Matryoshka II (Cap 09)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 09. Skate America: Aclaremos esto

Yuri ya empezaba a quedarse dormido. Contrario a lo que Víctor hubiera pensado, había comprobado que podría estar allí encerrado con Minami n ignorándolo toda la noche y el resto de la semana si hacía falta. No pensó que habría una persona más terca que Yuuri, pero acababa de llevarse una desagradable sorpresa: Minami parecía estar afinando el arte de la indiferencia al lado de Yuuri.

Después de haberse cansado de patear y gritar, Minami había dado vueltas como león enjaulado. Estaba terriblemente tenso, su espalda ya le dolía, el color estaba llenando su cara mucho más que el traje que había usado en su presentación. Incluso se asomó por la ventana, como si pretendiera calcular cuántos pisos los separaba y la altura, algo que provocó que Yuri riera de muy mala gana. Todo era ridículo, todo resultaba ridículo, así que después de todo eso solo lo vio acurrucarse en el sofá.

Y silencio. Apenas escucharon momentáneamente los gritos de afuera y un portazo y luego todo fue también silencio. Yuri consideró que quizás se fueron todos y los dejaron solos en esa suite, así que con lo cansado que se encontraba lo que quería era dormir. Además, ya se le había descargado el teléfono y parecía igual para Minami, así que no había mucho que hacer. Se quedó recostado de lado en la cama, dejándole suficiente espacio a Kenjirou si quería acostarse, pero con el presentimiento de que tal cosa no iba a pasar.

Durante un rato más pretendió ignorarlo, pero casi se muere de la risa cuando Minami, en una muy mala posición intentando dormir, cabeceó y por poco cayó del sofá.

—No seas orgulloso y ven aquí. —Soltó en un tonito sugerente que provocó que Minami lo viera ruborizado y con asco—. No pienso comerte y allí amanecerás con tortícolis. —Para rematar la invitación dejó caer un par de palmadas en el colchón, jalando ese lado de la sabana.

—¡Muérete, Plisetsky! —Gruñó, se cruzó de brazos y se sentó de piernas cruzadas en el sofá—. Prefiero quedar con tortícolis que tener que compartir más espacio contigo.

—Pero mañana tienes tu flamante presentación Victory —dijo con saña, y Minami apretó los labios—. ¿No vas a celebrar tu victoria?

—No tengo nada que celebrar…

Yuri no quiso jugar con eso, no mirando la expresión de Minami, los ojos inflamados, incluso su cara hinchada y golpeada. No había entendido nada de la discusión, pero podía cuantificar los daños resultantes. Odiaba empezar a ver tantas semejanzas y tantos paralelismos, al igual que sentirse identificado. Frunció el ceño, con inconformidad, y se echó el brazo sobre su frente para volver a doblarse, acomodando su rostro sobre la almohada.

—Son tal para cual, unos imbéciles. Amargarte la victoria por culpa de un cretino…

Minami lo miró fijo, con seriedad. Por primera vez le dio la razón a Plisetsky.

Mientras tanto, Yuuri sintió que se estaba quedando sin aire y que la posición que habían tomado resultaba incómoda, pese a la gran necesidad que había tenido de ese contacto. Había funcionado, el abrazo había logrado calmarlo y aligerarle en mucho su carga, al mismo tiempo que había provocado que los hombros de Víctor perdieran rigidez. Sin embargo, por la forma en que Víctor le sujetaba casi alzándolo mientras este se inclinaba, muy doblado, empezaba a cansarle. Sus manos apenas lograron tomarle de la camisa, como única forma de responderle, pero la sensación del aliento de Víctor en su cuello no resultaba tampoco tranquilizante. Desde que Víctor había movido su rostro para que al respirar le erizara la piel había dejado de ser cómoda y se volvió apremiante.

Víctor había cedido a un impulso que se sintió correcto, y no se arrepentía, aunque ahora no hallará manera de justificarlo. Temió que Yuuri lo rechazara cuando ya sus brazos lo habían presionado, pero no ocurrió así, y eso le alivió en mucho. Había necesitado hacer eso desde que lo había visto frente a frente y ahora que había cedido a ello se sentía mucho mejor. La paz no menguó cuando no hubo reproche por parte de Yuuri.

Sin embargo, no había ninguna excusa para mantenerlo abrazado y empezaba a sentir también la presión en su columna y cuello por la posición. Sería más sencillo si estuvieran acostados, así podrían durar horas enteras abrazados y sin problema. Pero no era algo que pudiera proponer sin esperar una mala respuesta, o al menos eso creyó.

Yuuri cerró sus ojos, agobiado. Trató de tomar aire y empujarse ligeramente hacia atrás. Víctor lo soltó y comenzó a apartarse hasta alzarse por completo y permitirle a Yuuri volver a poner sus pies en el piso.

—¿Te sientes mejor? —preguntó Yuuri, mirando hacia un lado mientras movía nerviosamente sus manos. Víctor hacía exactamente lo mismo, solo que con las manos ocupadas en su cabeza. Asintió y afirmó con un sonido de su garganta.

Resultaba incómodo el ambiente en donde estaban porque no eran desconocidos, pero estaban actuando como tal. Yuuri fue quien comenzó a moverse hasta sentarse en uno de los muebles, con las piernas juntas y la espalda encorvada.

—¿Y tú?

—Mejor… —Se echó a un lado, como una clase de invitación hacia Víctor para que se sentara. No tardó en aceptarla.

De nuevo se quedaron en silencio. Víctor aprovechó para acariciar su cabeza y cabello, intentando calmarse un poco más y Yuuri solo se mantuvo quieto. Había tensión, se podía sentir, pero también una clase de familiaridad que no podían negar y que no se sentía mal. Todo lo contrario… Yuuri sentía que estaba justo en donde debería haber estado en mucho tiempo aún si no hubiera lugar para ello, y Víctor tenía una sensación similar.

—Vaya inicio de temporada… —Suspiró Víctor, empezando a sentirse incrédulo—. Cuando Yakov sepa todo esto me va a matar…

—Al menos no es tu primera temporada como entrenador…

—¡Oh, cierto! ¡Era tu estreno como coach Katsuki!

—Me revocarán el permiso con esto.

—Al menos a ti te quieren en la JSF, en cambio a mí… la FFKK me hará papilla.

—Nunca te ha importado la FFKK… —dijo Yuuri, mirándolo con suspicacia con una ligera sonrisa en los labios.

—Oh… ¡es cierto!

Se miraron por un momento y comenzaron a reír. Víctor inicio con las carcajadas que bien le hacía falta, para reírse de todo el asunto aparatoso y tratar de no darle importancia a lo que ocurriría al amanecer. Por tanto, Yuuri terminó contagiándose con su risa y riendo igual, con voz más mesurada, pero renegando mientras se inclinaba y pasaba una mano por sus labios. Había extrañado reír así con él.

