Matryoshka II (Cap 07)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 07. Skate America: Quiero hablar

Los mensajes que entraron a su celular de Phichit los leyó con poco más que fastidio, mientras rodaba los ojos e intentaba seguirle a la conversación de Angeline Carter, una de las patinadoras femeninas del evento que no dejaba de sonreírle y hablarle animada. El cabello rubio de ella y sus pequeños pechos pegados a su brazo podría ser un buen distractor, pero sinceramente no se sentía con ánimo de nada. Todavía podía recordar la mirada de Yuuri, el rojo en sus ojos y la tensión de su mandíbula cuando le dejó claro algo en lo que él no quiso reparar, por los celos que sentía, la envidia que le corroía y la sensación de que al final no había sido suficiente para que Yuuri mantuviera la mirada solo en él.

Tampoco quería analizar por qué lo necesitaba con tanta fuerza.

Pero Yuuri tenía razón, se había esforzado. No lo dejó solo en todo el evento, en todo momento estuvo a su lado, pendiente de lo que necesitaba, dándole instrucciones. Ni siquiera en las prácticas se dio tiempo de saludarlos, quedándose con él.

“¡Sólo estaba intentando cumplir como tu entr…!”

Y en perspectiva lo había hecho, con sus fallos, pero lo había hecho. Sí, no le felicitó, pero había hecho todo lo demás. Simplemente de repente se sentía muy enojado: entre la tardanza de Yuuri y la falta de esas felicitaciones, se sumó el saber que se había visto con Víctor y escuchar el modo en que confiaba ciegamente en Yuri. Era como darse cuenta una vez más de la importancia de Rusia y de lo poco que podía hacer Yuuri para no ceder ante esa gravedad.

Yuuri había mostrado tanta tensión por la necesidad de ver el programa de Yuri Plisetsky en el día anterior, que fue imposible no verla. También notó lo mal que le cayó verlo fallar en el programa libre. No es que Minami se sintiera particularmente satisfecho con eso, no era la forma en que le hubiera gustado ganarle; pero Yuuri había empezado a temblar y sentía que en cualquier momento iba a estallar en llanto. Quizá todo se debía a que no entendía porque le afectaba tanto, porque seguía siendo tan importantes para él después de todo lo que habían hecho. No había pensado que los niveles de estrés de Yuuri llegarían a ese punto, ni siquiera con la advertencia previa de Phichit.

Quizá creyó que todo lo que tendrían que hablar era para aclarar las cosas y ya, que en Yuuri solo había nostalgia y ya, que eso provocaba la necesidad de ser atendido psicológicamente. De hecho, hasta la cuestión amorfa que tenía con Takao le había dado cierta esperanza que todo cuanto hubiera en Rusia solo era pasado que tenía que cerrar y ya. No eso… no esa cantidad de emociones que Yuuri apenas pudo contener en cada instante.

No podía darle forma a lo que sentía, más que llamarlo frustración y decepción. Cuando Angeline se levantó para bailar con Gabriel, quien tenía ya varios días con su ojo encima de ella, Minami aprovechó para revisar de nuevo los mensajes, aunque no necesitaba que Phichit le repitiera lo que ya él sentía por sí mismo.

Phichit Chulanont » En serio, no puedo creer que lo arruinaras así.
Phichit Chulanont » ¿Tienes idea de todo lo que Yuuri ha tenido que aguantar para esto?
Phichit Chulanont » Debí haber ido. De haber sabido que esto iba a pasar hubiera dejado todo atrasado hasta que el GPF termine.
Phichit Chulanont » ¡Te dije que no te entrometieras en lo que Yuuri debe resolver y justamente eso hiciste!
Phichit Chulanont » O sea Minami, ¿qué esperabas? ¿Qué no pasara nada?
Phichit Chulanont » ¡Está visitando al psicólogo por esto! ¡Por Dios!
Phichit Chulanont » No creas que no me doy cuenta que me estás leyendo. ¡Me dejas en visto!
« Sé que me equivoqué pero Yuuri también lo hizo.
« Solo quería unas felicitaciones.
« ¿No me lo merecía?
Phichit Chulanont » Sí te lo merecías, pero aquí parece que el único que no es sincero consigo mismo no es Yuuri.
Phichit Chulanont » ¿Qué es lo que realmente querías, Minami?
Phichit Chulanont » ¿Qué estabas esperando de Yuuri?
Phichit Chulanont » No son las felicitaciones. Los reclamos que le dijiste y Yuuri me contó nada tenía que ver con felicitaciones.

¿Qué es lo que quería realmente? No sabía… le asustaba pensarlo porque sentía que, si llegaba a encontrarlo, hallaría a su vez la certeza de que eso jamás podría llegar. Apretó los labios y renegó. Solo escribió que después le contestaría. No tenía qué decirle. No sabía qué quería en realidad.

Se había imaginado todo tal cual como ocurrió: Yuuri a su lado, Yuuri disfrutando de su triunfo, Yuuri apoyándose en él. No había estado mal, abrazarlo se sintió correcto, él se sintió feliz a pesar de todo, a pesar de incluso no escuchar sus felicitaciones en el Kiss and Cry. Él se sentía bien porque podía sentir que la felicidad era mayor para Yuuri, y que a pesar de aquello que tiraba de él a Rusia, él estaba a su lado. Fue esos minutos de tensión… fue esos minutos de soledad donde no lo vio. Fue verlo volver, verlo tan afectado, comentar que habló con Víctor, hablar con tanta seguridad de Yuri, y sentir que todo lo ocurrido había perdido sentido.

¿Qué había querido? ¿Qué Yuuri no necesitara hablar con ellos? Quizás. No tenía idea, pero era quizá la respuesta correcta.

Quizás todo lo que quería era que Yuuri hubiera superado a Rusia, al punto de que ya no le lastimaran. Que no estropearon la felicidad que él con tanto esfuerzo se había encargado de darle.

