Matryoshka II (Cap 10)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 10: Estoy destrozado

“Es de mal gusto y además engorda con facilidad #NoMeGustaElCerdo #BestRussian”

“Cerdo con vodka es lo peor que quieres comer, al menos que quieras morir #NoMeGustaElCerdo #BestRussian”

“¡Me uno también al movimiento! No más cerdo en nuestra vida, ¡estoy harto de sus altas calorías! #NoMeGustaElCerdo #BestRussian”

“Su sabor es solo una mala imitación de lo verdaderamente bueno. Además, si viene de Asia es peor. #NoMeGustaElCerdo #BestRussian”

“¿Quién quiere comer un cerdo que fue alimentado con ratas y gatos? Nada bueno podemos esperar. #NoMeGustaElCerdo #BestRussian”

“A todos los que les gusta lo verdaderamente bueno y de calidad, #NoMeGustaElCerdo #BestRussian”

“¿Alguien me explica por qué no les gusta el cerdo? #NoMeGustaElCerdo #BestRussian #EstoyConfundida”

” Lysinka2423 ¡Por qué el cerdo es lo peor que nos pasó en Rusia y contamina rusos! #NoMeGustaElCerdo #MuerteAlCerdo”

Lo que Christofer encontró en la sala de aquel hotel lo perseguiría en lo que quedaba de la semana. Víctor estaba sentado en el mueble, todavía llorando en pasmo, mientras sujetaba aquel pañuelo que Chris quiso mandar a quemar. No le dijo nada… cuando Yuri llegó a buscarlo, alterado, fue el único que logró que se levantara porque era hora de tomar el vuelo. Debían irse al aeropuerto. Entre los dos prácticamente se lo llevaron remolcado, porque Víctor era incapaz de decir absolutamente nada de lo ocurrido.

Y sabía que se vería con Yuuri, sabía que era él el culpable. Poco le faltó para devolverse, tocar esa habitación y despedirse con un golpe en su mandíbula.

De nuevo había ocurrido.

Preocupado, se acercó a Yuri mientras veían ambos a Víctor sentado en el asiento mientras esperaban el momento para abordar. Con las manos tomadas entre sus muslos, su mirada estaba perdida en el espacio y su expresión era sumamente triste.

—Yuri. —Llamó con su voz ronca, mientras sacaba una tarjeta de su bolsillo. Como era natural para él realizar trabajos extras como modelaje o representación de imagen, ya tenía una tarjeta con sus datos. El muchacho lo miró sin comprender—. Me avisas cuando lleguen a San Petersburgo. Si deja de comer o quiere pasarse todo el tiempo en la cama, llámame de inmediato.

Yuri se limitó a asentir, con la mandíbula trabada.

—Dame tu contacto de una vez. Necesito enviarte el contacto de su padre y el de su seguro médico.

—¿Eh? —Un frío le recorrió en la espalda al escucharlo, sin llegar a entender porque Chris se estaba tomando todas esas medidas.

—Escúchame. He visto como se pone Víctor cuando está así, no quiero volver a verlo de esa manera. —Le miró con apremio mientras Yuri arrugaba el ceño y sentía el helado tacto en su corazón, paralizándolo—. No tienes idea de cómo lo dejó tu adorado Yuuri Katsuki cuando se fue. —Yuri tragó grueso, escuchando el tono despectivo en su voz—. Si ves que no quiere hablarte, no quiere levantarse de la cama y deja de… de ser Víctor, llama inmediatamente a su padre y avísame.

Intercambiaron el contacto y Yuri recibió la información. Sus pupilas empequeñecidas miraban aterrado todo, como si estuviera recibiendo la vida de alguien en sus manos. Sin embargo, no pudo contenerse de tomarlo del brazo y atajarlo antes de que Chris se retirara.

—Tienes razón, no tengo idea de cómo quedó Víctor cuando Yuuri se fue…. así como no tienes idea de cómo se fue Yuuri. —Chris le miró fijo, con la seriedad que llenaba su rostro preocupado. Pero los ojos de Plisetsky estaban negados a retroceder—. No creas que no he notado el modo que hablas de él… Víctor podrá aguantarlo, pero si vuelves a hacerlo en mi presencia, te acomodaré la quijada.

—¿Tanto aprecio para alguien con el que no pudiste acostarte? —Soltó con desprecio y Yuri afiló la mirada. Estaba a punto de soltarle el golpe con la forma en que lo observaba, aunque también tenía ganas de hacerlo a Víctor por haber dicho algo tan privado.

—Se lo dije a Víctor y te lo diré a ti, lo que siento por Yuuri va mucho más allá de si me da su trasero o no. Y no es tu puto problema… Pero si te diré algo más: Yo fui uno de los que acusó a Víctor de lo que pasó con Yuuri y de la forma que se fue. Lo odiaba, lo quería lejos de él, pero ahora puedo comprender un poco que no fue solo su culpa. Deberías bajarte de ese pedestal de juez donde estás subido y ver que tampoco fue completamente la culpa de Yuuri. Ni siquiera esto…

Chris se percató de la forma en que Yuri había apretado su brazo, como una silenciosa amenaza, y que seguramente llegaría con una marca por ello a Suiza. Sin embargo, lo dejó apartarse.

—Yuuri no se merece tanta devoción de su parte. —Soltó con irritación. Yuuri no era débil, no lo era, había visto su fuerza sobre todo ahora y le enojaba pensar que se hizo el débil por Víctor, que no fue capaz de ayudarlo. Pudieron haberlo hecho, lo hizo Michelle. Si Yuuri no hubiera sido déspota, egoísta y arrogante, nada de lo que ocurrió sería así.

—Te equivocas, nosotros no supimos tener a Yuuri.

