurrucado de ese lado, como solía hacer cuando su cuerpo dejaba de sentir su presencia en la cama y buscaba calor en las fundas. Recordó todas las veces que él despertó primero para irse a entrenar, todas las veces que lo vio acurrucado allí, pidiéndole cinco minutos más al reloj. Rememoró las veces que se acercaba a la cama para poner una rodilla en el colchón y dejar un beso en su sien. El suave murmullo de su voz llamándolo, como si le tentara a quedarse allí con él. Lo completo que era con solo eso en su vida… solo eso.

Pero él había tomado decisiones. Era hora de aceptarlas…

Se despidió de Yuri con una ligera caricia en su cabello rubio, que fue respondida con un ronco gruñido antes de que metiera la cabeza en la almohada. No pudo evitar sonreírse enternecido.

—Perdóname haberte asustado, Yura…

En el camino al departamento de Yana, le escribió a Chris diciéndole que iba a desayunar y al mediodía a entrenar. Que estaba bien y no había nada de qué preocuparse. No quiso comentar lo ocurrido con Yuuri, no quería seguir extendiendo su aversión sin motivo alguno. Solo le dijo que había hablado y había entendido que no había relación que rescatar, esperó que con eso no insistiera. Le pidió a su padre verse en la noche en un bar para conversar, a Yakov le indicó que iría a verlo con Yuri después de las prácticas y a la federación que estaría después del mediodía en la pista por si querían hablar.

Llegó al edificio de apartamentos y tras pagar, bajó cubriéndose con el abrigo por el frío de la mañana. Subió hasta el piso del departamento de Yana, y ella le abrió con aún la bata puesta y el cabello húmedo. Parecía salir apenas de un baño.

—Oh Víctor… pareces muy triste. —Le dijo con tono suave, mientras Víctor cerraba la puerta y ella jalaba la bufanda para quitársela del cuello.

—Lo estoy… ¿me consientes?  —La adorable expresión de Víctor logró su cometido, sacándole una sonrisa comprensiva a la joven mujer. Presta, envolvió con sus manos el cuerpo de Víctor y buscó acercarlo para un beso levantándose de puntas para alcanzar sus labios.

El desayuno se enfrió. Víctor buscó el cuerpo de Yana con ansiedad y necesidad, con apremio vivo mientras apretaba sus curvas y le besaba para intentar olvidar. Ella siempre le ofreció placer, compañía y comprensión. Entre ellos su amistad se permitía ese tipo de licencias. Y si bien las anteriores veces siempre había aceptado con un deje de culpa, ahora se sentía en libertad de hacerlo, aunque esa misma libertad le provocara llorar. 

Demoraron las caricias, los besos, los momentos en que se apretaban ambos cuerpos en la cama recién tendida. Yana tuvo que ser paciente para que Víctor lograra estar al tono de la situación, y besó sus labios y su cuerpo tantas veces pudo hasta que logró dicho cometido. Cuando la pasión por fin se sobrepuso a su tristeza, Víctor premió su esmero con penetraciones profundas e intensas, abrazándola y besándola mientras se retorcían en la cama y gemía con gusto con cada nueva estimulación. Besó sus pechos, acariciando sus caderas y piernas, se desvivió en su interior e hizo vibrar y temblar su vientre. Cuando ella llegó por fin, Víctor se permitió ir.

Al acabar, solo hubo un silencio apacible. A pesar de que Víctor sentía el hambre abrirse paso en medio de la nube de satisfacción, se quedó pegado sobre los senos de Yana, encontrando mucho gusto de simplemente quedarse allí, con los ojos cerrados, alejado de todo. Incluso de sus propios errores.

Pero el día avanzaba. Tras el sopor post orgasmo, Víctor decidió tomarse una ducha como ella le había propuesto mientras Yana volvía a la cocina para calentar el desayuno. Lo esperó en el comedor con una sonrisa, todavía ligeramente despeinada por el encuentro y sin importarle dejar uno de sus senos descubiertos por la bata, donde un coqueto lunar marcaba el lado derecho de la areola.

—Entonces eso fue lo que pasó. —Concluyó suavemente, mientras veía su taza de chocolate caliente. Víctor le daba vueltas a la comida, pero se esforzaba por pasar bocado, aunque no tuviera demasiado apetito ahora—. Debió ser muy impactante que, tras tantos años de verse, su primera conversación en forma sea un “vuelve conmigo”.

—Admito que me precipité. —Ella le sonrió con ternura—. Solo pensé que no tendría más momento…

—Los hombres suelen ser muy torpes con sus emociones y sentimientos, mucho más con las relaciones. —Subió su pierna flexionada sobre el asiento, para apoyar su mejilla en la rodilla—. Debería haberlos visto a ambos, seguramente los hubiera encontrado adorables.