—¡Somos pésimos entrenadores…! —Suspiró Víctor, relajándose contra el espaldar y permitiéndose descansar.

—Hice llorar a Minami en su noche de ganar el oro.

—Bueno, eso de hacer llorar a estudiantes lo aprendiste de mí. Hice llorar a Yuri ayer… o estoy seguro de que lloró después de azotarme la puerta.

—Debí aprender más cosas de Yakov entonces.

—¡Eso fue cruel, Yuuri! —El aludido se permitió regodearse de ese acto de crueldad con una sonrisa en el rostro y relajándose también en el mueble, con la vista en el techo. Víctor lo miró por un largo momento, admirando su perfil y los mechones negros alborotados—. Los programas que le hiciste… son magníficos.

De nuevo, los ojos de Yuuri se llenaron de sorpresa incrédula. Parecía que era todo lo que podía provocarle escuchar de él alguna clase de aprobación a su trabajo. Y aunque entendía el motivo, no dejaba de ser doloroso.

—Gracias… —respondió tímido, bajando de nuevo su mirada hacia donde juntaba sus propias manos—. Los programas que le hiciste a Yura también lo son… aunque tristes. Lose Yourself…

Yuuri no sabía cómo preguntarlo, pero tras la mirada de Yuri antes de ejecutar el programa, le había quedado claro que ese programa tenía algo que ver con él. Más no estaba seguro si Víctor lo había hecho así por sí mismo, o Yura había intervenido en esa inspiración. Apretó sus manos y sus labios, inseguro de cómo indagar al respecto, pero Víctor fue quien habló.

—Es una lástima que no pudo completarlo. Me hubiera gustado que lo vieras como lo vi yo en el test de patinaje en Moscú.

—Debió ser maravilloso… —Suspiró echando la mirada a un lado—. ¿Por qué Tiempo? ¿Quién escogió el tema?

—Fue el tema que quiso Yuri… Su forma de expresar el quedarse estacionado el día que te fuiste. —Confesó sin pensar—. Me fue fácil porque él no fue el único estancado tras irte. —Yuuri se tensó—. Es bueno ver que tú si pudiste continuar.

¿Eso era un reproche? Yuuri no se atrevió a levantar el rostro y apretó a su pantalón, casi haciendo un nudo con su puño. Víctor había permanecido con la mirada al frente tras haber encontrado en esos ojos la incredulidad por sus sinceras felicitaciones. No quería seguir viéndose como si fuera un monstruo, aunque bien lo merecía. Pero tal cosa evitó que pudiera notar las reacciones silenciosas de Yuuri.

—Emil no fue el único homenajeado en esta competencia. —Continuó y Yuuri se levantó de imprevisto al escucharlo, alejándose con un par de pasos mientras apretaba sus puños. Víctor miró su espalda sin comprender.

Una parte de él siempre lo supo, pero Yuuri se había negado rotundamente a aceptarlo. Ahora rememorar la tristeza de su programa corto y la fuerza del libre, y pensar que él pudiera ser parte de esa inspiración, lo hacía sentir sumamente mal. No debería ser responsable de eso, no a esas alturas, pero dolía. Y comparando eso con los programas de Minami hechos con tanta pasión y devoción, y ahora cuantificar el daño que le había hecho al no felicitarlo ni darle correctamente su lugar, lo hacía sentir aún más ruin.

—¿Yuuri…? —Víctor se levantó, sin entender porque la repentina tensión que podía adivinar de nuevo en su espalda. Pronto cayó en el peso de sus propias palabras y quiso patearse, pero apretó los labios como su propia reprimenda—. Ey… no es tu culpa el que Yuri haya querido usar eso de inspiración.

—Deberíamos ver si los chicos están bien… —No quiso seguir tocando ese tema. Víctor asintió y miró hacía la puerta donde hasta el momento no había escuchado nada más.

—También tenemos que decirle lo de la coartada para que nuestros testimonios sean iguales y no haya problema.

Yuuri se limitó a asentir y dejar el asunto en Víctor; nunca había sido bueno para mentir ni menos para inventarse historias como esas. Y lo que se le ocurría ya había quedado patente que no resultaba muy razonable. Víctor aprovechó eso para distraerse de la pesadez de la atmósfera que había atraído y se acercó a la puerta de los muchachos, donde todo estaba silencioso y a oscura. Creyó que se habían dormido y una parte de él se horrorizó ante la idea de que lo que propuso Chris pudo haber pasado.

Dentro solo había silencio consensual, mientras ambos veían hacía el ventanal desde lugares distintos. Ante las palabras que Yuri le había dicho no recibió respuesta de Minami, pero se permitió recordar muchas cosas del pasado. Si comparaba quien había sido él, con lo que estaba siendo Minami al lado de Yuuri, conseguía diferencias muy palpables, diferencias que cambiaba la perspectiva en todo sentido.

Minami no parecía callarse cuando no estaba de acuerdo, ni siquiera ante él. Claro, había notado el par de veces que dejó ligeramente descolocado a Yuuri sin nada que decir. En los últimos años… no, de hecho, casi nunca, se había atrevido a enfrentar a Yuuri de esa forma tan frontal, aunque se hubiera muerto de ganas de hacerlo. Siempre buscaba desvíos para llegar a lo mismo, escondiendo fácilmente sus verdaderas intenciones, que Yuuri de alguna forma lograba entrever. Con él no había podido ser directo, creyó ser capaz de quebrarlo.

Vaya que no… acababa de notarlo. Yuuri golpeó a Minami de algún modo tan atroz que lo tenía allí, en el sofá, con la mirada perdida y apagada. Yuri no estaba seguro de haber preferido un golpe así o en el silencio, como lo recibió él.

La puerta se abrió y ambos giraron su rostro hacía la rendija de luz en donde Víctor había asomado su cabeza. Apretaron sus párpados ante el repentino cambio de iluminación y fue peor cuando encendieron las lámparas. Ya Yuri no le quedó de otra que sentarse de la cama, restregando sus ojos y Minami se quedó en el sitio, con los ojos pequeños de tanto haber llorado esa noche.

—¿Ya son buenos amigos? —Yuri rodó los ojos y Minami frunció su ceño—. Oh, parece que no.

—¿Dónde está Yuuri? —Víctor miró hacia atrás al escuchar a Minami y Yuuri apareció. Le permitió espacio para entrar al mismo tiempo que él hacía lo mismo, aunque permaneciendo contra la puerta para evitar que se fueran.

