Capítulo 1: Las horas


8:00 A.M.

Yuuri abre sus ojos. Su vista empañada se enfoca en el techo mientras una alarma incesante taladrea su oído derecho. Sabe dónde se encuentra, qué ocurre, por qué existe, ya que puede sentir a su lado el calor de la persona que se supone debe estar ahí y que le da realidad a su mundo, que le hace saber que todo está en perfectas condiciones. A tiendas busca en la mesa de noche sus anteojos para recuperar una vista más decente. Como acto seguido, toma su celular para silenciar la alarma. Mira entonces a su lado. Víctor no muestra señal alguna de haber despertado por el sonido. Suspira, ya se esperaba algo así. La noche anterior habían ido a beber juntos. Por supuesto, Víctor quizá se había excedido un poco con la cantidad de alcohol y, pese a que intentó disuadirlo al recordarle que al siguiente día debían despertar temprano, aquel insistió en que estaría bien, en que despertaría sin problema alguno y estaría en perfectas condiciones. En realidad estaba ya un poco borracho cuando se lo dijo, pero Yuuri tampoco insistió, en ese punto era ya imposible razonar con él.

Todavía con la somnolencia sobre sus facciones, Yuuri se recarga en el cuerpo contrario, envolviéndolo poco a poco con sus brazos. Busca darle un agradable despertar.

—Víctor…  —lo llama quejumbroso—. Despierta, la alarma ya sonó.

Mueve su cuerpo, lo estrecha más entre sus brazos, incluso deposita un ligero beso sobre su cuello, pero eso no lo hace despertar, por lo menos no lo suficiente para obligarlo a abrir sus ojos y que sea consciente de lo que hay más allá de sus párpados cerrados. Se escucha un balbuceo incoherente de su parte, un quejido y todo vuelve a sumirse en el silencio segundos después. Makkachin, quien descansaba a los pies de la cama, alza su cabeza para mirarlos a ambos, meneando su cola con entusiasmo, quizá feliz y ansioso por creer que sus amos han despertado ya. Por lo menos uno lo ha hecho.

—Prometiste que despertarías, Vitya…  —insiste Yuuri con un tono meloso y con otro beso, ahora en su mejilla.

No hay respuesta por la parte contraria. En realidad, sí la hubo, pero no la que Yuuri estaba buscando y le fuera valida. Víctor vuelve a emitir otro quejido, una frase en ruso que Yuuri no logra comprender y después parece escapar de esos brazos que lo rodean para refugiarse entre las sábanas y la almohada, como un niño encaprichado que se niega a ir a la escuela.

—Víctor…  tenemos que hacer las compras hoy o mañana no habrá nada de comida…  Ni siquiera para Makkachin.

No hay respuesta, solo del segundo aludido, quien sube de un brinco a la cama al escucharse nombrado y se acerca a Yuuri para regarle una lambida de “Buenos días”. Yuuri ahora lo abraza a él, como si se tratara de una protesta contra Víctor por haber huido de sus brazos.

—¿Víctor…? —espera unos segundos más. Nada—. Bien, tú ganas.

No hay molestia en la voz de Yuuri, solo un poco de decepción, aunque todo eso es un escenario que ya había previsto desde la noche anterior. Se levanta de la cama, prepara su ropa y, después de un rápido aseo, se encuentra listo, parado justo debajo del marco de la puerta de la habitación. Tiene su juego de llaves en una mano y sobre su hombro cuelga una pequeña mochila. Mira al durmiente con una atmósfera de pesadumbre a su alrededor. No es que no quisiera hacer las compras, es que quiere hacerlas con la compañía de Víctor, como es común desde que se habían mudado para vivir juntos.

—Víctor…  —lo vuelve a llamar—. Es tu última oportunidad de acompañarme. —Y también es su último chance de lograr hacerlo despertar.

Hay un movimiento en la cama. Yuuri tiene la breve esperanza de que Víctor finalmente despierte y le ponga atención, misma que muere al descubrir que aquel solo se ha movido para reacomodarse y tomar una posición más cómoda. Makkachin está en la orilla de la misma, mirando fijamente a Yuuri con un ligero jadeo. Él adivina su expresión y sus pensamientos, incluso su mascota sabe que a veces Víctor no tiene remedio.

 
10:54 A.M.

Víctor abre sus ojos. Se encuentra solo, con un punzante dolor de cabeza y la sensación de que algo falta en ese instante. Claro que no recuerda la conversación que Yuuri ha tenido con su durmiente ser y que, como resolución, este ha ido al supermercado a hacer las compras solo. Por suerte, Yuuri sabía que algo así podría ocurrir, por lo que tuvo a bien dejarle una pequeña nota pegada en el refrigerador explicándole la situación. Víctor gruñe bajo cuando la encuentra, no solo por el dolor de cabeza, sino porque en realidad le gusta mucho ir de compras con Yuuri…  La verdad, cualquier cosa que puede hacer con Yuuri le gusta demasiado. 

