Matryoshka II (Cap 06)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 06: Skate America: Parece tarde

Solo dijo su nombre y quiso correr. No dijo más, solo su nombre y quiso correr. Al reconocer al curso a donde quería llevarlo su cuerpo, Yuuri tuvo que tomar la dirección contraria. Alejarse de Víctor antes de hacer una locura, moverse antes de ceder en la carga emocional que Víctor le transmitía con sus ojos.

Había querido abrazarlo, Yuuri hubiera querido más que eso. Yuuri había tenido ganas de agarrarlo del cuello, gritarle porque había tardado tanto y sellarle la posibilidad de respuesta con un beso.

Había sido demasiada las emociones que le habían creado el espejo de Emil y de Michelle para sentir que todo se había volcado sobre él. Debió ser mucho ver a Víctor de cerca de nuevo, notar que seguía siendo el de antes, antes de todo, antes de su lesión. Sentir que el tiempo realmente no había pasado, que no ocurrió esos tres años, y que si hubieran pasado ya poco importaba porque había vuelto. Yuuri se sentía como haber visto a una persona que había creído muerta, y acababa de entender que esa sensación de euforia que quería abrirle las costillas y le estallaba en los pulmones era felicidad y terror.

Lo había extrañado tanto…

Sin embargo, Yuuri comprendía que sería un error ceder. Porque sí habían pasado tres años, sí habían cambiado, Víctor podría parecer el antiguo Víctor, pero no lo era, él tampoco. No podía caer en la estupidez de ceder en el impulso, en la falsa imagen y sus emociones dispersadas, para hacerse y hacerle creer que todo podía ser como antes y prometerlo con un beso.

Tiró de la puerta del baño al entrar y se aferró al lavado, asfixiado. Cuando se dio cuenta sus lágrimas de nuevo habían caído y mojado sus mejillas, su rostro estaba pálido, sus labios temblorosos y entreabiertos. Se miró en la imagen que le mostraba el espejo: la de una persona que había vivido en luto por años, solo para descubrir que esa persona aún estaba con vida y que en cuya mirada había aún deseos de volver. Una persona que ya había decidido seguir sola, que ya había asumido la pérdida…. con la posibilidad de recuperarla.

Se contuvo de volver a llorar…

En ese momento pensó que debieron hablar antes… antes de encontrarse con Emil, con Michelle, antes de que la vida les abofeteara… justo cuando Víctor le buscó por mensaje esa noche.

Yuuri levantó de nuevo los ojos enrojecidos, y sin pensarlo comenzó a echarse agua en la cara, el cabello, el cuello. Necesitaba respirar, necesitaba hacerlo. Sus manos temblaban ante las hipótesis y aún tenía miedo de que Víctor lo hubiese seguido y llegase a aquel baño. De repente, la opresión se hacía más real al pensarlo. Al imaginar a Victor entrando al baño, al sentirse acorralarlo, y al desear tantas cosas a la vez. Gritarle, abrazarle, golpearle, besarle. Reclamarle por cada cosa que vivió, por cada silencio que bebió, por cada caricia que ansió y nunca llegó.

¿Por qué tuvo que mirarle así? ¿Por qué tuvo que mirarle con tanta necesidad? Pensó que podía comportarse como un adulto, estuvo equivocado: las emociones lo superaban.

Debía calmarse… debía hacerlo. Su móvil sonó con la entrada de un mensaje de Minami preguntando por él y que la prensa estaba esperándolo y él se sintió mareado de dolor.

Soltó el aire y encerró todo. Ya faltaba poco… faltaba poco para acabar de cumplir su papel de entrenador y permitirse hacer algo con lo demás. Mientras seguía recibiendo mensajes que no leyó aún de su familia, de sus amigos, incluso de Takao; Yuuri ocultó su móvil en silencio a la chaqueta y se peinó, recuperando el aliento. Un par de mechones cayeron en la frente, más no le importó. Se enderezó y estuvo a punto de volver antes de notar un sollozo y mirar entre los cubículos los tenis de animal print que supo reconocer. Se detuvo al instante.

Estaba tan aturdido que no había escuchado esos sollozos provenientes de aquel casillero, y era evidente que quien estaba allí tampoco lo había escuchado entrar, tan ensimismado en su malestar como para notarlo. La sensación de deja vu volvió sobre él, se precipitó como una lluvia recordando que él había estado en una situación similar que Yuri, y que Yuri había estado en la suya. Eran circunstancias completamente diferentes, pero se sentía similar. Yuri debía sentirse tan miserable como él se sintió no solo en ese día de Sochi, sino también en Moscú, cuando había logrado pasar al GPF por apenas suerte.

Se acercó y retuvo el impulso que le empujó tocar la puerta. Yuuri frunció su ceño, y escuchó más claro sus sollozos. Apretó sus labios al oírlo y meditó sus opciones, entre fingir indiferencia y que no lo había escuchado, o hacerle saber que estaba allí. Aún podía recordar el encuentro de hacía dos días, su expresión cambiando, la forma en que se alejó. El grito mudo a través de sus ojos, la silenciosa necesidad de acercarse y el temor de hacerlo.

Claro que Yuuri había leído todo. Claro que lo entendía… era casi igual a lo que acababa de sentir por culpa de Víctor.

Él le había hecho daño, era natural que tuviera miedo de acercarse. Entendía perfectamente sus sentimientos.

Tomó aire y lo decidió. Un sólido golpe cayó sobre la puerta y escuchó un gruñido tras ella. Volvió a tocar, insistiendo. No pensaba irse sin verlo y enfrentarlo de una buena vez.

—¡Largase! ¡Está ocupado, maldita sea! —Gritó, con la voz afectada por el dolor.

—Yura. —Respiró el silencio, incluso en los sollozos—. Sal, por favor.

Debería ser ilegal permitirle a Yuuri seguir usando ese nombre. Debería serlo. Yuri al escucharlo, sintió de nuevo atragantado todo y levantó la mirada enrojecida hacía la puerta que los separaba. La tensión también se filtró en sus extremidades, dejándolo tieso sobre la tapa del inodoro, con los brazos abrazándole y el cuello entumecido.

Debería ser ilegal que eso estuviera ocurriendo.