—Yuuri pudo buscar ayuda, pudo usar las herramientas a su favor. —Empezaba a irritarse y se notaba en su voz, más gruesa, baja pero espeluznante—. Yuuri pudo incluso llamarme cuando vio que no podía controlar a Víctor. Yo hubiera ido, sin problema alguno, pero prefirió encerrarse en sus celos estúpidos y su arrogancia…

—¿Entonces es eso lo que te molesta? ¿Qué no te buscó? ¿Qué no te llamó? —Soltó Yuri antes de dejarlo acabar—. ¿Y por qué no fuiste tú? Sí eras tan su amigo como crees, ¿por qué no fuiste tu? Apenas ocurrió el accidente, cuando salió en los medios que no se sabía de él, cuando reveló su retiro. ¿Por qué no fuiste? —Chris se quedó en silencio, mientras Yuri apuñaló su corazón con la punta de su dedo índice, juzgándolo—. Yo nunca necesité decirle a mi amigo que fuera por mí, él lo sabía, él iba sin pedírselo. ¿Dime quién fue el arrogante?

Yuri se apartó, mirándolo con desdén. Había incluso pena en su rostro y Christofer al mirarlo, solo sintió deseos de arrancárselo. Algo tan oscuro y siniestro había quedado revelado frente a Yuri y este no podía dejar de mirarlo con desagrado. Sin embargo, no se quedó para esperar el veredicto.

Se fue.

Y durante su viaje, mientras intentaba distraerse con un libro o con una película allí, no pudo quitarse eso y todo lo ocurrido de la cabeza. No pudo dejar de darle vueltas, de sentirse preocupado, de tratar de dejarle de dar importancia. Él también sabía por qué no fue, él sabía que estuvo esperando que Víctor lo llamara. Pero entender el motivo era algo que se negaba bajo cualesquiera circunstancias.

Así arribó a Zúrich, donde su esposo junto a su hija lo esperaban, cerca del mediodía del día siguiente. Cansado y meditabundo tras casi nueve horas de viaje, arrastró la maleta hasta que, al verlo cerca, Masumi dejó en el suelo a la pequeña Victoria y esta corrió lo que pudo por su cuerpecito rechoncho, mientras gritaba papá y le abría los brazos. Christofer sonrió espontáneamente y se arrodilló para atrapar a su bebé y alzarla al aire, regresándole un apretado abrazo. Victoria se quejó porque le picaba la barba.

—Bienvenido. —Le sonrió su pareja, a quién no tardó en abrazar igual. El beso suave y lento que recibió sobre sus labios, bajo la atenta mirada de Victoria, no sólo le llenó de una calma que necesitaba sino también de deseos de simplemente dejarse llevar por entero y deshacer todos los nudos de su espalda en sus manos.

—Necesito más de esos… —Bromeó contra sus labios delgados y Masumi no pudo evitar reír.

Tras salir del aeropuerto, Masumi lo llevó a un restaurant familiar para que pudiera comer algo mejor de lo que servían en el vuelo. También el lugar era bueno para cansar a Victoria, quien no quería soltar a su padre y seguramente lo obligaría a quedarse despierto con ella hasta medianoche si no se dormía antes. Después de haber comido, ambos adultos supervisaban a su pequeña niña jugando en el parque de juego infantil, sentada entre decenas de pelotas de colores. Esperaban atentos al primer indicio de cansancio (que solía ser frotarse su párpado derecho mientras bostezaba) para saber que podrían volver a casa y compartir tiempo de calidad a solas.

Sin embargo, para Masumi no había sido un secreto la oculta tristeza de su pareja, ni la irritación que se escondía tras esos hombros tensos. Estaba preocupado, y ya imaginaba que eso ocurriría desde que salió la noticia del supuesto robo que él, conociendo un poco las circunstancia entre los dos entrenadores, no creyó. No obstante, no quiso presionarlo a hablarlo, sino que se dedicó a dejarle un suave masaje en la nuca y cuello, provocando un ronroneo que se pareció al de la mascota que los esperaba en casa.

—Por favor… —Casi suplicó, para que siguiera haciendo eso que se sentía tan bien. Masumi no tardó en dibujar una sonrisa ladina.

—Oh Chris, no deberías hacerme esas propuestas indecentes en público. —El aludido sonrió y no pudo evitar acercarse para buscar más de esos labios. Masumi respondió calmadamente al beso antes de separarse y darle una mirada a su hija, que ya empezaba a mostrar signos de cansancio al no tirar las pelotas con la misma fuerza de antes—. Eureka…

Christofer no pudo evitar reírse de la situación. De lo extraño que era que dos adultos tuvieran que depender del espacio que les podía dar un instante para estar a solas. No era fácil, ciertamente nunca lo fue, pero poco a poco no solo agradecía la experiencia, sino que veía que en su vida no podía pedir algo diferente. Tenía justo lo que quería allí.

Y después de llegar a casa, dejar a su bebé dormida, y tomarse un baño relajante, terminó de soltar todo su sentir. Dejó que Masumi tomará el control de todo, demasiado cansado como para siquiera apoyarlo, y se dejó hacer hasta que el placer le nubló la mente y sus pensamientos se llenaron de goce, hasta que todo en su cuerpo era fuego esparcido como espuma, gemidos que salían de sus labios y sudor que relajaban sus músculos mientras las manos expertas de Masumi lo deshacía hasta su más íntima esencia.

Masumi lo dejó reposar tras el orgasmo, acariciándole el cabello sudado mientras que reposaba sobre su pecho. No hizo preguntas, no hacía falta más que esperar pacientemente hasta que Chris quisiera hablarlo y dicho momento llegó. Le contó todo.

—Supuse al ver la noticia que era una coartada.

—Eso fue lo de menos, en realidad. —Masumi asintió, comprendiendo que su principal preocupación era Víctor y la forma en que supone acabó su reunión con Katsuki. Aún sin saber detalles, para Chris había sido suficiente verlo casi igual que como lo encontró tres años atrás cuando Víctor lo buscó.

—Deberías dejar que Nikiforov cometa los errores que quiera cometer. No puedes protegerlo. Y si él quiere buscar la manera de arreglar las cosas con Katsuki, o simplemente resignarse a no hacerlo, es una decisión que solo él puede tomar. Te he dicho que no te involucres.

—Parece que no hay forma de que entre en razón al menos que Katsuki termine de pisotear su corazón en el suelo.