Eso le frustraba, pronto acabó por entender. Yuuri no había podido disfrutar de su victoria por el peso de Rusia. Era injusto…

Dejó de lado el trago, no quería beber. Además, al día siguiente era su exhibición y claro que quería patinar a Victory con todas sus fuerzas y ánimo, aún si se sintiera dolido con todo lo ocurrido. Estaba pensando si debía ya irse y regresar a buscar a Yuuri, pero Leo se acercó y acompañado de tres chicas más que no solo eran miembros del deporte sino fanáticas, le convidó a tomarse fotos y bailar. Le decía que debía celebrar la victoria, Minami no se sentía del todo cómodo con ello. No si Yuuri no estaba allí. Pronto llegó Emil, acompañado de Michelle, Sara, otro hombre y, tardó en comprender, el equipo de Rusia. No estaba Víctor y Yuri Plisetsky, pero si se encontraba el resto.

—¡Oh! ¡Qué casualidad! —Se animó Emil, rodando despacio para no atropellar a nadie en el camino justo antes de que Leo se le echara encima con un abrazo—. ¡Qué bueno verte aquí!

—¡Nos vinimos a celebrarle a Gabriel y a Minami sus merecidas medallas! ¡Te estaba llamando, pero no contestaste!

—¡Pero aquí estamos! ¡El destino nos une! —Leo aprovechó el momento para saludar al resto: a Michelle con solo un apretón de mano, igual que al acompañante de Sara y al resto con abrazo incluidos—. ¡Falta gente!

—Bueno, Yuuri no sé si venga, parece que estaba algo cansado.

—¿Y Víctor? ¡Y falta el otro Yuri! —Leo lo miró buscar con la mirada a Mila y esta simplemente se encogió de hombros. No quiso decirle que habían preferido no considerarlos en la celebración—. ¡Arreglemos eso!

Leo se contuvo de decirle algo. Lo que fuera a pasar, que terminara de pasar. Miró a Emil establecer las llamadas mientras se alejaba a un lugar menos ruidoso y era perseguido por Michelle.

La primera llamada fue para Víctor, quien se encontraba en la cama con Yuri revisando con atención los programas del resto de los competidores tras haber terminado con su comida en la habitación. Yuri aún masticaba una papa francesa cuando el tono de llamada entró y miró de reojo a Víctor observar el contacto y responder de inmediato.

—¿Oh, una fiesta? —miró hacia Yuri, mientras este enarcó una ceja—. No sé si ir, estamos rearmando estrategia táctica. —Yuri no pudo evitar rodar los ojos ante la estúpida forma en que Víctor se refería a simplemente ver los programas de los otros patinadores. Escuchó la risa de Emil de fondo y, de hecho, Víctor no tardó en ponerlo en altavoz mientras le miraba atento a sus expresiones.

—Aquí está Georgi y Mila también. ¡Vamos! ¡Ya hay tiempo para eso! ¿Hace cuánto no tenemos una fiesta todos juntos? —Victor le miró de forma interrogativa. No tardó en decirle en voz baja.

—¿Qué dices? Sinceramente no me caería mal un trago.

—A mí tampoco. —Se acercó al teléfono, que Víctor le extendió sin dudar—. ¡Ey Emil! ¡Esta vez no me van a sacar del pub! —La carcajada de Emil se escuchó y Yuri no pudo evitar sonreírse en respuesta.

—¿No hay problema si le digo a Chris?

—¿Christofer Giacometti? ¡Ninguno! ¡Ya te paso la dirección, los esperamos aquí!

Tras cortar la llamada, Víctor miró a Yuri, mientras este cerraba la pantalla de la laptop sin siquiera pensar. Se levantó de la cama y se dio un largo estirón, provocando que la camiseta que tenía puesta se levantara. Víctor se sintió mucho mejor al verlo animado.

Por otro lado, Emil también llamó al teléfono de Yuuri, después de pedir su número a Leo. Él sí tardó en contestar, porque estaba en una videollamada con Phichit mientras terminaba de darle vuelta al ramen que había quedado. No tenía ganas de comer nada más, solo sentía la opresión de lo ocurrido.

Phichit se encargó de hacerle ver que, si bien había sido una omisión lo de las felicitaciones, claramente eso no era lo que le había molestado a Minami y que no le gustaba la dirección a donde se dirigía su verdadero malestar. Yuuri no quería darle demasiadas vueltas, entendía en parte la frustración de su alumno. Sea cual sea la situación, nada justificaba el haberse olvidado de hacer algo tan básico como reconocer su triunfo. Para Yuuri, nada de lo que pudiera haber pasado consigo mismo era suficiente para reparar lo que había hecho, porque simplemente lo había vivido.

—Entonces tú desde un inicio lo has visto mal. —Phichit no tardó en golpear la mesa, visiblemente ofuscado tras la línea. Yuuri tomó su móvil al verlo sonar por segunda vez y se extrañó al ver el número de Leo—. Víctor no tiene que hacerse responsable de tus expectativas, al igual que tampoco puedes hacerte responsable de las expectativas de Minami. —Yuuri torció la boca. Claro que sabía que uno de sus tantos errores fue culpar a Víctor de no haber estado a la altura de sus propias expectativas, pero no era algo que quería hablar en ese momento—. Está bien que no quieras decepcionarlo, Yuuri, pero la gente se decepciona cuando espera algo de alguien. La gente no debería esperar nada de nadie, solo aprender a conocer lo que esa persona puede o no dar y aceptarlo.

—Deberías hacer un libro.

—¡Yuuri! ¡Tómame en serio! —Le mostró en la cámara a su móvil que estaba timbrando, para hacerle saber que iba a contestar—. Está bien, contesta. Pero estoy hablando en serio.

