Matryoshka II (Cap 08)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 08. Skate America: Debo disculparme

Había que hacer una recapitulación de los hechos.

Por parte de Víctor, podía recordar cuando vio a Yuuri dirigirse a la barra y a Mila salir de la pista, esbozando una sonrisa conforme se acercaba. Cuando llegó a él lo rodeó hasta colgar sus brazos a los hombros y abrazarlo desde la espalda, hecho que él no dejó de aceptar. Le tomó una mano con cariño impreso y ella dejó un beso sobre su mejilla. La confianza que había sido profundizada con esos meses estaba allí, evidente.

—Estoy celoso. —Admitió sin pena y le provocó una sonrisa. Mila le miró de reojo, divertida con aquella confesión.

—Te diré algo para que lo estés más: Todo lo que está bajo esa ropa sigue durito. —Irremediablemente le dibujó un puchero y ella rio.

Mila soltó a Víctor y se sentó a su lado, notando la ausencia de Yuri, pero imaginando que se había animado a buscar su propia fiesta. Para ninguno de los dos era sorpresa el cómo Víctor miraba a Yuuri, el cómo lo deseaba y que aún había sentimientos allí pese a no haberlo hablado directamente. También lo comprendían.

—Deberías ir y hablar con él. ¡Ármate de valor! —Animó, apoyando su mejilla sobre el dorso de su mano. Georgi asintió a la invitación.

—Creo que necesita es entender que le echamos de menos. —Víctor no estaba seguro de encontrar al mismo Yuuri, pero le gustaría que fuera así. Que todo fuera igual. Sin embargo, el ver que con Mila y Georgi se había comportado cordialmente y recordando el encuentro previo en el estadio, quizás podría esperar algo parecido.

No, no iba a ser como antes, por supuesto no podía esperarlo. No podía esperar que tras casi tres años simplemente se vieran, se abrazaran, y se besaran hasta hacerse el amor con la boca y sobre sus ropas puestas. No podía esperar que los ojos de Yuuri lo mirara con deseo, con necesidad, con pasión, pero si había notado amor y eso era mucho más de lo que había esperado antes. Comenzó a llenarse de esperanzas, a saborear la idea de acercarse y buscarlo imaginando lo mejor.

—Habla como si fueran buenos amigos encontrados en el camino. —Le recomendó Georgi, bebiendo de su trago—. Felicítalo por lo de hoy, invítalo a comer. Todavía hay chance de al menos tener un desayuno o una cena. Pregúntale sobre su vida, sus planes…

—Parece ser un buen plan. —Admitió y Mila asintió respaldándolo.

—Lo es. Deberías hacerme caso. Tener tantas ex te dejan ciertas enseñanzas. —Rieron animados y Víctor miró cuando Yuuri volvía, pero en vez de dirigirse a la pista parecía ir con prisa en dirección al pasillo.

—Es tu momento. —Empujó Mila, mientras recibía una palmada en la espalda por parte de Georgi. Miró de nuevo hacía donde Yuuri caminaba y tomó la decisión, levantándose sin importarle que Christofer ya debió haber regresado con las bebidas.

Cuando lo hizo, no esperó que apenas tuviera algunos minutos con Yuuri antes de que aquella algarabía apareciera, y que al entrar al baño (no cediendo a la pasión como hubiera resultado mejor para él), sería para ver a sus dos estudiantes peleando, siendo apartados por otro competidor y el puño de Plisetsky estrellándose en su cara.

—¡Yuuri! —Gritó cuando se hizo silencio, porque todos quedaron pasmados al ver las implicaciones de lo que estaba ocurriendo. El aludido levantó su rostro y la marca de los nudillos de Yuri ya estaban formándose en su piel, mientras que los labios se llenaban de rojo.

Yuri se había quedado estático tras el golpe. Retrocedió incluso como si se hubiera quedado sin fuerzas. Y en ese momento de confusión el grito de Minami, lleno de pura ira, golpeó los oídos de Víctor con una información que jamás consideró posible.

—¡Volviste a golpear a Yuuri, maldito! —Minami se hubiera zafado, pero el brazo que aún lo sujetaba le coartó la libertad de moverse. Sin embargo, para Víctor nada era más relevante que esa revelación.

—¿Volvió…?

—¡Lo hiciste de nuevo! —Repitió Minami, sin siquiera percatarse a quién le estaba respondiendo. Los ojos de Kenjirou estaban fijos en Plisetsky y los veía con tanta ira acumulada que parecía echar fuego—. ¡Lo hiciste como en los cuatro continentes!

—¡Basta los dos! —Fue la voz de Yuuri la que se impuso, mirando primero a Minami antes de girar sus ojos a Yuri. Este se replegó, tomando su mano agresora contra su pecho como si quisiera esconderla—. ¿Ya están satisfechos…? ¿Saben que esto puede ameritar una sanción por parte de la federación? —Ambos jóvenes hicieron silencio. Michelle al ver que ya no había que retener a Yuri, se mantuvo a distancia.

Víctor se llevó las manos en la cabeza. Las implicaciones con la federación serían imposibles de contener si esto salía a la luz. La prensa haría festín con la noticia: los dos estudiantes de la ex pareja de oro en el patinaje sobre hielo se agarran a golpe en un pub de Chicago luego de la competencia. No quería imaginar siquiera cómo sería eso en las redes sociales.

Yuuri fue el primero en reaccionar, jalando a Minami con fuerza para sacarlo de aquel sitio. Víctor lo retuvo antes de cruzar la puerta.

—Espera Yuuri. —No lo agarró, solo le extendió el brazo para cortarle el paso—. No sería buena idea si salimos por el frente del local, puede haber periodistas. —Se pasó una mano sobre la frente, más angustiado que enojado con lo sucedido. Sin embargo, sólo sirvió el mirar el rostro que Yuuri levantó y notar las secuelas del golpe para sentir que una bola de fuego se instalaba en su estómago—. Yuuri… tu boca.

—No importa. —Se relamió su labio partido, pero no miró hacia atrás, donde Yuri estaba en silencio—. ¿Qué recomiendas?

—Pedir un taxi y entrar al hotel por la parte trasera. —Consideró rápido, tratando de medir las consecuencias de cada paso que tendrían que dar—. Tienes que verte el golpe también… —Miró de reojo a ambos alumnos—. Y ambos tienen que explicarnos qué es lo que estuvieron haciendo.

—¡No quiero irme en el mismo lugar donde van ellos…! —Soltó Minami, irritado con la idea de tener que compartir más espacio con Yuri Plisetsky, más si estaba Víctor Nikiforov allí, pero tuvo que callar cuando Yuuri le devolvió la mirada. Los ojos oscurecidos de su entrenador y su expresión que no daba lugar a réplica sirvieron para que mordiera sus labios.

—Tendrás que hacerlo. —Minami entrecerró sus ojos mientras miraba la ira calma de Yuuri—. ¿Cómo saldremos de aquí?

—Llamaré a Chris para que me ayude con esto. —Fue lo primero que se le ocurrió mientras Yuuri ponía mala cara.

—Lo prefiero al margen de esto.

—No es momento para eso, Yuuri. —Antes de salir del baño, se acercó y sacó del bolsillo trasero un pañuelo celeste, con el bordado de su nombre. Yuuri supo reconocerlo casi al instante, provocándole otra vez ese discordante cóctel de emociones que se mezclaban en su garganta. Lo dejó en su mano y Yuuri sintió de nuevo el nudo—. Ya regreso.

Cuando Víctor partió del baño, los cuatros involucrados más Emil que estaba viendo todo de afuera se quedaron en silencio. Minami había intentado zafarse del agarre, dispuesto a irse él solo al hotel más Yuuri no lo dejó. Solo apretó el pañuelo en su mano y se lo llevó a su labio, donde dolía la herida. Por otro lado, Michelle decidió que ya no quería estar en eso, así que se movió tras chasquear la lengua antes de que Emil le cortara el paso.

—Creo que deberíamos ayudarlos. —Michelle inmediatamente se negó, pero Emil insistió agarrándole el brazo.

—Deberían estar conforme por no golpear a ambos por molestarte. Vámonos de aquí.

Al alejarse ellos, quedaron solo los tres en el baño. Yuuri se permitió respirar un poco más antes de dejarse caer de espalda sobre el lavado, apoyándose de su cadera. Pasó de nuevo el pañuelo por la zona donde aún sangraba, y luego levantó la vista para cuantificar los daños en Minami. Tenía la nariz roja y sangrante, el labio ligeramente partido y dos golpes en su pómulo izquierdo. No lucía nada bien y a pesar de dolerle verlo así, más era el enojo por haber cedido a esa conducta antideportiva que otra cosa. Y lo demostró al emitirle una mirada decepcionada, que para su sorpresa Minami le respondió con una equivalente: aunque con más frustración en la carga emotiva que transmitía.

Pero para Yuri era peor… La culpa de haber golpeado a Yuuri en el proceso y sin querer era demasiado pesada para cargarla. La recriminación en los ojos de todos y la sensación de haberlo arruinado acrecentaba y a eso se unió el miedo mortal a una sanción que definitivamente quebraría su relación con la FFKK. ISU quizás podría sancionarlo para no terminar la serie de Grand Prix, pero sí poder participar en las siguientes competiciones del año siguiente, pero la FFKK con lo rigurosa que era seguramente no solo le quitaría todo beneficio económico, sino que no le permitiría acabar con su temporada. Y ya serían dos temporadas que no podría acabar… la muerte de él como patinador.

Las manos le temblaban ante esa posibilidad. Ni siquiera el par de golpe que tenía bajo su pómulo dolían más que los nudillos que golpearon a Yuuri y el temor de quedar de nuevo huérfano, pero ahora deportivamente. Cuando se alejó de Víctor, no era ese su plan. Todo lo que pretendía era un respiro. Ver a Yuuri bailando animadamente con Mila y saber que no podría acercarse así, le habían provocado tanta ansiedad que todo lo que quiso fue simplemente hallar el descanso en lo más rápido y placentero: sexo.

Para él no era difícil conseguir parejas para un momento de pasión, Yuri era demasiado atractivo y solía llamar las miradas de hombres o mujeres por igual. Durante un tiempo había tenido que soportar muchas miradas de viejos verdes, pero con la altura y contextura ganada, ahora se daba el lujo de escoger a quien cazar y obtenerlo sin problema. Por eso había rodeado la pista y había buscado a alguien. Esta vez no se le había antojado una mujer, sino un hombre. Preferiblemente de cabello oscuro, tenía esa predilección.

No halló a nadie de cabello oscuro ni de rasgos excéntrico, pero si a un americano que no tardó en devolverle el cambio de luces a través de la mirada. Consideró que no importaba, que valdría solo con una felación para sentirse satisfecho y la perspectiva de tener sometido al chico rubio con ojos claros se le hizo tentadora.

Tras haber compartido las miradas, se apartaron hasta el pasillo donde el muchacho no perdió momento para besarlo. Yuri sintió la forma en que agarraba su trasero, indicando más o menos qué era lo que el chico pretendía, pero muy pocas veces Yuri cedía el control cuando de eso se trataba. Sin embargo, no se lo dijo en ese momento. Simplemente lo tomó del brazo y se lo llevó al baño, donde desfogarían allí todas sus ganas. Se dejó arrinconar contra la pared y empezó a buscar su condón, que cargaba en algunos de los bolsillos. Por suerte el chico supo que era lo que quería con sólo dirigirle una mirada y empezó a besar en descenso, alzándole la camisa para descubrir su abdomen desnudo y besar raspando a su paso con la ligera barba.