Yuuri miró hacia su alumno con profundo pesar. También se notaba que el golpe que había recibido de Yuri empezaba a hincharse y a dejarla una marca moreteada en el pómulo. Sin embargo, ninguno de los rusos previó que Minami se pusiera de pie, caminara con velocidad hasta Yuuri y lo empujara con toda su fuerza, aunque el cuerpo macizo de Yuuri no fuera tan fácil de mover.

—La próxima vez que vuelvas a decirme que renunciaras como entrenador, ¡no va a ser necesario! ¡Yo mismo te despido! —Yuuri lo miró con ojos pasmados, mientras Minami de nuevo lo miraba con furia, como si las llamas apenas se hubieran apagado por un momento para volver a encenderse con todas sus fuerzas—. No dejaré que pisotees mi esfuerzo, ni mi carrera ni todo lo que he hecho tratando de alcanzarte. ¡Antes te pudres tú, Yuuri! ¡No volverás a amenazarme con esto porque juro que el golpe de Plisetsky habrá sido suave para el que te daré yo!

Entre todo lo que había dicho Minami, Yuri apenas pudo identificar su apellido en el acelerado japonés. Sin embargo, así como el fuego había llenado de nuevo sus ojos, así fue con las lágrimas de rabia que de nuevo se agolpaban, como si ya no pudiera soportar toda la carga emocional que venía acumulando. Yuuri suavizó su mirada, reconociendo que sí, ese era Minami, el que no lo dejaba hundirse en la oscuridad. El que golpeaba con necedad, el que le gritaba quién era él en la cara y ponía un espejo para que lo viera. El que seguía creyendo en él, él que parecía no querer dejar de hacerlo.

—¡Y le voy a ganar! —Esta vez lo gritó en inglés, para que todos lo escucharan y entendieran, señalando además a Yuri que estaba en la cama—. ¡Le voy a ganar todas las veces que sean necesarias! ¡En el GPF, y en el mundial! ¡Así que decide si vas a estar conmigo en esto! No me importa si no te gusta que pierda, ¡yo le voy a ganar! ¡Dime si vas a poder estar conmigo o te despido de una vez! ¡Dime si vas a celebrar el triunfo conmigo! ¡Si vas a estar conmigo y con Japón en esto!

—Minami…

—¡Dímelo Yuuri!

El rostro de Yuuri no mostró molestia alguna. Por el contrario, había una admiración tan visceral que le había hecho olvidar todo el enojo, incluso la tensión que había recogido tras las palabras de Víctor. Era cierto, Minami había inspirado su programa en él, pero Yuuri al mismo tiempo se había inspirado en Minami. También había comprendido el porqué de los gritos, se había acordado de la forma en que él mismo le respondió a Víctor cuando también lo había amenazado con dejar de entrenarlo. Claro, Víctor lo había hecho de forma torpe, él reconocía que lo había hecho con toda la alevosía del caso, llevado por su enojo, pero ahora Minami se ponía en su lugar, se daba a respetar y le exigía que se comportara como tal.

Él era tan inexperto…

Yuuri dejó caer con firmeza su mano sobre el hombro de Minami, mientras este esperaba su respuesta, casi empujándolo a darla ya. Pero en vez de decir palabra alguna, lo abrazó con tanta fuerza y le apretó con tanto apremio que Minami se sorprendió. Pero Yuuri necesitaba hacerle saber que sí quería estar con él, que perdonara su debilidad, su falta de criterio, su error y enojo, que le permitiera continuar hasta el final con él. Por qué no, no quería abandonarlo… Yuuri sabía sinceramente que no quería abandonar ese camino aún si el mismo Víctor Nikiforov se lo pidiera.

—Si vas a vencerlo en la pista, estaré contigo. Solo en la pista, hasta que se trague cada palabra que te haya dicho y que no pueda ver otro rival que no seas tú. Tienes todo para hacerlo… Tienes todo para ser mejor que yo, Minami. Tienes espíritu, un espíritu que no está roto. Un espíritu que ni siquiera yo puedo romper. —Soltó un hipido contra el hombro de Yuuri—. Perdóname por no estar a tu altura como entrenador… perdóname por fallarte.

Minami no tardó en aferrarse a él con fuerzas tras sentir por fin que sí lo tenía consigo y que lo estaba demostrando en frente de las dos personas en Rusia que lo habían alejado de él hace tanto tiempo. El que Yuuri le respondiera con la misma fuerza solo le confirmó que tenía un espacio en su presente y que sí podrían seguir luchando juntos. Para Yuri no fue igual de satisfactoria la escena, la sintió más bien con un fuego en el estómago, que iba creciendo, pero tenía distintos inicios: desde los celos que le generaba aquella cercanía, hasta el desafío explícito en las palabras de Minami, y el deseo de callarle también la boca.

No tenía que hacer nada para convertirse en su rival, ya lo era. Ya le había demostrado en competencia, le había demostrado al ver a Yuuri en el hielo mientras Minami patinaba, como una sombra, como apenas un destello de luz que ahora tenía un nuevo color. Pero no lo admitiría.

—¡Wow…! —Soltó Víctor, con su indiscutible acento y atrayendo la atención de los tres. Cruzado de brazos y con una mirada llena de calidez que miraba hacía Yuuri y Minami, no había dejado de ver todo ese momento y sentir el paralelismo con la ocasión que había ocurrido en un estacionamiento. Supo que Yuuri lo sintió igual, por cómo se sonrojó al devolverle la mirada con un mudo entendimiento—. Me parece, Yuri, que tenemos mucho en lo que trabajar. Tenemos un rival que batir en el Grand Prix Final.

—¡Tsk…! —Bufó irritado, mirando a un lado—. ¡Antes lo haré Borsch!

—En realidad… —Medió Víctor, recordando para qué había ido allí en primer lugar—. Necesitamos antes preparar nuestro asunto para la policía.

—¿¡Policía!? —exclamaron los dos, preocupados ante las instancias que llegaría su pequeño agarrón de manos. Yuri se levantó de la cama y Minami se separó de Yuuri, más solo lo necesario para fijar la mirada en ambos entrenadores mientras le seguía agarrando la camisa.

—Claro, van a tener que pasar una noche en comisaría después de todo esto. —Yuri dejó caer la quijada mientras Minami se puso pálido—. Nos ha costado mucho llegar a esta negociación con la federación para evitarle la suspensión y que puedan continuar compitiendo, pero me parece que es un precio razonable. —Victor continuó, pasando su dedo bajo el mentón—. Y ya viene la policía a tomar los testimonios y llevarlos a ambos.

—¡Me estás jodiendo Víctor! —Bramó Yuri mientras que Minami no salía del susto—. ¡Yuuri, dime que n…!

El aludido había escondido su rostro sonrojado y con los labios apretados. Minami al notar su expresión se ruborizó explosivamente.

