Matryoshka II (Cap 02)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 02: Skate America: Fuimos tontos

La llegada al aeropuerto O’Hare había sido más movida de lo que creyó. Una turba de fans de Yuri y quizás también de él, los había esperado con decenas de panfletos y pancartas, emocionadas gritando tantas cosas que le fue difícil de traducir y haciendo que el personal de seguridad se precipitara para darles una salida cuando superaron todo el proceso de inmigración. El ánimo y la emoción de la fanaticada claro que le motivaba, pero tenía otras cosas en las que pensar. No había podido dormir en todo el viaje pensando en el inminente encuentro con Yuuri, además sentía la presión y los nervios que Yuri le transmitía con solo sus gestos. Era demasiado, quería dormir.

Pero empeoró el panorama cuando tras haber logrado librarse de los fans, los esperaron los reporteros quienes los abordaron con preguntas inadecuadas que solo aumentaron la tensión. ¿Que qué esperaban de la competencia? ¡Ganar, por supuesto! ¿Cómo había terminado su relación con Yuuri? No era su maldito problema. ¿Sentían que Minami Kenjirou era una real amenaza a sus pretensiones de ganar el oro? Aunque lo fuera, no iba a admitirlo, pero ver la tensión en los músculos de Yuri le dio una idea de cuál era la verdad.

Ya en el hotel asignado por la federación, estaba haciendo el check in; que como era de esperarse, era un proceso lento por la cantidad de deportistas que habían llegado casi al mismo tiempo. Era un perfecto instante para encontrarse con Yuuri, y la posibilidad estaba generándole una jaqueca. Había pensado en mil maneras de saludarlo y cada una sonaba peor que la anterior. No podía mentirse cuando era de sobrado conocimiento para sí mismo que estaba aterrado, aterrado de lo que pudiera encontrar en su mirada.

Yuuri le dijo que se verían en competencia, había cortado toda posibilidad de comunicarse hasta ese momento, había patinado de nuevo en público mostrando que no había dejado de ser el sol azul, y el sol azul tenía un… algo, rodando a su alrededor y que él estaba atrayendo con su gravedad. Todo apuntaba de que no habría amor en esos ojos, y esa seguridad era peor, peor que cualquier otro tipo de tortura. Yuri a su lado no lucía mejor.

El patinador ruso miraba con aversión todo el lugar y la tensión se adivinaba en la dureza de sus hombros. Miró a la encargada que se tardaba haciendo la digitación de sus datos y no pudo contenerse.

—Ey. —La mujer levantó sus ojos apenas para mostrar su atención—. Katsuki Yuuri, ¿ya llegó?

—¡Yuri! —El aludido ignoró el reclamo de Victor enfatizando su pedido con la mirada hacia la mujer. Esta volvió sus ojos a la pantalla.

—El Sr. Katsuki hizo check in hace un par de horas. Es el entrenador de Japón, ¿no?

Yuri chasqueó la lengua, luego de asentir. Se separó del mesón para caminar sin rumbo, aunque se limitó a dar un par de vueltas entre sus pasos, con los nervios en la punta de sus dedos. A diferencia de Víctor, Yuri ya quería verlo. Ya. Ya quería matar esa ansiedad que le producía no saber qué esperar, ya quería saber si hacía falta enfrentarse con el odio de la mirada de Yuuri, o la indiferencia, incluso la pena… aunque doliera ya quería hacerlo. No podía con la desesperación de no saber qué esperar, sería más productivo ya tener en claro cuál era el panorama y ver cómo manejarlo. Haría más que la sola expectativa e imaginando posibilidades en su cabeza.

Pero Yuuri había llegado ya y conociéndolo ya debía estar durmiendo. Tendría que esperar al día siguiente, cuando empezaran los entrenamientos, justo lo que quería evitar.

Sus manos temblaron mientras eran cerradas en puños y apretó sus labios para mitigar el malestar. Dormir de nuevo con esa sensación le traería pesadillas que no quería volver a repetir. Mirar los ojos de Yuuri por todos lados, con la aversión en su mirada café, era demasiado peso para él. Demasiado incluso para respirar.

Entonces ocurrió. Al poner la mirada en el vidrio de la puerta, pudo ver como en la distancia Yuuri aparecía acompañado de Minami. Cargaba un abrigo negro con las manos metidas en los bolsillos y la visible camisa azul eléctrico que le resaltaba la expresión. Su cabello lacio estaba más corto del que le recordaba, sus lentes tenían una montura distinta, aunque igual azul, que le daba un poco más de edad. No, no era el chico envuelto en cien abrigos que solía ver en San Petersburgo, Yuuri se veía tan diferente que se sintió como una patada en el estómago.

No se percató de su presencia. Siguió caminando con Minami, a quien veía igual de pequeño como lo recordaba, con un abrigo café y casi saltando mientras le seguía el paso a Yuuri, quien iba directo a la zona donde estaban los elevadores.

No lo pensó. Miró hacía atrás para verificar si Víctor lo había notado y al ver que no había volteado siquiera, con una mano en el rostro denotando su cansancio, decidió adelantarse él. Era mejor así; sin la influencia de Víctor, podría ver exactamente qué era lo que Yuuri sentía por él. Así que se apresuró decidido, con las manos temblorosas en sus bolsillos del pantalón oscuro y la sensación de tener agujas en los dedos, mientras se acercaba al pasillo donde ambos japoneses se habían perdido.

Yuuri, por su parte, se encontraba demasiado cansado. Casi un día de vuelo le había pasado factura y el cambio de horario tenía a su cuerpo confundido y pesado, queriendo descansar, aunque era apenas el mediodía. Estaba por hacerlo, pero había olvidado meter pastillas para el dolor de cabeza y Minami había decidido acompañarle a hacer la compra, ya que Yuuri no quiso dejarle esa actividad.

Presionó el botón para esperar la llegada del elevador y suspiró mientras veía el número del piso donde se encontraba. Ya quería subir, beber la pastilla, dormir: lo necesitaba.