—Lo sé. —Contestó la llamada y se sorprendió al escuchar la voz de Emil y no la de Leo como marcaba el contacto—. ¿Emil? ¡Qué sorpresa! ¿Una fiesta? ¿Es la misma en donde está Minami? No sé… —Miró la pantalla, donde Phichit le hacía muecas graciosas y movía las manos para hacerle ver que aceptara—. Es que me sentía un tanto cansado… —Pero Emil insistió, diciéndole que no creía poder estar mañana, que quería verlo, que disfrutaran como los viejos tiempos. Phichit por su parte se había encargado de llenar la pantalla con texto diciendo: Ve, ve, disfruta la salida, yo te doy permiso, ve a disfrutar la victoria. Yuuri sonrió divertido con la situación—. Bueno, pasaré un rato. ¿Minami está bebiendo? —Le veían un trago en la mesa. Quizá sí debería ir para asegurarse de regresarlo a salvo al hotel, aunque ya fuera mayor de edad y debiera cuidarse a sí mismo—. Bien… estaré en una hora allá.

Al cortar, miró a Phichit, quien le mostraba los dos pulgares alzados. Renegó y suspiró, mirando que solo tenía una camiseta y la toalla en la cintura, después de haberse dado el baño.

—Ahora quiero ver cómo te vas a ir, galán.

—¡Phichit! Ni loco te voy a modelar la ropa.

La celebración en el pub se volvió más animada con la llegada de otros patinadores de las otras categorías. Pronto el local prácticamente estaba invadido por los deportistas, quienes compartían cócteles, otras bebidas y se invitaban para bailar en la pista. Mila reía sentada al lado de Georgi mientras ya había negado la tercera invitación al baile, esperando por Yuri quien ya le había avisado que iba a ir. Al otro lado del salón estaba Minami, junto a Gabriel y otro par de patinadoras, conversando amenamente. Mila torció la boca al mirarlo, y aunque reconocía que en verdad había merecido ganar, no podía olvidar lo ocurrido días atrás. Ni la forma en que fue tratada ni la manera en que había ignorado deliberadamente a Yuri. De hecho, el mismo Louis no quiso sentarse a comer con ellos tras eso.

—Bueno, la rivalidad en competencia a veces suele salir de la pista de hielo. —Se explicó Georgi, mientras recibía su trago y observaba el ambiente—. Yuri tampoco ha hecho muchos esfuerzos en establecer relaciones.

—¿Crees que sea rivalidad solamente? —Enarcó una ceja, no muy convencida. Georgi simplemente asintió.

—¿Viste la confianza con la que Yuuri habla de nuestro Yuri? Y Minami es su estudiante y mayor admirador. Claro que debe ser algo de la competencia.

La conversación no pudo avanzar porque precisamente el aludido apareció. Yuri en compañía de Chris y Víctor habían arribado al local y no fue sorpresa que todas las miradas se enfocaran en el trío de hombres atractivos y altos de Europa. En especial las patinadoras, todas por igual. Yuri vestía una camisa negra con un grabado de un puma en su espalda y llevaba el cabello suelto, además de unos vaqueros desgastados. Mila fue la primera en levantarse a recibirlo y se mantuvieron abrazados por largo tiempo sin importarles las miradas que caían sobre ellos. Víctor y Chris iban más casual: Víctor prefirió un pantalón de vestir gris con una camisa negra, solo para mantener algo de formalidad como entrenador y Chris si se fue con unos vaqueros oscuros y una camisa de color verde que resaltaba sus ojos. El cabello suelto y ondulado en tono rubio llamaba su atención a donde pasaba.

Saludaron ambos a Georgi y esperaron a los dos más jóvenes para tomar asientos por un momento. Luego fue Víctor y Chris quienes decidieron rodear el local.

A paso calmo saludaron a casi todos los que estaban allí, no sin evitar detenerse a marcar algunos autógrafos o realizarse fotografías en conjunto. Víctor y Yuri habían decidido eso: ir6 a la fiesta y lucir como ganadores pese a la derrota admitida. Y, de hecho, eso parecía, y era una forma de mantenerse dignamente en alto pese al resultado final, algo que Chris no tardó en alabar.

Más tarde, entró Yuuri. Distinto a los otros su vestuario fue mucho más discreto: unos vaqueros sencillos y una camisa de rayas azules que era cubierta por un suéter celeste. Su cabello lacio caía sobre su frente y llevaba sus lentes de montura azul, los cuales acomodó cuando buscó con la mirada a Minami. Le había avisado que iría, que le había llamado Emil y decidió cambiar de opinión, y que quería que hablaran de lo ocurrido al final de la fiesta.

No obtuvo respuesta, más eso no lo desanimó. Atravesó la pista buscando rostros conocidos y pronto se vio asaltado por Leo y más atrás por Sara, quien prácticamente lo abrazó desde la espalda efusivamente. Los saludó a ambos, recibiendo los abrazos que le entregaban con algo de timidez, pero sin dejar de sonreírle agradecido. No tardó en llamar la atención del resto cuando Emil se dirigía a él con efusividad y casi se lo llevaba adelante, compartiendo risas.

—¿Te vas a casar? —Soltó con sorpresa, cuando vio a Sara mostrando su anillo de compromiso, abrazada de su pareja, Fabio, un italiano de porte alto y mirada curiosa que lo veía con atención—. Oh, felicidades.

—Todavía no hemos organizado la fecha, pero esperamos que no sea mucho después de nuestro retiro.

—Será una lástima que te retires. Tus programas este año son preciosos, al igual que los tuyos, Michelle.

—¡Gracias Yuuri! —Se adelantó Sara, para evitar que Michelle soltara un comentario mostrando su poca conformidad con los resultados—. Los programas que le hiciste a Minami también fueron increíbles. De verdad que muy exigentes.

—Bueno, es una competencia dura… necesitaba programas que fueran igual de duros. Por cierto, ¿dónde está él?

—Lo vi bailando con la patinadora de Canadá hace rato. —Comentó animado Emil—. ¡No pensé que Minami tendría tan buen feeling con las chicas! —Yuuri rio al escucharlo.

