Matryoshka II (Cap 04)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 04. Skate America: Me frustras

Minami no cerró sus ojos. Desde la distancia, mantuvo su mirada a la figura lejana de Yuuri, sintiendo dentro de él aún esa chispa que le supo comunicar antes de estar en el hielo. Incluso los aplausos que iban decayendo hasta quedar en silencio dejaron de importarle. Minami tenía muy en claro la razón por la que estaba allí. Su mirada, con devoción implícita, estaba fija en la persona que había ido a buscar a inicio de año. La persona que había estado luchando con él durante esos meses.

Había sido duro. Minami lo sabía, estaba consciente de lo duro que había sido para ambos el superar esa etapa para llegar allí. Las veces que no se entendieron, las veces que él se frustraba por los silencios y las distancias de Yuuri. Todas las ocasiones que se sintió lejos, y que el único consuelo que recibía era la mirada orgullosa de lucha cuando lo veía patinar. Había sido difícil entender la forma en que Yuuri se desenvolvía, y aún le costaba, pero sentía que, en ese último par de meses, desde la terapia, la relación de ellos había superado un nivel, había subido de escalón. No sabía cómo llamarlo, lo único importante es que ahora se sentía más cerca de Yuuri.

[Fuego — Bond]

La tonada en la guitarra se unió con un festival de sonidos en cuerda y vientos mientras Minami se deslizaba en círculos cada vez más grande en la pista a toda velocidad como si buscara esparcir su chispa por todo el terreno seco y erosionado. Hasta que inició la melodía con una movida secuencia de percusión que llamaba a una verdadera fiesta. Su programa lleno de júbilo y movimiento representaba perfectamente lo que había sido para Minami esos meses con Yuuri. Esa oportunidad de conocerlo y convivir con él. Sus pasos se movieron con ritmo, con un punteo de sus patines mientras atravesaba la pista y bailaba con sazón, con toda la energía que le despertaba los recuerdos y los momentos que habían vivido juntos.

Atravesando la pista, Minami se preparó para el primer cuádruple, clavando el toe Loop cuádruple, que, al caer, le permitió girar sobre sí para seguir bailando al ritmo de las cuerdas, los vientos y la percusión que no dejaba de celebrar.

Por qué ese era el canto de un incendio: el cómo una pequeña chispa llamaba la llama y esta a una verdadera explosión.

Minami volvió a girar, haciendo uso de su perfecta sincronía con los ritmos y la felicidad que había dentro de él, agitándose con frenesí al igual que sus manos, sus piernas, su cuerpo convertido en un nuevo instrumento musical. El público aplaudía al ritmo de los tambores, su sonrisa no había menguado, y mientras ejecutaba el combo de un triple Lutz y un triple flip, su espíritu encendía nuevas llamas en su camino, convirtiendo la pista en un verdadero incendio sin control.

“Te he visto encenderte tantas veces, que no podría hacer lo contrario, Yuuri”

La secuencia de paso comenzó a ejecutarse con maestría. Minami se movía dentro de los ritmos, conforme a los tiempos, pese a la dificultad de los pasos coreográficos y la velocidad de la canción. Era una melodía difícil, demasiado movida, sin tiempo a reposar. Y él la estaba disfrutando. Era como estar bailando en una pista, como estar viviendo un sueño. Minami se sentía completamente representado a través de ella y sabía muy bien lo mucho que a Yuuri le gustaba cuando era capaz de transmitir su propia chispa a través de esa danza.

Y ciertamente, Yuuri no podía quitarle la mirada. Aferrado al peluche que le había regalado Phichit, en muchas ocasiones mientras lo veía saltar, su cuerpo se agitaba y sentía el deseo enorme de ponerse los patines y estar allí, patinando con Minami, disfrutando del golpe del viento y sintiendo la música dominándolo. A Yuuri siempre le había gustado bailar, a Minami igual, y la forma en que se movía, ese júbilo que supo reconocer desde su primer año senior fue lo que él quiso transmitir allí.

Quería mostrar la facilidad que Minami tenía de encantar al público con su euforia, de contagiar a sus cercanos con su alegría, eso que provocaba que, entre tanto blanco, sus colores no dejarán de ser el perfecto brochazo de felicidad que todos querían tener en su vida, incluso él.

“Quiero que veas, Yuuri, lo que has creado en mí”

Sus pasos se movieron con velocidad y fluidez en medio de la percusión, y su cuerpo se movía desbordando de júbilo. Era imposible quitarle la vista, sus pasos complicados provocaban seguirlo y admirarlo. Yuuri había sabido aprovechar eso de él y darle una soltura a su programa que provocaba bailarlo.

—Perfect… —Elogió Víctor, mirando la presentación del chico que no dejaba de bailar con júbilo ni de provocarle esa necesidad de no pestañear.

Cuando hubo la picada tensa de los instrumentos, Minami aprovechó para mostrar un juego de piruetas que empezaba con la alta, con sus brazos extendidos hacia el cielo, hasta bajar tomando su pierna a toda velocidad y moverse de nuevo, saltando y punteando con sus pies las notas del violín. Sus brazos se agitaron por un momento aplaudiendo al aire, al ritmo en que el público lo hacía y provocando gritos de alegría entre ellos, para luego seguir con la secuencia de pasos ritmos y veloces que lo llevaban al final.

“Este es el principio, Yuuri. ¡No me rendiré hasta que tengamos el oro juntos!”

Se preparó con velocidad, dando una vuelta hacía el lado de la derecha para ejecutar un precioso Axel triple. Los pocos segundos de la música que quedaron se movió con velocidad, preparándose para terminar la presentación con una secuencia de giros y piruetas elaboradas, que terminó, con las manos en alto y la agitación del público, contagiado con su felicidad.