No estaba seguro si Yuri y Víctor habían llegado, pero no quería ocuparse en ese momento de ello. Ya mucho había invertido en las horas de vuelo pensando en lo que ocurriría y repasando discursos que sabía no iba a poder pronunciar, como para en ese momento dedicarle un pensamiento más. Sabía que en parte era la causa de su dolor de cabeza, pero no era algo que resolvería en ese momento. Descansar era lo más sano para su cuerpo.

—Te ves mal… —repuso preocupado Minami, mientras lo veía con los ojos irritados y la expresión de cansancio que era imposible de maquillar. Yuuri le sonrió suavemente para calmarlo.

—Solo necesito dormir, Minami. No te preocupes.

El elevador abrió sus puertas y Yuuri entró sin siquiera mirar a su alrededor. Minami le siguió de cerca, girando su cuerpo para marcar el piso al que debían ir y donde estaba la habitación que compartirían. Entonces ocurrió. Yuuri escuchó las puertas que estaban por cerrarse ser detenidas por un golpe seco y previó el deja vu que se había precipitado en su espalda. Viró su cuerpo y levantó su mirada para notar la enorme figura de Yuri Plisetsky allí.

Contuvo el aire.

Las puertas volvieron a retraerse y el pie de Yuri bajó hasta mantenerse justo en donde las puertas intentarían cerrarse, para mantener el ascensor allí. Los ojos de Yuuri lo miraban con asombro, podía notar la sorpresa en su mirada, y no dudó en evadir el hecho de que no estaban solos porque Minami se encontraba allí. Sin embargo, tampoco pudo moverse. Las palabras se aglomeraron en la punta de su lengua y sus ojos intentaron gritar lo que fue imposible soltar a través del viento. Miles de emociones anidándose en sus entrañas y formando nudos.

Los recuerdos cayeron a él, como lluvia.

Yuuri estaba allí, estaba en silencio y él solo podía hacer un contraste con todos los Yuuris que llegó a conocer. Desde aquel que tímidamente se disculpó al salir del baño donde se había escondido a llorar, hasta quien le sonrió con ligera petulancia cuando fue a buscar a Víctor a Japón. A aquel que le pidió que le enseñara el Salchow cuádruple y que no dejó de levantarse tras caer hasta lograrlo. Y eso solo fue el inicio…

Su vida estaba tan llena de Yuuri que por un momento no entendió cómo pudo haber ignorado tan cruel verdad. Desde su debut como senior, Yuuri había sido una constante que lo llenaba de sentimientos contradictorios y a su vez estimulantes. Sacaba lo peor de él, empujaba lo mejor de él, lo hacía querer ser mejor persona, lo hacía querer odiar al mundo. Yuuri era como el viento que movía su veleta a su antojo y él no había hecho más que dejarse llevar.

Por eso cuando no hubo viento, no hubo vela… esta se quedó tirada en el suelo sin objetivo alguno.

Se le hizo un nudo en la garganta. El calor combustionó en su nariz y le dio la sensación de tener la cabeza llena de humo. No podía enfocar sus ojos en Yuuri, porque de repente estaba lleno de niebla y lo estaba perdiendo de vista.

—Yura… —Hasta que lo escuchó—. ¿Vas a entrar?

Ese mote cariñoso en los labios de Yuuri tenían aún la dolorosa facilidad para transportarlo a aquella época en la que podía correr, tirarse encima como si pretendiera empujarlo excusando así las ganas que tenía de abrazarlo. Y se sintió aterrado ante la vulnerabilidad de la que se vio preso. Así que dio un paso hacia atrás, soltó las puertas y alejó su piel del acero. Mantuvo la cabeza gacha, dejando que su cabello suelto y largo le tapara la expresión. Todo lo que vio Yuuri de él, fue el rostro cabizbajo, la mansa resignación con la que se apartó y las puertas que se cerraron ante su mirada temblorosa.

Hubo silencio.

Minami se quedó callado y miró la mano de Yuuri que lo había sujetado de su muñeca, como si le hubiera ordenado callar y no entrometerse en ese momento. No dijo nada, pero no quiso levantar la mirada porque lo que sentía en el estómago y en la garganta era algo demasiado amargo.

Para Yuuri no había sido diferente. Desató el agarre de los dedos en esa muñeca y se dejó caer, soltando el aire retenido. La espalda impactó contra el frío metal y se miró en el vidrio del techo del elevador, mientras se sentía en su estómago la sensación de ser elevado. Su propia imagen se volvió difusa y supo que era mejor bajar la mirada, hundir su barbilla y dejar que la bufanda lo acogiera, junto a las pequeñas lágrimas que fueron secadas por el tejido y que él luego se encargó de secar con sus manos.

“A solo horas del comienzo del Skate America. #VictuuriComeBack #KatsukiYuuri #NikiforovVictor #LoveISEnough”

“A nada de la primera prueba del Grand Prix, el 45% dan la victoria para Michelle Crispino, 29% a Minami Kenjirou y un 31% a Yuri Plisesky #Season 2022-2023 #GrandPrix #TheBest”

“¡La llegada del equipo ruso a América! ¡Víctor Nikiforov y Yuri Plisetsky son recibidos por una gran cantidad de fans! #RussianPhoenix #ITimeIsNow #TheLegendAndTheRussianTiger”

“Katsuki Yuuri se negó a dar respuesta a los reporteros que lo abordaron junto a Minami Kenjirou en las puertas del hotel. Tendremos que esperar para saber si habrá Victuuri #Victuuri #KatsukiYuuri #CoachKatsuki”

“Admitámoslo, el evento más esperado del Skate America será cuando los dos patinadores más gloriosos de los últimos diez años se encuentren en la pista #VictuuriIsTheShip”

“¿Será que en competencia si veremos a Yuri Plisetsky clavar sus acostumbrados cuatro cuádruples de antaño? #RussianPhoenix #PlisetskyComeBack #IBelieveInYou”