—Parece que sí tiene más suerte para eso que yo. —Sara rio al escucharlo y lo señaló con su uña pintada de rojo.

—Oh, no seas tan modesto, Yuuri. Cuéntame de ese lindo chico con el que has aparecido en las redes. —De inmediato se sonrojó—. ¡Oh! ¡Te hemos descubierto!

—Es… e-es solo un amigo.

Bromearon al respecto y Yuuri buscó la manera de escapar de aquel tema engorroso que no quería tocar. Cambiaron la conversación pronto, y Yuuri aprovecho para ir por una bebida, porque de repente se sentía atragantado. Además, quería buscar a Minami, aunque imaginaba que aún estaba en la pista. Se acercó a paso acelerados a la barra y de repente se sobresaltó al sentir los dedos traviesos en sus costados, casi dando un brinco. Al girar se trataba de Mila, quien lo miraba con ojos soñadores y expectantes, como si contuviera el aliento. Yuuri la miró sosteniendo el aire igual, pero no tardó en suavizar la mirada y sonreírle.

—Mila, me asustaste. —Ella río, conmovida.

—Es que quería saber si no odiabas a toda Rusia. —Yuuri le miró sin comprender, pero pronto volvió a suavizar su gesto, con algo de vergüenza—. ¿Me aceptarías un abrazo?

—Claro… —De inmediato le abrió tímidamente los brazos y ella no tardó en cubrirlo y engancharse a su cuello. Yuuri la apretó suavemente y escuchó el gemido contenido de ella, quien no tardó en dejar un par de besos en su mejilla.

—Dios, Yuuri… te extrañé tanto. ¡Te extrañé tanto, tanto…! —Contuvo el nudo en su garganta respondiendo con la fuerza transmitida en el abrazo—. De verdad… te hemos echado mucho de menos.

—Yo… Lo lamento mucho —dijo con voz sosegada, mientras ella se separaba tan solo un poco para sujetar el rostro redondo entre sus dedos pálidos. Le sonrió con suavidad, ya incapaz de contener la mirada nostálgica. Incluso el brillo húmedo de sus irises azules y siempre eléctricas.

—Yo también lo lamento… me hubiera gustado que me lo dijeras. Cuando me enteré fue…

—Lo siento… no supe cómo decirlo.

—¡No importa…! —De nuevo lo abrazó, aferrándose a él y Yuuri dejó descansar sus manos sobre la pequeña cintura—. No importa… me alegra verte bien, Yuuri, en serio… me alegra verte bien.

—A mí también me alegra verte bien, Mila…

—Ey, ey, estamos en una fiesta, no es momento de duelo. —Escucharon la otra voz y Yuuri junto a Mila subieron la mirada hacia Georgi, quien los miraba con una contenida felicidad.

—Oh, Georgi, espera tu turno. ¡Es mi turno de Yuuri! —Aunque se apartó igual, solo para darle espacio a lo que Georgi quería en ese momento: darle un merecido y fuerte abrazo a Yuuri después de tantos años sin verse. Lo hicieron, Georgi dejó caer un par de palmadas en su espalda y luego se separaron, espacio que Mila aprovechó para abrazarlo ahora por detrás. Yuuri apoyó con suavidad sus propias manos sobre las de ella, aceptando el abrazo que antes había sido parte de su rutina en la pista.

—Me alegra mucho verte Yuuri… felicidades por tu debut como entrenador. ¡Lo has hecho muy bien!

—Lo mismo digo, Georgi, vi los programas de Mila y también los que le hiciste a Louis. Son increíbles.

—¡Oh, gracias Yuuri! Ha sido algo un poco difícil, pero espero estar a la altura. —Georgi miró como Mila se movía para volver a ser abrazada, colgada cuan koala del cuello de Yuuri y este sosteniéndola con suavidad. No pudo dejar de ver lo adorable que era la escena—. Te hemos extrañado en Rusia. ¿Cuándo vas a visitarnos? Yakov te ha echado mucho de menos.

—¿Cómo está él? —preguntó con la voz afectada, pero conteniéndose. También los había echado de menos.

—Está mejor, bueno, un poco preocupado tras lo que ocurrió hoy con Yuri. —Asintió comprendiendo—. Pero está en mi casa, con mi familia. Es el tercer abuelo de mis hijos. ¡Debes ver los grandes que están!

Yuuri le sonrió, mientras escuchaba a Georgi hablarle de su familia y de lo mucho que él había hecho falta en San Petersburgo. Mila aprovechó para comentar lo duro que había sido cuando se retiró, incluso que había tenido que consolar con Otabek a Yuri, quien había llegado destrozado de esos Cuatros Continentes. La culpa jamás había tenido tanto peso como en ese momento, en donde se apagó sus ojos y ambos lo notaron, actuando casi de inmediato. Mila volvió a dejar un beso suave sobre su mejilla y Georgi le apretó el hombro, en señal de confort.

—Nadie te juzga, Yuuri. Fueron tiempos difíciles para ambos. —Yuuri se limitó a asentir—. Pero considera la invitación abierta. En San Petersburgo tienes a donde llegar. Mi casa está abierta para cuando quieras visitarnos.

—Agradezco eso, Georgi. Lo voy a pensar.

—¿Se verá muy mal si te invito a bailar? —Le preguntó Mila, con ojos esperanzados y un puchero en sus labios. Yuuri la miró fijamente, antes de sonreír con suavidad.

—¿Bailamos?

Los ojos de Mila se iluminaron antes de aceptar. Ella fue quien le tomó de la mano para llevarlo a la pista, donde el resto de los deportistas estaban aprovechando el momento para liberar estrés y tensión. Víctor los vio moverse hacia la zona de baile, desde la mesa, saboreando su cóctel con Yuri a su lado, mirando también como Mila se había acercado tan fácilmente a él y hasta lo había sacado a bailar. Los vio acomodándose para el baile, ella agarrándolo por el cuello mientras Yuuri sostenía su cintura. Chris había salido para llamar a su esposo y saber de casa, así que Víctor tampoco se negó a sí mismo el mirar por completo la escena.

