Matryoshka II (Interludio)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Capítulo dedicado a Sofia Cujia, que cumple años mañana, a los miembros del grupo de lectores de facebook, a Shary por el diseño de la portada, a Jessica Moraless por el bellísimo art que me regaló por el inicio de la segunda temporada y a KonniDattebayo por el bellisimo video que le hizo al fic. Mil gracias a todos. El video lo pueden ver en mi perfil también.

Minami esperó con ansias esas nacionales del 2016. Distintas a la anterior, donde había ganado siendo su primer año senior, se enfrentaría con un Yuuri Katsuki que había ganado la plata en el Grand Prix Final y marcado su primer récord mundial. Se enfrentaría al real Yuuri que había visto desde que era un niño, cuyo talento desbordaba y cuyo patinaje le inspiraba. Y no le decepcionó. Eros sedujo a todo el público mientras Yuuri se movía con gracia en la pista y transmitía todo lo que sentía en ese momento. Yuri on Ice hizo que el público temblara de emoción cuando su mano no señaló a su entrenador, quien se encontraba ausente, sino al público. Yuuri ganó con facilidad las nacionales, del mismo modo que las regionales y, esta vez, sí miro su programa corto donde usó el traje de Lohengrin inspirado en él.

Recibió una mirada amable de Yuuri y él se sintió en las nubes.

Y al compartir de nuevo el podio con él teniendo una plata, quiso hacerlo a nivel internacional. Quiso compartir el podio con Yuuri en el mundo.

—¡Yuuri! —Corrió por el pasillo para alcanzarlo, al verlo aún con la medalla de oro en su cuello, pero intentando hacer algo con su móvil. Se detuvo al estar frente a él y, azorado por la carrera, no pudo evitar sonreírle con orgullo y emoción—. ¡Felicidades por tu nuevo oro!

—Gracias Minami —respondió con suavidad.

—Eso… ¡eso estuvo magnífico! ¡Tu Eros fue llevado a otro nivel! ¡Era como ver a algo sublime en la pista! ¡Y Yuri on Ice! ¡Y cuando clavaste el flip cua…!

—Oh, espera un momento, Minami. —Lo detuvo, por el sonido del teléfono. Minami asintió y lo esperó, mientras Yuuri se alejaba.

Logró escuchar el nombre de Víctor y miró el rostro de Yuuri transformado de felicidad mientras le hablaba. Estaban hablando en inglés, él podía entenderlo, pero prefirió aprovechar para entretenerse revisando las redes y recibiendo las felicitaciones de sus padres y su hermano. Sonrió sobrecogido mientras respondía y cuando volvió a subir la mirada Yuuri volvía con él.

—Lo siento… era Víctor.

—Oh cierto, pensé estaría aquí.

—No puede, está en las nacionales rusas. —Minami había olvidado eso, pero la expresión de Yuuri no parecía molesta por la ausencia. Por el contrario, estaba feliz, mirando su móvil—. Estoy emocionado… —le dijo, con la voz temblándole como si aguantara una risa—. Usará el traje con el que marcó el récord del programa corto hace tres años. ¡Amo ese traje! Y el programa es uno de los mejores, me mostró los cambios que hizo con la música, ¡son increíbles! Estoy seguro de que sorprenderá a todos…

Minami no pudo evitar notar la felicidad de Yuuri, su creciente emoción y admiración hacia Víctor con la idea de que Víctor volvía a competir. Se preguntó si esa era la misma cara que ponía cuando estaba frente a él.

—Yuuri. —Lo llamó, provocando que levantara su mirada. Con nuevas energías cerró sus puños frente a su pecho y le juró—. ¡Pronto competiremos en el GPF! ¡Ya verás! ¡Sólo espérame!

Yuuri le dio por respuesta una sonrisa. Todo lo que necesitó.

Minami entrenó duro para la siguiente temporada, esperando poder lograr un lugar en el Grand Prix Final. Sabía que la tenía difícil, el nivel de los competidores era alto, pero como Yuuri ya lo había logrado, no había razones para pensar que era un imposible. Entrenó más horas que en el anterior, perfeccionó el Toe Loop Cuádruple para la rutina. Escogió una canción movida y con ayuda de su entrenadora, decidió la coreografía para sus presentaciones. De nuevo, usó un traje que era un homenaje a uno de los primeros de Yuuri. Cuando presentó su programa con ritmos Tecnos vestido como Matrix, más de uno aplaudió la elección.

El que ganara Yuuri el mundial de esa temporada anterior había llenado de orgullo los ojos de Japón, y había puesto a toda la sociedad con la mirada en sus patinadores. Pronto comenzó a hacerse cada vez más famoso el deporte, mientras llegaban las revelaciones desde Rusia, donde Yuuri se había mudado para entrenar al lado de Víctor y el equipo ruso.

Minami seguía de cerca todas las publicaciones. Había agregado a Víctor, a Yuri, incluso a Mila y a Georgi para obtener más posibilidades de ver a Yuuri. Cada uno de ellos subían fotos con él y Yuuri lucía feliz, como si viviera un sueño. Víctor iba más allá, no conformarse con fotografías en la pista sino en su vida diaria, como aquella que le tomó mientras Yuuri dormía un domingo en la mañana, o compartiendo ambos una manta para el frío, también fotos de Yuuri solamente en un puente de San Petersburgo con una noche que parecía una mañana.