—¿Y cuándo Víctor Nikiforov atendió la voz de alguien? —preguntó divertido—. Él al igual que tú, son expertos en desoír consejos.

Chris dejó caer su cabeza de nuevo contra el pecho de Masumi, cansado de dar vuelta en lo mismo. Pero Masumi, pese a saber que aún había algo más que preocupaba a Chris y no le decía, decidió no insistir.

Durante el viaje a Fukuoka, alumno y entrenador mantuvieron al inicio un tenso silencio. Minami había visto a Yuuri llorar contra la puerta cuando salió de la ducha, y luego lo miró recostarse en la cama hasta que la hora de ir al aeropuerto llegó. En silencio, hicieron el recorrido por todo el personal de inmigración y al estar en el avión, permanecieron sentados en ese mismo mutismo.

Minami ya ni sabía si debía preguntar y de nuevo se vio envuelto en esa desagradable sensación de incomodidad que había tenido antes. Justo en ese momento recordó que si bien, habían hablado, había mucho que no estaba claro con Yuuri.

Soltó el aire y se hundió en el asiento, bastante inconforme con la situación. Ver a Yuuri llorar, a Yuuri ansioso, a Yuuri intentando ser fuerte por sí solo no le agradaba en lo más mínimo. No saber qué hacer en esos momentos tampoco, y si eso iba a sentir en todas las horas que les esperaba de vuelo (que no eran pocas), ya sentía una anticipada frustración. Intentó ignorarlo colocándose los audífonos y activando cualquier cosa en su Tablet. Pero pronto resultó insuficiente y al cabo de tres horas de vuelo, no pudo quedarse por más tiempo con la duda.

Tenían que hablar. Minami estaba claro al respecto, estaba claro a su vez que las cosas no habían terminado del todo bien entre ambos y que había asuntos que era mejor tener en la mesa, a la vista, para saber cómo tratarlos. A esas alturas no le importaba si Phichit lo relacionaba con invasión de privacidad. Phichit no tenía que tolerar lo que él estaba tolerando, y no era tan simple como ignorarlo cuando era su entrenador.

Yuuri era su equipo, su compañero, su punto de apoyo… no podía consentir que ocurriera lo mismo que ocurrió en el Skate America. Lo necesitaba para ganar…

Armándose de valor, tomó suficiente aire y se giró hacia donde Yuuri tenía su cuerpo recostado contra la ventana. Por un momento dudó de que se encontrara despierto, pero prestando mayor atención notó que no era así y que Yuuri le había dirigido una mirada de soslayo al notar su atención sobre él.

—Yuuri… ¿podemos hablar? —Comenzó a sentirse nervioso, y el silencio con el que Yuuri respondió, considerando suficiente un asentimiento, colaboró para que el nerviosismo incrementara.

Yuuri se enderezó en el asiento y se retiró el auricular que tenía dentro de su oreja. Luego lo miró esperando alguna respuesta de Minami, aunque no parecía muy dispuesto a hablar. El muchacho se limitó por unos segundos a mover su mano con incomodidad sobre el asiento y sus piernas, frunció su ceño y entonces tomó suficiente aire. Parecía necesitarlo.

—¿Qué nos espera en la copa Rostelecom? —La pregunta sonaba comprometedora, en especial por el tono de la mirada de Minami que transmitió ante los ojos castaños de Yuuri—. Me refiero… ¿a qué me espera contigo en la copa Rostelecom?

Yuuri supo que no se refería a los contrincantes, ni siquiera a la recepción rusa, sino a lo que había sucedido con él en esos días. Entendió entre líneas que lo que Minami preguntaba era cómo estaría él cuando lo acompañara en Rostelecom, y en realidad, esa era una buena pregunta.

Había rechazado a Víctor, y aunque no creía que Víctor lo buscara en el estadio, se tendría que enfrentar a toda Rusia con la premisa de que acababa de rechazar a Víctor. Sentiría el peso de todos sus errores, la presión de los dedos señalándole, mientras una vez más tenía la imagen de un Víctor destrozado por su culpa. Odiaba sentirse culpable, y no podía dejar de sentirse así; era algo que Yuuri debía resolver en cuestión de días.

Había rechazado a Víctor… ¿En qué cabeza cabía algo así? Él había rechazado a Victor… había rechazado lo que con tanto anhelo había deseado en el pasado, y no sabía cómo sentirse al respecto. No podía sentirse del todo satisfecho, pero tampoco se sentía del todo arrepentido. Era una mezcolanza de sensaciones que no lograba identificar, pero entre todas ellas había un terror que lo estaba inmovilizando y unas terribles ganas de llorar de rabia. Yuuri bajó la mirada, enseriándose mientras observaba sus manos y notaba de nuevo a sus dedos buscando la alianza que había dejado de estar hace casi tres años.

—La verdad, no lo sé. —Decidió ser sincero con Minami—. Es algo que debo hablar con Hirogu. Porque no quiero fallarte de nuevo…

Minami se quedó callado, pero no muy satisfecho con la respuesta. Todo quedaba en el aire de nuevo, en la fuerza de Yuuri y en lo que podría ocurrir. Aunque sabía que no iba a enfrentarse a Yuri Plisetsky de nuevo, ¿qué si ellos decidían ir? ¿Que si volvían a buscarlo? No le gustaba estar a la deriva en ese tipo de cosas, ni que la capacidad de Yuuri de estar con él dependiera de esos entes ajenos.

Frunció su boca. Yuuri pudo sentir la incomodidad de su alumno aún sin verlo. De nuevo se respiraba ese aire de molestia cargado de energía que presagiaba el choque de sus personalidades. Pero Yuuri no quería discutir, no… y admitía que había muchas cosas que debía aclarar con Minami, que Minami merecía conocer, precisamente para no caer en el error que había cometido. Porque si bien, no podía obligar a Minami a soportar los desplantes de Yuri como lo hizo él, tampoco podía pedirle a Minami que le aceptara todo en silencio como lo hizo Yuri. Minami… era una persona completamente diferente. Y ahora eran un equipo…

Claro, cuando era competidor, no se hubiera dispuesto a molestar a sus entrenadores preguntándose como iba su vida sentimental, pero tampoco vio a ninguno de ellos, ni siquiera a Víctor, fallando en sus obligaciones por temas personales. Si hubiera sido así, estaba seguro de que hubiera agradecido una aclaración pequeña, aunque fuera esta un: estoy pasando por algo duro, necesito un poco de paciencia.

