Matryoshka II (Cap 01)


Basado en el universo canon de Yuri on Ice. Fic Post-Canon. Esta es la segunda parte, busca la primera parte si no la has leído en mi perfil, llamada Matryoshka I [Las cenizas]

Cap 01: Skate America: Llegó la hora

Interview: Phichit Chulanont — Hacedores de Historias, el nuevo proyecto sobre hielo.

Si alguien escucha de Phichit Chulanont, inmediatamente podremos hacer la referencia al patinaje artístico sobre hielo, pero Phichit es mucho más. Este joven tailandés no solo se encargó de llevar su bandera a las finales internacionales de las más cotizadas competencias, de llevar el oro como el mejor de los cuatros continentes, sino que ahora va en busca de un sueño mucho más ambicioso.

¿Y quién es realmente Phichit Chulanont? Es un joven de 25 años, nacido en Tailandia y que se formó en nuestra gloriosa América, la cuna de los sueños, donde a su vez creció como patinador profesional y se graduó en una prestigiosa universidad en Detroit. Pero más que eso, es un hacedor de historia, y no está conforme con lo que, en su joven edad, ha logrado.

En su nuevo departamento en Detroit, Phichit nos ha abierto las puertas para darnos una entrevista y saber más de su proyecto: History Makers.

P: Hola Phichit. Por lo que veo estás en plena mudanza. ¿No hay problema si lo hacemos aquí en la barra de tu nueva cocina?¡Oh, hola! Ningún problema. Apenas estoy mudándome así que no tengo muebles. Pero creo que estas sillitas de bar servirán.

P: Phichit, ganador del oro en Four Continents del 2018, bronce en el GPF del 2019, el primer tailandes en hacer bailar al mundo al ritmo de la canción del The King and The Skater. ¿Cómo te gusta definirte?Soy solo un soñador empedernido, con muchas ganas de divertirme y ver el mundo sonreir.

P: ¿Es por eso que nació este proyecto tan ambicioso? ¿Qué hace diferente a History Makers de Stars on Ice?Bueno, el sueño no era tan grande al inicio. Pensaba solo en un show en mi ciudad natal, en la pista de patinaje donde empecé a patinar con mis padres cuando era niño. ¡Luego se volvió así de grande! Lo diferente es el concepto, en Stars on Ice es un espectáculo sumamente grande, precioso, que por lo general no todos pueden acceder a él. Como inicio, solo viaja a ciertos países donde el patinaje ya está asentado. History Makers pretende llevar el patinaje a donde no lo conocen, mostrar con las estrellas que quieran formar historia con nosotros a todos los que desconocen de esta disciplina las maravillosas cosas que se pueden hacer en el hielo. Obvio, eso implica un gran compromiso, inversión y mucho amor por parte nuestra hacia lo que hacemos. ¡Estoy feliz de encontrar tanto apoyo de mis antiguos compañeros!

P: Hablando de apoyos, ¿es cierto que has contado con gran impulso por parte del campeón olímpico Seung-Gil Lee?Un apoyo invaluable. De hecho, será de los principales en nuestro primer show.

P: Hay rumores de la relación que mantienes con Seung-Gil Lee, Phichit. ¿Nos aclaras ahora?*risas* Oh no, ¡quizás lo haga después!

P: ¡Eso es crueldad con todos los fanáticos del patinaje que seguimos sus cuentas en instagram y los vemos cada vez más juntos!Solo puedo decir que sin Seung-Gil, no estaría ahora aquí conversando contigo, Paula. Seung-Gil ha sido un valioso apoyo para mí y este proyecto, me ha permitido crecer como persona y llevarlo a algo más grande. Además, me apoyó mucho con los contactos en Corea y los primeros inversionistas.

P: ¿Con quién más has contado para este proyecto tan significativo?Ketty Abelashvili, es nuestra compositora y directora musical. Fue mi compañera de clase en la universidad y ha apoyado no solo mi carrera, sino la de Yuuri Katsuki con sus programas. También Yuuri Katsuki. Aunque fue el último en montarse en este barco, fue gracias a él que empezó este sueño. Fuimos compañeros de cuarto cuando estudiábamos y escuchaba su forma de soñar en grande. Me inspiró a hacer lo mismo.

P: Estuviste hace poco en Japón con Yuuri Katsuki y Minami Kejirou en una exhibición en Japón. ¿Es parte de la preparación para el show?Bueno, eso lo hicimos en parte para eso, en parte para divertirnos, y en parte para cumplirle un sueño a Minami Kenjirou y mio propio. ¡Siempre soñé con hacer algo así con Yuuri y por fin lo hicimos!