En todas las fotografías que subía a sus Instagram, estaba patente el tema que Yuuri había escogido para esa temporada: Sukha, la felicidad trascendental y verdadera. Así que no fue sorprendente cuando al encontrarse en las eliminatorias del Grand Prix se viera la bellísima presentación de Yuuri, vestido con un traje con influencia hindú, en color azul, cubriéndolo entre pedrería y celestes. Pese a que no logró llegar al podio, disfruto cada minuto de sus presentaciones sintiéndose atragantado con tanta belleza y perfección.

Allí, vio a Yuuri deslizarse con velocidad hacia la salida, donde Víctor lo esperaba para abrazarlo. Como a Víctor no le tocaba competir allí y de hecho ya había asegurado su pase al Grand Prix Final en el Skate Canada y la Copa China, solo estaba como su entrenador allí. Yuuri ganó el bronce, tras no poder con la coreografía y experiencia de Christofer, que en esa temporada iba con todo desde el inicio, tras su derrota en la temporada anterior. Aun así, ya había asegurado su participación con el oro del Skate América.

—¡Yuuri! —Corrió hacia él, para felicitarlo. No había podido lograrlo, pero no pensaba rendirse. La otra temporada, de seguro, estaría en el podio con él—. ¡Eso fue maravilloso! ¡Amo tu traje! ¡Quiero uno igual!

—Oh, gracias Minami. Felicidades también por entrar a la serie Grand Prix.

—¿Verdad que su traje es lo mejor? ¡Yuuri decía que era muy llamativo! —Minami asintió efusivamente a las palabras de Víctor, que emocionado y orgulloso mantenía su mano posesivamente sobre la cintura de Yuuri, cosa que él no dejó de notar.

—Víctor insistió en hacerlo así de brillante… —dijo en tono avergonzado. Minami no pudo evitar encantarse con esa expresión.

—Oh Yuuri, ya debemos ir a la rueda de prensa —le avisó, jalándolo para llevárselo con él. Yuuri se negó y le pidió unos minutos con Minami—. Bien, te espero allá, cariño.

Víctor no tardó en robarle un pequeño beso de los labios pese a la mirada seria de su pareja. Yuuri parecía no acostumbrarse a las muestras en público, o quizás le daba vergüenza con Minami, aunque a este podía importarle menos. Era feliz de ver a Yuuri feliz.

—¡Sé que podrás ganar el oro en esta temporada! —exclamó emocionado. Si Yuuri hacía esos dos programas con mayor perfección, junto a todas las emociones que transmitía su rostro lleno de felicidad, podría ganar.

—Haré mi mayor esfuerzo. Víctor estará compitiendo y sus programas son bellísimos.

—Love & Live —mencionó Minami, con sus ojos brillantes y Yuuri se llenó de rojo—. Está inspirado en ti, ¿cómo no iban a ser así? Pero sé que puedes ganarle, ¡ánimo Yuuri!

Yuuri le volvió a sonreír. No pudieron hablar más porque tuvo que ir a la rueda de prensa, vestido con la chamarra de Japón y representando a su país dignamente, mientras era acogido bajo el brazo de Víctor Nikiforov, el orgulloso hombre que se sentía en la cima por tenerlo a su lado. Minami sabía que tenía razones para estarlo, en su lugar estaría igual. Decidió seguir la temporada y prepararse para las nacionales, mientras Yuuri avanzaba por el oro.

Ciertamente, los programas de Víctor fueron preciosos y sus trajes eran otra forma de demostrar su belleza. De hecho, fue mencionado como uno de los mejores trajes de la temporada, en un rojo brillante y ajustado que delineaba su cuerpo y se degradaba hasta volverse en blanco cuando llegaba a su hombro y cuello, lleno de brillantes. Era la muestra de la pasión y la infinita felicidad que Víctor sentía por la presencia de Yuuri en su vida. Pero, contra todo pronóstico, Víctor no alcanzó el podio, y Yuuri se llevó el oro, ante la sorpresa de todos.

La prensa en Japón se llenó de titulares ante el inesperado triunfo de Yuuri. Frases como: el alumno venció al maestro, fueron Trending Topic en todas las redes. Minami estaba exaltado, le desbordaba ver a Yuuri llorar de felicidad mientras recibía el oro y los fans empezaron a teorizar sobre las repercusiones que podría tener en la pareja el cambio de las competencias.

En la exhibición, Yuuri y Víctor se encargaron de acallar cualquier rumor con la preciosa presentación del Tango de Roxanne. Desbordaron sensualidad, amor y pasión mientras se seducen mutuamente en la pista y dejaba a más de uno convertido en fuegos. Los rumores en Japón callaron, pero a nivel internacional era otra cosa. Todos esperaron ansiosos las olimpiadas donde Minami no podría competir pero que Yuuri había ganado dignamente su pase para representar a Japón.

No fue sorpresa que volviera a ganarse la plata en las nacionales, pero lejos de rendirse, Minami sentía que cada vez lo tenía más cerca. Esperó con ansias las olimpiadas, pero Yuuri no pudo participar por la ligera lesión que sufrió en su tobillo cuando estaba en las prácticas. Se volvieron a encontrar en el mundial, donde tampoco pudo compartir el podio con él.