—Hubieras insistido más, Yuuri…  —le recrimina al ausente, sin la consciencia de todas las veces en que su nombre fue pronunciado por los labios de su prometido, incluso escasos instantes antes de que tuviera que irse.

La verdad no es solo eso lo que le molesta, también siente cierta preocupación de que Yuuri esté solo por ahí en una ciudad que apenas conoce, con un idioma que todavía no logra dominar aún más allá de frases fundamentales, pero trata de calmarse al pensar que su Yuuri es muy inteligente, que puede arreglárselas perfectamente él solo. 

Comienza a prepararse un café con los últimos granos que hay en el tarro.

12:05 P.M.

Observa la hora en su celular…  ¿Desde hace cuánto Yuuri ha salido? Recuerda el momento en que despertó y él ya no se encontraba, ¿pero cuánto tiempo llevaba fuera antes de eso? No lo sabe, no hay forma de saberlo sin que él mismo se lo dijera.

Lo llama. Makkachin agita su cola por debajo de la mesa, esperando que hubiera algo del almuerzo de su amo para él. Nada. No solo comida, sino que tampoco hay respuesta por parte de Yuuri en la llamada que Víctor hizo. Él solo puede escuchar una voz mecánica anunciando el ingreso a su buzón. Víctor le deja un mensaje, pidiéndole que le llame en cuanto lo escuchara.

1:59 P.M.

Nada, nuevamente el buzón de voz. Víctor trata de mantenerse optimista, de pensar que seguramente aquel se ha encontrado con algún conocido (¿a quién podría conocer en ese país que aún le es demasiado extranjero?) y tal vez no es consciente del tiempo transcurrido aún. Tal vez tiene el celular en silencio u oculto en alguna bolsa de las compras, por lo que no ha podido escuchar ninguna de sus veintitantas llamadas…  Sí, tal vez es eso.

3:18 P.M.

Casi cinco decenas de llamadas perdidas en el celular de Yuuri y ya es hora de irse. Víctor tiene práctica por la tarde y Yuuri siempre suele acompañarlo. Piensa que tal vez él ya se encuentra allá, que pasó demasiado tiempo en el supermercado o con su conocido (¿cuál?) que consideró mejor pasar directo ahí….  Sí, tal vez es eso.


4:04 P.M.

—¿Y el cerdo? Siempre está pegado a ti…  Son asquerosos…  —Yurio gana sus palabras antes de que pueda preguntar si alguien ha visto a Yuuri rondando por ahí. Tiene ya su respuesta, una no muy satisfactoria. —¿Hmm? ¿Qué? ¿Ocurre algo? —Yurio nota su expresión ligeramente desencajada, su sonrisa falsa que oculta una preocupación que lo carcome desde adentro. 

Algo en su corazón comienza a sentirse pesado. Si Yuuri no estña ahí, si Yuuri no responde su celular, si Yuuri no ha vuelto a casa…  ¿Significa que algo le ha ocurrido? No. Esa respuesta salta casi en automático desde su cabeza (negación). Él está bien, él debe estarlo. Seguramente pronto lo alcanzará, seguramente ha ido primero a casa a dejar las compras y lo encontrará ahí. Sí, tal vez es eso…  Él cruzará la puerta en cualquier momento.

—Nada. Yuuri vendrá pronto —quiere sonar seguro de sus palabras, pero comienza a flaquear frente a su optimismo. Y su corazón pesa cada vez más…

—Vitya…  Date prisa —Yakov lo llama desde la pista. 

4:37 P.M.

Es obvio notar que Víctor no está concentrado en su práctica, no solo porque ha fallado los saltos más sencillos de su repertorio o porque no patina con la fuerza y el entusiasmo de siempre, sino porque no despega su vista de la entrada… Y cada vez le es más difícil ocultar su angustia en una mueca que intenta jugar a ser una sonrisa. El tiempo no se detiene y sigue sin haber señales de Yuuri. Por más que lo intenta, no puede seguir ignorando la obviedad, ya no puede soportar el peso extra en su corazón.

—Vitya, ¿qué ocurre? Estás muy distraído hoy. —Yakov tampoco puede seguir ignorando su estado casi perdido, casi de ente.

Víctor, impulsado por una extraña corazonada, se desliza hasta el fin de la pista y prácticamente se arrebata los patines de los pies. No puede seguir fingiendo que todo está bien. Algo ha pasado con Yuuri y necesita encontrarlo de inmediato, antes de que sea demasiado tarde.

—¡Víctor!

No escucha los llamados de Yakov ni de ninguno de sus compañeros.