“¡Petra Kudryavtseva ya está en Chicago! ¡Y adivinen con quien está! #TeamNew #JapanMooroka #RussianPetra”

“La última temporada de Michelle Crispino empieza ahora. ¡Y se viene con Emil a Chicago! #EmickyShip #EmilNekola #MichelleCrispino #TheRealLove”

“¡No puedo esperar por qué empiecen los ensayos! ¡Yuri Plisetsky, llévate el oro! #RussianPhoenix #PlisetskyComeBack #IBelieveInYou”

“Entrenador y pupilo, compañeros, competidores, rivales, pareja, amantes, amigos… ahora entrenadores adversarios. ¡La evolución del Victuuri a lo largo de los años! #VictuuriIsLife”

Cuando Víctor acabó con el check in, irritado por la espera, jaló los equipajes de ambos mientras buscaba a Yuri con la mirada. Fue sorpresivo encontrarlo contra la pared frente al elevador, y no tuvo la percepción de percatarse que algo había ocurrido como para que estuviera allí. Simplemente elevó su tono de voz molesto mientras se acercaba y tiraba de todas las maletas, fastidiado, cansado y con ganas de acostarse. Solo fue cuando se acercó que notó el rostro rojo y los labios temblorosos de Yuri, hecho que lo congeló en su sitio, preocupado. Al acercarse, dejando de lado el asunto de las maletas, Yuri se apartó como si el toque que pretendía darle en el hombro fuera a quemarle.

—Vi a Yuuri.

El camino de ascenso y entrada a su habitación compartida se dio en silencio, cada uno masticando lo que esa frase significaba. De reojo, Víctor echaba miradas furtivas a Yuri quien permanecía con el rostro gacho, las manos escondidas. El encuentro con Yuuri había sido lo suficiente fuerte como para dejarlo de ese modo y fue inevitable temer qué ocurriría cuando fuera él quien lo tuviera frente a frente. Ya había un nudo en su estómago, ya había cansancio acumulado, ya había demasiada desesperanza. Como si supiera lo que vendría, Víctor solo sentía deseos de llorar.

Yuri no cambió su expresión ni después del baño. Cuando Víctor salió de la necesaria ducha, lo miró tumbado en la cama con la cabeza cubierta por una almohada, sin interés alguno de explicar nada. Víctor quería saber qué ocurrió. Quería saber si habían hablado. Necesitaba conocer si hubo palabras, si Yuuri lo rechazó, si al menos hubo algún intercambio. Qué había ocurrido para que Yuri Plisetsky luciera como una palmera caída por un fuerte ventarral.

Y ese era el problema, que no había ocurrido nada. Yuri masticaba su propia culpa y frustración porque no había ocurrido nada. Como un cobarde, se había replegado creyendo que no podría acercarse al escuchar a Yuuri llamarlo como antes. Como un resentido, había odiado cada letra de ese apodo cariñoso con el que Yakov y su abuelo solía llamarle. “Yura” era para la gente que se quedaba con él, que no le fallaba, que le amaba…. Yuuri no tenía derecho de aún usarlo y, sin embargo, escucharlo le había provocado ganas infantiles de llorar, abrazarlo y olvidar que había dejado de ser un niño.

Le había provocado tanta felicidad que dolía. Era contrario a todo lo que esperó y dolía. Venía preparado para el dolor más no para la alegría y no sabía qué hacer con ella. No sabía si debió reclamarle, aceptarle, sonreírle, hablar como antes. No sabía.

Sentía que no era posible… no podía fingir que no habían transcurridos casi tres años desde aquella vez. No podía olvidar el dolor en sus nudillos tras el golpe que dio, ni el ardor de sus ojos tras llorar durante horas cuando Yuuri decidió irse. No podía olvidar la falta que le hizo, lo mucho que deseó un mensaje cuando su abuelo se fue, que apareciera mágicamente en aquella fría clínica. No podía olvidar el deseo que tuvo (y tiene), el amor que tuvo (y tiene), el odio que tuvo (y tiene). No era tan fácil. Una sonrisa, una mirada llena de cariño, su voz deletreando ese nombre amoroso no iba a borrar el dolor.

No.

Hubiera podido manejar mejor una mirada de indiferencia. Hubiera podido asimilar mejor el odio. En ambos casos, sus gritos hubieran sido fuerte, su impulsividad lo habría llevado a buscarlo, a arrancarlo de donde estaba, a enfrentarlo. Pero amor… ¿qué podías hacer contra el amor? Solo le quedaba llorar… y no iba a darle el poder a Yuuri de verlo llorar.

Que complicado se sentía. No lograba comprenderse. Le había dicho a Víctor que quería que la recompensa para ambos fueran verse en Hasetsu con él, y ahora que veía que, de su parte, Yuuri estaba dispuesto a dejar todo de lado le aterraba al punto de querer simplemente desaparecer.

Yuuri seguía teniendo el control.

En algún punto, el cansancio del viaje pasó factura y se quedó dormido, pero no pudo descansar. Una secuencia de pesadillas y recuerdos de Yuuri se unieron para mantenerlo en vela, hasta que se hizo de noche y el estómago se quejó. Se levantó de muy mala gana, con la sensación de haber sido arrollado y al revisar la habitación estaba sola. No había rastro de Víctor y él no quiso siquiera buscarlo. Estaba tan callado tras haberle dicho que había visto a Yuuri que no sabía qué podrían hablar de que no desembocara en ese tema. Se sujetó la cabeza, que le pesaba como una tonelada de ladrillos y volvió a escuchar a su estómago gruñir.

Pudo haber pedido un servicio a la habitación, pero necesitaba salir, tomar aire, caminar, pensar… Decidió salir.