Otra temporada acabó, e inició una nueva a los pocos meses. Distintos al año anterior, Yuuri no fue a Japón, alegando que Víctor había decidido iniciar sus entrenamientos tan pronto pudo recuperarse de la lesión del mundial y no tendría tiempo. Aunque entendió, no pudo evitar sentirse triste por la posibilidad de no ver a Yuuri siquiera en uno de los festivales. Tuvo que conformarse y tomar aquello como impulso para prepararse para la nueva competencia.

De nuevo, buscó agregar un nuevo salto a su repertorio y práctico incansablemente un nuevo combo, el que Yuuri solía clavar. Se preparó para verlo, pero cuando lo vio emerger del pasillo en el Skate Canada, vestido con un traje ajustado a su cuerpo, chispeado de azules y violetas en un degradado y un pantalón azul oscuro bajo ella, supo que Yuuri, de nuevo, iba a vencer.

La seguridad con la que se movió en el escenario, con el tema de la adoración, conmovía a cualquiera. Su rostro mostraba cuánto amor expresaba, cuánta devoción había. A la salida, Víctor lo esperó y lo vistió con la chamarra, esperando su turno de competir con el programa corto. Era casi un acto simbólico verle la chaqueta rusa de las olimpiadas que lo vistió en japón, cuando sin poder competir fue a recibir a Víctor a la salida, a sabiendas de que se había llevado el oro a Rusia.

Sería difícil ganar en esa competición, considerando que Víctor y Yuuri competían en ella. Pero Minami se esforzó y dio todo en su programa, bailando y animándose con la posibilidad de al menos alcanzar el bronce. Fue sorpresivo que su programa quedará por encima del programa corto de Víctor, al final, cuando la tabla apareció y sus ojos miraron con estupor lo que consideró lo imposible.

Vencer a Víctor, aunque fuera solo en un programa, había significado mucho para él. Aun cuando estaba en el quinto lugar.

Para el programa libre, Minami iba con todo. Estaba dispuesto a encender las llamas de la pasión en el estadio, para luchar por ese puesto en el podio, aun cuando sabía que las posibilidades de que Víctor repuntara eran demasiado grandes. Sin embargo, no iba a rendirse; esa pequeña victoria podría significar mucho para Minami, quien siempre había tenido que conformarse con estar bajos los rusos. Esa victoria era un hito en su vida como profesional. Era un logro imposible de apagar.

Pero…

—¿Crees que esté bien? —preguntó inquieto, en el pasillo. Todos los patinadores se encontraban en la misma situación, mientras J.J regresaba tras haber preguntado como estaba Víctor.

Aunque no tuviera que competir, había decidido ir para ver por sí mismo la “competencia” de esa temporada. Tras el accidente de Víctor, JJ había corrido con los paramédicos y había estado movilizándose, sin saber qué hacer.

Aunque todos querían vencer a la leyenda del patinaje, la verdad nadie esperaba un final así. Yuuri no aparecía en el pasillo, Yuri Plisetsky estaba frente a la puerta, pálido como un papel. Guang Hong y Minami estaban a varios metros de ellos, mientras que Phichit, apoyado contra la pared, esperaba impaciente por la respuesta y Celestino estaba de un lado a otro con la federación.

Todos estaban preocupados por Víctor, pero evidentemente, también por Yuuri. Si la ISU declaraba que debían patinar tras eso, ninguno se sentía en condiciones de hacerlo.

Justamente eso fue lo que ISU decidió.

—¡Esto es ridículo! —gruñó Guang Hong, con la mandíbula trabada y sus extremidades temblando—. ¿Cómo vamos a patinar después de esto? Deberían cancelar el evento y hacerlo mañana… Todavía tengo el estómago mal.

Minami no supo qué decir, no creía poder ejecutar un sólo salto después de lo que había visto. Phichit estaba tenso, la dureza de su rostro no mejoraba la situación y más bien la hacía más difícil de controlar. Celestino llegó para hablarle y a pesar de la calma que había en Phichit, sus ojos no dejaban la severidad.

—Si Yuuri no patina, tampoco yo lo haré —dijo Phichit, mirando con una seriedad implacable a su entrenador.

—¡No puedes hacer esto, Phichit!

—Sí puedo. Y lo haré. Sé que la AST entenderá.

—¡Pero Pichit…!

—Yo también me niego a participar si Yuuri decide no hacerlo —se apuntó Guang Hong, tomando valor de la seguridad con la que Phichit hablaba. Minami no tardó en unirse a ellos.

—¡Yo también! Yuuri seguro no podría patinar así, ¡no es justo que lo obliguemos! ¡Para nadie es secreto lo importante que es Víctor para él!

—Chicos, —Minami los miró a ambos, con una sonrisa agradecida—, seguro que Yuuri estará contento de saber su apoyo.

La puerta por fin se abrió. La voz de Plisetsky se escuchó y los tres patinadores voltearon hacia el origen de su voz, donde pudieron ver la figura de Yuuri emerger de la puerta. Lo vieron abrazar a su compañero ruso y Minami sintió el nudo en la garganta.

