Matryoshka II (Cap 03)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 03. Skate America: Estoy Abrumado.

“—¡Emil, desde China te felicito! ¡Espero poder verte con Michelle en el Grand Prix Final! ¡Me alegra saber que estás recuperándote!

—Cuando supe que Emil sufrió el accidente no tenía qué decir. Durante años había admirado mucho su estilo de patinaje. Sé que en España aún estamos lejos de ser un deporte reconocido, pero mi sueño había sido poder competir contra ellos. Me admira mucho saber que se está recuperando. ¡Espero un día me veas competir!

—Cuando estaba empezando mi carrera de patinaje en México, veía mucho las presentaciones de Nekola, Nikiforov, Katsuki, Leroy y Plisetsky. Siempre me asombró la manera en que ejecutaba los saltos y como siempre buscaba atravesar sus límites. Estoy feliz de ver que esa valentía no ha sido en el patinaje solamente, sino también en su vida. Y que eso lo tiene de nuevo con nosotros.

—Todavía puedo recordar las veces que nos divertiamos después de cada competencia. ¡Emil siempre levantaba nuestros ánimos después de no poder cumplir con nuestras propias expectativas, con su alegría y su buen humor! Ahora, además de cariño, siento profunda admiración porque esa misma fuerza de vida le ha permitido superar los momentos más oscuros que cualquier deportista puede pasar. Amigo, aún estamos vivos, y es lindo porque eso justo veo en tí: vida. Recé mucho a la virgencita para que te trajera de nuevo a nuestro lado.

—¡Emil es una de las personas más positivas que conozco! Siempre ha mostrado mucha alegría, buen ánimo, algo que hizo que se convirtiera en nuestro amigo inseparable. Para mi hermano y para mí, fue sumamente duro enfrentar su accidente, pero también ha sido impresionante la experiencia de verlo levantarse pese a todo. Emil, cariño, eres lo máximo y nos tienen a ambos en tus manos. ¡No dejes de luchar!

—¡Gambai Emil! ¡Sé que puedes seguir adelante! ¡Estoy muy feliz de que puedas volver a la pista y te estaremos esperando en ella! ¡La esperanza es lo último que se pierde!”

Yuuri miró a Minami, justo después de que terminara la escena en donde había dicho esas palabras, mostradas en las pantallas. Lo miró con sorpresa, porque primeramente no le había dicho nada y segundo, no tenía idea de en qué momento pudo haber recibido dicha entrevista. Minami le aclaró que había sido mientras Yuuri dormía el día anterior.

En un espacio de cinco minutos, la presentación de varios patinadores que fueron compañeros de Emil desplegó sus buenos deseos y sus recuerdos de él, algo que lo emocionó hasta las lágrimas. Michelle estaba conmovido, tratando de controlarse para no echarse a llorar allí. Era demasiado, se sentía demasiado intenso todo y el agarre de sus manos así los declaraba, mientras escuchaba ahora las palabras de algunos miembros de ISU, de la CKS e incluso su entrenador. Todos ellos haciéndole ver la fuerza que demostraba al estar allí.

Víctor no pudo levantar su mirada. No fue capaz de hacerlo, los solo diálogos y palabras que se emitían por cada uno de los parlantes, era suficiente para sumirlo cada vez en la oscuridad dentro de sí mismo. Cada cosa que escuchaba era un golpe para él, y con ello, atraía recuerdos de su propio comportamiento con la gente que intentó apoyarlo cuando la lesión ocurrió. Contra Yakov, incluso contra su padre, sus hermanos, y por supuesto, contra Yuuri. Aunque no tenía recuerdos claros, a veces incluso ni siquiera en qué momento ocurrieron, si sabía que se había comportado muy mal con todos ellos. Y era imposible que alguien le diera la bienvenida al hielo con algo así.

Para acabar con el paréntesis, la federación junto a todos los organizadores, sorprendieron con la presentación sorpresa de Leo de Iglesia quien, pese a no estar participando en esa selección, haría algo que representaría el sentir de todos los presentes. Ejecutaría el programa que usó cinco años atrás, como una de las presentaciones con la que buscaba entrar al Grand Prix Final del 2016: Still Alive. Como era de esperarse, Leo ya no usaría el traje que vistió en ese momento, porque ya le quedaba demasiado ajustado. Sin embargo, sorprendió vestido con un pantalón blanco, una camiseta del mismo color y una chaqueta vistosa con decoraciones doradas y violetas, y su cabello recogido. Realizó el programa, mostrando el nuevo cuádruple que había agregado a su repertorio y provocando que el público aplaudiera emocionado. Minami hizo lo mismo, mientras Yuuri intentaba reaccionar igual pero aún se encontraba demasiado afectado con toda la noticia. Por otro lado, Víctor se obligó a aplaudir cortamente, sin realmente sentir alegría alguna, mientras Yuri miraba lo ocurrido desde lejos.

Él no había sido llamado para participar en esa actividad, ni siquiera fueron a preguntarle qué palabras le diría a Emil. No era que fuera muy elocuente, quizás hubiera negado su participación, pero aun así, le hubiera gustado que le preguntara.

Sabía la razón, era evidente aún más la noche anterior en ese restaurant del hotel.

Sin embargo, sentía aún la desazón de no haber participado. Podía recordar muchos momentos con Emil: como aquel cuando intentó consolarlo por quedar de segundo lugar en la copa Rostelecom de su primera evento Senior, o como aquel que tras ser lanzado de todos los bares lo alzó con tanta facilidad. No podía creer que el momento no se repetiría y no solo por su altura. Dolía verlo.