Llegó al restaurant del hotel, donde ya había varias personas apostadas en las mesas esperando para ser atendidas. Era bastante espacioso, pero como había tanto personal por el evento, no fue extraño encontrarlo relativamente lleno. Yuri tuvo que evadir comensales y fingir que no escuchaba cuando lo llamaba algún periodista o miembro de alguna federación, para armarse camino hasta una pequeña mesa desocupada en la esquina. Allí se echó, derrumbándose casi en el asiento sin importarle ver si había alguien conocido. Solo quería comer algo y dejar de pensar.

—¡Minami! —Yuri se crispó al escuchar el nombre y volteó un poco, ocultándose en la chamarra con capucha que traía encima para tratar de pasar desapercibido.

—¡Leo! ¡Gabriel!

Volvió la mirada al frente, donde el reflejo del vidrio mostraba la imagen que se convertiría en un nudo en su estómago: Minami había llegado y era efusivamente recibido por parte del otro par de patinadores. No sabía qué hacía Leo allí si no le tocaba competir, aunque lo imaginaba. Eso no disminuyó su repentino enojo.

A través del vidrio, fue fácil ver lo tanto que había cambiado Kenjirou en ese último par de años. Acababa de reconocer que después de Yuuri, jamás le había prestado atención, hasta que lo notó insoportable queriendo estar con él cuando Yuuri no podía estar con nadie. Cuando lo veía intentando acercarse, solo tenía clara la expresión falsa con la que Yuuri le respondería, como hacía con todos, con cada periodista, competidor y personal de la federación que se acercaba. No quería eso, intentó mantener a rayas a todos aquellos que le obligaran a Yuuri a fingir una calma que no poseía. Creyó que hacía lo correcto.

La opresión se volvió más real cuando se dio cuenta que era capaz de escuchar y entender la conversación que se llevaba a solo una mesa. Había notado la mirada de Leo sobre él en un par de ocasiones. También la del otro chiquillo (¿qué país era?), pero no quiso siquiera pensar en ello antes de escuchar la voz del mesonero preguntando qué iba a pedir. Ni siquiera se percató que ya habían dejado el menú sobre la mesa.

—¿Y Yuuri? —Logró escuchar. Leo preguntó lo que él se venía preguntando, aunque también podía adivinar esa respuesta con una dolorosa facilidad. Pidió rápido lo primero que pasó por su mente con la necesidad de ver al mesonero desaparecer.

—Duerme. Ahora que suba le llevaré algo de comer, me dijo que despertaría seguramente con mucha hambre.

—¡Oh cierto, el jet lag! —Un impulso lo empujaba a decirle que no le subiera comida chatarra ni alta en grasa, que le gustaba antes de un evento importante tratar de comer ligero, pero no sabía si esas cosas que había aprendido de él en su tiempo en San Petersburgo eran aún vigentes o ya se encontraba caducadas—. Quería saludarlo… creo que ya será mañana. Vi a Phichit hace unos días, me pidió que le entregara algo.

—¡Qué pena que Phichit no puede estar! Me hubiera gustado verlo de nuevo.

—Sí, está atendiendo muchos asuntos y tuvo que ocupar estos días para poder estar en Rusia en la Copa Rostelecom. También consideró que Yuuri lo necesitaría más allá.

No escuchó cuando el mesonero llegó para dejar una cesta de panes y una jarra de agua tibia. No prestó atención mientras seguía escuchando e imaginaba, por primera vez, la aterradora escena de Yuuri pisando de nuevo tierras rusas en un país que no había dudado en hacerlo pedazos, como si fuera su culpa que su leyenda de patinaje cayera.

—Ganaré en la copa Rostelecom. —Oyó la decisión en aquella voz que de repente se escuchaba diez años más adulta—. Les mostraré a todos esos malditos rusos quien es el fénix. Sobre todo, a aquellos que pensaron que no tendría un oro.

Se tensó. El aire se sintió lleno de estática y los vellos de su nuca se erizaron mientras enfocaba claramente su mirada en el reflejo de Minami, que no le miraba, pero ahora sabía que él estaba allí.

—Minami… —Leo intervino, con un tono sosegado—. Bueno, primero lo primero.

—Yo… —La voz del tercero se involucró, ajeno al ambiente de tensión que se había levantado en la atmósfera—. Yo quisiera tener un autógrafo de Yuuri.

—¡Oh, Gabriel! Puedes pedírselo, ¡a Yuuri le contentará! No te sorprendas si no es muy elocuente, suele ponerse nervioso con demasiada atención encima.

—Minami te lo dice con propiedad. Ha sido su fan desde antes de que ganara el GPF.

—¡Por mucho tiempo pensé que no le agradaba! Pero cuando lo conoces entiendes que no es que te está despreciando, es solo que se pone nervioso y no sabe qué hacer.

—¿Sigue así?

—En realidad… ha mejorado mucho en eso. Yuuri… Yuuri ha crecido mucho. —Hizo una pausa, mientras Yuri recibía su plato y era incapaz de recordar el hambre que en un inicio lo hizo salir de la habitación—. Ahora que vivo con él, he aprendido muchas cosas. He aprendido a entenderlo.

—¿Viven juntos?

—¡Sí! En Fukuoka, desde que aceptó ser mi entrenador. —El vacío en su pecho se estaba agrandando, hasta cubrirlo todo—. Me ha servido mucho… entiendo perfectamente el Yuuri que quiero mostrar en la pista. —La devoción que escuchaba en Minami eran como piedras que caían a un estanque, piedras enormes, llenas de arena. Piedras contaminadas que lo desbordaban—. Y no le voy a fallar. Mostraré al mundo lo fascinante que es Katsuki Yuuri a través de mi patinaje.

—¡Suenas determinado!

“Suena enamorado…”

Yuri le miró a través del reflejo con la mandíbula endurecida y los ojos fríos. Podía sentirse reflejado, de una forma tan retorcida que todo de él quería patearlo. Pero al mismo tiempo le asustaba la idea de que ambos plantearan en su rutina mostrar lo que Yuuri había dejado en ellos. Mientras que Yuri lo haría con el dolor, la desazón y el deseo prohibido de volverlo a tener cerca, Minami lo haría con la seguridad y confianza que le daba el saber que ahora Yuuri estaba era con él.