—¡Yuuri, es una mentira! —Exclamó Minami, empujándolo ligeramente mientras este soltaba la risa.

—¡Yuuri, así no puedo asustarlos! —Víctor recibió de lleno una almohada en la cara.

—¡Maldita sea, Víctor Nikiforov! ¡No te juegues así! —Ante el grito de Yuri, Yuuri no pudo contener la risa y se apoyó con la espalda en la pared, mientras veía el mohín de Minami.

—Se lo merecen, ambos… por preocuparnos tanto. —Habló Yuuri después de reír, con el ceño fruncido y una expresión que creó escalofríos en ambos competidores mientras que Víctor solo se echó a reír.

De repente, la tensión se había disipado.

Acordaron a tiempo lo que iban a decir y estuvieron listo para la visita de los oficiales que fueron a medir los daños. La mayor parte del testimonio fue dado por Víctor, que con su forma de ser había logrado convencer a los oficiales demostrando cuan preocupado estaba y cuán sorprendido, al comentar una y otra vez que jamás le había pasado algo similar en américa. Yuuri se limitó a hablar solo lo necesario, y Yuri como Minami también dejaron el testimonio tal como lo habían acordado. Colocaron de Víctor el teléfono de Yuuri y de Víctor por ser, según ellos, los primeros en entregar sus pertenencias para evitar daños a sus estudiantes.

Según su testimonio, uno de los maleantes se comportó de forma grosera y fue el primero en soltar el golpe a Yuuri, y esto provocó que los otros dos se vieran involucrados hasta que los maleantes tuvieron que huir con lo poco que pudieron recabar. Y ante la pregunta de por qué estaban juntos en ese momento, Víctor fue enfático al decir que estaban celebrando la victoria de Minami, porque tenían una buena camaradería debido a las anteriores prácticas en Rusia. Prefirió no sacar a relación el asunto de su relación.

La policía conforme levantó un acta que tendrían que entregar ello ante la organización del Skate America en Chicago. Víctor se encargó de todos esos papeleos y le ofreció a Yuuri que se fuera a descansar ya que tanto él como Minami debían estar preparados para la exhibición. Ambos aceptaron y se retiraron de la suite pese a los intentos de Víctor de que se quedaran allí. Yuuri alegó que necesitaba no solo un baño, sino un pijama, y no podría dormir cómodo sin ella. Así que Víctor tuvo que conformarse con verlo partir.

Julia Watson » Fan Club Skating World

¿Leyeron esto? Parece ser que asaltaron a los patinadores fuera de un bar cuando celebraban por los resultados. ¡Menos mal no golpearon la linda cara de Víctor!
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Sebastian Laurel: Yo no sé, no me lo creo. Me parece que allí hubo algo encerrado.

Luis Parker W: Jajajajaja a mí me parece que el asalto fue entre ellos.

Mauricio Taison: Vamos, ahora me van a decir que Minami Kenjirou y Yuri Plisetsky estaban bebiendo amigablemente en un bar después de todo lo que se estaban diciendo en la entrevista. Para mí que es solo una encubierta. ¡Bien jugada Nikiforov y Katsuki!

Luis Parker W: La verdad ni sería la primera vez. No sabemos cuántos escándalos así se ocultan en todas las ligas. Son hombres, nosotros resolvemos todo a golpe.

Martha D’Angostini: Pues yo espero de corazón que no haya sido lo que la bola de salvajes arriba dice. Son patinadores, pero sobre todo son profesionales. No creo que se cayeran a golpes.

Mauricio Taison: Son hombres, dejen de idealizarlos. También tienen pelos en las bolas, también se echan pedos, y también deben irritarse hasta caer a los golpes.

Carla Parketson: Jajajajaja yo estoy de acuerdo con los chicos, yo sí creo que hubo una pelea allí. Pero me hace ilusión que Nikiforov y Katsuki tuvieran que cuadrar algo así para encubrir todo.

Sebastian Laurel: Tenían que hacerlo. No iban a salir diciendo que hubo una pelea fuera de competencia. Además de las complicaciones que tendrían con las federaciones y considerando que la mala relación que hay entre Víctor y la FFKK, no les quedó de otra.

Carla Parketson: Además que ya había muchos rumores de la mala relación que Yuri Plisetsky tiene con el resto de los competidores. Quizás ni fue una pelea entre ellos.

Mauricio Taison: Y entre hombres nos entendemos mejor después de una buena golpiza. Nada mejor para aligerar tensión y luego irnos golpeados a beber cerveza y hablar como adultos.

Luis Parker W: jajajajaja

De las federaciones solo hubo una ligera sospecha que Víctor supo manejar y que no buscaron escudriñar más para mantener también sus imágenes frente al mundo. Resultaba mucho más incómodo hablar de dos patinadores teniendo una riña, que de un asalto. Sin embargo, para cuando ya habían notado la prensa ya estaba enterada y no se hicieron esperar las preguntas. De parte de Víctor, no tuvo problemas en repetir el guion que había planeado el día anterior y Yuuri se había abstenido a responder. El maquillaje que Mila le realizó a los tres sirvió para no aparecer de forma muy desastrosa ante las cámaras.

Pese a lo ocurrido Minami presentó el programa Victory con toda su adrenalina y Víctor junto a Yuri lo observaron. Minami tenía una destreza en los movimientos rápidos y un ritmo envidiable. Era la primera vez que Yuri se permitía verlo en vivo para comenzar a enumerar sus decenas de aciertos. Minami no necesitaba mucho más que el apoyo incondicional de Yuuri para ganar, porque técnicamente estaba en un nivel bastante superior al pasado, y las presentaciones habían mejorado dramáticamente. Desde las gradas lo miró con atención y se permitió compararlo con el chico que había estado destrozado en la habitación, enojado y frustrado. También con aquel que no se amilanó frente a Yuuri, quien le dijo un montón de cosas en la cara. El mismo que luego se permitió llorar en el costado o en los brazos de Yuuri.

Minami era tan honesto en sus emociones que no dudaba en llorar, reír y gritar. No había filtros… no requería máscaras y eso se notaba en su patinaje honesto. En la fluidez con la que se movía, y la seguridad que respiraba en la pista. Yuuri tenía razón, Minami tenía todo para superarle. Tenía incluso lo más importante: una confianza aterradora en sí mismo.

Resultaba extraño pensar en las consecuencias de esa noche, pero Yuri no podía dejar de darle vueltas. Por un momento se había sentido como si todo estuviera arreglado entre los tres y como si la presencia de Minami cerca dejara de ser molesta. Como si Hasetsu no solo podría ser posible, sino que él mismo ya no podía quitar a Minami cerca de Yuuri porque estaba reconociendo que se lo merecía.