Estar en el mismo lugar que lo había encontrado casi siete años atrás debería ser una burla del destino. El que estuviera Yuuri detrás de esa puerta, esperándolo después de haberlo pateado de esa forma a nivel emocional debería ser alguna clase de karma que pagaba en vida. Odiaba escucharlo ahora, porque había sido su Yura lo que había acabado su presentación, lo que le había hecho fallar.

No quería escucharlo, no a sabiendas de que gracias a eso perdió.

En un arranque de pura ira, Yuri se levantó y abrió con fuerza la puerta, solo para quedar petrificado ante la figura de Yuuri que lo miraba con firmeza, vestido con su saco negro, con la corbata roja que le daba un brillo aún más vino a sus ojos, con su cabello mojado, algunos mechones cubriendo su frente, y dándole un aspecto aún mayor. Lo miró con la rabia contenida, lo miró como si quisiera gritarle que todo lo que estaba pasando era su culpa, que todas sus fallas eran su culpa, porque él le había fallado y se había ido cuando más lo necesitaba.

Aunque supiera que fuese incorrecto. Aunque no tuviera sentido sus reclamos porque al final no fueron más que amigos y seguramente solo de su parte vio algo más, incluso a nivel de amistad.

—Si no estás listo para la competencia, no deberías estar aquí. —Afirmó Yuuri, mirándole fijamente—. ¿Te vas a dejar vencer tan fácilmente?

“No hay lugar para dos Yuris.”

Yuri sintió que el aire escapó por cada poro de su piel. Sus ojos perdieron color, su rostro incluso palideció, mientras miraba la firmeza con la que Yuuri le hablaba. No había dulzura, no había compasión, no hacía falta. Ni Yuri la necesitaba y Yuuri lo entendía. Yuri tanto como él odiaban la condescendencia, odiaba que lo pensaran débil, odiaba que lo subestimaran.

—Espero verte en el Grand Prix Final, Yura.

¿Cómo era posible que Yuuri siguiera conociéndolo tanto?

¿Cómo era posible que siguiera con esa clase de poder sobre él?

Cuando Yuri giró su mirada hacía la puerta del baño, ya Yuuri acababa de cerrarla. Pero ya no tenía razón para llorar.

Al mismo tiempo, Christofer fue quien encontró a Víctor sentado en una de las bancas del pasillo, con un pañuelo en mano y el abrigo en sus piernas, pálido como si acabara de ver un muerto. Preocupado al ver lo mucho que estaba tardando y que no le estaba contestando su móvil, salió a su búsqueda.

Cuando pudo divisarlo al final del camino, se apresuró alterado, creyendo que había ocurrido algo para retenerlo, algo como un enfrentamiento con Yuri Plisetsky después de lo ocurrido. Chris no estaba seguro de cómo el muchacho manejaría la derrota, pero él personalmente estaba muy enojado con Yuri. Había fallado patéticamente y había dejado al piso el trabajo de Victor, entregándole en bandeja de plata, de nuevo, la victoria a Katsuki.

—Victor, estaba preocupado. —Inició al abordarlo, solo para notar la extraña expresión que tenía—. ¿Qué ocurre?

Víctor levantó la mirada al notar la presencia de Chris frente a él. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos y llenos de emociones a las que no podía darle forma. Yuuri le había hablado, y se había ido, él no había podido decirle nada. La suavidad y el amor que notó en su mirada fue suficiente para desarmarlo.

Y, además, cargaba ese pañuelo… era uno de los que estaban en la caja que le regaló en su primer aniversario celebrado en Francia. El hecho de que lo tuviera debía significar algo, y su cabeza se encargaba de crearle miles de justificaciones. Si Yuuri aún conservaba y usaba las cosas que llegó a regalarle, ¿de algún modo tenía algún lugar en su vida?

Yuuri se había ido cuan princesa de cuento de hadas, dejando en el camino algo para recordarlo. Ese pañuelo era su nuevo amuleto para encontrarlo.

Se lo llevó al rostro, oliéndolo. Yuuri había cambiado de perfume, pero aun así podía reconocerle su indiscutible nota personal. Chris lo veía sin comprender.

—Necesito buscar a Yuuri. —Le dijo, mirándolo con necesidad. Christofer suspiró.

—Sí, necesitas buscar a Yuri. No sé dónde se metió el mocoso.

Claramente hubo una confusión. Víctor abrió sus ojos un poco más al recordar que ciertamente tenía que buscar a Yuri, su estudiante, al cual no había visto desde su presentación. Tenía que hacerlo porque en la salida los esperaba la prensa, no podía dejarlo irse solo, y mucho menos que se enfrentara a ella cuando tenía que dar la cara por su derrota. Por otro lado, Chris entendió muy tarde a que Yuri se había referido Víctor y tuvo que apretar la mandíbula.

—Cierto, debo buscar a Yuri… —Guardó el pañuelo en el bolsillo interno de su saco, justo al nivel de su corazón, mientras se levantaba. Chris no quiso comentarle nada al respecto—. ¿Dónde estará?

Decidió llamarlo y tras varios tonos, Yuri contestó. No tardaron en ir a donde Yuri les había dicho que los esperaría, y justo en el cruce del pasillo, lo vieron apoyado contra la pared, con el cabello suelto tapando su rostro y la chamarra rusa cubriéndolo. Víctor aceleró el paso y Christofer se quedó atrás, atento a cualquier desplante fuerte que pudiera venir de Yuri. No encontró nada.

—Yo me encargaré de la prensa. —Anunció Víctor, provocando que Yuri levantara ligeramente su rostro—. Chris, por favor, escabúllete con Yuri y llévatelo al hotel.

—No necesito que me cubras, Víctor. —Fue su reacción, agarrando la manga del saco de Víctor para enfatizar sus palabras—. Esto ha sido mi culpa, no voy a huir como un cobarde.

—Por fin algo razonable. —Rezongó Christofer, pero Yuri decidió no mirarle. Solo soltó a Víctor y comenzó a caminar.