Mientras corre de vuelta a casa, intenta llamar de nuevo al número de Yuuri, pero, como siempre, solo se escucha el timbre sonar sin que nadie del otro lado de la línea pueda atenderlo, a excepción del buzón, que declara con su voz mecánica usual que la bandeja ha llegado a su límite de mensajes. Esa es la única forma que tiene para comunicarse con él; si aún no ha vuelto a casa, ¿dónde podrá buscarlo en una ciudad como San Petersburgo?

7:50 P.M.

Por más que quiere mantener la esperanza, él mismo sabe que Yuuri no aparecerá por arte de magia en su departamento. Por lo que, tras comprobar que de verdad él no se encontraba ahí, se dirige al supermercado al que siempre suelen ir. Comienza a preguntar por los alrededores si es que algo raro ha ocurrido en el transcurso del día, algún accidente (siente un horrible hueco en su garganta cuando considera la posibilidad) o algo parecido, pero todo parece haber transcurrido con tranquilidad en las últimas horas. A los empleados les pregunta si han visto a alguien como Yuuri llegar ahí, incluso mostrándoles algunas de las miles de fotos que tiene de él en su celular, pero todos le respondem de la misma desoladora manera.

La desesperación se apodera de él, no sabe que más hacer, donde más preguntar, donde más buscar…  ¿Dónde demonios se ha metido Yuuri?

Mientras busca a su alrededor algún otro empleado al que no hubiera interrogado aún, su celular comienza a sonar y él, con el corazón detenido sobre la mano, responde con la ingenua esperanza de que se trata de su prometido, sin tomarse el tiempo siquiera de notar que el número que lo llama es en realidad extranjero. 

—¡Yuuri! —Víctor casi quiere llorar en ese instante. Su voz excitada es entrecortada por sus propios sollozos retenidos.

—¿Víctor? —pero tras escuchar la voz del otro lado de la línea, todo se vuelve oscuro a su alrededor, hasta sentir incluso que se ha quedado sin suelo bajo sus pies y que caerá en cualquier momento al vacío. Aquella es la voz de una mujer…

12:28 A.M.

Víctor ha decido buscar por los alrededores del supermercado y los de su departamento, repasando una y otra vez el camino que siempre suele tomar cuando va de compras con Yuuri. Tiene la esperanza de encontrar alguna pista que lo haga comprender que ha ocurrido, donde es que él se encuentra (pensar en encontrarlo directamente a él en el camino es una dolorosa desesperanza). Una ligera nieve comienza a caer en toda la ciudad. El ambiente se ha vuelto gélido, Víctor puede llegar a sentir sus dedos algo acalambrados por el frío, pues no se encuentra apropiadamente abrigado para un clima así, pero eso no le importa, pues su propio estado le hace pensar que su Yuuri tampoco debe estar bien abrigado.

Después de más de cuatro horas de recorrer las mismas calles una y otra vez, de tratar de fijarse incluso en cada línea divisora de las baldosas, se detiene en algún punto del Puente Tuchkov, recargándose en la orilla para mirar hacia la negrura del agua que refleja el cielo oscuro. Llegado a ese punto, él vomita culpa de cada poro de su piel; no puede dejar de recriminarse por lo ocurrido, de pensar que si algo realmente le ha pasado a Yuuri, es el único responsable de ello…  Tuvo que haber despertado a tiempo como lo prometió, tuvo que haberlo acompañado al supermercado como siempre hace… No hubiera dejado que nada le ocurriera de haber estado con él, a su lado.

Hundido en su propia miseria y desesperación, en la impotencia de no saber que paso seguir para obtener un resultado, recuerda algo: a un Yuuri sentando ante la mesa, bebiendo una taza de café con una angustia transmisible en su mirada…   Después de volver de su pequeña gira, él se mostró extraño algunos días, más pensativo y silencioso de lo usual, siempre con esa preocupación reflejada en sus ojos, incluso en la manera de formar un intento de sonrisa sobre sus labios. Cada vez que le preguntaba si algo ocurría, era la misma cantidad de veces que él negaba un poco con la cabeza y volvía a beber de su café…  Uno negro. Él no solía tomarlo así; además, había notado esas ojeras, esa necesidad de ocultar su falta de sueño con algo que lo ayudara a despertar, pero era imposible que evitara los movimientos de insomnio a su lado. Víctor considera: ¿algo le había estado ocultando? Pero ama demasiado a Yuuri para poder pensar siquiera en esa posibilidad, confía tanto en él… Entonces, ¿qué fue todo eso de las últimas semanas?

Intenta girar su cabeza al escuchar el ruido de un automóvil (¿camioneta?) deteniéndose detrás suyo, pero no puede reaccionar a tiempo para evitar que algo (¿alguien?) cubra su boca y lo suba al vehículo.

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