No me quiero subir, Sr. Katsuki


Llega un momento en la vida de cada hombre en que debe tomar riesgos y aceptar sus consecuencias. Para Víctor Nikiforov, de 39 años, ese momento ha llegado.

Notas especiales:

– One shot escrito para la temática #AUFamiliar

-Fecha: semana del 20 al 26 de agosto de 2018. 

-Número de palabras: 1,554 palabras.

-Personajes: Víctor Nikiforov, Yuuri Katsuki, OC


Décima posición.

La espera, hace media hora eterna, ahora se escurría como agua entre sus manos. El momento de la verdad había llegado. Ese instante en el que todo ser humano debía mostrar coraje y determinación. 

Dicen que en la vida de cualquier persona existían unos pocos momentos que delimitaban el camino a seguir de cada individuo. Momentos trascendentales que podrían definir el destino, determinar el carácter y medir la valentía.

Víctor Nikiforov esperaba impacientemente su turno. Su cabello corto y plateado relucía cual espejo bajo los intensos rayos de sol. Las manos le sudaban y hormigueaban por los nervios. Movía un pie con insistencia, mientras miraba a su alrededor buscando una forma de evitar su ya, inevitable destino.

Décima posición, de solo 12 lugares. Sí o sí, el platinado estaría asignado al siguiente grupo.

Si alguien, 5 años atrás, le hubiera preguntado si se atrevería a hacer lo que estaba a punto de hacer él, sin dudarlo, hubiera sonreído, echado el cabello para atrás en su característico gesto, y contestado con la más franca sinceridad un rotundo y contundente: no.

No, no lo haría y no, no quería hacerlo, de hecho. Sin embargo, las circunstancias lo orillaron; y si él, el pentacampeón y leyenda del patinaje artístico, entrenador de uno de los mejores patinadores del mundo y esposo de la persona más hermosa, debía agregar, quien también había sido su pupilo, no pudo negarse ante el desafío planteado. Después de todo, ¿qué era esto comparado con la presión y el estrés de una competencia internacional?

—Prefiero las competencias— comentó para sí Víctor notando como su voz temblaba de nerviosismo. El platinado se concentró en respirar pausadamente, serían solo 2 minutos y todo habría terminado, 2 míseros e insignificantes minutos.

Los 2 minutos más largos en sus 39 años de vida.

Un sonido chirriante se sobrepuso al murmullo de la gente enfilada en el lugar. El sonido metálico de cadenas soltándose alertaron al platinado, ya no podría huir, había desperdiciado sus últimos 30 segundos de vida divagando en tonterías.

—Amor —Víctor buscó la mano de su esposo. De inmediato sintió el toque cálido de otra mano responder y dirigió su mirada hacia él.

—Si estás muy asustado mejor no lo hagas, Vitya —el rostro de Yuuri parecía sereno, pero Víctor sabía que, detrás de esos grandes ojos achocolatados, se escondía un dejo de burla que activaban la vena por naturaleza competitiva del ex patinador.

—Lo mismo para ti, cariño —contestó Víctor apretando el agarre, al momento que la fila comenzaba a avanzar lentamente. Víctor comenzó a caminar cual cerdo al matadero.

Cada par de personas eran asignadas a un pequeño lugar cercado por dos finos tubos de metal para separar sus posiciones. Victor , decidido, abrazó a Yuuri por los hombros y agregó:

—¿Qué te parece si tu y yo vamos juntos, cielo?

—Negativo. —contestó el azabache con un deje divertido—. Solo nos permitieron pasar con los gemelos al juego porque nos sentaremos cada uno de nosotros a su lado.

Yuuri tomó la mano del pequeño de 9 años que lo acompañaba y se adelantó al platinado para quedar, junto con el niño, en el lugar asignado antes de abordar la atracción.

Decir que el pequeño, de cabello negro como Yuuri y ojos grandes y expresivos color azul, estaba emocionado, era poco. El chiquillo brincaba de un lado a otro y observaba con fascinación las canastas a las que, en unos momentos subirían.

“Vamos a Osaka, Yuuri, será divertido”, recordó el platinado. 

Ahora se arrepentía de ese momento. Tres semanas atrás, y debido a las vacaciones de sus pequeños, Víctor y Yuuri habían viajado a Hasetsu para salir de la rutina de Rusia y San Petersburgo. A sus hijos, los gemelos Issei y Mia les había encantado la idea, ver a su familia y convivir con las trillizas era la idea de vacaciones ideales para ellos. Sin embargo, Víctor, amante de las películas de Harry Potter quería conocer el parque temático alusivo a las películas que se encontraba en el país del sol naciente. Convencer a sus hijos no fue problema, convencer a Yuuri por otra parte…

—¿Sabes cuánto cuesta una entrada ahí? —Le había dicho el azabache mientras preparaba los almuerzos para la escuela de los gemelos—. 40,000 mil yenes, ¡por persona!, además hay atracciones a las que los gemelos no podrán pasar debido a su edad.

