Matryoshka II (Cap 05)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 05. Skate America: Lo que éramos

—¡Sara Crispino ha remontado tomando el primer lugar de la categoría femenina para el Skate America!

—Con la preciosa presentación de su programa Libre: Libertango de Piazzolla, la italiana ha demostrado una increíble perfomance llena de elegancia y sensualidad.

—Debemos recordar que ya Sara Crispino ha anunciado el retiro de la competencia en Italia, junto con su hermano. ¡Parece que está dispuesta a todo con tal de cerrar su época como competidora con broche de oro!

—Mila Babicheva se ha llevado la plata, pero todos sabemos que está nueva leyenda del patinaje femenino está por consagrarse como una de las mejores, justo detrás de Víctor Nikiforov. No nos extrañaría que nos sorprendiera en el Skate Canada.

La categoría femenina y de danza sobre hielo ya habían terminado, consagrando a los ganadores que ya acumulaban puntos para el Grand Prix Final. Al final de la tarde, la categoría masculina debía presentar su programa libre para poder disputarse los tres puestos en el podio. Como era de esperarse, la vista de todos los medios estaba en ese evento donde iniciaría la carrera hacia la gran final, que tendría lugar en Marsella.

Mila mostraba con una visible expresión de orgullo su medalla de plata, vistiendo un traje con corte gótico en blanco y verde, que engalanaba su figura y le daba un aspecto fantástico y sensual. Sin embargo, la mirada de todos estaba sobre Sara Crispino, quien con mucho esfuerzo había remontado. Lucía un vestido negro de mangas largas que se unían a su dedo medio con la decoración de rosas rojas. Tenía un pronunciado escote V y su cabello estaba recogido y arreglado entre rosas, dándole la visión de una bailarina de tango. Se veía preciosa y deslumbrante.

Al acabar la premiación, las tres patinadoras salieron de la pista y Georgi esperó fuera para recibir con un abrazo a Mila, orgulloso de su desempeño. Louis también hizo lo mismo, un poco más cohibido. Al final ella se acercó a Yuri quien se encontraba atrás, con el traje de patinaje ya puesto y la chamarra rusa. Ocultaba su cabeza debajo de la capucha. Mila no pudo evitar mirarle preocupada.

Atravesó el pasillo y le tomó la mano a Yuri, instándole a seguirla. Ya bajo la protección de las paredes y con solo escaso personal de los organizadores y patinadores, se dio la oportunidad de brindarle un abrazo que él no tardó en aceptar. Las manos de Yuri se apegaron a su espalda y ella aprovechó la altura que le daba sus patines para abrazarlo con mayor comodidad. Antes de separarse, le dejó un beso en la mejilla.

—¿Has hablado con él? —Yuri renegó, y Mila suspiró en respuesta—. Sabes que es medio torpe para hablar, más cuando está presionado. No creo que lo haya dicho adrede.

Yuri lo sabía, pero eso no aliviaba el ardor que había dejado esas palabras en su confianza y corazón. Escuchar que Víctor pudiera estar dudando de él le había dolido más de lo que quería admitir, y como no era capaz de demostrar dolor, demostraba ira. Durante todo el día se había dedicado a ignorarlo, aparentando solo frente a las cámaras que todo estaba bien mientras estaban en prácticas y cuando les tocó arribar al complejo. Sin embargo, ya dentro se había separado.

Durante esa noche tampoco compartieron la habitación. Yuri estuvo caminando sin rumbo hasta que fue encontrado por Mila y ella no dudó en darle refugio dentro de su propia recámara. Habían dormido juntos, después de que no pudiera más y se echara a llorar superado por la rabia, el dolor y los nervios. Ella estuvo calmándolo hasta que se quedó dormido pegado a su pecho como si aún fuera un niño.

Mila pensó que Víctor no tenía idea de que ese escenario ya había ocurrido, cuando Yuri tuvo que volver de Japón tras una humillante derrota en un espectáculo que a Víctor se le ocurrió inventar. Yuri había llorado así al regresar, enojado, pero dolido. Decidido a no volver a creerle una promesa a Víctor Nikiforov.

Y ella no pudo hacer nada más que escucharlo y apoyarlo, tratar de guiarlo para que resolviera el tema con Víctor. Había notado que él estuvo allí viendo sus presentaciones, era indiscutible porque estaba acompañado por Christofer y todos tenían la vista en ellos, en especial los jóvenes patinadores que deseaban poder acercarse a él con la excusa de un autógrafo. También había notado la presencia de Yuuri y su estudiante, Minami, apoyando a las dos jóvenes japonesas que disputaban también el podio, donde una quedó en el tercer lugar.

—Sabes que tienes que hacerlo… —Intentó dialogar—. No puedes estar en malos términos con él.

—Tengo derecho a estar enojado, ¿o no? —replicó, aún afectado por lo ocurrido. Pese a que Víctor había intentado disculparse varias veces, Yuri se había negado a escuchar—. Le voy a callar la boca… se lo voy a demostrar.

Quizás y ese deseo asesino que tenía de demostrarle a Víctor lo equivocado que estaba serviría para darle una excelente presentación. Además, Lose Yourself, como estaba titulado su programa libre, era mucho más intenso y elaborado que Arsonist’s Lullabye, era algo donde Yuri podía explotar todas esas emociones negativas. Pero a Mila le preocupaba los estragos que podría dejar esto en su relación.

Víctor, en cambio, veía desde lejos a la pista de hielo ya vacía mientras era recibida ahora por el personal de mantenimiento. En pocas horas sería el inicio de su categoría y después de lo ocurrido se sentía inseguro. El mismo Chris se había mantenido en silencio tras saber lo que había pasado, sin embargo, Georgi no tardó en decirle que le debía una enorme disculpa a Yuri por ello. También llamó a Yakov, y por ende había recibido una sarta de regaños que bien se merecía. Había sido un estúpido.

De lejos, también pudo ver la figura de Yuuri perderse en los escalones acompañado de Minami. Esta vez llevaba un traje negro que destacaba por la corbata roja que tenía y esa iba a juego con el pantalón rojo que Minami llevaba como parte de su traje, cubierto el resto con la chamarra de Japón. Sin duda alguna, Yuuri lucía diferente, abrumador, incluso seductor. Tanto que solo ese hecho le hacía sentir que ya no había lugar.

Pero él tenía que poner en prácticas sus palabras. Se prometió a sí mismo no desviar su atención ni de esa ni de las siguientes competencias. Él también podría ser un entrenador ejemplar tal como Yuuri se había comportado y dejar el asunto para después, si es que llegaba el tiempo para ello. Y después del error cometido, se debía por completo a Yuri y a tratar de demostrarle que no era que no creyera en él: creía. Estaba 100% seguro de que Yuri podría ganar, no solo porque el programa de Lose Yourself fuera bueno, sino porque representaba mucho de él, esa fuerza con la que Yuri se negaba a rendirse.

Pero Yuri tenía que enfocarse, y él debía hacerlo antes para eso.

—¿Quieres un café? —preguntó Chris, tomándole del hombro para llamar su atención. Víctor también lucía regio con ese traje color hueso y su corbata celeste que resaltaba a sus ojos. No hacía falta gran arreglo porque Víctor en sí era atractivo y los treinta le hacía lucir aún mejor—. Podemos escaparnos antes de que empiece. Sabes que los cafés de esas máquinas expendedoras son terribles aquí.

—La verdad, quiero un trago. —Chris respondió con una ligera carcajada—. Vamos, tengo que buscar a Yuri.

Cuando el evento estaba por comenzar, la tensión se notaba en el aire. Los jóvenes patinadores aprovecharon para acercarse a Víctor y Yuuri respectivamente, y estos los recibieron con amabilidad, Víctor sonriendo animadamente y Yuuri respondiendo con timidez. Luego de eso, ante el llamado del primer grupo que abriría la competición, el resto se replegó al pasillo en espera de su turno. Yuuri y Minami estaban frente a uno de los televisores, acompañados en silencio por el equipo de Estados Unidos, observaron la entrada del primer competidor, Sebastian, mientras el público aplaudía y ondeaba las banderas de Francia.