P: ¿Con cuales otros patinadores contaremos? Ya es un hecho que con Seung-Gil Lee, Yuuri Katsuki…Guang Hong Ji, Leo de Iglesia, Minami Kenjirou son los ya confirmados. Gabriel Hernández quedó en confirmarme y espero poder invitar a más personas a esta jornada. Me encantaría que Christofer Giacometti se uniera a nosotros, pero aún no he podido contactarlo y esperaba tener algo más armado para proponérselo.

P: ¿Y Víctor Nikiforov? Ahora que se ha visto patinando, parecen que los rumores tras su retiro de su incapacidad de volver al hielo eran infundados.Siempre he sido su fan, para mí sería un honor que Víctor Nikiforov se animara a acompañarme en esta aventura. ¡Pero no sé si tendré suficiente para pagarle! *risas*

P: ¡Buen punto Phichit! ¡Estamos hablando de la leyenda del patinaje! ¿Qué puedes decirles a aquellos que nos leen?No se pierdan las noticias de nuestro show en nuestras redes sociales. ¡Estamos trabajando en nuestra página web y pronto tendremos un especial que se ha muchos les va a encantar! Queremos llegar a donde están ustedes, ¡el hielo no es un lugar para privilegiados! Es un lugar para todos los que quieren soñar.

Y Víctor era uno de los seguidores en todas las redes sociales que tenían el proyecto, donde Phichit las administraba activamente, en conjunto con un community manager estadounidense. Mostraba las fotos de los viajes de Phichit con cada nueva noticia, e incluso había transmitido el evento con el que participó al lado de Yuuri y Minami. Phichit se veía feliz, disfrutando de ese sueño, y Víctor le tenía una ligera envidia.

Se enteró muy tarde que Phichit Chulanont había dejado el hielo, un año después de Yuuri, y fue sorpresivo. Pensó que lo vería en competencia ahora que iniciaba la serie del Grand Prix, pero la sorpresa cayó sobre él cuando no lo vio en el listado de la preselección. Phichit había decidido abandonar las competencias para enfocarse completamente en su sueño, que llegó a escuchar después que él improvisó su show de Víctor y sus amigos en Hasetsu. Claro, ya no incluiría hámster en el vestuario.

El hecho de que Phichit abandonara las competencias, no significó que había dejado el hielo. Estaba en él a través de otro sueño igual de ambicioso como ganar el oro en el mundial. Phichit seguía patinando, tal como lo había demostrado en la exhibición de Tokio, y seguía siendo feliz haciendo lo que le gustaba. Alguien como Phichit no se hubiera dejado derrumbar con una lesión como ocurrió con él.

Era humillante pensar que alguien con casi diez años menos que él tuviera tan en claro que hacer con su vida. Víctor prefería no darle muchas vueltas al asunto; podría aparentar que ya todo estaba resuelto con su propia vida y lo que esperaba para el futuro. Había participado recientemente en la campaña de invierno para una cotizada marca de ropa de hombres, también había recibido ofertas para participar no solo en una campaña de calzados, sino de también ser la imagen para un nuevo perfume francés. Podría continuar con eso y mantener un estilo de vida bastante estable, ya que siempre le habían generado más regalías el uso de su imagen que el deporte en sí. Pero si alguien le preguntaba donde se veía Víctor en cinco años, no tendría idea.

Ni hablar en diez.

Si le hubieran preguntado hace cuatro años, hubiera respondido que estaría con Yuuri en Japón, posiblemente en Hasetsu, viviendo en una casa tradicional (con preferencia ninja), con un ejército de caniches y entrenando con Yuuri en un campamento especial de invierno para niños que quisieran entrar al patinaje en cualquiera de sus disciplinas. Ya se imaginaba caminando con él tomado de sus manos y una familia de caniches jugando en la arena de la costa, recordando cómo había empezado todo.

Ahora… ¿qué sería? Ya no tenía sentido ni siquiera moverse a Japón. ¿Sería el viejo de los caniches? Sonaba deprimente… ¿Un hombre de familia? ¿con esposa? ¿hijos? Sonaba anómalo para él, como una pintura en un estilo del cual no podía formar, por mucho que sus hermanos hubieran seguido ese. ¿Un entrenador soltero y cotizado de cuarenta años? ¿Viviendo en algún otro país? Se veía gris… todo se veía gris si lo pensaba así. Tan gris como su vida antes de conocer a Yuuri.

Por eso estaba considerando que podría ir a un especialista, pagar por alguien que no solo le dedicara una hora para escucharlo, sino que le guiara sobre qué hacer después. Si después del Skate America todo salía desastrosamente mal, lo necesitaría, y por primera vez estaba considerando esa posibilidad como algo real. No podía permitirse caer en depresión de nuevo por no saber qué hacer con su vida, y pese a la distancia y los años, un rechazo tajante de Yuuri sería tan atroz (incluso más) que su lesión.