—¿Hay algo que quieras saber, Minami? —Se animó a preguntar, considerando más propicio aclararle aquello que Minami considerara importante, en vez de llenarlo de tantísima información que seguramente no comprendería.

—Sí… ¿qué esperabas de este encuentro con ellos? —Y precisamente debió hacerle la pregunta más difícil de contestar.

Yuuri apretó los labios y cerró los ojos por un momento, mientras dejaba descansar su cabeza en el respaldo del asiento. No estaba seguro de qué esperaba… de hecho, podría ser sincero y decir que trató de no pensarlo conforme pasaban las semanas para no llenarse de ansiedad, de expectativas, o de esperar lo peor… Pero todo salió tan…

—Me pareció que te arreglaste al menos con Víctor por cómo estaban en la habitación. —Y la espada de la culpa de nuevo fue clavada a su pecho, retorciéndose—. ¿Es eso lo que querías? —Yuuri bajó la mirada hacia la ventana, con la culpa filtrándose en cada nervio.

Eso… eso definitivamente no se lo había esperado. Yuuri tomó suficiente aire, no sabía cómo explicar su punto. Lo difícil que le resultaba todo cuando se trataba de Víctor.

—La verdad… no lo sé. —Se sinceró—. No estaba seguro de qué esperar de ellos. Estaba convencido de que con Víctor no había nada que arreglar, que solo…. solo quería escuchar lo que tuviera que decirme, que intentaría no soltar lo que yo tuviera que decirle… Con Yuri, si quería arreglarlo todo. Quería recuperar su amistad… pero esperaba que Yuri no quisiera, que me detestara y no me dejara acercarme. Esperaba de los dos eso…

Minami se mantuvo en silencio, escuchando con atención las palabras de Yuuri y las emociones que se filtraban a través de ellas, aunque Yuuri no le mirara directamente al hablar.

—Quería ver a Yuri y a Víctor bien… sentir que después de todo no fue un error el irme. Que ellos pudieron seguir sin mí, aunque doliera…

—¿Y no fue así?

“Fue el tema que quiso Yuri… Su forma de expresar el quedarse estacionado el día que te fuiste. Me fue fácil porque él no fue el único estancado tras irte. Es bueno ver que tú si pudiste continuar.”

“Yuuri… hagámoslo de nuevo. No hemos cortado, yo no siento que hayamos cortado. Ya vimos que pueden ser las cosas como antes.”

No… la aterradora respuesta era no. Mientras Yuuri hacia esfuerzo para formar un camino lejos de ellos, de Víctor, sobre todo, Víctor aún lo consideraba parte de su vida. También había esperado que Yuri con el tiempo entendiera que había sido necesaria la separación, y que lo recibiera con el mismo cariño que aún le guardaba, aún si en las palabras escritas en esos mensajes se revelara lo contrario. Pero todo lo que encontró de Yuri fue miedo a ser de nuevo lastimado por él.

Apretó sus labios con inconformidad. La amorfia de sus emociones se ponía en evidencia dentro de su pecho, como una bestia molesta que se enervaba en su tórax, golpeando todos sus órganos con furia. Se sentía preso dentro de sí.

—Victor hace unas horas me pidió que volviéramos a intentarlo. —Yuuri sonrió con dolor, sin mirar a Minami quien había tomado la noticia con sorpresa—. Eso era algo que no esperaba… me dijo que no habíamos cortado. Eso no suena a alguien que haya podido continuar sin…

—¿No habían hablado cuando te fuiste que su relación acababa? —preguntó Minami, apenas salió del asombro.

—No había nada que hablar, la relación… ya no existía. De ninguna forma existía. Eran meses que solo éramos dos hombres compartiendo una cama y una casa, pero… ni una sola palabra. En el momento en que decidí irme, nos convertimos en dos hombres que ya no compartimos nada más que recuerdos…

—Pero estabas llorando ahora porque lo rechazaste…

—¡Claro que sí! No quieres ver que el hombre que amas está llorando por…

Yuuri calló. Apretó los labios con fuerza, pero ya demasiado tarde porque había dicho lo que Minami no había esperado escuchar, pero era suficiente para entender todo lo que había ocurrido con Yuuri en el Skate America. Se tapó la cara con el dorso de su mano y se obligó a respirar, mientras Minami sacaba sus propias conclusiones.

Todo tenía sentido ahora… Yuuri se había ido destrozado porque se estaba obligando a dejar a alguien que amaba. Se había hundido porque estaba aún enamorado. ¿Pero qué hacía que alguien que amaba tuviera que dejar a esa persona? ¿Y Si Víctor lo quería igual, al punto de considerar que lo suyo no había acabado, por qué no fue a buscarlo antes?

—Yuuri… Quizás me estoy entrometiendo, pero ¿por qué lo dejaste? —Se atrevió a preguntar. Esperaba una negativa por parte de Yuuri, pero solo lo escuchó suspirar mientras pasaba su nariz por su antebrazo.

—Porque pensé que ya no quería tenerme a su lado. Que no me quería.

—¿Te dijo eso? —Yuuri no respondió—. ¿Te dijo que ya no te quería?

—No hacía falta escucharlo. Se notaba en todas sus acciones.

—Yo creo… que, en este tipo de cosas, es mejor escucharlo. —Yuuri desvió la mirada hacia Minami, quien inseguro movía sus dedos sobre su regazo y miraba al frente—. Mi padre suele decir que los sentimientos no están para ser asumidos sin palabras. Que, si no se ponen en palabras, es como si no fueran verdad. Que por eso el hombre le ha dado nombre a todo… es la forma del hombre de reafirmar la existencia de todo aquello en su mundo, dándole nombre…

Yuuri escuchó todo, con un nudo que se precipitaba hasta su estómago.