Víctor comenzó a no comprender. Le miró intrigado, como si Yana empezara a hablarle en un lenguaje oculto.

—No entiendo…

—La respuesta de él, de Yuuri, no es la respuesta de alguien que ha rehecho su vida y ahora está mejor que antes. Si mi ex volviera ahora y tras una amena conversación me dijera eso, me reiría. Le tomaría la mano y le diría: querido, nosotros cortamos, ¿no recuerdas? —Hizo lo mismo, extendiendo su mano para tomar la mano de Víctor y mirarlo como lo haría con su ex—. Yo ya tengo hecha una vida, me va muy bien, espero que tú también puedas hacerla. En serio, te lo mereces. Sé que lo nuestro no pudo funcionar, pero supongo que habrá alguien para ti, como lo hay para mí.

—Yana…

—Ahora, recuerdas los ojos de Yuuri, ¿no? Sus expresiones. ¿Ves esta calma? —Renegó con la saliva atorada en la garganta—. Quien ya está seguro del camino que tomo y ha dejado las cosas en el pasado, puede que se hubiese enojado, pero jamás te habría mirado de esa forma que dices: con miedo. Solo se teme a lo que no se quiere enfrentar, y si es así, significa que es algo que él mismo no ha resuelto.               

—Eso quiere decir…

—Eso quiere decir, querido, que nadie qué evita mirar a su ex, para luego al tener que hacerlo se filtre el amor como decías, puede decir que eso es pasado. Quiero decir que él todavía guarda sentimientos por ti, sentimientos muy fuertes, como para huir de nuevo.

—Pero lo que me dijo… se ha acostado con otro.

—Y tú con otra… ¿el no tener pene me hace menos infidelidad que la de él? —repuso divertida, ante la mirada extraviada y alterada de Víctor—. ¿Te dijo que tenía pareja? ¿Que lo amaba? —Negó—. ¿Qué te dijo entonces? 

—Que yo lo dejé ir… que terminamos por mi culpa, que no le dejé opción… que no fui por…

—Esos son reclamos dignos de alguien que se cansó de esperar… Que está dolido, enojado, frustrado. Llegaste tarde Víctor, eso es una verdad. Terminaron, también es una verdad. No hay nada que recuperar ahora, no de lo que hubo… Pero no implica que no se pueda construir algo nuevo cuando terminen de entender porque antes fracasaron.

—U-un momento… espera. —Suplicó pasándose ambas manos por la cabeza mientras ella se levantaba y renegaba con calma. Recogió sus platos y se dirigió al lavado—. ¿E-estás segura?

—No lo estoy, no lo conozco. —Contestó con la misma calma de siempre, mientras tomaba la esponja—. Pero sí casi segura. Ustedes los hombres cuando se entregan no pueden simplemente cerrar la hoja y continuar, son demasiados apasionados para amar. Nosotras las mujeres sabemos manejar un poco mejor el desamor, pero ustedes… incluso pueden quedarse toda una vida esperando que ese alguien vuelva, así haya tenido mil parejas y haya formado otras mil vidas. —Dejo la vajilla que iba lavando a un lado, echando miradas de reojo hacia Víctor, quien permanecía pálido frente a la mesa—. ¿Por qué él te reclamaría el no haber ido tras él? Porque te estaba esperando. Quizás aún lo está haciendo, pero querido, no puedes llegar como lo hiciste antes en su vida, cayendo en su casa y abandonando todo. Ya no eres ese intrépido campeón que podía hacer con su vida lo que quería porque estaba en la cima, ni él el chico que estaba pensando en cómo retomar su carrera.

Él ahora era un incompetente ante la mira de la federación, al no poder traer una medalla en la primera eliminatoria de la serie del Grand Prix. Él ahora tenía la potestad de Yuri, tenía la responsabilidad de apoyarlo y defenderlo de la prensa y la federación hasta que acabara la temporada, al mismo tiempo de impulsarlo y motivarlo a dar lo mejor.       

Y Yuuri… Yuuri era ahora de nuevo el ganador que regresaba a su país, con el respaldo de los suyos y una carrera que había empezado con un acierto. Era un hombre que tenía también la responsabilidad de Minami, la cual no dudó en afirmar frente a ellos cuando el chico se lo pidió. Un hombre que había tomado la decisión de continuar en el hielo, tras su retiro. Una decisión donde él no tuvo nada que ver.

Víctor se sintió atragantado. Tenía tanta esperanza como miedo de sentirla. El toque suave de Yana, quien se arrodilló para acariciarle el muslo en una posición que en cualquier otro momento hubiera sido erótica, fue sumamente fraternal. Como el toque de una hermana mayor. 