Entre tanto, la rueda de prensa que había sido arreglada para los tres ganadores del evento estaba en su momento álgido, con la presencia de Yuuri ya al lado de Minami. Había tardado en llegar y su impuntualidad no había pasado desapercibida por los medios. Minami había llegado a lucir tenso, esperándolo con ansias y preguntándose qué era lo que le estaba deteniendo. Cuando lo vio llegar ligeramente enrojecido, supo que algo ocurrió, más no había tiempo para preguntarlo.

Pese a todo, Yuuri se comportó a la altura, respondió todas las preguntas mientras ocultaba bajo la mesa las manos temblorosas y ansiosas que se acariciaban entre sí. Había notado que no tenía el pañuelo. Lo tenía en la mano cuando estaba frente a Víctor, pero lo había perdido de vista y apenas se percató. Sus manos sudando lo habían hecho extrañar ese objeto que tenía un incalculable valor sentimental.

Cuando respondía la pregunta sobre si pensaba repetir la exhibición hecha en Japón, Yuuri divisó la figura alta de Petra a la distancia, alejada del panel de periodistas y acompañada de los que se encargarían de dar el análisis crítico del evento. Su mirada penetrante y la seriedad de su rostro fueron muy dicientes para Yuuri, quien ya había visto esa expresión en incontables ocasiones en el pasado. Junto a ella, el peso de Rusia volvía a caer sobre su espalda.

—¿Cómo se prepara para la Copa Rostelecom? —Soltó el periodista de la cadena CNN y Yuuri le regresó la mirada—. Minami Kenjirou se tendrá que enfrentar contra Jean Jacques Leroy, quien en su momento fue su mayor rival en las competencias, y Seung-Gil Lee actual medallista olímpico.

—Tal como hicimos en esta, Minami y yo seguiremos entrenando para llegar a perfeccionar ambos programas. No podemos rendirnos, la competencia sabemos que será dura y que todos darán lo mejor de sí para llegar a la final.

—Señor Katsuki, ¿cómo puede describir su actual relación con Víctor Nikiforov ahora que han vuelto a las competencias como entrenadores?

El silencio en la sala tras la pregunta del arriesgado periodista no se hizo esperar. Michelle rodó los ojos, considerándola una pregunta estúpida e innecesaria, mientras que Emil desde la distancia y en compañía de Sara observaban todo y comprendía la difícil interrogante que le habían lanzado. Minami bajó los ojos, con una mueca de desagrado, mientras que Petra afiló la mirada esperando la respuesta de Yuuri.

—Profesional. —Se encargó de aclarar—. De hecho, después de la competencia, ambos tuvimos un intercambio de palabras amigables por los resultados de la competencia. Ambos estamos enfocados en el rendimiento de nuestros estudiantes y los resultados que le debemos a nuestros respectivos países, esperamos que los medios puedan respetar eso.

—¿Cree usted que Yuri Plisetsky podrá llegar al Grand Prix Final o como en el año pasado perderá la oportunidad?

—Pueden apostar que lo hará. No será el primero en clasificar después de haber quedado en el cuarto lugar, yo pude hacerlo.

A la salida, a Victor y Yuri lo esperaban varios reporteros que no tardaron en abordarlos atropellándolos con los flashes de las cámaras. Yuri apretó sus labios, mientras caminaban al ritmo de Victor, decidido a afrontar las consecuencias de su fracaso. No tardaron en hacer preguntas ilógicas: cómo se sentía, o qué ocurrió en el programa largo. Si había cedido a la presión, que esperaba hacer en Francia, sí podría incluir más cuádruples en sus programas. Pese a que Yuri estuvo allí, no intervino; fue Víctor quien se encargó de responder.

Cuando estuvieron a punto de retirarse, tras haber respondido a cada uno de los cuestionamientos, ambos se detuvieron al ver la espalda de Yuuri y Minami retirarse más allá, superando la barrera de los periodistas y alcanzando la masa de fan que esperaban felicitarlos y obtener un autógrafo tras su victoria.

—Señor Nikiforov, —escuchó a su espalda, obligándolo a voltear—, el señor Katsuki indicó que habían mantenido un intercambio amigable tras la competencia. ¿Cómo se siente al respecto?

Christofer usó toda su fuerza de voluntad para no voltear a ver a Víctor de forma comunicativa, y hacerle ver que si era eso cierto y era la razón de haberlo encontrado así. Yuri tampoco lo hizo, más fue por la tensión que sobrevino sobre su espalda.

—Así es… —Se animó a responder con una ligera sonrisa que ocultaba mil cosas—. Me siento a la expectativa.

Sin explicar más, y dejando la moción en el aire, apretó el hombro de Yuri y avanzó, con el agujero en su estómago y la sensación pesada sobre su espalda. Igualmente, afuera los esperaba una amplia multitud, muchas de esas chicas y chicos con elementos de gatos y tigres, alzando pancartas en apoyo a Yuri a pesar de los resultados. Yuri los escuchó de lejos, planteándose seriamente lo que tendría que hacer para lograr lo que Yuuri le había indicado: alcanzar el GPF.

“¿Cómo que se vieron y hablaron y no hay nada de eso en las redes? ¡Exijo mi momento Victuuri! #VerySad #VictuuriIsLove #EstoNoEsjusto”

“¿Alguien notó la mala cara de Minami cuando Yuuri habló de Yuri Plisetsky? ¡Jajajaja algo se huele allí! #EsosCelos #YuuriKatsuki #Minami Kenjirou #YuuriPlisetsky #TrioPlease”

“Después de ver lo ocurrido con el programa de Yuri Plisetsky, mis esperanzas de que alcance el Grand Prix Final mueren. #DeLuto #YuriAngelsSufren #YuriPlisetskyWhy”

“Esta era la oportunidad de asegurar un puesto en el podio para Yuri Plisetsky y la tiró a la borda. ¡Que decepcionante! Malgastó y tiró al suelo los programas de Nikiforov. #YuriPlisetsky #VictorNikiforov #SkateAmerica2021”

“¿Alguien quiere escuchar se los dije? Por eso no me convencía para nada que Yuri estuviera usando los programas de Victor. Sólo se estrelló contra el piso. #PlisetskySuck #Shame”

“Este es el cuento de como Icaro tratando de alcanzar al sol se quiebra las alas. Qué patético. #YuriPlisetsky #VictorNikiforov #VerguenzaRusa”