Eso debía solo significar una cosa…

Tras el abrazó, Yuuri se separó y caminó con decisión en medio del pasillo, sin dirigirles la mirada. Minami notó el momento en que un preocupado Celestino se acercó para saber lo que sucedía, y si estaba enterado de la decisión de la ISU con respecto a la competición. Yuuri respondió con un simple: Terminemos pronto con esto. Los tres patinadores pudieron entender que Yuuri pensaba aceptar la orden, y aunque no se sintieran listo para hacer lo mismo, acataron.

Yuuri rompió un récord, callándoles la boca a todos, pero estaba tan fuera de sí que no fue ninguna sorpresa cuando lo vieron correr con ansiedad, queriendo ir tras la ambulancia. Phichit lo había llevado a la enfermería, para calmarlo, y los demás no sabían mucho sobre qué hacer en ese momento. La competencia en sí se sentía anómala.

Para Minami, fue claro que Yuuri estaba mal, muy mal. Después de haber visto de cerca las tantas veces que Yuuri era feliz al lado de Víctor, podía darse una idea de cuánto debía estar sufriendo por lo sucedido. Después de competir y perder estrepitosamente, no pudo prestarle mucha atención a ese hecho cuando su preocupación por Yuuri era mayor. No podía creer que Yuuri hubiera logrado no solo patinar, sino ganar y romper un récord en semejante situación. Lo admiraba por eso, al mismo tiempo que le aterraba.

En el baño, se lavó la cara que aún sentía tiesa y se miró al espejo, con la mirada apagada. La frustración de no saber cómo ayudar a Yuuri ni qué hacer le estaba pasando factura, y no creía poder soportar a esperar a que algo saliera en las redes. En ese momento, Yuri apareció. Minami lo miró mientras se dirigía a los urinarios y luego se acercaba al lavamanos, para limpiarse. Su rostro también parecía de piedra.

Se animó a preguntar. Craso error.

Cuando se acercó, intentando atraparlo al ver que no respondía a su llamado, Yuri volteó solo para empujarlo contra el lavado.

—Cállate. —Exigió, con la mirada empequeñecida y una mueca en su rostro.

—¿Qué te pasa? ¡Solo quiero saber cómo está Yuuri y Vic…!

—Te dije que te calles. ¡Eres tan escandaloso! —Yuri caminó, hasta atraparlo contra el lavado. Su presencia intimidante había aumentado a causa de su altura—. Deja a Yuuri en paz, siempre estás como una maldita mosca persiguiéndolo. Ni siquiera mereces que te acerques… ¿Dónde está tu oro?

Minami lo miró con asombro y la sensación de una puñalada en su vientre. Yuri le miró con desprecio antes de separarse y abandonarlo en aquel baño.

No se pudo acercar esa vez, no logró llegar al GPF pese a haber ganado el bronce en la anterior competición, porque su lugar en el Skate Canada no le dio los puntos. Apretó su garganta y tuvo que conformarse con ver en televisión las nuevas competiciones de Yuuri, donde contra todo pronóstico, llegó al GPF y ganó el oro nuevamente. Se apareció en las nacionales, pero no pudo acercarse al verlo tan cerrado y distante. No se atrevió tampoco a buscarlo, pero en los Cuatros Continentes decidió que haría un esfuerzo.

Para su mala fortuna, Yuri estaba allí, cercándolo. Le hablaba o lo miraba mientras Yuuri esperaba sentado su turno, con los ojos cerrados y los audífonos puestos. Solo en un momento en que logró escabullirse y notar que Yuri no estaba allí, pudo acercarse para saludarlo. Yuuri se retiró los audífonos y le devolvió el saludo, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—¿Cómo sigue, Víctor? —Minami preguntó, con voz baja, tan baja que parecía arrepentirse de haber interrogado.

—Se encuentra bien. Se está recuperando. Gracias por preguntar.

Para Minami, sonó a esas frases que su padre solía decir a los pacientes: impersonales, vacías, inciertas. Yuuri no se quedó por mucho tiempo, le pasó una mano en su hombro y siguió avanzando por el pasillo. Con la garganta trabada, lo miró irse, antes de sentir un nuevo empujón de Yuri que lo arrojó contra la pared. Minami observó los ojos de Yuri hecho llamas. Su garganta volvió a llenarse de piedra y ahora, contrario a la otra vez, la molestia habló más rápido que el miedo.

—¿¡Qué pasa contigo!?

—Te dije que dejaras en paz a Yuuri. —La voz de Yuri contenía una amenaza latente que Minami rechazó. Hizo una mueca y caminó como si fuera a dirigirse a Yuuri, pero un brazo de Yuri lo retuvo y volvió a pegarlo contra la pared. Minami no dudó en responderle con rabia a eso ojos verdes mientras le sujetaba la muñeca que lo estaba deteniendo—. ¿Qué parte de “no te acerques” no entiendes, enano? Yuuri no tiene tiempo para perder contigo.

—¡Que me lo diga él!

—Nunca lo hará, es tan imbécil como para fingir que le importa saludarte para quedar bien. —Minami abrió sus ojos, con una nueva puñalada—. Déjalo en paz. Yuuri es ahora de Rusia. No te necesita a ti, me tiene a mí. —Yuri volvió a acercarse, con su sombra cirniéndose sobre él. Minami jamás le apartó la mirada, como si la altura no pudiera intimidarle—. ¿O crees que mereces estar a su lado? ¿Dónde está tu oro?