Al otro lado del pasillo y replegado contra la pared, estaba Víctor, con sus brazos cruzados y la tensión en sus músculos debido al silencio de Yuri, quien seguía ignorándolo. Este estaba sentado en la banca, con las piernas extendidas y su cabeza oculta en la chamarra, mientras estaba hundido en la música. Frente a ellos, Michelle se preparaba con una tanda de ejercicios de estiramientos mientras intentaba no impacientarse, acompañado de su entrenador y Emil, quien había logrado entrar como invitado especial.

El tiempo parecía pasar con lentitud, casi como si se mofara en su cara. La participación de Sebastián acabó, y los locutores hablaban de su desempeño, mientras Juan Luis Vargas, representando a México, se preparaba para entrar a la pista. Emil veía todo desde su lugar, respirando la tensión que había. La reconocía como parte de la competencia, pero la ausencia de cualquier mirada entre Yuuri Katsuki y los rusos era demasiado elocuente y eso agregaba sal y agua a todo el ambiente.

Se mordió los labios, un tanto nervioso por todo lo que se sentía en el aire, y miró a Michelle inclinar su tronco al frente, siguiendo con sus ejercicios de estiramientos. Se notaba igual.

—Ey, Mickey… —Michelle giró su mirada hacia él—. ¿Sabes qué pasó entre Yuuri y Víctor? —La expresión de Michelle fue mucho más ruidosa que cualquier comentario que pudiera hacer. Casi arrugó la cara y puso rostro de desagrado.

—¿Qué voy a saber? No es algo que me importe.

—Pero es que se siente la tensión…

—¿Y? Todos dicen que terminaron en malos términos, es como cuando Sara se conseguía con uno de sus ex en las galas.

Si era sincero consigo mismo, Emil no estuvo muy al pendiente de lo que ocurrió. Consideró que, con la salida de Víctor de la pista, él y Michelle tendrían la oportunidad de repuntar, iniciando con la Copa Europea. Claro que no le deseaba mal, pero también estaba claro que el tiempo de Víctor había acabado. No pensaba detenerse ni tenían demasiada afinidad como para interesarse; cuando Víctor anunció su retiro en la prensa, para ninguno de ellos fue sorpresa.

Cosa distinta cuando fue el retiro de Katsuki Yuuri; a Emil le sorprendió. Después de que en aquella copa Rostelecom lo abrazara sin mediar palabras, Emil lo buscaba para compartir un abrazo que el japonés respondía de forma nerviosa. Se había convertido en algo así como una pequeña señal y aunque no hicieron amistad como tal, si le agradaba verlo y saludarlo. Esperaban verlo en ese mundial, pero Yuuri se retiró en los cuatro continentes y desapareció. Michelle había considerado que el asunto era mucho más engorroso y personal, por lo cual no se interesó por saber más. Luego del retiro, casi a final del año tuvo el accidente y las cosas cambiaron para todos ellos.

Cuando había leído las noticias de que ambos se habían convertido en entrenadores no fue del todo una sorpresa, porque habían sido buenos competidores y solía ser un camino que los deportistas tomaban más temprano que tarde. Pero Emil, quizás en su ingenuidad, había esperado algo mucho más ameno entre ellos, algo como camaradería. Después de todo habían pasado juntos mucho tiempo.

—Voy a saludarlo. —Anunció, cuando notó que Yuuri se despedía de su estudiante y caminaba para salir del pasillo. Inmediatamente, Emil quitó el seguro de su silla de rueda y comenzó a andar, pese a la señal de atención de Michelle.

Yuuri había considerado necesario una nueva taza de café en su sistema, estaba nervioso. En las prácticas y tal como se lo había advertido, si le dolía Minami no ejecutaría los saltos. Ya no había inflamación, pero no querían arriesgarse tampoco. Había un fantasma latente sobre él que estaba evadiendo para no atraer un escenario catastrófico.

Por lo tanto, le había costado dormir y ahora estaba en espera de su turno. Las instrucciones habían sido muy claras: no se iba a sobre esforzar. Llevarían el programa Phoenix al nivel más sencillo.

Cuando cruzó el pasillo, sacó un par de monedas para pedir el café, justo en el momento en que sintió un toque en su pierna. Se giró alarmado, y fue una sorpresa encontrarse con Emil con su inseparable sonrisa abriéndole los brazos. El recuerdo de aquella vez en Rostelecom le llenó de rojo la oreja, pero Yuuri no pudo evitar sonreír avergonzado. Claro que recordaba ese ataque de abrazos.

—¿Empezamos la competencia de abrazos? —Yuuri asintió, y se inclinó para responder el abrazo pese a lo incómodo que se sentía la situación, el cambio de la altura y la condición en la que se encontraba Emil. Se le hizo inmediatamente un nudo en la garganta mientras sentía la fuerza del abrazo de él y pensaba en lo que debía sentir sentado en esa silla.

—Empezamos la competencia. —Repitió al separarse, y acomodó de nuevo su saco negro. Los lentes eran de montura negra, unos que Minako le regaló antes de partir junto con su traje. Los alineó porque se habían movido con el abrazo—. Me alegra verte de nuevo. Yo… lo siento, no supe que…

—No te preocupes. Muy poca gente supo cuando desperté del coma. —Lo dijo con tanta liviandad que Yuuri sintió una piedra cayendo en su estómago—. Pero estoy bien. ¿Tú lo estás?

—Lo estoy… —Miró hacia la máquina con aprehensión—. ¿Quieres café? Yo invito.

—¡Un Moccahino! —Yuuri asintió e hizo ambos pedidos. Sacó el café para Emil y luego el suyo, más no se movió aún. Cerca había otro televisor, donde aparecía el programa del mexicano moviéndose con ritmo y vestido como un charro—. ¡Gracias Yuuri! —Bebió un sorbo de su bebida, aunque estaba caliente. Yuuri sonrió mientras soplaba para aclimatarla—. ¡El programa de ayer de Minami estuvo alucinante! ¡Fue increíble lo rápido que se movía! —Yuuri agradeció con un asentimiento—. De verdad me gustó, hiciste un buen trabajo allí.

—Muchas gracias, Emil, también me gustó el programa de Michelle. Oí que lo coreógrafo tu exentrenador.

—¡Sí! Y como me encanta el cuento de Mago de Ozz, lo usó de inspiración. —Dios, eso era tan adorable… Yuuri sentía una mezcla de dulzura y dolor con cada palabra que escuchaba llena de ánimo.

—¿Michelle ha estado contigo desde cuándo? —No sabía de qué modo hacer la pregunta.

—Desde el accidente. Durante los meses que estuve en coma, tanto Mickey como Sara no dejaron de visitarme. Cuando desperté, Mickey decidió cambiar su lugar de entrenamiento y se puso en contacto con mi exentrenador. Y bueno, aquí estamos.

Aquí estamos. Cuánto pesaba esa frase, cuánto dolía escucharla. Yuuri apretó los labios y su mirada gritó un sin fin de cosas que no era capaz de expresar, pero Emil supo leer algunas de ellas.

Aquí estamos, los dos, juntos, pese a las circunstancias, pese al dolor, pese a la desesperanza, o la aflicción, incluso la incomprensión de porque la vida había decidido golpear así. Aquí estamos… Yuuri podría decir lo mismo y la frase sonaba terriblemente contradictoria, porque ciertamente Víctor y él estaban allí, más no juntos. Estaban en el mismo lugar, en el mismo tiempo y no eran los mismos.

No estaban, habían dejado de ser.

—Yuuri. —Emil lo llamó y notó el temblor ligero en su quijada. Yuuri apretó sus labios y se llevó el café a la boca, tragando a pesar del calor. Lo necesitaba—. ¿Estás bien?