—Tengo envidia de Mila… —Soltó sin pensar y Yuri le miró de reojo, chistando al tiempo. No quiso admitir que él también.

Pero entendía. Mila y Yuuri se habían llevado muy bien, prácticamente lo aceptó como parte de su pequeña familia nada más al llegar y saber que le había dado a Víctor amor y vida. Habían desarrollado una amistad bonita, solía bromear con ella y ella no dejó de tentarlo con sus pechos solo para verlo enrojecerse, y dejarle en claro a Víctor que debía estar al pendiente porque a Yuuri también le gustaban las chicas, siguiendo el viejo chiste de “sa-chihoko” que nació en Hasetsu.

Fueron buenos tiempos… pensarlo daba nostalgia. Entendían perfectamente porque con Mila era más sencillo, ya que no había viejas deudas y Mila siempre había sido una persona sincera y abierta en sus emociones. Sin complicaciones…

Yuri no quiso mirar más. Desvió el rostro, demasiado afectado con las posibilidades que Mila le estaba abriendo, a sabiendas que a lo mejor no sería exactamente igual para él. Pero Víctor no dejó de mirarlo, y la intensidad en sus ojos fue suficiente para captar la atención de Yuuri en la distancia, quien le miró mientras abrazaba a Mila y seguía el ritmo suave de la balada. No apartó la mirada ni Yuuri lo hizo, la mantuvieron durante todo el tiempo en que la posición del baile se lo permitió. No se dijeron nada en ella, no había más que la seguridad implícita de que sabían que estaban allí, y que no podía dejar de lado esa verdad.

Para Yuuri, no hubo felicidad ni opresión en esa mirada ni el mantenerla. Simplemente estaban allí y las palabras de Emil nunca habían tenido mayor sentido en ese momento, en que se miraban mudos como si reconocieran que estaban en el mismo espacio y tiempo, compartiendo y respirando el mismo aire, bajo el mismo cielo y sobre la misma tierra. Todo lo que había, y que el mismo Víctor sentía, era una tristeza calma por la distancia que aún los separaba y ninguno se vio con la voluntad de destruir aún.

Tampoco hubo recuerdos. Las memorias no tenían cabida en ese momento. Más que atraer recuerdos del pasado, parecía agitarse las emociones que se habían quedado estancadas en el tiempo y que no encontraban cabida en ese espacio. Como si hubieran quedado caducadas, aún si estuvieran vivas.

Cuando la música acabó, Sara se acercó a ellos y propuso cambiar de pareja. La selección cambió de ritmo a uno más tropical e intercambiaron compañeros. Yuuri se dedicó a bailar con Sara, quien no dejó de preguntarle cosas y de comentarle sobre sus planes tras el retiro, que no dejó de atender, siempre buscando echar un vistazo por si veía a Minami. Durante el baile, pudo permitirse tratar de no pensar en el pasado y atenerse a celebrar tal como se lo había dicho Phichit.

Yuri se levantó y le dijo a Víctor que buscaría con que entretenerse, lo cual lo dejó. Ya sabía que Yuri solía buscar distracción en ese tipo de lugares.

En ese momento, Christofer entró al salón de nuevo, tras hacer la respectiva llamada a su pareja y verificar que todo estuviera en orden. Su vuelo partía la noche siguiente, así que no faltaba mucho para volver a estar con ellos. Debía admitirse que después de la tensión de los resultados, escuchar a su hija diciéndole papá y cuánto lo extraña, fue como un bálsamo.

—Ya deja de verlo —murmuró Christofer, cuando se sentó.

—¿Todo bien en casa? —Desvió la mirada de Yuuri para buscar la de Chris, quien se limitó a enarcar una ceja.

—Todo bien. —Ahora fue Christofer quien miró a Yuuri, quien volvía a juntarse con Mila cuando la pelirroja se le colgó al cuello entre risas—. No sabía que se llevaban tan bien.

—El único que no se lleva bien con él parece ser tu. —Víctor miró lo poco que le quedaba del trago. Christofer hizo una mueca.

—Empezamos a no llevarnos tan bien cuando empezó a celarte. —De reojo, su amigo lo miró—. Acepto que estoy siendo un tanto intransigente, lo hago porque me importas.

—Créeme que lo sé, y por eso te lo acepto. —Suspiró—. Mila y él se llevaron muy bien desde que llegó a Rusia. Mila prácticamente lo adoró, yo a veces llegué a sentirme celoso. No me extraña que ahora lo esté acaparando.

—Pensé que quien le caería encima era tu pupilo. ¿Por cierto dónde está el otro Yuri?

—Creo que fue a buscar con qué entretenerse en la noche.

—Algo que deberías hacer tú.

—Con quien quiero entretenerme dudo que quiera seguirme a cualquier habitación. —Christofer le compartió una mirada y Víctor rio para acabarse el trago.

—Empiezo a querer que termines de hablar con él para que acabe esto. Te pones monotemático.

Pero estaba siendo sincero, y pese a que sabía el desagrado que Christofer le tenía a la idea, Víctor solo hablaba con lo que sentía. De verdad quería, no tendría problema alguno para ceder a la pasión con Yuuri si eso fuese el primer paso para volver a tener algo más. Pero sería demasiado optimista para pensarlo.

Chris decidió terminar el trago y levantarse para tomar también el vaso de Víctor. Su amigo lo miró, interrogante, ante la propuesta de buscar unos tragos más fuertes porque visiblemente lo necesitaba. No lo negó.

Entre tanto, la pista seguía en movimiento. Yuuri tropezó con Leo, también con Gabriel quien no tardó en formarle conversación mientras Mila tomaba uno de los cócteles que le servían. A ambos les había preguntado por Minami, pero ninguno le supo decir con claridad. Dijeron que lo habían visto bailando en la pista, pero que lo habían perdido. Yuuri no pudo evitar torcer sus labios con intranquilidad. Incluso le volvió a escribir para saber si seguía allí, aunque debía admitirse que ya no tenía tantas ganas de irse. Estar con Mila le alegraba, no pensó que tanto.