—¡Lo tendré! —Lo empujó con sus brazos, aunque pudo hacer con la figura alta y corpulenta de Yuri, en comparación. Yuri se rio como si se tratara una broma y se ajustó de nuevo la chaqueta, después de soltarlo—. Tendré el oro. ¡Ya lo verás!

—No mi oro, enano. —Escupió a sus pies—. No mi oro.

Minami miró la espalda de Yuri alejarse, con el enojo atrapado. Pero fue peor al notar que era él quien estaba en la espalda de Yuuri mientras esperaba los anuncios. Era él quien estaba cerca, y al que Yuuri miraba. Era él quien, parecía, tener la atención de Yuuri. La atención que Yuuri se negaba a darle al resto.

Los cuatros continentes acabaron, sin ninguna medalla para Minami. El mundial llegó y no pudo asistir, pero lejos de desanimarse, tomó aquello y los enfrentamientos con Yuri como un impulso.

Se esforzó. Practicó más horas que nunca, desarrolló su programa con ayuda de Leo y le pidió ayuda para perfeccionarlo. Le pidió a su entrenadora que lo ayudará a mejorar sus elementos. No dejó de ver los videos de Yuuri para poder captar nuevos saltos para agregar a su coreografía. Yuuri volvería a competir, ya lo había dicho. Su tema Sueños era un indicativo de que estaba al menos mejor. O eso aparentaba…

No hubo competencia de la serie del Grand Prix que compartiera con Yuuri, y mientras Yuuri avanzó sin problemas a la final, él no pudo hacerlo pese a haber ganado su primer oro en el Trofeo de Francia. Y esto solo porque se negó a desanimarse tras haber quedado por debajo del podio en su anterior competición y quiso demostrarse a sí mismo y a todos que si era posible cumplir su sueño. Ahora con su primera medalla de oro internacional, Minami se sintió con la suficiente fuerza para enfrentarse a Yuri y pelear su lugar al lado de Yuuri, como su compañero, compatriota y sí, para él, su amigo.

Aprovechando que Yuuri competiría en la NHK, fue hasta el estadio para verlo, pero de nuevo Yuri estaba allí, cortándole el espacio, mirándolo con desprecio.

—¿Hasta cuando vas a seguir intentándolo? —le dijo cuando Yuuri ya tomaba su lugar para patinar.

—Ya tengo un oro. ¡Quítate y déjame hablar con él! —Yuri rodó los ojos y le miró como si fuera algo insignificante.

—¿Por el trofeo de Francia? ¿Ese minúsculo logro? ¡Nunca estarás a su altura!

Le miró por encima de su hombro, despreciándolo.

Yuuri había acabado, y cuando intentó acercarse sintió el brazo de Yuri empujándolo para ser él quien se acercará. Minami de nuevo quedó relegado, mirando como Yuuri seguía al ruso hasta el Kiss and Cry y recibía las puntuaciones que, a esas alturas, para nadie era sorpresa.

Después de eso, tuvo que conformarse con enviar su regalo de cumpleaños por correo y esperar las nacionales, donde Yuuri no se presentó. Envió unas disculpas a la JSF y nadie mencionó lo ocurrido, los medios no tardaron en teorizar su ausencia y enlazarla con la ausencia de Víctor, que ya era demasiado elocuente. Minami, quien estaba siguiendo de cerca su carrera, había tenido la esperanza de encontrarlo allí después de que ganara la medalla de oro en GPF. No le quedó de otra que esperar hasta los cuatro continentes, donde estaba seguro de que daría lo mejor, que daría lo máximo de sí para que Yuuri volteara sus ojos a él y le diera un espacio a acercarse. Para decirle que estaba con él, en el único lenguaje que parecía que entendería: el patinaje.

Sin embargo, la competencia en los cuatro continentes fue atroz. JJ, Seung-Gil, Phichit y Guang Hong, no eran contrincantes fáciles de superar. Y Yuuri, sin problema alguno, les había ganado a todos, incluso a JJ que hasta el momento mantenía la hegemonía de las medallas doradas en esa competición. Cuando Minami intentó acercarse de nuevo la imponente figura de Yuri estaba allí, atravesada en su espacio de visión. El japonés comenzó a sentirse frustrado, sin comprender por qué estaba allí, porque debía seguir a Yuuri y por qué no le dejaba acercarse.

—Yo creo que le gusta. —Fue la simple respuesta de Leo, cuando el comentario surgió en la cena. Minami casi se atragantó con su camarón, mientras que Guang Hong sacaba una carcajada animada.

—Creo que María Laura te tiene mal. ¿En serio? —Replicó el competidor de China y Leo arrugó sus gruesas cejas.

—¡Estoy hablando en serio! No es que lo haya leído en un fic.

—Hay mil fics de ellos dos siéndoles infieles a Víctor, pero por favor, es Yuuri.

—No digo que sea correspondido. —Hizo una mueca, mientras veía a Seung-Gil a lo lejos, comiendo en soledad—. Es solo qué… ¿por qué más seria?

A ninguno se le ocurría otra idea. La palidez de Minami era evidencia de lo mal que le había caído la posibilidad. Yuuri jamás se fijaría en él, estaba enamorado de Víctor.

¿Pero dónde estaba Víctor?