—Estoy bien… Solo que me admiro. Por ti, por Michelle… han sido muy fuertes.

—Tú también lo eres, Yuuri. El hecho de que estés aquí, pese a todo, te hace alguien fuerte.

Había un entendimiento implícito en las palabras de Emil, una comprensión muda que Yuuri aceptó, sin dudar. No hacía falta las explicaciones, Emil por fin entendía que lo que existía además de tensión era dolor y no se iba a disipar, no quizás en toda la competencia. Porque era fácil recordar los momentos en que Yuuri y Víctor estuvieron juntos, todo lo que compartieron en la pista y ver con pena y lastima la distancia que ahora los separaba, estando en un mismo pasillo. Como si toda Rusia y Japón los separara. Como si pertenecieran ahora a dos mundos distintos.

—Supongo que hay muchas maneras de caerse. —Agregó Emil ante su silencio, con una sonrisa—. Pero nosotros los patinadores somos expertos en levantarnos tras darnos duro contra el hielo ¿no? Luego nos damos cuenta de los moretones.

Yuuri respondió eso con una sonrisa comprensiva.

Víctor, al ver como Yuuri se había alejado y había sido seguido por Emil, decidió tomar un poco de aire fresco. Tomó un pasillo lateral para salir, ya cansado de esperar y de sentir el silencio de ambos Yuris golpeándole como una bola de demolición. No tardó en pedir que le regalaran un cigarro y de encenderlo cuando se halló fuera del complejo. Respirar el maldito humo había sido necesario, sentía que no podría con la ansiedad.

Los dedos le cosquilleaban, la lengua le picaba, su estómago estaba vacío y todo lo que había tragado era un pan con mantequilla y café. Llevó el tubillo temblorosamente a sus labios y cerró sus ojos, intentando soltar todas sus preocupaciones con aquel humo. Habían pasado meses desde la última vez que había dejado de probar la nicotina; y aunque el cigarro a su gusto era de más baja calidad, al menos servía para disipar un poco sus pensamientos.

Metió su mano al bolsillo y miró en su móvil, por un momento, los resultados de la tabla. Juan Luis Vargas había subido al primer lugar por muy pocos puntos. Los puntajes en general eran bajos para los que él estuvo acostumbrado en toda su vida de competidor, pero reconocía el talento de los jóvenes que intentaban abrirse paso en la competencia. Ahora era el austriaco quien estaba presentando su programa libre. Víctor volvió a guardar su móvil y a respirar profundo, cuando ya había acabado con su cigarro.

Debía enfocarse, al menos esos minutos lo ayudaron a hacerlo. Debía hablar con Yuri, decirle que esperaba lo mejor de él y que le demostrara que sí podía hacerlo. Debía prepararse para que al final de la competencia pudiera traspasar la distancia que había con Yuuri, mirarle de frente, y esperar una respuesta de su parte. Yuuri solía ser muy elocuente con su mirada, y por lo que había observado, eso no había cambiado.

Podría invitarlo a comer en la noche, en plan de amigos. Saber que ha sido de su vida, contarle que ha sido de la suya, intentar medir el terreno y comportarse como solo dos amigables ex competidores, aunque la competencia que tuvieron no podría catalogarse así. Ahora no quería que fuera igual, reconocía los logros de Yuuri en Minami, y quería que Yuuri lo supiera.

No iba a cometer los mismos errores, no de nuevo.

Se giró para regresar a su lugar, no sin antes desear entrar al baño para lavarse la boca; odiaba el aliento que quedaba tras un cigarro. Entró en el más cercano del pasillo donde esperaban y se dio tiempo no solo de lavarse los dientes, sino de mojar su rostro y manos. Se secó con cuidado, y se miró en el espejo. La imagen que le devolvía era un Víctor un poco más claro sobre lo que debía hacer.

En ese momento de inspección, el ruido en su espalda lo hizo voltear, encontrándose con la puerta del baño para discapacitados siendo golpeada y una silla de ruedas al otro lado. Fue simple instinto lo que le movió a abrir la puerta y se sorprendió cuando vio a Emil de cerca.

—¡Oh gracias! ¡Siempre es un problema este tipo de baños! —Víctor lo miró callado, haciéndose a un lado cuando Emil comenzó a moverse con soltura con su silla hasta el lavado, donde tuvo que hacer un esfuerzo más para alcanzarlo y lavarse las manos —. Dicen que están preparado para personas parapléjicas, pero no es así. ¡Yo puedo alcanzar por mi altura! —Emil seguía hablando, ante su propia perplejidad—. ¿Cómo estás tú, Víctor? ¿Cómo sigue tu rodilla?

“Por favor, no duelas ahora…”

La sola mención se sentía un presagio. Víctor sacó la mejor sonrisa falsa que podía crear en ese momento y le miró con poca confianza.

—Está mejor. A veces duele.

—Creo que nunca dejan de doler estas cosas. —Víctor no pudo evitar echarles un vistazo a las inmóviles piernas—. Oh no, ¡las mías no duelen! —Se echó a reír, mientras las tocaba como si se tratara de un mero accesorio—. ¡Ojalá dolieran! Pero a veces tengo pesadillas de cuando caía del parapente y eso.

Oh… sí, eso también llegaba a pasarle. Despertar con la sensación de que acababa de caer; habían dejado de ser pesadillas recurrentes hace mucho tiempo ya, pero ciertamente las había vivido.

Pese a lo frustrante que se sentía mirarse en ese espejo, también había algo de esa comprensión que él necesitaba. Acababa de comprender que nadie era capaz de ponerse en sintonía con lo que había significado para él esa lesión: maximizándola o minimizándola. Y que necesitó de ese entendimiento.

—Sé lo que es eso —dijo, relajándose un poco—. Es frustrante y siempre despiertas sobresaltado.

—Sudando, asfixiado… ¡sí! Pero nos terminamos acostumbrando. —Al dolor, a la falta de él.

—Tenemos que hacerlo. —Replicó Víctor, mirándolo con una pregunta que no pudo contener más—. ¿No extrañas el hielo?

Emil retuvo el aire un momento, sin dejar de mantenerle la mirada. Víctor sabía la dura pregunta que había hecho, pero necesitaba escucharlo, necesitaba sentir si era el único que lo vivía o Emil también. Esa clase de identificación le hacía falta, y la encontró en la tristeza que nubló aquella mirada que en todo tiempo parecía alegre y optimista. Fue como si corriera un velo, como si hubiera deslizado una máscara. Víctor tuvo la sensación de ser envuelto en lazos a través de su cuello y tragó con dificultad, entendiendo todo a través del silencio.

Ante Víctor, Emil se sintió con la capacidad de dejar salir aquello que guardaba en silencio y mantenía en una caja cerrada, luchando con ello cada vez que aparecía, junto a un terapeuta que le ayudaba a encauzar esas emociones y pensamientos negativos.

—Sí lo extraño. —Confirmó—. Es un poco frustrante estar aquí, verlos hacer eso que yo antes hacía y sentir que ya no soy quien era antes. A veces no estoy seguro ni de que seré a partir de ahora. Es decir, en qué ocuparme… no me apetece trabajar en oficina que parece lo único que puedo hacer… así.

—Sí, entiendo eso. Es como si tuvieras que replantearte toda tu vida.

—Pero, me alegra estar aquí. —Sonrió, no obstante, acababa de notar la enorme diferencia que había entre sus sonrisas usuales y esta, que era incluso más sincera, pero igual triste—. Me alegra poder verlos a todos de nuevo, y ver a Mickey terminar su etapa de competidor como debe ser… como yo ya no podré.