—Tienes que ser más inteligente si quieres volver. Tienes que escuchar todo lo que ha cambiado en él, tienes que contarle todo lo que ha cambiado en ti. Lo que pasaron cuando se separaron, lo que esperaban ahora que se iban a encontrar en la competencia, lo que extrañan del otro. Sin eso, ¿cómo van a volver?

No pudo responder a esa pregunta, no supo cómo responder sin soltar el nudo que ya había en su garganta. Yana se levantó un poco y dejó un beso casto sobre sus labios, acariciando sus pómulos. Los ojos azules de Víctor se mantuvieron en la expresión suave de su rostro y agradecido, subió su mano para apoyar la de ella y cerrar los ojos, demasiado desbordado como para hablar. Ella simplemente lo llevó a apoyarse sobre su pecho, para acariciarle el cabello como si pudiera cantarle una nana.

—¿Todavía hay oportunidad? —Logró soltar con la voz rota.

—Quizás la hay… ¿Eso no es más que suficiente para entrar a una pista de hielo y enfrentar al mundo por una medalla? —Víctor soltó una risa ahogada que fue un buen indicio para ella.

—Es más que suficiente.

El brillo que vio en los ojos de Víctor cuando él buscó su mirada, fue suficiente para que Yana sonriera en respuesta.

—Deja de tener miedo Nikiforov y sé inteligente. Mira esto como cuando competías; analiza, observa, reconoce que es lo que puede detenerte en tu meta y actúa en consecuencia. Y si vas a perder, al menos sabrás que diste lo mejor de ti, que no quedó en tus manos y podrás continuar.

—No me gusta perder, Yana.

—Entonces tendrás que esforzarte, porque según me has dicho, a él tampoco… Ahora, debes prepararte porque te espera otra competencia.

Más que competencia, otro enfrentamiento. Frente a la federación rusa que seguramente no tardaría en llamarlo, frente a la prensa rusa que no debería haber tardado en exponerlo en todas las planas. Y luego, Francia.

LA DESASTROSA CAÍDA DE RUSIA EN EL SKATE AMÉRICA

San Petersburgo

Este 22 de octubre, en Chicago, Rusia cayó aparatosamente en la categoría de patinaje sobre hielo masculino cuando Yuri Plisetsky, quien había logrado una aceptable presentación en el programa corto con la performance “Arsonist’s Lullabye”, falló en medio de su programa libre “Lose Yourself”, perdiendo la posibilidad de entrar al podio. Con solo un cuádruple clavado en toda su presentación en América, quedó de cuarto lugar, siendo superado avasalladoramente por el patinador Japonés Minami Kenjirou, el italiano Michelle Crispino y el español Gabriel Hernandez.

Con esto, Yuri Plisetsky debe conquistar la presea plata o el oro en el Trofeo de Francia que tendrá lugar entre el 11 y el 13 de Noviembre en París, para tener oportunidades de participar en la Gran Final del Grand Prix. Esto a su vez afectaría su posible clasificación tanto en la copa Europea como en la World Champion que tendrá lugar en marzo del 2022 con sede en Barcelona.

Conflictos con la FFKK

Debido a los errores en su actuación, la FFKK no ha tardado en comunicar su decepción. Dmitri Bukin expresó en la reciente rueda de prensa del domingo sus apreciaciones al respecto: “Yuri Plisetsky sabe que la FFKK le hemos dado la oportunidad, esperando que esta vez pudiera demostrar las razones por las cuales antes era uno de nuestros mejores deportistas. Desgraciadamente no ha sido así. Aunque aún queda tiempo para repuntar, ya Plisetsky conoce las condiciones por las cuales aún tiene el apoyo económico del gobierno y las implicaciones que habrá si vuelve a fallar”.

La FFKK no ha descartado revocar su plaza como deportista calificado, aunque están esperando que los resultados mejoren en el trofeo de Francia. También han comentado que Víctor Nikiforov, su actual entrenador, tendrá que demostrar si tiene las características necesarias para estar a cargo de un deportista de nivel internacional, ya que hasta el momento sus resultados, en palabras de Bukin, han sido insuficientes.

El incidente fuera de la pista.

Además, el sospechoso incidente ocurrido en Chicago después del programa libre entre Yuri Plisetksy y Minami Kenjirou, no ha dejado de causar revuelo internacional. En la comunidad se mantiene el escepticismo de que lo ocurrido haya sido lo que Víctor Nikiforov y Yuuri Katsuki calificaron como un altercado a su seguridad. Son muchos los comentarios que se han abierto al respecto, y ante el silencio de la FFKK, las posibilidades aumentan. Muchos críticos han estado de acuerdo de que un enfrentamiento entre ambos competidores es altamente probable.