Prácticamente el público vibró entre aplausos y ovaciones, mientras la bandera de Japón era ondeada en lo alto. Yuuri saltó un par de veces, superado por la emoción, mientras Minami recibía las felicitaciones y los regalos que arrojaban el público, completamente encendido con la presentación movida y ardiente de Minami. Literalmente había dejado fuego en la pista, no solo por la emoción con la que bailaba sino por la secuencia de pasos veloces que lo habían dejado sin aliento. Mientras Minami intentaba recobrar el aire, movía sus brazos al cielo saludando a todos y lanzando besos mientras sentía a sus ojos nublados de tanta felicidad.

Quería soltarse en llanto porque sabía que lo había hecho bien. Y pese a lo difícil que era la rutina había dado todo de sí, aunque le doliera cada músculo de su cuerpo.

—¡Qué maravillosa presentación! ¡El fuego de Minami ha llegado hasta aquí y ha hecho quemar todo! ¡Que increíble programa por parte de Katsuki Yuuri!

—Un programa muy difícil sin duda alguna. Minami está llevando a su cuerpo a otro nivel para cubrir con esta poderosa secuencia de pasos y los saltos la coreografía de Katsuki. ¡Estamos viendo la legendaria resistencia japonesa de Katsuki de nuevo!

—¡Esto ha sido poderoso! ¡Es la mejor presentación de Kenjirou Minami en toda su carrera! Si este es el comienzo, ¡no puedo imaginarme la final!

Con los aplausos aún resonando, Minami decidió que era hora de abandonar la pista, pero sus ojos no pudieron evitar notar aquel peluche que cayó como parte de sus obsequios. Desbordado por la emoción fue a recogerlo, lanzó besos al aire esperando que el dueño de él lo recibiera, y se deslizó con confianza hasta donde Yuuri lo esperaba, en la salida, bastante cansado, pero mucho más feliz como para notarlo.

Fue solo llegar y arrojarse a los brazos de Yuuri, quien no dudó en contestarle el abrazo entre risas porque casi lo hacía caer. Cuando se separaron, le entregó el peluche que había caído cerca de él, un precioso peluche de un fénix, y Yuuri le sonrió en respuesta.

Minami no solo había dejado el fuego en la pista y en los corazones de todos los presentes, sino que había provocado una bola de fuego en las entrañas de Plisetsky. Yuri miraba todo desde la lejanía: irritado, nervioso, frustrado. Jamás lo había visto patinar con tanta devoción y llevando su cuerpo al límite como en ese momento, mucho menos un programa como ese que definitivamente en el cuerpo de Yuuri hubiera causado una explosión nuclear. Había tanto ritmo y sabor en él, que sabía que era el más acorde para Minami; sin embargo, no quería reconocer que Minami ya no era el chiquillo a quien fácilmente derrotó durante toda la liga junior, y a quién despreció en su recorrida liga senior.

Era otro… mucho más fuerte y capaz.

Y verlo ahora al lado de Yuuri, con esa confianza galopante, era peor. En Yuri quedaba claro que Yuuri no estaba fingiendo. La forma en que dejaba que Minami se apoyara en su hombro, la complicidad implícita en sus gestos, delataban que Yuuri no solo estaba cómodo con él, sino que Minami había logrado entrar en su corazón en un lugar que antes le pertenecía. La irritación estaba creando vapor y provocando que su vista se nublaba.

Tras eso, estaba el hecho de haber notado la mirada fija de Víctor en el patinaje de Minami y la fascinación que poco pudo ocultar. Estaba celoso…. estaba celando a los dos, y no podía ser posible que estuviera tan perdido como para sentir todo eso con tanta fuerza.

Mientras las cámaras mostraban los nerviosos que se veía el equipo de Japón esperando los resultados, Víctor miraba con aprehensión la escena recordando esos momentos que había compartido con Yuuri. Lo vio ajustarse los lentes, pendiente de la marcación, mientras Minami le hablaba sobre el hombro y se mostraba tan feliz que no podía disimularlo. Por otro lado, se veía la repetición de los saltos de Minami, de la secuencia de paso que parecía brillar junto a su traje, más que apropiado. Yuuri había respetado en todo momento el estilo de Minami, y sin embargo era imposible no notar la influencia de Yuuri en el patinaje de Kenjirou. Esas piruetas, la combinación y la manera que tenía para pasar de los pasos a los saltos. Incluso la forma en que movía sus brazos… Minami estaba reinventándose y eso era fascinante como aterrador. Era como ver lo que vio en Yuuri cuando estuvo en Rusia, y saber lo que eso significaba. Cuando Yuuri le dijo: “quiero que veas el Víctor que hay en mí”, y se convirtió en el campeón.

—¡Oh por Dios! ¡113,03 puntos! ¡El público está eufórico! ¡No lo puedo creer!

—¡Es por lejos la mejor puntuación de Minami Kenjirou en toda su carrera! ¡Nadie se lo había esperado!

—¡Minami Kenjirou escala al primer lugar de la tabla, con un sorprendente programa que, pese al error cometido en el cuádruple, ha tenido una increíble puntuación!

—Morooka, no puedo esperar a ver este programa sin errores. Podríamos estar ante un próximo rompimiento de la marca actual que ostenta Yuri Plisetsky.

Yuuri estaba tan sorprendido que había llevado las manos a su rostro, demasiado consternado como para asimilarlo. La alegría de Minami era tal que ignoró ese hecho y lo abrazó del cuello, eufórico entre la algarabía del público que no terminaba de creer lo que estaba viendo. Cuando logró reaccionar, comenzó a reír con tanta libertad que fue como si el fuego en las entrañas de Yuri se agitase y Víctor sintiera un lazo en su garganta. ¿Cuánto tiempo tendría Yuuri sin reír así? ¿Cuánto desde la última vez que él fue el motivo de esa risa?