Se quedó en silencio, tratando de no pensar de más en aquella posibilidad absurda que Leo había dejado sobre la mesa. Pronto fue Guang Hong quien, con su forma de ser tan amigable, pasó una mano por su brazo para atraer su atención y tranquilizarlo.

—Pues, creo que solo debes dejar de tenerle miedo a Plisetsky y meterte de lleno. Si lo haces frente a Yuuri, Yuuri no dejaría que Plisetsky te haga nada.

—Eso es cierto, solo fíjate como hace Phichit. Plisetsky no puede hacer nada para evitar que Phichit se acerque cuando quiere. —Leo coincidió, mientras se llevaba la bebida a los labios—. Solo enfréntalo estando Yuuri allí.

—Yuuri siempre te ha dejado estar cerca, te aprecia, Minami. No dejes que Plisetsky se entrometa.

—Además, ¿con que cara pide el oro? No ha tenido un oro desde hace años.

Minami tomó el consejo. Todavía tendría una oportunidad, al día siguiente serían las exhibiciones tras la victoria de Yuuri y su merecido oro. Sin embargo, al ver a Yuuri caminando por el pasillo y cuando pensó que podría acercarse, algo en su rostro lo detuvo, atravesándolo como una lanza de hielo en su corazón.

Yuuri lucía oscuro y húmedo, como si viviera una lluvia. Jamás le había visto esa perpleja expresión y esa tristeza que ya se filtraba por sus poros. Yuri Plisetsky iba detrás de él, intentó sostenerle el hombro y Yuuri se lo retiró, en un movimiento brusco. Miró perplejo como Yuri se detuvo en el pasillo y los ojos de Yuuri buscaron frente a él a la figura de Phichit que, contrario a todo lo que era él, mantenía una mirada apagada y triste, que quiso matizar con una sonrisa.

Fue Phichit quien puso su brazo en el hombro de Yuuri, quien le habló bajo mientras el público rugía. Yuri Plisetsky se apresuró como si buscara recuperar su lugar en el lado de Yuuri, pero fue Phichit quien lo detuvo con algo en su mirada, algo que era tan distinto a lo que Phichit siempre había sido.

¿Eso era resentimiento? Yuuri abandonó la chamarra de Japón en las manos de Yakov. Propició un abrazo con el anciano que alargó más de lo necesario y que el hombre, con el rostro hecho de piedras contestó con suavidad. Dejó los protectores de sus patines al cuidado de Phichit y las hojillas azules relucieron en medio de las luces. Su traje de Stammi Vicino en tono azul relucía con belleza y elegancia, cubriendo su cuerpo. No miró nada más mientras se dirigía a la pista, ni a Yuri quien intentaba estar cerca, ni a Minami que estaba a unos pasos, ni a ninguno de los otros concursantes. Minami pudo verlo mirar el derredor, y sintió esa sensación amorfa en su estómago.

Yuuri parecía despedirse.

Se estaba despidiendo.

Cuando Time to say Goodbye resonó en los altavoces y la presentación de Yuuri empezó, con el emblemático traje que usó en ese dueto de Stammi Vicino, Minami no quiso entender lo que era claro.

Stammi Vicino fue el programa que lo enlazó con Víctor, fue el que lo unió a él y lo llevó a la cima. El dueto hecho juntos fue la forma de mostrar lo felices que eran, y lo dispuestos que estaban de seguir así. Que Yuuri ahora tomara una melodía de despedida con ese mismo traje, solo, indicaba una sola cosa que nadie quería ver, o que era imposible de hacerlo cuando la belleza del programa los tenía anonadados.

Esa canción también era un dúo, un dúo de voces entre dos amantes que se despedían del mundo, para partir juntos a un lugar lejos. Un dúo que Yuuri estaba cantando solo. Cuando se dio cuenta sus ojos estaban anegados de lágrimas y su rostro rojo por la carga emocional que estaba significando verlo. Cuando se percató, todo el público se unió al coro de la conocida canción y cantaron mientras Yuuri se estaba despidiendo. ¿Era acaso un nuevo nivel de interpretación y emotividad en el patinaje de Yuuri? O era… ¿era realmente el adiós?

Mientras Yuuri hacía esa preciosa pirueta emblemática en su patinaje, con las manos tomadas en su espalda y su pierna extendida, Minami sorbió sus labios, conmovido. Al momento de acabar, el estadio estalló en aplausos y más de uno estaban con las lágrimas llenando su rostro. Yuuri recibió los aplausos con su rostro empapado, y tomó el micrófono de manos de una de las pequeñas niñas que ya recogían de nuevo los obsequios. Los miró a todos, por última vez.

—Agradezco a todos los que creyeron en mí y me acompañaron en este punto. —Su voz sonó rota, entre la emoción, el llanto que aún corría y la falta de aliento—. Hace cuatro años, cuando dejé el GPF en Sochi, jamás pensé que podría estar en este lugar. Mi amor me ha llevado hasta aquí y mi amor ha madurado. Es hora de que me despida del hielo.

En el estadio se escuchó los gemidos de sorpresas y los murmullos ante lo que estaba ocurriendo. Yuuri no amilanó su posición, no pudo detenerse. Minami lo veía desde lejos con miles de interrogantes… Con miles…

¿Por qué…? Aún no había logrado su sueño. Aún no había compartido un Grand Prix Final con Yuuri. Aún no había llegado al podio con él… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿¡Por qué!?