—Cuando hables con Hirogu y sepas lo que nos espera en la Copa Rostelecom, por favor, dímelo. No quiero estar asumiendo, quiero tener en claro con qué me voy a enfrentar y que debo hacer para ayudarte…

Permanecieron en silencio por otro rato, cada uno en sus propias cavilaciones. Yuuri no sabía cómo tomar las palabras de Minami, pero todo señalaba a un solo punto que le daba miedo asumir, el mismo por el que huyó de Victor horas atrás. Por qué sí había corrido, había corrido ante la posibilidad de que en verdad no hubieran cortado, que todo había sido fruto de su cabeza, que era él quien lo había abandonado y además le había sido infiel. Yuuri no podía con esa carga, no quería aceptarla…

—Minami. —Llamó su atención de nuevo, mientras le miraba con apremio—. ¿Quieres decir que él tiene razón? ¿No terminamos? —El muchacho lo observó por unos momentos, antes de suspirar—. ¿Entonces sí lo abandoné?

—Y él no te fue a buscar. Para mí, ustedes ya terminaron. —Se encogió de hombros, inseguro—. Pero eso no quiere decir que ambos hubieran querido eso.

Eso los dejaba a ambos como unos imbéciles…

Yuuri no preguntó nada más sobre el asunto. Por varias horas solo le estuvo dando vuelta a las palabras de Minami, a lo que le había dicho Víctor y a los hechos pasados y presentes. Solo le dio una y otra vez vuelta a sus acciones y decisiones, al terror que sentía y cada vez incrementaba, y al visualizar el futuro todo era oscuro y pantanoso. Tenía miedo… tenía rabia, y tenía dolor. No esperaba que el encuentro con Víctor terminara así de ninguna manera.

Conforme pasaban las horas, Yuuri lucía más atribulado y Minami más preocupado al verle la desesperación en sus ojos castaños. El viaje se estaba haciendo casi interminable y ninguno lograba dormir. Así que, en un impulso también llevado por su propia preocupación, Minami buscó la mano de Yuuri para apretarla. Quería decirle que confiara en él, que si necesitaba ayuda se la pidiera… que no tenía que preocuparse por nada, aunque supiera que no era así.

—No te sigas atormentando con eso… es tonto venir después de tantos años a decir que todavía son algo. —Quiso hacerle entender, comprendiendo que ese punto era lo que atribulaba a Yuuri.

—Siento como si todo lo que he pasado estos años ha sido innecesario…

—Las cosas no se arreglan con solo arrepentirse… tienen que haber acciones que avalen las palabras y palabras que avalen las acciones.

—¿Cuántas novias has tenido, Minami? —La pregunta lo sacó completamente de eje, provocando que se pusiera a titubear. Yuuri lo miraba con seriedad mientras él se sonrojaba cuán puberto.

—Eh… bueno, he tenido varias…

—Es que pareces hablar muy bien de relaciones.

—Oh… pero no ha sido por mis novias, o novios. —El plural de ambos géneros dejó a Yuuri con una ceja enarcada—. Han sido cosas de pasos… semanas o un par de meses, luego por cualquier razón terminamos. Sea porque no tenía tiempos para atenderlos, o me aburrían, o se aburrieron de mí, o simplemente nos gustaba otro. —Miró hacia otro lado—. No he tenido algo realmente importante como lo que tuviste tú…

Y él solo había tenido a Víctor… y no quería pensar más al respecto, porque cada vez se sentía más oscuro el camino que pisaba. Sin embargo, con la reciente revelación de Minami encontró algo nuevo en lo que enfocar su atención.

—¿Pero no has tenido novio o novia estos meses que has estado conmigo? —Minami empezaba a enrojecer.

—No… de hecho, corté con mi última novia antes de irte a buscar. —Yuuri lo miró esperando se explicara mejor—. Ella quería que después del final de temporada tomara un reposo y pasara más tiempo con ella. Ya sabes, cosas de chicas… que si cita, que si cine… pero yo quería enfocarme en la próxima temporada y si iba a estar contigo no quería distracciones, así que como no llegamos a un acuerdo, cortamos.

—Parece fácil… cortar. —Sonaba tan fácil dicho de ese modo…

—Te dije que no he tenido algo así de…. importante. No es que hubiera estado enamorado de alguno de ellos… —Se encogió de hombros, un tanto incómodo con la conversación—. Lo que sé ha sido por mis padres y mis abuelos… Cuando mis padres se separaron yo era muy niño, de hecho, no recuerdo cuando mi papá se fue. Pero sí recuerdo que al principio era difícil verlo. Y recuerdo también cuando llegó con otra mujer. De repente, fue mamá la que me dejó con papá y era difícil verla a ella, y la que llegó con otra pareja también. Cuando tenía diez, mis padres me sentaron y me dijeron todo lo que pasó, a mí y a mi hermano. Nos explicaron que ellos no estaban siendo felices en su relación, que mi papá se consiguió con una ex compañera del colegio a la que siempre amó y fue sincero al decírselo a mamá. Que mamá al principio no quería la separación, pero al entender que no sería ni haría a mi padre feliz, terminó asumiendo, luego nos dejó a cargo de papá porque quería aprovechar para vivir un poco y curarse, se enamoró y bueno… son sus actuales parejas ahora. Lo hicieron porque mi hermano mayor no estaba muy contento con todo lo que pasó y estaba tratando mal a la esposa de papá. Después de eso las cosas mejoraron mucho.