Pero el evento no había terminado, y ahora los locutores llamaban a la pista al último contendiente: Marcel Sindelar, un patinador Austriaco, quien entrenaba en el centro deportivo de Moscú. Era su tercer año senior y esperaba una mejor puntuación para poder llegar a la gran final. Mientras atravesaba el hielo con un bellísimo traje brillante en tono azul rey y decoraciones en oro y plata, Yuuri y Minami abandonaban el Kiss and Cry, compartiendo sonrisas y alejándose hasta un lugar donde Leo luego los alcanzó para felicitarlos. Víctor no quiso mirar, Yuri sí lo hizo desde lejos.

—Muy buena presentación la de Marcel en este año. Ha aumentado sus habilidades técnicas desde que decidió entrenar en Moscú. Su entrenador debe estar muy orgulloso con los nuevos avances. ¡Veamos el puntaje de los jueces!

—¡91,73! ¡Marcel ocupa ahora el quinto lugar, por debajo de Gabriel Fernández!

—Lamentablemente los errores cometidos en los saltos le pasaron factura, me pareció que lucía nervioso. ¡Esperemos lo que nos preparará para el programa libre!

La tabla fue actualizada, mostrando los puestos resultantes tras acabar con la presentación de la categoría masculina. Minami ostentaba el primer lugar, seguido de Michelle, de Yuri y por último Gabriel, quienes serían el segundo grupo para el programa libre. Luego los otros patinadores abrirían la presentación en la tarde siguiente.

No fue sorpresivo que apenas el evento acabó, los periodistas abordaran a los primeros tres puestos de la lista, en especial al equipo de Japón que se movía para retirarse de nuevo al hotel. Leo los acompañaba mientras compartían algunas impresiones y se mostraba muy alegre de la mejora de Minami ahora que estaba bajo la tutela de Yuuri. El interés de ellos fue tras el equipo y se aproximaron antes de que decidieran retirarse. Yuuri sonrió suave mientras intentaba controlar los nervios que le producían tanta atención, mientras Minami se esforzaba por contestar todas las preguntas. Pese a que se había convertido en una constante cuando empezó a acumular logros, para Yuuri nunca fue menos intimidante la presencia ante las cámaras.

—¿Qué esperaba del programa libre? ¿Cree que le será difícil mantener el puesto? —preguntó un periodista americano y Minami le sonrió en respuesta.

—Estoy seguro de que puedo mantener el primer lugar. De los dos programas que Yuuri me ha coreografiado, el que más me gusta es el programa Libre.

—¿Es este el programa por el cual tituló su temporada como el fénix? —Minami asintió, afirmándolo—. Katsuki Yuuri, ¿puede comentarnos por qué cree que es el programa ganador?

Yuuri por un momento se quedó mirando al periodista, antes de sentir la mano de Minami en la espalda, presionando un poco más a modo de apoyo. En ningún momento lo habían llamado el programa ganador, aunque Yuuri sabía que era muy bueno. Pero tampoco iba a corregir al periodista en ese aspecto por muy pretencioso que sonase.

—The Phoenix es un tema que Minami y yo hicimos con mucho esfuerzo, y tiene a su vez el apoyo de las personas que no han dejado de animarnos a ambos en nuestra carrera. Tiene los arreglos de Ketty Abelashvili, una gran amiga que compuso e hizo los arreglos de la mayoría de mis últimos programas, además de la supervisión en la coreografía por parte de mi maestra, Okukawa Minako.

—Katsuki Yuuri. Como antiguo rival de Yuri Plisetsky, ¿cree que pueda remontarse y robarle el oro a Minami Kenjirou? ¿O ya no lo considera un rival después de sus últimas presentaciones?

—Subestimar a Yuri Plisetsky como competidor es un error que nunca me permitiría, no cuando lo conozco y sé hasta dónde puede llevar su espíritu competitivo. Por ese motivo, Minami y yo nos hemos preparado.

—¡Le voy a ganar! —Agregó Minami, provocando que Yuuri se tensara casi imperceptiblemente—. No sería la primera vez que lo hago, y tampoco será la última.

La aseveración tan voraz acaparó la atención de los medios y los flashes no dejaron de caer sobre ellos. Yuuri sonrió nerviosamente ante la cámara, esperando que ya los dejaran partir y que todo aquello acabara. Los medios siempre habían sabido llevar las cosas a los extremos que, a él, personalmente, le disgustaba.

Mientras tanto, cuando los periodistas se acercaron al equipo ruso, Víctor tuvo que hacerse cargo de la mayoría de las preguntas, agarrándose del hombro de Yuri para sostenerse porque el dolor de rodilla, aunque había cedido un poco, seguía igual de molesto. Christofer Giacometti estaba con ellos, cosa que no pasó desapercibida para la prensa. Las preguntas, al igual que ocurrió con el equipo de Japón, se enfocaron en la competencia y las expectativas para el próximo programa.

—¿Quedar de tercer lugar en la primera vuelta estaba entre sus planes?

—Definitivamente no, pero ha sido agradable encontrar tras mi regreso la calidad de los nuevos patinadores. Me provoca tener diez años menos y volver —dijo con un coqueto guiño que encantó a más de uno de ellos.

—Cree usted, Víctor, ¿que con la inclusión de más cuádruples en el programa hubiera tenido un mayor puntaje?

—Posiblemente con un cuádruple más podríamos obtenerlo, pero la puntuación del programa fue bastante alta sin necesidad de muchos cuádruples. Yuri ha mejorado mucho en los puntos de presentación convirtiéndolo en un patinador más completo.

—¿Considera a Yuuri Katsuki una amenaza para su camino al ansiado oro?

—Creo que deberían mencionar es a Minami Kenjirou, es él quien está en el hielo. —Desvió la pregunta, con una sonrisa cortés.

—¿Y cuáles son sus impresiones como antiguo entrenador del desempeño de Yuuri Katsuki como coach de Minami Kenjirou?

Víctor se calló por un momento, intentando armar una respuesta convincente que no revelara mucho lo que aún sentía por Yuuri, pero Yuri se apresuró a responder.