Quedaron de acuerdo sobre un par de cosas más en medio de susurros, donde Yuri le decía cómo lo quería: una buena mamada, luego quería meterlo hasta hacerlo saborear en su garganta. Al chico tras ver los atributos de Plisetsky no dudó en querer ver si eran valida su amenaza. Todo iba bien hasta que la puerta de aquel cubículo fue golpeada con fuerza y Minami apareció ignorándolo a ambos para dirigirse al lavado. Yuri mostró una mueca, lo miró impaciente mientras el japonés se tardaba más de lo necesario en desocupar el lugar.

—Lárgate de aquí, cerillo. —El acompañante pareció no importarle la presencia de un tercero, más bien lo animó más, así que ya estaba metiendo las manos para sacar el miembro de Yuri y empezar a chuparlo sin asegurarse estar a solas.

Y Minami se estaba tardando demasiado en hacerlo. Este terminó de secarse, sacando las servilletas con lentitud y secando sus dedos igual, con una mueca de enojo que estaba empezando a equipararse al de Yuri. Entonces ocurrió:

—¿Tu premio de consolación? —dijo Minami, mirando despectivamente al chico que estaba arrodillado frente a él y luego a él, antes de sonreír—. Hasta aquí llegó, Yuri Plisetsky.

No midió, ni siquiera podía recordar exactamente cómo comenzó. Cuando se dio cuenta ya estaba golpeando a Minami, estaba con Emil peligrosamente cerca tratando de detenerlo, y luego había sentido los brazos de Michelle jalándolo hacia atrás. Reaccionó cuando en medio de esa furia roja que lo cegaba pudo escuchar el nombre de Yuuri y la vista se aclaró, como si le hubieran quitado una venda. El ver el rostro de Yuuri golpeado por su mano había sido suficiente para desmantelarlo.

Tragó grueso… quería llorar. ¿Cuántas veces más lloraría en ese maldito día que no terminaba de acabar? Movió sus ojos en el piso de aquel baño, sin preocuparse si quiera por lo que podría haber pasado por su acompañante y notó los lentes de Yuuri en el suelo. Estaban ligeramente doblado y había una grieta en uno de los espejos. Se inclinó para recogerlos y miró hacia Yuuri, con vergüenza. No se atrevía a mirarle a los ojos después de lo ocurrido, no se sentía merecedor de su atención, aunque supiera que él no había iniciado la pelea. Había caído bajo a solo dejarse arrastrar al enojo y ponerse en peligro de una forma tan irresponsable, poniendo a su vez en conflicto a Yuuri y a Víctor.

Miró de nuevo los lentes en sus manos y apretando los labios, se acercó dos pasos para extenderlo sin dedicarle la mirada. Yuuri observó sus lentes en las manos de Yuri, y los tomó, apenas percatándose que le hacían falta. No hubo otro contacto más, Yuri permaneció con el rostro agachado mientras Yuuri observaba los daños en ese objeto, hasta que decidió ponérselo.

—Lo siento mucho… —susurró Yuri, verdaderamente arrepentido. La mirada de Yuuri se suavizó, pero, antes que nada, Minami arrancó con otro acto de impulsividad.

—¡No vengas a fingir que realmente lo sientes, Plisetsky!

—Minami, por favor… —Intentó controlar Yuuri.

—¡No después de que ya lo habías hecho! ¡No después de todas las veces que me empujaste y me insultaste en los pasillos también! —Yuuri no entendía los otros reclamos, le resultaba un misterio.

—¡Cállate pulga mal geniada! ¡No me estoy disculpando contigo!

—¡Ahora no vengas a poner tu cara de inocente, Plisetsky!

—¡Tu fuiste el que viniste a dañarme la follada que quería echar! —Yuuri pestañeó aturdido. Era demasiada información y ya se le estaba haciendo difícil el manejar a Minami.

—¡Basta los dos! ¡Acaso tengo que recibir otro golpe para que se calmen! —Ambos se callaron, mirándose con rabia mal contenida. Parecía que podrían volver a ensartarse golpes en la menor provocación—. Minami, no puedo creer que cayeras tan bajo como para molestar a Yura. —El japonés lo miró con irritación, frustrado de ser el único regañado—. Y Yura, por favor, eres mejor que esto. ¿Qué es eso de empujarlo e insultarlo en los pasillos? ¿Cuándo ocurrió?

Yuuri los miró a ambos tentativamente, esperando ser lo bastante convincente para hacerles ver sus propios errores. Pero ninguno quiso hablar. Cada uno por su lado bajó la mirada, negándose a aclarar lo que estaba ocurriendo. Yuuri pudo comprender que el asunto no era algo que ocurrió explosivamente esa noche, sino algo que se venía cocinando con el tiempo. La incapacidad de ambos de decir algo, solo ayudaba a confirmar que era mucho más allá de simplemente frustración por haber perdido u orgullo de haber ganado. Como si se tratara de una vieja deuda que debía ser cobrada.

Yuuri frunció su ceño, bastante incómodo con la situación que jamás midió. Sabía que él mismo tenía cosa que arreglar con Yuri y Víctor, cosas personales que nada tenía que ver con la competencia. Pero esto era otro nivel… Minami jamás le había hablado de aversión con respecto a Yuri más allá de decir que no le agradaba el peso que Yuuri sentía por Rusia, pero empezaba a comprender las palabras de Phichit. Las motivaciones del enojo de Minami en la tarde implicaban más que unas felicitaciones y si a eso unía las palabras de Mila en el baile, obtenía un panorama escabroso y oscuro para caminar.

—Yura. —Esta vez habló en ruso. Yuri sintió un escalofrío cuando la entonación de su nombre con ese extraño acento rodó por sus oídos, provocando miles de recuerdos—. ¿Es cierto lo que dice Minami? No fue esta vez que lo trataste así, porque estuve con él en todo tiempo. ¿A qué se está refiriendo?

—No hables en otro idioma estando conmigo, Yuuri. —Pero fue Minami quien respondió, ante el silencio de Yuri—. Sí es así entonces hablaremos japonés. —Yuuri lo miró, sorprendido e irritado por las actitudes que Minami estaba tomando mientras que Yuri lo escuchaba hablar en su lengua madre.

—Contigo hablaré después. Estoy enojado por esto. ¡Nada justifica esta actitud antideportiva!

—¿Y se justifica el tener que aguantarme por años? ¿Yo sí debo callarme y no hablar porque este maldito no es capaz de contenerse? ¿Yo tengo que hacerme responsable de su poca tolerancia?

—¡Tú debes ser inteligente y no dejarte llevar por las emociones!

—¡Mira quién lo dice! —Yuuri intentó hablar, pero no tuvo argumento antes eso—. ¡Sí lo hice! Porque era mi momento, después de las veces que dijo que serían incapaz de ganarle el oro y que a ti te diera igual el que lo hubiera logrado, ¡tenía que hacerlo!

—¿Esta es tu forma de celebrar, Minami? ¿Agarrándote a golpes en los baños de un pub?

—¡Al menos me defiendo y no recibo un golpe sin defenderme! —Yuuri lo miró atragantado, empezando a enojarse aún más con la referencia—. ¿Te sirvió acaso el quedarte callado y aguantar cuando todos te estaban atacando? ¿Sirvió de algo, Yuuri?

—Sí, no dejé de ser yo pese a eso. Y nunca me sacaron de un pub arrestado por violencia ni me sancionaron de la federación por mal comportamiento. Podrás considerarme un cobarde, Minami, pero lo que has hecho es una imprudencia que se acerca a estupidez.

—¡Yo no te considero cobarde!

—Sí ya te decepcioné, dímelo y dejo de entrenarte. —Minami se calló, con sus ojos bien abiertos y tomando tonalidades rojizas—. ¿Eso es lo que quieres? Entonces acabemos…

—¡No! —Las lágrimas recorriendo sus mejillas con rapidez. Yuuri no bajó la mirada, las observó con frialdad, aunque le afectara, aunque no existiera indiferencia. Pero no creía haber hecho nada de lo que tuviera que arrepentirse en ese momento—. ¡No es eso lo que quiero! ¡Lo único que quiero es que ellos no te afecten! ¡Se supone que hoy debías estar feliz! ¡Se supone que debías estar celebrando nuestro triunfo! Y no estuviste Yuuri, estuviste en otro lugar mientras estabas a mi lado, ¡pero no estuviste conmigo! ¡Y no fuiste feliz! ¡No te siento feliz!

Minami comenzó a secarse las lágrimas atorado, hipeando mientras intentaba encontrar espacio en el aire para hablar. Yuri observaba la escena sin entender nada del acelerado japonés que hablaban, pero sintiendo una inigualable identificación a partir de las emociones que fluían. Él llorando, Yuuri solo mirando…

Que frustrante…

Yuri bajó la mirada, incómodo de estar de testigo en algo que no sabía si quería involucrarse. No se sentía bien al ver que la relación de Yuuri y Minami no era tan perfecta como pensaba, por el contrario, se sentía tan identificado que le sabía todo a pura amargura. Minami seguía llorando y Yuuri se mantuvo inconmovible, al punto que solo extendió la mano con el pañuelo para secar algún par de lágrimas, pero su rostro no tenía señal de compasión, ni de pena. Solo observaba. E iba a decir algo, pero la puerta se abrió y Minami en un arranque para evitar que alguien lo viera llorar se pegó al costado de Yuuri. Quien había entrado era Víctor junto a Christofer.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Víctor al ver a Minami llorar pegado a Yuuri, Yuuri con clara expresión de impaciencia y Yuri incómodo y alejado. Nadie supo explicarle.

Todos siguieron las instrucciones de Víctor y Christofer al salir del baño. Se encargaron de darle una propina sustanciosa a la persona que les abrió la puerta trasera del local, y ya afuera los esperaba un Uber que iría directamente al estacionamiento del hotel. Mila y Georgi ya se habían adelantado, alertados por lo ocurrido por Víctor y estarían en el hotel para llevarlos y asegurarse de que nadie los siguiera por los pasillos. Georgi a su vez llamaría a discreción a un médico para que atendiera las heridas y Víctor había decidido alquilar por esa noche una suite amplia para que pudieran estar todos cómodos. Para Yuuri le pareció un aparatoso plan, pero lo siguió en silencio, demasiado irritado aún como para poder pensar en algo mejor.

—Considero que si todos van maquillados mañana quizás podamos despistar a la prensa. —Maquinaba Chris, notando la tensión en la camioneta mientras iban en camino—. ¿No hubo testigo de la pelea? ¿Solo Michelle y Emil? Ellos dudo que hablen.

—El tipo que se la iba a chupar y salió corriendo. —Soltó Minami, aun hipando, pero apegado contra la ventanilla. Víctor se pasó una mano en la frente.

—¿Tengo que ponerte un cinturón de castidad acaso? —Replicó Víctor y Yuri se hundió en el asiento.

—Bueno, debido a la saludable vida sexual de Plisetsky que mi amigo debería imitar, tendremos que pensar en una coartada. —Víctor miró con espanto a Chris tras escucharlo, y de inmediato dirigió la mirada al frente, donde en el asiento de copiloto estaba Yuuri. Había decidido sentarse a solas al frente porque no quería a nadie cerca y ciertamente nadie tampoco querría estarlo al notar la tensión con la que se encontraba. No tardó en transmitir todo eso a través del retrovisor. Hizo una mueca y se puso los audífonos. Christofer lo ignoró—. ¿Alguna idea?

Ninguna, el momento brilló por el silencio y ya estaba por acabar.

Al llegar al hotel, inmediatamente Mila los estaba esperando en el ascensor del estacionamiento, y los llevó a la suite. Ya dentro, Yuuri tomó primero asiento, sin importarle nada donde pudiera ocuparse el resto. Sentía que el dolor de cabeza lo iba a matar.