Ensimismado en su propia pena y en ese agujero que acababa de formarse con la realidad de que Yuuri se retiraba del circuito, entre los aplausos sorprendidos del público; no lo miró cuando regresó a la salida de la pista. No lo miró.

¿Por qué…? Sintió un brazo cercano y por la loción identificó que se trataba de Guang Hong quien intentaba abrazarlo. Detrás de él, Leo estaba apoyando una mano sobre su espalda. Minami no se había dado cuenta que estaba llorando como un niño y que no podía contenerse. Ya no veía nada, todo lo que había en sus ojos eran lágrimas y un atorado grito que quería gritar: ¿por qué?

Yuuri podía patinar aún. Yuuri podía hacerlo un año más, incluso tres años más. Podría… no había sufrido ninguna lesión, no había nada que pudiera detenerlo, ¡podría!

—¡Minami, espera! —Escuchó el grito de Guang Hong cuando se soltó de su agarre. Él quería ir hacía Yuuri, quería preguntarle por qué, quería suplicarle que lo hiciera por un año más. Solo un año más. Esta vez… esta vez sí llegaría al Grand Prix Final. Se lo había prometido, le había pedido que lo esperara porque llegaría.

Corrió atravesando el pasillo y se detuvo cuando halló la imponente figura de Yuri, a la cual reconoció entre las lágrimas. Apretó sus dientes con furia, y estuvo a punto de moverse antes de sentir el agarre de Guang Hong en su brazo y ver con sus propios ojos como el puño de Plisetsky caía sobre el rostro de Yuuri, empujándolo contra la pared. Hubo silencio…

—¿¡Qué demonios haces, Plisetsky!? —Leo fue el primero en reaccionar.

—¡Yuuri! —Fue el llamado de Guang Hong, pero Yuuri había levantado el brazo para señalarles un alto, mientras levantaba su mirada hacía Plisetsky. El ruso dio un paso hacia atrás, con el temblor en sus extremidades y el rostro transformado en tantas emociones que eran imposibles contarlas una a una.

Minami solo podía ver con odio el rojo en el rostro de Yuuri, la destrucción en los ojos de Yuuri, el dolor en todo Yuuri.

Entendió por qué.

Rusia lo había destruido.

—¡No! ¡A dónde vas, Minami! —Leo apretó el agarre, sin darle espacio a moverse.

—¡Tengo que ir a matarlo! —Gritó fuera de sí, con las lágrimas impidiéndole mirar el pasillo que se había convertido en puros colores difusos y por donde Plisetsky había abandonado el lugar.

Entonces sintió la mirada de Yuuri. La vergüenza que le transmitió con sus marrones colmados de rojo. El golpe que vivió en su estómago cuando bajó aquella mirada, como si él fuera el culpable que vivía una penitencia. La impotencia que le llenó cuando le dio la espalda y con la cabeza gacha y la espalda curvada como si viviera una derrota, vio el actual campeón del mundo retirándose del pasillo.

Minami ni siquiera pudo recordar qué ocurrió después, todo fue anómalo. Solo recordaba cuánto lloró en su habitación, en compañía de Guang Hong y Leo quienes supieron apoyarlo en ese momento. Solo recordó que no quiso ir a ningún banquete porque no había nada que celebrar, y que todo lo que deseaba era hundirse.

Cuando regresó a Japón, lo primero que hizo fue ir a Hasetsu, ya que todo lo que sabía es que Yuuri volvería a allá. Sin embargo, pese a los tres días que espero fuera de la puerta de la habitación donde sabía estaba Yuuri, este no salió. Mientras las redes continuaban revolucionadas por su retiro, él solo podía ver como del fénix no quedaba nada. Ni siquiera había una pequeña chispa, era todo cenizas. Todo lo que había tras esa puerta eran cenizas…

Se sintió enojado… destrozado, decepcionado.

—Dale tiempo… —Sintió la mano que se posó en su hombro, cuando había acabado desesperado en el piso de madera, pegado contra la puerta de Yuuri y tocando sin que nadie respondiera—. Ha sido duro para él.

Minami alzó sus ojos rojos e hinchados hacía la mujer que le hablaba. La voz era suave, meliflua, difícil pensar que se trataba de la misma mujer que era la hermana, la mayor de los Katsuki, Mari.

—Mi hermano es fuerte, saldrá de ese cuarto cuando se sienta listo. ¿Tú no tienes una temporada que preparar?

Dirigió la mirada de nuevo a la puerta, tragando grueso el cúmulo de cosas atoradas en su garganta. Había tenido ya el deseo de volver a casa y arrancar cada panfleto, poster, y objeto que le recordara su fanatismo por Yuuri, su adoración por Yuuri, porque Yuuri era un humano y ahora, de la forma más terrible, se lo había recordado. Porque acababa de verlo no solo derrotado, sino negado a levantarse. Lo vio dándose por vencido y eso… eso nunca había visto en Yuuri.

Era como si nunca hubiera sido un fénix.

Sin embargo, una gota de fe quedaba en su corazón, y fue esa misma gota la que ayudó a mitigar la desazón de sus sentimientos. Minami se levantó y plegó su frente en la madera de la puerta. Mari le miró con pena, con la infinita pena que era parte de la casa desde que Yuuri arribó y ninguno era capaz de ocultar. Miró a Minami relamer sus labios y acariciar la madera.