—Yo ni siquiera recuerdo haber visto pelear a mis padres… Lucen tan enamorados como un par de adolescentes. Creí que con Víctor pasaría algo similar. Estaba convencido que con amor era más que suficiente…

—Bueno, seguramente si las han tenido, pero no han querido que ustedes lo vean… Para nosotros, sin embargo, fue importante escuchar de nuestros papás qué fue lo que ocurrió, porque estaban separados y con otras personas. Darle nombre a lo ocurrido, ayudó que tanto mi hermano como yo dejáramos de sacar conjeturas y de inventarnos falsas películas de lo que ocurrió. Por eso apreciamos mucho la honestidad y la comunicación, creemos que, sin eso, no hay amor que valga…

Volvieron a hacer silencio, uno menos tenso que el anterior. Yuuri ahora recordaba a sus padres, a su hermana, la forma en que sobrellevaba todo y empezaba a comprenderse a sí mismo. Claro… Yuuri no era reservado solo porque quería, era porque en el ambiente que habían vivido también hubo muchas reservas. Muchas ocasiones en las que, seguramente, sus padres evitaron ventilar sus pequeños problemas para que sus hijos no se dieran cuenta. Nunca vio a Mari quejarse de nada, todo en su casa era una armonía que resultaba casi irreal, pero placentera, bonita, cada uno arreglando lo suyo sin incomodar al otro. Seguramente sobreprotegiéndolo del mundo por ser el menor.

También podía entender un poco más la personalidad de Minami, lo abierto que era, lo franco que resultaba ser con sus emociones y lo abierto que era al expresarlas. Las muchas veces que le pedía que fuera honesto con él y todas las ocasiones que le increpó por no ser claro. Su familia lo habían criado para ser así también.

El resto del viaje se dio así. Por ratos durmieron, a veces Minami apegándose a su hombro o siendo él quien cedía a hacerlo cuando cambiaban de posición en los incómodos asientos. En otros momentos simplemente comentaron de otras cosas, vieron un par de películas y finalmente, hablaron sobre lo sucedido con Yuri. Minami le explicó lo que pasó. Le dijo que lo había visto bailando con Mila y no pudo soportarlo, que estaba tan enojado de verlo cerca de todo lo que significaba Rusia que tuvo que meterse al baño a calmarse y a tratar de ordenar sus pensamientos. Que además Phichit le seguía escribiendo y veía también los mensajes que le había dejado. Se disculpó por enojarse de ese modo, por intentar alejarlo de ellos cuando ya le quedaba evidente que Yuuri no tenía nada en su contra, ni siquiera en contra de Yuri y Víctor que para él siempre fueron los villanos. Pero tenía miedo de que le diera un ataque de ansiedad similar al vivido en aquel mundial y que Leo y Guang Hong le habían alertado.

Además, le contó todo lo ocurrido con Yuri en el pasado, la forma en que se burló y lo apartó de él en aquel tiempo, la manera en que no dudó en insultarlo y agredirlo con palabras y acciones. Yuuri no pudo decir nada al respecto, solo comprender y quedarse en silencio pensando en todas las cosas que pasaron a su alrededor sin que se diera cuenta por estar con la vista en sus propios problemas.

Tras eso, le comentó cómo inició todo. La ira que sintió al escuchar a Yuri en ese momento y cómo se animó a desafiarlo sin pensar que estaba con otra persona buscando un desfogue sexual. Pero aún más irritado, se valió de la situación y para cuando se dio cuenta, la mínima provocación sirvió para que Yuri se le fuera encima y le golpeara solo una vez, hecho que aprovechó a su favor para arremeter con dos golpes que lo dejó por un momento mareado antes de volver a golpear. No se dio cuenta que Emil acababa de entrar, ni cuando Michelle lo hizo. Ya había recibido al menos cuatro golpes de Yuri, pero se había dedicado a devolverle dos.

—Todavía estoy enojado por eso. —Por mucho que ahora entendiera los motivos, era inadmisible hasta qué punto había llevado la situación—. Si hubiera sido más testigos, no quiero imaginar lo que hubiera pasado en USA, y los que nos estuviera esperando ahora en Japón.

—No volverá a ocurrir, lo juro Yuuri. No quiero perder esta oportunidad por algo así.

—Me alegra que lo tengas claro.

—Igual no es que Yuri se haya disculpado. —Se encogió de hombros sin darle importancia—. Y tampoco yo lo hice. Pero supongo que puedo simplemente ignorarlo.

—No tienes por qué cargar con un resentimiento por algo que ni te tocó a ti ni sabes cómo ocurrió. Entiendo por qué lo haces, pero por favor, ya no más. Ni Mila, ni Georgi, ni siquiera Yuri, merecen ninguna recriminación por lo que sucedió conmigo y las decisiones que tomé. Y con Víctor es algo que solo él y yo debemos resolver. Phichit sabe que no quiero intervenciones de terceros y ya tuve una desagradable que me ha hecho reafirmar mi posición al respecto.

—Lo haré con todos los demás, pero el trato de Yuri no se lo voy a perdonar tan fácilmente. Yo no lo merecía y debes admitirme eso, Yuuri.

—Lo sé… Se comportó muy mal, eso lo sé. Pero no vas a solucionar nada con golpes. Demuéstrale que estuvo equivocado en la pista. Ya lo hiciste, hazlo todas las veces que sea necesario. Muy pocas veces he visto a Yuri disculparse, pero se arrepiente y sabe modificar sus acciones cuando le demuestran que estaba equivocado. Confío que hará lo mismo contigo.

—¿Te acuerdas cuando te dije que no sirve con solo arrepentirse? Si no hay palabra que avalen las acciones, ni acciones que avalen las palabras, no significa nada…

—Aunque cambie sus acciones…

—Si no es capaz de disculparse directamente, eso significa que es un cobarde incapaz de asumir que se equivocó ante la persona a la que agredió. No me sirve. ¿Qué me dice que su cambio es real? ¿Que no es solo hipocresía, o que lo está haciendo obligado?

—Yo no recuerdo haberme disculpado por las veces que te lastimé en el pasado, Minami.

—Yuuri, tu siempre te disculpas.

Yuuri calló. Dio vueltas a esas palabras, a todo lo que habían hablado, a la ventana donde se veía el cielo estrellado. Se quedó allí, pensando.

No era cierto… no siempre fue así.

Cuando el avión arribó a Fukuoka, Yuuri recibió el mensaje de Minako disculpándose porque no podría ir como hubiera querido. Ya era un poco más del mediodía del martes, todo un día perdido tal como Yuuri había calculado. Yuuri le dijo que no se preocupara y se detuvo a revisar sus contactos: de Víctor, como era de esperarse, no había nada. De Takao si estaba sus buenos días y su deseo de ser avisado en cuanto llegaran. No quiso pensarlo más.