Georgi no tardó en llegar con el médico y él junto al resto se habían apresurado a tomar una de las habitaciones de la suite. Christofer decidió salir de momento de la habitación, antes que quedarse con Yuuri, y Mila salió avisando que buscaría su maquillaje para hacer pruebas para camuflar los golpes. Ya a solas, Yuuri se levantó del asiento y comenzó a dar vueltas en la sala, ansioso. Necesitaba patinar… necesitaba tener los patines puestos y una pista desocupada para calmarse. Necesitaba dar vueltas en el hielo, sentirse solo y comprendido allí y aterrizar sus emociones. Se pasó sus manos a la cara y suspiró, frotándose la piel con brusquedad sin importarle. La puerta abrió y Víctor salió con una compresa de hielo.

—Yuuri, por favor, ponte esto.

—¿Los dos están bien? —Arrugó su cara al sentir la caída del frío sobre la piel adolorida. Víctor no esperó ni pidió permiso, invadió su espacio como siempre y esa familiaridad dolía al mismo tiempo que le aliviaba.

—Están bien. Solo se golpearon en la cara, lo cual es bueno porque no hubo ninguna lesión importante que les impidiera patinar, pero malo porque es más difícil de ocultar. —Yuuri asintió y levantó los ojos para fijar su mirada en Víctor—. Lamento esto…

—No es tu culpa, Víctor…

—De todos modos… me hubiera gustado evitarte esto. —Yuuri bajó la mirada y quiso esconder la cara, pero Víctor no se lo permitió y tomó suavemente su mentón para levantarlo. Quería revisar el estado de su labio, pero Yuuri se echó para atrás y le tomó la compresa, para encargarse él mismo de ponerla en la zona de dolor.

Se sentía un poco como en el inicio.

—Déjame ver cómo está…

—Debería hacerlo el doctor.

—Pero Yuuri, estoy preocupado. Además, tus lentes, hay que buscarte un repuesto, yo puedo…

—En serio, Víctor, estoy bien. —Yuuri levantó la mirada para afirmarlo y Víctor tuvo que contener su respuesta—. Ya me encargaré de mis lentes luego… No… no hace falta hacer todo esto.

“No somos nada…”

Eso estaba implícito. Esa verdad que Víctor quería olvidar o quitar de en medio de ellos y que Yuuri se había encargado de recordarla de forma indirecta. Su preocupación, su esmero, su necesidad de estar cerca: nada de eso era necesario considerando que ambos eran solo el recuerdo de un pasado. Una persona que estuvo y ya no podía estar. Por eso era incómodo.

Eran ex… a Víctor jamás le había gustado ponerse esa etiqueta, pero claramente eso eran.

Hundió sus manos en el bolsillo, desairado. Yuuri lo notó y no pudo evitar sentirse un tanto cruel, solo que ya sin disfrutarlo.

—Agradezco que te preocupes… —Se le ocurrió decir. A Víctor eso le sonó pero que cualquier otra cosa, como una formalidad. ¿Cómo iba a dejar de hacerlo? ¿Cómo considerando quien era Yuuri para él?

Hubo silencio, y ambos se quedaron perdidos en esa distancia amorfa que existía a pesar de que solo había un par de pasos separándolos. Yuuri afirmó su mirada sobre el borde de sus zapatos y Víctor halló distracción en un florero olvidado en una esquina. Había tantas ansias de decir algo y tanta inseguridad sobre el qué, que se quedaron así. Yuuri no podía dejar de sentirse más asustado conforme pasaban los minutos, y Víctor no pudo evitar sentir cada vez más tristeza dentro de él.

Para fortuna de ellos, el doctor salió y eso sirvió de un mejor distractor. Les confirmó que ambos muchachos no tenían mayores daños y que solo había que comprar un par de cremas para la desinflamación, que incluso Yuuri podía usar de ellas. Víctor tomó la receta del médico y aprovechó la oportunidad para respirar, con la excusa de ir a comprarlas. Yuuri lo vio partir con la pena llenando sus ojos.

Volvió a sentarse en el mueble y solo escuchó a gente ir y venir. Víctor regresó al rato, acompañado de Leo a quien se consiguió en el camino. Por lo que dijo a Víctor, Minami le había escrito con una clara petición: que lo sacaran de allí. Necesitaba una excusa para irse y que nadie lo detuviera, y por sobre todas las cosas necesitaba estar lejos de Yuuri esa noche. Leo hablaba, Víctor no sabía por qué le comentaba todo eso, pero Leo lo consideró necesario porque realmente no sabía cómo manejarlo. Minami se leía muy mal, Yuuri siempre fue un misterio para él y la única respuesta que obtuvo de Phichit fue: tiene que aprender a conocerlo.

Al escuchar a Leo, fue fácil comenzar a armar el escenario: entender porque Minami lloraba, entender la dura mirada y enojo de Yuuri e incluso el rostro compungido de Yuri que guardó en silencio. Antes de la pelea Yuuri no se encontraba bien, en el pasillo lo había visto irritado, enojado, a punto de estallar. Todo esto había servido para que lo hiciera de la peor manera y Víctor conocía muy bien como Yuuri podía estallar de las formas más imprevisibles y dolorosas.

Víctor pensó que debería ver la forma de hablarle y calmarlo, pero su intención se vio trabada cuando al regresar lo vio caminar con prisa con el teléfono sobre su oreja y cerrando la puerta de una de las habitaciones que aún continuaba desocupada. Leo lo miró partir y apretó los labios. Víctor soltó un suspiró.

—Lo llamó Phichit. —Anunció el americano y Víctor asintió. Al menos conocía de sobra que Phichit era bueno para calmarlo—. ¿Debería llevarme a Minami? Quería primero hablar con Yuuri, pero…

—No, no te lo lleves. —Víctor suspiró y se pasó la mano sobre su cabeza—. Tengo que hablar con ambos.

—Esperaré aquí a ver en qué puedo ayudar.

Víctor asintió y sin esperar más, se dirigió a la habitación donde aún Georgi estaba, observando a los dos muchachos que se daban la espalda sentados en la misma cama. Georgi no había querido decir nada, apenas les había recordado las consecuencias que podrían tener, pero Yuri se había negado a hablar y Minami parecía ignorarlo. Georgi no se sentía con ánimos de establecer una pelea allí por lo que Víctor le pidió que los dejara solo con ellos.

Soltando el aire, esperó a que la puerta fuera cerrada para verlos a los dos. Lucían como dos adolescentes regañados, como dos niños peleados por un juguete. No podía dejar de verlos de esa forma, como niños, pero habían llevado las cosas a otro nivel.

—Necesito que me expliquen qué fue lo que ocurrió. —Inició, cruzándose de brazos, pero ninguno habló—. Espero entiendan las complicaciones que nos están provocando a todos. ¿Nadie va a hablar?

—No pienso hablar con ninguno de ustedes. —Soltó Minami, con la espalda reclinada al frente y sus codos apoyados en los muslos.

—Deberías hacerlo. —Intentó negociar Víctor, armándose de paciencia—. Gracias a esto que provocaron todos estamos aquí viendo cómo evitar implicaciones con la federación. Entiendo que no seamos de tu agrado, pero por favor, intenta colaborar.

—¿Dónde está Yuuri? —preguntó de nuevo, esta vez alzando un poco su rostro y mirando irritado a Víctor, con sus ojos enrojecidos y rasgados.

—Hablando con Phichit. —Lo escuchó bufar claramente de mal humor—. Deja que se calme, está bastante alterado con todo. —Minami se levantó con sus puños—. Sé que deben hablar, pero en este momento…

—Entonces me voy. —Yuri volteó para mirarlo, sorprendido por el temperamento que tenía. Ya se lo había demostrado de hecho, en todas las veces que pudo recordar que lo había atacado y en la fuerza con la que no se amilanó para devolverle el golpe en el baño. Víctor suspiró hondo y se puso en medio de la puerta para cortarle el paso. Los ojos de Minami se encendieron irritados con la mandíbula tensa.

Para Víctor no fue difícil recordar la primera vez que se topó con él, en su primera presentación como entrenador. La forma en que Yuuri le partió el corazón y Minami, sacando fuerzas del dolor, lo desafió en medio de la prensa. Yuuri era experto en romper expectativas y Minami expertos en sobreponerse a ello.

Eso claro, no significaba que la relación se pudiera llevar sin mayores contratiempos. Por el contrario, ese temperamento de Minami junto al de Yuuri debía crear explosiones cuando ambos estaban en su punto álgido.

—Minami —Volvió a dialogar—. No sé qué es lo que te ocurre con nosotros. No recuerdo haberte hecho nada, pero necesitamos solucionar esto. No puedo dejarte ir.

—No me lo hiciste a mí. —Los ojos de Minami no cedieron y Víctor sintió el golpe de la culpa en el estómago.

—¡Deja eso ya! —Por primera vez en horas, fue Yuri quien habló, dirigiendo la mirada irritada a Minami—. ¡No es tu puto problema lo que haya pasado entre ellos dos!

—¡Tampoco es el de ellos lo que pasa entre nosotros y aquí nos tienen! —Respondió alzando la voz. Víctor apretó la garganta.

—Bien, ya entendí. —Alzó el brazo para detener la perorata de ambos—. Tienes razón, Minami, no es nuestro problema así que no voy a intervenir. —Se relajó al escucharlo, ya preparándose para irse—. Por eso, tendrán que resolverlo ustedes.

—¿Eh? —La voz de ambos se escuchó justo cuando Víctor se dio la vuelta, abrió la puerta y la sostuvo firmemente les mostró la llave a ambos—. Estarán aquí hasta que puedan disculparse. Recuerda Minami que tienes una exhibición mañana, procura estar listo para ese momento.

Sin darles opción a réplica, cerró la puerta y puso la llave mientras sentía la manilla moverse y escuchaba la voz de Minami irritada alzando su voz. Christofer se acercó por detrás para ver como la puerta era pateada y luego se escuchaba un par de palabras que sonaban muy mal, aunque no entendieran nada considerando que era japonés. De Yuri sorpresivamente no escuchó mucho.

—¿Acabas de dejarlos encerrados? —comentó divertido, mientras Víctor se pasaba una mano por la nuca.

—Pueden pasar dos cosas: o se matan o se hablan y aclaran todo.

—O pueden coger hasta el amanecer para liberar adrenalina. —Victor le dirigió una mirada apreciativa—. Yuri podría cumplir su sueño de follarse a un japonés.

Por cómo iban las cosas, parecía ser Yuri el que terminaría follado.

Cuando Yuuri salió de la habitación, con evidentes muestras de haber llorado más, se encontró con casi todo el grupo en actitud pensativa mientras ideaban algún plan para escapar de las consecuencias. Phichit había sido muy duro, y entendía, estaba también irritado, no solo por cómo había terminado el asunto de Yuri y Minami, sino por todo lo que había estado hablando entre ambos con claras muestras de no poder entenderse. Cuando Yuuri le comentó de haberle soltado la posibilidad de dejarlo de entrenar, casi Phichit rompía algo desde su departamento. No recordaba haberlo escuchado tan molesto en mucho tiempo.

Phichit tenía razón en muchos puntos y después de la llamada Yuuri se permitió analizarlo: Primero, el hecho de haberle tolerado en el pasado los malos tratos de Yuri al inicio de su relación, no implicaba que el resto debía hacerlo. Cada uno tenía puntos de tolerancia y la personalidad de Minami era así, no era el chico que se iba a dejar pisotear por nadie, precisamente por eso había llegado a donde estaba. No podía pedirle que tomara las cosas como él siendo tan diferentes.