Hubo silencio. Víctor no supo qué decir allí, no tenía palabras para ello, pero su mirada era bastante clara al hacerle saber cuánto lo entendía, que sabía lo que se sentía. La frustración que daba haber trabajado tan duro para alcanzar un final memorable y ver que la vida había decidido otro final para ti, sin opción a réplica, sin posibilidad de recuperarse. Siendo su culpa o no, por haber desoído consejos, por haber seguido terco lo que querían en su vida. Por haber, simplemente, luchado hasta el final.

Quizás la sensación jamás acabaría. Quizás los perseguiría a ambos, viendo a sus compañeros retirarse en la gloria bajo sus propios términos y recordando cómo habían acabado ellos. Víctor jamás deseó que todo su esfuerzo de toda una vida acabara tirado contra el hielo y que tuviera que abandonar la corona rota en una camilla, frente a todos, derribado y derrotado frente a todos los que una vez se sorprendieron de él.

Una última gran sorpresa… la vida había sido la que había sorprendido al público y a él con el peor escenario pensado.

—Por cierto, te vi patinar. En ese video que subió Plisetsky. —Víctor volvió a escucharlo, y apretó los labios intentando sonreír—. Me alegra ver que puedes.

—Puedo, pero sin saltos elaborados. Al menos que quiera volver a usar un bastón. La última vez que intenté un doble duré días con el dolor — Emil le sonrió en respuesta—. Oye, ¿me das tu número?

—¡Oh! ¡La leyenda del patinaje me pide mi contacto! ¡Marcaré este día en mi diario! —Victor rio con gracia, echando un mechón hacia atrás. Compartieron los datos con libertad—. Tengo que apresurarme, ¡o Mickey se preocupará si no regreso!

Víctor no lo retuvo; en cambio, le abrió la puerta para que saliera cómodamente y caminó tras él, terminando de almacenar el contacto en su móvil. Le envió un mensaje para asegurarse de que todo se hubiera grabado bien, con un emoticono feliz que luego Emil contestó con uno igual.

Consideró que empezar a hablar con él le haría tener más claro qué hacer con su propia vida.

—¡Y esa fue la presentación de Cristian Bradley! —Había una gran lluvia de aplausos, aunque estos animaban el decepcionado espíritu del patinador representante de USA que había tenido un desempeño más bajo del esperado.

La tabla acababa de actualizarse, quedando de cuarto lugar. Gabriel Hernández estaba en el primero, tras haber presentado un muy buen programa libre, acumulando 289,48 puntos totales. Sin embargo, el público de Chicago no dejaba de aplaudir y apoyar a su participante pese a su baja puntuación que apenas llegó a acumular los 263,85.

El entrenador de Christian era ruso, radicado en Canadá, y se veía bastante insatisfecho con el puntaje. Luego se levantó junto a su alumno y caminaron abandonando el Kiss and Cry.

Víctor miró todo desde lejos, ya en la posición de salida donde Yuri se estaba preparando para entrar. Recibió la chamarra de rusia y miró a Yuri, con los nervios maquillados en una falsa máscara de seguridad. Todavía no había podido hablar nada, pese a que lo había intentado incluso cuando salieron del pasillo al recibir el llamado del segundo grupo. Ahora debía decirle, lo que sea. Debía transmitirle que tenía confianza en él, y que esperaba lo mejor que podía dar, por encima de los nervios que le provocaba su propio error.

—Todo saldrá bien. —Le dijo sonriendo y se animó a palmearle la mano. Yuri la retiró antes de recibir el siguiente roce y le miró con los ojos encendidos, pura rabia acumulada.

—No vengas a fingir que eres el entrenador perfecto. Eres patético.

Víctor apretó la mandíbula, conteniéndose de responder de forma grosera. Aunque sabía que se lo merecía ya no tenía forma de disculparse, Yuri debería al menos entender que se había arrepentido. Para Yuri parecía no ser suficiente.

—¡Yuri Plisetsky ya se encuentra en la pista! Estamos ansiosos de ver su desempeño con su programa libre, Lose Yourself.

—Plisetsky tiene la enorme ventaja sobre los demás competidores de que sus programas libres siempre sirvieron para repuntar. Recordemos cómo logró arrebatarle el oro a Katsuki en el Grand Prix Final de Barcelona en el 2016.

—Así es Morooka, veamos si ahora escalará al primer lugar tras su presentación.

—Me parece que Víctor Nikiforov se encuentra tenso. ¿Habrá algún problema entre ellos ahora?

Yuri ignoró los comentarios de los periodistas. Vestido con un pantalón negro que enfatizaba sus pronunciadas piernas y glúteos, tenía a su vez una camisa vino manga larga, desabotonada para mostrar parte de su pecho. Una corbata floja caía bailando sobre su cuello y su cabello estaba recogido en una cola en la nuca, con cuatro trenzas que atravesaban su cabeza para amarrarse allí en una bola de cabello rubio. Había sido Mila quien lo había peinado.

El público rugía, estaba a la espera del inicio de su presentación y Yuri se dio tiempo para verlos, para alimentar la confianza que Víctor había deshecho con los ánimos de todos aquellos que no habían dejado de apoyarlo aún con sus derrotas. Al final, tomó aire y dirigió una mirada fija hacia varios metros más allá, donde Yuuri y Minami se encontraban. Su mirada fue tal que Yuuri se percató de ella, giró sus ojos hacía él y sintió la opresión que aquella carga representaba.

Yuuri se quedó sin aire.

Entonces, soltó la barrera y se deslizó hacia el centro de la pista, sin querer escuchar a Víctor, y dejándole claro a Yuuri que debía mirarlo. Con sus puños apretados de la tensión y las emociones discordantes que crecían en su pecho, se detuvo en medio del hielo y trató de relajar sus músculos. Esa canción era su grito de batalla: contra el tiempo, contra la gente, contra todos aquellos que querían lastimarlos. Sacaría todo lo que sentía en ese programa, aprovechando la situación.

[Lose Yourself — David Garrett]

Extendió sus brazos, moviéndose en la pista como si pudiera divisar una enorme distancia que tenía que recorrer para llegar a su meta. Se movía de espalda, observando todo, luego giró al frente e hizo lo mismo indicando que estaba dispuesto a tomar el desafío y sobreponerse a ello a toda costa. La música que iniciaba con un tenue piano continuó con toda su fuerza en ese justo momento y Yuri se estaba preparando para demostrarlo.

Los iba a superar.

“¡No habrá Hasetsu sí pierdes!”

¡Jódete, Víctor!

Clavó su primer saltó, una combinación de un triple Lutz y un doble flip, mientras tomaba velocidad. El público gritó emocionado.

—¡Eso ha sido un precioso combo por parte de Plisetsky!

Yuri estaba enojado, y la combinación de todos los violines junto con los demás instrumentos, le daban la perfecta ambientación para dejar salir toda su rabia, toda su frustración. Recordaba a Víctor, a cada palabra que le había dicho desde que habían iniciado con esa interacción. Todas las veces que se burló por hacer los saltos, por caerse, por levantarse de nuevo.

Todas las veces que le restregó sus anteriores logros. Ahora no podría venir a fingir que podía ser un buen entrenador. Nunca lo fue, él había esperado demasiado de él. Nunca pudo serlo de Yuuri.

Yuri volvió a saltar, su triple salchow se clavó con seguridad, mientras giraba al ritmo de la música, huyendo, moviéndose con agilidad como si estuviera superando varios retos en el camino, evadiendo barreras, saltando para no caer en agujeros y deslizándose para recuperar mayor distancia. Yuri estaba luchando y lo estaba haciendo solo. Ese canto al final se trataba de él y de su lucha. Ni Víctor ni nadie estaba él, y todo eso lo ayudaría a llegar a…

“Yura”

Yuri cayó intentando ejecutar el Toe Loop Cuádruple. El público dejó soltar el aire, conmocionado, mientras Yuri se levantaba y volvía a tomar el ritmo de la canción, ajustándose al momento de la melodía mientras trataba de recuperar la secuencia de pasos que venía.