Como si considerara compartirlo…

—Hay algo que no hemos hablado. —Escuchó a Víctor hablarle, mientras Minami ejecutaba un precioso salchow cuádruple en la presentación. El entrenador miraba con las manos metidas en los bolsillos y un saco gris, observando todo, en especial la espalda de Yuuri en la barra, con su saco oscuro, peinado formalmente y sujetando el peluche de hámster ridículo que, si lo veía con atención, le recordaba a su amigo Phichit—. ¿Es cierto eso de que no es la primera vez que golpeaste a Yuuri?

Yuri estaba inclinado contra la baranda cuando escuchó la pregunta. Hizo una mueca inconforme, pero extrañamente no se sintió con deseos de ocultarlo. Solo miró la espalda de Yuuri también y se permitió recordar.

Estaba tan furioso… tan desesperado. Yakov le había dicho que no fuera a molestarlo, pero se deshizo del agarre y fue tras él. Había visto esa presentación, había recibido esa desagradable sorpresa. Entendió por qué durante todo el viaje Yuuri lo había ignorado, porque se había cerrado tanto a él al punto de no permitirle estar en ese momento. ¿Qué había significado eso? ¿Volvería a Rusia pese a su retiro? ¿O pensaba regresar a Japón? ¿Por qué no le había dicho? ¿Cómo haría para verlo si se iba? ¿Acaso terminó con Víctor? ¿Acaso pensaba abandonarlo también? Para cuando Yuri se había dado cuenta, sus ojos estaban rojos y anegados de lágrimas mientras atravesaba el pasillo y lo buscaba. Entonces lo vio, con Phichit. Este había intentado separarlos, pero Yuuri formó distancia, permitiéndole acercarse. Le pidió a Phichit que se mantuviera al margen.

Entre los reclamos, solo escuchó el silencio de Yuuri y su mirada, así como la que le dedicó a Minami esa noche. Fría, imperturbable, decidida… no recordaba nunca haber visto una mirada así y se había aterrado. El silencio de Yuuri, la ausencia de respuesta, el incluso aceptar cuando lo empujó contra la pared y estuvo buscando, en un momento de desesperación, un beso que no llegó a ser tal; lo había aterrado. Yuuri había subido la mano para tapar sus labios y se quedó mirando hacia un lado, en un acto tan lleno de desprecio que le golpeó, hasta destrozarlo.

Y no pudo hacer otra cosa más que soltar su puño. Golpeó por encima de esa mano, marcándole bajo el ojo. Yuuri no chistó siquiera, pero Yuri, pese a ser quien lo había dado, sintió que fueron sus propios huesos convirtiéndose en astillas dentro de su piel. Le había dolido más…

“Me voy Yuri.”

Soltó el aire, regresando a ese presente donde Yuuri había vuelto, donde venía acompañado y donde Minami ahora era su rival.

—Lo hice… Pero solo esa vez, cuando se retiró. Estaba tan enojado y no medí… —Víctor se mantuvo en silencio—. De allí no pasó nada más. Solo me fui a encerrar a un baño a llorar hasta que Yakov fue a buscarme. No es algo de lo que me sienta orgulloso…

Víctor entendió y asintió, mientras Minami regresaba a los brazos de Yuuri, recibiendo un abrazo confortable por su presentación. Esa había sido la última de la categoría masculina, Michelle no había participado porque estaría con su hermana en la suya y Yuri había preferido prescindir de ella. No sentía que fuera el momento para hacerlo, prefería usarla cuando ya estuviera en el podio, hecho que pensaba cumplir en el trofeo de Francia que tendría lugar en tres semanas.

No tenía demasiado tiempo, pero tanto Víctor como Yuri habían acordado que llevarían su entrenamiento a otro nivel. Ya habían organizado el programa con la nueva tanda de cuatro cuádruples, debían asegurarse de compensar los puntos de presentación que perdería a darle lugar a los saltos, ahora en mejorar la secuencia de pasos que quedaba. Víctor estaba dispuesto a hacer un programa ganador, un programa a la altura de Yuuri Katsuki.

Reconoció que era cierto lo que Yuuri había comentado en una entrevista: había creado los programas para ganar. Los había creado como si fuera él a competir, y eso había provocado que Minami tuviera un arsenal en presentación y técnica con el que podría competir por el oro en todas las competiciones. Después de esto, Víctor planeaba hacer un ajuste de ambos programas para Yuri, para que llegara a ese nivel, y no solo se encargara de reforzar la presentación, hecho donde había mejorado. Debía creer que Yuri pudiera clavar sus saltos como antaño.

—Tenemos mucho en lo que trabajar… —Aludió Víctor, mientras una de las patinadoras se preparaba para su gala. Yuri afirmó.

—Y poco tiempo. —La inclusión de Christofer no se la había esperado tan pronto—. Masumi se encargó de coreografiarle los programas a Giovanni Ritz y son bastante buenos también.

—¿Quién es ese? —preguntó despectivamente Yuri, Víctor no pudo evitar reírse reconociéndose en algún momento de su vida como competidor así, y Christofer se limitó a rodar los ojos.

—Si dejarás de pensar que el mundo gira en torno a tu nariz, lo sabrías. No es solo Japón la competencia, muchacho. Fíjate quien te quitó el tercer lugar.

Y Canadá, China, Kazajistán, Corea… realmente había demasiada competencia aparte de Japón. Yuri replanteó entonces sus ideas. Si bien Minami ahora era su rival, no era el único obstáculo para lograr el oro en el Grand Prix.

—En una semana será el Skate Canada. —Anunció Christofer—. Recomiendo que presten atención a los programas de J.J ahora que viene su regreso. A pesar de que se tomó el año sabático, sus padres y entrenadores afirmaron que J.J nunca dejó la pista ni su entrenamiento. No va a venir en baja forma como ocurrió con Víctor.

—Sigo aquí, Chris.

—Lo sé, cariño, pero algún día tenía que decírtelo en la cara. —Víctor hizo un mohín—. No sé si piensa intentar hacer el axel cuádruple en competencia, pero sería digno de ver. Ya parece dominarlo. Después de eso, deberán estar pendiente de la copa Rostelecom y no por ver a Yuuri siendo inusualmente sexy con trajes a la medida. —Ambos rusos se miraron de reojo—. Sino por ver la primera presentación de Seung-Gil Lee. Ganó la medalla de oro en los olímpicos de este año, y claramente mantuvo su presentación a bajo perfil, solo lo suficiente para obtener los puntos para competir y dejar callada a toda la prensa deportiva con su despliegue en las olimpiadas. Claro, algo había cambiado en él, supongo que tiene que ver con su cercanía a Phichit Chulanont. Después de él, la otra gran amenaza es Guang Hong, que debutara en la Copa China. Ya ganó un Grand Prix y ha demostrado programas con presentaciones muy buenas, podría sorprendernos este año también. Y ya vieron lo que ha preparado Michelle, son programas ganadores con una motivación demasiado fuerte como para ignorar.