Soltó un suspiro y guardó su móvil cuando la sombra de Yana se precipitó sobre él. Parecía que el ensayo ya había terminado. Víctor echó un vistazo al escenario donde ya todos se retiraban, incluyendo Yuri, quien ya se sentía un poco más cómodo con el papel. No era el mejor actor, definitivamente era mejor que no considerara la actuación como su carrera de vida, pero al menos se veía más dispuesto a seguir las guías de Yana y sus compañeros.

—¿Cómo estuvo?

—Bastante mejor. Pero estuviste distraído. —Víctor encogió sus hombros—. ¿Es por el viaje?

—Bueno, fue hace años que viajé como entrenador al extranjero, si tengo algo de nervios. —Aunque no era del todo cierto que fuera el inminente vuelo que debía tomar a Estados Unidos en cuestión de horas. Menos de 24 horas para ser específicos. Yana le sonrió en respuesta y se dio media vuelta, convidándole con una mirada a seguirla.

—Noté a Yuri bastante tenso al inicio. Fue buena idea que viniera para alivianar un poco la ansiedad.

—Por esa razón consideré que sería bueno venir.

—¿Y a despedirte de mí?

—También por eso. —Yana le miró de reojo, con coquetería y él empezó a sentirse ligeramente nervioso.

Aunque con Yana las cosas seguían iguales, Víctor debía tomar responsabilidad de dos ocasiones donde no pudo detener (ni quiso, debía sincerarse) el curso de las acciones y había terminado acostándose con ella. En una, cuando tras decidir entrar de nuevo al apartamento y aceptar un masaje, una cosa llevó a la otra. La siguiente, estaba un poco atontado con el vino. Sí, se sentía culpable en el momento, pero desde que había visto que cierto chico bailarín japonés estaba ya en tres fotografías de la cuenta de Yuuri aunque estuviera acompañado de Minami, le había provocado un increíble resentimiento que no veía justificado.

¿No era lo mismo que él estaba haciendo?

Y esa era otra de las razones por las cuales Víctor se sentía caminando en arenas movedizas. Entre lo que podía llegar a sentir con Yana (comodidad, algo de compatibilidad, y sí, bastante química sexual), estaba lo que aún sentía por Yuuri, que era mil veces más fuerte, y la sensación de que con Yuuri ya no había relación que rescatar. Que quizás sí iría a Hasetsu, pero como su amigo, si es que contaba con esa suerte. Porque si era cierto que Yuuri ahora estaba con aquel muchacho, definitivamente no tendría estómago para soportarlo.

Llámenlo inmaduro o resentido, de verdad que no podía asumir la idea. No en ese año al menos.

Yana logró desviar la corriente de sus pensamientos cuando entrelazó los dedos tras su nuca. La invitación que yacía sobre sus ojos era difícil de evadir, más cuando ella sabía la manera en que debía tocarlo para provocarle, siempre resultando infalible. Pocas veces era ella la que tomaba la iniciativa, más cuando lo hacía era indetenible, y debía admitirse que admiraba mucho esa forma que tenía de tomar lo mejor de la vida, y desechar lo malo.

Pero no debía, no en ese momento, no con tan solo horas de ver a Yuuri. No se lo podía permitir ni aunque en verdad se le antojara un momento de relajo. Le sonrió apocado, intentando no caer de lleno en la seducción femenina de Yana mientras sujetaba firmemente sus caderas para no propiciar mayor acercamiento.

—Hoy no creo poder quedarme más tiempo en tu departamento, Yana. —Era una ligera, pero clara negación, que no surtió efecto. El brillo en los ojos de ella le indicó que poco o nada le importaba la cuestión de tiempo, espacio, incluso comodidad.

—Oh, Víctor, que poca imaginación tienes, me sorprendes —ronroneó, apegándolo contra la pared del pasillo. Víctor no podía negar lo surreal y tentadora que se sentía la oferta.

—Eh… no, creo que hoy estoy corto de imaginación. —Yana rio y bajó sus manos para agarrarlo por la cadera y hacerlo jadear de sorpresa.

—No necesitamos tanto tiempo, ni tanto espacio. Hay un vestidor cerca… y tú necesitas relajarte, Nikiforov.

Un rapidito… ¿cuánto tiempo tenía sin un rapidito? ¿Cuántos años desde la última vez? Víctor no tuvo tiempo de pensarlo demasiado, porque los labios de Yana reclamaron sobre los suyos y pese a su inicial falta de respuesta, no tardó en encontrar el ritmo para seguir el pedido de ella. Con las manos en la cintura del cuerpo de la mujer, se dejó guiar por su primer instinto, dejando de pensar y dedicándose a sentir todo lo que le proponían en ese momento. Los labios de Yana eran suaves y el brillo de su boca tenía un sabor dulce que ayudaba a marearlo de gusto. Respondiendo a la cadena de besos que ella inició, sintió las manos ansiosas de ella sobre su pecho, acariciando con fuerza y arrancándole el primero de sus gemidos.