—Esto ha sido muy emotivo. ¡Esperamos que todas las buenas vibras y cariño llegue a Emil!

—¡Así es Adolf! Y ya con esto, podemos empezar formalmente con el Skate America, quien iniciará con la presentación del programa corto de la categoría masculina. Este año, tenemos a varios patinadores que debutarán como Senior.

—¡Grandes talentos para observar, sin duda alguna, Mooroka! Vamos a presentar la clasificación con la que se presentará el primer grupo.

El primer grupo cerraría con la presentación de Michelle Crispino, y luego en el segundo grupo Yuri y Minami se presentarían. Disputarían el orden del podio junto con cinco competidores más, entre ellos la estrella mexicana Juan Luis Vargas, en su primer año Senior y Gabriel Fernández representando a España en su segundo año Senior, ambos en el primer grupo. El primero en ser anunciado fue el joven patinador por parte de Francia, Sebastian Fauren, que con un traje brillantes con los tonos de la bandera iniciaría la muestra de su programa corto.

Víctor aprovechó el avance del primer grupo para desaparecer del circuito, seguido de cerca por Yuri, quien lo miraba sin entender. De repente Víctor había empezado a cojear, aunque intentara disimularlo. Fue una fortuna que casi nadie se hubiera atrevido a seguirlos, pero Víctor mascaba su propia frustración al sentir de nuevo ese dolor como un recordatorio mudo de su propia debilidad. Se sujetó contra la pared del pasillo cuando no pudo soportarlo más, y apretó los labios, respirando con dificultad mientras trataba de adaptarse a la alerta de su cuerpo.

—¿Qué pasa? —preguntó Yuri, ya asustado al verlo de repente palidecer. Víctor apenas pudo abrir sus ojos y le miró a través del rabillo—. ¿Por qué ahora? ¡No te había dolido en meses!

Porque era un estúpido, porque Yuuri apenas le había mirado, porque acababa de ver cómo la vida no daba sin mostrar salidas y él había sido un imbécil que se negó a tomar alguna antes de destruirlo todo. Porque dolía, dolía no la rodilla, dolía su consciencia martirizándole con los recuerdos de lo que había sido, dolía ver esos ojos fríos, dolía saberse culpable y merecedor de toda esa frialdad. Emil había logrado lo que él no pudo contra algo mucho más fuerte. Emil tenía una carrera pujante, con aún años de posibilidades y allí estaba. Maldición, Víctor se sentía cada vez más pequeño y ruin mientras se comparaba y odiaba hacerlo…

Yuri regresó con un vaso de agua que Víctor miró con aprehensión. Sabía que le estaba indicando beber la pastilla, que por cierto tenía, pero que no era más que una sugestión, porque ese dolor no era real, no era real como muchas cosas aún en su vida. No obstante, la tomó y se bebió el contenido tras echar la pastilla blanca sobre su lengua.

—Mira… no te compares con lo de Emil. —La repentina declaración de Yuri le llegó de sorpresa—. No es lo mismo, maldita sea, no seas un imbécil ahora.

—No, no es lo mismo. —Admitió, y eso hizo aún más pesado el punto—. Lo de él es peor.

—Él pudo no haber vivido. Joder, eso debe cambiar muchas cosas. —Víctor no quiso opinar, prefirió empinarse lo último que quedaba de agua—. Si quieres puedes lamentarte todo lo que quieras después… no ahora.

Volvió a dirigir su mirada, notando por primera vez la desesperante necesidad de Yuri de sentirlo a su lado. Yuri miraba la salida de la pista con tensión, podía notar con la dureza de sus músculos, el miedo que le daba volver si estaba solo. Víctor tuvo que comprender entonces que no había tiempo para él lamentarse ni sentirse miserable. Él estaba allí por Yuri, por cumplirle la promesa a Yakov, por sí mismo, porque también quería aún dar lo mejor de sí. Debía comportarse y estar a la altura, aún si no había esperado esa bofetada por parte de la vida.

Asintió. Echó el vaso de plástico en la papelera que tenía cercana y se sobrepuso al dolor de su rodilla. Se enderezó, obligándose a respirar y usó el hombro de Yuri de apoyo para caminar.

—Vamos.

En el estadio, los aplausos llovieron al final de la presentación de Juan Luis de su programa corto. El chico vestido con un esmoquin negro y la cara pintada como si fuera un mimo, había mostrado una presentación única, diferente a todo lo visto antes. Había unido las pantomimas con su secuencia de paso y el patinaje que, pese a no tener aún cuádruples, seguramente ganaría punto por su originalidad. Ahora era Gabriel Fernández quien se preparaba, santiguándose antes de entrar al hielo tras despedirse de su entrenador. La música con sonidos peninsulares y árabes, relataban la historia emblemática basada en la película Zorba, el griego. Vestía de blanco con un cinto rojo que flotaba con cada uno de sus movimientos, amarrado en su cintura. Sus pasos eran veloces y rítmicos, al ritmo de la zorba griega y su expresión se transformaba estando en el hielo. Yuuri podía ver mucho talento y potencial allí, no podía apartar sus ojos de los jóvenes prospectos y se sentía fascinado por la competencia en general.

—¡Preciosa presentación por parte de Gabriel Fernández!

—Pese a que cometió un par de errores en los dos cuádruples de sus programas, no perdió el ritmo de la música y mostró siempre un gran ánimo. ¡Veamos que dicen los jueces de su actuación, Adolf!