Lo que hicieron o dejaron de hacer en el pasado, no había modo de remediarlo. No podían cambiar sus decisiones o la falta de ellas a esas alturas. Que Víctor pretendiera borrar todo con su bella sonrisa, que hubiera creído que podía hacerlo, solo le dejaba en claro que no tenía idea aún de todo lo que había pasado y lo había llevado a tomar esa decisión. Sí, él tomó la decisión por los dos, como Víctor tomó la decisión de no verlo, la decisión de callarse, la decisión de no recibir ayuda. Tomó la decisión por él…

Ellos habían terminado. Que ahora la culpa comenzará a recaer en él, no cambiaba ese indiscutible hecho. Que Víctor quisiera volver no modificaba esa realidad en su vida. Tampoco el hecho de que Yuuri no quería una relación en ese momento.

Así que, al ver la puerta que se abría y la presencia de Takao tras ella decidió hacerlo. Decidió enterrar toda esa culpa que quería venirse encima y dejar de pensar en las decisiones que pudo haber tomado o no. Decidió asumir las que tomó, aceptar sus consecuencias, y ser consecuente con ellas; algo que Víctor Nikiforov aparentemente nunca aprendió a hacer.

—Bienvenido a Japón, coach Katsuki. —Escuchó con ese tono sugerente y la sonrisa ladeada de Takao era una invitación que no iba a rechazar—. ¿Cómo te fue?

—Fatal… —Yuuri entró al apartamento y lo primero que hizo fue retirarse la chaqueta, así como sus lentes. Takao lo detuvo suavemente y tras dejar las manos de Yuuri quietas en el aire, extendió la suya para acariciar la nuca y dejar círculos que ayudaran a bajar la tensión de sus músculos. Yuuri sólo cerró los ojos y agradeció.

—Déjame encargarme del resto. —Susurró con voz mansa, y deshizo los botones de la camisa al mismo tiempo que se tomaba de los labios y lo invitaba a relajarse. Takao sabía perfectamente qué hacer en esos casos, por la larga experiencia en un negocio que ya había dejado y ahora no pensaba escatimarla para lograr que Yuuri se deshiciera en sus dedos—. ¿Y las cosas con tu ex? ¿También fatal? —Se atrevió a preguntar.

—Mi ex sigue siendo un imbécil… —La risa de Takao disminuyó la fuerte opresión con la que Yuuri soltó aquellas palabras.

—Yuuri… —Tras succionar su labio inferior, Takao acarició el pómulo golpeado, guardando dentro de sí aquella pregunta—. Todos los ex suelen ser unos imbéciles.

La llegada a Rusia fue un poco aparatosa por la nevada que bloqueó parte de los caminos. El taxi que tomaron de regreso al apartamento tuvo que buscar entre recovecos una ruta que le permitiera llegar por el tráfico que había. Durante todo ese tiempo, Yuri Plisetsky estuvo al pendiente mientras veía de reojo el semblante de Víctor mirando con helada indiferencia la nevada y la nieve que se quedaba pegada en la ventana y el ambiente en sí. Parecía no estar siquiera cerca de allí.

Víctor estaba mal, lo sabía, pero cuando entraron en el avión lo notó mejor. Por momentos dormía y en otros simplemente buscaba en la caché de su móvil las fotografías recientes de Yuuri, frunciendo el ceño, haciendo caras. Cuando Yuri intentó hablarle ni siquiera encontró respuesta. Ni siquiera cuando lo sacudió de los hombros pudo notar su atención, simplemente desvió la mirada y manoteó su brazo, para sumirse de nuevo en el silencio. Yuri estaba seguro, si Víctor Nikiforov hubiera podido se hubiera metido en el lado más retirado del avión porque claramente no quería a nadie cerca.

Frustrado, en mitad del vuelo Yuri no lo soportó, y rindiéndose dijo algo que pareció ser lo único que en Víctor hizo clic.

—Joder, si Yuuri tenía que soportarte así todos los días, entiendo porque te dejó.

Se hundió en los audífonos y dejó que la música lo acompañara en el resto del viaje, notando de reojo el semblante de Víctor ausente y triste, abrazado a sí mismo, tan patéticamente vulnerable que odiaba sentir algo de lástima. Quisiera saber qué había pasado, pero Víctor se negaba a hablar y Yuri nunca había hecho gala de paciencia.

Pero lo que Yuri no sabía, es que Víctor trataba de rearmar los hechos pasados en su cabeza y todo lo que había ocurrido hasta el presente. Le había dolido más de lo que quería admitir saber que Yuuri en efecto si se había acostado con otro, y había llegado a la conclusión de que él, aunque esperaba eso, también esperaba que no fuera así… que había esperado con todas sus fuerzas que cada palabra de Chris al respecto y aquellas fotografías que se publicaban en Instagram no significaran eso. No quería admitir que había dejado de ser el único hombre en la vida de Yuuri.

Había guardado esa esperanza y ahora se había hecho añicos. Todo el amor que Víctor pudo ver en su mirada bien podría ser el amor al recuerdo, el amor a lo que Víctor había significado, pero ya no era más… Y ahora que todo estaba confirmado, que las fotografías tomaban mayor significado, se permitía torturarse con todas las posibles formas en que ese chico (debía ser él, lo intuía), había logrado entrar al corazón de Yuuri. ¿Esperó tanto como él? ¿O fue más sencillo? Yuuri nunca había estado con otra persona más que con él… ¿fue el motivo para bajar de peso, para recuperarse? Yuuri era lo suficiente fuerte para hacerlo por sí mismo, pero aquella posibilidad tomaba fuerza en su cabeza y Víctor Nikiforov solo quería hundirse en la cama y no saber de nadie en lo que le quedaba de vida.

“¡Nosotros terminamos, Víctor! ¡Terminamos el día que me dejaste ir! ¡Terminamos el día que no fuiste por mí!”