“Yura, ¿vas a entrar?”

Intentó hacer un par de piruetas, pero se enredó en sus pasos y comenzó a decaer la velocidad de la presentación. Yuri sabía que algo estaba mal, algo estaba dejando de hacer conexión con el espíritu que debía mostrar en esa melodía y la voz aparecía en su cabeza, susurrándole con una nostalgia implícita, húmeda, que le acariciaba la nuca y lo llamaba como el canto de una sirena.

Intentó apartarla, intentó sobreponerse a ello. Llevó sus manos sobre su oído como si esa voz fuera real y pudiera estar allí, Yuuri, susurrándole en el oído.

“No habrá Hasetsu…”

Ejecutó un Salchow cuádruple.

—Oh, eso no fue un salchow. Parece que Yuri Plisetsky está teniendo problemas con su presentación.

—Había empezado bastante bien, pero ahora luce tenso.

“¡Concéntrate, concéntrate, Yuri!”

Aún podía recuperarse, aún podía… con su corazón hinchado de olor y la sensación de estarse hundiendo, Yuri intentó recuperar la coreografía improvisando en el camino, ante la mirada atónita del público que había quedado en silencio y la de los periodistas que no sabían ya que comentar. Volvió a intentar hacer el combo que había fallado, y se convirtió en solo un medio salto y una ligera pirueta sin gracia. Sentía su cuerpo de plomo, sus brazos de cementos, su espalda de concreto rígido. Su garganta se llenaba de agua y piedras y sus ojos se estaban inundando de desesperación. El aire incluso le faltaba, pero él seguía patinando, seguía intentando.

Víctor ya había bajado la mirada. Apretaba la barra después de ver el caos venir.

Yuuri, en cambio, lo miraba con la más profunda angustia.

Pero Yuri no podía, no podía rendirse. Intentó acabar con la pirueta programada, pero fue poco lo que pudo hacer, a una velocidad no apta para obtener los puntajes perfectos.

Y al acabar, solo hubo silencio.

Algunos murmullos y susurros lograron escucharse, al cabo del primer minuto. Yuri solo podía sentir el temblor que le llenaba cada extremidad y la desesperación que se acumulaba tras sus párpados, los cuales se negaba a abrir. No quería verlo… lo había arruinado y no quería verlo. El temor se precipitaba a su cabeza y no quería vivirlo, no quería hacerlo.

Hasetsu ya estaba lejos… había quedado lejos.

—¡Yuri! —Escuchó la voz clara, contundente entre el silencio que llenaba aterradoramente el estadio. Yuri levantó la mirada y miró a Víctor desde la salida, observándolo con detenimiento, con una diminuta sonrisa que seguramente era falsa.

Pero le abrió los brazos. Yuri solo pudo ver los brazos de Víctor abiertos, a la distancia, y sentir la necesidad de esconderse y no querer ver más. No querer enfrentarse ni a Rusia, ni a la prensa, ni a Yuuri, ni a Yakov. No querer enfrentarse a nadie. Odiaba que el único refugio disponible fuera ese, pero también odiaba necesitarlo tanto. Y apretando su mandíbula, mordiendo su propia frustración, Yuri se deslizó lentamente hasta ese lugar al que se dejó arrastrar, cuando simplemente chocó contra el cuerpo de Víctor y hundió su cabeza contra su pecho. Víctor lo acogió en silencio y pronto, como si eso fuera un acto poético, los aplausos llovieron de igual manera. Yuri se tensó al escucharlos y tuvo que contenerse para no quebrarse justo en ese momento, en que sentía que no los merecía. Víctor simplemente apoyó sus manos en la espalda confortándolo y ayudándolo a salir.

—Tal parece que Yuri Plisetsky también ha sido víctima de la presión. Había empezado bastante bien, es una lástima no verlo completar el programa como lo tenía planeado.

—Sin embargo, el público no ha dejado de aplaudirlos. Víctor Nikiforov parece bastante comprensivo con los resultados, esperemos a ver qué lugar ocupa en la tabla de puntuación. Al menos con la buena puntuación que tuvo en el programa corto, aún tiene oportunidades de acceder al podio.

—El resto del equipo ruso ya se ha acercado para apoyarlo. Mientras tanto, ya Michelle Crispino se está preparando para presentarse.

Yuri se sentó en el Kiss and Cry, con la cabeza gacha, sin querer ver la puntuación. El brazo de Víctor lo acogía en la espalda, mientras mantenía la mirada al frente y esperaba la puntuación sin demasiado ánimo. Desde la distancia, pudo ver a Yuuri inclinado contra la baranda, pero era incapaz de verle el rostro o la expresión, no cuando tenía el brazo de Minami sobre su espalda.

Pero tenía que asumirlo… aquello era su responsabilidad. Víctor apretó su garganta y volvió la vista hacia la pantalla, sin preocuparse por ocultar su desazón. Cuando los puntajes llegaron y fueron anunciados, se sintió como un golpe en su interior. Yuri tembló y agachó más su cuerpo, casi acurrucándose contra sus mismas piernas.

—No ha sido su peor puntuación, pero claramente no es lo que esperaban. Yuri Plisestky acumula 287,56 puntos para la final y queda en el segundo lugar. El inicio del programa que realizó con perfección le ayudó a mantenerse con posibilidades de permanecer en el podio.

—Gabriel Hernández permanece en el primer lugar, asegurando ya el puesto en el podio y a solo dos competidores para terminar con la competencia.

—Me parece que estamos viendo el inicio de una dura competencia. Patinadores prometedores dando todo lo que pueden en la pista, con la enorme presión en los hombros. Veamos cómo será el desempeño de Michelle ahora que se prepara para entrar a la pista.

Yuuri se llevó al rostro su mano con el pañuelo que había guardado en su bolsillo. Estaba sudando. Comenzaba a sentir la presión de la que Morooka hablaba y el peso de aquella mirada de Yuri, que había sido como una sentencia. El brazo de Minami le confortaba, pero empezaba a sentir que todo se volvía negro en su cabeza porque ya podía intuir cómo quedaría el marcador.

Miró el pañuelo, tras secarse la frente y apretar su tabique, aun temblando. Los kanjis de su nombre estaban allí perfectamente bordados, y la textura de la tela era suave, de alta calidad y aún con el toque perfumado que ya no sabía si solo lo estaba imaginando, o permanecía con los años. Tuvo que obligarse a levantar la mirada enrojecida y hacerse piedra con el dolor en su pecho, porque Minami le presionaba con solo ese gesto, le obligaba a mantenerse centrado. Aunque todo lo que quería en ese momento era abrazar a Yuri y decirle que todo estaba bien.

Aún si fuera una mentira.

Michelle, tras haber tomado la mano de Emil y abrazado a su hermana, entró al escenario vestido de negro. La camisa perfectamente cerrada, estaba adornada con una rosa negra en su bolsillo izquierdo. El pantalón negro delineaba perfectamente la figura de su cuerpo atlético y el saco negro lo cubría de elegancia. El programa que iba a presentar era parte del repertorio de Piazzola, en sintonía con su hermana.

[Resurrección del Ángel — Astor Piazzolla]

Con las manos en lo alto, como si fuera una súplica, la presentación dio inicio con una melodía en violín suave, sentida. Él las bajó para acariciar su rostro y empezar a moverse con sinuosidad. Michelle siempre había tenido una particular sensibilidad en sus programas, y esta era especial, porque esta era completamente para Emil y reflejaba todo lo que había sentido desde que todo había iniciado hasta ahora.

Al inicio, mientras se movía con una tristeza plasmada, sus dedos trazaban los hitos de una historia muy personal. Cada día que recorría hasta la clínica, cada tarde que le hablaba al cuerpo durmiente de Emil, cada vez que en las noches pensaba a que dios suplicarle por su regreso.