—Después de haber ganado el oro europeo a inicio de año, la comunidad general ha puesto sus ojos en él como el nuevo talento naciente. ¡Gabriel ha enfatizado que quiere llevar el patinaje de hielo de su país a otro nivel!

—¡Y estamos seguro de que lo logrará! ¡Acaba de ser revelado los resultados! ¡Una puntuación bastante buena para su programa corto!

—No superó su mejor puntuación de 97 puntos en la copa europea, pero ha sido una buena puntuación. Sabemos que repuntará en el libre.

—Así es, pero aquí viene su rival y quien le dio una larga pelea en la copa europea, aunque terminó perdiendo allí su racha de oro: ¡Michelle Crispino! Según sus declaraciones, planea que esta sea su última temporada y quiere recuperar el oro de Europa.

—Con su tema “Milagros” y la compañía de su compañero de pista y antiguo rival en la copa europea: Emil Nekola, debo declarar que estoy ampliamente a la expectativa de ver qué nos mostrará con su programa Somewhere over the rainbow.

—Los programas de Michelle a lo largo de su carrera han sido una constante explosión de emotividad. Viene arraigado el aire bohemio de Italia, el arte, la belleza y la elegancia. ¡Estoy muy expectante por lo que veremos!

Yuuri miró desde lejos la escena, con una opresión en su pecho. Michelle abandonó su chamarra de Italia y se la dejó en manos de Emil, quien luego la dobló sobre sus piernas inmóviles. No pudo apartar la mirada mientras los vio tomándose las manos con fuerza, para luego compartir el choque de sus puños en señal de apoyo. Aunque quería evitarlo, no podía dejar de hacer el doloroso paralelismo, ni recordar cuántas veces vio a esa banca vacía, a esa salida de la pista llena de ausencia. Cuántas veces deseó ver a Víctor allí, aunque fuera con un bastón, abrazándolo de nuevo tras un trabajo bien hecho, disfrutando de ese triunfo que al final también lo hacía por él.

La perspectiva de abandonar su sueño por amor le sonó egoísta, porque él mismo jamás lo hubiera permitido si era Víctor el de aquella descabellada idea. Verlos juntos, aunque quizás estaba infiriendo de más en aquella relación, le hacía preguntarse de nuevo que pudo hacer de más, si realmente dio suficiente como muchas veces se decía, o si no lo hizo.

—¡Yuuri! —Escuchó a su lado, y se giró para notar a Leo acercándose con una chamarra de cuero encima. No tardó en acercarse y abrazarse a él, aunque Yuuri tardó en contestar el abrazo—. ¡Qué gusto volver a verte!

—Lo mismo digo. —Yuuri le sonrió amablemente, al separarse, y miró como Leo hacía lo mismo con Minami aunque con mucha más confianza entre ellos. Notó que llevaba una bolsa en sus manos, más la ignoró—. Has crecido mucho.

—Solo un poco. —Sonrió amigable y le extendió la bolsa de papel que cargaba en sus manos—. Es un regalo de Phichit. Me pidió que te lo entregara y me dijo textualmente lo siguiente: me ofenderé si no lo usa en competencia.

Yuuri arrugó las cejas y se preguntó qué podría ser. De Phichit podría esperar cualquier cosa, pero ninguna fue tan descabellada como la que encontró. Era una pañuelera en forma de hámster, pero en particular parecía tener un celular verde en una de sus patas y sí… eso parecían mechones negros en la frente. Era ver una versión hámster del mismo Phichit. Minami soltó una carcajada mientras Yuuri casi se palmeaba la frente.

—No puedo creer que esté hablando en serio —dijo con rostro atribulado.

—¡Pues créelo! Quiere que lo tengas a la mano siempre. —Leo respondió, con una sonrisa divertida en los labios.

—Yo digo que es adorable. —Se enganchó en el hombro de su entrenador, aprovechando la altura.

El comentario de Minami, con tono de diversión, solo le provocó una ligera sonrisa. Volvió la mirada al hielo, mientras Michelle tomaba posición. Su traje era bastante sencillo a simple vista. En su cuello, una pañoleta de arcoíris se amarraba, pero su camisa era manga larga, holgada y de un color tenue celeste. Su pantalón era blanco, parecía desgastado. Era como ver una versión masculina de la protagonista del Mago de Oz, Dorothy.

El silencio del público llegó, como un manto suave. Michelle lo sintió casi como una caricia de seda en su cara. Elevó el rostro y extendió el brazo derecho hasta formar un arco sobre su cabeza. Con los ojos cerrados, dejó su mente en blanco y fue fácil adentrarse a lo que quería mostrar; Emil siempre le comentó de lo mucho que le gustaba la historia del Mago de Oz, y como se identificaba con cada uno de los personajes. A veces eran conversaciones repetitivas, y Michelle llegó a cansarse; pero mientras estuvo en coma, su madre no había dejado de releerle el cuento de aquel libro que tenía desde niño, esperando que su hijo encontrara el camino para volver a ellos. Que siguiera el camino de las baldosas amarillas.

[Somewhere over the Rainbow — Joseph William Morgan]

Se movió en la pista, extendiendo el brazo que había inclinado para dibujar sobre su cabeza el arco antes de moverse a lo largo de la pista, de espalda, dibujando un mundo de maravillas con la punta de sus dedos. Tejiendo entre ellos casas, edificios, sonrisas, bailes y música, en un réquiem a los sueños, mientras daba giros sobre sí mismo y señalaba el derredor.