“De nuevo Rusia ha quedado avergonzada, perdiendo con países de tan baja trayectoria en el hielo como Japón, Italia y España. ¡O sea, España! #VerguenzaRusa #PlisetskySuck”

“Una maravillosa presentación por parte de Michelle Crispino y Minami Kenjirou, definitivamente los grandes ganadores del Skate America. #MichelleCrispino #ResurretionAngel #TheJapanPhoenix #MinamiKenjirou”

“¿Soy el único que no le molesta que Yuri Plisetsky haya perdido? A ver si así se baja los humos, debería dejar de subestimar a sus rivales #AprendePlisestky #YuriPlisetsky #TeamRussian”

“¡Yo aún sigo creyendo que Yuri Plisetsky remonte! ¡Todavía queda Francia! #PrayForFrancia #GoYuri”

“Mi pobre tigre de Rusia cayó ante la presión, pero puede volver a remontarse, lo bueno es que aún en Francia no le toca disputar el podio con J.J. #SadForPlisetsky #YuriAngelsSad”

“Que Minami Kenjirou disfrute su oro ahora, porque dudo que pueda hacerlo en Rusia. ¡El rey le demostrará cuál es su lugar! #CanadaKing #JJStyle #JJIsTheKing”

“Lo único que me entristece y me enoja de la derrota de Yuri Plisetsky es esta cara de Víctor. ¡Cuánta decepción! #SorryVictor #YourBestStudentIsYuuriKatsuki #PraidForVictor”

“¿Gabriel Hernández acaba de ganar el bronce en el Skate America y que pasa en mi TV? El gol del Barza. ¡No me jodan tíos! #JusticiaParaGabriel #EspañaNoEsSoloFutbol”

“¡Contrario a todos, yo quiero que el Grand Prix Final se lo lleve Michelle y le cuelgue su medalla de oro a Emil! #Emickey #EmilNekola #MichelleCrispino #GoldForItaly #SomewhereOverTheRainbow”

“Lo mejor de todo es que Phoenix no estuvo en su total esplendor. Katsuki anunció que bajaron la complejidad del programa por una ligera lesión de Kenjirou. #SkateAmerica2021 #CoachKatsuki”

Opinión

EL RESPONSABLE DE LA DERROTA RUSA EN EL SKATE AMERICA

Petra Kudryavtseva

Las puntuaciones ya han sido reveladas y para nadie es secreto los resultados finales del primer evento de la serie del Grand Prix. Esta temporada ha iniciado con un despliegue único de nuevos y antiguos competidores, que han demostrado estar más preparados para el enfrentamiento que la propia Rusia. Nuestro representante de cabecera, Yuri Plisetsky, pierde su lugar en el podio después de una caída aparatosa que nos hace preguntarnos: ¿Qué ocurrió? Para mí, esto ha sido crónica de una muerte anunciada.

Y si vamos a mencionar un responsable de esta derrota, no, no voy a mencionar a Yuri Plisetsky, quien simplemente nos demostró lo que ya hemos visto de él en años pasado: sus años de gloria quedaron atrás y es parte de la enorme lista de patinadores que tras su crecimiento pierden sus mejores habilidades que los hicieron jóvenes ganadores. Lo que vimos es algo que hemos visto desde hace varios años: evidentemente no está a la altura de la competencia.

Tampoco mencionaré a Yuuri Katsuki, quien en su momento había logrado quitarnos las medallas de oro en competencia y lo ha vuelto hacer ahora como entrenador. Parece que Katsuki está a la altura del evento, ha preparado a Minami Kenjirou para ser el mejor, no solo por una increíble coreografía de sus programas, sino por la exigencia técnica de él. Se preparó para que su estudiante estuviera a la altura de la competencia ahora que se va a enfrentar en la Copa Rostelecom contra Jean Jacques Leroy, quien ya anunció la incorporación de un Axel cuádruple a su rutina. No subestimó a los contrincantes y como dijo en su entrevista: están listos para ello.

Muchos menos a Michelle Crispino, cuya experiencia le ha permitido prepararse y estar a la altura de las expectativas de su país, para demostrar lo que desde siempre lo ha representado como competidor: la emotividad y belleza de sus programas. Ni hablar el joven Gabriel Hernández, quien pese a su juventud y lo tarde que llegó a la liga Senior, parece estar más preparado para controlar la presión y mantener sus puntajes en alto. Pese a ser los que estuvieron en el podio en compañía de un merecido oro para Japón, ninguno de ellos es responsables de nuestra derrota.

El culpable es Victor Nikiforov.

Con la talla de su experiencia y la maestría de sus rutinas ha hecho gala de lo que siempre fue un impedimento en su relación con la FFKK: Obstinación, necedad e imprudencia. Víctor desestimó las recomendaciones de la FFKK cuándo se le dijo que debía asegurarse de agregar al menos un cuádruple más. Desatendió los consejos de los críticos que consideraron que deberíamos tener mucho mayor criterio técnico en las presentaciones. Ignoró el clamor de los fans que se expresaron al decir que esperaban más de un cuádruple. Jugó bajo, subestimó la competencia, y provocó el desenlace que tenemos ahora.

Y no voy a hablar de lo que ocurrió con Yuri Plisetsky en competencia mientras ejecutaba su programa libre, sino de cómo Víctor lo dejó ir a la pista de hielo, con clara tensión. Víctor sabía que Yuri Plisetsky no iba a poder puntuar suficiente. Víctor sabía que las cosas iban a terminar así. Y toda la caída estrepitosa de Yuri y su desesperación por intentar clavar un cuádruple en el programa Lose Yourself, solo es muestra de la inexperiencia de Nikiforov como guía.

Pero dejando de lado la aparatosa presentación de su programa libre, en donde quiero poner énfasis es en la presentación de su programa corto, donde Plisetsky parecía más confiado y solo clavó un cuádruple. Con haber incorporado un cuádruple más no solo hubiera quedado de segundo lugar en la tabla, sino que hubiera tenido los puntos suficientes para quedarse en el podio a pesar de su posterior desastre.