Apretó los nudillos sintiendo jaqueca. Tomó los cubiertos y cortó de mala gana la carne, obligándose a masticar. No quería escuchar más, no quería sentir esa misma opresión enroscándole el cuello. Solo quería comer e irse. Solo quería que esa maldita noche acabara.

Tendría que enfocarse porque en la competencia no podía permitirse sentirse así. Tenía que llevar sus emociones a otro punto. Yuri trató de concentrarse, de recordar la mirada de confianza que Víctor le entregaba, y de recobrar la motivación que los había llevado a seguir allí, aún después de ver a Yuuri brillar sin su presencia.

A Yuuri siempre le gustó verlo patinar, siempre elogió sus habilidades, incluso lo ayudó a dominar el flip cuádruple que jamás pudo volver a clavar. Él tenía el poder de desviar la mirada de Yuuri hacia él. Se enfocaría en eso, en lograr que Yuuri dejara de ver a su nuevo alumno y pusiera sus ojos en él, aunque no supiera qué hacer con eso después.

Siguió masticando de muy mala gana mientras escuchaba sin querer la voz de Minami relatando cuán feliz era con su entrenamiento con Yuuri y relatando lo divertido que había sido coreografiar su programa Victory con Phichit y Yuuri para esa exhibición. Casi se obligó a tragar y a repetirse esa frase hasta que se convirtiera en una certeza para él: la de poder lograr que Yuuri se arrepintiera de haber abandonado el hielo por verlo a él patinar.

—¡Oh, chicos, hola! —Escuchó la voz femenina que reconoció de inmediato. Mila acababa de llegar en compañía de Louis, quien con un movimiento de su mano saludó al otro chico nuevo, mientras Leo se levantaba para saludar—. ¡Leo, que sorpresa que estés aquí!

Mila se veía ligeramente pequeña en los brazos de Leo, pese a que no eran muchos los centímetros que los separaba. Pero Leo había crecido tal como él y se mostraba más corpulento, sin dejar de tener esa sonrisa idiota. Yuri siguió contemplando la escena como si fuera un ente ajeno al resto de los patinadores que se reunían en aquella mesa.

Mila se sentó al lado de ellos, junto a Louis, que tras mirar a todos lados chocó su mirada con la espalda de Yuri, reconociéndolo en una mesa aparte.

—¡Minami, hola! —Minami solo subió la cabeza y saludó con un asentimiento. Mila lo miró sin comprender del todo su actitud—. ¿Y Yuuri? ¡Pensé que estaría aquí!

—Está dormido, el jet lag. —Se apresuró a explicar Leo, esbozando una larga sonrisa.

—¡Oh cierto! —Rio Mila—. Solía hacer eso siempre. ¡Dale saludos de mi parte! Dile que muero por darle un fuerte abrazo.

Minami no respondió nada, limitándose a seguir comiendo sus fideos con prisa mientras Mila empezaba a fruncir el ceño por la falta de respuesta. Leo intentó formarle conversación antes de que Louis, en otro impulso de su juventud, señalara la espalda de Yuri y lograra que este se tensare.

—¿Qué hace Yuri allá? —preguntó el muchacho, provocando que casi todas las miradas se fueran hacia él. Yuri sintió que el último trago del jugo se quedó atorado en su garganta.

—¡Yuri! ¿Qué haces allá? ¡Te perdimos de vista en el aeropuerto con ese cúmulo de fans esperándote! ¡Ven aquí! ¡Siéntate con nosotros!

De nuevo, el aire se congeló sobre su cabeza. Yuri miró de reojo, sobre su hombro, la expresión tensa de Leo quien miraba a Minami mientras mordía un pedazo de pan. Para Mila no fue difícil adivinarlo. Sus ojos azules miraron con incomprensión y apremio las expresiones de los otros patinadores, incluso del joven senior español que poco o nada entendía sobre lo que estaba pasando. Louis chasqueó la lengua y se levantó de la mesa, dispuesto a retirarse del lugar. Pero Yuri hizo justamente lo mismo.

Arrastró la silla y se levantó dejando un billete en la mesa sin esperar el cambio. Hundió sus manos en los bolsillos de su chamarra y caminó, no sin contener el impulso que lo llevó a tropezar a propósito la silla de Minami, para casi hacerlo atorarse con el pan.

—Ya comí, bruja.

Se apartó, dejando atrás medio plato de comida, la mirada irritada de Louis que había percibido todo en el ambiente y los ojos sorprendidos de Mila. Minami terminó de comerse el pan mientras lo miraba, con los ojos encendidos, como si hubiera aceptado el desafío silencioso.

Todo lo que había recibido de él fue solo un mensaje, pero eso fue suficiente para abandonar la habitación y correr hasta el Lobby. No había visto a Christofer en años; si era sincero, se sentía como décadas, y aunque su amistad se desarrolló mucho después se había convertido en alguien insustituible. Así que, al verlo, con sus lentes redondos y la enorme gabardina negra que cubría su cuerpo, ni siquiera frenó su instinto. Lo llamó por su nombre, Chris volteó buscándolo con la mirada y le respondió con una sonrisa antes de recibirlo en los brazos. Víctor había sido quien se acercó a buscar un abrazo efusivo que se sentía extendido en el tiempo.

Christofer no había dejado de estar, aún a pesar de la distancia y el enorme cúmulo de actividades y responsabilidades que sobrevinieron sobre él con el cambio de vida. Estuvo en mensajes casi diarios, en llamadas que a veces dejaba de responder cuando no tenía fuerzas de estar con el mundo, y cuando era así siempre subía alguien del edificio a tocar la puerta y recordarle que Chris estaba allí, y que no se cansaría hasta saber que él aún también estaba. Estuvo en videollamadas y lo hizo ridículamente feliz cuando decidió bautizar a su hija adoptiva como Victoria. Víctor no tenía palabras para agradecerle por la infinita paciencia que demostró, la misma que le había hecho luchar por años para convertirse en su compañero casi fijo en el podio.