El programa expresaba la lucha interna entre resignarse o perseverar, la forma en que hacía fuerte su corazón y su cuerpo para continuar con sus prácticas, porque no quería que cuando Emil despertara encontrara que había dejado caer su propia carrera por cuidarlo. Esforzándose para que cuando Emil despertara y se recuperara, pudiera alcanzarlo.

Mientras la reflexión de Michelle se vertía en un canto lleno de melancolía, Yuri era abrazado por Mila y Georgi, quienes no tardaron en consolarlo, aunque él, al poco tiempo, se soltó de esos brazos.

“Tenía la esperanza de que te recuperarías y te incorporarías en esa temporada.”

Michelle ejecutó el precioso Salchow Cuádruple con una elegancia que daba gracia a cada uno de sus movimientos y fue ovacionado. Había una sensibilidad implícita en el modo en que se movía rodeando la pista, pero hasta el momento había hecho una preciosa interpretación artística, sin usar poderosos saltos, ni buscando sorprender al jurado con cuádruples. Por el contrario, dejaba verter sus emociones, interpretaba el sufrimiento de antaño convirtiéndolo en belleza.

—Es un precioso inicio el de este programa. Astor Piazolla en combinación con la emotividad de Michelle Crispino hacen una perfecta sincronía.

—No ha hecho más que un cuádruple y dos combos, pero no ha hecho falta. Tiene cautivado al público con la presentación de tanta emotividad. ¡No podemos dejar de verlo!

—Michelle había declarado en la prensa checa que este programa estaba dedicado por completo a Emil y su recuperación. ¡El resultado es sumamente precioso!

“El día que abriste los ojos, supe que había un dios, sin importar cual fuera su nombre…”

Podía recordar su rostro confundido, marcado por el tiempo en coma, en cama. Mirándolo con el miedo implícito de no saber si había vuelto o no. Michelle podía recordar los primeros duros días, que tras la sorpresa y a la alegría de despertar, opacó la certeza del estado de su columna y la falla de sus piernas. El día que Emil le gritó en la cara que no podía sentirlas.

Michelle siguió el movimiento de su cuerpo con el de su alma, sincronizándolo con la mirada suave, perdida en sus recuerdos y la expresión llena de tanto sentir que era fácil poderlo vivir en carne propia.

La secuencia en la música cambió, y sus tonadas a pesar de ser más movidas, estaban aún llenas de una melancolía explícita. Michelle se movió al ritmo de ella recordando lo ocurrido y lo que había llegado a sentir, la desesperación de verlo tan desolado, la certeza de que no le permitiría rendirse. Que lo ayudaría a sonreír como antes, que le recordaría que seguía siendo el Emil Nekola de siempre, el fastidioso que coqueteaba con su hermana, que lo molestaba, y se había ganado cada vez más un lugar dentro de él. De hacérselo ver, de hacérselo sentir. Lo golpeó con su terquedad, se negó a tratarlo como un débil, le miró con rabia y lo confrontó todas las veces que fueron necesarias, hasta hacerlo entender.

La melodía con la inclusión del piano incluso sonaba mucho más íntima, pese a la nueva combinación de sonidos. Michelle daba giros suaves, se movía de espalda y de frente deslizándose en el hielo hasta tomar la velocidad para interpretar un Toe Loop Cuádruple. Al caer, y empezar a moverse con velocidad, sus pies puntuaron cuando entró el acordeón en la melodía, dejándose llevar por la euforia del comienzo.

Esa etapa representaba cuando Michelle decidió cambiar su lugar de residencia, hizo todos los arreglos, y llegó a la clínica para hacerle saber que ya estaba todo listo y se quedaría con él. Que sus padres le ayudarían entregándole una de sus propiedades para que se quedara con su hijo, y que lo ayudaría y estaría al pendiente de cada una de sus terapias. Michelle estaba contento, eufórico, porque estaba seguro de que todo iría bien.

Pero que no fue tan fácil. La música volvió a convertirse en pura melancolía y el acordeón como el piano se callan. Ese momento era todas las previas discusiones, toda la desesperación y las veces que quiso tirar la toalla. Las noches estudiando sobre qué hacer, los días intentando una y otra vez, hasta que logró quebrarlo y provocar que llorara como tanto parecía que Emil lo necesitara.

Era una larga historia. Michelle la estaba representando como tal y Yuuri ahora sentía todo ese sufrimiento y el dolor transmitido como suyo, era imposible no establecer la elocuente semejanza. Porque se veía reflejado, podía ver esa tristeza convertirse en belleza tal como lo hizo él en su momento. Y con el pañuelo apretado entre sus manos, mientras veía de nuevo la parte lenta de la canción y los movimientos de Michelle deslizándose con suavidad en la pista como si bailara bajo la lluvia, podía verse allí y podía entender sus emociones, sus sentimientos.

La emotividad era capaz de leerla y prestándole atención, de sentirla. Yuuri ya no estaba seguro hasta qué punto podría dejarse llevar por la melodía, por lo que interpretaba, por lo que quería transmitir y era evidente para todos. Emil desde su lugar, ya no pudo contener las lágrimas que junto a Sara derramaba al poder sentir, de la misma manera, esa preciosa presentación como si le acariciara el rostro. Porque eso era lo más bello que le habían visto a Michelle interpretar desde Serenade for two.

Y Michele se preparaba ya para la final, seguro de que su mensaje había llegado, dando vueltas lentas mientras se deslizaba con el viento y sus pies iniciaron un movimiento eufórico, se movieron con velocidad y punteó en el hielo. Saltó, vibró con las cuerdas, con el acordeón, con el piano, se movió con tanta fuerza y terminó con una preciosa pirueta que empezó a girar a toda velocidad, primero abajo, hasta levantarse y ser arreciado por los aplausos de todos que no dudaron en levantarse en respuesta.

—¡Esto ha sido preciosísimo! ¡Qué gran final señores! ¡Que maravillosa secuencia de paso! ¡Nos ha dejado eufóricos, anonadados! ¡Michelle Crispino ha logrado darle sentido a la nostalgia y a la esperanza de esta preciosa pieza y nos ha dejado atónitos! ¡Sin duda ha sido maravilloso!

—El público se levanta con júbilo, ¡le aplauden! ¡Las banderas de Italia se mueven con emoción! ¡Los regalos llueven, así como las ovaciones!

—Michelle ha dejado otro nivel de emotividad en la pista. ¡Esto ha sido lo más preciosos que he visto en mucho tiempo! ¡Michelle Crispino está dispuesto a cerrar esta temporada en lo alto!

Los gritos casi no permitían escuchar las voces animadas de los dos periodistas. Michelle luciendo una agradecida sonrisa, se deslizó en medio de la algarabía para regresar a donde su hermana y Emil lo esperaban. Abrazó a Sara con emoción contenida, apretándola contra su cuerpo con tanto amor que ella no pudo evitar reír. Dejó un suave beso en sus labios, como era costumbre en su país, y luego de soltarla, Michele le tomó con fuerza las manos de Emil, pero este le empujó para casi hacerlo caer sobre sus piernas y abrazarlo. Aquello creó aún mayor revuelo ante el público.

Había sido precioso y en nadie quedaba duda de que merecía ganar. Mientras se dirigían al Kiss and Cry, Yuri los miraba de lejos, sobre la plataforma y lejos de los asientos ocupados, como si quisiera ocultarse. La única razón por la que se había quedado era porque no podía permitirse ser tan cobarde como para no terminar de ver las puntuaciones. Se estaba obligando a hacerlo.

Yuuri, al mismo tiempo, veía las pantallas y sujetaba con fuerza sus propias manos. Minami ya se había apartado, y él sabía que debía ir tras él, pero ahora la sensación de que había que ganar se había convertido en un terrible peso. De nuevo, como en el pasado.

Estaba ocurriendo de nuevo.