Fue fácil recordar las tardes que estuvo en aquella clínica, mirando como la barba le crecía, como su carne se hundía, como su vida estaba allí estancada y él, con la garganta trabada, relataba las aventuras de un cuarteto extraño, disfuncional, tan diferentes entre todos y tan concordantes a su vez. Como lo eran ellos tres: su hermana, Emil y él. Michelle se movió con velocidad y dio varios giros y piruetas entre sus pies, metido en aquel recuerdo que después se haría su única fuerza.

Era fácil evocar la esperanza que lo movía al ir tras cada evento deportivo hasta Praga, hasta esa clínica donde él permanecía mientras le decía que debía levantarse porque había una competencia. Agitó su cuerpo en una bellísima pirueta baja y se deslizó de espalda por la pista, mientras extendía las extremidades de su cuerpo como si intentara abarcar el universo en sus manos.

La ausencia que sintió en el podio de Europa cuando Emil no estuvo allí tomando la plata. La desesperación que vivió aquel día cuando cansado de esperar, decidió casi subirse a la camilla para golpear el pecho y hacerlo despertar. La voz de Sara llevándoselo a su pecho para permitirle llorar.

En algún lugar, detrás del arcoíris, estaban sus sueños… Emil siempre lo decía con una sonrisa llena de optimismo que solo una historia así podría concederle. En algún lugar detrás del arcoíris estarían ellos… en algún lugar.

El salchow cuádruple se clavó finalmente, con una perfección técnica que nada tenía que envidiar a la belleza de la presentación. Michelle volvió a deslizarse a lo largo de la pista, volviendo a dibujar arcos con su cuerpo, con sus manos, con las figuras que dibujaba su cuerpo, preparándose para ejecutar un precioso triple Axel, que cayó con firmeza. Michelle podía imaginar ese mundo que estaba más allá de ese arcoíris, ese mismo que él se aferró con necedad, esperando un final distinto a las tragedias románticas que él solía leer con su hermana. Un lugar donde sí, Emil seguiría las baldosas amarillas y llegaría a casa. Llegaría con ellos.

Michelle bailaba con una alegría que cubría la tristeza y la desesperanza que había vivido en esos meses. Bailaba con júbilo, sonreía desde el fondo de su corazón de una forma sutil, honesta, mientras daba piruetas en el hielo, saltaba con pasos de ballet y daba una pirueta alta, con su cuerpo extendido hasta que sujetó su pierna para girar con velocidad.

Y el milagro ocurrió. Mientras él deseo recorrer el mismo camino con él, con su hermana, con los padres que le miraba con agradecimiento por su presencia y apoyo, construían ese camino a la ciudad esmeralda, donde quizás encontraría al mago de Oz que le diera el anhelado sueño.

A través de su patinaje, de la pasión con la que ejecutaba el último combo de un Toe Loop cuádruple y un doble Lutz, quería decirle a Emil que aún si quedaban muchas baldosas amarillas que recorrer, más que conocer entre ellos, más que superar: no se rendiría, hasta hallar a ese sueño más allá del arcoíris.

Al acabar, los aplausos arreciaron sobre él. Miró los puntos luminosos y el público con una avasallante seguridad, los gritos y las banderas de Italia y República Checa se movían en medio de la euforia. Michelle logró agarrar dos peluches de regalos que habían caído a sus pies y saludó al público, con una elegante inclinación antes de empezar a patinar hacía la salida. Desde allí, veía a Emil con una sonrisa llena de esperanza y júbilo, recibiendo también los aplausos y agitando sus brazos para que los clamores hacia Michelle no menguaban. Al lado de él, había llegado Sara, quien apenas acababa de arribar al estadio. Se saludaron entre ellos tres, ella sentada en las piernas de Emil y se dirigieron los tres juntos al Kiss and Cry.

Que diferente se veía ese panorama al que Yuuri había vivido. Mientras más lo veía, sentía la oscuridad de ese dolor conocido volviendo a reptar, a inyectar esa sensación amarga en su pecho. Mientras aplaudía y los veía, intentando sobreponerse a ello, le era imposible pensar en que eso hubieran podido ser él y Víctor si las cosas hubieran sido diferentes.

—Yuuri. —El aludido se giró hacía su pupilo, quien le miraba con preocupación. Por supuesto, había notado la mirada hacía el equipo de Italia, y aunque no entendía a donde iba sus pensamientos, si había notado la sombra en sus ojos cálidos—. Me gustaría calentar un poco más en el pasillo. —Minami dirigió la mirada hacía Michelle, quien estaba recibiendo su puntuación—. Debo superar a Michelle con mi programa corto.

Dibujó una sonrisa corta, enfocándose. No era momento de pensar en hipótesis que nunca se concretaron y quizás nunca lo hagan. Decidió asentir a las palabras de Minami y abrazando el regalo de Phichit bajo su brazo, se dirigió hacía el pasillo para acompañarlo a ese previo calentamiento. Escuchó de lejos los anuncios del puntaje.

—¡Ha subido al primer lugar! ¡Después de una conmovedora presentación, Michelle encabeza la lista del primer grupo!

—¡Así es, Adolf! Pese a los dos pequeños errores que cometió con la ejecución de su combo, ha logrado superar el puntaje de Gabriel y posicionarse en el primer lugar por más de 10 puntos de diferencia. Con 107,65 puntos, ¡Michelle ahora encabeza la lista!