—Te estás comportando como un entrenador responsable. —Mila le sonrió divertida al verlo guardar su móvil en el bolsillo.

—Digamos que cometí un error de novato. Necesito hablar con él.

—Creo que no le caigo bien. —Yuuri le miró sin comprender mientras ella le abrazaba por la cintura—. En estos días fue un poco grosero conmigo. Claro que entiendo… después de todo lo que pasó.

—Pero ese asunto es algo en donde él no debe meterse. —Frunció su ceño—. Y tú no tuviste la culpa. —Ella encogió los hombros quitándole importancia—. Hablaré con él.

—No te preocupes por eso, Yuuri. —No quiso mencionar lo que ocurrió con Yuri, para no complicar el asunto. Pensó que, si Yuuri le hablaba de lo de ella, Minami entendería que no tenía que mostrarse a la defensiva con ellos.

—Cuéntame de ti… ¿cómo te va con Otabek? —Mila apretó ligeramente los labios y Yuuri la miró sin entender.

—¿Sigues siendo tan despistado en las redes verdad? —Le habló con suavidad, con la mirada ligeramente apagada—. Él y yo terminamos hace unos meses. —Yuuri se apresuró a disculparse, avergonzado, y ella puso su dedo sobre los labios nerviosos de Yuuri para cortarle la intención—. No te preocupes. Son cosas que pasan ¿no? Ahora… digamos que me siento un poco nerviosa. Lo voy a ver en una semana en el Skate Canadá. ¿Qué me puedes recomendar?

—No creo ser la persona más apta para recomendarte nada… —No considerando lo que había significado para él ver a Víctor después de tres años—. Pero, si él no puede vencerte en el hielo, no permitas que lo haga en tu mente. Da lo mejor en la pista y gana el oro.

Mila rio con suavidad, expresando en su mirada lo conmovida que se sentía y lo bien que le sentaba poder hablar con él después de tanto tiempo, como si no hubieran ocurrido esos años.

—Lo dice el tricampeón del mundo… No me esperaba este consejo.

—Lo siento… no soy el más indicado. —Mila acalló su voz, dejando suave su índice sobre los labios de Yuuri.

—Eres el más indicado para decirme algo así, Yuuri…

Mila no quiso hablar más al respecto, y entrelazó sus brazos por encima del cuello de Yuuri, abrazándolo mientras este hacía lo mismo y trataba de controlar su propio nudo en la garganta tras lo conversado. Ella le susurró otras cosas al oído, le comentó de lo duro que se sentía y que a veces intentaba no pensar en él, pero siempre cedía, buscando en sus publicaciones, mirándolo con una niña en brazo e imaginando que ella pudo hacerlo padre. Y claro, dolía, aunque se mostrara con una sonrisa radiante y estuviera pretendiendo que todo había pasado, solo bastaba una fecha que antes se celebraba, un recuerdo, una mirada al otro lado de la cama que antes al menos tenía la esperanza de ocupar. Solo eso bastaba para que todo volviera a doler como si no hubiera pasado suficiente tiempo ya.

Yuuri sabía muy bien de esa clase de dolor, así que solo la escuchó, sin descanso. Incluso cuando Mila admitió que le dolía más desde que supo del compromiso de Sara por pensar en todo lo que ella pudo tener.

Pero en los sentimientos no se mandaban y Otabek había dejado de amarla. ¿Cómo luchar contra algo así? Yuuri no quiso comentar nada porque sentía que cada palabra quedaba invalidada, pero ella le agradeció el silencio y la compañía con una sonrisa mansa. Solo le había hablado así, y hasta cierto punto, con su madre. Yuuri tenía algo que también le hacía sincerarse, quizás el panorama de que había pasado por algo similar.

El baile acabó y él se separó no sin antes apretarle las manos. Mila se sentía ya un poco mejor.

—Tengo que buscar a Minami… —Ella asintió de forma comprensiva.

—¿Hablarás con Yuri o con Víctor después? —Yuuri se mantuvo tenso y bajó la mirada. No sabía ni siquiera cómo iniciar una conversación con ellos, el pequeño intento no había funcionado y ahora necesitaba mantener su prioridad en Minami y en solucionar lo ocurrido. Mila entendió sin necesidad de hablar—. Intenta… si me has hecho falta a mí, no puedo imaginar cómo les has hecho falta a ellos.

—Llegará el momento de hacerlo.

Se despidieron en la pista y Yuuri salió, necesitando un trago antes de continuar la búsqueda. Después de lo escuchado y las emociones que Mila había sabido transmitirle, Yuuri necesitaba algo con que pasar toda aquella amarga identificación. Solo sería uno, no debería representar peligro. Llegó a la barra y pidió un cóctel dulce para volver a iniciar la búsqueda, al pendiente de cualquier movimiento para ver si reconocía a Minami.

Soltó el aire y acarició su sien intentando apartar la mala sensación en su pecho. Pronto sintió una presencia a su lado y fue escuchar su voz e identificarlo por completo. Yuuri se giró y de inmediato se encontró con los ojos de Christofer, quien se había levantado para buscar nuevos tragos y había pedido el mejor de los vodkas que tuviera el local. Yuuri le miró con atención, respondiendo a la mirada interrogativa de Chris. Fue inevitable que sus propios hombros no se tensaran al recordar que no solo estaba acompañando a Víctor, sino que era alguien muy cercano con el que nunca logró competir.

—Tiempo sin verte, Yuuri. —El aludido le miró y afirmó en silencio. Christofer sonrió con malicia antes de extender su mano y tocar la curva del trasero de Yuuri, haciéndolo sobresaltar.