Nos queda un largo camino. A pesar de que tenemos a Piotr Antonov y a Alexis Bogdesko, Yuri Plisetsky era quien estaba más apto para representarnos a lo alto y poder llegar a la final, ya que Piotr y Alexis carecen de la experiencia y la capacidad para ejecutar programas a la altura del desafío. Así que nos queda seguir con los ojos puestos en Yuri Plisetsky y lo que pueda hacer en el Trofeo de Francia, donde se tiene que enfrentar contra Seung-Gil Lee y Otabek Altin, ambos ganadores indiscutibles de la temporada anterior. Para esto, esperamos que Víctor Nikiforov acate el llamado de Rusia, comprenda su papel como representante de la federación y de todo nuestro país y tome las correcciones necesarias para que Yuri Plisetsky esté preparado para el Trofeo de Francia y pueda al menos alcanzar la plata, con lo que se podría tener una oportunidad de llegar a la final

La diferencia entre estar al podio y quedarse abajo fue solo un cuádruple. Es hora de que lo entienda, Nikiforov.

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—Esto me ha parecido duro. —Morooka acarició su propio mentón, tras haber leído lo escrito mientras la periodista terminaba de fumar su cigarrillo, mirando de forma desatendida el techo del hotel en el área de fumadores.

—No estoy para suavizar las cosas, Morooka. —Inclinó su rostro, mirándolo fijamente tras sus tupidas pestañas—. ¿O he dicho algo que no sea cierto?

—Me reservo el comentario —dijo amigablemente, mientras se acomodaba en el asiento y tomaba la laptop para terminar de preparar su artículo para la JSF—. Agradezco que reconocieras el trabajo de Katsuki aquí.

—Al César, lo que es del César; Katsuki se comportó a la altura, es lamentable no poder decir lo mismo de Nikiforov. —Atropelló su cigarro en el cenicero, acomodándose luego uno de sus largos mechones.

—¡Menos mal eres su fan! —bromeó. Petra rio roncamente, antes de mirarle de reojo, notando que el japonés ya estaba empezando a estrellar sus dedos contra el teclado.

—¿Alguna vez dejaste de apoyar a Katsuki? —Morooka levantó la mirada y con una sonrisa sincera lo negó.

—Ni cuando quedó de sexto en el Grand Prix Final de Sochi después de estropear sus programas.

—¿Y eso impidió decir la verdad con su desempeño? Tú, como profesional en tu área, dejaste que esos sentimentalismos quitaran objetividad en tu criterio como periodista.

—Claro que no. Pero jamás le critique en la prensa como lo has hecho tú. —Resaltó—. Lo apoyé en todo momento, dentro y fuera de la prensa.

—Eso explica por qué yo prefiero el vodka y tú el té —Mencionó alzando su trago mientras Morooka dirigió su mirada a la suave taza de té verde que pidió. Ambos rieron con la comparación y Petra bebió un nuevo trago.

—Bueno, también podría explicar la victoria de Japón sobre Rusia. —Petra detuvo el trago y alzó una de sus largas y perfiladas cejas. Morooka levantó su taza de té como si brindara al aire y se la llevó sobre sus labios.

—No te aproveches de nuestra profesionalidad, Morooka. —Advirtió la mujer.

—No es lo que deseo, dejémoslo a simple discrepancia de criterio. Tu forma de apoyar el patinaje artístico es distinta a la mía, solo eso.

—Aunque no lo creas, todo lo que deseo es ver de nuevo a mi bandera ondear con orgullo en la pista. El patinaje artístico siempre fue mi debilidad desde que mis padres me llevaban a ver las competencias de la copa Rostelecom de niña. Cuando vi por primera vez el patinaje de Víctor Nikiforov y la forma en que nos dejaba en alto, sentí tanto orgullo… que todo lo que quería era estar allí comentando de sus logros y los logros que seguirían a Rusia a partir de él. Y aquí estoy, viéndolos perder.

Pero cuando Víctor empezó a ganar y a poner cada ladrillo que construiría su imperio en el patinaje, ella fue la que estuvo siguiendo sus pasos y alabando sus méritos en Rusia, mientras también levantaba cada pie para construir la escalera que le permitiría también estar entre los grandes del periodismo al lado de la FFKK. Fiel creyente de la gloria de Rusia ahora no admitía la terrible temporada qué había significado para su país desde hace años. Y muy a pesar de su poca tolerancia hacia el nombre de Katsuki Yuuri por lo que significó para Rusia, Petra admitía que Katsuki había sabido aprovechar para tomar lo mejor de Rusia y convertirlo en su fortaleza.

Y en los últimos años, su cercanía y reputación en las esferas del periodismo deportivo la había llevado a hacerse más cercana a Hisashi Morooka, a quien admiraba por su trayectoria como presentador y comentarista de los eventos de la ISU, tras haber sido reconocido por la federación internacional como un periodista competente, objetivo y entusiasta. Pese a lo diferente que ambos llevaban el periodismo, se respetaba como colegas en el área y solían compartir e intercambiar opiniones con respecto a los eventos.

Al día siguiente, tanto ella como Morooka se presentaría para hacer el análisis en la agenda del evento, que aún no había acabado. Presentarán sus impresiones de las actuaciones de todos junto a otros periodistas reconocidos y críticos deportivos en el panel técnico. Petra para ello había dedicado todo lo que quedaba de la tarde revisando los videos de las presentaciones y analizando los fallos y aciertos, tomándolo todo de forma muy profesional.

Por otro lado, en la habitación que Víctor y Yuri compartían, ya Víctor había leído lo escrito por Petra en la principal página deportiva de Rusia y la cantidad de comentarios que estaban en su contra y a favor, estableciendo debates y acaloradas discusiones. Los que lo defendían, achacaban toda la responsabilidad en Yuri, y lo que los desprestigiaban usaban la presencia de Yuuri en el estadio. En todo caso, Víctor no tenía qué objetar porque, aunque los argumentos estuvieran lejanos a la realidad, Víctor se reconocía culpable del fallo de Yuri.

Se levantó de la cama y miró hacia el otro lado de la habitación, donde Yuri dormía. Ya la luz se había disipado y había caído la noche. Al día siguiente iba a ser la gala, que gracias a su puntuación Yuri no quería mostrar, pero que lo esperable era que se presentaran. Tendrían que ver a Minami ejecutar Victory.