—Ahora viene el segundo grupo, que va a ser iniciado por Yuri Plisetsky, patinador ruso. Después de una dura prueba de patinaje demostró que tenía todo lo necesario para volver a su antigua gloria. ¡Las banderas de Rusia se ondean en los cielos!

—¡Hay muchas expectativas sobre Yuri Plisetsky este año! No solo por la buena participación en el test del patinaje, sino por estar bajo la tutela de Víctor Nikiforov, quien además se encargó de la coreografía de sus programas. ¿Veremos de nuevo un programa perfecto que supere el actual record?

—¡Eso esperamos, Morooka! Nos estamos preparando para la entrada del segundo grupo. ¡Estoy muy ansioso!

Las cámaras ahora estaban sobre Víctor y Yuri, quienes se preparaban para acercarse a la entrada de la pista. Víctor había visto de reojo la espalda de Yuuri acompañada por Minami mientras se apartaba al pasillo. Eran pocas las veces que se había detenido a mirarlo, pero tras hacerlo, y volver sus ojos a Yuri, vio con preocupación que él también los estaba siguiendo con la mirada, y algo gritaba en sus ojos que se detuvieran, como si Yuuri pudiera escucharlo en el silencio.

Y eso era precisamente lo que Yuri sentía al ver la espalda de Katsuki desaparecer en el pasillo. Se suponía que debía verlo, ¿por qué se había ido? ¿No quería verlo patinar? ¿Era una forma de no estar a su lado? Aún después de desaparecer, los ojos de Yuri siguieron fijos en ese punto, hasta que Víctor se puso sobre él.

—Yuri, enfócate, por favor. —El apremió en la voz de Víctor llegó a él, y provocó que le devolviera la vista. De la tristeza y decepción, empezaba a formarse un saco de rabia y frustración—. Puedes sentirte miserable después, pero no ahora. Eso me dijiste hace rato, necesito que también lo hagas.

—No es que me afecte —mintió y Víctor frunció su ceño a sabiendas de que Yuri lo sabía. Los ojos verdes del patinador se desviaron del lugar y decidió enfocarse mientras se quitaba la chamarra. Víctor prefirió no decir nada al respecto y le tomó su chaqueta, para que Yuri ahora mostrará su traje, un negro enterizo ajustado a su figura, en donde se veían un decorado blanco que caía desde sus hombros cubriendo su torso y hasta las muñecas, como si se trataran de placas de oscuridad cuarteadas en la nieve.

Víctor peinó distraídamente los mechones largos y dorados de su alumno, mientras este miraba la pista de hielo con decisión. Tenía una cola alta sujetándolos para que no le molestara en el patinaje, y apenas un par de mechones caían sobre su rostro, enfatizando su mirada verde. Un par de pequeñas trenzas pequeñas también se unían a la cola, que luego cubrían la liga con su propio cabello.

Tenía que vencer a Michelle, y dejar la vara alta. Necesitaba hacerlo.

—Recuerda que Yuuri solía evitar ver los programas de los otros contrincantes cuando estaba nervioso. Quizás se trate de eso, pero siempre termina viéndolos. —Escuchaba la voz de Víctor, desde lejos, aunque sí podía sentir el apretón en su hombro tenso—. Ahora, tienes que demostrar lo mejor. Escucha esto.

Yuri volvió la mirada a Víctor, mientras este le señalaba la pantalla de su móvil. Había un video enviado en la pantalla del chat que compartía con su madre, Larissa, y ella estaba vestida con una imitación de su chamarra rusa y agitando banderitas rusas con las manos. Yuri soltó un “je” muy elocuente y renegó, pensando lo idiota que se veía y, sin embargo, lo bien que se sentía contar con su apoyo en ese momento.

—Parece que no pudo reunir para venir, pero me dijo que estaría en Francia.

—Estás hablando mucho con mi madre, anciano. —Víctor pestañeó sin entender—. Espero no se te ocurra nada con ella.

Yuri se dio el lujo de verlo y dejarlo con la cara de despiste, justo antes de que lo anunciaran. Víctor lo miró sin comprender, pero tomó los protectores en el momento cuando Yuri puso sus pies sobre el hielo. Allí, Yuri pensó cuántas veces más el programa de Arsonist’s Lullabye cambiaría de significado conforme lo fuera patinando.

Mientras tanto, en el pasillo, Yuuri escuchó el llamado y vio de lejos la distancia que había con la primera pantalla de televisor donde el entrenador y el joven patinador mexicano estaban esperando la aparición del segundo grupo. Sentía la opresión por estar fuera en la pista o frente a esa pantalla para poderlo ver. Había pasado demasiado tiempo desde que no había visto en vivo un programa de Yuri y era casi una promesa entre ellos el apoyarse de esa manera. Se sentía anómalo tanto el deseo de seguir haciéndolo, como la seguridad de que no era necesario.

La tensión era legible en su mandíbula. Podría seguir fingiendo que las cosas estaban bien y estaba enfocado, pero todo se anidaba dentro de su estómago, formando cientos de nudos en sus entrañas. Yuuri volvió sus ojos en Minami, quien estaba estirándose con la mirada encendida de determinación.

—¿No quieres ver su programa? —preguntó con tono modulado, mientras mantenía la tensión en su rostro. Minami, quien para ese entonces estaba doblando el tronco al frente mientras estiraba un brazo, levantó sus ojos brillantes y le sonrió con confianza.

—No hace falta. Sé cómo vencerle.