El abrazo se mantuvo allí, sintiendo las manos de Christofer queriendo cubrir el mayor espacio posible en su espalda y experimentando una tranquilidad que no pensó vivir en esas últimas horas. A pesar de todo el peso que cargaba, por primera vez en días sentía que no tenía que cargarlo solo. Christofer procuró la distancia después de un par de palmadas fraternales, y al enfocar sus ojos en el rostro de Víctor, no pudo poner en palabras la calma que le llenó al no ver aquella misma cara larga ni las ojeras profundas que dejó años atrás.

Sin embargo, sí podía adivinar dentro de sus ojos el velo de la preocupación. Decidieron ir por un trago para iniciar el reencuentro, después de que Chris dejara su equipaje en la habitación. Salieron del hotel, Víctor necesitaba aire fresco y aunque dudaba que ocurriera, no quería propiciar un encuentro inesperado con Yuuri. Aún no.

Así estaban en la barra de un bar cercano al hotel, de alta categoría, atendido por bellas mujeres que no dejaban de mirarlos, aunque ambos hombres poca atención les daba. Christofer decidió iniciar para romper el hielo, soltaron algunos comentarios graciosos y Víctor se permitió reír de a poco, inicialmente demasiado atorado, pero al final con mucha más libertad de sentirse relajado. Ver las fotos y videos de su ahijada ayudó mucho.

—Es preciosa… —dijo Víctor, sintiéndose fascinado por lo pequeña y alegre que se veía en brazos de su padre en la piscina del verano. Christofer se veía diferente, no era el eros maduro que demostraba en los últimos años de la competencia, porque ahora la sexualidad había pasado a un plano más íntimo, y era el papel de padre responsable y hombre realizado lo que se veía en cada foto aun si estaba con un diminuto bikini violeta.

—Lo es. Ya la extraño. Fue difícil acostumbrarnos a que dormiría en su propia habitación; Masumi se la pasó preguntando si era necesario, pero, seguimos el consejo de la cuidadora.

—¿No extrañabas tener sexo? —preguntó divertido, porque imaginaba que era imposible tener intimidad con alguien tan pequeño en la cama. Si le costaba sacar a Makkachin de la habitación en su momento…

—La verdad, fue divertido. Nos pusimos creativos, como dos adolescentes escondiéndonos de nuestros padres. —Volvieron a reír juntos—. Era agotador pero fascinante. Ver la cara de Masumi llena de felicidad valió la pena. Hizo que todo el largo proceso que tuvimos que pasar para tenerla valiera.

Todo lo que hablaba Chris sonaba algo nuevo, algo que él no podría terminar de imaginar. Le sorprendía, porque en algunas oportunidades que llegaron a hablar siendo jóvenes y estando en plena competencia, ambos habían confesado que la idea de tener hijos no les era tan agradable. Algo había cambiado; de hecho, ellos habían cambiado. Darse cuenta de eso, pasado sus treintas, sonaba algo nuevo y a su vez aterrador.

Tras hablar de las experiencias de Christofer, Víctor se animó a hablar de él mismo. El tema con Yana no era secreto para su amigo, pero no le dedico demasiado tiempo porque, por mucho que le doliera admitido, era un tercer plano en su vida. Ahora era la competencia, la seguridad de que se encontraría con Yuuri, que ya Yuri lo hizo y que este quedó mal. Era todo eso aglomerado en una enorme bola de calor en su estómago. Tanto que ni siquiera tenía apetito. Aun así, Chris lo obligó a comer de los aperitivos que ofrecía el bar.

Víctor sacó su móvil, y mientras llevaba un par de papas a su boca, le extendió para mostrar la publicación que había salido en las redes, en el blog de patinaje más famoso de USA, donde seguían paso a paso el evento. En ella, estaba la fotografía tomada de Yuuri caminando en el aeropuerto, mientras jalaba su equipaje y era seguido por un animado Minami que sí saludaba a las masas. Cargaba un abrigo negro que resaltaba su camisa azul eléctrico, pero lo que más llamó la atención para ambos era la expresión que tenía, tan diferente a cualquier otra.

Si aún quedaban rasgos aniñados de Yuuri, se habían esfumado por completo. Pese a no tener el cabello hacía atrás y seguir llevando sus lentes, algo en él lucía con aún más edad. Yuuri casi aparentaba la edad que tenía y esa revelación resultó abismal, porque además era muy diciente. Chris no quiso darle nombre, pero Yuuri se veía como aquel que va a una nueva batalla después de haber visto de cerca a la muerte.

Yuuri sabía a lo que se estaba enfrentando, era consciente del peso que venía, estaba dispuesto a ello aun sabiéndolo…. viéndolo en perspectiva y observando el rostro de Víctor, era claro que estaba más preparado que él para avanzar. Víctor también había cambiado, había dejado de ser el hombre que se escondía en la vanidad y en los logros, para mostrar capas de ternura y fragilidad. Víctor aún podía dibujar la sonrisa confiada, pero ya no podía contener las emociones que le provocaban otras personas. Era como si Yuuri hubiera abierto una puerta y hubiera tirado al mar la llave. Víctor ya no había sido el mismo tras él, y Yuuri demostraba que ocurrió exactamente igual en su vida.

Y tenían que enfrentarse. Dejando el teléfono de lado, Chris miró con efusividad a Víctor y decidió ser terriblemente franco. No solo con la honestidad de un amigo, sino con la objetividad de un ex competidor. Para él era más que evidente el panorama.

Las palabras de Christofer lo persiguieron el resto de la noche, aún tras volver a la habitación. Como no encontró a Yuri, se echó a la cama e intentó distraerse con la lectura de su nuevo libro, antes de caer rendido fruto del cansancio. En la mañana siguiente, desayuno con Yuri en silencio y las palabras de su amigo seguían allí, dando vueltas. Se encontraron con él en el comedor, y trato de hablar animadamente, aunque se sentía cierta aversión hacía Yuri, producto de lo ocurrido meses atrás. Víctor le había asegurado que las cosas entre ambos mejoraron bastantes, pero Chris tenía sus reservas.