Pero Minami seguía avanzado; eso fue como tirar de él y obligarlo a seguirlo. Yuuri se sentía en ese momento con un cúmulo de emociones que iban a explotar, lo harían de algún modo. Entre lo que sintió con Emil y su conversación, Yuri con esa mirada y ese programa, y ahora toda la identificación del dolor de Michelle con el suyo: todo era una bola que estaba a punto de explotarle en los pulmones. Se sentía asfixiado, el traje le apretaba.

—¡Y Michelle ha subido al primer lugar de la tabla! Con 197,6 puntos, ¡ha acumulado 305,25 como su puntuación total!

—No es una sorpresa tras su magnífica presentación, aunque siento que el número no le hace justicia. ¡Michelle Crispino ha rebasado y se ha colocado en el primer lugar!

—Ahora esperamos la última presentación. Después de haber visto algo tan bello y lleno de significado, ¿qué nos espera con el programa libre de Minami Kenjirou: The Phoenix?

—Tal como Katsuki Yuuri comentó en la entrevista, cuenta con arreglos de Ketty Abelashvili y la supervisión de Minako Okukawa. ¡Esperamos un programa regio como el anterior!

Minami se quitó la chamarra y mostró la preciosa camisa de corte oriental que llevaba, con arreglos en remolinos de pedrería y un degradado en tonos amarillos, naranja y rojo, que hacían ver a su torso como una intensa llamarada de fuego. Detrás, la tela caía en una cola de tres partes y los guantes que cubría sus manos eran rojo, tal como su pantalón. Había sido un diseño especial de una costosa marca japonesa, quien había decidido auspiciar a Minami en cuanto ganó la medalla de plata en el GPF anterior y se supo que Yuuri Katsuki lo entrenaría.

Yuuri tomó la chaqueta, con la tensión haciéndole sentir como una cuerda de violín a punto de romperse. Sus labios se mordieron y la mirada pareció difuminarse entre los rojos de Minami y el blanco del hielo. Minami entonces le tomó una mano y Yuuri levantó la mirada como si emitiera un grito. Estaba ahogándose, se sentía exhausto. Todo aquello quería explotar. Y no quería, se estaba haciendo el fuerte y no quería caer, sentía que la ansiedad lo estaba llevando, agarrándole de los tobillos, empujándolo con su cruel gravedad.

Intentaba respirar. El aire escapó de sus pulmones cuando en un arranque, fue Minami quien le abrazó. El público clamó y se emocionó con el gesto, pero ninguno de los dos les estaba prestando atención, eran ajenos a cualquiera de esas interpretaciones. En cambio, Yuuri solo podía escuchar sus latidos desordenados, el aire que se le escapaba y la presión de Minami obligándole a sentir su pulso.

—Yuuri… Estamos aquí, ya va a terminar. Por favor, mírame…

Si recibía consuelo de su alumno, era aún inexperto como entrenador… Yuuri lo sabía, entendía esas palabras de Yakov, más sin embargo no podía negarse ese abrazo, no cuando lo necesitaba. Apretó su espalda y se separó para tomar ahora sus hombros y mirarle con una seguridad que no poseía, pero quería tener. Sus ojos le daban gritos difusos a Minami, pero entre todo eso podía entender una sola cosa.

—Muéstrame el fénix, Minami. Necesito verlo. —Yuuri no se detuvo a camuflar la desesperación de su voz. Minami entonces le tomó una de sus manos y se la llevó al lado izquierdo de su pecho, justo en su corazón, para afirmarlo.

—Yuuri, te mostraré al fénix.

Soltándolo, se apresuró a llegar al centro de la pista, con el pensamiento latente y pulsante. Tenía que demostrarle a Yuuri que era más fuerte que todo lo que lo quería ahogar, mucho más fuerte de lo que él incluso creía. Y para ello no se contendría. Con el fuego en su mirada, se agachó abrazándose como si emulara un pequeño montículo de fuego, conforme los aplausos cedieron.

[Phoenix de Lindsey Stirling]

Al inicio lento le siguió el movimiento circular de su cuerpo. Se levantó como una llama sutil, mientras apenas se escuchaban diversos sonidos en el fondo, como si fuera el de las llamas consumiendo el fuego. La fogata se levantaba y así como el ave mitológica, Minami abría el brazo derecho, elevándolo al cielo mientras lo miraba buscando reconocerlo. Luego el izquierdo era levantado, lo observaba con seguridad, hasta que extendió los brazos como alas al cielo, y comenzaba a moverse de espalda, batiendo su cuerpo, extendiéndose y moviéndose con sinuosa seguridad. Distinto al anterior, donde todo era vibrar, aquí había una historia que contar, una que Minami conocía muy bien.

La historia del fénix.

El primer salto se clavó con seguridad, antes de que el violín comenzara a juntarse al resto de los instrumentos. El Toe Loop cuádruple cayó con gracia, junto a un salto simple y lo coronó con un flip triple. Al caer, entre los aplausos, batió de nuevo sus brazos y se deslizó con velocidad mientras el brillo de las luces que golpeaban los brillantes de su cuerpo hacía ver a su cuerpo hecho de llamas.

“No dejes de verme, Yuuri. Esto es por ti.”

El violín se unía con la percusión y la música cobraba fuerza, como el baile veloz de aquella ave mitológico. Minami podía hacer un recuento no solo de su vida, sino de la de Yuuri a través de esa premisa. Porque Minami había tenido que aprender a perder, para tener la oportunidad de ganar. Porque tenía claro que no era Yuuri el único fénix de esa historia, sino que él también lo era, y había sido el fuego que él se negó a apagar lo que había creado que Yuuri volviera de sus cenizas.

Yuuri volvió por él. Esa verdad sirvió de impulso para clavar el salchow cuádruple, ganándose las ovaciones de los espectadores.

Y por eso se movía con velocidad, girando y puntuando con sus patines en el hielo, creando de nuevo el fuego que había dejado con Fuego, pero ahora con su vuelo. Se atravesó entre los instrumentos creando una nueva llamarada, dejaba chispas a donde se movía y clavó, al final, un triple lutz para acabar con la secuencia veloz antes de volver a la calma. De nuevo, el ave era capaz de sobrevolar entre las nubes, de mostrar su belleza en medio de la oscura noche, haciendo que las estrellas le envidiaran.

Ese era Yuuri… ese era él. Eso eran ellos que se habían levantado miles de veces y superados miles de obstáculos para llegar hasta allí. Yuuri y él eran parecidos y esa semejanza había provocado que Yuuri se viera a través de la pantalla y decidiera continuar.

Minami volvió a moverse con velocidad cuando la música arreció, entre los aplausos. Se preparó y clavó el siguiente salto, un toe loop cuádruple que luego juntó a triple axel. Sus piruetas empezaron a tomar forma extendiendo su pierna y girando con belleza, con sus manos tomadas en la espalda, y volvió a recorrer la amplia pista con velocidad, moviéndose, bailando como el ave mitológica en el aire. Su cuerpo era una combustión, se movía como las llamas siendo alimentadas por el combustible. Minami se deslizaba, saltaba, giraba y casi reía en medio de la secuencia de paso.

Yuri miró, miró con el fuego que también le quemaba. Reconoció la esencia de Yuuri allí, reconoció el patinaje de Yuuri allí, podía ver a Yuuri allí patinando junto a Minami y todo se hizo arena en su boca. Todo dejó de tener sentido, mientras el ardor de su rostro lleno de rojo le reclamaba que ya no podía más.

No iba a poder quedarse hasta el final…

Entonces llegó el punto cerca del final. Minami se movió formando círculos en la pista con sus movimientos, con suavidad mientras el violín alertaba lo que ocurría. El fénix se había escondido. Estaba siendo atacado y sentía que las llamas se estaban apagando. El fénix había escapado allí donde el brillo no pudiera tocarlo. Minami se inclinaba al hielo, tocó con una mano mientras dibujaba una curva con su cuerpo casi extendido antes de girar, levantarse de un salto, y como aquella ave encender las llamas de su cuerpo y consumir aquello que quería apagarlo.