Segundo, Yuri podría ser un verdadero infierno cuando se lo proponía y muchas veces actuaba sin pensar, estando en confianza o no. Le hizo recordar su primer encuentro en Sochi. Puede que Yuuri no lo hubiera tomado como tal por la diferencia de edad (Yuuri consideraba una estupidez tomar tan en serio las palabras de un chico casi 10 años menor que él), pero Minami y él eran contemporáneos.

Tercero, debía ahondar sobre qué fue lo que ocurrió con Minami y Yuri en el pasado. En ese punto, Yuuri se sorprendió al escuchar de la voz de Phichit que Yuri estuvo intentando apartarlo de él en aquellos años, y que él no se lo permitió, pero si había escuchado que hacía lo mismo con el resto. Considerando que Minami siempre lo buscaba tras competencia, no era descabellado pensar que pudo ocurrir igual.

—Yo no me dejé, pero sí sentí su irritación cada vez que me acercaba. Por supuesto, que me importó muy poco. ¡Yo tengo antigüedad, señor tigrito! —Eso le había dicho, provocando al menos una ligera sonrisa tras todo lo que había pasado con el encuentro de Chris.

Y al respecto, Phichit se mostró callado y un tanto irritado por la intervención de Chris en un asunto que nada tenía que ver. Si Víctor y Yuuri querían reconciliarse era su problema, si querían tener accesos de pasión cada vez que se veían era su problema. Ninguno podía intervenir, Phichit no pensaba hacerlo más que en lo que el mismo Yuuri se lo permitiera. El que Chris hiciera ese comentario era fuera de lugar y hasta ridículo. Y eso se lo hizo saber, sin embargo…

—Vas a tener que acostumbrarse a que la gente diga lo que cree, más si no quieres explicar nada. Si te vas a irritar por cada vez que la gente diga o te vea como el malo de la película entonces te la pasarás amargado. ¿Desde cuándo te importa lo que un tercero pueda pensar de ti? Dijiste que querías que Rusia te odiara por robarte a Víctor, eso pasó. Obvio si dejabas a Víctor te iban a odiar más. —Y eso lo llevaba a pensar en la copa Rostelecom y lo que le esperaba.

Pensó que la Skate America iba a ser bastante más llevadero, de hecho, hasta el momento lo había sido, y ahora todo estaba arruinado. ¿En la Copa Rostelecom entonces qué le esperaba?

Ya afuera, miró los rostros de todos: Mila y Georgi sentados cerca y mostrando caras atribuladas, Leo mirando a cada uno de ellos como si esperara algo. Christofer al otro lado de la pared, jugando con su móvil. Víctor el único que daba vueltas en la sala y que al verlo salir se acercó de nuevo preocupado mirándole el rostro.

—No me gusta para nada la marca que tienes allí. —Yuuri encogió sus hombros, restándole importancia. La presencia de Víctor ahora se sentía como un imán que lo atraía. Se descubrió con verdaderos deseos, muy sinceros, de dejarse llevar y pegar su frente contra su pecho a sabiendas de que recibiría un abrazo.

Ya estaba demasiado agotado: emocional y mentalmente estaba ya en su límite. Yuuri ya no tenía barreras, ni fuerzas para levantarlas, así que si Víctor se acercaba para abrazarlo no opondría resistencia alguna. Pero en ese momento era Víctor quien procuraba mantener distancia tras la respuesta que había recibido de Yuuri una hora atrás. Y eso entendió cuando pudo captar el intento de una caricia que Víctor reprimió antes de que llegara a ser tal en su pómulo.

Se conformó abrazándose solo.

—¿Dónde está Minami?

—Lo dejé encerrado en la habitación con Yuri. No saldrán hasta que arreglen sus asuntos. —Yuuri levantó la mirada preocupada y Víctor se permitió al menos posar una mano en su hombro, como apoyo, diciéndole en silencio que no tendría de qué preocuparse. Que confiara en ellos.

Pero hacerlo fue como si hubiera encendido una diminuta llama, escuálida y brillante en medio de una noche de lluvia y viento. Eran los ojos de Yuuri, era el pequeñísimo brillo con el que levantó su mirada y que Víctor pudo reconocer. Sintió el ligero escalofrío a través de su hombro, leyó la silenciosa necesidad en esos ojos y de inmediato su garganta se secó.

Los ojos de Víctor brillaron en respuesta. El deseo de hacer eso que Yuuri le estaba pidiendo estaba por abrirle los costados. Quería hacerlo, quería abrirse de brazos, quería que Yuuri se refugiara allí y quería olvidarse de decir palabra alguna. Quería que Yuuri cediera también, quería…

—¿Entonces…? —La voz de Christofer interrumpió el hilo de su pensamiento. Yuuri volvió a bajar la mirada y Víctor apartó la mano, atragantado—. ¿Qué vamos a hacer? Si no tienen ideas entonces me iré a dormir, en verdad estoy agotado.

—¿Qué hablaban? —preguntó Yuuri, ignorando deliberadamente a Christofer.

—Sobre qué coartada usar. —Soltó Víctor en un suspiro—. Parece que hubo un testigo externo así que…

—Escuché eso. —Apretó su labio, pensando en alguna idea—. Son dos golpeados.

—Tres contigo… Debemos crearnos algo convincente.

—Lo que sucede —Intervino Mila, con rostro preocupado—, es que, si esa persona llega a mencionar algo en la prensa y sale a la luz, la federación nos llamará. Podríamos maquillar los golpes lo más que se pueda, pero si hay un testigo debemos caer antes.

—Debemos darle algo a la prensa que sea lo suficientemente convincente también para la federación. Una versión oficial. —Aclaró Georgi. Víctor soltó el aire y volvió la mirada a Yuuri, quien había fruncido el ceño.

—Me emborraché. —Soltó Yuuri de repente, y todos le dirigieron la mirada—. Estaba muy feliz de ver de nuevo a Víctor y a Yura y me emborraché. Minami y Yura me ayudaban a caminar para el hotel, pero yo estaba demasiado mareado y me desvié del camino, así que terminé cayendo de las escaleras de una estación del metro con ellos dos. —Víctor miró incrédulo la descabellada explicación—. Gracias a Phichit desde hace años es de dominio público mi problema con el alcohol. Podría funcionar. —Finalmente levantó la mirada hacia Victor.

—¿Te piensas echar la culpa?

—No sería muy lejano a la realidad. —Encogió sus hombros.

—Pero una caída por las escaleras del metro tendría más consecuencias que unos golpes en la cara. Además, que un golpe en la cara hubiera sido mucho más problemático si hubiera ocurrido así. —Analizó Georgi, no muy convencido.

—¡Oh, a mí me encanta! —Soltó Chris con una sonrisa ladina—. ¡Imagina la prensa rusa cuando tenga eso en sus manos! —Victor lo miró con clara desaprobación mientras Yuuri se mantenía firme, con sus hombros endurecidos y la mandíbula trabada.

—De todos modos, lo harán para cuando pise Rusia.

—¡Definitivamente no! —Bramó Víctor, negándose en todo sentido a tirar a Yuuri la carga de las decisiones de los dos estudiantes y mucho menos exponerlo de forma tan absurda a la prensa—. ¡No estoy de acuerdo y no se va a hacer así! ¡Debe haber otra forma!

—¡Le estás robando el momento protagónico a Yuuri, Victor! —Respondió Christofer, claramente ya hastiado de todo el asunto—. Déjalo que vuelva a ponerse como carne al carbón, parece gustarle.

—¡Oh por Dios, calla Chris! —Esta vez fue Mila la que gritó, mirando al suizo de muy mala manera—. ¿Qué sabes tú de lo que pasó en Rusia? ¡Estabas viviendo tu eterna luna de miel con tu marido!

—¡Ya basta todos, no estamos ayudando en nada! —Fue Georgi quien levantó la voz, tratando de calmar los aires. El rostro de Víctor ya estaba mostrando signos de enojo.

—Se me ocurrió algo…

En medio de la exaltación del resto, la voz de Leo se alzó casi tímida, mirando a todos los presentes. Víctor se dio la vuelta y se alejó, necesitaba espacio para respirar o terminaría en muy malos términos con su amigo. Leo se levantó con las manos en los bolsillos de su pantalón y decidió expresar su idea.

—Un asalto. Saliendo del local fueron asaltados camino al hotel. —Ante el silencio del resto, se animó a extender su idea—. La seguridad en USA no es precisamente la mejor, además que eso justificaría los golpes. Yuri intentó defenderse, al empezar a ser golpeados los demás se interpusieron.

—Eso podría funcionar… —comentó Georgi, dejándose caer de nuevo en el mueble.

—Pero tendrán que interponer una denuncia, mencionar algunos objetos robados, etc.… —Se encogió de hombros—. Eso es lo que tendrá la federación y la versión oficial de la prensa. Si el testigo llega a hablar de eso quedará como solo un rumor, igual dudo que tenga pruebas.

—Me parece razonable. —Aceptó Chris, mirando a un lado—. Se debe pensar muy bien en la cantidad de asaltantes para poder robarle a cuatro hombres y golpearlos.

—Pudo ser una pandilla que esperaban la salida de los patinadores tras recibir información de que estábamos celebrando en el pub. Ocho o doce muchachos.

—Bien. —Con un movimiento rápido, Víctor volteó, agarró la mano de Yuuri y prácticamente lo jaló para dirigirse a la puerta. Yuuri le miró sorprendido y sonrojado, sin saber exactamente cómo actuar hasta que decidió simplemente detenerse y hacer fuerza para zafarse. Víctor no lo dejó, le sujetaba fuertemente mientras abría la puerta e ignoraba a Chris, sin girar a mirarlo.

—¿¡Victor, a donde vamos!?

—A la estación de policía. Leo, ven con nosotros.

—Yo creo que lo mejor es que llamen a la policía para que venga acá. Querrán recoger los testimonios de los cuatro y cuantificar el daño. Además, mientras más llame la atención esto, menos repercusiones tendría un rumor de una persona desconocida. —Leo miró hacia donde las manos permanecían tomadas. Fue un ligero impulso lo que le empujó decir eso—: Hago la llamada y esperen aquí. El resto creo que ya deberíamos irnos.

A nadie le quedaba duda de que era el mejor momento para partir. Víctor estaba enojado, y contenía aquella furia dentro de él, al mismo tiempo que apretaba la mano de Yuuri con apremio sin intenciones de soltarla. Incluso, solo se movió para apartarse de la puerta y mirar a otro lado, esperando que todos se fueran tal como Leo había sugerido. Todos menos Yuuri, claramente.

Hasta aquí había llegado la paciencia de Nikiforov.

Mila y Georgi fueron los primeros en hacerlo. Se acercaron a ambos, Yuuri sumamente incómodo recibió el abrazo de Mila y la palmada de Georgi, pero cuando ambos se acercaron a Víctor se limitaron a justificarse diciendo que al día siguiente era su exhibición. Víctor solo asintió en respuesta, y los vio partir sin decirles una sola palabra. Christofer comprendió muy bien hacia dónde se dirigía el enojo de Víctor cuando no hubo ninguna mirada de vuelta, y en silencio se fue, sin despedirse tampoco de Yuuri. Leo solo dijo que llamaría desde afuera, así que cuando salió Víctor prácticamente azotó la puerta dejando a Yuuri perplejo.

—Victor…

El aludido solo volteó, soltando su mano para agarrarlo con todas sus fuerzas y abrazarlo como él mismo lo necesitaba. Yuuri abrió los ojos sorprendido ante el impulso, lo estaba apretando con tanta necesidad que incluso estaba obligándolo a ponerse de puntas. El rostro de Víctor estaba apoyándose contra su hombro y no le dio espacio para nada, no había siquiera para responder el abrazo porque sus brazos quedaron aprisionados entre sus cuerpos.