Era rápido, pasional, perfecto. No había promesa de nada más que de placer y a Víctor no podía resultarle mejor. Las lenguas se unieron en el siguiente instante y volvió a sentir a su espalda contra algo duro. Tuvo que respirar un poco mientras sentía los labios de Yana ahora sobre su cuello, saboreando su piel y creándole estremecimiento. Logró escuchar, en alguna parte de su cabeza, el sonido del seguro de una puerta ceder. Imaginó que era ella la que estaba manejando todo, y él se dejó hacer, mansamente, como si no pudiera esperar más que la promesa de liberación.

No iba a mentirse, ya tenía una erección a cuesta que necesitaba…

—¡Ahhh! —El par de gritos de dos mujeres lo desconcentró por completo y tuvo que detener el avance de su propio cuerpo para voltear, al haber detectado que uno de esos gritos venía de su espalda.

Cuando Víctor miró, lo primero que estuvo en su campo visual fue un trasero pálido y pronunciado y los vaqueros amarrados en las pantorrillas. Luego subió la mirada para notar que el trasero era de nada más y nada menos que Yuri Plisetsky.

—¡Yuri! —exclamó Víctor, al tiempo que era empujado por Yana para salir del vestidor que habían encontrado ocupado. No logró ver a la muchacha que estaba arrodillada frente a su pupilo, pero si cuando la puerta casi se cerró frente a sus narices.

Él no salía de su asombro, y se unió el bochorno cuando Yana comenzó a reír desternillándose contra la puerta y agarrándose el estómago con tanta fuerza que creía que podría expulsar sus intestinos de la risa.

Víctor ya no le quedaba ni fuerzas ni ganas, estaba rojo hasta las orejas, con una irritación incipiente y la certeza de que tendría que lidiar con la erección solo.

—Parece que ya se nos habían adelantado.

—Dios mío, que vergüenza… —Se tapó la frente, con un gesto enojado y compungido. Yana volvió a reír con algo de calma.

—Oh Víctor, son solo muchachos, es normal. —Y los muchachos salieron del vestidor, la chica con el alborotado cabello negro y corto se limpiaba incipiente los labios, mientras Yuri salía relajado de la vida. Víctor le dedicó una mirada asesina, la cual desestimó Yuri con un encogimiento de hombros. Miró luego a Yana, quien no podía dejar de verlo con diversión.

—Yura… —dijo la cantarina voz de la actriz, sonrojada, sudada pero evidentemente satisfecha—. Suerte en la competencia, tigre.

Víctor no quiso alargar la despedida.

De camino a casa, Víctor mantuvo una distancia prudencial de Yuri, enojado y visiblemente frustrado caminaba con las manos dentro de los bolsillos del abrigo y su rostro enmarcado por la seriedad. Yuri no podía sentirse mejor, la chica le había hecho un trabajo oral envidiable, de esos que pocas veces había disfrutado tanto. Y todo empezó con un coqueteo absurdo y una corrida al primer lugar que tuvieron para esconderse. Yuri tenía que agradecerle después su excelente manera de “prepararlo para la competencia”. Además, había alabado su dote. Tenía el orgullo inflado y el cuerpo satisfecho.

—Ey anciano, —Se jugó con el tono usual, adelantando el paso para quedarse al lado de Víctor—. ¿Qué pasó con esa cara amargada? ¿Acaso estás frustrado sexualmente? ¿Tiempo sin tener un orgasmo? —Víctor resopló, frustrado.

—¿Cómo se te ocurre hacerlo en el teatro y con una de las chicas de Yana? —reclamó.

—Ella me lo ofreció, ni modo que me negara. —Volvió a esconder sus hombros y mostró una sonrisa sagaz, petulante—. Parece que tú tienes tiempo sin una buena jalada. Si quieres me pongo los audífonos esta noche y te presto alguna película porno que tengo descargadas.

—No necesito de eso —gruñó.

—Pues con la cara de amargado que te cargas parece que sí —dijo inclinándose hacia adelante, mientras le dirigía una mirada picara.

Víctor, desgraciadamente, no estaba para bromas en ese momento. Estaba irritado. Así que le miró con muy mala cara y no midió sus palabras.

—¿Eso haces? ¡Ver porno y pensar en Yuuri mientras…! —Sintió el empujón, y tuvo que morderse los labios mientras enfocaba la mirada en un muy enfadado Yuri. Hasta ese momento, tuvo que admitirse que se había sobrepasado.