Víctor soltó el aire, al tiempo que se dirigió al baño para ducharse. Necesitaba eso para terminar de despertar y pensar en lo que debía hacer luego. Ya había tenido que atender las llamadas de Yakov, de la federación, incluso de Larissa quien lo llamó alterada queriendo hablar con Yuri porque este no contestaba el teléfono. Y esto era tan solo el inicio de lo que le esperaba cuando llegara a Rusia, Víctor lo sabía.

Además de eso, estaba la falta de respuesta por parte de Yuuri. Le había escrito un mensaje sencillo, uno que esperaba que le diera pie a conversar y a establecer algún momento para su interacción, pero que se había quedado sin respuesta. Lo había escrito al llegar a su habitación y ya habían pasado horas de eso, desde que el mensaje quedó en visto y ya. Tras ducharse y volver a revisar, notó que no hubo ningún cambio. Víctor salió en bata, sin ánimos de salir en espera de que hubiera alguna señal de Yuuri, y tomó de nuevo el pañuelo que había dejado al lado de su cama para reconocer el aroma. Una parte de él quería quedarse con ese objeto, pero otra necesitaba usarlo como un puente para hablar con Yuuri. Era ridículo necesitar de ese tipo de amuletos para conversar…

Quizás él era el único que necesitaba de esas clases de excusas. Después de todo, Yuuri no pareció demasiado cerrado al hablar. Aunque todas sus palabras sonaron correctas y a su vez inciertas; no porque no las sintiera, sino porque sentía más allá de eso y no se atrevió a expresarlo.

Tendría que esperar, y mientras tanto su estómago estaba pidiendo un poco de atención. Víctor giró la mirada hacía su espalda, donde Yuri aún estaba acostado, y se animó a caminar hacia allá luego de ponerse un pantalón. Se sentó en la orilla del colchón y dudó antes de ponerle una mano sobre su hombro descubierto. Yuri se movió, como si realmente no hubiera estado profundamente dormido como creyó.

—Pensé estabas dormido. —Le habló con suavidad, mientras Yuri se movía de la cama. En ningún momento buscaron la mirada del otro, Yuri prefirió soltar su móvil al que estaba revisando desde hace más de una hora, tras fingir que estaba dormido—. Pensaba pedir algo para la habitación. ¿Qué te provoca?

—No tengo hambre.

—Pero debes comer… —Se expresó con suavidad, jugando con sus propios dedos. Se sentía muy avergonzado como para levantar la mirada y decírselo más imperativo—. Haz el esfuerzo… por hoy puedes pedir lo que más te guste. —Intentó animarlo.

—¿Piroshki de katsudon? —Víctor se tensó—. Je… la persona que me los hacía no está y no me los merezco tampoco… —No supo qué decir ante eso. Víctor se hundió más entre sus hombros.

—Yuri…

—Lo lamento. —Victor levantó la mirada ante la disculpa inesperada. Miró la expresión de Yuri para encontrar algún signo de falsedad, pero no lo encontró. El rostro de Yuri estaba decaído y había aún las huellas de haber llorado por horas, pero tenía un semblante meditabundo y su ceño fruncido, concentrado en lo que estaba diciendo y transmitiendo—. Lo arruiné… arruiné tu programa Lose Yourself. Ahora todos creen que ha sido tu culpa lo que pasó.

—Bueno, no sería el primer entrenador al que le pasa eso. Le di muchos dolores de cabeza a Yakov por eso. —Victor intentó desestimar el asunto, pero Yuri le miró mostrándole la gravedad e importancia de sus palabras. No era momento para bromear—. Yo también te debo una disculpa… lo que pasó ayer, no era lo que quise decirte. Yo…

—Sé lo que me quisiste decir. Tenías razón. —Se giró para ver a sus piernas aún cubiertas por las sábanas—. Tú y tu amiguito la tenían… no estaba concentrado. Todo lo que quería era que Yuuri volteara a verme, no pude enfocarme por más que lo intenté.

—No puedo culparte, yo tampoco estuve concentrado. —Admitió Víctor, mientras apoyaba una de sus rodillas en la cama—. Creo que esperamos tanto este momento y nos quedamos cortos con las expectativas.

Los dos asintieron con un entendimiento mutuo. Víctor empezó a sentirse un poco más tranquilo al haber expresado también sus sinceras disculpas a Yuri y escuchar de Yuri también las suyas. Pero sentían que no tenían más que decir, y eso se notó en el silencio que sobrevino justo después. O sobraban las palabras. Fue Yuri quien se animó a hacer la pregunta que tenía atorada desde que escuchó el comentario en la entrevista de prensa.

—¿Es cierto eso de… encuentro amistoso entre tú y Yuuri? —Victor levantó la mirada—. ¿O Yuuri aprendió a moverse en la prensa mucho mejor de lo que lo hacía en Rusia?

—Sí, fue cierto. —Sonrió al bajar la mirada—. Nos encontramos hoy, después del final. Fue mera casualidad. —Yuri esperó en silencio que Víctor extendiera la explicación, y ciertamente la falta de palabras lo empujó a hacerlo—. No hablamos… es decir, Yuuri fue quien habló. Yo no fui capaz de decir nada.

Entendía eso… por supuesto que lo entendía. Yuri bajó la mirada de nuevo a sus piernas, sin saber que agregar.

—Me dijo que trabajemos duro por nuestros países y le alegraba verme en el hielo otra vez. Ahora que recuerdo sus palabras empiezo a sentir culpa.

—Somos unos imbéciles… —Víctor asintió a esa afirmación—. Yo las dos veces que lo vi, no pude decirle nada. Él fue quien habló… me encontró hoy y me dijo que, si me dejaría vencer tan fácilmente, no merecía estar en competencia. Y que nos veríamos en el Grand Prix Final.

—Je… después de todo Hasetsu sigue siendo posible.

—Nunca dejó de serlo, imbécil. —Ladró, aún resentido por aquellas palabras—. Dijimos que sin importar que pasara. No sé tú, pero estoy dispuesto a ir así tenga una pierna rota.