Había que hacer una recapitulación de los hechos.

Por parte de Víctor, podía recordar cuando vio a Yuuri dirigirse a la barra y a Mila salir de la pista, esbozando una sonrisa conforme se acercaba. Cuando llegó a él lo rodeó hasta colgar sus brazos a los hombros y abrazarlo desde la espalda, hecho que él no dejó de aceptar. Le tomó una mano con cariño impreso y ella dejó un beso sobre su mejilla. La confianza que había sido profundizada con esos meses estaba allí, evidente.

—Estoy celoso. —Admitió sin pena y le provocó una sonrisa. Mila le miró de reojo, divertida con aquella confesión.

—Te diré algo para que lo estés más: Todo lo que está bajo esa ropa sigue durito. —Irremediablemente le dibujó un puchero y ella rio.

Mila soltó a Víctor y se sentó a su lado, notando la ausencia de Yuri, pero imaginando que se había animado a buscar su propia fiesta. Para ninguno de los dos era sorpresa el cómo Víctor miraba a Yuuri, el cómo lo deseaba y que aún había sentimientos allí pese a no haberlo hablado directamente. También lo comprendían.

—Deberías ir y hablar con él. ¡Ármate de valor! —Animó, apoyando su mejilla sobre el dorso de su mano. Georgi asintió a la invitación.

—Creo que necesita es entender que le echamos de menos. —Víctor no estaba seguro de encontrar al mismo Yuuri, pero le gustaría que fuera así. Que todo fuera igual. Sin embargo, el ver que con Mila y Georgi se había comportado cordialmente y recordando el encuentro previo en el estadio, quizás podría esperar algo parecido.

No, no iba a ser como antes, por supuesto no podía esperarlo. No podía esperar que tras casi tres años simplemente se vieran, se abrazaran, y se besaran hasta hacerse el amor con la boca y sobre sus ropas puestas. No podía esperar que los ojos de Yuuri lo mirara con deseo, con necesidad, con pasión, pero si había notado amor y eso era mucho más de lo que había esperado antes. Comenzó a llenarse de esperanzas, a saborear la idea de acercarse y buscarlo imaginando lo mejor.

—Habla como si fueran buenos amigos encontrados en el camino. —Le recomendó Georgi, bebiendo de su trago—. Felicítalo por lo de hoy, invítalo a comer. Todavía hay chance de al menos tener un desayuno o una cena. Pregúntale sobre su vida, sus planes…

—Parece ser un buen plan. —Admitió y Mila asintió respaldándolo.

—Lo es. Deberías hacerme caso. Tener tantas ex te dejan ciertas enseñanzas. —Rieron animados y Víctor miró cuando Yuuri volvía, pero en vez de dirigirse a la pista parecía ir con prisa en dirección al pasillo.

—Es tu momento. —Empujó Mila, mientras recibía una palmada en la espalda por parte de Georgi. Miró de nuevo hacía donde Yuuri caminaba y tomó la decisión, levantándose sin importarle que Christofer ya debió haber regresado con las bebidas.

Cuando lo hizo, no esperó que apenas tuviera algunos minutos con Yuuri antes de que aquella algarabía apareciera, y que al entrar al baño (no cediendo a la pasión como hubiera resultado mejor para él), sería para ver a sus dos estudiantes peleando, siendo apartados por otro competidor y el puño de Plisetsky estrellándose en su cara.

—¡Yuuri! —Gritó cuando se hizo silencio, porque todos quedaron pasmados al ver las implicaciones de lo que estaba ocurriendo. El aludido levantó su rostro y la marca de los nudillos de Yuri ya estaban formándose en su piel, mientras que los labios se llenaban de rojo.

Yuri se había quedado estático tras el golpe. Retrocedió incluso como si se hubiera quedado sin fuerzas. Y en ese momento de confusión el grito de Minami, lleno de pura ira, golpeó los oídos de Víctor con una información que jamás consideró posible.

—¡Volviste a golpear a Yuuri, maldito! —Minami se hubiera zafado, pero el brazo que aún lo sujetaba le coartó la libertad de moverse. Sin embargo, para Víctor nada era más relevante que esa revelación.

—¿Volvió…?

—¡Lo hiciste de nuevo! —Repitió Minami, sin siquiera percatarse a quién le estaba respondiendo. Los ojos de Kenjirou estaban fijos en Plisetsky y los veía con tanta ira acumulada que parecía echar fuego—. ¡Lo hiciste como en los cuatro continentes!

—¡Basta los dos! —Fue la voz de Yuuri la que se impuso, mirando primero a Minami antes de girar sus ojos a Yuri. Este se replegó, tomando su mano agresora contra su pecho como si quisiera esconderla—. ¿Ya están satisfechos…? ¿Saben que esto puede ameritar una sanción por parte de la federación? —Ambos jóvenes hicieron silencio. Michelle al ver que ya no había que retener a Yuri, se mantuvo a distancia.

Víctor se llevó las manos en la cabeza. Las implicaciones con la federación serían imposibles de contener si esto salía a la luz. La prensa haría festín con la noticia: los dos estudiantes de la ex pareja de oro en el patinaje sobre hielo se agarran a golpe en un pub de Chicago luego de la competencia. No quería imaginar siquiera cómo sería eso en las redes sociales.

Yuuri fue el primero en reaccionar, jalando a Minami con fuerza para sacarlo de aquel sitio. Víctor lo retuvo antes de cruzar la puerta.

—Espera Yuuri. —No lo agarró, solo le extendió el brazo para cortarle el paso—. No sería buena idea si salimos por el frente del local, puede haber periodistas. —Se pasó una mano sobre la frente, más angustiado que enojado con lo sucedido. Sin embargo, sólo sirvió el mirar el rostro que Yuuri levantó y notar las secuelas del golpe para sentir que una bola de fuego se instalaba en su estómago—. Yuuri… tu boca.

—No importa. —Se relamió su labio partido, pero no miró hacia atrás, donde Yuri estaba en silencio—. ¿Qué recomiendas?

—Pedir un taxi y entrar al hotel por la parte trasera. —Consideró rápido, tratando de medir las consecuencias de cada paso que tendrían que dar—. Tienes que verte el golpe también… —Miró de reojo a ambos alumnos—. Y ambos tienen que explicarnos qué es lo que estuvieron haciendo.

—¡No quiero irme en el mismo lugar donde van ellos…! —Soltó Minami, irritado con la idea de tener que compartir más espacio con Yuri Plisetsky, más si estaba Víctor Nikiforov allí, pero tuvo que callar cuando Yuuri le devolvió la mirada. Los ojos oscurecidos de su entrenador y su expresión que no daba lugar a réplica sirvieron para que mordiera sus labios.

—Tendrás que hacerlo. —Minami entrecerró sus ojos mientras miraba la ira calma de Yuuri—. ¿Cómo saldremos de aquí?

—Llamaré a Chris para que me ayude con esto. —Fue lo primero que se le ocurrió mientras Yuuri ponía mala cara.

—Lo prefiero al margen de esto.

—No es momento para eso, Yuuri. —Antes de salir del baño, se acercó y sacó del bolsillo trasero un pañuelo celeste, con el bordado de su nombre. Yuuri supo reconocerlo casi al instante, provocándole otra vez ese discordante cóctel de emociones que se mezclaban en su garganta. Lo dejó en su mano y Yuuri sintió de nuevo el nudo—. Ya regreso.

Cuando Víctor partió del baño, los cuatros involucrados más Emil que estaba viendo todo de afuera se quedaron en silencio. Minami había intentado zafarse del agarre, dispuesto a irse él solo al hotel más Yuuri no lo dejó. Solo apretó el pañuelo en su mano y se lo llevó a su labio, donde dolía la herida. Por otro lado, Michelle decidió que ya no quería estar en eso, así que se movió tras chasquear la lengua antes de que Emil le cortara el paso.

—Creo que deberíamos ayudarlos. —Michelle inmediatamente se negó, pero Emil insistió agarrándole el brazo.

—Deberían estar conforme por no golpear a ambos por molestarte. Vámonos de aquí.

Al alejarse ellos, quedaron solo los tres en el baño. Yuuri se permitió respirar un poco más antes de dejarse caer de espalda sobre el lavado, apoyándose de su cadera. Pasó de nuevo el pañuelo por la zona donde aún sangraba, y luego levantó la vista para cuantificar los daños en Minami. Tenía la nariz roja y sangrante, el labio ligeramente partido y dos golpes en su pómulo izquierdo. No lucía nada bien y a pesar de dolerle verlo así, más era el enojo por haber cedido a esa conducta antideportiva que otra cosa. Y lo demostró al emitirle una mirada decepcionada, que para su sorpresa Minami le respondió con una equivalente: aunque con más frustración en la carga emotiva que transmitía.

Pero para Yuri era peor… La culpa de haber golpeado a Yuuri en el proceso y sin querer era demasiado pesada para cargarla. La recriminación en los ojos de todos y la sensación de haberlo arruinado acrecentaba y a eso se unió el miedo mortal a una sanción que definitivamente quebraría su relación con la FFKK. ISU quizás podría sancionarlo para no terminar la serie de Grand Prix, pero sí poder participar en las siguientes competiciones del año siguiente, pero la FFKK con lo rigurosa que era seguramente no solo le quitaría todo beneficio económico, sino que no le permitiría acabar con su temporada. Y ya serían dos temporadas que no podría acabar… la muerte de él como patinador.

Las manos le temblaban ante esa posibilidad. Ni siquiera el par de golpe que tenía bajo su pómulo dolían más que los nudillos que golpearon a Yuuri y el temor de quedar de nuevo huérfano, pero ahora deportivamente. Cuando se alejó de Víctor, no era ese su plan. Todo lo que pretendía era un respiro. Ver a Yuuri bailando animadamente con Mila y saber que no podría acercarse así, le habían provocado tanta ansiedad que todo lo que quiso fue simplemente hallar el descanso en lo más rápido y placentero: sexo.

Para él no era difícil conseguir parejas para un momento de pasión, Yuri era demasiado atractivo y solía llamar las miradas de hombres o mujeres por igual. Durante un tiempo había tenido que soportar muchas miradas de viejos verdes, pero con la altura y contextura ganada, ahora se daba el lujo de escoger a quien cazar y obtenerlo sin problema. Por eso había rodeado la pista y había buscado a alguien. Esta vez no se le había antojado una mujer, sino un hombre. Preferiblemente de cabello oscuro, tenía esa predilección.

No halló a nadie de cabello oscuro ni de rasgos excéntrico, pero si a un americano que no tardó en devolverle el cambio de luces a través de la mirada. Consideró que no importaba, que valdría solo con una felación para sentirse satisfecho y la perspectiva de tener sometido al chico rubio con ojos claros se le hizo tentadora.

Tras haber compartido las miradas, se apartaron hasta el pasillo donde el muchacho no perdió momento para besarlo. Yuri sintió la forma en que agarraba su trasero, indicando más o menos qué era lo que el chico pretendía, pero muy pocas veces Yuri cedía el control cuando de eso se trataba. Sin embargo, no se lo dijo en ese momento. Simplemente lo tomó del brazo y se lo llevó al baño, donde desfogarían allí todas sus ganas. Se dejó arrinconar contra la pared y empezó a buscar su condón, que cargaba en algunos de los bolsillos. Por suerte el chico supo que era lo que quería con sólo dirigirle una mirada y empezó a besar en descenso, alzándole la camisa para descubrir su abdomen desnudo y besar raspando a su paso con la ligera barba.