—¡No seas imbécil! ¡Solo porque no has follado en meses no vengas a jugarte con eso!

—Okey, okey —bajó el tono de su voz y se rascó la nuca arrepentido—. Me pasé, lo lamento, Yuri.

—No vuelvas a hacer un comentario así… —advirtió. Víctor solo se limitó a asentir mientras miraba a un lado.

—Ya… y para que sepas, tuve sexo hace una semana.

El acalorado ambiente que se creó entre ellos menguó un poco con la extraña revelación. No era que Yuri no lo sospechara, de hecho, lo venía sospechando desde bastante tiempo. El asunto era que no imaginó que Víctor se lo dijera de forma abierta ni mucho menos que siguiera el paso dejándolo atrás. Reaccionó a los pocos segundos de sentir que había quedado a su espalda, y se giró para encararlo de nuevo, sin percatarse que ya estaban caminando sobre el puente de los besos.

—¡Lo sabía! ¡Tú y Yana…! —No pudo terminar la frase—. ¿Y Yuuri?

—¿Qué con Yuuri? —Yuri le miró sin saber qué pensar. Víctor se limitó a suspirar—. Yuuri seguramente lo está haciendo también. Si yo he podido…

Yuri también había visto las fotos, también había notado a ese extraño cerca, también había sentido una parte curiosidad, en otro terror. Yuuri había vuelto a patinar, estaba feliz, se mostraba seguro y había otra persona a su lado, ¿qué quedaba para pensar?

Había pasado un mes de la exhibición. Faltaba solo horas para el primer enfrentamiento, y por primera vez en meses Yuri sentía la inevitable presión de lo que estaban a punto de hacer. Mientras Víctor prefirió no detenerse en aquel puente, y él se quedó clavado en el asfalto, se dijo, con el miedo embargándolo de nuevo, que no tenía idea de que le esperaba en América.

De quién sería el Yuuri Katsuki que vería al llegar.

Ya no había tiempo que perder. Saliendo del baño, mucho más relajado que antes, Yuuri empezó a vestirse con la camisa que quedaba por usar, preparándose mentalmente para la larga horas de vuelo que lo esperaban camino a América. Tenía el estómago ligeramente encogido, había sido muchos años desde la última vez que salió de Japón. Ahora lo haría como entrenador de Minami, y ya era el momento de ir al apartamento a buscar su maleta para ir al aeropuerto de Fukuoka, tomar un vuelo a Tokio y de allí entrar a la terminal internacional.

Mientras iba juntando los botones, sintió la conocida presencia de Takao a su espalda y suspiró, dejándolo hacer. Aunque no eran nada habían llegado a un acuerdo mutuo donde podían darse placer y tiempo. Yuuri consideraba que todo había quedado claro entre ellos y que eran lo suficientes adultos para afrontarlo. De todos modos, aunque Takao apenas fuera a alcanzar sus veintidós años, había llevado una vida promiscua, así que no consideraba el asunto peligroso por mucho que Phichit insistiera que debería medirse.

Takao no estaba pidiendo nada ni Yuuri ofreciéndole nada al futuro. Era una perfecta sincronía que le servía para sentirme mejor y no tener la descabellada posibilidad de final al frente, cuando se encontrara con Víctor.

Esa mañana, tras aceptarle el desayuno, Takao no dudó en usar sus dotes para tentar a Yuuri tras sentirlo tenso en la comida, por los nervios del viaje. Habían subido al apartamento y desfogado las ganas de la forma en la que Yuuri se sentía más cómodo, pero esta vez Takao se tomó la responsabilidad de dominar el acto, montandolo y tomando la velocidad necesaria para alargar y recrear mayor placer para ambos. Aunque no pudo hacer mucho cuando Yuuri, sintiendo que estaba cerca del llegar al clímax, movió sus caderas con mayor ímpetu, empujándose dentro de él. Takao se deshizo en gemidos mientras las manos de su compañero se marcaban en sus muslos, con la promesa de dejarle la evidencia por un par de días.

—Al menos ya no tienes piedras en vez de músculos aquí. —Se jugó pasando sus manos por los hombros de Yuuri y este respondió con solo una expresión medio atribulada.

—Las tendré después de todas estas horas de viaje.

—Oh, pero de qué te quejas. Yo todavía ni he salido de Japón, y ya tu eres un hombre de mundo.

Yuuri sonrió tímidamente, antes de sentir como Takao se giraba para quedar frente a él y dejaba un beso suave en sus labios, pequeño, sin pretensiones de aumentar la pasión ni alargarlo. Acto seguido, Takao se encargó de terminar de acomodar esa camisa que tan bien le quedaba, un bellísimo tono azul eléctrico que le daba una sofisticación que no podía quedarle mejor a Yuuri.