—Haré que Yuuri Katsuki se arrepienta de haberse retirado hace tres años. Él debería estar compitiendo, no perdiendo el tiempo como entrenador.

La prensa consideró aquella declaración como el festín perfecto para encabezar los titulares de sus artículos deportivos. Víctor apretó la mandíbula, bastante incómodo con ello, y le sonrió al resto antes de decidir que ya habían sido suficientes preguntas.

El camino al hotel para Víctor y Yuri en compañía de Christofer no fue mejor. Christofer no dejó de ser franco al mencionar los errores que Yuri había cometido en la competencia y las razones por la que había quedado en el tercer lugar. No era que fuera imposible repuntar, pero Christofer consideraba que Yuri debía tomarse más en serio el evento en vez de estar pendiente de lo que hacía o dejaba de hacer Yuuri Katsuki, cosa que quedó patente con la respuesta a esa entrevista.

Como era de esperarse, Yuri respondió de muy mala gana, desestimando las palabras de Chris mientras este empezaba a enojarse. Víctor sentía venir ya una fuerte jaqueca con toda la situación, pero no había modo de intervenir. Si era sincero consigo mismo, no quería hacerlo.

—Ganaré con el programa libre y Yuuri tendrá que arrepentirse de haber dejado de competir. —Aseguró mientras caminaba con largos pasos por el pasillo.

—Me pareció que ya se arrepentía de eso con solo ver a Minami en la pista. ¿Acaso no lo notaste? Estaba que saltaba la barra. —Soltó venenosamente y Víctor se preparó para la ruidosa respuesta.

—¡Calla de una buena vez! ¡Yuuri siempre fue mi rival! ¡Por mí volvió al hielo la primera vez!

—Baja la voz, muchacho, que puedo escucharte sin gritos y soy capaz de modulártela si hace falta. —Amenazó, muy serio. Yuri apretó los labios antes de girarse y avanzar hasta la habitación—. No sé cómo lo aguantas, Víctor…

—Lo hizo bien, ¿no puedes por lo menos felicitarle por eso? —Acarició su sien derecha.

—Si quiere conformarse con el segundo o tercer lugar, sí puedo felicitarlo.

Avanzaron hasta el ascensor, porque la habitación de Chris quedaba en el siguiente piso y ellos necesitaban conversar. No tardaron mucho en llegar y Chris le permitió entrar mientras Víctor se desajustaba la corbata y ya estaba dejando su saco a un lado. Necesitaba respirar, y para ello debía quitarse un par de botones de encima.

Chris lo miró sentarse al borde de la cama, donde restregó su rostro y acarició su frente. Víctor se sentía agotado, mentalmente todo el evento había sido demasiado y emocionalmente se sentía desgastado. Todo el peso que había experimentado e intentó aguantar hasta el final cayó sobre él como una avalancha y ahora se sentía enterrado en toda esas hipótesis sin respuesta. Al verlo, su amigo se sentó a su lado y le dio una palmada en el muslo izquierdo, para llamar su atención.

—¿Cómo sigue tu rodilla? —Víctor solo hizo un gesto como si desestimara el dolor—. No parece que esté “bien”.

—Solo necesito dormir y lo estará. —Apretó el tabique con cansancio—. Lo subestimé…

—¿A Yuuri? —Soltó el aire con un resoplido sonoro—. Te lo he dicho desde siempre.

—Me refiero a esto.

—No, lo has subestimado en todo. —Víctor tomó aire—. Es lo que te he dicho desde siempre. No es que me agrade decirte: “te lo dije”, pero es mi deber de amigo hacerlo. Es el único que sabe qué vino a hacer aquí. Y ya vemos los resultados.

—Ni siquiera me miró. Bueno, no puedo contar menos de un nanosegundo con mirar.

—Por supuesto que no, ¿qué entrenador viste buscando a otro entrenador en plena competencia? ¿Acaso viste a Yakov buscando a Josef? Claro que no. Estaban donde debía estar, con sus competidores.

—¿Y qué debería hacer? Quiero hablar con él, quiero… necesitamos hablar las cosas.

—No Víctor, tú lo necesitas, no estamos seguro de que él necesite lo mismo.

—Pues tendremos que averiguarlo. Yuuri tendrá que decírmelo. —Soltó tajantemente y se dejó caer en la cama, con un brazo sobre su cabeza—. Si Yuuri considera que no hay nada que hablar entre nosotros, que todo acabó, entonces lo asumiré. Algo haré después… pero no quiero asumir esa respuesta. Ya asumí demasiado.

—Tú mismo me has dicho que sospechas que ese chiquillo con el que ha aparecido recientemente en la red y él tienen algo.

—¿Y? Me he acostado con Yana y eso no ha hecho que mis sentimientos para con él cambien. —Chris resopló de nuevo, con la mirada preocupada hacia Víctor—. Nosotros no terminamos, Chris… Él simplemente se fue, yo simplemente no fui tras él, en ningún momento me dijo por qué me dejaba, aunque puedo imaginarme sus razones. Tampoco él escuchó por qué me sentía así. Necesito escucharlo y necesito decírselo… necesito escuchar que todo acabó si fue así, aunque eso signifique aguantar el maldito dolor de rodilla por seis meses más.

—Entonces tendrás que esperar a que el Skate America termine y asegurarte que tu pupilo entre al podio, porque si no es así, las posibilidades de Yuri llegar al GPF serán limitadas y con eso tus oportunidades de verlo en competencia.

Y Víctor sabía de sobra que Yuuri no iba a permitirle que lo desconcentrara de los entrenamientos con Minami si llegaba a perder su pase al GPF, así que la posibilidad de hablar se extendería hasta el final de temporada. Sonaba aterrador… Víctor no quería eso. Mucho menos quería que Yuri fracasará, y no por la relación que eso pudiera tener en sus oportunidades con Yuuri, sino una parte de su propio orgullo como entrenador.