—Yuuri… por favor, mírame patinar esta temporada.

No hubo respuesta, pero Minami se fue convencido de que alguna vez tendría una. Se enfocó en su carrera y en llegar a lo que Yuuri había llegado, en alcanzar lo que Yuuri había alcanzado en Japón y, sobre todo, seguir manteniendo a Rusia lejos del oro, como un castigo por lo que habían dejado de Yuuri. Esa nueva temporada, alcanzó el Grand Prix Final tras dos medallas de plata en la serie y llegó a obtener el sexto lugar, el mismo que obtuvo Yuuri, por debajo de Plisetsky que no se quedó a ver las puntuaciones. A nadie pareció importarle su naturaleza arisca y alejada, los jóvenes patinadores recordaban lo ocurrido en los cuatro continentes, el golpe que le dio a Yuuri, y por ello habían decidido dejar de intentar involucrarlo a su círculo.

El siguiente año, fue diferente. Plisetsky no llegó al GPF, Minami alcanzó el puesto tras el oro en el Skate Canadá, donde Yuri se quedó con el cuarto lugar, y luego la plata en el Trofeo de Francia. En la final, llegó al segundo lugar.

Tras recibir las medallas, suspiró al darse cuenta de que había llegado al lugar que buscaba pero no estaba allí la persona a la que tanto se había esforzado alcanzar. Yuuri Katsuki había desaparecido y de él, cómo de Víctor Nikiforov, quedaban sólo las huellas de los logros que habían alcanzados en el circuito. Nada más.

Abrazó a su entrenadora y sacudió los brazos al público que lo animaban, mientras Guang Hong con su oro colgando en el cuello, no podía con la emoción que nacía de su pecho tras haber tenido una merecida victoria. Le sonrió de lejos y se animó a revisar su móvil, que como era de esperarse, estaba lleno de notificaciones. Se dedicó a ver la de sus padres, su hermano, algunos amigos del colegio y demás hasta que entró aquella inesperada. Venía de Yuko, la chica encargada del Ice Castle Hasetsu, a la que tenía tiempo sin ver. Abrió la ventana y su corazón se detuvo con la imagen que había allí. Reunidos, como solían hacerlo cuando era Yuuri Katsuki quien competía, estaban todos en Yu-topia con pancartas animándole. Pero entre todos ellos, estaba alguien, cubriendo el lugar que él antes cubrió…

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

Yuko » ¡Felicidades Minami! ¿Adivina quién está muy feliz por tu logro?
« Yo… ¡Gracias a todos!
« ¡No sé qué decir!
« ¡Estoy muy feliz!
« ¿Yuuri está bien?
Yuko » Está muy bien, hace varios meses decidió retomar el patinaje. Pero ya sabes, lo hace solo cuando nadie lo ve, ¡aunque a veces lo convenzo de que le de clases gratuitas a los niños y se emocionan mucho!
Yuko » Ha bajado mucho de peso. Aunque todavía se ve algo rellenito.
Yuko » Sigue esforzándose y creando nuevos programas para él. Takeshi y yo solemos mirarlo patinar.
Yuko » Hemos tenido que detener a nuestras hijas para que no filtren ningún video de él.
Yuko » Él está bien, todos estamos felices porque se ha levantado. Nos habíamos preocupado mucho.
Yuko » Solo creo que le hace falta tener un sueño.
« ¡Estoy muy feliz de saber que me ha mirado!
Yuko » Lo has hecho muy bien, Minami. ¡Nos enorgulleces!
Yuko » Deberías venir a Hasetsu cuando termine la temporada. Le hará muy feliz verte.
« ¡Lo haré!

Repasó una y otra vez la conversación desde la habitación de su hotel. Miró la fotografía mil veces más mientras trataba de captar todo lo que podía de Yuuri, aunque estaba de espalda; seguramente no le habían avisado de la fotografía y por eso no había mirado hacia la cámara. Tomada a escondida, pero estaba allí, podía verlo allí frente al televisor donde estaba su imagen.

En su pecho se movió el fuego y su mirada se iluminó ante la certeza de que, en esas cenizas, había chispas y que el fuego de Yuuri no podía quedarse encerrado en Hasetsu.

«Solo creo que le hace falta tener un sueño.»

Mirando las extensiones de la enorme ciudad de Pekín, Minami lo decidió.

Le daría un sueño.

Soñarían con el oro.

Notas de autor: Si has llegado aquí sin haber leído a la primera parte de este fic, te invito a hacerlo. Puedes conseguirlo en mi perfil, bajo el nombre Matryoshka [Las cenizas]. Todo lo que está escrito en esta hoja, es parte de esas cenizas que se han esparcidos y han empezado a encenderse.

Si ya me sigues desde la primera parte del fic: ¡gracias! Quise hacer esta recopilación para recordar todo lo que han pasado nuestros personajes, todo lo que han tenido que superar, las lágrimas que derramamos juntos, las sonrisas que nos dibujaron a todos. El día que Víctor se vio en el espejo, el día que Yuri lloró frente a la tumba, el día que Yuuri se rompió.

Estamos a ocho días del siguiente nivel.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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