Todos los nudos se apretaron en su estómago. Yuuri puso todo su esfuerzo en intentar mantenerlo a raya, pero todo se encogió hasta hacerse un puño. Comenzó de nuevo a sentir la presión cayendo sobre él, lenta pero tortuosamente, y la necesidad de respirar apremió. Los síntomas los reconocía, no eran un misterio para Yuuri, pero resultaba sobrecogedor identificarlos ahora y saber exactamente cuál era la causa.

Cerró sus ojos, buscando enfocarse. Comenzó con los ejercicios de respiración mientras recordaba las palabras que tanto Hirogu, como Phichit e incluso su maestra Minako, habían repetido para él hasta el cansancio. Esto era una competencia: unos ganaban, otros perdían. No solo servía con saber perder, también se debía saber ganar y tanto él como Minami se habían esforzado mucho durante esos meses, no solo técnicamente, sino en su relación, para que pudieran ganar.

Minami merecía ganar, había dejado el alma en el hielo literalmente, había puesto todo su esfuerzo, no solo por él, sino incluso antes que él. Si Minami ganaba, era porque había logrado superarlo limpiamente, y no estaba en sus manos el resultado, sino en manos de los jueces. Estaba seguro de ello, no había duda en Yuuri al respecto, porque sabía que ambos se habían esforzado, que ambos se lo merecían; y, sin embargo, esa sensación no dejaba de estar allí, presente, como la sombra de un muerto.

Y Minami era capaz de notar aquella cuerda que tiraba de Yuuri, más decidió no permitirle avanzar.

Ya no más.

[Arsonist’s Lullabye — Hozier]

Yuri se posicionó sobre el hielo. Ocupó la misma posición, bajó su cuerpo más del lado derecho y cerró sus ojos. La lluvia de nuevo caía y tenía las emociones listas para mostrarlas. Había practicado ese programa cientos de veces, lo había sentido en mil más. Los recuerdos del encuentro del ascensor servirían para poder expresar lo que sentía por Yuuri, acompañado por la decepción de saber que no estaba allí. Podía recordar todas las veces que le vio patinar y que le pidió a Yuuri que hiciera lo mismo, todas las veces que se animaron estando en el hielo. Quizás ya no sería así nunca más…

De repente esa idea fue como instalar hielo en su corazón…

Sus manos se movieron a su alrededor, al girar en medio de la lluvia. De nuevo, las llevó a su rostro como si quisiera acallar las voces en su cabeza, aún si escuchara la consciencia allí anidándose. Esta vez, podía sentir la necesidad más nítida de él de escapar, de dejar de sentir aquello que dolía, y poder avanzar sin el montón de pendientes que caían a su espalda, a su rostro y a sus hombros en forma de lágrimas.

No sólo recordaba a Larissa y a su abuelo, sino que Yuuri apareció antes de lo predicho en el programa. La mirada llena de cariño y dolor que le dirigió en el ascensor, la forma en que esos ojos parecieron dibujarlo dentro de él, atrapándolo. El sonido de su nombre en ese diminutivo, la suavidad con la que lo había pronunciado, casi con una secreta devoción que Yuri odió identificar, tanto como dolió.

“No tienes derecho de llamarme así…”

Clavó el primer combo de triple y doble, mientras se alejaba del fuego corrosivo que Yuuri había incrementado, al punto de inundar casi toda su presentación. Yuri se movía en la pista, de espalda, huía de aquel destello gris que iba tomando color conforme más lo veía. Yuuri no tenía derecho de llamarlo así, más cuánto deseaba que lo siguiera haciendo.

La dicotomía de sus propias emociones llenó sus movimientos de una tristeza fluida y húmeda. Casi se podía verlo llorar, aunque su rostro permanecía seco. Imaginaba allí a Yuuri, en un traje tan azul, bailando en el tono triste y lastimero que él sentía en su estómago, tan temeroso de acercarse como él se sentía de acercarse a él. Rodeándose sin tocarse.

¿Pero por qué? ¿Por qué? Yuuri había dejado de estar porque así lo había querido. Lo había abandonado porque así lo había querido. Era cierto que quizás había esperado un lugar que no estuvo dispuesto a darle, pero tampoco se lo había exigido. Se había conformado con acompañarle, se había conformado con seguirle, se había conformado con saber que había un lugar, cual sea, y ese lugar ya no existía para él.

Sin embargo, podía verlo en su patinaje, reconocerlo en esa misma pista como una llama azul que buscaba acercarse para quemarlo y estaba temerosa de eso, como si él fuera agua para apagarla, como si él fuera el espacio para ahogarla… Cuando no, no era así, Yuri era gasolina y si Yuuri se acercaba, lo iba a encender hasta consumirse. Se lo tragaría en su fuego.

Yuri clavó su triple Axel y se preparó para un nuevo salto, donde buscaría ejecutar el Salchow cuádruple como lo había programado con Víctor. Se habían arriesgado a incluirlo en la rutina confiando que podría lograrlo en competencia. Víctor veía todo desde la distancia, sintiendo la enorme tristeza y decepción en el patinaje de Yuri y sintiéndose contagiado por ello.

“No mereces llamarme así, ¿por qué aún lo haces?”

Clavó el Salchow cuádruple, con apenas una ligera desviación que no le cobraría restarle tantos puntos. Yuri siguió deslizándose, moviéndose al sonido del piano que agonizaba junto a las voces, mientras él sentía a la lluvia arreciar con más fuerza. Patinaba de espalda, movía sus brazos como si discutiera contra algo en el viento, antes de girar y buscar alejarse, más y más.