—Supongo que no puedo evitar condicionar las cosas con una medalla de oro… —Soltó desairado, mientras jugaba con sus propias manos. Yuri le miró de reojo.

—Pues olvídate de hacerlo conmigo…la próxima vez te parto la nariz. —Víctor sonrió ante la amenaza, considerando que bien sí se merecía algo así. Se permiten otros minutos de silencio—. Víctor… quiero practicar ambos programas con tres cuádruples. Hagamos eso apenas lleguemos a Rusia.

—¿Estás seguro? —Yuri afirmó con su rostro.

—Lo dominaré, aunque me cueste. No importa cuantas veces caiga voy a dominarlos y voy a lograrlos. No importa si me lastimo una pierna en los intentos. Prefiero eso a ser un patinador mediocre.

—No sabes de lo que hablas…

—Sé muy bien de lo que habló, Víctor. Me niego a ser un patinador mediocre. Prefiero lesionarme haciendo un buen programa, que pasar el resto de mi vida como competidor apenas pudiendo puntuar…

Antes de poder terminar de hablar, sintió los brazos de Víctor cubriéndolo, rodeando la cabeza y empujándolo contra su hombro desnudo. Sus ojos se abrieron hasta lo imposible y el calor se precipitó hasta su rostro, llegando incluso a sus orejas. El ventanal filtraba la luz de la ciudad y dejaba las sombras expuestas entre las sábanas y el suelo de la habitación. Y Víctor seguía sujetándolo con apremio, como si quisiera hacer que olvidara la idea o que reconsiderara sus propias palabras.

—Yo no quiero que te lesiones, Yurathka. Quiero que ganes, pero sin ponerte en riesgo.

¿Pero de qué otra forma iba a ganar si no lo hacía así? ¿Si no llevaba su cuerpo al límite? ¿Si no se arriesgaba a caer como lo hacían todos?

Yuri sabía la respuesta, tanto como sabía las razones por las que Víctor no quería que llegara hasta allá, de forma egoísta y sobreprotectora.

Pero eso también podría ser su condena como competidor.

Yuuri caminaba a Minami un par de pasos más adelante de él. Había pasado toda la tarde con los periodistas y los patrocinadores, se había enfocado en seguir la agenda de la federación y cubierto los compromisos que le habían asignado. Intentó distraerse con eso acompañándolo durante todo el trayecto, aunque debía admitirse que en muchas ocasiones su mente se desviaba hacia ese mensaje y lo ocurrido con Victor horas atrás.

Otra cosa que le preocupaba fue lo ocurrido en el programa The Phoenix. A pesar de sus indicaciones de no hacer los tres cuádruples, e incluso solo hacer uno para evitar que la lesión empeorara, Minami los hizo; y ese hecho no pasó desapercibido para él. Aunque Minami le había indicado que ya no dolía, aún el fantasma de lo ocurrido años atrás lo perseguía. Sabía que era un error limitarlo, que debía confiar en él y en su criterio, pero le era inevitable hacerlo… Y a eso debía sumarle el hecho de que estaba inusualmente callado y cerrado hacía él tras la rueda de prensa.

Soltó el aire cuando llegaron a la habitación, y solo escuchó a Minami indicarle que tomaría una ducha. Yuuri se lo permitió, aprovechando el tiempo para sentarse en la cama hasta finalmente decidir recostarse. Pasó su brazo sobre su frente y volvió a ver a su móvil, que estaba lleno de mensajes de diferentes fuentes, pero que tenía su atención puesta en una sola ventana.

Vitya » Tengo tu pañuelo.

Apretó los labios y se echó a un lado, de costado, dejando caer al teléfono hacia el colchón y viendo las sombras de las luces que se filtraban por la ventana. ¿Qué se supone que debía hacer? Lo había estado pensando durante toda la tarde, desde que recibió ese mensaje. ¿Qué debería hacer? Ya había quedado patente que Yuuri guardaba aún las cosas que él le regaló, cosas que iba más allá que el valor de sus patines con hojillas azul. ¿Debería decirle a Víctor que se quede con él como si no significaran nada? ¿O pedirle que se lo regrese e intentar fingir que no tiene un valor especial? Cerró sus ojos con fuerza y, sin poderlo evitar, empezó a azotar su cabeza contra el colchón, reclamándose la estupidez de haber perdido el pañuelo justo donde Víctor pudiera recogerlo.

¿Qué debería responder?

Le estuvo dando vuelta al asunto por largo tiempo hasta que Minami salió del baño, aunque claramente no estaba vestido para dormir. Yuuri se obligó a levantarse del colchón, para sentarse en la cama y quitarse al menos el saco y la corbata, que ya le ahogaba. También tenía ganas de bañarse.

—¿Vas a salir?

—Sí, —anunció Minami, mientras acomodaba el cuello de su camisa roja de cuadros—. Los chicos me invitaron a un pub. ¿Quieres?

—Prefiero descansar… —Restregó sus sienes—. Pero ve y diviértete.

—Yuuri… —El aludido le miró de reojo, atento a las palabras—. ¿No crees que te has olvidado de decirme algo?

El silencio se instaló entre ellos, mientras Yuuri miraba la espalda de Minami, la cual había crecido si lo comparaba al muchacho que a sus dieciséis o diecisiete años hablaba de admirarlo. No comprendía a qué podía estarse refiriendo, eso le transmitió con su mirada atenta y la mudez con la que le expresó que necesitaba se explicara mejor. Sin embargo, a pesar de la oscuridad y de la imposibilidad de ver el reflejo que el espejo devolvía de Minami, algo en Yuuri leyó claramente la decepción en él.

—¿Qué pude olvidar decirte?

—No sé, tú dime. —Yuuri notó la tensión en su espalda y se levantó, preocupándose de inmediato.

Lo primero que vino a su mente fue la reunión con Víctor o con Yuri, ambas de forma imprevista que no había planeado. Pero era imposible que supiera de ello, y de ser así, no veía necesidad de comentarle nada al respecto. Era algo que tenía que resolver con ellos, nada más. Si no era eso, ¿qué más podría ser?