Se lo habían dicho… Iván se lo dijo cuando fue a verlo tras la partida de Yuuri, le dijo que hablara con él y se negó. Yakov se lo dijo en todas las oportunidades que pudo, le insistió una y otra vez que lo buscara. Incluso Yuri se lo había gritado un par de veces durante esos meses. Yuuri confirmaba el término de su relación cada día que él no fue por él a buscarlo y Víctor había dejado que casi tres almanaques confirmaran dicha verdad. Ya no había relación que rescatar con Yuuri. Esta estaba podrida bajo tierra desde hace años y apenas Víctor se percataba de ello. Y fue aún peor darse cuenta de que él mismo había actuado como si así fuera, dejándole pudrirse mientras intentaba en vano hacer pasos como si pudiera recuperar su vida, esperando que algún milagro levantara el cadáver que más amaba de esa cama, mientras al mismo tiempo lo enterraba con más tierra.

Había hecho justo lo que hizo su padre. Se rindió sin siquiera luchar… lo dejó ir, sin siquiera luchar. Y para cuando llegó, con los intentos de una nueva vida que no era más que una farsa, solo había ya un cadáver desecho en aquella cama. Podía haberse acostado con Yana, podía haber intentado sonreír, podía haber recuperado un poco de amor propio, pero había dejado lo más bello que había tenido en su vida y lo había dejado pudrir con el tiempo. Como si con extrañarlo fuera suficiente para mantenerlo con vida.

Pese a llegar al apartamento y entrar a su habitación, Víctor no durmió. Escuchó en varias ocasiones la puerta de su habitación abrirse, pero no se movió, se quedó acurrucado con aún la ropa del viaje, agarrado a la almohada mientras se hundía cada vez en la tristeza. Como ocurrió cuando era niño, había visto pudrirse su relación del mismo modo que vio a su madre desaparecer, sin hacer nada.

Dejó a Yuuri luchar solo por los dos, y al final Yuuri se había cansado. Yuri tenía razón, cualquiera en su lugar lo hubiera dejado. Cualquiera se hubiera cansado de tratar de levantar una vida entera mientras intentaba mantener la suya a flote. Cualquiera lo habría hecho.

Fue su decisión no hacer nada. Fue su decisión dejarse hundir, callar, retorcerse en su propia miseria y abandonarlo estando dentro de casa. Fue su decisión no ir tras él, su decisión justificar todo con el instinto que Yuuri siempre tuvo de huir cuando Yuuri siempre lo hacía cuando sentía que sus esfuerzos habían sido en vano. Fue su decisión tener todo el conocimiento de quien era Yuuri y, aun así, ignorarlo… Su vida actual era el resultado de todas esas decisiones.

Sintió el peso cerca de su espalda y se movió, intrigado. No había escuchado el momento en que Yuri entró. Sin embargo, estrechó sus ojos para intentar captarlo en la oscuridad y vio la figura encorvada sentada a su lado y los mechones dorados y largos.

Yuri no podía dormir. No podía estar tranquilo en la habitación que estaba usando a sabiendas de que Víctor estaba tan mal y que podría pasar cualquier cosa, según las palabras de Chris. Tuvo que darle la razón con el hecho de no saber en qué estado Yuuri lo había dejado, pero sí lo había dejado en ese estado en que lo estaba viendo, ahora era él mismo quien quería patear a Yuuri y decirle porque no gritó por ayuda. Daba miedo…. le aterraba ver a Víctor así.

No se había sentido tan niño en tanto tiempo como ahora que literal temblaba, como cuando su abuelo enfermó, su mamá no estaba en casa y solo tuvo que acurrucarse en sus brazos llorando porque no sabía qué hacer y temía que su abuelo se muriera.

Entendía las palabras de Christofer, por qué se quejaba al decir que Yuuri pudo hacer más. Ahora entendía también porque la ansiedad se lo estaba comiendo si al regresar a casa ese era el panorama que iba a encontrar. En su mente siempre estuvo la imagen de un Víctor que lo humillaba, que le gritaba o le reclamaba, no algo así. Y resultaba más doloroso algo así. Entonces recordó cada vez que al dejar a Yuuri frente al edificio, Yuuri le preguntaba si quería entrar; él había decidido que no porque no quería verse en la necesidad de golpearlo, porque a su vez quería olvidarse de que Víctor existía y que sus sentimientos estaban errados.

Yuuri le había pedido ayuda… maldita sea…

—Yuri… —Se levantó Víctor de la cama, al notar el temblor y la forma en que su respiración se alteró—. ¿Yuri, qué ocurre?

No pudo decirlo. Solo estaba llorando con tanto miedo como si el fantasma de la orfandad volviera a recorrer esa casa. Estaba llorando porque acababa de ver por completo el panorama, porque él estuvo cerca, porque tampoco hizo nada. Porque ahora todo lo que quería era volver a ser los tres que eran antes, cuando solo visitaba esa casa para jugar videojuegos o comer con ellos, cuando podía escuchar la risa de Víctor mientras molestaba a Yuuri o la de Yuuri cuando se jugaba con Víctor. Porque quería solo estar allí, como en aquellos tiempos.

Porque, si hubiera respondido sí a alguna de esas veces que Yuuri le dijo de entrar, seguramente al cerrar la puerta de la sala a oscura, le hubiera escuchado susurrar: ayúdame…

Porque seguramente hubiera visto la habitación entreabierta, y habría encontrado a Víctor justo como ahora.

Y hubiera entendido.

Hubiera entendido la desesperación en la mirada apagada de Yuuri, hubiera leído en la cara su súplica muda y seguramente, hubiera lanzado sus cosas al suelo y se hubiera tirado encima de la cama de Víctor para gritarle y hacerle reaccionar. Él era la única persona que pasó más tiempo con Yuuri, la única… y él decidió no escuchar, no quiso ver, prefirió apartarse…

Olvidó cuánto quería a Víctor, dejó solo a Yuuri por culpa de sus propios sentimientos que lo quería apartar solo para él. Él los había abandonado a ambos también.

Por eso decía “Perdónenme”. Víctor no pudo comprender el porqué. Solo se sentó en la cama para abrazarlo y dejó que Yuri siguiera llorando hasta que no pudiera más, en silencio, sin más palabras.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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