—¡Chris! —Se apartó entre las risas del suizo—. No hagas eso…

—Oh, cómo los viejos tiempos. Hay cosas que nunca cambian.

—Te veo muy bien. —Yuuri se mantuvo a distancia, observando con desconfianza la mano de Christofer y la expresión fija con la que lo miraba.

—No tanto como tú, entrenador Katsuki. Te veo de maravilla. Veo que la separación te ha sentado más que bien. ¿Cómo se siente volver a ganar?

Yuuri se mantuvo tenso, con la espalda recta y los hombros apretados. Chris seguía exudando toda esa sensualidad en el ronroneó de su voz gruesa y su mirada encendida, sin embargo, para Yuuri nunca fue secreto que hubo un tiempo donde la cordialidad comenzó a mutar, donde él no podía estar tranquilo con la cercanía de Chris a Víctor y donde Chris no dejó de resaltar lo ilógico que eran sus celos. Quizás y sí, fueron ilógicos, pero Yuuri no podía dejar de compararse, y de cierta forma, aún una parte de él podía seguir comparándose y viéndose en desventaja.

Pero era la primera vez que le sentía tanto veneno al hablar y de forma tan directa. Frunció su ceño mientras analizaba la situación y la forma en que Chris lo miraba. No quería contestar a la provocación, porque eso era.

—Estoy contento… el trabajo de todos estos meses dio su fruto, pero sé que no puedo confiarme.

—Por supuesto que no, sería estúpido que lo hicieras y si algo me ha quedado claro es que no eres nada estúpido. —Los tragos fueron servidos para Chris, más no los tomó de una vez; siguió mirando a Yuuri con atención, aunque algo iba cambiando en su mirada. Yuuri la notaba oscurecer, como se oscurecen las noches de luna llena cuando las nubes cubren el cielo. Así, lento pero preciso, intimidante incluso.

Esperó. Sabía que debía esperar. A Chris no le agradó el silencio y la forma en que sus ojos se endurecieron como piedras volcánicas.

—Estamos en competencia y tú lo has dejado claro.

—¿Qué quieres, Christofer?

—Nada en particular, aunque imagino que debes saber qué hago aquí en América y no en mi casa.

—Me doy una idea —respondió tajante, aunque nada tenía que ver con la fuerza, era más bien la forma en que sus palabras salían casi empujadas por la tensión, la ansiedad y el enojo.

—Quiero lo mejor para él, como el amigo que soy. —Christofer alargó el silencio previo a la siguiente frase que Yuuri se dio el lujo de imaginar—. Si no pretendes volver con él, no te acerques.

Yuuri intentó contenerse. Incluso cuando sintió la fuerza en su mandíbula queriendo triturar sus dientes, el ardor en sus ojos, el fuego en su estómago; intentó contenerse. Miró hacia un lado, respirando con cuidado como si temiera que saliera fuego de su boca. Aunque el color que había llenado sus orejas ya era más que evidente, solo deseaba que la oscuridad del local ayudara a camuflarlo. Pero Chris golpeó de nuevo:

—No le hagas más daño.

Le devolvió la mirada con la colera tiñendo caminos rojos en sus ojos. Le pareció una soberana ironía y respondió a ella de esa forma, con la garganta trabada, con una curva en sus labios llena de falsedad, pena y rabia.

—¿Hacerle daño? ¿Te dijo que solo yo le hice daño? —Yuuri miró uno de los tragos de Chris, y sin pensarlo, lo tomó y lo bebió todo casi de un solo movimiento.

Christofer lo miró asombrado, sin entender. Le sorprendió su actitud, había esperado quizás algo más de dolor, incluso nerviosismo, pero Yuuri ya no era el Yuuri que recordaba en muchos sentidos. Y eso le demostró cuando al acabar el trago, demasiado fuerte para él, arrugó la cara, pero no se amilanó, levantó su rostro con firmeza y mostró su ceño fruncido. Enfrentándole, sin temor, sin ansiedad… ya solo quedaba pura rabia.

—No sabes nada de lo que pasó, Chris, y no hace falta explicarte. Fue un placer volver a verte.

Dejó el vaso de vidrio vacío sobre la barra, abandonando el cóctel que acaban de servirle mientras se apresuraba para alejarse de Christofer. El hombre giró la mirada hacia atrás, para ver donde la espalda de Yuuri se alejaba y volver sus ojos sobre el vaso vacío. Arrugó su ceño ante esa respuesta y el fuego que vio en su mirada.

Y Yuuri ciertamente se sentía en llamas. Ser señalado del modo en que se sintió por Chris había terminado de romper la paciencia con la que estaba manejando todo. Se sentía juzgado, y odiaba saber que tenía razones para ello, por lo cual sus pasos rápidos lo dirigían al baño, con deseos de meter su cabeza en agua helada y tratar de calmar el ardor que le llenaba el rostro.

Como si él pudiera saber…

Como si tuviera una idea. Era fácil juzgar ahora que Víctor se había recuperado y estaba en su mejor momento.

¿Pero qué esperaba? ¿Comprensión de todos? Eran las mismas palabras que le esperarían en Rusia cuando atravesara la frontera y se enfrentará con la prensa. La misma idea seguramente señalándolo, marcándolo en su paso por la copa Rostelecom. Podía escuchar a sus propios pensamientos dándole validez a la voz de Chris, atravesando sus cientos de capas para llegar a lo más hondo, donde estaba el dolor aún guardado, donde se sentía bajo la piel.

Cruzó el pasillo que daba hacia el baño, con la cabeza agachada y los puños, con el sudor frío.

—¡Yuuri! —Escuchó de lejos, más no se detuvo pese a reconocer la voz, el acento, la particular entonación que le daba al decir su nombre—. ¡Yuuri!

Bastó solo sujetarle la muñeca para que Yuuri reaccionaron con un manotazo, apartando la mano de Víctor que tuvo la iniciativa de sujetarlo. Cuando levantó la mirada hacia él, ofuscado, se encontró con la expresión sorprendida y el dolor en su mirada. Yuuri se obligó a tragar y a bajar el rostro, agarrándose el brazo con la mano que lo había manoteado.