En los entrenamientos, esas palabras volvieron de nuevo y cayeron como un yunque en la cabeza de Víctor, mientras miraba a Yuri tenso, viéndolo desde la distancia. Allá estaba Yuuri, a varios pasos de él, con los brazos cruzados, y una chamarra sintética de colores azules y blancos. Tenía algo en la oreja, imaginó que se trataba de algún comunicador que se conectaba al que Minami tenía en su oreja, aunque aquel era mucho más pequeño y se sujetaba casi como un zarcillo. Después de que se tomaran las manos y las apretara, Minami había vuelto a la pista y podía ver a Yuuri hablando suavemente, sin quitarle la mirada. Imaginó que Minami le escuchaba pese a la distancia.

Pero estaba allí, y hasta el momento no los había buscado con la mirada, ni siquiera para un saludo. Víctor no dudo en comprender el mensaje y enfocarse de igual forma, porque quien estaba allí era el Yuuri que habían visto varias veces, y que conocían a la perfección: El Yuuri competidor, el Yuuri que se concentraba y se mostraba centrado cuando estaba decidido a ir por todo. Él que se sobrepuso a su ansiedad.

—Yuri, concéntrate. —Christofer había tenido razón, si ambos no se concentraban en la competencia, estaban perdidos. El aludido le devolvió la mirada, había confusión en sus ojos y no estaba seguro de cómo manejarla—. Es nuestro adversario ahora. ¿Dejarás que te venza sin luchar por completo?

No… Yuri no podía permitirlo. Apretó sus puños y volvió a la pista, no sin antes escuchar en perfecto ruso que no hiciera los cuádruples. Decidió hacer caso, más por los nervios que aún manipulaban a sus músculos, que por el hecho de considerar que fuera lo correcto. Necesitaba recuperara la confianza que mostrar habilidades. Necesitaba dejar de sentirse anómalo en el hielo. Dejar de pensar en Yuuri y enfocarse en su objetivo, para eso sirvió el notar que era Minami quien estaba en la pista, con seguridad, sin quitarle la mirada a la figura de Yuuri que lo esperaba tras la barra. Eso sirvió de aliento para animarse a probar sus combos en el hielo.

Mientras compartían la pista con los siete patinadores que competirían, llegó Michelle, que llegó apenas del vuelo que se atrasó en la escala de Toronto. Se veía mal humorado, pero pese a estar solo con su entrenador, ejecutó con eficacia los saltos, provocando que Yuri mirara con atención que la lucha no solo era contra Minami. Gabriel también en las prácticas había mostrado su salchow cuádruple, el cual clavó con inusual belleza. También había notado a otro, que luego Víctor le habló que se trataba de un joven mexicano que había entrado a la categoría senior en esa temporada. El ánimo y las buenas vibras de sus movimientos en la pista dejaban en claro que tendría un estilo mucho más libre.

Tras los ensayos, todos se apartaron hasta que llegó el momento. Las luces del estadio Sears Centre se precipitaron sobre la pista, mientras las tribunas eran llenadas por los fans, abrumados de la emoción del primer encuentro de la serie del Grand Prix. Víctor y Yuri fueron los primeros en arribar, Víctor vistiendo formalmente con un traje negro y una corbata celeste, que resaltaba sus ojos. Yuri llevaba su chamarra deportiva de la selección rusa, y detrás de ellos Georgi entraba junto a sus dos estudiantes. De nuevo los periodistas los abordaron, fue Víctor quien tomó la palabra en todo momento, incluso cuando Morooka sin ninguna limitación se acercó para preguntarle sus expectativas frente al encuentro de nuevo como entrenador, sin mencionar en ningún momento a Yuuri.

Víctor fue sincero al decir que se sentía emocionado.

Después de ellos, quienes ya habían tomado lugar en el circuito, la algarabía de los periodistas les avisó que había llegado la persona por la cual esperaban. Los medios se aglomeraron en la entrada del pasillo y Morooka, con la habitual emoción, se giraba hacia el camarógrafo mientras hablaba en su idioma la entrada de Yuuri y Minami al rink.

Yuri intentó ser discreto para mirarlo, pero Víctor no dudó en girar su mirada por completo a él y quedarse atorado con la imagen que venía. Minami lucía más alto ahora que tenía las cuchillas puestas, estaba feliz, mirando hacia los lados mientras respondía con una sonrisa. Pero Yuuri, con ese traje azul índigo y su corbata oscura, con los lentes enmarcando su rostro, los guantes cubriendo sus manos y el cabello peinado hacia atrás; se veía indetenible.

En el largo pasillo, tras haberse librado de los periodistas que buscaban escucharlo y responder las preguntas de Morooka para la prensa, Yuuri y Minami siguieron su camino. Minami le seguía hablando amenamente, mientras traspasaba el espacio, y por menos de un segundo los ojos de Yuuri y Víctor se encontraron. Contuvo su aliento por ese espacio de tiempo, intentó leer algo en la nada que Yuuri le miró. Los ojos de Yuuri se apartaron, volvieron al frente y mantuvo la barbilla en alto hasta que se alejó de él.

Nos vemos en competencia, nunca esa frase había tenido el peso que sentía en ese momento. Víctor tragó grueso, el aire que contuvo no pudo salir. Se sintió más bien como si hubieran cerrado sus vías respiratorias y algo estuviera a punto de estallar dentro de él. Nos vemos en competencia era una declaración de que la competencia era primero y si había algo entre ellos sería después. De nuevo, Víctor sintió la desesperanza junto a decepción, que colaboró para volver a la actitud fría de antaño, que bien necesitaba.