Christofer pudo leerle todo eso en la mirada.

—Vas a tener que hablar con tu pupilo y hacerle ver que tiene que dar todo en el programa libre. Y que olvide el asunto con Katsuki para después.

En la habitación de Michelle que compartía con Emil, se escuchó el toque de la puerta. Emil veía entretenido el techo, intercambiando sus impresiones con su compañero mientras este se dedicaba en silencio a mover sus piernas con los ejercicios que debía mantener para la fisioterapia. De vez en cuando, Emil echaba la mirada hacia abajo, mirando el ceño fruncido de Michelle y el silencio que adornaba su semblante. Al menos ya no se veía tenso como al inicio, aunque el mal humor poco se le quitaba.

Por la insistencia de la puerta, Michelle se movió irritado por la interrupción y Emil se acomodó mejor, con los brazos tras su cabeza. Todo el malestar se esfumó en el moreno cuando su hermana se le vino encima, abrazándolo efusivamente y provocando así una carcajada en Emil.

—¡Emil! ¿Qué haces? —Animada, se acostó en la cama buscando un abrazo de Emil mientras Michelle los veía con muy mala cara.

—¡Viendo a tu hermano abusando de mí! —Michelle soltó un “tsk” y renegó mientras volvía a su trabajo. Sara se recostó sobre el pecho de Emil y vio atentamente los movimientos de su hermano.

—Venía a invitarlos a comer, me puse de acuerdo con Mila. Creo que también invitará a Yuri.

—Prefiero descansar. —Interrumpió Michelle.

—¡Pero Mickey…!

—En serio, Sara, prefiero descansar. —Le enfatizó con la mirada. Sara pudo comprender que estaba hablando en serio, pero el pecho de Emil se movió, conteniendo una risa.

—No está contento con que Minami le superara. —Dejó caer su mano sobre el hombro cubierto de Sara, mientras esta le miraba con cariño.

—Oh, ¿es eso? No seas tonto, Mickey.

Michelle terminó con la rutina de ejercicios y se sentó al otro lado de la cama, donde la mano de Emil le dio alcance al reposar sobre su muslo. Le respondió tomando esa mano entre las suyas, aunque no pudo evitar palmear ligeramente el dorso mientras de nuevo sentía la presencia de su hermana a su lado.

—Irán a verme mañana, ¿verdad? —Sara incluyó su mano entre las de su hermano y Emil, y ellos no tardaron en tomarlas—. Todo estará bien, Mickey, lo hiciste muy bien, y sé que podrás hacerlo mejor. Tu programa fue bellísimo, ¿verdad Emil?

—Eso le he dicho, pero es tan terco que no quiere aceptarlo. —Suspiró al levantarse para quedarse sentado en la cama, y así poder masajear los hombros de Michelle como agradecimiento por estar al pendiente de sus terapias—. Sara, ¿también vas a retirarte este año?

—Sí, lo haré junto a Mickey, por eso nuestra presentación de exhibición es juntos, como cuando iniciamos. —Hubo una pausa mientras buscaba llegar al punto que la llevó a su habitación—. ¿Te acuerdas de que mi novio quería que diéramos el próximo paso?

—Yo aún no acepto. —Refunfuñó Michelle y Sara rio animada con su gracioso puchero.

—Aoww, Mickey, soy yo la que debe aceptar, no tú, tontito. —Le señaló la mejilla mientras Emil reía al escucharlo gruñir—. Fabio no solo quiere que demos el siguiente paso, quiere ser papá.

—¡¿Eh?! ¿Estás? —Volteó de inmediato, tocando el vientre de su hermana mientras ella reía divertida con su reacción. No imaginaba cuando la noticia fuera completamente verídica y el asunto dejará de ser una suposición.

—Aún no, tonto. Dejaré de cuidarme después de que dejemos las competencias. Si llego a quedar embarazada, Emil, ¿serías su padrino?

—¿Yo? —preguntó Emil, descolocado al ser incluido en la conversación repentinamente.

—¡Como que Emil! ¡Yo debería ser su padrino! ¡Nadie lo cuidaría mejor que yo!

—¡Mickey! ¡Ya tú serás su tío y sé que nadie lo cuidará mejor que tú! Pero… quiero que Emil sea parte de su familia también.

—Ya él es parte de la familia… —refunfuñó Michelle, bajando la mirada y desviándola a un lado. Sara sonrió conmovida, y le regresó la atención a Emil en espera de respuesta. Este no pudo evitar sonreírle agradecido.

—Sería un honor para mí.

Mientras Sara afirmaba aquella promesa con un abrazo grupal, en la habitación, Minami recibía también un masaje en su pierna izquierda después de percatarse tras la competencia que la tenía adolorida. Era una ligera inflamación, nada que reposo por esa noche y un buen masaje no aliviara, pero Yuuri había reaccionado tan preocupado que Minami intentaba mitigar el dolor para no hacer que su entrenador lo considerara algo grave. Quizás se había emocionado demasiado en la presentación; Fuego era, en sí, un programa bastante pesado y difícil de ejecutar, pero quería demostrarles a todos que podía dejar el nombre de Yuuri en alto y eso lo había logrado.

Había sido tanta su emoción que el ligero dolor no lo llegó a sentir hasta que se duchó tras llegar a la habitación, que notó una parte de su pierna hinchada. Yuuri llamó al médico que tenían asignado y en poco tiempo ya le habían dado un relajante muscular en crema que debía aplicarse en masajes. Minami debía considerar que Yuuri era muy bueno dándolos, lo hacía con paciencia y con la presión justa. Aunque sabía que podía haber una explicación muy triste al respecto y prefirió no buscarla.

Yuuri acabó y soltó un suspiro, mientras veía a su pierna con atención. Parecía asegurarse que todo estuviera bien.