Quedaron de acuerdo sobre un par de cosas más en medio de susurros, donde Yuri le decía cómo lo quería: una buena mamada, luego quería meterlo hasta hacerlo saborear en su garganta. Al chico tras ver los atributos de Plisetsky no dudó en querer ver si eran valida su amenaza. Todo iba bien hasta que la puerta de aquel cubículo fue golpeada con fuerza y Minami apareció ignorándolo a ambos para dirigirse al lavado. Yuri mostró una mueca, lo miró impaciente mientras el japonés se tardaba más de lo necesario en desocupar el lugar.

—Lárgate de aquí, cerillo. —El acompañante pareció no importarle la presencia de un tercero, más bien lo animó más, así que ya estaba metiendo las manos para sacar el miembro de Yuri y empezar a chuparlo sin asegurarse estar a solas.

Y Minami se estaba tardando demasiado en hacerlo. Este terminó de secarse, sacando las servilletas con lentitud y secando sus dedos igual, con una mueca de enojo que estaba empezando a equipararse al de Yuri. Entonces ocurrió:

—¿Tu premio de consolación? —dijo Minami, mirando despectivamente al chico que estaba arrodillado frente a él y luego a él, antes de sonreír—. Hasta aquí llegó, Yuri Plisetsky.

No midió, ni siquiera podía recordar exactamente cómo comenzó. Cuando se dio cuenta ya estaba golpeando a Minami, estaba con Emil peligrosamente cerca tratando de detenerlo, y luego había sentido los brazos de Michelle jalándolo hacia atrás. Reaccionó cuando en medio de esa furia roja que lo cegaba pudo escuchar el nombre de Yuuri y la vista se aclaró, como si le hubieran quitado una venda. El ver el rostro de Yuuri golpeado por su mano había sido suficiente para desmantelarlo.

Tragó grueso… quería llorar. ¿Cuántas veces más lloraría en ese maldito día que no terminaba de acabar? Movió sus ojos en el piso de aquel baño, sin preocuparse si quiera por lo que podría haber pasado por su acompañante y notó los lentes de Yuuri en el suelo. Estaban ligeramente doblado y había una grieta en uno de los espejos. Se inclinó para recogerlos y miró hacia Yuuri, con vergüenza. No se atrevía a mirarle a los ojos después de lo ocurrido, no se sentía merecedor de su atención, aunque supiera que él no había iniciado la pelea. Había caído bajo a solo dejarse arrastrar al enojo y ponerse en peligro de una forma tan irresponsable, poniendo a su vez en conflicto a Yuuri y a Víctor.

Miró de nuevo los lentes en sus manos y apretando los labios, se acercó dos pasos para extenderlo sin dedicarle la mirada. Yuuri observó sus lentes en las manos de Yuri, y los tomó, apenas percatándose que le hacían falta. No hubo otro contacto más, Yuri permaneció con el rostro agachado mientras Yuuri observaba los daños en ese objeto, hasta que decidió ponérselo.

—Lo siento mucho… —susurró Yuri, verdaderamente arrepentido. La mirada de Yuuri se suavizó, pero, antes que nada, Minami arrancó con otro acto de impulsividad.

—¡No vengas a fingir que realmente lo sientes, Plisetsky!

—Minami, por favor… —Intentó controlar Yuuri.

—¡No después de que ya lo habías hecho! ¡No después de todas las veces que me empujaste y me insultaste en los pasillos también! —Yuuri no entendía los otros reclamos, le resultaba un misterio.

—¡Cállate pulga mal geniada! ¡No me estoy disculpando contigo!

—¡Ahora no vengas a poner tu cara de inocente, Plisetsky!

—¡Tu fuiste el que viniste a dañarme la follada que quería echar! —Yuuri pestañeó aturdido. Era demasiada información y ya se le estaba haciendo difícil el manejar a Minami.

—¡Basta los dos! ¡Acaso tengo que recibir otro golpe para que se calmen! —Ambos se callaron, mirándose con rabia mal contenida. Parecía que podrían volver a ensartarse golpes en la menor provocación—. Minami, no puedo creer que cayeras tan bajo como para molestar a Yura. —El japonés lo miró con irritación, frustrado de ser el único regañado—. Y Yura, por favor, eres mejor que esto. ¿Qué es eso de empujarlo e insultarlo en los pasillos? ¿Cuándo ocurrió?

Yuuri los miró a ambos tentativamente, esperando ser lo bastante convincente para hacerles ver sus propios errores. Pero ninguno quiso hablar. Cada uno por su lado bajó la mirada, negándose a aclarar lo que estaba ocurriendo. Yuuri pudo comprender que el asunto no era algo que ocurrió explosivamente esa noche, sino algo que se venía cocinando con el tiempo. La incapacidad de ambos de decir algo, solo ayudaba a confirmar que era mucho más allá de simplemente frustración por haber perdido u orgullo de haber ganado. Como si se tratara de una vieja deuda que debía ser cobrada.

Yuuri frunció su ceño, bastante incómodo con la situación que jamás midió. Sabía que él mismo tenía cosa que arreglar con Yuri y Víctor, cosas personales que nada tenía que ver con la competencia. Pero esto era otro nivel… Minami jamás le había hablado de aversión con respecto a Yuri más allá de decir que no le agradaba el peso que Yuuri sentía por Rusia, pero empezaba a comprender las palabras de Phichit. Las motivaciones del enojo de Minami en la tarde implicaban más que unas felicitaciones y si a eso unía las palabras de Mila en el baile, obtenía un panorama escabroso y oscuro para caminar.

—Yura. —Esta vez habló en ruso. Yuri sintió un escalofrío cuando la entonación de su nombre con ese extraño acento rodó por sus oídos, provocando miles de recuerdos—. ¿Es cierto lo que dice Minami? No fue esta vez que lo trataste así, porque estuve con él en todo tiempo. ¿A qué se está refiriendo?

—No hables en otro idioma estando conmigo, Yuuri. —Pero fue Minami quien respondió, ante el silencio de Yuri—. Sí es así entonces hablaremos japonés. —Yuuri lo miró, sorprendido e irritado por las actitudes que Minami estaba tomando mientras que Yuri lo escuchaba hablar en su lengua madre.

—Contigo hablaré después. Estoy enojado por esto. ¡Nada justifica esta actitud antideportiva!

—¿Y se justifica el tener que aguantarme por años? ¿Yo sí debo callarme y no hablar porque este maldito no es capaz de contenerse? ¿Yo tengo que hacerme responsable de su poca tolerancia?

—¡Tú debes ser inteligente y no dejarte llevar por las emociones!

—¡Mira quién lo dice! —Yuuri intentó hablar, pero no tuvo argumento antes eso—. ¡Sí lo hice! Porque era mi momento, después de las veces que dijo que serían incapaz de ganarle el oro y que a ti te diera igual el que lo hubiera logrado, ¡tenía que hacerlo!

—¿Esta es tu forma de celebrar, Minami? ¿Agarrándote a golpes en los baños de un pub?

—¡Al menos me defiendo y no recibo un golpe sin defenderme! —Yuuri lo miró atragantado, empezando a enojarse aún más con la referencia—. ¿Te sirvió acaso el quedarte callado y aguantar cuando todos te estaban atacando? ¿Sirvió de algo, Yuuri?

—Sí, no dejé de ser yo pese a eso. Y nunca me sacaron de un pub arrestado por violencia ni me sancionaron de la federación por mal comportamiento. Podrás considerarme un cobarde, Minami, pero lo que has hecho es una imprudencia que se acerca a estupidez.

—¡Yo no te considero cobarde!

—Sí ya te decepcioné, dímelo y dejo de entrenarte. —Minami se calló, con sus ojos bien abiertos y tomando tonalidades rojizas—. ¿Eso es lo que quieres? Entonces acabemos…

—¡No! —Las lágrimas recorriendo sus mejillas con rapidez. Yuuri no bajó la mirada, las observó con frialdad, aunque le afectara, aunque no existiera indiferencia. Pero no creía haber hecho nada de lo que tuviera que arrepentirse en ese momento—. ¡No es eso lo que quiero! ¡Lo único que quiero es que ellos no te afecten! ¡Se supone que hoy debías estar feliz! ¡Se supone que debías estar celebrando nuestro triunfo! Y no estuviste Yuuri, estuviste en otro lugar mientras estabas a mi lado, ¡pero no estuviste conmigo! ¡Y no fuiste feliz! ¡No te siento feliz!

Minami comenzó a secarse las lágrimas atorado, hipeando mientras intentaba encontrar espacio en el aire para hablar. Yuri observaba la escena sin entender nada del acelerado japonés que hablaban, pero sintiendo una inigualable identificación a partir de las emociones que fluían. Él llorando, Yuuri solo mirando…

Que frustrante…

Yuri bajó la mirada, incómodo de estar de testigo en algo que no sabía si quería involucrarse. No se sentía bien al ver que la relación de Yuuri y Minami no era tan perfecta como pensaba, por el contrario, se sentía tan identificado que le sabía todo a pura amargura. Minami seguía llorando y Yuuri se mantuvo inconmovible, al punto que solo extendió la mano con el pañuelo para secar algún par de lágrimas, pero su rostro no tenía señal de compasión, ni de pena. Solo observaba. E iba a decir algo, pero la puerta se abrió y Minami en un arranque para evitar que alguien lo viera llorar se pegó al costado de Yuuri. Quien había entrado era Víctor junto a Christofer.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Víctor al ver a Minami llorar pegado a Yuuri, Yuuri con clara expresión de impaciencia y Yuri incómodo y alejado. Nadie supo explicarle.

Todos siguieron las instrucciones de Víctor y Christofer al salir del baño. Se encargaron de darle una propina sustanciosa a la persona que les abrió la puerta trasera del local, y ya afuera los esperaba un Uber que iría directamente al estacionamiento del hotel. Mila y Georgi ya se habían adelantado, alertados por lo ocurrido por Víctor y estarían en el hotel para llevarlos y asegurarse de que nadie los siguiera por los pasillos. Georgi a su vez llamaría a discreción a un médico para que atendiera las heridas y Víctor había decidido alquilar por esa noche una suite amplia para que pudieran estar todos cómodos. Para Yuuri le pareció un aparatoso plan, pero lo siguió en silencio, demasiado irritado aún como para poder pensar en algo mejor.

—Considero que si todos van maquillados mañana quizás podamos despistar a la prensa. —Maquinaba Chris, notando la tensión en la camioneta mientras iban en camino—. ¿No hubo testigo de la pelea? ¿Solo Michelle y Emil? Ellos dudo que hablen.

—El tipo que se la iba a chupar y salió corriendo. —Soltó Minami, aun hipando, pero apegado contra la ventanilla. Víctor se pasó una mano en la frente.

—¿Tengo que ponerte un cinturón de castidad acaso? —Replicó Víctor y Yuri se hundió en el asiento.

—Bueno, debido a la saludable vida sexual de Plisetsky que mi amigo debería imitar, tendremos que pensar en una coartada. —Víctor miró con espanto a Chris tras escucharlo, y de inmediato dirigió la mirada al frente, donde en el asiento de copiloto estaba Yuuri. Había decidido sentarse a solas al frente porque no quería a nadie cerca y ciertamente nadie tampoco querría estarlo al notar la tensión con la que se encontraba. No tardó en transmitir todo eso a través del retrovisor. Hizo una mueca y se puso los audífonos. Christofer lo ignoró—. ¿Alguna idea?

Ninguna, el momento brilló por el silencio y ya estaba por acabar.

Al llegar al hotel, inmediatamente Mila los estaba esperando en el ascensor del estacionamiento, y los llevó a la suite. Ya dentro, Yuuri tomó primero asiento, sin importarle nada donde pudiera ocuparse el resto. Sentía que el dolor de cabeza lo iba a matar.