—¡Yuuri! —Había dicho el platinado abrazando a su esposo con todo el amor posible para convencerlo—. Yo sé que tu quieres ir, ¡es el parque temático de Harry Potter! ¡Usaremos capas y podrás entrar a Hogwarts!”

Después de cinco minutos de convencimiento, y una ronda de sexo intenso en la noche, Víctor logró su cometido. Confiando en la tierna edad de sus gemelos, el platinado estaba seguro que no podrían entrar a las atracciones más atemorizantes.

Grave error.

Si bien Mia e Issei poseían algunos rasgos que no los identificaban como gemelos idénticos (Issei se parecía más a Yuuri, mientras que Mia asemejaba más a Víctor), el carácter de ambos era similar al de Víctor. El resultado: los gemelos Nikiforov-Katsuki siempre, SIEMPRE, conseguían lo que se proponían.

Nada más bastó llegar al lugar asignado del parque para que la familia Nikiforov-Katsuki quedara embelesada con las atracciones que el recinto les ofrecía. Acomodado como el pueblo de Hogsmeade, se podía admirar desde la entrada el impresionante castillo de Hogwarts, las tienda de dulces de Honeydukes, la lechucería y la tienda de varitas mágicas de Ollivanders, junto al bar de Las Tres Escobas. Víctor y Yuuri debían ser muy cuidadosos, pues al ser vacaciones el lugar estaba abarrotado. Corriendo de aquí allá, parecía difícil que ambos pequeños se fueran a cansar en algún momento. 

Después de pasar por el simulador, el cual se encontraba dentro del castillo de Hogwarts, los gemelos no quitaron el dedo del renglón e instaron a sus papás a subirse a una especie de montaña rusa llamada El Vuelo del Hipogrifo. Si bien, Víctor trató de convencerlos del hecho de que ambos no cumplían aún la edad mínima requerida para el juego mecánico, sus genes rusos (los cuales los hacían más alto que el promedio de niños de su edad), y un par de sonrisas de Yuuri al encargado del juego (detalle que Víctor le cobraría más adelante a su esposo), logró que ahora, la familia Nikiforov-Katsuki se encontrara a punto de subir en una “canasta” liderada por un hipogrifo.

—¡Es hora de subir, papá! —la vocecita cantarina de Mia se hizo escuchar, jalando a Víctor para sentarse al lado de ella.

Víctor se sentó lentamente, intentando en vano postergar lo inevitable. Tenía miedo, sí, sin embargo ver a Yuuri e Issei delante de ellos, sonrientes y emocionados y a la pequeña Mia, sostenida de su brazo radiante de felicidad, le infundieron a Víctor el valor necesario para enfrentar esto y más. Porque por ellos el pentacampeón era incluso capaz de superar cualquier miedo. El amor por su familia le infundía el valor necesario para lograr lo imposible.

Con un último suspiro, Víctor cerró los ojos al escuchar la campana que anunciaba el inicio del juego.

FIN

Publicado por salemayuzawa

Me gusta leer, escribir, ver películas, anime y platicar con mis amigas. ¡Adoro imaginar historias!

6 comentarios sobre “No me quiero subir, Sr. Katsuki

  1. Maravillosa estampa familiar Salem. Me imaginé a los gemelos con esa sonrisa de corazón. Y qué decir de los alfa, ellos también pueden sentir miedo solo que no quieren demostrarlo.

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    1. Hola!
      Imaginar a los gemelos Nikiforov-Katsuki me pareció muy lindo. De hecho, creo que en la publicación original nunca había mencionado que esto era un omegaverse. Lo cual hace un tanto más gracioso que Víctor, siendo alfa, sea el más temeroso. Claro que él es valiente… pero esos juegos del mal, son la muerte!
      Gracias por leer y comentar!

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    1. Acabo de encontrar la sección de comentarios lol XD
      Es que Víctor es una cosita tierna que seguramente se hace el fuerte por ser alfa… no sé, si fuera alfa así me lo imagino 🤣

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  2. ¡No recordaba este oneshot hasta que lo leí ahora en la mañana! No había caido en cuenta que los hijos eran biológicos xDDDD pero me encanta la idea de un Víctor cediendo al capricho de su familia para montarse en esas máquinas infernales. Estoy con él, ¡esas cosas dan miedo! ¡Gracias por traernos estos pedacitos de dulzura!

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    1. Jajajaja, sí, quería gemelitos victuuri de sangre, así que el omegaverse era la opción (?) XD ¡Además eso hace más graciosa la situación! Víctor, un alfa en toda la extensión de la palabra, asustado por los juegos mecánicos jiji. Yo no lo culpo, ni lo juzgo, los juegos en Japón son extremos 🤣

      Le gusta a 1 persona

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