—No has mencionado a Otabek —puntualizó Yuri y Christofer enarcó una ceja.

—No creí que hiciera falta. ¿No es tu amigo? —Yuri sintió el golpe seco en su pecho—. Debes saber que puedes esperar de él como competidor y sus rutinas.

El silencio fue mucho más elocuente y Christofer no dudó en soltar un “oh” mientras dirigía la mirada a Víctor y éste se encogía de hombros. Yuri no quiso seguir allí, no después de ese golpe inesperado, y prefirió dejar a ambos hombres mientras se alejaba con intenciones de acompañar a Georgi ahora que se presentaría Mila en la gala.

Ya a solas, Víctor se dio tiempo para buscar con la mirada a Yuuri, quien se encontraba apartado con Minami, hablando con una de las patinadoras del país. La chica parecía hacerle demasiados ojos a Yuuri y Víctor no pudo contener el mohín en sus labios al notarlo.

—Creo que me perdí de algo.

—¿Con respecto a Otabek y Yuri? —Christofer negó—. ¿Entonces? —Su amigo se limitó a mirar hacia Yuuri y Víctor comprendió—. Oh…

—¿Eso es todo? ¿Oh…? —replicó—. ¿Acaso pasó algo después de que me fui? ¿Se besaron hasta que se quedaron sin aliento e hicieron el amor sobre la ropa? ¿O sin ella? —Victor rio con el tono de voz, mientras renegaba, pero mantenía esa sonrisa ilusionada y esos ojos esperanzados que a Christofer le dio pavor reconocer—. ¿Entonces a qué se debe tu cara?

—Aunque admito que me hubiera gustado que pasara todo eso, no fue necesario. Por un momento se sintió como si no hubieran pasado estos años. Me sentí cómodo al hablarle, lo sentí cómodo a él… pudimos reír.

—Oh… —No supo qué decir. Sí tuvo la ligera esperanza de que Víctor al verlo de nuevo se daría cuenta que ya no era lo mismo y solo era amor al recuerdo, estas habían quedado desechas.

—Por cierto, sigo molesto contigo por la forma en que te burlaste ayer de él.

—Bueno, no pienso disculparme —dijo Chris, sin un ápice de arrepentimiento—. Son demasiados condescendiente con él y él parece aprovecharlo muy bien. —Víctor no quiso discutir el punto, sabía que no podría convencerlo de lo contrario—. Y tienes que darme la razón: Esa idea suya era ridícula.

Debía admitir lo fue. Y eso también lo había molestado, la forma en que Yuuri pensaba resolverlo todo poniendo su cuerpo al frente y a expensas de cualquier disparo. Yuuri seguía teniendo esa forma egoísta de ser, seguía considerando que podía tragarlo todo él, obviaba el hecho de que tenía gente apoyándolo y que no lo dejaría luchando solo, asumía que lo mejor era eso sin preguntarle a los involucrados si deseaban un camino menos doloroso.

Supuso que había defectos que no se corregirían en él, y supuso que nunca dejarían de haber cosas en Yuuri que dejara de molestarlo. Pero incluso esas cosas molestas habían llegado a extrañar, incluso el hecho de enojarse con él había llegado a extrañarlo. Con Yuuri no podía tener máscaras, con Yuuri podía enojarse, frustrarse, mirarle con dulzura y reír sin dudar. Y esa noche eso había quedado claro, cuando lo tuvo entre sus brazos lo tuvo claro: Yuuri seguía siendo esa alma gemela con la que podía ser simplemente él.

¿Cómo habían sobrevivido esos años separados? Pretendía resolver esa situación pronto.

—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Chris y Víctor se despegó de la baranda. Revisó su móvil para ver los mensajes que le había enviado en la mañana a Yuuri, lejos de la formalidad. Le había preguntado cómo había amanecido, si estaba muy hinchado, si había empeorado los golpes de Minami. Compartieron un par de mensajes más antes de que Yuuri le dijera que debía ya partir—. Muchos patinadores ya se irán hoy, si tienes suerte, mañana.

—De hecho, me voy en la noche con Yuri a Rusia. Pero algo inventaré. —Se giró hacia Chris, con la sonrisa más amplia y verdadera que le había visto en mucho tiempo—. No lo he perdido.

Christofer no respondió, no dijo nada a pesar de que su mirada apenada y preocupada debía ser muy diciente. Rogó a todos los dioses que esa felicidad de Víctor fuera verdadera, incluso estaba dispuesto a comerse cada palabra sobre Yuuri Katsuki si con eso esa sonrisa que acababa de mostrarle su amigo se mantuviera.

Pero no podía ser tan optimista…

Takao » ¿Y cuándo sale tu vuelo?
« Las nueve de la noche aquí.
« Será un día de vuelo.
Takao » Te estaré esperando para un merecido masaje, entrenador Katsuki 😉
Takao » Te he echado de menos.
Takao » Aunque en un par de semanas me toca la gira de nuevo por la obra.
Takao » ¿Crees que podrás verme?
« Dependerá si no coincide con las competencias.
Takao » Te pasé la programación hace un par de semanas 😦
« Oh, lo siento. No he revisado.
« Estaba muy ansioso por estas competencias.
Takao » Sé que las competencias son más importantes para ti.
Takao » Y eres el mejor. No dudo que puedas ganar el oro junto a tu estudiante en toda la temporada.
Takao» Me avisas cuando estés en el aeropuerto y salga tu vuelo.
Takao » Me voy a acostar, debí dormir hace dos horas, ¡jaja!
Takao » Te espero, Yuuri.
« Descansa, Takao.
« Buenas noches.

Yuuri cerró la ventana tras despedirse y miró las dos siguientes: una con Minako, y otra con Víctor. Minako le había preguntado muy claramente que había pasado con Víctor, sí habían logrado hablar, cosa que Yuuri negó. Le dijo que habían pasado muchas cosas que prefería no comentar por allí, y que necesitaba que lo buscara en el aeropuerto. Necesitaba hablar con ella.

Tras todo lo ocurrido, Yuuri se había permitido pensar. La sensación de plenitud y de terror que sentía era demasiado elocuente para ignorarla, ya sabía que algo así iba a suceder de todos modos, pero no había cuantificado el nivel en que terminaría afectándole. Víctor seguía siendo una constante en su vida, seguía amándolo, como Hirogu muy bien le había dicho en una de sus anteriores consultas.