Georgi no tardó en llegar con el médico y él junto al resto se habían apresurado a tomar una de las habitaciones de la suite. Christofer decidió salir de momento de la habitación, antes que quedarse con Yuuri, y Mila salió avisando que buscaría su maquillaje para hacer pruebas para camuflar los golpes. Ya a solas, Yuuri se levantó del asiento y comenzó a dar vueltas en la sala, ansioso. Necesitaba patinar… necesitaba tener los patines puestos y una pista desocupada para calmarse. Necesitaba dar vueltas en el hielo, sentirse solo y comprendido allí y aterrizar sus emociones. Se pasó sus manos a la cara y suspiró, frotándose la piel con brusquedad sin importarle. La puerta abrió y Víctor salió con una compresa de hielo.

—Yuuri, por favor, ponte esto.

—¿Los dos están bien? —Arrugó su cara al sentir la caída del frío sobre la piel adolorida. Víctor no esperó ni pidió permiso, invadió su espacio como siempre y esa familiaridad dolía al mismo tiempo que le aliviaba.

—Están bien. Solo se golpearon en la cara, lo cual es bueno porque no hubo ninguna lesión importante que les impidiera patinar, pero malo porque es más difícil de ocultar. —Yuuri asintió y levantó los ojos para fijar su mirada en Víctor—. Lamento esto…

—No es tu culpa, Víctor…

—De todos modos… me hubiera gustado evitarte esto. —Yuuri bajó la mirada y quiso esconder la cara, pero Víctor no se lo permitió y tomó suavemente su mentón para levantarlo. Quería revisar el estado de su labio, pero Yuuri se echó para atrás y le tomó la compresa, para encargarse él mismo de ponerla en la zona de dolor.

Se sentía un poco como en el inicio.

—Déjame ver cómo está…

—Debería hacerlo el doctor.

—Pero Yuuri, estoy preocupado. Además, tus lentes, hay que buscarte un repuesto, yo puedo…

—En serio, Víctor, estoy bien. —Yuuri levantó la mirada para afirmarlo y Víctor tuvo que contener su respuesta—. Ya me encargaré de mis lentes luego… No… no hace falta hacer todo esto.

“No somos nada…”

Eso estaba implícito. Esa verdad que Víctor quería olvidar o quitar de en medio de ellos y que Yuuri se había encargado de recordarla de forma indirecta. Su preocupación, su esmero, su necesidad de estar cerca: nada de eso era necesario considerando que ambos eran solo el recuerdo de un pasado. Una persona que estuvo y ya no podía estar. Por eso era incómodo.

Eran ex… a Víctor jamás le había gustado ponerse esa etiqueta, pero claramente eso eran.

Hundió sus manos en el bolsillo, desairado. Yuuri lo notó y no pudo evitar sentirse un tanto cruel, solo que ya sin disfrutarlo.

—Agradezco que te preocupes… —Se le ocurrió decir. A Víctor eso le sonó pero que cualquier otra cosa, como una formalidad. ¿Cómo iba a dejar de hacerlo? ¿Cómo considerando quien era Yuuri para él?

Hubo silencio, y ambos se quedaron perdidos en esa distancia amorfa que existía a pesar de que solo había un par de pasos separándolos. Yuuri afirmó su mirada sobre el borde de sus zapatos y Víctor halló distracción en un florero olvidado en una esquina. Había tantas ansias de decir algo y tanta inseguridad sobre el qué, que se quedaron así. Yuuri no podía dejar de sentirse más asustado conforme pasaban los minutos, y Víctor no pudo evitar sentir cada vez más tristeza dentro de él.

Para fortuna de ellos, el doctor salió y eso sirvió de un mejor distractor. Les confirmó que ambos muchachos no tenían mayores daños y que solo había que comprar un par de cremas para la desinflamación, que incluso Yuuri podía usar de ellas. Víctor tomó la receta del médico y aprovechó la oportunidad para respirar, con la excusa de ir a comprarlas. Yuuri lo vio partir con la pena llenando sus ojos.

Volvió a sentarse en el mueble y solo escuchó a gente ir y venir. Víctor regresó al rato, acompañado de Leo a quien se consiguió en el camino. Por lo que dijo a Víctor, Minami le había escrito con una clara petición: que lo sacaran de allí. Necesitaba una excusa para irse y que nadie lo detuviera, y por sobre todas las cosas necesitaba estar lejos de Yuuri esa noche. Leo hablaba, Víctor no sabía por qué le comentaba todo eso, pero Leo lo consideró necesario porque realmente no sabía cómo manejarlo. Minami se leía muy mal, Yuuri siempre fue un misterio para él y la única respuesta que obtuvo de Phichit fue: tiene que aprender a conocerlo.

Al escuchar a Leo, fue fácil comenzar a armar el escenario: entender porque Minami lloraba, entender la dura mirada y enojo de Yuuri e incluso el rostro compungido de Yuri que guardó en silencio. Antes de la pelea Yuuri no se encontraba bien, en el pasillo lo había visto irritado, enojado, a punto de estallar. Todo esto había servido para que lo hiciera de la peor manera y Víctor conocía muy bien como Yuuri podía estallar de las formas más imprevisibles y dolorosas.

Víctor pensó que debería ver la forma de hablarle y calmarlo, pero su intención se vio trabada cuando al regresar lo vio caminar con prisa con el teléfono sobre su oreja y cerrando la puerta de una de las habitaciones que aún continuaba desocupada. Leo lo miró partir y apretó los labios. Víctor soltó un suspiró.

—Lo llamó Phichit. —Anunció el americano y Víctor asintió. Al menos conocía de sobra que Phichit era bueno para calmarlo—. ¿Debería llevarme a Minami? Quería primero hablar con Yuuri, pero…

—No, no te lo lleves. —Víctor suspiró y se pasó la mano sobre su cabeza—. Tengo que hablar con ambos.

—Esperaré aquí a ver en qué puedo ayudar.

Víctor asintió y sin esperar más, se dirigió a la habitación donde aún Georgi estaba, observando a los dos muchachos que se daban la espalda sentados en la misma cama. Georgi no había querido decir nada, apenas les había recordado las consecuencias que podrían tener, pero Yuri se había negado a hablar y Minami parecía ignorarlo. Georgi no se sentía con ánimos de establecer una pelea allí por lo que Víctor le pidió que los dejara solo con ellos.

Soltando el aire, esperó a que la puerta fuera cerrada para verlos a los dos. Lucían como dos adolescentes regañados, como dos niños peleados por un juguete. No podía dejar de verlos de esa forma, como niños, pero habían llevado las cosas a otro nivel.

—Necesito que me expliquen qué fue lo que ocurrió. —Inició, cruzándose de brazos, pero ninguno habló—. Espero entiendan las complicaciones que nos están provocando a todos. ¿Nadie va a hablar?

—No pienso hablar con ninguno de ustedes. —Soltó Minami, con la espalda reclinada al frente y sus codos apoyados en los muslos.

—Deberías hacerlo. —Intentó negociar Víctor, armándose de paciencia—. Gracias a esto que provocaron todos estamos aquí viendo cómo evitar implicaciones con la federación. Entiendo que no seamos de tu agrado, pero por favor, intenta colaborar.

—¿Dónde está Yuuri? —preguntó de nuevo, esta vez alzando un poco su rostro y mirando irritado a Víctor, con sus ojos enrojecidos y rasgados.

—Hablando con Phichit. —Lo escuchó bufar claramente de mal humor—. Deja que se calme, está bastante alterado con todo. —Minami se levantó con sus puños—. Sé que deben hablar, pero en este momento…

—Entonces me voy. —Yuri volteó para mirarlo, sorprendido por el temperamento que tenía. Ya se lo había demostrado de hecho, en todas las veces que pudo recordar que lo había atacado y en la fuerza con la que no se amilanó para devolverle el golpe en el baño. Víctor suspiró hondo y se puso en medio de la puerta para cortarle el paso. Los ojos de Minami se encendieron irritados con la mandíbula tensa.

Para Víctor no fue difícil recordar la primera vez que se topó con él, en su primera presentación como entrenador. La forma en que Yuuri le partió el corazón y Minami, sacando fuerzas del dolor, lo desafió en medio de la prensa. Yuuri era experto en romper expectativas y Minami expertos en sobreponerse a ello.

Eso claro, no significaba que la relación se pudiera llevar sin mayores contratiempos. Por el contrario, ese temperamento de Minami junto al de Yuuri debía crear explosiones cuando ambos estaban en su punto álgido.

—Minami —Volvió a dialogar—. No sé qué es lo que te ocurre con nosotros. No recuerdo haberte hecho nada, pero necesitamos solucionar esto. No puedo dejarte ir.

—No me lo hiciste a mí. —Los ojos de Minami no cedieron y Víctor sintió el golpe de la culpa en el estómago.

—¡Deja eso ya! —Por primera vez en horas, fue Yuri quien habló, dirigiendo la mirada irritada a Minami—. ¡No es tu puto problema lo que haya pasado entre ellos dos!

—¡Tampoco es el de ellos lo que pasa entre nosotros y aquí nos tienen! —Respondió alzando la voz. Víctor apretó la garganta.

—Bien, ya entendí. —Alzó el brazo para detener la perorata de ambos—. Tienes razón, Minami, no es nuestro problema así que no voy a intervenir. —Se relajó al escucharlo, ya preparándose para irse—. Por eso, tendrán que resolverlo ustedes.

—¿Eh? —La voz de ambos se escuchó justo cuando Víctor se dio la vuelta, abrió la puerta y la sostuvo firmemente les mostró la llave a ambos—. Estarán aquí hasta que puedan disculparse. Recuerda Minami que tienes una exhibición mañana, procura estar listo para ese momento.

Sin darles opción a réplica, cerró la puerta y puso la llave mientras sentía la manilla moverse y escuchaba la voz de Minami irritada alzando su voz. Christofer se acercó por detrás para ver como la puerta era pateada y luego se escuchaba un par de palabras que sonaban muy mal, aunque no entendieran nada considerando que era japonés. De Yuri sorpresivamente no escuchó mucho.

—¿Acabas de dejarlos encerrados? —comentó divertido, mientras Víctor se pasaba una mano por la nuca.

—Pueden pasar dos cosas: o se matan o se hablan y aclaran todo.

—O pueden coger hasta el amanecer para liberar adrenalina. —Victor le dirigió una mirada apreciativa—. Yuri podría cumplir su sueño de follarse a un japonés.

Por cómo iban las cosas, parecía ser Yuri el que terminaría follado.

Cuando Yuuri salió de la habitación, con evidentes muestras de haber llorado más, se encontró con casi todo el grupo en actitud pensativa mientras ideaban algún plan para escapar de las consecuencias. Phichit había sido muy duro, y entendía, estaba también irritado, no solo por cómo había terminado el asunto de Yuri y Minami, sino por todo lo que había estado hablando entre ambos con claras muestras de no poder entenderse. Cuando Yuuri le comentó de haberle soltado la posibilidad de dejarlo de entrenar, casi Phichit rompía algo desde su departamento. No recordaba haberlo escuchado tan molesto en mucho tiempo.

Phichit tenía razón en muchos puntos y después de la llamada Yuuri se permitió analizarlo: Primero, el hecho de haberle tolerado en el pasado los malos tratos de Yuri al inicio de su relación, no implicaba que el resto debía hacerlo. Cada uno tenía puntos de tolerancia y la personalidad de Minami era así, no era el chico que se iba a dejar pisotear por nadie, precisamente por eso había llegado a donde estaba. No podía pedirle que tomara las cosas como él siendo tan diferentes.