—Ya estás listo, hecho un muñeco. Espero que te vaya muy bien en la competencia, Yuuri. Estaré esperándote aquí.

—No tienes que esperarme.

—Lo sé, pero quiero hacerlo. Y tú no puedes obligarme a hacer lo contrario. —Lo tuteó en el estómago y Yuuri se encogió ligeramente para evitar el ataque—. Me dices como te fue con tu sexy ex ruso.

Yuuri solo asintió y se apresuró a retirarse. El vuelo saldría en tres horas, tenía que llegar al apartamento de Minami, tomar las maletas que ya tenía preparadas e ir con Minami al aeropuerto de Fukuoka, donde tomarían el vuelo a Tokio. Les esperaba un largo viaje.

En menos de media hora ya estuvo en el edificio de Minami y acomodó de nuevo el cuello de su camisa. Al revisar su móvil ya tenía los mensajes de su madre a través del número de su hermana, de Yuko y Takeshi, de Minako y hasta de Phichit, que le decía que pese a no poder ir al Skate America, estaría al pendiente de la competencia y estaría a su lado con el espíritu.

Había llegado la hora. Había llegado la ansiada competencia, y él no podía evitar sentir que se le cerraba la garganta ante esa premisa.

—¡Yuuri! ¡Ya te iba a llamar! —Cerró la puerta tras su espalda, mientras Minami corría con la chaqueta de Japón encima. Lo veía tan alterado que le hizo gracia y eso le permitió relajarse.

—¿No has acabado de arreglar la maleta? —Lo vio entrar a la lavandería y se asomó ligeramente, ajustando sus lentes. Escuchó un “ya casi” y se limitó a sonreír mientras renegaba. Se acercó al pasillo donde la puerta estaba abierta y entró a la habitación de Minami para ver que aún había cosas fuera de su maleta—. Te dije que lo arreglaras ayer.

—¡Me entretuve hablando con Guang Hong! —gritó Minami desde el otro lado de la casa y Yuuri solo suspiró en respuesta. Agarró un par de camisetas que Minami ya tenía en la cama y las dobló para empacarlas—. Tu saliste temprano.

—Estaba con Takao —dijo sin cortarse, mientras iba por el pantalón que estaba al otro lado. Sintió luego la presencia de Minami mirándolo desde la puerta de su habitación.

—Eh… Yuuri. Sé que es tu vida y… que no debo meterme…

—¿Qué ocurre Minami? —preguntó al mirarlo, mientras doblaba el pantalón.

—Es… ¿tú y Takao…? —Minami intentó explicarse con una mímica sin sentido que solo provocó un enarcamiento de cejas en Yuuri—. Es decir, ustedes…

—Somos amigos. —Se adelantó a aclarar. Minami lo miró entonces, de una forma tan comunicativa que Yuuri tuvo que bajar la mirada—. No somos más; aunque me agrada, no me siento preparado para ser nada más ni lidiar con una relación ahora.

—Oh… —suspiró y metió sus manos en los bolsillos de su pantalón—. Es que… si he notado que ustedes… ¡No es que me moleste! —Se apresuró a aclarar, sonrojándose al notar la mirada fija de Yuuri en él—. Es… que no sabía y… no sabía cómo tratarlo…

—No tienes que tratarlo de ninguna manera en particular, como te dije, solo somos amigos. Si algo cambia entre nosotros más adelante no lo sé, pero de momento son así las cosas y él lo sabe.

Y Yuuri suponía que Minami también entendía que las implicaciones de aquella amistad eran bastante difusas y que no pretendía cambiarlas, no de momento, no mientras funcionaran. Minami se limitó a asentir y soltar el aire, agradecido de que Yuuri no sintiera aquello como una invasión y al menos le explicara. Se acercó para ayudar a Yuuri con su propia maleta, más animado, aunque sintiera un ligero malestar dentro de su pecho que no quería en ese momento analizar. Recogió un par de mudas más mientras miraba a Yuuri doblar todo de forma tan ordenada que era fascinante. Con razón, el equipaje de Yuuri se veía más pequeño que el de él, a pesar de que llevaba además los trajes para su presentación oficial como entrenador.

—¿Te sientes nervioso? —preguntó Yuuri, agarrando los calzoncillos de Minami y deteniéndose a ver los colores vivos de ellos en rojos y naranjas, a diferencia de los suyos que solían ser sobrios. Minami notó la mirada en sus prendas íntimas y se puso de todos colores.

—¡Oh, Dios, Yuuri! ¡No te burles! —Yuuri los metió rápido, sonrojado y ridículamente divertido con el asunto—. ¡Yuuri!

—Lo siento, lo siento. —Intentó no reír, aunque la risa bailaba en su boca—. He visto cosas más vergonzosas, como pantalonetas de animal print o tangas negras.