—Yuuri, ya está mejor. Verás que mañana estaré en forma.

—Creo conveniente que mañana no practiques los saltos en los entrenamientos, al menos hasta asegurarnos que ya no te duele. —Decidió aceptar las palabras de Yuuri, mientras volvía a cubrir su pierna con la tela de su pantalón deportivo—. Y tienes que tener más cuidado en las caídas de los saltos. No quiero que te lesiones…

—Estaré bien, Yuuri, no te preocupes.

No muy convencido, Yuuri le sonrió y se levantó del suelo, donde se había arrodillado para acabar el masaje. Miró su móvil y la ventana de Hirogu había recibido un nuevo mensaje. Por la diferencia horaria, ya era de día en Japón, así que ya su mensaje de voz había sido escuchado. Su terapeuta se había mostrado muy dispuesto a seguir atendiendo a Yuuri sin importar a la hora que lo buscara y muy a pesar de la distancia. Así que había enviado una nota de voz en respuesta.

Señalándole su móvil, Yuuri se alejó de Minami y se retiró de la habitación para caminar por el pasillo y llegar a una pequeña sala que estaba solitaria. Se sentó en el mueble y se ajustó sus audífonos para establecer la llamada.

—Felicitaciones Yuuri. —Fue lo primero que escuchó y Yuuri le sonrió suavemente en respuesta, mientras acomodaba la cámara de su móvil para compartir la imagen—. Acabo de ver los resultados en las redes.

—Fue bastante bueno…

—¿Cómo te sientes al respecto?

—Bastante bien… admito que bastante bien. —Suspiró—. Por un momento sentí que iba a tener un ataque de ansiedad cuando Yuri Plisetsky iba a actuar. Temí que no tuviera un buen puntaje. Pero fue bastante bueno, y Minami hizo un excelente trabajo.

—¿Por qué crees que te calmó saber el desempeño de Plisetsky?

—Yura siempre fue un muy bien contrincante y en nuestra relación jamás intervino nuestros puntos en competencia. Él me ganó el oro en el GPF, luego yo le gané, y pese a que estábamos siempre uno detrás del otro, nuestra amistad no hizo más que fortalecerse. —Un velo de tristeza le llenó las facciones—. Después de ver que había dejado la temporada anterior, tal como me pasó a mí en su momento, me alegró ver que Víctor le ha hecho tanto bien y ha vuelto a competir, y a hacerlo bien…

—No has hablado con ninguno de ellos. —Hirogu no preguntó, lo afirmó y Yuuri confirmó esa apreciación con un movimiento de su cabeza—. ¿No crees que hubiera sido buen momento hacerlo ahora? Como competidores y tus ex compañeros de rink, unas felicitaciones hubiera sido lo correcto. —Yuuri dibujó una mueca de impaciencia—. ¿No lo consideras así?

—Sí, pero, acercarme a Yura allí era acercarme a Víctor y… no me siento preparado. Hay… hay algo que pasó hoy.

Y era la principal razón por la que le había enviado la nota de voz, no solo avisándole de la victoria de Minami, sino de lo que había sentido y la imperiosa necesidad que tenía de hablar. Yuuri le comentó sobre el homenaje que Emil Nekola recibió, lo que supo de su accidente y cómo se sintió al respecto al verse inevitablemente reflejado en aquel espejo, pero notando un “así debió ser” que fue incapaz de cumplir. Después de eso, acercarse a Víctor era casi inconcebible. Hirogu atendió con cuidado, y se dejaba escuchar en la comunicación algunas voces de un par de niños que eran despedidos por su padre y el beso luego de la esposa en su mejilla, antes de que partieran. Yuuri sentía un poco de incomodidad al estar molestando en un tiempo que debía compartir con su familia, pero Hirogu no lucía invadido por eso.

Cuando le preguntó cómo se sintió al respecto, Yuuri fue sincero al decir que muy mal, demasiado mal. Que por mucho que intentó dejar de lado el tema, solo era necesario verlos para sentir la enorme bofetada por parte de la vida. Que tenía ganas de preguntarle a Michelle como hizo, cómo fue, que tan difícil debió ser la recuperación y como hizo para quedarse a su lado y seguir compitiendo, porque lo que más le dolía era justo eso. Michelle lo logró sin dejar de competir… ¿Por qué entonces estuvo mal el haber seguido compitiendo? ¿Acaso debió esperar un año más? Yuuri sabía que no se había tratado de solo eso y hubo más factores, más oscuros y siniestros a su parecer, para haber decidido dejar todo en esa temporada. Pero ahora pensaba que quizás si hubiera esperado por Víctor un año más, hubiera logrado lo que Michelle logró…

—¿Te gustaría hacer las cosas mejor en el pasado? —preguntó y Yuuri le miró atribulado y confundido—. Si pudieras volver al pasado Yuuri, y verte a ti mismo en ese momento en que estabas a punto de huir. ¿Qué te dirías?

Los ojos de Yuuri se habían perdido en el recuerdo, en todos ellos, que se aglomeraron como una película muda. Se perdió en los silencios sobre el puente de los besos, los silencios en la cama compartida, en su rostro a punto de enloquecer cada vez que se veía al espejo al tomar la pastilla y se decía que era un monstruo.

“Huye…”

Hirogu lo llamó, trayéndolo de vuelta. A través del video fue capaz de ver la tensión en su rostro y la conmoción en su mirada. Al regresar sus ojos a la pantalla, pestañeó repetidamente y se reacomodó en el asiento, gestos suficientes para hacerle ver a su terapeuta que tendrían una larga charla cuando regresara. Yuuri guardaba aún más cosas.

—De todos modos, pensar en los hubiera no tienen sentido…. y me parece incorrecto pensar en que me gustaría cambiar algo del pasado.

—¿Por qué Yuuri? —Quiso saber mientras tomaba un sorbo de su té.