Lo hizo con fuerza, con determinación, con seguridad.

Los estaba quemando a todos.

El cuerpo de Minami giró, con cada vez más velocidad, al llegar al final del programa donde se podía sentir como la moneda que fue lanzada al cielo y al caer gira y gira sin saber a dónde va a caer, hacia donde echara su suerte. Minami no iba a caer, iba a volar, iba a sacudirlos, e iba a consumirlos. Acabó la presentación extendiendo los brazos al cielo, con el rostro en alto y las mejillas encendidas por el esfuerzo, justo cuando el público estalló en aplausos.

Los regalos caían a su alrededor mientras él batía sus manos y respiraba azorado, con las emociones a flor de piel. Había dado lo mejor que podía dar en ese momento, había hecho lo que pudo para mostrarle a Yuuri el fénix por sobre las restricciones que le había entregado, y ahora tenía que ver los resultados. Al buscar a Yuuri con la mirada, este estaba con las manos en la cara, el pañuelo casi colgando de sus dedos, conmocionado. Minami no dudó en correr para alcanzarlo y al estar en la salida y tenerlo cerca, en abrazarlo aprovechando la altura de sus patines para cubrirlo entre sus brazos.

Ese deseo que había tenido… ese deseo que tenía por tantos meses guardado al final pudo manifestarse, y Minami lo sintió correcto. Tener a Yuuri en brazos se sintió correcto, abrazarlo para contagiarle su fuego se sintió correcto. Yuuri lloraba, fruto de todos lo que venía acumulando, y él sintió correcto que lo hiciera allí, en su pecho.

Por fin, Yuuri se apoyaba en él y se sintió correcto.

—¡Minami Kenjirou vino a hacer historia señores! ¡Qué precioso homenaje! ¡Qué preciosa presentación! Estuvimos viendo al pupilo de Katsuki Yuuri siguiendo sus pasos y mostrándonos que el sol azul de Japón ha evolucionado. ¡Tenemos a nuestro sol rojo en la pista!

—Esto que hemos visto es como ver de nuevo a Katsuki Yuuri en la pista. Los movimientos, los pasos, la esencia de su patinaje han tenido un sucesor y este ha sido Kenjirou Minami.

—¡Qué emblemático ha sido este día! ¡Ha sido el día de los homenajes, de las explosiones emocionantes de sentimientos que desbordan la pista!

—Katsuki Yuuri está conmovido hasta las lágrimas. Ayer estuvo riendo en el Kiss and Cry, ahora va con lágrimas desbordando sus ojos.

—¡Es el orgullo Adolf! ¡Es el fruto de sus esfuerzos de estos meses al lado de Minami siendo recompensados!

Christofer se acercó tras la espalda de Víctor que observaba todo desde los asientos, de pies, con las manos en los bolsillos y una mirada llena de nostalgia y entendimiento. Sentía un peso en el estómago al ver que Yuuri había vencido de nuevo a Víctor, que lo había hecho otra vez, en una aplastante derrota que se veía en los números superiores de Minami. Cuando la tabla cambió, el resultado era claro. Para nadie fue sorpresa.

Minami se quedó con el oro.

Los 308,85 que resonaron en la pantalla y los parlantes cayó como una enorme tonelada en sus hombros. La aterradora diferencia entre el cuarto lugar de Yuri Plisetsky y el primero de Minami Kenjirou sería el principal tema de conversación de la prensa. Víctor tragó grueso, intentando calmarse. Sonrió con dificultad, aún atorado, antes de pasar su mano sobre el rostro y tratar de conseguir algo de paz.

Christofer no quería decir: te lo dije. Pero era justo lo que sentía debía decir. Justo lo que había pasado.

—¿Sabes Chris? —pronunció, con la mirada apagada hacia la pantalla que mostraba a los dos ganadores disfrutando su victoria—. Lo mejor de todo esto, es que me alegra verlo tan feliz.

Los aplausos se apagaron, el micrófono enmudeció. Tras los resultados de la copa, no había ya nada más que anunciar. Los competidores junto al público abandonaron la sala y la mirada de todos se dispersaron del escenario. Víctor se separó de Christofer al ver que había abandonado su abrigo y fue a recogerlo en silencio, sin un pensamiento. Sentía un hueco en el estómago, en la garganta y en el pecho. Una sensación de estar roto y sentirlo en carne viva.

Yuuri notó que el pañuelo ya no lo tenía en sus manos y le comentó a Minami que iría por él. Caminó con prisa, había que estar con él en la rueda de prensa y por eso su corazón latía con fuerzas. No se sentía tranquilo, no podía estarlo aún. Pero se propuso a disfrutar de esa victoria aún con eso. Volvió a la pista para buscar su pañuelo y al encontrarlo en el suelo, lo apretó viendo el labrado bordado de hilos dorados que deletreaban su nombre en japonés. Con él en manos, Yuuri regresó.

Tras estar por largos tres días evitando sus miradas, se vieron frente a frente cuando pretendieron tomar el mismo camino de retorno. Victor lo miró por un segundo, con sus ojos mudos y el aire retenido en la garganta. La mirada de Yuuri, en cambio, hablaban tanto que no sabía qué interpretar de ellos. Se quedaron así, sin decirse nada, sin hablar, manteniendo la mirada como si pese a no querer decir palabra alguna, fuera necesario mantenerla así.

Yuuri al verse dibujado por esas irises celestes, sintió una paz inmensa, aterradora. Una paz que le sosegaba, una tranquilidad que le embargaba conforme le mantenía la mirada, como si su alma, cuerpo y mente reconociera el lugar en donde estaba, frente a quién lo estaba. Y esa aterradora sensación de plenitud, se contagió en Víctor, aunque este se negaba completamente a ella. Víctor no quería dejarse llevar por la forma en que los ojos de Yuuri se suavizaban, por la manera en que podía empezar a leer claramente en ellos aún enrojecidos, por la preocupante seguridad de reconocer la misma sensación que le acariciaba en el brazo y le susurraba al oído una esperanza muerta.

“Por favor, no menciones mi nombre.”

―Victor… ―jadeó―. Me alegra verte bien.

Sus labios se separaron ligeramente. Su pecho se inundó de una calidez inmensa, arrolladora, potente. No pudo detenerla, no pudo cerrarle la puerta y negarle que llenara cada agujero. Los ojos de Yuuri, siempre tan cándidos, le miraban y lo atraía a la calidez y dulzura del chocolate que siempre representaron.

―Me alegra saber que estás de nuevo en el hielo… sé que lo habías extrañado. ―Yuuri bajó la mirada y Víctor hizo lo mismo. Reconoció el pañuelo que llevaba entre sus dedos. Supo… supo que todo se filtraría por sus poros―. Haré mi mejor esfuerzo, por mi país. Sé que también lo harás.

―Yuuri…

―Así que, ¡trabajemos duro…!

Victor tuvo el impulso de no dejarlo terminar. De agarrarlo con fuerza, cubrirlo en un abrazo poderoso, asfixiante. De plegar su rostro contra el cabello negro, de respirar su perfume desde su sien. De sentir sus huesos crujir bajo sus brazos, y el latido furioso de su corazón contra su pecho. De aferrarse con las uñas, de no soltarlo, de sentir las manos de Yuuri, pequeñas, aferrarse a él con necesidad. De sentir sus pestañas acariciar su cuello, su aliento golpear su piel.

Tuvo el impulso, pero se quedó sembrado en la tierra. Sembrado mientras Yuuri le sonreía una última vez. Sembrado mientras bajaba la mirada y acomodaba sus lentes, despejaba los mechones que se despeinaban y caían sobre su frente. Sembrado mientras lo vio bajar la plataforma, con su traje negro, con su calidez bailándole alrededor con ternura.

Sembrado mientras lo dejó ir.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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