—Preferiría que fueras más directo, Minami. —Le dijo, sin evitar sentirse nervioso—. ¿Qué olvidé decirte? —Minami resopló antes de encender la lamparilla del lado de tocador al considerar que había oscurecido mucho más.

—¿Tengo que decirlo? ¿En serio? —Soltó con algo de desgano, algo de irritación. Yuuri frunció su ceño.

Eso era serio… Minami no estaría actuando así si no lo fuera. Yuuri comenzó a dar vuelta atrás, buscando que pudo haber fallado, que pudo no haberle comentado o que era lo que Minami estaba esperando de él. Entonces llegó a cuando recibió el mensaje de Minami esperándolo para la rueda de prensa, el tiempo que demoró en llegar y la evidente tensión que sentía. Quizás estaba aún molesto por la demora y él bien sabía lo intimidante que era enfrentarse a la prensa solo. Debía tratarse de eso.

Yuuri se relajó, bajando sus hombros. Incluso se permitió acariciar su hombro derecho y hacer un movimiento para destensarlo. Minami solo miró, sin decir nada.

—Supongo que te debo una disculpa por haber tardado. No era mi intención hacerte esperar ni llegar tar…

—No, no se trata de eso. Te lo diré, pero ya no vale la pena que lo hagas. —Yuuri frunció su ceño al escucharlo—: No me has felicitado…

Yuuri retuvo el aire, y le miró con terror, sin creerlo, como si fuera alguna clase de mal chiste. Pero el rostro de Minami no mentía y de hecho su expresión hablaba más que sus palabras. Con la mirada hacia un lado del piso, la evidente desazón y la sensación de que ese fuego se había apagado.

—No… no es cierto, yo debí…

—No lo hiciste.

—Estaba llorando. —Comenzó a alterarse—. P-pero debí decírtelo, seguro sí l-lo…

—No lo dijiste, Yuuri. Y ya no importa, no es que quiera escucharlo ahora que tuve que recordártelo.

—M-minami… Minami, yo, no era mi intención… Estaba demasiado alterado, pero tienes que creerme, que eso en parte…

—En parte, lo sé. También estabas así por Plisetsky y por Nikiforov, y ya sé que te demoraste por tener la plática amigable con él. No es que estuviera así de emocionado solo por mí. —Yuuri lo miró desesperado—. No importa, ¿sí? No es como si fuera diferente a como era antes. —Se quería morir… Yuuri se quería morir. Sabía lo duro que era esperar eso y no recibirlo, y ser él quien lo provocaba era lo peor que podía sentir—. Pensaba gritarte por esto… supongo que tampoco valía la pena hacerlo.

Minami decidió agarrar su chamarra y dejar el asunto allí. Sinceramente, no quería estar allá, simplemente quería desahogar lo que sentía compartiendo con los demás hasta olvidar o hasta convencerse de que era igual que antes, que siempre, que Yuuri siempre le había hecho eso y que esta vez no debería sentirse distinto. Que no debería darle tanta importancia como sentía.

Pero a pesar de saberlo, no pudo evitar sentir la decepción de no haber recibido eso, aunque ya lo supiera, aunque hubiera visto mil veces la mirada de orgullo de Yuuri en la pista, en los entrenamientos, en cada momento previo a la competición. Ese momento era importante para él, había ganado, le había vencido a Yuri, le había mostrado el fénix al mundo a pesar de la advertencia y lo había dejado en alto. Solo quería escuchar eso…

Lo hubiera dejado así, pero justo antes de irse Yuuri le agarró del brazo y lo obligó a detenerse. Al mirar a los ojos de él, pudo notar la necesidad de arreglar las cosas, pero para Minami no había mucho que arreglar, no si consideraba que el daño ya estaba hecho. Se atragantó al sentir el toque y se contuvo un poco más.

—Lo lamento… Minami, en serio, lo lamento. Créeme que lo menos que hubiera querido es hacerte sentir así.

—Ya dije que no importa…

—¡Pero a mí sí! —Alzó la voz Yuuri, callándolo por un momento. La aprehensión con la que Yuuri le miró, entre ofuscado y angustiado fue suficiente para terminar de encender aquella chispa—. ¡Para mí sí es importante, por eso te estoy diciend…!

—¡Tienes que ser más sincero contigo mismo y con todos, Yuuri! —Terminó por gritar y Yuuri le miró—. ¿Quieres ver su programa? ¡Pues velo! ¿Quieres hablar con Víctor? ¡pues habla! ¡Deja ya de fingir que todo lo puedes y tenme un poco más de confianza! ¡Sé que quieres hacerlo! ¡Tener que estar adivinando lo que sientes o quieres es malditamente frustrante!

—¡Sólo estaba intentando cumplir como tu entr…!

—¡Fallaste! —Yuuri sintió aquello como un golpe en la costilla—. ¡Fallaste! ¡En todo momento estabas ansioso, tenía que estar adivinando lo que querías, al final en vez de sentir tu apoyo, sentí que te tenía que estar cargando! ¡Y lo único que esperé fue unas felicitaciones, y ni eso obtuve! ¡Supongo que de nuevo esperé demasiado!

Ya era tarde para retractarse y para fingir que podía sobrellevarlo. Era tarde también para disculparse. Yuuri bajó los hombros, sintió el conocido escozor en sus mejillas, reconoció los ojos enrojecidos de Minami y no creyó que hubiera palabras. Solo buscó enfocarse en respirar.

—Me esforcé, Yuuri… —Y Minami ya no pudo contener ni esa ni la otra lágrima—. Me esforcé por dar lo mejor de mí, por dejarte en alto, por…

—Yo también me esforcé —dijo tajantemente, callándolo—. No has sido el único que se esforzó…

Yuuri no quiso estar más de pie, y caminó hacía el borde de la cama, donde se dejó caer sentado para ocultar su cabeza entre sus manos. Primero se frotó el rostro, y luego se las llevó a su cabello, despeinándolo en el proceso, hasta acariciar con las yemas a su nuca. Minami lo miró desde donde se encontraba, atorado, sin saber qué decir, pero negándose a irse.

Solo hubo silencio.

Y ante la ausencia de palabras, la distancia se volvió necesaria. Minami salió y Yuuri pudo llorar en soledad.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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