Pero jamás en ninguna de sus situaciones planteadas se había imaginado un encuentro tan aparatoso y al mismo tiempo tan natural como el que tuvieron. Sí, al inicio había sido nervios y miedo prevaleciendo, pero luego había sido tan fácil hablar con él de cualquier cosa, reír… incluso reconocer los modos infantiles de Víctor y divertirse por ello. Se había sentido tan correcto abrazarlo, escucharlo sonreír, tan correcto verlo jugar con Minami y Yuri, que olvidó el hecho de que no debería ser así. Que eso no debería estar ocurriendo de ese modo.

Se perdió en la acogedora sensación de que ese era su presente, que Víctor estaba allí y que él podía seguir burlándose de esas formas extravagantes de ser que lo habían enamorado y fascinado, las mismas que tantas veces lo puso en aprieto y también le llegaron a incomodar. Pero era Víctor…

O no, no por completo.

Yuuri no podía despegar la imagen del Víctor de ese año. Del Víctor que dejó de mirarlo, del Víctor que le recriminó cada triunfo, del Víctor que le lastimó y se arrepintió. Ese Víctor existió… el que no estuviera allí no significaba que ese Víctor nunca había existido. El que no lo hubiera notado en ese momento, no significaba que ese Víctor no volvería a aparecer.

Yuuri le costó dormir esa noche, aún con el cansancio que había caído sobre él como tonelada de piedras en su espalda. Se había abrazado a la almohada mientras pensaba que Víctor podría ser la persona más adorable y dulce del planeta, y al mismo tiempo, la persona más ruin y oscura. Y no sabría qué hacer… no sabría qué hacer si volvía a encontrarse con el Víctor que le negaba la mirada, que apretaba los labios, que mantenía la altivez en su gesto haciéndolo sentir menos que poca cosa.

Aunque fuera tentador quedarse en esa isla desperdigada en el tiempo donde era perfecto, Yuuri sabía que tal cosa no era más que un espejismo. Y sería muy estúpido si se dejara guiar por él.

Ya en pocas horas tendrían que ir al aeropuerto, habían decidido hacerlo tan pronto acabara el evento para aprovechar el tiempo y practicar. El taxi los iría a buscar directamente al hotel. Yuuri ya tenía su equipaje hecho y solo faltaba terminar con el de Minami, que solía dejarlo para última hora. El muchacho estaba tomándose una ducha en ese momento.

Entonces Víctor le escribió. A través del mensaje, le hizo saber que quería verlo antes de irse, que en una hora tendría que tomar el taxi, pero quería conversar un poco más. Yuuri lo dudó, pero fue solo un momento. Incluso consideró en escribirle a Phichit y a Hirogu para pedir una segunda opinión, pero la descartó. Casi podía escucharlos a ambos decir lo mismo: ve.

Llegado a ese punto, no podía permitirse ser cobarde.

Yuuri se cubrió con un abrigo café antes de salir de la habitación, vestido de forma casual, con la misma ropa que llevaría al aeropuerto. Caminó con paso calmo, trató de inspirar la calma que no podía sentir tan real para llegar al lugar del encuentro. Víctor había pretendido sacarlo a un café cerca, pero Yuuri no quería la mirada de nadie del exterior, así que acordaron encontrarse en una de las salas de visitas que estaba en el piso y solía estar desocupada, decorada con pinturas vanguardistas y muebles muy cómodos, así como una amplia colección de revistas. No en mucho tiempo, Víctor llegó a allí.

Yuuri levantó la mirada cuando la presencia de Víctor se hizo real y le regaló una tímida sonrisa. Víctor lucía tan diferente a la última vez que lo vio, antes de partir, que tuvo que detenerse a compararlos. Ya no estaban las bolsas enormes de sueño, ni la palidez de su semblante, ni la barba descuidada o el cabello largo y sin peinar. Y no era que le hubiera parecido menos atractivo así, por el contrario, Yuuri había conseguido nuevas formas de ser atraído por Víctor incluso en su imperfecta apariencia. Pero aquel estado representaba un Víctor que había dejado de ver, que le lastimó en demasía, y al que casi había llegado a odiar.

—Gracias por aceptar, Yuuri. —Escuchó sus palabras y se animó a asentir, volviendo a bajar la cabeza. Víctor lucía como el Víctor de siempre, con sus abrigos costosos, con su sentido de la moda sofisticado, incluso con su jovial forma de ser. Era como aquel del que se enamoró y dolía verlo de nuevo, como si hubiera abierto una tumba.

Como si fuera un Cristo… ¿él sería el Tomás que se negaba a creerlo hasta que hundiera sus dedos en las heridas abiertas?

—¿Para ver cómo va el golpe? —Aunque preguntó, no pidió permiso para extender la mano y tocar la zona, provocando que Yuuri subiera la mirada sin poder contener la ansiedad que le producía el toque, así como el miedo de sentirlo.

—Está bien, Víctor… no ha sido nada. —Se echó para atrás, para cortar el roce. Estaban sentados el uno frente al otro, con apenas una mesa pequeña llena de revistas separándolos, adornadas como en un abanico de opciones que ninguno quiso tomar—. ¿Cómo sigue Yura?

—Mejor… no pensé que Minami pudiera golpearlo así. Me ha dejado asombrado.

—Minami es sorprendente… —Soltó con admiración y Víctor le miró con una sonrisa.

—En el patinaje ha mejorado muchísimo, como persona es muy fuerte… —Yuuri se limitó a asentir, con sus manos inquietas entre las piernas.

Se hizo el silencio… en medio de ellos, parecía que no había mucho de qué hablar, al menos que siguieran mencionando la frivolidad del evento, algo que ninguno quería tocar. En vez de eso, Yuuri se mantuvo callado con las manos tomadas y nerviosas acariciándose entre sí, y Víctor se lo quedaba mirando, con tal atención que Yuuri se sentía con el paso del tiempo más asfixiado. Al levantar la mirada un poco más, también notó a Víctor moviendo las manos nerviosamente entre sus piernas.

—Me ha alegrado tanto verte, Yuuri… —dijo con sinceridad, con una entonación tan dulce que Yuuri sintió como si lo hubieran bañado en chocolate.

—A mí… a mí también me ha alegrado verte de nuevo… y verte bien…—Se permitió ser sincero, levantar la mirada ligeramente brillante y confesarle eso con la mayor honestidad.

No podría cuantificar cuánto había esperado por eso. Cuánto deseó encontrarse con ese Víctor de nuevo, cuánto deseó llegar a casa y encontrarse de nuevo con la sonrisa de corazón, con la luz en su mirada. Cuánto ansió que ese momento llegara, cuánto deseó abrazarlo y besarlo así para enterrar esos malos meses, para olvidarlos…

Su mirada temblorosa lo transmitió y Yuuri apretó los labios para que no se dibujara una sonrisa triste. Porque ese Víctor estaba allí, pero no estaba con él… y no regresó gracias a él.