—Lo lamento… —Escuchó sus disculpas—. No era mi intención tocarte, es que te estaba llamando desde hacía unos minutos y… creo que no me escuchabas. —Yuuri levantó la mirada para observarlo y lo notó, tan nervioso como él, tan incómodo como si fueran meros extraños. Lo miró pasar una mano por su nuca, signo de su notable intranquilidad, y apretó sus labios.

—Ahora no, Víctor. —Ahora no, no cuando estaba tan ofuscado, tan desesperado de un momento a solas. Víctor le miró con atención y provocó que escondiera su mirada.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan enojado? —Yuuri apretó su mandíbula, conteniendo su propia respiración. Ni siquiera el hecho de que la gente atravesara el pasillo para salir de los baños le importaba, todo lo que quería era esfumarse. Renegó, volteando para alejarse sin explicar nada, hasta que sintió de nuevo el toque en su muñeca.

La mano de Víctor estaba fría, casi helada. Su toque siempre fue así… Víctor traía el frío de Rusia en las puntas de sus dedos y en el estado en que se encontraba, a punto de una combustión, el roce resultó un alivio que no quería tomar. Yuuri sintió como si todo el fuego y el vapor se condensara en su cabeza y humedeciera sus ojos.

Fue incapaz de voltear a mirarlo, así como de apartar la mano de nuevo. Apretó sus labios y solo bajó su rostro para indicarle que se iba a quedar allí.

Víctor lo veía tan alterado, que todo lo que le provocaba era cubrirlo en un abrazo sentido desde la espalda, acariciar su cabello, preguntar hasta que Yuuri soltara lo que sea que le hubiera molestado. Notaba su espalda hecha de hierro, los nudos que casi podía adivinar atravesando los omoplatos, la tensión que exudaba los vellos erizados de su cuello. Y le daba impotencia saber cómo disiparlos y no tener permiso de hacerlo.

—Victor, en serio… no es buen momento ahora. —Victor escuchó con un nuevo nudo en su garganta formándose, mientras miraba el pequeño espacio que dividía sus yemas de los dedos de Yuuri y las ansias que tenía de cubrirlos de nuevo—. T-tengo que buscar a Minami…

—Lo lamento, no te quitaré mucho tiempo. —Lo soltó de golpe y Yuuri recogió su mano temblorosa para protegerla con la otra—. Solo quería felicitarte.

Fue como si le hubiera caído un aguacero encima. Yuuri incluso se sintió empapado de pura agua helada. Todo el fuego se esfumó en cuestión de segundos, pero en su lugar llegó una imposible sensación de entumecimiento y humedad que le llenó cada agujero, cada rendija, cada marca vieja en el tiempo. Yuuri se giró incrédulo. Víctor le respondió mirándolo igual, sin comprender el por qué la mirada de Yuuri había cambiado, por qué sus ojos se habían vuelto tan brillantes y por qué lo miraba como si no pudiera creer una sola palabra.

—¿Felicitarme? —preguntó, presa de la incredulidad. Víctor le dolió notarlo, le dolió saber que Yuuri tenía toda la razón para dudar.

—Por supuesto… —Intentó sonreír, tratando de no desviar sus ojos con tanta insistencia hacia los labios temblorosos—. Por habernos venc…

Los golpes aparatosos que se escucharon en la puerta continua no hubieran sido suficiente para distraerlos, si estos no vinieran acompañados por el grito de Emil y de Michelle. Los dos abrieron sus ojos, saliendo en ese momento de un trance que acababan de notar, solo para ver como de la puerta Emil salía en silla de ruedas, visiblemente despeinado y alterado.

—¡Ey! ¡Ayuden a Mickey! ¡Estos dos están locos! ¡Yuri y Minami…!

—¡Ya basta Yuri! —Se escuchó tras la puerta abierta.

Víctor fue el primero en reaccionar. Yuuri tardó en hacerlo, acababa de sentirse de nuevo empujado por la gravedad a la realidad, con apenas tiempo para tambalearse. Era como haber despertado de golpe y no poder reconocer las formas entre la luz. Luego escuchó la voz de Víctor gritando el nombre de Yuri, la voz clara de Minami elevando su voz y fue como si eso fuera suficiente para hacerlo despertar. Llevó su cuerpo casi a empujadas hasta la puerta, donde Emil se apartó para luego ponerse las manos en la cabeza, estresado.

—¡Qué demonios está ocurriendo, Yuri! —Alzó la voz Víctor, espantado con la escena que veía.

—¡Minami! —gritó ahora Yuuri, viendo con pasmo el rostro golpeado del muchacho y la sangre que no solo corría por su nariz, sino que llegaba hasta su camisa. Yuri no estaba mejor, despeinado, ofuscado, también tenía un par de golpes en el rostro, pero era quien estaba siendo sujetado con fuerza por Michelle, quien apenas podía con la impulsividad de Plisetsky—. ¡¿Qué está pasando?!

—¡Aléjate de mí pulga inmunda! —Gritó fuera de sí, sin siquiera darse cuenta de quienes habían llegado, incapaz de escucharlos. Todo lo que podía escuchar Yuri era los latidos furiosos de su corazón y las risas estrepitosas de Minami estrellándose en su cabeza—. ¡Te juro que te voy a ganar! ¡Voy a ganar el oro!

—¡No mi oro! —Le aseguró Minami, mientras se limpiaba la sangre de su nariz esbozando una sonrisa—. ¡No mi oro!

—¡Maldito imbécil!

—¡Minami, ya basta!

Todo se movió demasiado rápido. Para cuando todos se dieron cuenta, Yuri Plisetsky había asestado el puño que logró escapar del agarre de Michelle en el pómulo izquierdo de Yuuri Katsuki, quien pretendía en ese momento jalar a Minami para llevárselo de allí…

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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