¿Por qué lo hacía? Si podía recordar como en los cuatros continentes lo estuvo evadiendo, lo estaba alejando. ¿Por qué? Si le había quedado claro esa tarde que Yuuri se iba a ir y poco le importaba su dolor. ¿Por qué ahora mostraba ese cariño sincero si todo lo que podía y creía que debía haber en él era desprecio? ¿Por qué?

Cuando acabó la rutina, tenía un nudo en la garganta, lleno de las preguntas que no tenían aún respuestas. Había soñado con un encuentro así, donde fuera la sonrisa de Yuuri la que le diera la bienvenida, pero se acababa de dar cuenta que no estaba preparado para ello. Yuuri tenía que explicarle muchas cosas, Yuuri tenía que pedirle perdón. Ese mañana en Hasetsu no sería posible si Yuuri antes no se disculpaba por haberle hecho polvo su corazón.

—¡Otra maravillosa y emotiva presentación! ¡Y casi perfecta!

—Yuri Plisetsky acaba de mostrarnos que sí puede clavar un cuádruple en competencia, ¡callando las dudas de la mayoría de los fans de patinaje!

—¡El público está conmovido y aplaude con fuerza ante su presentación! ¡Ha llevado su sensibilidad a otro nivel! ¡Víctor Nikiforov luce orgulloso mientras aplaude con su emblemática pañuelera de caniche!

Y ciertamente, entre los aplausos del público, Yuri podía sentir a su corazón doler. Ahora sabía que era lo que quería de Yuuri en ese momento: una disculpa, un lo siento, una explicación para lo que ocurrió esa última vez.

Tras haber saludado al público, Yuri dejó a las pequeñas patinadoras recogiendo los obsequios variados, entre ellos tigres y gatos de peluches, y se acercó a la salida, donde Víctor ya lo esperaba con una ligera sonrisa de reconocimiento. No se había caído en la ejecución del cuádruple, no había tenido problema alguno en la presentación, y sin embargo el dolor que golpeaba a las costillas no menguaba porque se trataba de algo más. Se trataba de un dolor que iba más allá del físico. Así que cuando llegó a la salida y Víctor lo acogió en un sentido abrazo, aunque solo hubiera rodeado su espalda con un brazo, se sintió terriblemente confortado. Yuri respondió cortamente, y se le cerró la garganta al escuchar a Víctor hablarle al oído.

—Lo hiciste muy bien, Yuri. Eso fue bellísimo.

Se limitó a asentir y a separarse para evitar demostrar demasiado lo vulnerable que podría llegar a sentirse. Como el público aún aplaudía, levantó su abrazo agitándolo ante el rostro de todos, mientras Víctor hacía lo mismo, y luego ambos se dirigieron al Kiss and Cry, donde recibirían las puntuaciones. Yuri pudo mirar cerca de la zona a Mila, Louis y Georgi agitando sus brazos y vitoreando por el logro.

Yuuri levantó la mirada al escuchar los aplausos y la agitación del público entre las paredes y escuchar los comentarios de la presentación de Yuri. Comenzó a sentir un acogedor calor llenarle el pecho y limpiar sus vías respiratorias, permitiéndole relajarse. Saber que a Yuri le había ido bien, le provocaba una conocida alegría que no podía evitar. Que había dado un muy buen programa y que era felicitado por eso le llenaba de una sincera felicidad. La sonrisa que se dibujó sin querer en su rostro fue vista por Minami, quien solo bajó la mirada.

—¡105,98! ¡Muy buena puntuación!

—¡Estamos seguro de que Plisetsky no había puntuado tanto en un programa corto en los últimos años!

La cámara reflejaba los rostros sorprendidos de Víctor y Yuri por igual, aunque el primero logró sobreponerse rápido de aquello y lo abrazó, colgándose de su cuello. Yuri no lucía muy satisfecho, mirando crípticamente su posición en el segundo puesto, justo debajo de Michelle por menos de dos puntos.

—El programa Arsonist’s Lullabye lleva incluso el nivel artístico del mismo Nikiforov a otro punto que jamás le vimos en competencia. ¡Es un programa tan emotivo y diciente que no podemos dejar de alabarlo!

—¡Ahora estoy ansiosos de ver al programa Libre de Plisetsky, Lose Yourself!

—Ya será hasta mañana que, si no hay cambios en las posiciones, ¡será el penúltimo en participar! Ahora veremos la actuación de Christian Bradley, representante de USA en su segundo año de competencia. ¡Estuvo entrenando en las pistas de Toronto este año, esperamos ver su programa para hoy!

Yuuri soltó el aire, con la confianza renovada. Incluso destensó sus brazos que se habían quedado tiesos y cruzados sobre su pecho, y se permitió relajarse. Minami lo miró, terminando con sus estiramientos, justo a tiempo cuando la música de la filarmónica resonó en los parlantes. Después de Christian, vendría Minami. Ya era hora de volver.

Volvió su mirada hacia su estudiante, quien lo miraba expectante. Minami había sido capaz de notar la forma en que Yuuri se había relajado tras escuchar el puntaje de Yuri Plisetsky, y que había quedado de segundo en la tabla de la competencia. Para Yuuri, era claro porque la situación de ese modo le calmaba. Era distinto si iban a competir en igualdad de condiciones. Sabía que Yuri era un competidor fuerte e incansable, que siempre esperaba lo mejor de cada una de sus presentaciones. En parte, se sentía como cuando estaba en el hielo, compitiendo contra él, buscando dar siempre lo mejor de sí.