Segundo, Yuri podría ser un verdadero infierno cuando se lo proponía y muchas veces actuaba sin pensar, estando en confianza o no. Le hizo recordar su primer encuentro en Sochi. Puede que Yuuri no lo hubiera tomado como tal por la diferencia de edad (Yuuri consideraba una estupidez tomar tan en serio las palabras de un chico casi 10 años menor que él), pero Minami y él eran contemporáneos.

Tercero, debía ahondar sobre qué fue lo que ocurrió con Minami y Yuri en el pasado. En ese punto, Yuuri se sorprendió al escuchar de la voz de Phichit que Yuri estuvo intentando apartarlo de él en aquellos años, y que él no se lo permitió, pero si había escuchado que hacía lo mismo con el resto. Considerando que Minami siempre lo buscaba tras competencia, no era descabellado pensar que pudo ocurrir igual.

—Yo no me dejé, pero sí sentí su irritación cada vez que me acercaba. Por supuesto, que me importó muy poco. ¡Yo tengo antigüedad, señor tigrito! —Eso le había dicho, provocando al menos una ligera sonrisa tras todo lo que había pasado con el encuentro de Chris.

Y al respecto, Phichit se mostró callado y un tanto irritado por la intervención de Chris en un asunto que nada tenía que ver. Si Víctor y Yuuri querían reconciliarse era su problema, si querían tener accesos de pasión cada vez que se veían era su problema. Ninguno podía intervenir, Phichit no pensaba hacerlo más que en lo que el mismo Yuuri se lo permitiera. El que Chris hiciera ese comentario era fuera de lugar y hasta ridículo. Y eso se lo hizo saber, sin embargo…

—Vas a tener que acostumbrarse a que la gente diga lo que cree, más si no quieres explicar nada. Si te vas a irritar por cada vez que la gente diga o te vea como el malo de la película entonces te la pasarás amargado. ¿Desde cuándo te importa lo que un tercero pueda pensar de ti? Dijiste que querías que Rusia te odiara por robarte a Víctor, eso pasó. Obvio si dejabas a Víctor te iban a odiar más. —Y eso lo llevaba a pensar en la copa Rostelecom y lo que le esperaba.

Pensó que la Skate America iba a ser bastante más llevadero, de hecho, hasta el momento lo había sido, y ahora todo estaba arruinado. ¿En la Copa Rostelecom entonces qué le esperaba?

Ya afuera, miró los rostros de todos: Mila y Georgi sentados cerca y mostrando caras atribuladas, Leo mirando a cada uno de ellos como si esperara algo. Christofer al otro lado de la pared, jugando con su móvil. Víctor el único que daba vueltas en la sala y que al verlo salir se acercó de nuevo preocupado mirándole el rostro.

—No me gusta para nada la marca que tienes allí. —Yuuri encogió sus hombros, restándole importancia. La presencia de Víctor ahora se sentía como un imán que lo atraía. Se descubrió con verdaderos deseos, muy sinceros, de dejarse llevar y pegar su frente contra su pecho a sabiendas de que recibiría un abrazo.

Ya estaba demasiado agotado: emocional y mentalmente estaba ya en su límite. Yuuri ya no tenía barreras, ni fuerzas para levantarlas, así que si Víctor se acercaba para abrazarlo no opondría resistencia alguna. Pero en ese momento era Víctor quien procuraba mantener distancia tras la respuesta que había recibido de Yuuri una hora atrás. Y eso entendió cuando pudo captar el intento de una caricia que Víctor reprimió antes de que llegara a ser tal en su pómulo.

Se conformó abrazándose solo.

—¿Dónde está Minami?

—Lo dejé encerrado en la habitación con Yuri. No saldrán hasta que arreglen sus asuntos. —Yuuri levantó la mirada preocupada y Víctor se permitió al menos posar una mano en su hombro, como apoyo, diciéndole en silencio que no tendría de qué preocuparse. Que confiara en ellos.

Pero hacerlo fue como si hubiera encendido una diminuta llama, escuálida y brillante en medio de una noche de lluvia y viento. Eran los ojos de Yuuri, era el pequeñísimo brillo con el que levantó su mirada y que Víctor pudo reconocer. Sintió el ligero escalofrío a través de su hombro, leyó la silenciosa necesidad en esos ojos y de inmediato su garganta se secó.

Los ojos de Víctor brillaron en respuesta. El deseo de hacer eso que Yuuri le estaba pidiendo estaba por abrirle los costados. Quería hacerlo, quería abrirse de brazos, quería que Yuuri se refugiara allí y quería olvidarse de decir palabra alguna. Quería que Yuuri cediera también, quería…

—¿Entonces…? —La voz de Christofer interrumpió el hilo de su pensamiento. Yuuri volvió a bajar la mirada y Víctor apartó la mano, atragantado—. ¿Qué vamos a hacer? Si no tienen ideas entonces me iré a dormir, en verdad estoy agotado.

—¿Qué hablaban? —preguntó Yuuri, ignorando deliberadamente a Christofer.

—Sobre qué coartada usar. —Soltó Víctor en un suspiro—. Parece que hubo un testigo externo así que…

—Escuché eso. —Apretó su labio, pensando en alguna idea—. Son dos golpeados.

—Tres contigo… Debemos crearnos algo convincente.

—Lo que sucede —Intervino Mila, con rostro preocupado—, es que, si esa persona llega a mencionar algo en la prensa y sale a la luz, la federación nos llamará. Podríamos maquillar los golpes lo más que se pueda, pero si hay un testigo debemos caer antes.

—Debemos darle algo a la prensa que sea lo suficientemente convincente también para la federación. Una versión oficial. —Aclaró Georgi. Víctor soltó el aire y volvió la mirada a Yuuri, quien había fruncido el ceño.

—Me emborraché. —Soltó Yuuri de repente, y todos le dirigieron la mirada—. Estaba muy feliz de ver de nuevo a Víctor y a Yura y me emborraché. Minami y Yura me ayudaban a caminar para el hotel, pero yo estaba demasiado mareado y me desvié del camino, así que terminé cayendo de las escaleras de una estación del metro con ellos dos. —Víctor miró incrédulo la descabellada explicación—. Gracias a Phichit desde hace años es de dominio público mi problema con el alcohol. Podría funcionar. —Finalmente levantó la mirada hacia Victor.

—¿Te piensas echar la culpa?

—No sería muy lejano a la realidad. —Encogió sus hombros.

—Pero una caída por las escaleras del metro tendría más consecuencias que unos golpes en la cara. Además, que un golpe en la cara hubiera sido mucho más problemático si hubiera ocurrido así. —Analizó Georgi, no muy convencido.

—¡Oh, a mí me encanta! —Soltó Chris con una sonrisa ladina—. ¡Imagina la prensa rusa cuando tenga eso en sus manos! —Victor lo miró con clara desaprobación mientras Yuuri se mantenía firme, con sus hombros endurecidos y la mandíbula trabada.

—De todos modos, lo harán para cuando pise Rusia.

—¡Definitivamente no! —Bramó Víctor, negándose en todo sentido a tirar a Yuuri la carga de las decisiones de los dos estudiantes y mucho menos exponerlo de forma tan absurda a la prensa—. ¡No estoy de acuerdo y no se va a hacer así! ¡Debe haber otra forma!

—¡Le estás robando el momento protagónico a Yuuri, Victor! —Respondió Christofer, claramente ya hastiado de todo el asunto—. Déjalo que vuelva a ponerse como carne al carbón, parece gustarle.

—¡Oh por Dios, calla Chris! —Esta vez fue Mila la que gritó, mirando al suizo de muy mala manera—. ¿Qué sabes tú de lo que pasó en Rusia? ¡Estabas viviendo tu eterna luna de miel con tu marido!

—¡Ya basta todos, no estamos ayudando en nada! —Fue Georgi quien levantó la voz, tratando de calmar los aires. El rostro de Víctor ya estaba mostrando signos de enojo.

—Se me ocurrió algo…

En medio de la exaltación del resto, la voz de Leo se alzó casi tímida, mirando a todos los presentes. Víctor se dio la vuelta y se alejó, necesitaba espacio para respirar o terminaría en muy malos términos con su amigo. Leo se levantó con las manos en los bolsillos de su pantalón y decidió expresar su idea.

—Un asalto. Saliendo del local fueron asaltados camino al hotel. —Ante el silencio del resto, se animó a extender su idea—. La seguridad en USA no es precisamente la mejor, además que eso justificaría los golpes. Yuri intentó defenderse, al empezar a ser golpeados los demás se interpusieron.

—Eso podría funcionar… —comentó Georgi, dejándose caer de nuevo en el mueble.

—Pero tendrán que interponer una denuncia, mencionar algunos objetos robados, etc.… —Se encogió de hombros—. Eso es lo que tendrá la federación y la versión oficial de la prensa. Si el testigo llega a hablar de eso quedará como solo un rumor, igual dudo que tenga pruebas.

—Me parece razonable. —Aceptó Chris, mirando a un lado—. Se debe pensar muy bien en la cantidad de asaltantes para poder robarle a cuatro hombres y golpearlos.

—Pudo ser una pandilla que esperaban la salida de los patinadores tras recibir información de que estábamos celebrando en el pub. Ocho o doce muchachos.

—Bien. —Con un movimiento rápido, Víctor volteó, agarró la mano de Yuuri y prácticamente lo jaló para dirigirse a la puerta. Yuuri le miró sorprendido y sonrojado, sin saber exactamente cómo actuar hasta que decidió simplemente detenerse y hacer fuerza para zafarse. Víctor no lo dejó, le sujetaba fuertemente mientras abría la puerta e ignoraba a Chris, sin girar a mirarlo.

—¿¡Victor, a donde vamos!?

—A la estación de policía. Leo, ven con nosotros.

—Yo creo que lo mejor es que llamen a la policía para que venga acá. Querrán recoger los testimonios de los cuatro y cuantificar el daño. Además, mientras más llame la atención esto, menos repercusiones tendría un rumor de una persona desconocida. —Leo miró hacia donde las manos permanecían tomadas. Fue un ligero impulso lo que le empujó decir eso—: Hago la llamada y esperen aquí. El resto creo que ya deberíamos irnos.

A nadie le quedaba duda de que era el mejor momento para partir. Víctor estaba enojado, y contenía aquella furia dentro de él, al mismo tiempo que apretaba la mano de Yuuri con apremio sin intenciones de soltarla. Incluso, solo se movió para apartarse de la puerta y mirar a otro lado, esperando que todos se fueran tal como Leo había sugerido. Todos menos Yuuri, claramente.

Hasta aquí había llegado la paciencia de Nikiforov.

Mila y Georgi fueron los primeros en hacerlo. Se acercaron a ambos, Yuuri sumamente incómodo recibió el abrazo de Mila y la palmada de Georgi, pero cuando ambos se acercaron a Víctor se limitaron a justificarse diciendo que al día siguiente era su exhibición. Víctor solo asintió en respuesta, y los vio partir sin decirles una sola palabra. Christofer comprendió muy bien hacia dónde se dirigía el enojo de Víctor cuando no hubo ninguna mirada de vuelta, y en silencio se fue, sin despedirse tampoco de Yuuri. Leo solo dijo que llamaría desde afuera, así que cuando salió Víctor prácticamente azotó la puerta dejando a Yuuri perplejo.

—Victor…

El aludido solo volteó, soltando su mano para agarrarlo con todas sus fuerzas y abrazarlo como él mismo lo necesitaba. Yuuri abrió los ojos sorprendido ante el impulso, lo estaba apretando con tanta necesidad que incluso estaba obligándolo a ponerse de puntas. El rostro de Víctor estaba apoyándose contra su hombro y no le dio espacio para nada, no había siquiera para responder el abrazo porque sus brazos quedaron aprisionados entre sus cuerpos.

Pero era todo lo que necesitaba…

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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