Ninguno quiso comentar de donde, aunque Minami lo suponía. Se dedicaron a terminar la maleta la cual hicieron a los pocos minutos. Yuuri la bajó de la cama y suspiró, antes de volver la mirada en Minami.

—Entonces… ¿estás nervioso?

—Un poco… —Minami se acercó su equipaje, en el otro tenía todos sus implementos para la competencia, incluyendo sus trajes—. ¿Y tú?

—También… —se admitió—. Pero estaremos bien.

Era una frase que tenía que repetir, mil veces, hasta que no quedara duda de ello en su corazón. Minami le sonrió asegurándole que en todo lo que en él dependiera, las cosas irían bien.

Para él, era inconcebible que la seguridad aeroportuaria diera muestra de su ineptitud en ese momento. Cansado de esperar y soltando mil improperios en italiano, Michelle estaba caminando a pasos rápidos con intenciones de levantar una queja formal. Ya deberían estar dentro del avión. Ya deberían haberle permitido pasar con Emil en su silla de rueda, pero lo tenían allí esperando y para Michelle la paciencia nunca había sido su fuerte. Casi estaba por armar una nueva zanja en la sala de espera.

Lo peor era que Emil, quien era el principal afectado, estaba de lo más feliz hablando con un trío de argentinas que se habían encontrado y que trataban de hablar en su precario inglés. También habían querido hacerlo con él, pero estaba tan enojado que apenas le había dedicado una mala cara. El entrenador ahora estaba intentando hablar con seguridad aeroportuaria, porque el vuelo se estaba retrasando y ellos no tenían tiempo que perder.

—¡Mickey! —El aludido lo buscó con la mirada y no pudo evitar mirarle con algo de resentimiento al verlo tan feliz agitando ambos brazos como si nada estuviera ocurriendo. Al menos ya no tenía el trío de chicas encima—. ¡Mickey!

—¡Deja el escándalo! —gruñó, y se apresuró a acercarse mientras sentía aún ese nudo en su estómago. Emil sacudió la silla al quitarle el seguro para acortar la distancia—. ¡Estoy que me lleva el diablo!

—Oh Mickey, ¡te está afectando los treintas!

—¡No tengo treinta!

—¡Te falta solo un año!

Y esa sería su última temporada, tal como anunció a los medios un mes atrás, dejando a Italia descorazonada ante la certeza de que uno de sus mejores patinadores de todos los tiempos ya iba a colgar sus patines para, según indicó en la entrevista, dedicarse de lleno en la recuperación de Emil. También reconoció que el tiempo de un patinador no podía ser largo y prefería retirarse en el mejor momento de su carrera, que recibir una lesión por no tomar en consideración las necesidades de su cuerpo. Además, los médicos de Emil habían mostrado muchas esperanzas al ver las mejoras sustanciales de movilidad que estaba demostrando, con esfuerzo y dedicación. Aún decían que no creía posible el que Emil volviera a patinar competitivamente, pero Michelle no perdía la esperanza.

Después de verlo levantarse de la casi muerte, para Michelle, Emil era capaz de provocar todos los milagros del mundo.

Se movió, por instinto, al escuchar la voz de su entrenador quien volvía con parte del personal de la aerolínea, aunque por los rostros podía imaginar que aún no había respuesta. No controló su expresión airada y casi sacaba fuego, cuando sintió el toque en sus rodillas y pronto los brazos de Emil agarrándolo en un abrazo que lo tomó desprevenido.

—¡Siéntate!

—¿Qué demonios, Emil?

—¡Siéntate Mickey! ¡No vas a crecer más! —dijo con su típico buen humor y Michelle no tardó en hacerle caso, no sin mostrar abiertamente lo poco cómodo que se encontraba con la idea.

Se sentó sobre las piernas de Emil mientras esperaba, con los brazos cruzados y el rostro de pocos amigos. Emil apoyó su barbilla contra su hombro mientras veía a la distancia a su ex entrenador hablar con el personal y tratando de hallar una solución. No entendía por qué tanto problema, no era un proceso diferente a cualquier otro que llevaran con cualquier otro parapléjico. Pero considerando como estaba Michelle era mejor tratar de calmarlo que dejarlo ahogarse en su propia frustración.

Emil soltó el aire, mientras sentía el cuerpo de Michelle tieso y recto, más tranquilo en su regazo. Aunque no podía sentir su peso en las piernas, le reconfortaba sentirlo como siempre, junto a él.

—Estoy emocionado… —Confesó, con un tono ilusionado en su mirada—. ¿No lo estás tú?

—Lo estaría si ya estuviéramos en el avión, despegando. —Emil soltó una risa ronca contra su oreja y renegó, como si no pudiera hacer nada para calmarle el mal humor a Michelle—. En serio… ¿estará bien para ti?