Una verdadera competencia, como la que había dejado de tener.

Si le vencía a Yuri en su mejor momento, Yuri tenía la madurez competitiva de asimilar porque había sido vencido, usar sus derrotas para levantarse y dar lo mejor. Yuri también había perdido, había quedado en segundos y terceros lugares antes. Podría manejarlo y usarlo como una fortaleza para continuar demostrando que podía superar sus límites. Y saber que el programa de Víctor había sido tan bien interpretado, le hacía pensar en los momentos en que le transmitió esa alegría a Víctor cuando era su estudiante. Esa alegría que sabía que sí había sido genuina, aún si Víctor se hubiera arrepentido después.

De repente sentía el fuego de la competencia llenarle el alma, encender sus ojos. Contra ellos así sí quería competir. De ese modo sí quería ganar. Minami pudo leerlo, pudo notar esa llama encendida en sus ojos y sonrió alzando su cuerpo, enderezándose mientras veía la seguridad de Yuuri volverle a infundir confianza. Apretó los puños, ávido de deseos de competir. Mientras la música resonaba sobre ellos, Minami podía sentir las chispas de Yuuri y eso le encendía por completo.

De haber sabido que todo lo que necesitaba Yuuri era ver que el equipo ruso estaba en buenas condiciones para dejar de sentirse tenso, le hubiera dicho que vieran juntos la presentación. No había querido hacerlo porque había considerado que sería contraproducente para Yuuri. Quisiera entender más por qué las cosas eran así, pero mientras Yuuri no dijera nada, se tenía que conformar con inferir a partir de sus propias reacciones. De momento, era irrelevante. Yuuri quería ganar y él le daría el oro, costara lo que costara.

—¿Estás listo, Minami? —preguntó Yuuri, con la mirada encendida en ese mismo fuego. Minami le sonrió en respuesta.

—Eso mismo pensaba preguntarte, Yuuri. ¿Estás listo para ver el fuego que voy a encender en la pista?

—Estoy listo.

En la pista, el joven Christian vestido con un traje en homenaje a Elvis Presley, agitaba sus brazos tras recibir las ovaciones de su público, estando en casa. Había llegado a quedar de tercer lugar, por encima de Gabriel. Yuri se había colocado de nuevo la chamarra rusa, cargando uno de los peluches que le habían regalado, un tigre de bengala sentado que tenía contra su brazo mientras miraba los mensajes recibido por su madre y las felicitaciones de Otabek. Sonrió de lado, leerlos en ese momento ayudaba mucho a matizar la decepción al haber quedado por debajo de Michelle, y el dolor por los sentimientos que ya tomaban forma dentro de él con respecto a Yuuri.

—Hemos visto a Plisetsky llenar la pista con una poderosa lluvia melancólica que intentaba apagar su fuego, hemos visto a Elvis Presley bailar en medio de la humedad dejada por esa nostalgia y ahora, ¿estamos listos para ver si el fuego de Minami Kenjirou podrá encenderse entre tanta agua?

—Ya Kenjirou, representante de Japón se acerca para tomar su salida a la pista sobre hielo. Acompañado por Katsuki Yuuri, reciben los aplausos de todos que estamos esperando por verlo representar a su programa Fire.

—Las banderas de Japón están siendo ondeadas en el escenario. Es hora de ver los resultados de Katsuki Yuuri en su primer año como entrenador de Kenjirou Minami. Morooka, ¡debes estar muy emocionado!

—¡Ni que lo digas! Muero por verlo patinar el programa. ¡Después de haber estado en sus prácticas, sé que este momento es representativo para los dos!

De nuevo lo estaba sintiendo, esa sensación de no tener lugar en la vida de Yuuri y la profundidad con que su nombre en diminutivo sonaba a través de esa voz. Otra vez, como si fuera una presencia dolorosa que tomaba espacio en su pecho, que se precipitaba desde sus pies hasta abarcar sus extremidades.

Minami estaba allí, mostrando seguridad mientras se quitaba la chamarra de Japón y dejaba de ver el bellísimo traje negro con decoraciones de flamas rojas y amarilla que subían desde sus pies y adornaba sus brazos, y su pecho en un corte V. Yuuri tomó la chaqueta y luego los protectores rojos de sus patines. Le sonrió a Minami con una seguridad que a Yuri le sentó como una patada en su estómago.

Como Víctor, miró la forma en que Minami le tomó la mano a Yuuri y se la llevó al pecho, la manera en que juntaron sus frentes y Yuuri le sonrió en respuesta. Mientras Yuri lo miró directamente, obligándole a pestañear repetidamente para controlar la humedad que quería brotar, Víctor lo miró a través de la pantalla, con una seriedad que solo trataba de ocultar como su estómago era cerrado ante los recuerdos y los terribles paralelismos. Recordar que él había estado así, con Yuuri así, compartiendo momentos similares. Recordar el calor de la frente de Yuuri sobre la suya, el aliento y el sonido de su voz contra sus labios, revivir los momentos en que se llenaba de expectativa mientras lo dejaba competir.

Las pantallas se habían llenado con la intercalación de las imágenes de Minami deslizándose por el hielo recibiendo las ovaciones de todos, alzando sus aplausos con júbilo y una felicidad apabullante. A su vez, mostraba el rostro confiado y tranquilo de Yuuri, abrazando el peluche de un hámster y mirando con sus ojos encendidos hacia el frente. Minami se posicionó, dirigió la mirada hacía Yuuri y le señaló, antes de comenzar.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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