—Porque si hubiera cambiado algo, y Víctor y yo estuviéramos juntos, no estaría en donde estoy ahora. No tengo idea de en dónde estaría, pero no hubiese tenido la oportunidad de entrenar a Minami, ni de pasar estos meses… No puedo asegurar que hubiera sido mejor para mí y, además, me parece injusto para con Minami…

—¿Qué hablamos sobre la diferencia entre sentir y lo que piensas debes sentir? —Yuuri sonrió comprendiendo el mensaje que su terapeuta quería darle. No era algo fácil ni que iba a dejar de hacer, por mucho que se lo repitieran. Dejar de pensar en lo que debería sentir, en lo correcto, en vez de enfrentarse con sus reales sentimientos sin juzgarlos—. ¿Ahora tienen que competir de nuevo?

—Mañana para nosotros…

—Bien, te deseo mucho éxito a ti y a Minami para mañana para ustedes. —Yuuri se sonrió ante la jovialidad de Hirogu—. Y piénsalo, después de que acabe la competencia. Al menos mantén la cordialidad como competidores. Sé que quieres hacerlo, Yuuri, tus ojos son mucho más sinceros que tus palabras.

Se despidieron tras esas palabras y quedaron de acuerdo en que necesitaban verse al acabar el Skate America. Hirogu comentó, un poco en broma y un poco en serio, que apartaría tres horas para la consulta con Yuuri, porque con él nada era suficiente. Yuuri creía que ciertamente necesitaría de esas tres horas.

Se recostó sobre el mueble, hundiéndose un poco mientras recibía las redes tal como había comentado Hirogu. Dolió ver comentarios y estados reaccionando no solo ante la victoria de Minami en el programa corto, sino ante la distancia de él con Víctor y Yuri.

“Tensión en el hielo: La elocuente la distancia entre Yuuri Katsuki y Víctor Nikiforov #NewsOnIce #Victuuri #VictorNikiforov #KatsukiYuuri”

“El programa de Yuri Plisetsky fue hermoso, pero nada que ver con el de Minami Kenjirou. ¡Eso fue alucinante! #FireHere #TheJapanPhoenix #MinamiKenjirou”

“¿Estamos viendo al alumno superando al maestro de nuevo? #GoKatsuki #TheBestTeam #TeamJapan #MinamiKenjirou”

“Tengo fe completa en que Yuri Plisetsky los va a aplastar a todo en el programa libre. No sería la primera vez que logra remontar así #TheRussianTiger #VictorNikiforov #RussianPhoenix #YuriPlisetsky”

“Y yo que pensaba ver un reencuentro emotivo entre Victor y Yuuri, ¡pero me dieron algo precioso con Emil y Michelle! #NoEraLoQueEsperabaPeroEstoySatisfecha”

“¡Emil y Michelle es la nueva OTP! #Emickey #EmilNekola #MichelleCrispino #GoldForItaly #SomewhereOverThe Rainbow”

No quería ver más. Prefirió evadir lo que decían las redes y los comentarios y fue a buscar el programa de Yuri, que ya debían haberlo subido a las redes. Tal como esperaba, la página oficial de la U.S Figure Skating ya había subido los videos de las presentaciones del programa corto y estaba lleno de comentarios de todos los fanáticos que discutían el desempeño de cada competidor. Yuuri no quería leer más comentarios; cada uno de ellos junto a las fotografías con las que casi medían los metros que estuvo separado de Víctor, eran como un nuevo ladrillo que caía sobre su cabeza. No creía ser capaz de soportar más esa presión que parecía empujarlo, junto a la disyuntiva entre lo que sentía y debía sentir.

Se enfocó mejor en la presentación, notando desde el inicio el acercamiento de Victor a Yuri y recordando irremediablemente lo que fue ese primer año juntos. Añorándolo, incluso pensando que, si hubiese acabado todo allí, pese a todo, también hubiera estado bien…

Aunque no hubiera sido el ganador, no hubiera superado otra vez el récord, ni se hubiera convertido en el mejor del mundo… Ni hubiera vivido en Rusia, ni hubiera aprendido a amar más a Víctor ni hubiera pasado los mejores y peores meses de su vida. No estaría allí.

Todo en cuanto Yuuri pensaba arreglar del pasado parecía llevarlo a un solo punto: era necesario. Todo fue necesario. Pero aún no podía aceptarlo.

Cuando la música inició, Yuuri prestó atención a los pasos, la secuencia, todo lo que el programa que Víctor creó pudo sacar de Yuri. Frunció su ceño, porque había cosas que se sentía diferentes a lo que vio en el programa del test del patinaje. No podía estar seguro de qué, pero la tristeza que se sentía allí era aún más real, casi como si Yuri estuviera empapado en lágrimas.

Quisiera saber cuál era la inspiración de esa historia, que era lo que Yuri no quería escuchar, de qué huía, que era lo que le quemaba aun estando bajo la lluvia. Quisiera entenderlo más…

Apretó los labios y cortó el video para ir hasta su aplicación de mensajería y mirar con atención los números tanto de Yuri, como de Víctor, ambos aún con los diminutivos de sus nombres grabados. Abrió la ventana de Víctor, y miró la última comunicación que hubo, aquella que terminó con su tajante respuesta. Ese , aun pesando sobre ellos, como si hubiera cerrado la puerta. También leyó los mensajes que antes compartieron, cuando Víctor le preguntó si sabía sobre los sentimientos de Yuri y se disculpó por lo ocurrido en los mensajes. Miró más arriba, donde los mensajes de Yuri caían como una sentencia que debía resolver.

¿Debería llamarlo? ¿Debería buscar hablar con Víctor ahora?

No… decidió que no era el momento, no aún.

Víctor estaba de acuerdo, aún sin haberlo hablado.