Miró hacía Yuri, quien mantuvo su cabeza escondida en la capucha de la chamarra. Pasó el brazo por encima de la espalda de Yuri, ya que este le superaba gracias a los patines, y lo empujó para que abandonaran el pasillo y miraran la pista juntos. Una palmada firme intentó devolverlo a la realidad en donde estaban inmerso, y que como dijo Christopher, habían olvidado. No habían ido a allí a reconciliarse con Yuuri, habían ido a competir, y Yuuri parecía el único que lo tenía claro.

—¿Estás seguro de esto? —preguntó por última vez, mientras veía, tras haber superado a los periodistas, la entrada que llevaría a la pista de hielo que ya rugía con la presencia de los mejores, esperando el anuncio de inicio. Michelle apretó el mango de la silla de rueda, miró las manos apretadas de Emil en el posa brazos y tuvo un acceso de nuevo pánico embargándole.

—Estoy seguro. Vamos, Mickey.

Había sido más duro de lo que pensó. Traspasar la puerta, mirar a la multitud con varias banderas y escuchar sus gritos mientras todo se acomodaba, había sido algo difícil de revivir para él estando ahora sentado en esa silla. Notó las miradas de varios, Leo se acercó para abrazarlo apenas lo reconoció, saludándolo con palmadas en el hombro mientras Michelle miraba a lo lejos algunas banderas italianas. Avanzaron cuando su entrenador se lo pidió, agradeciendo en silencio el que hubiera trabajado el permiso para permitirle a Emil estar allí y no con el público.

Esta vez Michelle no empujó la silla, sino que Emil decidió impulsarse.

Desde el punto que tomó para quedarse, notó la distancia entre los otros patinadores y reconoció de lejos a Yuuri y Víctor. Minami y Yuri también, pero su mirada se enfocó en los otros dos por lo extraño que se sentía la distancia entre ellos. No emitió comentario alguno al respecto, y volvió a enfocar la mirada en Michelle, mientras eran anunciados. La voz de Morooka se escuchó en las bocinas.

—¡Estamos en un momento histórico! ¡Esta competición trae sorpresas impensables!

—El sólo hecho de tener de nuevo en la pista a Víctor Nikiforov y a Yuuri Katsuki como entrenadores de la nueva generación, ya lo hace un momento memorable, pero hay algo que nos tiene muy contentos a todos los de la federación, ISU y a todo aquel que se considere fan del patinaje.

Yuuri levantó la mirada hacía la pantalla, donde se veían a los dos periodistas conversando amenamente mientras todo se estaba preparando. Minami miró a un lado y reconoció a Michelle, cerca de Emil en silla de rueda y tuvo el impulso de acercarse a saludarlo, pero veía a Yuuri tan tenso que prefirió no separarse. Más allá, notó la presencia de Víctor junto a Yuri, también con la mirada en los monitores, Víctor luciendo más alto de lo que recordaba.

Y visiblemente bien, recuperado de la lesión.

—Queremos darle la bienvenida a alguien que tuvo que dejarnos antes de tiempo, ¡pero que ha vuelto al lugar a donde pertenece!

Víctor frunció el entrecejo, confundido. ¿Se refería a él? ¿A Yuuri? Pronto las pantallas lo confirmaron. Los videos de las antiguas presentación de Emil Nekola llenaron las pantallas y los fanáticos empezaron a levantar las banderas de la República Checa, ante la mirada atónita de los participantes. Yuuri buscó con la mirada a Emil, tratando de ubicarlo por la altura, pero al encontrarlo sentado en la silla de ruedas sintió que perdía color. Para Víctor la sensación fue igual.

Fue como una revelación tardía. La ausencia del nombre de Emil Nekola en la lista de las asignaciones, la ausencia de noticias en las redes. Si mal no recordaba había visto solo una foto que no tardó en ignorar. Tal como ocurrió con Phichit, no se había percatado que no estaba en competencia, pero verlo en una silla de rueda fue demoledor. Como si todo cayera en su cabeza, una pared enorme de argumentos que ya no tenían valor alguno.

—Después del accidente que tuvo hace dos años, ¡volverte a tener aquí es un gran honor y una gran alegría! ¡La Federación Americana de Patinaje, junto a ISU y todos tus fans, te damos la bienvenida!

—¡Recibe el aplauso de todos los que esperamos pacientemente por tu recuperación!

Emil buscó la mano de Michelle, abrumado por todo lo que estaba cayendo sobre él. Los aplausos, los gritos, las expresiones de júbilo junto a las imágenes de su antigua gloria, todo lloviendo sobre él como una lluvia que no podía definir si cálida o helada. Sintió el ardor de sus ojos, y de repente tenía ganas de reír y de llorar. Sentía el amor de todos, sentía la sincera felicidad de ellos de verlo con vida, pero al mismo tiempo sentía tanto deseo de ser aun lo que había sido. El agarre de la mano por parte de Mickey fue fuerte y firme, tan sorprendido como él de la muestra de cariño.

—¿Qué está pasando? —Preguntó Víctor, atorado, repentinamente pálido mientras veía la escena de los dos agarrados de la mano con fuerza y al final el impulso con el que Emil alzó su brazo, tomando la mano de Michelle mientras todo el público rugía. En pantalla se vio la genuina felicidad superando la conmoción y desbordándose en lágrimas.

—¿No supiste? —Por el silencio, Yuri asumió que no—. Hace dos años Emil tuvo un accidente en parapente. Lo último que escuché es que estaba en coma. Hace pocos meses leí que lo habían visto en algún lado, más no pensé que estaría aquí.

Si pudiera pararse, lo habría hecho. Si Emil pudiera pararse de esa silla, que esta solo fuera algo opcional, lo habría hecho. La revelación brutal lo golpeó en todos los ángulos. Emil no se había parado porque no podía hacerlo y aun así estaba allí, estaba frente a todos y estaba acompañado…

Todos los argumentos que Christofer ayudó a mantener en alto durante tantos años fueron demolidos ante una arrolladora verdad: Si él hubiera tenido tan solo un poco de esa fuerza que mostraba Emil, todo hubiera sido diferente.

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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