Michelle había hecho una pregunta que venía guardando desde hacía unos días. Una pregunta atorada, que había intentado evadir con la idea de llegar rápido y la espera de que todo fuese bien para Emil. Que no le afectara como temía ver a sus antiguos compañeros de competencias, notar que ellos podían patinar y no él, cuando Emil tenía aún las energías y la edad para tener unos buenos cinco años más como patinador. Si debiese evitarle el sufrimiento… si debería negarle el ir.

Emil calló todo renegando, sin importar que su barba le hiciera cosquillas en el cuello. Emil se hundió en sus piernas y se encorvó como si se sintiera más pequeño de lo que ya era.

—Está bien para mí… estaré contigo, ¿no? —Michelle respondió con solo un gesto elocuente: llevaba su mano a la unión de las de Emil, que le sujetaban en el estómago. Y apretó allí—. ¿Es eso lo que te tiene tan tenso?

Es eso… es la incompetencia. Es la sensación de que en esas malditas horas el mundo entero se había encargado de restregarle a Emil en la cara que no podía caminar, que era un lisiado, y que requería de cuidados especiales, justo antes de enfrentarse con el mundo, la prensa, sus ex compañeros… Era la sensación de querer salvarlo de todo ello, incluso del monstruo en su misma cabeza, cuando sentía que era él quien se estaba muriendo de impotencia porque hubiera querido evitarle todo. Porque hubiera querido callar cada voz y hacerle ver que no había nada malo en él, que todo estaba bien… que él no estaba enfermo.

Se le hizo un nudo en la garganta fruto de la frustración. El ligero temblor en la nuez de adán le indicó a Emil que sí, era eso.

—No quería que pasaras por todo esto… —mordió las palabras mientras intentó controlarse. Emil suspiró antes de abrazarlo un poco más.

—Mickey… nadie podrá repetirme más veces en donde estoy que todas las mañanas que despierto y sé que no puedo mover mis piernas. Así que no te preocupes… estoy aquí, es todo lo que me importa, Mickey. Estoy feliz porque podré verlos a todos de nuevo…

Michelle retuvo el aire. A veces no lograba comprender la fuerza de Emil y lo tan vulnerable que lo hacía sentir cuando era él quien estaba en esa silla. Asintió a sus palabras, intentando no dejarse llevar por el ardor de su garganta y en ese instante su entrenador regresó, con el rostro más aliviado, evidencia de que habían logrado resolver. La aerolínea presentaba disculpas y le daría un trato a la altura por los inconvenientes, ni menos esperaban ellos después de que la federación italiana tuviera que llamar para poner muy en claro que no permitiría que su patinador estrella llegara tarde al evento por el retraso.

—¡Ves! ¡Todo se solucionó! —La voz de Emil volvió a ser la habitual: llena de ánimo y optimismo—. ¡Ya vamos a subir!

Michelle se levantó y tomó de nuevo los mangos de la silla, moviéndose a donde indicaba su mánager mientras Emil seguía hablando con soltura. Esa sería su última temporada, y ambos habían decidido vivirlas juntos. Una última vez en el hielo, una última vez dándolo todo, en un año que sería crucial para ambos.

Michelle estaba preparado. Llegó la hora.

Notas de autor: Después de escribir hasta la mitad de 4, puedo decirles que nos preparemos, porque esto viene intenso. ¡Matryoshka II [El fénix] viene con todo! Puedo asegurar que lo que viene va a ser una montaña rusa, habrá momentos “calmos”, pero la mayoría son muchos momentos entre competencias, discusiones, encuentros y enfrentamientos que serán bastantes intensos. Siento que los primeros capítulos ha sido como encender pólvora, y me ha gustado mucho la forma en que ha salido, espero que ustedes sientan esa misma sensación al leerlo que yo al escribirlo.

El siguiente capítulo ya estaremos en Chicago para el Skate América, son 7800 palabras. El capítulo más largo hasta ahora de todo el fic. Sé que no es mucho en comparación a otros, pero considerando mis tiempos de actualización me parece que está bien. Será publicado como siempre el viernes, manteniendo nuestros días de actualización.

¡Muchas gracias a todos! He recibido regalos tan geniales que no puedo dejar de conmoverme y sentirme halagada. Comics, arts, videos, diseños… en fin, de verdad gracias por todo el cariño y amor que me transmiten con sus trabajos y seguirme inspirando. ¡Son lo máximo!

Publicado por AkiraHilar

Fanficker de Yuri on Ice y Saint Seiya. Amante del Victuuri, sobre todo de las historias donde demuestran que su amor, aunque puede ser imperfecto, sigue siendo hermoso.

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