Tras la conversación con Christofer y una necesaria siesta en esa habitación, Víctor tuvo la fuerza para volver a la que compartía con Yuri. Notó que el muchacho había pedido comida en la habitación, ya que había restos aún de los platos, y estaba acostado en la cama, mirando su móvil mientras tenía los audífonos puestos. Creyó que había salido con Mila y Georgi, ya que el segundo le había convidado a comer juntos, pero Víctor se negó porque no tenía apetito. Sabía que Georgi debía suponer su estado de ánimo y debía estar buscando apoyarlo, pero ya no quería escuchara a nadie más aconsejándole qué hacer con su vida.

Lo primero que hizo fue darse un merecido baño, el cual demoró hasta sentir a los músculos de su espalda más despejados. En el baño, aprovechó también para masajear su pierna derecha, en especial a su rodilla, realizando los ejercicios reglamentarios que no había dejado de hacer desde que se vio con su terapeuta en Moscú. Ya había tenido otras revisiones necesarias en el transcurso, y todo decía exactamente lo mismo. No debía sobre esforzarse, pero patinar no estaba fuera de sus límites, mientras no esforzara a su cuerpo como si estuviera en competencia.

Ya vestido, salió de la habitación y miró a Yuri, aún acostado en la cama, pero esta vez con los ojos puestos en él, como si lo hubiera esperado. Dejó de sacudirse el cabello y caminó con el pijama a su cama, hasta darle la espalda. Sabía que tenía que hablar lo ocurrido ese día, y que debía hacerle énfasis en la necesidad que tenía de que Yuri se concentrara en competencia y diera lo mejor de sí. Tendría que buscar las palabras correctas, pero él no se sentía el más diestro al respecto. Solía equivocarse muchas veces animando a las personas o motivándolas.

—Yuri. —Decidió irse por el camino más pavimentado para él—. ¿Qué has pensado para el programa de mañana?

—¿A qué te refieres?

—A si has pensado realizarle un cambio a lo planificado. Te fue muy bien en el programa corto, pero necesitamos repuntar con el programa libre.

—Voy a incluir dos cuádruples. —Victor volteó, subiendo su pierna sobre el colchón mientras meditaba qué tan prudente sería hacerlo—. Minami hará seguro tres cuádruples, debo hacer tres cuádruples ahora.

—No hemos ensayado ese programa con los tres cuádruples. —Y no sabía si Yuri podría clavarlos, considerando que él que mejor clavada era solo el Toe Loop, aún tenía dificultades con el Salchow y con el Flip ni hablar, no lo había clavado ni en las prácticas.

—Tendré que arriesgarme. Es en serio lo que dije, quiero que Yuuri se arrepienta de estar entrenando a ese cerillo y…

—No menciones ahora a Yuuri. —Repuso tajantemente.

—¿Eh? ¿Acaso ese amiguito tuyo ya te lavó la cabeza? —Recriminó, apoyándose de su codo para levantar el torso y mirarlo—. ¡Dile que se mantenga al margen porque tampoco me intimida y soy muy capaz de borrarle la estúpida sonrisa!

—Chris tiene razón y está preocupado. —No quería levantar la voz, sin embargo, empezaba a sentirse demasiado cansado para discutir—. No podemos seguir compitiendo si lo único que tenemos en la cabeza es a Yuuri.

—¡Dijimos que iríamos después del GPF a Hasetsu para…!

—¡Sé lo que dijimos! ¡Pero no habrá Hasetsu si perdemos, Yuri!

Víctor tuvo que apretar los labios cuando se dio cuenta que no solo levantó la voz, sino que el silencio que sobrevino después fue aún más estruendoso que cualquier grito que hubiera esperado de Yuri. Le miró directamente y supo el enorme error que había cometido. Yuri lo estaba mirando, pero en sus ojos verdes estaba el peso que había dejado sus palabras. Acababa de destruir toda su seguridad…

—Es una mierda… —El rojo que empezó a llenar su rostro fue como una alarma para Víctor, que se puso de pie—. ¡Esto es una reverenda mierda…!

—Yuri, espera…

—¡O sea, joder! —Se levantó de la cama, temblando—. ¿Crees que quiero fallarle a Yakov? ¿A mi abuelo? ¿A mamá, Mila, Otabek? ¡Incluso a ti!

—Necesito que me escuches.

—¡Es una puta mierda, Víctor, ¡tú no crees que pueda ganar!

—¡No es eso lo que quise decir!

—¡Fue eso lo que dijiste!

—¡Por Dios, algún Yuri me dejaría explicarme alguna vez!

—¡Te quedaste como un imbécil mirando al maldito de Kenjirou en su presentación! ¿Crees que no me di cuenta? —Yuri golpeaba el aire, mientras se sentía a punto de explotar con todas las emociones acumuladas que lo hacían temblar con fuerza. Víctor no sabía cómo controlarlo, no se le ocurría nada para lograrlo—. ¡Pero, aunque tu no creas en mí, le voy a ganar! ¡Maldita sea, le voy a ganar! ¡Y voy a recuperar a Yuuri! ¡Voy a recuperar mi lugar, contigo o sin ti, Nikiforov!

—¡No se trata de Yuuri, es lo que quiero que te des cuenta! —Intentó cortarle el paso, pero Yuri ya había agarrado su chamarra dispuesto a irse—. Se trata de mí, de ti, de nuestras promesas que queremos cumplir. ¡Yuri!

Fue apartado de un manotazo, justo antes de que Yuri volteara, con los ojos enrojecidos, con las ganas de llorar y de gritar allí atravesadas en su entrecejo, en sus pupilas brillantes, en sus irises apretadas y mojadas.

—Recuerda una cosa, Víctor. —Mordió cada palabra, como si intentara que con el nudo de su garganta el aire no perdiera su fuerza—: yo sí cumplo mis promesas.

Calló, y lo único que escuchó en los próximos minutos fue el golpe de la puerta al cerrar y su propia respiración difusa. Víctor se llevó las manos a la cabeza, alterado. Todo había salido mal.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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