—¿Hace cuánto pátinas…? Vi… el video…

—Hace un año, aproximadamente… —Yuuri asintió, bajando la mirada que se estaba llenando de nuevo de todas sus emociones—. No ha sido fácil… —Lo imaginaba, y solo afirmó con un movimiento de su rostro—. Yuuri…

De imprevisto, Víctor le tomó ambas manos entre las suyas y Yuuri se tensó, como si sus músculos se hubieran convertido en hierro. Subió la mirada aterrada, casi como si emitiera un grito que quedó callado cuando los ojos firmes de Víctor lo miraron con una decisión aplastante.

Yuuri se sintió amenazado…. sintió las ganas de correr, sintió el miedo gritando en su cabeza convertidos en decenas de voces, una más aterradoras que otras, una más ruidosa que otras.

—Yuuri… hagámoslo de nuevo. —Su garganta se cerró, como si fuera aprisionada por un puño lleno de garras—. No hemos cortado, yo no siento que hayamos cortado. Ya vimos que pueden ser las cosas como antes. —El miedo se filtraba como si cayera granos de sal, uno tras otro, desintegrándose hasta cambiar las propiedades del agua—. Yo… Yo quiero que lo intentemos de nuevo.

La tensión lo atenazó en la silla, apretó su mandíbula, hizo nudos en los músculos de su espalda e hizo temblar sus pupilas empequeñecidas. Víctor podía notar el pánico de él, lo pudo notar como esa primera vez que se acercó a tomarle la barbilla, en su primera noche de Hasetsu. Pero no lo iba a soltar, no lo iba a hacer. Acarició las manos endurecidas y su mirada se suavizó un poco más, una vez más, mil veces más si hacía falta.

—¿No hemos terminado…? —Fue lo único que salió de los labios secos de Yuuri, temblando como su voz.

Era lo único que se repetía como un estruendo en su cabeza, lo único que golpeaba cada pared, que gritaba entre carcajadas imaginarias.

No había terminado… y Yuuri había tenido que agarrar sus cosas en silencio esperando que Víctor le dijera tan solo un quédate, que reaccionara, y nunca llegó.

No habían terminado, y Yuuri había tenido que enviar su equipaje por delante, mientras se iba a enfrentar a una competición por última vez.

No habían terminado y ningún mensaje fue contestado a lo largo de los años.

No habían terminado y cuando Yuuri esperó en Hasetsu que volviera a ser abril, para darse cuenta de que no, no iba a parecer en el onsen a prometerle una vida juntos; había tenido que aprender a vivir con eso.

No habían terminado y Yuuri había tenido que aprender a vivir sin él.

No habían terminado y Yuuri había tenido que acostumbrarse a la idea de que ya no habría más nosotros.

Se levantó soltando el agarre mientras se sentía asfixiado. Los gritos en su cabeza eran una coral espantosa que estaba por volverlo loco. Víctor intentó acercarse y Yuuri se apartó bruscamente, con la mirada en el suelo, con el rojo volviendo a llenar sus ojos.

—Cariño… —Y Yuuri sintió como si acabara de arrancarle el corazón con garras de hielo—. Yuuri, por favor…

—No… ¿no hemos cortado? —Yuuri levantó la mirada, firme, inquebrantable—. ¿No hemos terminado? ¿Entonces qué hemos hecho estos tres años si no hemos terminado?

—Ha ido solo un mal mome…

—¿Un mal momento? —Alzó la voz, aterrado ante lo que oía, lo que veía, él como Víctor se iba transformando en formas difusas y recuerdos aberrantes que quería comerlo vivo—. ¿Te parece solo un mal momento? ¡Nosotros terminamos, Víctor! ¡Terminamos el día que me dejaste ir! ¡Terminamos el día que no fuiste por mí!

—¡Te fuiste sin hablar, Yuuri!

—¡Tú no querías hablar!

—¡No puedo considerar que hayamos cortado sin que hubiéramos hablado, sé que…!

—¿¡Yo incluso he estado con otra persona y ahora vienes a decirme que no terminamos!?

Se calló, llevándose la mano a los labios después de haber soltado aquello. Lo peor fue ver cómo las imágenes se difuminaban, y entre las sombras y los negros que quería dominar su mirada, pudo ver la expresión de Víctor. La expresión misma de Barcelona, el mismo pasmo.

Tenía ganas de vomitar…

—Has estado con otro… —Yuuri apretó sus labios mientras lo escuchaba—. Bueno, no es que…. yo puedo…

No pudo decir nada. Víctor no pudo ni siquiera organizar las ideas para responder a eso y Yuuri volvió a sentirse el monstruo.

Pero había terminado… Víctor no podía decirle después de tres años de silencio que no había sido así, después de todos sus intentos de olvidarlo que no había sido así. No podía pretender volver de la muerte y que nunca existió ese luto. No podía desconocer lo difícil que fue para él aprender a extrañarlo sin llorar.

Al mirar al suelo, las vio caer; y Yuuri sintió tanto enojo, enojo contra sí mismo, enojo contra Víctor por ser tan imbécil, odio por toda esa situación, odio por creer en algún momento que podría dejarse llevar por ese espejismo. Enojo por sentirse culpable…

—¿Por qué estás llorando? —Levantó su mirada enrojecida, mirándolo como si no pudiera creérselo. Pero sí, los ojos de Víctor se habían empapado y sus pestañas largas tenían un par de lágrimas que no dejaban su aterradora belleza—. Esto fue lo que tú quisiste…

—¿Cómo pued…? —Yuuri no pudo permanecer allí. Se giró y comenzó a caminar de regreso con paso apresurado con los hombros tensos—. ¿¡Cómo puedes decir eso, Yuuri!? —Lo escuchó claro, en un grito que Yuuri se obligó a no aceptar, mientras se tapaba los oídos con las manos—. ¡Tu fuiste el que decidió por los dos! ¡Tu decidiste irte y dejarme, Yuuri!

—¡No me dejaste opción!

—¡Yuuri…! ¡No vuelvas a huir, Yuuri!

Se encerró tirando de la puerta de su habitación con fuerza, como si pudiera sentir que Víctor podría ir tras él. Pero no fue así, Víctor no fue tras la puerta ni escuchó sus gritos ni sus reclamos. Todo lo que hubo fue un mayor silencio que le permitía escuchar sus propios sollozos y la necesidad que tenía de respirar, mientras se apoyaba contra la puerta y apretaba los labios.

Si no cortaron… ¿por qué no fue por él?

Ahora cómo iba a vivir sin esa respuesta…

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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