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Más comentarios

Dayana B. Petrov: ¡Esto es inadmisible!

Y.K.T Slowing: Lo mejor es la foto. ¡Momento épico! Justo cuando la nariz de Plisestky está por encontrarse con el hielo.

Sahara Sokolova: Yuri Plisetsky ha demostrado que ya no está para competir. Si no puede hacer saltos que se vaya a la danza de hielo.

Ivan T. Morózov: Lo más deshonroso ha sido ver como un japonés nos vuelve a quitar el oro. #NoMeGustaElCerdo

Alexander Vasíliev: ¿Alguien se ha preguntado cuánto de nuestros impuestos se van para mantener a un perdedor?

Cuando Yuri despertó, era cerca de las once de la mañana. Por fortuna no estaba lejos del rink de entrenamiento, pero se sorprendió el que Víctor no lo hubiera llamado para despertar. Se dio una vuelta para buscarlo en la cama, pero no estaba, el otro lado parecía haber sido arreglado y desarreglado recientemente. Con un largo estirón, Yuri se levantó y buscó su móvil por todos lados, solo para recordar que debió haberlo dejado en su habitación. Chistó y se quedó mirando el techo pensando en lo vergonzoso que era despertar en la misma cama de Víctor.

No recordaba haber estado mucho tiempo en ella, solo contadas ocasiones desde que vivían juntos y varias cuando Yuuri estaba allí. Podía recordar ese día que por un juego tonto Yuuri se puso su ropa y él la de Yuuri para completar un reto ridículo, mientras Víctor estaba en Moscú resolviendo asuntos con la federación. Su sonrisa se amplió pensando en lo bien que se le habían visto a Yuuri sus pantalones negros ajustados y que, por cierto, jamás regresó. Tampoco quiso saber el destino de ellos.

Si se detenía a observar la habitación, había cambios sustanciales, aunque preservarán los mismos muebles. Las cosas de Yuuri no se encontraban allí. No había fotos de ellos juntos cuando estuvieron en Hasetsu, y tampoco estaba el abrigo y la bufanda de Yuuri colgada en el pechero, ni el estuche de sus lentes. Hacía falta los azules de Yuuri en el lugar.

Torció la boca y se movió a su derecha, para apoyarse mirando la puerta entreabierta que daba vista hacia la cocina. En su visión notó la matryoshka rechoncha de Víctor y por mera curiosidad, comenzó a jugar con ellas. La abrió, sacando la otra figura de Víctor como competidor, luego la que tenía al Víctor como entrenador. Se detuvo viendo las expresiones pintadas en cada una de ellas porque le era inadmisible poder congeniar la tristeza en la expresión de Víctor con su personalidad, cuando lo usual era verlo con esas ridículas sonrisas.

Yuri se apoyó sobre su brazo, para acomodar las muñecas en orden de tamaño en la mesa. Colocó la más grande con el traje de Stammi Vicino, seguida de la del competidor y sacó la otra muñeca que había dentro para dejar la del Víctor entrenador en la mesa. Esa pequeña era diferente, la sonrisa de Víctor no era tal, era extraña, casi incierta. Tenía el cabello largo, así que asumió se trataba de cuando estaba en la época junior. Intrigado, la observó por un poco más de tiempo, antes de volver a abrir, para ver que nueva muñeca iba a encontrar. Cuando sacudió aquella en sus manos, no fue una muñeca lo que salió, sino pedazos del mismo material que Yuri no logró identificar en el momento.

Se sentó en la cama y colocó la última muñeca en la mesa, mientras observaba las piezas en sus manos. Al intentar unirlas lo que encontró fue una matryoshka rota de Yuuri en cinco pedazos. En silencio, intentó juntar sus partes y sostenerlas, para ver completa la imagen de un pequeño Yuuri que recordaba haber visto en los álbumes de fotos que tanto le avergonzaba que su familia mostrara cuando iban a Hasetsu. El niño que había empezado su admiración por Víctor, con una sonrisa soñadora y ojos brillantes. La misma sonrisa que estaba partida en varias partes.         

—Que imbécil Víctor… ¿qué ganas con guardarla? —Se mordió el labio y soltó un suspiro. Al volver la vista hacia la tras muñecas, tomó la decisión sin pensarlo más.

Guardó todas ellas y la colocó en el mismo sitio, pero cuando Yuri abandonó la habitación se había llevado los restos de la muñeca rota de Yuuri que Víctor había estado guardando durante todo ese tiempo.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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